Me llama una amiga de esas con las que no hablas en mucho tiempo pero, cuando lo haces, es como si hubieras hablado ayer:
- Sus, que me he ‘enamorao’.
-¡Enhorabuena! ¡Eso es genial! ¡Cuéntame!
- Lo conocí en el gimnasio, es un hombre maravilloso.
Pero su tono no era de ‘es un hombre maravilloso’ sino ‘vaya puta mierda ya voy a sufrir otra vez por un hombre’. ¿Qué como es ese tono? No se puede describir, pero entre mujeres, lo captamos enseguida.
- Te noto contenta -mentira piadosa para ayudar a tu amiga a que saque todo eso que tiene dentro y que tiene unas ganas locas de contarte-.
- Y lo estoy –mentira de autoconvencimiento. Ahora viene la palabra mágica- PERO... chica, no sé... Estamos genial, lo pasamos muy bien juntos, nos reímos mucho, el sexo es maravilloso pero... -otra vez ese ‘pero’ que siempre aparece en la vida de una mujer soltera- tiene 8 años menos que yo... y, claro, no es que se note, porque yo me conservo muy bien -mentira de autoconvencimiento-.
-¡Claro que te conservas muy bien! –mentira piadosa-.
- Y, naturalmente, creo que le gusto mucho, mi experiencia, mi madurez... -por ahí mal vamos... ya sé dónde vamos a llegar...-. El problema es que una veinteañera se ha obsesionado con él y no le deja en paz.
Veinteañera: dícese de la palabra, junto con ‘arruga’, más temida por una mujer al borde de los cuarenta.
-¡Será zorra!- ahí se esfumó de un plumazo la madurez de los 40...-.
- Tranquila, él la pondrá en su sitio –le dije con un gran esfuerzo por parecer convincente porque no lo creía en absoluto. ¿Qué hombre pone en su sitio a una veinteañera que le echa los tejos?
- Eso me dice, pero chica, ella le sigue llamando, le manda mensajes. ¿Sabes? Creo que en el fondo a él le gusta. El tonteo, me refiero. No ella, que no creo que le guste teniéndome a mí -aquí me doy cuenta de que ligarse a un chico varios años más joven puede desvirtuar totalmente la racionalidad en la modestia- pero ¡es que no sé cómo actuar!
- Chica, si él es claro y te lo cuenta, qué más da –aquí ya empiezo a pensar que seré la próxima chica Almodóvar y qué traje me pondré en los Oscar, porque realmente soy muy buena actriz.
- Dichoso ego masculino. Necesitan tener siempre jovencitas lamiéndoles el culo para sentirse bien. - ¡Como si nosotras no!-.
- No te obsesiones, que lo único que vas a conseguir es perder el tiempo y no disfrutar de lo bien que estás con él.
- ¿Y qué hago? ¿Hacer como que no pasa nada, reírme con él y ya está? ¿Mientras una veinteañera acecha cual loba a mi chico? ¿Qué hago, quedarme en casa y rezar para que no se le cruce el cable ningún día? Así no se puede vivir, no, no.
- Le estás dando demasiada importancia a una tontería. ¿Confías en él?
- Sí –que en realidad quería decir ‘no’-.
- Pues ya está.
En realidad no sabía qué decirle. ¿Cómo actuar en estos casos? ¿Dejarlo pasar? ¿Mostrarle a tu pareja tus miedos e inseguridades y decirle que no te gusta que aceche una veinteañera? ¿O hacer el papel de ‘pareja guay’ súper-segura y súper-comprensiva?
- Aunque en realidad, ¿sabes? -continuó mi amiga al otro lado del teléfono-, tampoco está tan mal que tu chico guste a chicas jóvenes y guapas. Porque él en realidad ha elegido estar conmigo. Y eso me hace sentirme bien, que alguien deseado por otras me desee en realidad a mí. Así es, es genial que tu chico guste a veinteañeras pero que solo tú le gustes a él. Te hace sentirte mejor ¿no crees?
Era curioso el giro que había dado la conversación. Lo que al inicio era una terrible situación había pasado a ser algo motivador. Mi amiga había conseguido converger el ego masculino y femenino en un punto en el que todos quedan satisfechos.
Domingo, 3 de junio
José Pómez
José Lozano Galera
Juan Luis Recio
Ángel Sáez García
Mª Rosario Aldaz Donamaría
Antonio García Fuentes
Chris Gonzalez -Mora
Julio César Izquierdo
Julián Moreno Mestre
Manuel María Ventura
Juan Granados
Patricio Peñalver