No nos creemos más problemas de los que tenemos. La vida es lo suficientemente jugosa, dura, sorprendente y traicionera como para que seamos nosotros los que nos pongamos nuestras propias barreras. Muchas veces, algunas incluso sin darnos cuenta, somos nosotros mismos los que nos adelantamos a las contrariedades y las sufrimos sin realmente padecerlas. Otras veces nos recreamos en ellas hurgando en la herida sin compasión. ¿Por qué?
Psicólogos y psicoanalistas podrían hacer un análisis detallado sobre el perfil psicológico de este tipo de personas que viven siempre en el sufrimiento, ya sea un sufrimiento real o imaginario. Es probable que sea un rasgo definido, innato e inconsciente de la personalidad el que lleve a crear y recrearse en ese tipo de pensamientos negativos.
Es evidente que este rasgo es definitorio y diferenciador de la forma de ser de algunas personas. Sin embargo sí que hay algo que realmente podemos hacer todos, o al menos intentarlo, ya solo por ser seres humanos con conciencia de nuestros propios actos: hacer uso de la voluntad. Es decir, podemos intentar no caer en esos pensamientos negativos o, por lo menos, no recrearnos en ellos cuando inevitablemente vienen a nuestra cabeza. Obligarnos a buscar siempre el lado positivo, aunque realizarlo sea un esfuerzo totalmente consciente y trabajado: cuando los pensamientos negativos se apoderan de ti párate un momento; respira hasta que los pulmones se llenen de aire (que no se quede el aire solo en la garganta); piensa en ti y tu entorno; y ya sea por ti o por ellos, oblígate a pensar en positivo: tú estarás mejor y ellos estarán mejor. Si nos esforzamos por otras cosas ¿por qué no por estar bien e intentar hacer feliz a los demás? Cuesta pero merece la pena.
Martes, 14 de febrero
José Donís Català
Juan Luis Recio
Juan Fernandez Krohn
Ángel Sáez García
Antonio García Fuentes
Mª Rosario Aldaz Donamaría
Paulino Toribio
José Lozano Galera
Chris Gonzalez -Mora
Padre Fortea
Juan Carrasco de las Heras
Julián Moreno Mestre