Yorkana

¿Mujer o madre? Mejor: mujer Y madre

02.04.07 | 19:35. Archivado en Reflexiones al Atardecer
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A veces tenemos que «ser algo>» para percibir que nuestra vida está completa y encontrar sentido a nuestro día a día. Esto sucede, por ejemplo, con algunas profesiones. Un médico no es fulanito o fulanita sino que siempre será «médico», tanto en el hospital como en su vida privada: la profesión siempre tendrá prioridad sobre la propia persona.

Personalmente, el caso que más me llama la atención en cuanto a anulación de la personalidad del individuo por uno de los papeles que desempeña en la vida es el de las mujeres que son madres o «madres mujeres», mejor dicho. Hay muchas mujeres, más de las que debería, que cuando se convierten en madres encuentran su rol, su «camino», dejan de tener vida propia, inhiben sus deseos, sueños e ilusiones personales y sólo se manejan en el papel de madre, que es el que dirigirá y guiará su vida.

Ser madre, además, garantiza tener una gran vida social entre ellas: hacen relación con mucha facilidad ¡y además no les falta el tema de conversación! El tema, por supuesto, siempre son los niños o el embarazo. Las relaciones empiezan a fructificar desde el momento en que la mujer se queda embarazada y se hace aparente ante los demás: siempre que una embarazada coincide con otra embarazada en una reunión de trabajo, en la cola del supermercado, en el ascensor, etc. surgirá tema de conversación en el que, inevitablemente, utilizarán ese lenguaje que sólo ellas y algunos maridos tienen la suerte de entender (semana 36, semana 42, miocentesis, ácido fólico...). En la conversación se cuentan de cuánto están, si es niño o niña, cuánto han engordado, cómo lo llevan... ¿Si no estuvieran embarazadas hablarían entre ellas de su vida personal, cómo les va en el trabajo, qué hicieron el pasado fin de semana o, mejor aún, cuánto han engordado en vacaciones? Con total seguridad, no.

Y cuando nace el niño y van con el carrito por la calle, aún es peor: hablan con TODAS las madres con sus respectivos carritos que se cruzan en su camino: «¿Cuánto tiempo tiene?»; «ay, qué “lucido” está ¿cuánto pesa?»; «el mío también supera los percentiles»; «¿y qué tal lleva los cólicos?»… De no haber niños de por medio, probablemente no harían el mínimo esfuerzo por ser amables y cruzar media palabra con esas otras mujeres.

¿Y qué me decís de esas madres que necesitan a sus hijos para poner su foto como fondo de escritorio del ordenador y el nombre como contraseña de su correo electrónico? ¿Y si no tuvieran hijos, no tendrían contraseña?

Lejos de frivolizar con este tema, aunque hasta ahora lo haya tratado de manera irónica, lo que quiero es hacer una pequeña reflexión sobre las madres que dejan de ser mujeres, esposas, amigas, hermanas, hijas, etc. cuando se convierten en madres. Ser madre es otra faceta más de nuestra vida que nos realiza, nos llena, nos da millones de satisfacciones y algunos disgustos,... No hay que olvidarse, sobre todo, de nosotras mismas. Debemos buscar nuestros momentos, unas veces para estar a solas, otras veces para no hacer nada y otras para estar con nuestro entorno (familia, amigos, pareja...).

En definitiva, los roles mujer/madre no deben estar unidos por una conjunción disyuntiva (o) sino por una copulativa (y), y acompañarse, además, de otros roles como compañera, amiga, hija, hermana...


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