Yo soy una de esas personas que tiende a dejar todo para última hora y, como mucha otra gente a la que se nos pasó la época de “depresión-post-navidad”, he decidido apuntarme ahora al gimnasio en plena “crisis-preveraniega”.
Teniendo en cuenta que mi objetivo es perder esos kilitos que me sobran para la boda de mi amiga de principios de junio, está claro que no es que me haya dejado demasiado margen de maniobra (más o menos mes y medio). Que yo sepa, los milagros, en cuestión de adelgazamiento, no existen.
Eso sí, ganas, lo que se dice ganas, empiezo el gimnasio con muchas. Aunque en seguida me doy cuenta de la baja forma en la que me encuentro, ya que mientras veo cómo otros pueden correr 45 minutos seguidos en la cinta, yo a duras penas puedo aguantar 30 minutos, no ya de correr sino de caminar a paso rápido (tipo paseo mujer de pueblo, que digo yo).
Pero el gimnasio, además de servir para ponerse en forma, tiene otras utilidades importantes como el conocerse mejor a una misma. Por ejemplo, me he dado cuenta de que estoy desarrollando un síndrome obsesivo desde que he empezado en el gym: siempre dejo mi ropa en la taquilla 333, ando en la cinta 30 minutos, hago 300 abdominales y estoy 3 cuartos de hora. Y el 3 siempre ha sido mi número “de la suerte” porque en el colegio yo era la número 3 a la hora de pasar lista por orden alfabético.
Otra utilidad del gimnasio es que te muestra tus puntos débiles. El otro día, sin ir más lejos, pensé que me estaba volviendo loca cuando en la máquina de bebidas pude leer claramente en letras mayúsculas la palabra ‘ZARA’. Después de frotarme los ojos y de pensar que mi problema con las compras compulsivas ya estaba empezando a ser otra obsesión que tendría que sumar a la del número 3 (y ya van dos, tendría que encontrar la obsesión número tres...), me di cuenta de que era un letrero con la pregunta ‘¿Tiene sed?’ que en euskera viene a ser algo así como ‘¿Egarri zu zara?’. Pero, claro, yo no vi ni el castellano, ni el símbolo de interrogación ni nada de nada: lo primero y único que llegó a mi cabeza fue la palabra “ZARA”. Desde luego esto es sintomático.
Y como no hay dos sin tres, he aquí mi tercera obsesión: desde que he empezado el gimnasio no sólo no he adelgazado sino que he aumentado de talla. Y a esto sí que no le encuentro ninguna explicación. No quiero darle demasiadas vueltas para que no se convierta en la excusa que me haga volver a mi vida sedentaria. Parece que mi cuerpo ha dicho “ahora no te obedezco y voy por mi cuenta”. Así que sólo me queda consolarme con lo favorecida que me encuentro con esta talla de más y lo beneficioso que es hacer deporte... para la salud.
Sábado, 18 de febrero
Juan Luis Recio
Patricio Peñalver
Ángel Sáez García
Baldomero Gómez
Chris Gonzalez -Mora
Mª Rosario Aldaz Donamaría
Antonio García Fuentes
Padre Fortea
Atticus-444
Juan Fernandez Krohn
Paulino Toribio
José Pómez