Yorkana

La inevitable naturalidad de los cuernos (I)

03.02.06 | 19:26. Archivado en Reflexiones al Atardecer

Hace días, en un late night que ya no está en antena (todos conocemos lo efímera que suele ser la vida de algunos programas televisivos) vi un reportaje sobre la infidelidad. Utilizaban en todo momento un tono humorístico, algo habitual cuando se trata este asunto, pero respaldado por varias teorías científicas que intentaban demostrar por qué biológicamente el hombre, y extrañamente también la mujer, son infieles.

Según estos científicos de no sé qué universidad que intentan darle explicación a lo inexplicable, el hombre (género masculino) es infiel más que nada para hacernos un favor al resto de la humanidad: algo así como una necesidad biológica que el macho tiene de desperdigar su semillita por el mundo para que no se extinga la especie humana. En cambio, la mujer, un ser mucho más inteligente y racional como lo ha demostrado durante toda su existencia, sabiéndose privilegiada con el don de la maternidad, se toma el derecho de “elegir” –mediante los cuernos, se entiende- al mejor macho que la fecunde y así no sólo asegurar la continuidad de la especie sino traer al mundo los mejores especímenes.

Y yo, puesta a reflexionar sobre los cuernos, lanzo una pregunta al aire: si el acto de poner los cuernos es un hecho biológico y natural ¿por qué nos duele tanto a las mujeres cuando nos los ponen?, ¿por qué entre los hombres los cuernos es algo que se trata con sorna y coleguismo y, en cambio, entre las mujeres, es un drama casi insuperable? La respuesta está en la misma teoría científica que intenta defender los “cuernos naturales”: en general, cuando un hombre engaña a su pareja piensa que es sólo eso, una cana al aire, sexo, descontrol, que no es tan grave. Pero cuando una mujer pone los cuernos, los pone de verdad, es decir, su instinto “cuernil” es consecuencia de un proceso interior más profundo: ha encontrado a alguien “mejor”.

Quizás este es el motivo por el que a las mujeres nos duele tanto cuando nos ponen los cuernos, porque pensamos que los hombres se guían por el mismo motivo que nosotras. Pero no, amigas, los hombres son unos seres mucho más instintivos y, por lo tanto, más simples: al poner los cuernos solamente se dejan guiar por su propia naturaleza, cuyo Dios gobierna desde la entrepierna.

Así que, queridas lectoras, si alguna vez os ponen los cuernos, no os sintáis defraudadas, simplemente vuestro macho es débil y no ha podido luchar contra su propia naturaleza. Pero ay, hombres, si vuestras mujeres os ponen los cuernos, temblad porque eso significa que han encontrado un macho mejor…


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Comentarios
  • Comentario por La Srta. Pepis 26.07.10 | 15:50

    Pido perdón de antemano por si cometo faltas de ortografía, pero me va a costar teclear bien con semejante ataque de risa que meah entrado leyendo este artículo.
    No se si viene de una mujer, al menos eso pretende parecer, pero seguro viene de un ser enfermizamente feminista hasta tal punto que alcanza el ridículo.

    Yo me quedo con la moraleja: si a nosotras nos los ponen, es que el macho es débil (y feo e idiota le faltaría añadir); si los ponemos nosotras, ¡el macho es débil otra vez! porque se ha encontrado a otro mejor (y por lo tanto menos feo y menos idiota).

    Conclusión: el macho siempre es débil (y seguramente feo e idiota).

    Sin ánimo de nada: con perlas así se desprestigia a la causa...

Martes, 14 de agosto

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