Podría llamarlo slip o gayumbo. Pero voy a ser más tradicional y lo voy a llamar por su nombre castizo: calzoncillo. Porque hoy me he encontrado unos verdaderos calzones de hombre, de auténtico macho, de esos de hombre de armas tomar y pelo en pecho. De los que dejan huella allá por donde pasan. Eran unos auténticos calzones «con marca».
Dice que está vieja. Que con 16 ó 17 años gustaba más y la miraban más los hombres, -los pederastas, puntualizaría yo...-. La última reina de las top models se siente mayor y menos atractiva porque tiene 25 años. Eso es lo que ha declarado recientemente Giselle Bünchen, la pobre. Y yo que pensaba que esa melena al viento, ese trasero alto y duro, el bronceado brasileño y las cuentas bancarias millonarias eran más que motivos para estar feliz... Pues parece que no. Ni siquiera el romance con Leonardo Di Caprio parece haberle levantado el ánimo.
“Hola bombón, soy Manuel. Te estuve buscando el sábado. Si quieres que nos veamos un día de estos este es mi número. Un beso”.
A mi es que no me da la vida. Y todo lo que me propongo hacer se supone que debería provocar el efecto contrario: facilitármela y hacerme sentir mejor. Pero las horas no son suficientes y al final voy a pensar que tenía razón aquella “profeta” que una vez dijo que a determinada edad hay que elegir entre la cara o el culo, porque a todo, eso está claro, no llegamos. Porque sólo pensar lo que tenemos que hacer cada día…
Yo soy una de esas personas que tiende a dejar todo para última hora y, como mucha otra gente a la que se nos pasó la época de “depresión-post-navidad”, he decidido apuntarme ahora al gimnasio en plena “crisis-preveraniega”.
He leído por ahí que Beckham ha reconocido que padece un ‘desorden obsesivo compulsivo’. Él: tan perfecto, tan guapo, tan metrosexual, va y reconoce en un medio de comunicación que tiene un defecto.
Y yo me pregunto ¿defecto?
Me sorprende leer algunas de las contestaciones que recibo en mi blog. Sobre todo las respuestas subidas de tono que ‘amablemente’ envían algunos lectores en particular (esta vez el masculino de ‘lectores’ no se refiere a la generalidad sino que hablo del sexo masculino en particular). No tengo ninguna duda de que estos hombres son la excepción del género masculino (lo mismo que hay excepciones deshonrosas en el femenino) porque soy consciente, y me niego a tener la más mínima duda sobre ello, de que la gran mayoría de los hombres no opina de la misma manera.
Como podéis ver, Yorkana ha conseguido un honroso segundo puesto (la ganadora ha sido la escritora Lucía Etxebarría) en la Categoría 3: Mejor Artículo de Humor sobre la Mujer.
Por las mañanas tengo las costumbre de desayunar mientras veo en la televisión la última parte del informativo matinal de una cadena generalista. Después del informativo, cuando se supone que comienza el horario infantil de la mañana, dicha cadena emite unos dibujos animados japoneses protagonizados por un niño travieso y maleducado. Como ya sabréis me refiero a “Shin Chan”.
Estos días se está hablando mucho de la extrema delgadez de las modelos que han desfilado en Cibeles. Parece ser que aunque los organizadores de la pasarela madrileña han afirmado que las modelos tenían una talla 38, los rumores apuntan a que en realidad se utilizaron tallas 36 e incluso 34 en algunos casos.
El otro día llegó a mis manos por casualidad un libro apasionante a la vez que breve. Una novela corta, sencilla, pero con un gran mensaje. Y pensé que debería aprovechar este espacio para recomendarlo. Su autora, una joven francesa, transmite magistralmente sentimientos variados a través del diálogo de sus personajes. Su título es “La amaba” y la autora es Anna Gavalda.
Mi amiga ha encontrado un novio que es muy detallista. Para su cumpleaños él le regaló un fin de semana sorpresa en un Parador de Salamanca, preocupándose incluso de llamar a las personas con las que mi amiga había quedado esos días (entre las que me encontraba yo, naturalmente) para anular sus planes.
Cuando tenía 14 años, yo era la típica adolescente normalita y acomplejada (como casi todas), enamorada perdidamente -como sólo se puede enamorar una a los 14 años- del chico más guapo del colegio (como casi todas). Un chico guapo, alto, deportista y, para mayor desolación femenina, con mucho encanto y gracia ya desde la adolescencia. El enamoramiento era tal que me era imposible cruzarme la mirada con él y, mucho menos, dirigirle la palabra y mantener una conversación normal.
Creo que fue exactamente hace un año cuando un reportaje en televisión sobre los nuevos diseñadores de la pasarela Cibeles 2005 me dejó totalmente extasiada. En concreto uno de los desfiles me maravilló: por su miscelánea de colores, volantes, sensualidad y elegancia, combinando magistralmente el estilo flamenco con la sofisticación más actual.
Tengo un amigo que dice sentirse utilizado por las mujeres. La primera vez que me lo confesó me sonó rarísimo, incluso me sentí, lo reconozco, muy ofendida en representación de todo el género femenino. Pero luego, reflexionando, me dije a mí misma que por qué no, afortunadamente las pautas de comportamiento diferenciadas entre hombre y mujer están desapareciendo y las mujeres actuamos en muchos aspectos de nuestra vida como los hombres, y viceversa. Llegado a este punto de reflexión, me doy cuenta de que me da bastante morbo que los hombres puedan sentir en su propia carne el padecimiento que la mentalidad machista imperante nos ha hecho sentir a nosotras durante siglos.

Queridas lectoras:
Ya podemos adquirir el estilismo de la serie ‘Sexo en Nueva York’ a unos precios más que asequibles y al alcance de nuestros bolsillos, ya que la prestigiosa estilista de la serie, Patricia Field, la culpable de que Sarah Jessica Parker se haya convertido en un icono de moda mundial, ha lanzado una web (www.patriciafield.com) donde se pueden adquirir a precios más que asequibles algunos de los elementos más representativos de la serie e incluso creaciones propias con un sello marcadamente neoyorkino.
Como ya os adelanté ayer, el otro día vi el último capítulo de Sexo en Nueva York en canal Cosmopolitan. Llegué a la conclusión de que hasta una de las series más políticamente incorrectas de la pequeña pantalla acaba sucumbiendo al mercantilismo de los finales felices.
Estos días se ha apoderado de mi un terror incontrolado del que a duras penas he podido sobreponerme. Más vale que contaba con la inestimable ayuda de los grasientos turrones y de las compras compulsivas de estos días.
Estos días he acudido a un centro comercial a ultimar mis compras navideñas. Como esperaba, yo y más de un tercio del país hemos esperado a los últimos días para hacernos con los regalos navideños. Pero lo que realmente me ha llamado la atención no han sido las aglomeraciones típicas de estas fechas, sino la tipología de hombres que he podido observar comprando los regalos de Reyes para sus parejas
El otro día vi el último capítulo de Sexo en Nueva York en canal Cosmopolitan. Como ya habréis visto en mi presentación personal, adoro esta serie.
Hace días, en un late night que ya no está en antena (todos conocemos lo efímera que suele ser la vida de algunos programas televisivos) vi un reportaje sobre la infidelidad. Utilizaban en todo momento un tono humorístico, algo habitual cuando se trata este asunto, pero respaldado por varias teorías científicas que intentaban demostrar por qué biológicamente el hombre, y extrañamente también la mujer, son infieles.
Yo, y casi todas las mujeres que conozco, padecemos retención de líquidos. Teniendo en cuenta lo elevado de la estadística, no logro entender por qué las grandes empresas de cosméticos y productos dietéticos no se ocupan más de este problema tan común y lo investigan de una vez por todas para encontrar una solución eficaz y duradera. Porque la retención de líquidos, como las hemorroides, la sufrimos en silencio.
Apasionada de la moda y de la serie Sexo en Nueva York, le encanta leer revistas femeninas y novela histórica. Naturalmente, la escritura es otra de sus pasiones confesables. Admira a Carrie Bradshow y, como hace la protagonista de Sexo en Nueva York en la serie, le gustaría ser escritora. También, al igual que Carrie, adora los zapatos, pero nunca ha podido comprarse unos “manolos”.
¿Su sueño? Un viaje al caribe y pasar una temporada en Nueva York.
Domingo, 3 de junio
José Pómez
José Lozano Galera
Juan Luis Recio
Ángel Sáez García
Mª Rosario Aldaz Donamaría
Antonio García Fuentes
Chris Gonzalez -Mora
Julio César Izquierdo
Julián Moreno Mestre
Manuel María Ventura
Juan Granados
Patricio Peñalver