
Domingo 15, tiempo ordinario, ciclo b. Mc 6, 6b-13. Ésta ha sido y sigue siendo el texto básico de la misión cristiana, que debemos unir con el paralelo del Q, es decir, de Lc 9, 1-6, para descubrir lo que fue la tarea de los primeros enviados de Jesús, una tarea y misión que conserva plena actualidad en este día, después de haber leído con atención emocionada y nerviosa la Encíclica de Benedicto XVI (Caritas in Veritate), un Papa que tanto sabe y tantas cosas buenas dice del dinero, de la justicia, del progreso. He quedado admirado y sin respuesta por un tiempo, sumándome a los que le proponen para el Premio Nobel de la Economía, pues él lo merece. Pero luego he vuelto el evangelio del domingo y veo que Jesús, erre que erre, manda a los suyos de dos en dos, sin dejarles que lleven ni un duro o monedita de bronce (khalkon) en la faja (sin pan, ni alforja, ni dinero...). Les manda por el mundo sin lección de economía, pero con mucha humanidad: "Sin más tesoro que su amor, de dos en dos, para curar y querer a la gente, dejando que os quieran",es decir, que os reciban. Quedaré meditando sobre la respuesta de sabiduría del Papa, pero hoy quiero comentar la audacia de Jesús que manda a los suyos ¡sin un duro...!. Dejo para otro día el estudio de la relación entre la encíclica del Papa y el envío de Jesús Hoy os dejo a vosotros ante los dos textos.Si os pareced, leed primero la Encíclica de Benedicto XVI y después el evangelio del día y sacad las consecuencias. Yo voy a limitarme a leer para vosotros el texto de Marcos
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Por las filtraciones de una carta de Rico a los obispos, parece que quieren “ajustar las cuentas” con Queiruga por la forma en que plantea el tema de la revelación. Presentaré el tema dentro de dos días,evocando su libro(Repensar la revelación, Madrid 2008) Pero estoy convencido de que en el fondo de la cuestión se encuentra su otro libro: Repensar la Resurrección, Madrid 2003) , del que quiero hoy ocuparme. La clave de ese libro no es si existe o no desaparición física del cadáver, ni el sentido externo de la tumba "vacia" (cosa sobre la que existe ya un consenso relativo entre los investigadores), sino la "revelación de pascua", es decir, la forma en que los primeros cristianos descubrieron y mostraron que para ellos Jesús estaba vivo (en una línea que se inscribe dentro de la historia de las religiones). Así quiero indicarlo, repensando en su línea uno de sus temas básicos: ¡Sobre cómo la liturgia funeraria se transformó en confesión de Pascua, por obra de una mujer! En esa perspectiva quiero aducir el testimonio de M. Sawicke (Seeing the Lord. Resurrecction and Early Christian Practices, Fortress, Mineapolis 1994, 243-275), que había planteado de manera aguda y sorprendente el tema de la experiencia pascual de los discípulos de Jesús como transformación de una liturgia funeraria. Así quiero unir hoy a M. Sawicki (¡buena católica!) y T. Queiruga, cuyas fotos presiden este post. El tema se funda en Mc 14, 3-8, el texto clásico del funeral de Jesús convertido en experiencia de Pascua. Andrés, seguimos disfrutando con la teología, con la experiencia de la vida de Jesús, que triunfa de la Muerte. Al comentar este pasaje he pensado más de una vez en los ritos funerarios de tu tierra gallega (en mis primeras experiencias de pascua). Buen día a todos (al final ofrezco una semblanza de M. Sawicki, una de las grandes filósofas y teólogas católicas de este tiempo).
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Presenté ayer el tema de Pentecostés desde la perspectiva de la “alegría del Espíritu Santo”, tomando como fondo la crítica de Nietzsche (Zaratustra) a los “sacerdotes” y las afirmaciones de San Pablo, que identifica a Dios con la justicia-gozo-paz y con el amor-paz-gozo. La misma temática (de los sacerdotes) hizo que algunos pensaran que me dedicaba a criticar al estamento clerical. No era eso o no era sólo eso. Quería presentar el cristianismo (religión) como gozo o bienaventuranza Estoy convencido de que la presencia de Dios se expresa en forma deseo (impulso) y de alegría de vivir. Moriremos el día en que no tengamos un deseo radical de vida y el gozo de vivirla, es decir, de desarrollar ese deseo, en apertura a los demás. En esa línea quiero seguir hoy, tratando de la "alegría" de Pentecostés. Del "deseo" o fuerza creadora hablaré mañana. El amor está hecho de deseo y gozo (en gratuidad). Buen lunes de Pentecostés.El primer subtítulo de este post era: ¿Es la Iglesia una caverna? Pero me han pedido que lo cambie y me ha parecido bien. Por eso he puesto este otro: ¡No estamos en una caverna!
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Fiesta de Pentecostés. El rostro recliné sobre el amado, cesó todo y dejéme, dejando mi cuidado entre azucenas olvidado. Así expresa San Juan de la Cruz su Pentecostés, la fiesta del amor culminado, para él, en la humanidad. Éste es el gozo enamorado de la Vida,es la Boda de Dios y de los hombres, de los hombres entre sí: ¡tálamo humano y divino, de cuevas de leones enlazado...!. Aquello que los místicos llamaban y llaman estado de cielo en la tierra.
(a) Es la fiesta del que dice ¡Ya Señor, no sigas que no puedo, pues se rompen los vasos de gozo de mi vida! (tema de la más honda cábala pentecostál, tema del profeta Jeremías que, al quedar en manos del Espíritu de Dios, que habló por los profetas, dice_ Ay, Ay, Ay: cf. Jer 1, 6)
(b) Es la fiesta del que sale de sí, porque le sacan (ek-stasis de amor), descubriendo y sintiendo así que vive en otro, en el Dios que le da vida; le saca Dios, haciendo que descubra y sienta que su vida está en el Otro (que es él mismo).
(c) Es la fiesta del que entra del todo (en-stasis) y descubre las más hondas lámpara de fuego de su vida, el fuego que le arde y enamora, diciendo ¡Ahora sé por qué he vivido! Es la fiesta del que dice "ya", ya he visto, ya soy, no tengo miedo, pues soy fuego de vida, ¡gracias Señor!.
(d) Es la fiesta del que sabe y saborea sabiendo que es en Dios (él mismo) por Jesús y con Jesús, siendo todos o en todos (syn-stasis), de tal forma que dice ¡gocémonos amados! con todos y cada uno de los hombres y mujeres, de los niños y mayores con quienes se sabe divino, pues el vino de Dios pasa por sus venas y las llena de gozo y de gracia (Yo soy la vid, dice Jesús).
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Nos acercamos a la fiesta de Pentecostés, la culminación de las fiestas cristianas, tiempo que podemos decir y decimos: Dios es Espíritu, él vive en nosotros, nosotros en él. En este contexto quiero desarrollar, en línea cristiana, las tres epifanías del Espíritu: en Israel, en Jesús y en la Iglesia. Este esquema es ciertamente limitado, pues se puede y debe hablar de otras epifanías del Espíritu de Dios: en la creación en cuanto tal, en la historia de la humanidad, en las diversas religiones… Aquí quiero destacar las tres ya indicadas y lo haré en un lenguaje teológico, que podrá ofrecer cierta dificultad. Perdonen los que buscan estos días unas presentaciones más sencillas del tema. La humanidad entera, el hombre, tal como se revela y despliega en Israel, es epifanía y presencia del Espíritu de Dios. como he destacado en mi libro Dios como Espíritu y Persona (Sec. Trinitario, Salamanca 1989).
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He querido ofrecer a mis lectores un pequeño Triduo de Ascensión. El primer día (sábado) he comentado el texto de Mt 28, 16-20, poniendo de relieve la presencia del Señor Pascual. Ayer domingo he presentado el texto de Hech 1, 1-11, desde una perspectiva litúrgica, de historia de la salvación. Hoy desarrollo una breve teología de la Ascensión, tomando como base la palabra del Credo que dice: “subió a los cielos y está sentado a la derecha de Dios Padre”. Ciertamente, lo que importa es la presencia del Señor, que dirige nuestra historia. Pero es hermoso expresar simbólicamente su “ausencia gloriosa”, viéndole en el Padre Dios, con los ojos de la fe, sin querer concretar lo que decimos y miramos en razonamientos estrictos. Ésta es una teología de la gloria. El tema está tomado de mi libro Éste es el Hombre. Cristología bíblica, Secretariado Trinitario, Salamanca 1997.
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Ayer he comentado el evangelio del domingo (Mt 28, 16-20) poniendo de relieve el sentido más hondo de la Ascensión como Presencia y Tarea de Jesús, desde la Montaña del Amor cumplido. Hoy me fijo en la primera lectura (Hech 1, 1-11) que es la que ha servido y sigue sirviendo de “imaginario” simbólico para la celebración de este día. Retomo lo que he dicho en mi libro Camino de Pascua (Sígueme, Salamanca 1997) que me ha venido sirviendo de guía durante este tiempo. Sigo deseando a todos una feliz fiesta de Ascensión, que su vida sea camino y presencia de Cielo. Creer en el Cristo del Cielo sigue siendo aceptar agradecidos su tarea en la tierra. Cristo se ha "ido" para estar presente de una manera más intensa, más comprometida. En el "hueco" de Jesús somos nosotros. Donde él ha quedado seguimos nosotros (con él, por supuesto).
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Domingo 6º de Pascua. Juan 14,15-21. He venido presentando la pascua cristiana desde las experiencias fundantes de la vida: pan, libro, amor… El evangelio de hoy presenta la pascua como promesa y Esperanza del Espíritu Santo: “Yo rogaré al Padre y os enviará otro Defensor”, es decir, el “paráclito de Dios”. La Pascua viene a presentarse así como experiencia de Presencia, Dios en nosotros. Ésta es la gran promesa que sostiene el camino de la historia tantas veces osucura y angustiosa de los hombres.
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La experiencia de pascua es, ante todo, experiencia de amor. Es el descubrimiento de aquello que Dios nos ha dado en Jesús. Pero es, al mismo tiempo, el descubrimiento de aquello que nosotros podemos darle. Los problemas antiguos se resuelven allí donde se abre un camino de amor, una tarea intensa al servicio de los demás. Pedro y los otros pensaban que con la resurrección se resolvería todo. Pero descubren que la resurrección es una tarea de amor. Ser capaces de amar y de asumir las tareas del amor, eso es resucitar. Así lo ha fijado el evangelio de Juan en la figura de Pedro, que ha sido un hombre especial, pero que es, al mismo tiempo, el signo de todos los cristianos. Conforme a esta visión, todos somos "papas", es decir, todos somos Pedro: podemos amar porque somos amados, podemos asumir la tarea del amor.
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La tradición evangélica sabe que, en contra de la norma rabínica del tiempo, Jesús andaba acompañado por mujeres. Pues bien, ellas, las amigas de Jesús, han sido las primeras creyentes; su experiencia y testimonio pascual es el principio de la Iglesia. Mientras huyen todos los varones y se rompe el grupo de los doce, ellas se quedan cerca de la cruz de Jesús (Mc 15, 40-41 y par) y participan de su entierro (Mc 15, 47). Lógicamente, vuelven a la tumba para honrar, recordar y embellecer el monumento de su amigo muerto. Desde ese fondo quiero releer el texto de Mateo 28, 5-10, que ha reelaborado el texto paralelo de Mc 16, 1-8,pero diciendo que Jesús se ha aparecido de hecho a las mujeres, abriendo para el mundo un camino de pascua.
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La experiencia cristiana nos arraiga en lo más sencillo, en lo más humano: Juntarse y comer, agradeciendo la vida. La primera “aparición” de Pascua es el Pan compartido, la afirmación de la Vida sobre la muerte, es comer para vivir y bendecir, en un mundo donde todo puede y debe volverse comida. En este contexto, partiendo de Marcos, la tradición cristiana ha entendido el relato de la multiplicación de los panes como experiencia pascual. Ese relato conserva, sin duda, un recuerdo histórico: Jesús ha compartido la comida a campo abierto, con discípulos y seguidores, con todos los que han venido a escucharle, en gesto de generosidad sorprendentes. Rabinos y pretendientes mesiánicos y buscan otros signos (las aguas del Jordán se romperían, caerían las murallas de Jerusalén, aparecerían ejércitos angélicos, luchando a favor de los judíos...); propio de Jesús ha sido el pan multiplicado, generoso, abierto a todos sobre el campo que es de todos. Así lo ha entendida, de diversas formas, la tradición del evangelio de Marcos (y desde Marcos toda la tradición cristiana). No creemos en la resurrección de la vida (en la vida eterna) si no compartimos en amor el pan, en familia, en comunidad, de forma universal.
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Domigno 5 de Pascua. Juan 14,1-12. El evangelio de este domingo, tomado de Juan, lo mismo que el evangelio del domingo anterior, no presenta una aparición del resucitado, sino al mismo Resucitado, que se presenta y habla en la Iglesia. Tan pronto como vamos entrando en el texto descubrimos que aquel que no habla no es un hombre ya muerto del pasado, sino aquel que es el Viviente. La suya no es una voz de ultratumba (voz de muerto aparecido), sino la Voz de la Vida. Algunos de los temas de este evangelio del Camino Pascual son los más importantes de la historia cristiana. Aquí no quiero ni puedo desarrollarlos todos, sino fijarme sólo en Jesus como Verdad. Hoy que hablamos todos de verdades y mentiras, de ortodoxias y de heterodoxias, de ideologías y engaños, hay Alguien que puede decirnos y nos dice: Yo soy la Verdad
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