
Domingo después de Epifanía. Bautismo de Jesús. Marcos 1,7-11. Tras la Navidad sigue la liturgia del tiempo ordinario con el Bautismo de Jesús, que es el recuerdo y principio de nuestro bautismo, esto es, de nuestra experiencia original cristiana: hemos nacido de Dios, no sólo de la carne/sangre, que es buena, pero no es la plenitud de nuestra vida. Empezar de nuevo a ser cristianos, en un frío amanecer, en una fría mañana del Norte (perdón para los que gozáis del sol del hemisferio sur). El texto que hoy toca empalma con todo lo que he venido diciendo en los días pasados. La Navidad de Dios culmina en el bautismo de Jesús, es decir, en nuestro bautismo. Así lo iré viendo en los días que siguen. Pero es necesario empezar poniendo bien los cimientos y nadie como Ariel podía hacerlo. Él ha estudiado el tema del Bautismo de Jesús en los cuatro evangelios, y así, con sus palabras quiero presentarlo. Gracias, de nuevo, Ariel, todo lo que sigue es tuyo, es nuestro. Vayamos todos al Jordán, busquemos al Bautista, empecemos el camino de la vida, en las aguas del río de Dios ¿Qué significa todo eso?
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Oficialmente acaba hoy el tiempo de Navidad... pues mañana celebramos ya el bautismo del Señor. Por eso, dejo para mañana el tema del Domingo... y hoy recapitulo los diversos temas de la Navidad, de la que he venido tratando los días pasados. Por eso, hoy, diez de enero, con la calma y el gozo de las fiestas ya acabadas, quiero volver al principio de la Navidad y publicar un trabajo exegético y pastoral de nuestro amigo Ariel Álvarez, sobre el 25 de diciembre, que era el día de comienzo de estas fiestas en la Iglesia de occidente. Es buena ocasión para darle gracias de nuevo, por su presencia entre nosotros, en el blog, en la enseñanza de la Biblia. ¿Por qué hemos celebrado la Navidad el 25 de diciembre?. En mi post del 1 de enero comenté la cuestión de los calendarios... Como allí insinuaba, en conjunto, las iglesias ortodoxas no han aceptado el Calendario Gregoriana... y por eso, para ellas, litúrgicamente, el 25 de diciembre ha sido el 6 de enero, que tampoco es mala fecha para celebrar la Navidad. Pero escuchemos a Ariel, él nos dirá hoy muchas cosas.
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Me ha mandado Carmen de Almendralejo una reflexión sobre mis últimos posts. Tengo todo ya ocupado hasta dentro de cinco días... Por eso prefiero poner su trabajo hoy a la tarde, como complemento del mío, con una foto de Almendralejo, en la que hay que buscar el museo del vino, la iglesia, el zoológico y el equipo de fútbol... con tantas otras cosas que no digo, con tantos recuerdos. Viva Almendralejo y gracias, Carmen.
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He venido hablando, en los días pasados, del misterio del Nacimiento humano, que se expresa de un modo privilegiado en las fiestas de Navidad. Quiero terminar esta serie navideña, de gozo teológico, con una reflexión sobre Jesús, a quien concibo como mutación mesiánica, como hombre nuevo. Él el Hijo de Dios (el dogma dice que tiene la naturaleza del Padre), siendo en plenitud un ser humano, el ser humano verdadero. Desde esa perspectiva quiero verle aquí, como el hombre pleno, confesando gozosamente la fe cristiana (sin negar el camino que recorren otras religiones. La tarea del cristiano, hombre/mujer, no es otra que ser persona, es decir, presencia de Dios, ser Absoluto, aquí y ahora (no después, no mañana), en gozo agradecido. Confesar esa fe es vivir en gozo,para aprender a gozar y a hacer que otros gocen. DAr gracias a Dios con la vida (viviendo en plenitud de gozo y de amor, que es lo mismo): eso es ser cristiano. Me han dicho con cierta frecuencia que este blog no es cristiano. No me he defendido nunca. Digo simplemente: ¿por qué no vivimos en amor, por qué no gozamos? Quién dijo aquello de Gocémonos amado?
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Vengo hablando de un segundo nacimiento, en el entorno de la Navidad cristiana. Cada niño que nace es más que un número en la gran cadena genética, es más que un nuevo elemento del sistema: es Persona, Presencia de Dios. Éste es el milagro de la vida y de ese milagro, vinculado al Nacimiento, quiero hablar aquí, pues es la base del cristianismo. No es el hombre para el cristianismo, sino el cristianismo para el hombre, en gratuidad y vida. Por eso, al cristiano no le importa que crezcan los cristianos (al nivel de números, en línea de sistema), sino que los hombres puedan vivir y realizarse como hijos de Dios, Presencia creadora de su vida, en libertad y comunicación gratuita. Este es el don, este el milagro gozoso y sorprendente del hombre.
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Vengo hablando de la Navidad como segundo nacimiento, un camino que nosotros, los cristianos, fundamos en Jesús, pero ofrecemos a todos los pueblos de la tierra. Aquí está es la identidad del evangelio, que no se demuestra con teorías, sino a través de la nueva humanidad que surge con la entrega y el gozo de la compartida. Desde ese fondo quiero evocar los elementos básicos de la humanización cristiana, a la luz del evangelio, no como un elemento que se añade al proceso de la vida humana desde fuera, sino como experiencia y realidad de Dios que se encarna en la misma historia.
Ciertamente, son valiosas otras mediaciones de tipo estructural: contactos entre responsables de las religiones, discusiones de teólogos, pactos de políticos... Pero el camino de la paz es para los cristianos, ante todo, un camino de amor que se centra en tres momentos
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He venido tratando estos días del Nacimiento Humano, desde la perspectiva de Jesús y de esa forma he querido recuperar un elemento clave de la vida humana, que H. Arendt, antropóloga judía, identificaba con la Natalidad, el poder de nacer. No estamos hechos, acabados. La Navidad nos enseña que podemos y debemos nacer de nuevo (de lo alto), como en otro contexto decía Jesús al gran sabio judío Nicodemo (Jn 3, 1-22). Desde ese fondo quiero hablar de dos hominizaciones (si es que vale esa palabra), poniendo de relieve la necesidad de un nuevo nacimiento. Si no nacemos de nuevo..., para vivir de otra manera, podemos destruirnos todos.
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Se celebra mañana la fiesta de la Epifanía, la revelación del Dios de Jesús que enciende su estrella en Oriente, para que todos los pueblos puedan contemplar y aceptar el misterio de la vida que nace. La estrella delos sabios del mundo, de oriente y occidente, nos lleva hasta un Niño que sólo podrá vivir si le acogemos y cuidamos, como María y José cuidaron al Niño de Belén. Todos los sabios y reyes al servicio del niño más frágil. Creer en Dios significa cuidar a los niños, a todos, y con ellos a los seres más frágiles del mundo. Eso es Navidad.
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Todo nacimiento es Navidad, sin Navidad no puede darse la paz. Así puede resumirse el pensamiento maduro de Hanna Arendt, la mayor de las antropólogas judías del siglo XX. Estos días he venido tratando de la Navidad, entendida en sentido cristiano y de esa forma he presentado a Jesús como Hijo de Dios, nacido de María, a partir de Gal 4, 4 y Jn 1, 13. Desde ese fondo se entienden y avanzan algunas observaciones y propuestas de Hanna Arendt, filósofa e historiadora judía, experta en violencias y totalitarismos. Nadie ha trazado como ella, que yo sepa, una teoría social de la paz, tan necesaria actualmente, en Palestina y en el mundo. Pues bien, ella ha indicado que para conseguir la paz son necesarias tres actitudes básicas, dos que son más propias del cristianismo (el perdón y la natalidad, es decir, el carácter natal del ser humano), una más vinculada al judaísmo (el cumplimiento de las promesas). Quiero unir aquí esas tres actitudes, culminando en la Natalidad (que está vinculada con la Navidad cristiana). Que estas páginas sirvan de homenaje a todos los judíos amigos de la paz que han existido y siguen existiendo, a pesar de la violencia y muerte que algunos están imponiendo sobre Gaza
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En el centro de la liturgia de mañana (1 de Enero del 2009: Santa María,Madre de Dios) está el pasaje donde Pablo anuncia la llegada del Hijo de Dios (Gal 4,4), diciendo que en la plenitud de los tiempos Dios envío a su Hijo, nacido de mujer (genomenon ek gynaikos). Es evidente que en un primer nivel Pablo afirma lo más obvio: Jesús ha: nacido de mujer, y eso significa que el que nace es un ser humano, como sabe bien el judaísmo (cf Job 14,1; 15,14; 25,4) y quizá el mismo NT (cf Mt 11,11; Lc 7,28) al hablar de "hijo de mujer". Pues bien, ése que nace de mujer es Hijo de Dios. Aquí está el núcleo teológico del misterio de la Navidad y sobre ese centro quiero ofrecer hoy una meditación teológica, una teología de la Navidad, según san Pablo, ampliando en otro nivel lo que ayer dije con la ayuda de AX, en un plano confesional (para bien entender lo que digo sería necesario volver a Gen 3, donde se habla de la mujer que lucha contra la serpiente; aquí supongo conocido el tema, no lo desarrollo) . En esa línea, hoy he querido dedicar a todos mis lectores una página de teología estricta, un poco larga, no para que todos la lean, sino para que pueden descubrir que hay temas que exigen cierta dedicación filológica e histórica. Dios no está sólo entre los libros; él está más bien en los pesebres y cortizos, en las barricadas y hospitales, en los suburbios de la vida. Pero también podemos encontrar su rastro entre los libros de autores como Pablo. A quienes siguen ese rastro dedico esta reflexión teológica de fin de año. Buen día 31 de Diciembre 2008 y gracias por haberme acompañado a lo largo del año, con casi un millón de lectores.
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El 21 del IX y el 3 del XII he publicado unas preciosas meditaciones de AX, un amigo cuyo nombre empecé ocultando, por las reacciones que nacen de un tipo de homofobia. Vuelvo a presentar una meditación que me ha mandado hace unos días. Es una reflexión hecha de piedad profunda y de lectio divina, que sirve como lectura del tiempo de Navidad, como retiro de fin de año. Gracias AX, buena meditación para todos.
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El 28 de diciembre, domingo de la familia, se celebrará una gran Misa en la Plaza de Colón, de Madrid, como acto de profesión pública de fe y defensa de los valores cristianos. Es un acto perfectamente democrático, dentro de una sociedad laica y pluralista, donde un grupo de ciudadanos se reunirán para manifestar pacíficamente sus creencias y opciones. Pero es un acto que ha sido también discutido por algunos de dentro y de fuera de la Iglesia. Por eso quiero ofrecer unas reflexiones que pueden situar lo que ese encuentro de fe y de afirmación cristiana significa, dentro de la ruptura familiar cristiana (ruptura para crear nueva familia), en el contexto de las grandes manifestaciones de Jesús.
Me gustaría que la misa de Colón fuera como las multiplicaciones de los panes de Jesús,, me gustaría que hubiera sido a campo abierto (no en el centro de la Plaza de Madrid), una gran reunión, para crear nueva familia. Me gustaría que pudieran ir (escuchar, comer, compartir) aquellos que no tienen familia, precisamente aquellos que iban a las manifestaciones de Jesús, los que tienen hambre, los que quieren Palabra
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