La siguiente ciudad en el camino que lleva desde Asia Menor por Macedonia, al centro y sur de Grecia, es (Te-)Salónica donde Pablo estuvo un tiempo (hacia el 49-50 d.C.), como dice Lucas en Hch 17, 1-15, creando una comunidad de cristianos mesiánicos, que esperaban la llegada inminente de Jesús, que vendría a liberarles. Llena de entusiasmo hacia el Cristo que llega a liberarles quedó la comunidad cuando Pablo siguió su camino. Poco después, hacia el año 50-51 (uno o dos años después de pasado por la ciudad y de haber creado su iglesia), escribió Pablo una carta a los tesalonicenses, desde Corinto, donde se había detenido de manera más prolongada. Ésta es su primera carta el primer escrito cristiano que conservamos, redactado a los veinte años de la muerte de Jesús.Esa carta nos lleva al corazón del mensaje de Pablo: ha creado comunidades de cristianos "para que esperen a Jesús".. Seres que viven a la espera de Jesús, eso son los cristianos.
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Después de las cinco escuelas anteriores empieza la más propia de Jesús: la que él monta en Galilea, a campo abierto, en caminos y plazas, una escuela integral para el Reino, abierta siempre, para niños y adultos, ricos y pobres, enfermos y sanos, limpios y manchados… pero especialmente para pobres, enfermos y manchados (y niños). Un buen día, quizá después de que Juan fuera ajusticiado (es decir, asesinado), Jesús dejó el río y vino a montar una escuela universal de Reino. Había visto y aprendido (como sabe Mc 1, 9-10): el cielo estaba abierto, el Reino llegada, Dios Padre le hablaba, el Espíritu bramaba… Así vino Jesús a Galilea, a su tierra. Él había conocido ya a los pobres y expulsados, enfermos y oprimidos de aquella tierra oprimida; él había buscado una respuesta en el mensaje de juicio del Bautista; más aún, él mismo había asumido ese camino, esperando la llegada del juicio de Dios. Pues bien, ahora vino a fundar su escuela propia, la del Reino de Dios. Ésta será su escuela casi final. Digo “casi” porque todavía le quedan la Escuela de la Subida a Jerusalén, la Escuela de Jerusalén (de nuevo) y, al fin, la de la Muerte (pero de eso trataré más adelante). Hoy nos toca la EdR (educación para el Reino).
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Ayer he presentado el tema desde un fondo más histórico. Hoy quiero evocar el tema de la fiesta de la Cruz de Septiembre, celebrada en mil pueblos y ciudades, desde Ceberio hasta Santes Creus, desde Legazpia a Liébana de Potes, desde Serradilla de Cáceres a Caravaca de Murcia, por hablar sólo algunos lugares más cercanos. Hay algo profundo en esta fiesta de la cruz y así quiero evocarlo este día, desde un fondo teológico. La Cruz es la fiesta de Dios, siendo la fiesta de la pobres y crucificados a los que debemos desclavar y hacer que vivas desde aquí en el gozo de la resurrección. Es la fiesta de aquellos que aceptan el dolor, no para quedar así sufriendo sin más, sino para liberar a los que sufren. Murió Jesús en la Cruz para que nadie más muera en ella. Porque quiso destruir todas las cruces le mataron. Por eso sigue de algún modo en la Cruz, como Dios de amor, hasta que no haya más cruces en el mundo.
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Hace un tiempo me escribió Alicia Cesca, colega de Argentina, amiga de este blog, que nos ofreció hace días un hermoso testimonio sobre Ariel Álvarez V. Con esta ocasión me atrevo a retomar un texto precioso que me mandó en los días de la “notificación” del Vaticano a Jon Sobrino. Decía así: «Me atrevo a enviarle este artículo que recibiera, luego de la "notificación" a Jon Sobrino, sin decir quién era el autor… En el tema de traspasos de los mails, alguien, se lo asignara a Sobrino, pero dado que su articulo el "resucitado es el crucificado" está en la página de Koinonía, y en otras páginas webs, es sabido que éste no es de su autoría. La desconozco, pese a que he tratado de encontrar la fuente del mismo y su autor. De todas maneras dejo a su prudente y erudito, criterio la evaluación del mismo, pero más que nada para que de saber su autor, me lo haga saber». Ciertamente, me interesa el autor del texto. Pero me interesa mucho más su contenido y me gustaría que lo gozaran conmigo.
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Ayer presenté, con un texto de Xabi/Xabier la hipótesis según la cual Jesús no existió, sino que fue una mitificación judía de la figura ya mitificada de Julio César. Me sumo a la opinión de Xabi/Xabier, pero quiero añadir unas pequeñas reflexiones sobre la importancia que el tema ha tenido y sigue teniendo para conocer el pasado y planear mejor futuro del cristianismo. Jesús no fue Julio César, pero algo del César se ha metido dentro del cristianismo.
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Ficha del libro: MARTIN KARRER, Jesucristo en el Nuevo Testamento, BEB 106, Sígueme, Salamanca 2002, 556 págs. Libro básico de Cristología bíblica; servirá de texto para profesores y estudiantes de teología en los próximos decenios. Está escrito sobriamente, de un modo expositivo, pero con grandes pretensiones: quiere ofrecer y ofrece un compendio de Cristología bíblica, situándose con autoridad en un campo donde confluyen la investigación de la historia de Jesús a lo largo del siglo XX (en diálogo con la exégesis que va de A. Schweitzer hasta G. Theissen) y la teología bíblica, interesada en comprender el mensaje pascual de la iglesia.
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Ayer publiqué una nota con los rasgos básicos de la teología de Pagola y en especial de su libro sobre Jesús. Hoy retomo el asunto, desde la perspectiva del debate eclesial que ha suscitado. Ciertamente, en el fondo sigue estando el "caso Jesús", con Pagola en medio. Pero ahora han cambiado los protagonistas: por un lado está Mons. Uriarte, que ha dado el Nihil Obstat para la nueva edición de la obra de Pagola. Por otro lado están los miembros de la Comisión para la Doctrina de la Fe, que de un modo al parecer vergonzante, sin firmar el domento, ni presentarlo oficialmente en Madrid, han colgado en la WEB de la CEE una Nota de aviso y aclaración sobre el libro de Pagola.
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Son muchos los temas disputados de la historia de Jesús: su relación con Dios y con los hombres de su tiempos, su forma de entender la Ley de Israel y de interpretar la historia de su pueblo, el sentido de su mensaje y de sus obras... Pero, partiendo de los libros ayer indicados y de otros también significativos y en la línea de mis trabajos sobre el tema, he querido destacar las seis siguientes, ofreciendo una bibliografía básica para cada uno de los temas.
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Domingo 14. Tiempo ordinario. Ciclo A. Mt 11, 25-30. Son muchas las cosas que sobre Jesús y Dios se han venido y se vienen discutiendo desde tiempo antiguo y todavía hoy, con acusaciones de conocimiento y desconocimiento. El evangelio de hoy, que está en el centro del llamado documento Q (cf. Lc 10, 13-15), recoge el más antiguo testimonio de la Iglesia sobre las relaciones de Jesús y Dios y las presenta en forma de parábola, la parábola del Hijo que conoce al Padre. Todo ser humano es Hijo de Dios, pero Jesús lo es de un modo especialmente intenso y así ha venido a decírselo a los hombres y mujeres, para que ellos también, todos, pueden vivir como hijos, conociendo a Dios precisamente al descubrirse en manos del Padre. Estamos ante el Dios de los pequeños (de los pobres, enfermos, oprimidos), no ante el Dios de los sabios, los teólogos de oficio o los magnates de dominios religiosos (He querido poner en la imagen una madre y una hija, porque este Padre es varón/mujer... y ese Hijo es hijo/hija). Èste es un canto a la vida, el más alto de todos los cantos a la vida desde la perspectiva de Jesús, canto por todos y con todos, desde los más pobres y pequeños, para que vivan en solidaridad, asumiendo el "yugo" del amor y abriendo para todos un camino de esperanza. Éste es el Cristo verdadero que nos habla y llama, desde el centro del evangelio.
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Tres cristología hubo en las Gran Iglesia antigua y las tres totalmente ortodoxas, aunque cada una con sus limitaciones y su necesidad de ser completada desde otras perspectivas. Tres hubo entonces y las tres siguen (al menos) siguen existiendo en la actualidad, fundadas todas en las únicas verdaderamente canónicas y normativas, que aparecen en los diversos del Nuevo Testamento, que no son cristo-logías estrictamente dichas, sino anuncios y experiencias básicas de la Buena Nueva de Jesús de Galilea, según los evangelios, las cartas de Pablo y los restantes libros de la Escritura cristiana. En resumen. (a) En el principio (Nuevo Testamento) hay varias experiencias de Jesús, no una, todas convergentes pero distintas (unidas por la certeza de haber encontrado a Dios en Jesús). (b) En la Iglesia antigua (siglos II al V) no hay una sino varias cristologías (antioquena, alejandrina, calcedonense)… Por eso, cuando hoy me hablan algunos de una cristología úníca, de tipo normativo (lógico), y quieren imponerla sobre todos (de manera monolítica) me sonrío y digo ¡vaya, vaya! De eso quiero hablar hoy, iniciando una serie de textos sobre el Cristo de la Biblia y de la tradición cristiana, en tiempos en los algunos parecen andar revueltos por el tema. Entre otros, Sofía y Emérito andan dialogando en mi blog sobre el ema. Aquí les ofrezco materia (a ellos y a otros) para seguir dialogando.
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Desde hace unos días este blog se ha visto enriquecido (y para algunos "turbado") por la generosa presencia de Carlos y del Eremita. Los dos han introducido abundantes comentarios. Por eso les he invitado a mandarme si quieren algún texto propio, para que los amigos del blog puedan conocer sus aportaciones y discutirlas de un modo directo. Así lo ha hecho Carlos, mandándome esta reflexión sobre la Iglesia de Corinto, tal como aparece en 1 Cor (con problemas que siguen siendo muy actuales).
A Carlos le conozco como vosotros, por sus intervenciones en el blog, en las que se retrata bastante bien. Se presenta como católico, pero da la impresión de que tiene ciertos matices que van en la línea de buen Lutero (lo cual no es malo, pues una cura de protestantismo nos vendría bien a algunos católicos), como dijo el mismo Juan Pablo II. Carlos, gracias por tu envío. Amigos del blog, ahora podéis dialogar directamente con él y a traves de él con San Pablo y con los problemas de la primera Igiesia de Corinto, que siguen siendo en gran parte nuestros problemas. El tema clave es la vida concrea de la Iglesia, de una iglesia múltiple, problemática y rica, como la de Corinto en tiempos de Pablo. Todos somos hoy Corinto, todos estamos (dialogando, disentiendo, concordando) con Carlos
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He presentado en los días pasados la fiesta del “Corpus”, el “cuerpo de Dios”. Pero ese cuerpo de Dios sólo puede formarse, en dimensión humana, allí donde cada uno de los hombres y mujeres regala su vida, ofrece su sangre a favor de los demás. Culmino así el motivo anterior y me centro hoy en el “vino de Jesús”, la sangre compartida, que es la fiesta mesiánica de la humanidad. La Iglesia de Jesús es comunión “de sangre”, pero no de sangre racial (de un grupo de elegidos), sino de “sangre abierta a todos”, de solidaridad universal, concreta, amorosa, capaz de crear un compartir el don supremo de la Vida. Éste es el verdadero grial (sangre real, de Dios, de los hombres). que muchos andan buscando por novelas y montes de fantasía (¿de engaño?), siendo que está muy cerca, al alcance de la mano, allí donde los hombres y mujeres se hacen padres/madres y hermanos de sangre. Muchos hemos buscado alguna vez el Santo Grial en alguna cueva/caverna remota... Pero no hay que buscarlo, lo tenemos al alcance de la mano. Más aún, como dice un viejo himno del Grial del siglo XIX, si alguna vez lo encontramos... es que él nos ha encontrado a nosotros
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