El blog de X. Pikaza

28.5.17. Ascensión. La Montaña y la Cruz de la Presencia

Ascensión del Señor. Mt 28, 16-20. Culmina el tiempo de pascua con la fiesta de la Ascensión, que solía celebrarse en jueves, a los cuarenta días del domingo de resurrección, pero que se ha pasado ahora, en casi todas las iglesias, al domingo siguiente.

Culmina así el tiempo litúrgico de Pascua...Y aprovecho así la ocasión para desear a todos mis lectores y amigos un feliz final de resurrección. Hoy desarrollo el tema del evangelio del día, indicando que según Mt 18, 16-20 no hay ascensión propiamente dicha, sino revelación y presencia del Señor Jesús en la Montaña del Amor cumplido, la montaña de la Presencia y del Envío, unida a la cruz de la vida que es el amor concreto de aquellos que saben que su misma vida es cielo.

Imagen 1: He estado el jueves 25 en Durango y Abadiño, bajo el Amboto. He hablado a mis "amigos" de infancia de la vida y Ascensión de Jesús, bajo la montaña des Amboto, un símbolo de vida. Ese símbolo de la montaña envuelta abre un horizonte de infinito hecho presente cada día, cada hora, en la vida de los hombres que se aman

Imagen 2. Cruz de Kurutziaga... del finales del XV, como yo la veía de niño todos los días, pasando por delante de los Jesuitas, al ir a estudiar a la Academia. El pasado 25 hablé de Jesús precisamente en el colegio de los Jesuitas... donde estaba antes la cruz, como en esta imagen antigua. Ahora la han llevado al Museo y Ermita de la Vera-Cruz para resguardarla.

Esa cruz misteriosa, con una cara de dolor y otra de gloria... ha sido para mi por años un signo especial de esperanza en la resurrección, entendida ya como deseo de cielo en la tierra... Un símbolo de muerte, símbolo de vida, el cielo entero en la muerte de Jesús y en el amor de sus amigos.

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Tres pecados tenía la Iglesia... Salir del castillo en la cueva, vivir en libertad de amor

Quiero seguir comentando el evangelio de la Octava de Pascua. Ciclo C. Jn 20, 19--31.

Tres pecados tenía la Iglesia de Juan, y tres sigue teniendo la nuestra, según este evangelio de Pascua:
-- El pecado de hacerse castillo en la cueva cerrada, por miedo
-- El pecado de salir sólo a lo libre, sin confianza y comunión de amor
-- El pecado de olvidarse de las víctimas (fuera o dentro del castillo)

‒ El primero es el miedo: “Estaban con la puertas cerradas, por miedo a los judíos…”, como un castillo en la cueva (doble miedo). Ciertamente, en el mundo hay gente peligrosa que va y fastidia, y la Iglesia debe crear sus propios "espacios seguros" de militancia creyente. Pero ella no está hecha para cerrarse en sus colores y banderas, tras grandes muros (imagen 1: Castillo de Predjama, Eslovenia), sino para salir a la calle y ofrecer a cuerpo su mensaje y esperanza.

El segundo es el pecado de Tomás: Andar solo por libre , salir del castillo, pero a solas. Buena es la libertad eclesial, que dice a cada uno "tú eres Cristo". Pero está el riesgo de aislarse como Tomas. Mientras los demás se encierran, él va por ahí, a lo piadoso, sin comunidad, sin compromiso social, dedicado a su mística privada de cualquier guru de última generación. Ha muerto Jesús, pero no le importan sus llagas, ni el sufrimiento de los otros, sino sólo su mística particular. Tomás, el francotirador espiritual, alejado de los suyos, es el segundo pecado.

El tercero es el pecado de olvidarse de las víctimas. No se trata de cultivar un victimismo enfermizo y resentido, sino de mantener la comunión de vida con los expulsados de todos los castillos, de recordar las llagas de los heridos, no para condenar al resto del mundo, sino para crear formas de vida. No basta recordar a Jesús como un ser puramente espiritual, separado de la vida y de la entrega hasta la muerte. Es olvidarse de la herida de los pobres, de la muerte de los oprimidos… es…. Hay que asumir la historia de Jesús y de los pobres, para recrear desde ella el mundo

Pero siga leyendo quien quiera situarse ante los pecados de la Iglesia de Juan y de Tomás, que son en gran medida los pecados la nuestra. Siga leyendo y vea cómo puede superarse el "cerrojazo" de la Iglesia, que aparece ya al principio de su historia, según el Evangelio de Juan.

Que la Iglesia abra su puerta a Tomás (a los nuevos tomases místicos y libres...); que la Gran Iglesia sea espacio abierto y sin miedo, para todos los pobres llagados y los espíritus libres, como Tomas.

Y que Tomás, hermano casi gemelo del discípulo amado, primer Apóstol y Testigo de Jesús, según una potente tradición antigua, vuelva de Oriente y Occidente a la Gran Iglesia Abierta.

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Dom 26.3.17. La rebelión del ciego de nacimiento


Domingo 4º de Cuaresma. Ciclo A. Jn 9, 1-41. Comenté el domingo pasado el texto de la samaritana, el próximo comentaré la resurrección de Lázaro; hoy toca la historia del ciego de nacimiento.

Como dije en la postal de ayer, la liturgia de estos tres domingos de cuaresma (tercero, cuarto y quinto), ofrece una cuidadosa selección de tres pasajes del evangelio de Juan, que ofrecen una catequesis simbólica que culmina en el Bautismo, el día de Pascua.

El domingo pasado fue el agua de la vida en relación con los samaritanos. Hoy es la luz de la verdad, en relación con los maestros de Jerusalén. Luz, esto es Jesús: agua que cura, palabra que libera para vivir y confesar el amor más alto.

Éste es un evangelio (una catequesis) de iluminación, como lo ha puesto de relieve desde antiguo la liturgia cristiana, reflejada en el precioso icono de la imagen (con Jesús y el ciego, la fuente bautismal, los que critican...).

Pero éste es, al mismo tiempo, un texto de rebelión... Es el testimonio de Jesús que se rebela contra aquellos que quieren mantener a los hombres a ciegas, para dominarles por su tipo de ley, por su egoísmo... Pues bien, en contra de eso, Jesús dice a este ciego de Siloé que se rebele, que no siga estando ciego, al borde del camino... que vea por sí mismo, que decida, que confiese su nueva libertad, aunque eso le cueste el rechazo de la autoridades, incluso de sus mismos familiares.

Una maravilla de texto, que presentaré brevemente, con un poema final. Una maravilla de catequesis de cuaresma. Buen domingo a todos.

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22.7.16. Apostolorum Apostola, Santa María Magdalena

22.07.16 | 11:32. Archivado en Iglesia Instituciones, mujer, Cristología, Evangelios, Mnisterios

La Congregación del Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos, por deseo expreso del Papa Francisco, ha elevado la memoria de santa María Magdalena a la categoría de fiesta en el Calendario Romano General (22 de julio), creando para ello, por deseo del mismo papa, un prefacio propio titulado Apostolorum Apostola (Apóstol de los apóstoles), donde se dice que ella ha sido la iniciadora de la misión cristiana, realizando una tarea superior (y anterior) a la de los mismos apóstoles. Cf. texto vaticano, en latín, con el antiguo y nuevo título de Magdalena como apóstol de los apóstoles, en
https://press.vatican.va/content/salastampa/es/bollettino/pubblico/2016/06/10/magdala.html:

En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación, aclamarte siempre, Padre todopoderoso,de quien la misericordia no es menor que el poder, por Cristo, Señor nuestro.

El cual se apareció visiblemente en el huerto a María Magdalena, pues ella lo había amado en vida, lo había visto morir en la cruz, lo buscaba yacente en el sepulcro, y fue la primera en adorarlo resucitado de entre los muertos; y él la honró ante los apóstoles con el oficio del apostolado para que la buena noticia de la vida nueva llegase hasta los confines del mundo.

Por eso, Señor, nosotros, llenos de alegría, te aclamamos con los ángeles y con todos los santos, diciendo: Santo, Santo, Santo…

Este prefacio papal pone a María Magdalena por encima de presbíteros, obispos y apóstoles. Según el famoso adagio lex orandi lex credendi (la oración es el principio de fe de la Iglesia), este prefacio ha de tener grandes consecuencias en la visión de la mujer en la Iglesia y en los ministerios de la comunidad. En ese contexto, este día (22.7.16), quiero recordar la obra y figura de M. Magdalena.

(Imagen y 3. Icono tradicional de Magdalena como apóstol de los apóstoles, enseñado a Pedro con los Doce
Imagen 2: María Magdalena, patrona de los dominicos estudiantes; escalera principal del convento de S. Esteban, Salamanca).

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Éste es mi Hijo. No quedéis en las tiendas, seguidle

Presenté anteayer (19.2.16) una versión del evangelio del domingo 2 Cuaresma, que es la Transfiguración según Lucas, poniendo de relieve la importancia del rostro luminoso del Cristo, presente en los marginados de la tierra. Pero el relato de Lucas ofrece otros aspectos que hoy quiero desarrollar: Entre ellos las tres tiendas y la palabra del Dios de la Nube que dice:¡Ese es mi hijo!

Jesús quiso que tres discípulos (Pedro, Santiago, Juan) supieran mejor quién era, y por eso les subió en solitario a la montaña más alta, para enfrentarles allí con la realidad del mundo (¡todo se ve desde la montaña!) y con la propia historia. Le bastó con tres, dejó a los nueve restantes en el llano, discutiendo con escribas.

Tres eran y son suficientes para rehacer el camino de su Reino, tres que vieran, que entendieran y se comprometieran en el monte. Bastaban tres como hoy (año 2016) para rehacer la Iglesia.

Pues bien, esos tres descubrieron allí en la montaña de la absoluta soledad y plenitud ante el misterio, que Jesús dialogaba con Moisés y Elías, con la ley y los profetas, y vieron que su rostro se volvía luminoso, pues la misma luz de Dios le iluminaba desde centro, saliendo de la niebla impenetrable.

Pedro, en nombre de los otros, se sintió aturdido y pensó que habían llegado ya la hora final de la ley, del mundo y de la historia y dijo ¡hagamos tres tiendas! Tiendas para que acampemos y para así quedar custodiando el brillo de Dios por siempre, tiendas de campaña que se vuelven luego inmensos monasterios, catedrales, vaticanos, basílicas gloriosas, para descansar, para admirar.

Pero la cuestión verdadera siguió (y sigue) abierta. Hay un Pedro que sigue soñando con la iglesia-tienda, mientras Jesús seguía dialogando en medio de la nube, con Moisés y Elías sobre la forma de subir a Jerusalén, realizando el gran ´”éxodo”, el camino que conduce a la nueva humanidad.

En ese fondo vuelvo a presentar el texto de Lucas, para que así nosotros podamos hacer también, con la mente, el corazón y la voluntad, el mismo camino de ascenso a la montaña, para saber quién es Jesús, para abandonar nuestras tiendas ilusorias, para seguirle, sabiendo que el brillo divino de su rostro está presente en todos los hombres y mujeres, y en especial en los marginados y explotados.

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Dom 3.1.16. La Palabra se hizo Carne

Dom 2. Después de Navidad. Ciclo C. Según el evangelio, que se lee y canta de forma solemne este domingo, los cristianos afirmamos que Dios es de tal forma divino que se ha hecho carne (vida humana) en la vida de Jesús. Más que eso no se puede decir, ni menos tampoco si se quiere mantener el cristianismo

-- Un tema conciliar. En esa línea afirmará el concilio de Nicea que Jesús es Dios (de naturaleza divina) y el de Calcedonia que es perfecto Dios y perfecto hombre (de naturaleza divina y de naturaleza humana)…

-- Un tema de experiencia. En la base de esas formulaciones conciliares está la experiencia y la vida de aquellos que dicen que han encontrado a Dios en Jesús (en su vida proyecto de Reino). Éste es el principio del cristianismo, que se puede y se debe articular en tres formulaciones:

(a) Dios “es” (se hace) historia. El mismo Jesús histórico, nacido, muerto y resucitado es la Carne de Dios. Por eso, los cristianos buscamos y vemos a Dios en la "carne de todos los hombres", es decir, en la vida compartida, en amor que es justicia, misericordia, ternura y esperanza.

(b) Dios es (se hace) comunión de “carne”, de tal forma que vemos y tocamos a Dios vemos, tocamos, ayudamos a los hombres y mujeres, en especial a los más necesitados. En esa línea, conforme al lenguaje más filosófico de los Concilios (Nicea y Calcedonia) hay que decir que toda la "naturaleza" humana es carne de Dios (revelación de su Ser).

(c) Creer es crear humanidad "de carne". Celebrar la encarnación de Dios en Jesús significa celebrar el valor divino de lo humano y comprometerse al servicio del hombre, de todos los hombres, y en especial de los excluidos de esta sociedad imperial de consumo, que son hermanos de Jesús, carne de su carne, sangre de su sangre, para emplear un lenguaje bíblico y eucarístico.

En la reflexión de hoy, dejo en penumbra ese último aspecto (tratado con frecuencia en este blog) para centrarme de un modo especial en la encarnación de Dios en Jesús, siguiendo el texto del evangelio de Juan 1, 1-8, que comentaré y presentaré desde una perspectiva de "pre-existencia" de Dios. Dios es en nosotros "primero" (nos pre-existe) para así poderse poner a nuestro servicio.

(Imagen: Caminando con los magos hacia el oasis de Jesús). Buen domingo a todos, buen camino.

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Navidad, celebración total: Ocho fiestas en una

La Navidad es una fiesta cristiana, celebración del nacimiento de Jesús, pero es también, por impulso del pueblo, una fiesta universal, que se celebra en casi todo el mundo, con matices distintos, pero con elementos comunes.

Esta celebración de Jesús, unida al solsticio del invierno (verano del hemisferio sur), es quizá la mayor aportación del Cristianismo a la Fiesta Universal de la Vida, vinculada al nacimiento de los niños (¡el hombre, un ser natal!).

Algunos nostálgicos podemos lamentar un cierto olvido de Jesús en las fiestas actuales (año 2015), pero en otro sentido debemos alegrarnos pues esta Navidad universal (con elementos de paganismo y de otras religiones) puede llevarnos a entender mejor la novedad del evangelio cristiano.

En ese sentido quiero hablar de las ocho cuentas del collar o pulsera de la Navidad, indicando que se trata, en algún sentido, de ocho fiestas en una.

Cada lector destacará un aspecto, un motivo, pero todos ellos pueden engarzarse para componer así las ocho cuentas o perlas de este “collar” de Navidad, como indicaré en esta postal. No hace falta leer de seguido todo lo que sigue. Bastará con hacerse una idea de conjunto. Fíjese pues cada uno en aquello que le parece principal, después de haberse parado en esta imagen del paso de peatones por donde quieren pasar José y María, en medio de una fiesta de puros regalos comerciales.


-- Ésto es lo que mostraré primero en forma de resumen, luego como desarrollo mas detenido, comentando de un modo unitaria el sentido de las ocho perlas de la Navidad universal, con ocasión del fin del año, el nuevo Ano 2016 d.C.

--Me alegro de poder ofrecer así el sentido de conjunto y los detalles de esta universal (humana) de la Navidad Cristiana, tal como ha venido siendo expuesta desde antiguo por creyentes y estudiosos.

Las ocho cuentas de esta Navidad son buenas, siempre que no nos ahogue el puro egoísmo del deseo y deseo de cosas, sin tiempo para pararnos aunque sea en un paso de peatones para entender y recorrer mejor la marcha de la vida, haciendo en ella un lugar para los otros.

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Dom 20 XII 15. Concilio de mujeres, con María, Gebîra cristiana

Domingo 4 Adviento. Lc 1, 39-45. Después de Juan Bautista (domingos anteriores), viene en Adviento María, la Madre de Jesús, con Isabel, su "prima", un Concilio de Mujeres.

Adviento es encuentro, promesa y concilio de mujeres, alabanza de Isabel a María, a la que llama: bendita de Dios (¡elegida!) y bienaventurada por ser la primera creyente de la Iglesia cristiana (¡siendo judía!)

En ese contexto se sitúa la palabra clave de la Iglesia que llama a María Gebîra, madre del Señor mesiánico ; su autoridad consiste en no tener otra autoridad que el servicio a la vida:

-- Dios es Gibbor, autoridad suprema, padre/madre creador que abre en el espacio infinito de su Vida un "espacio de vida" para todos los seres que existen. Por eso, Dios es Adviento.

-- Maria es Gebîra, expresión humana de la autoridad de Dios Padre/Madre, porque ella abre en su historia personal un espacio y camino para el mismo Hijo de Dios entre los hombres.Por eso se le da la misma autoridad de Dios, él es Gibbor, ella es Gebîra... Es autoridad porque ha sido capaz de acoger el don de Dios y de ponerse al servicio de su obra

-- También la Iglesia actual ha de ser Gebîra, tiene que estar en tiempo de "parto", pues lleva en su vientre algo más grande que ella misma, y sólo podrá "dar a luz" a Dios en la historia de los hombres si renuncia a sus grandezas externas, hechas de dineros y privilegios, de honores y poderes que no son de Dios.

Por eso, quiero decir, que Adviento es el tiempo de las mujeres... esto es, de aquellos hombres y mujeres que tienen algo que ofrecer, algo que dar... poniéndose al servicio del amor de Dios que llevan en sus vientres, amor que les envuelve y trasciende, haciéndoles servidores de la vida. Así se anuncia el tema que sigue, que presentaremos comentando el texto de la liturgia del domingo

Dividimos la escena en dos partes:

a) Visitación. María quiere compartir su experiencia de mujer y madre con otra mujer, su “prima” Isabel, la madre del Bautista. Los hombres (al menos los de entonces) son apenas capaces de entender estas historia, están en otras cosas (incluso los obispos y papas). María se lo tiene que decir a otra mujer, para celebrar con ella su Concilio de Dios. Toda la historia de la esperanza humana, la humanidad entera se condensa en dos mujeres.

b) Madre de mi Señor, Gebîra cristiana. ¿Quién soy yo para que me visite “la Madre de mi Señor”. Desde la perspectiva del Antiguo Testamento, la única mujer importante (gebîra, señora: fuerte) es la madre del Rey, como seguiremos indicando. Pues bien, María es gebîra de un modo distinto, según el evangelio de Lucas.

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Nicea 325. Y en un solo Señor Jesucristo

Hoy (25.7.2015) se cumplen los 1690 años de la clausura del Concilio I de Nicea, de cuya doctrina he tratado de manera más extensa hace cuatro días (21.7.15). Vuelvo al tema porque resulta esencial en un tiempo en que la Iglesia vuelve a plantear la posibilidad y la forma de un nuevo Concilio fundamente, para recrear su identidad. Retomo para ello elementos de mi libro sobre la Trinidad.

Durante casi trescientos años, la iglesia había vivido en condiciones de marginación o clandestinidad, de manera que sus obispos no pudieron (ni necesitaron) celebrar concilios universales, pues la “reunión” del año 49 en Jerusalén (cf. Gal 2; Hch 15) había tenido otro sentido, lo mismo que los muchos sínodos parciales que se fueron celebrando en muchas zonas (como en Cartago: años 220, 251, 252 etc.).

Sólo tras la paz de Constantino (313 dC), y con ocasión de las disensiones sobre el carácter humano y divino de Jesús (arrianismo), fueron necesarios y posibles los concilios, que se celebraron con el apoyo de la autoridad imperial. El primero de ellos fue el de Nicea (bajo el emperador Constantino), el segundo el de Constantinopla (Bajo Teodosio).


Con esta ocasión quiero evocar aquí los siete primeros concilios de la iglesia universal, para fijarme después (tras una breve semblanza de Arrio) en el que hoy recordamos de un modo especial (Nicea 325) y evocar después el otro gran concilio, complementario al de Nicea, que fue (Constantinopla I, 381), para retomar de esa manera los principios de la historia y actualidad de la Iglesia.

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Dom 28.6.15. Una mujer que toca, una mujer que dice (la hemorroísa)

Dom 13, tiempo ordinario. Marcos 5,21-43. Este evangelio nos sitúa ante dos mujeres, víctimas de opresión personal y familiar:

-- una es joven, hija del archisingogo, y al parecer no tiene más remedio que morir, habiendo cumplido doce años (pues la vida mayor no le ofrece ningún aliciente);
-- la otra es ya madura, pero lleva sufriendo doce años de mal flujo de sangre, y las autoridades sanitarias y sociales no le dejan tocan, ni dicer.

Ambas están vinculadas por una enfermedad que es parecida, la enfermedad de ser mujer en aquel contexto y circunstancia. Pero Jesús deja que le toquen; les da la mano y les cura, no para que vuelvan al orden antiguo, sino para iniciar con ellas un camino de humanidad.

Hoy comentaré el tema de la hemorroísa. Dejo para mañana el de la hija del archisinagogo. Retomo así un motivo usual en este blog, y lo haré siguiendo básicamente mi Evangelio de Marcos (Verbo Divino, Estella 1012), sin notas críticas, que el lector interesado deberá buscar en el libro impreso.

Ese pasaje de la hemorroísa ofrece dos mensajes antiguos, dos enseñanzas que siguen siendo nuevas también en nuestro tiempo, para hombres y mujeres:

a. Que la mujer pueda “tocar”, que pueda relacionarse corporal y humanamente con la vida, es decir, con los otros sin cortapisas ni limitaciones externas de género… Que no le impongan otros (sacerdotes y escribas) aquello que ha de hacer y sentir, cómo ha de vivir, aceptándose a sí misma, y así "tocar" al hombre, si ella quiere, como quiera, siempre que sea en respeto, para ser así persona.

b. Que la mujer pueda “contar”, decir lo que ha sentido; que recobra de esa forma la palabra, y diga lo que siente ante el corro de hombres que parecían dispuestos a imponer sobre ella su visión del mundo y de la vida. La verdad (toda la verdad, como en los juicios leales) es lo que ella tiene que decir, como verá quien siga leyendo.

Se trata de devolver la palabra a la mujer, dejar que ella diga y se diga, escucharla, y compartir con ella la trama de la vida.

La imagen 1 evoca el relato de la hemorroísa, en un fondo de sangre de vida.
La mujer de la imagen 2 es Catalina de Siena, que dice al papa y a la iglesia de su tiempo lo que ha de ser un papa y una iglesia.

Buen fin de semana a todos.

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Corpus 3. Sangre de Dios, no Grial. Síntesis de la Eucaristía

He presentado en días pasados la fiesta del “Corpus”, el “cuerpo de Cristo”. Pues bien, ese Cuerpo sólo puede formarse, en dimensión humana, allí donde hombres y mujeres regalamos la, ofrecemos nuestr a favor de los demás.

Culmino así el motivo anterior insistiendo, desde lo dicho ayer, en el “vino de Jesús”, la sangre compartida, que es la fiesta mesiánica de la humanidad.

La Iglesia de Jesús es comunión “de sangre”, pero no de sangre racial (de un grupo de elegidos), sino de “sangre abierta a todos”, de solidaridad universal, concreta, amorosa, capaz de crear un compartir el don supremo de la Vida.

Éste es el verdadero grial (sangre real, de Dios, de los hombres). que muchos andan buscando por novelas y montes de fantasía (¿de engaño?), siendo que está muy cerca, al alcance de la mano, allí donde los hombres y mujeres se hacen padres/madres y hermanos de sangre.

Muchos hemos buscado alguna vez, al menos en la imaginación, el Santo Grial en alguna cueva/caverna remota... Pero no hay que buscarlo, lo tenemos al alcance de la mano. Más aún, como dice un viejo himno del Grial del siglo XIX, si alguna vez lo encontramos... es que él nos ha encontrado a nosotros.

Termino así estas tres postales sobre el Cuerpo y la Sangre de Cristo, ofreciendo al final una síntesis bíblico/teológica de la Eucaristía.

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Pascua 7. Cristo es navegar, presencia e impulso de Dios en la tormenta

Vuelvo al tema de la Pascua, tras unos días bien entretenidos con otros motivos inmediatos. Y vuelvo con un refrán latino decía que no es preciso vivir, pero que si vivimos debemos navegar, es decir, arriesgarnos:

Navigare necesse est, vivere non necesse.

Vivir simplemente sería arrastrarse, aferrados al miedo, repitiendo lo mismo y muriendo sin haber vivido. Navegar en cambio es subir a la cresta del mar y arriesgarse, en amor, buscando experiencias y fortuna, nuevos amores y tierras de libertad y futuro.

En esa línea, la primera pascua de los israelitas fue “una navegación” sobre el Mar Rojo, saliendo de la esclavitud, buscando nueva tierra. De aquella pascua seguimos viviendo, ella nos permite soñar y arriesgarnos todavía.

La segunda pascua, la de Jesús, está vinculada a su entrega hasta la muerte, ; él ha iniciado así la nueva y más alta navegación de los creyentes mesiánicos. Por eso, por Jesús, sus discípulos fueron capaces de lanzarse al mar y buscar nuevas orillas, tierras nuevas de experiencia y futuro.

Todos los exegetas cristianos saben que los relatos de la tempestad calmada y del paso al otro lado son símbolos pascuales, experiencias de Jesús en la tormenta; ellos se fundan en la historia del propio Jesús que atravesó, sin duda, el lago con sus compañeros pescadores, en días y noches de tormenta, pero la cuentan de un modo pascual, como signo de la travesía de la Iglesia.

Son símboloz, y por eso son reales, más reales que la materia física. Ellos marcan la novedad del ser humano, el impulso de la pascua.Pues buen, tras veinte siglo, la Iglesia se encuentra donde estaba: Tiene ante sí el reto de atravesar la gran tormento, y de hacerlo ya pronto,pues la vida apremia. En el mar está la pascua, en la orilla, al otro lado de las olas, está la esperanza del Cristo verdadero.

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Viernes, 21 de julio

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