El blog de X. Pikaza

Uno de Enero 2019, Día del Sol. Fiesta de Dios Padre y de María Madre

01.01.19 | 10:11. Archivado en Dios, Nuevo Testamento, María, Amor, Adviento - Navidad

Nació Jesús según la tradición del hemisferio norte el 25 de Diciembre, solsticio de invierno, cuando empezaba a celebrarse la fiesta del Sol, que dejaba de menguar, tras haber declinado a lo largo de otoño.

Tras una semana en que el Sol apenas se había elevado en el horizonte, siete días de frío y poca luz, el sol comenzaba (¡ha comenzado a elevarse!) de manera que se puede celebrar ya el Año Nuevo, tres fiestas en una, este día en que Sol ha empezado a crecer, añadiendo unos minutos a los días:

1. Hoy, Uno de Eneero, es la fiesta del año nuevo del Sol (imagen 2: Sol niño en el vientre de María Madre), que con su luz y calor ofrece a la tierra un nuevo ciclo de vida. No olvidemos hoy al Sol, que es la luz de nuestra tierra, primer signo del Cristo, a quien los cristianos celebraron desde antiguo como Sol Naciente, no sol de imperios que dominan e imponen su norma sobre el mundo, sino sol de amor, plantas que crecen, otra vez la Vida. No olvidemos que esta fiesta es una celebración compartida, con todos aquellos que dan gracias por el Sol, en oriente y occidente.

2. Ésta es la fiesta del año nuevo de María, la Madre de Dios, la Virgen de Enero (que significa Tiempo de la puerta, ianua, puerta abierta a la vida, a quien muchos cristianos católicos celebran hoy como "madre de la vida" (Imagen 2: María madre del año niño), como signo y recuerdo de la gran maternidad del cosmos, que se enciende de rojo de amor, como esta mañana de frío en Castilla, alumbrando el horizonte. Con ella decimos hoy Dios es Madre, y celebramos la fiesta universal de María... Pero ésta no es sólo una Fiesta de Cristianos, sino de todos los hombres y mujeres que celebran y honran a sus madres, que son con el sol el principio de la vida (como decían los medievales).

3. Es finalmente la fiesta del año nuevo del Padre Dios, y así quiero recordarlo en especial esta mañana, recordando que es la Fiesta del Dios Padre. Cuando le preguntó Moisés un día como hoy en la montaña de la Zarza Ardiendo quién era, Dios le respondió soy el que soy (=Yahvé), sin darle mas respuesta. Pero Jesús vino a decirnos que no tengamos miedo en llamarle Abba, Aitá: Dios es Padre. Esta es la fiesta de los padres que se oponen a las madres, sino que comparten con ellas el camino de la vida que se ofrece, se regala, se celebra.

De esa manera, hoy, Uno de Enero, acabado el solsticio de invierno del hemisferio norte, podemos declarar comenzado el Año Nuevo del Sol, simbolizado por la Madre Universal, Naría, Fiesta del Padre Dios y de todos los padres.

Definitivamente, el sol se eleva, empieza a recorrer la marcha del año 2019 de la era cristiana, animado por el Dios que es Padre y Madre, con el Sol de Jesús, a la semana de su nacimiento, quiero deseas felicidades, 375 días de felicidad 2019, a todos los amigos del blog, a los familiares y los lectores.

Se ha cumplido el tiempo, no podemos seguir en la violencia y el odio. Llega, tiene que llegar el Reino del Sol hijo de Dios, la nueva creación, con ese Dios de Miguel Ángel (imagen 3), que abraza con la izquierda a la Mujer Sabiduría, tocando con los dedos de su mano derecha nuestros dedos (¡todos somos Adán!), mientras nos dice: ¡Feliz Año, levantaos ya, vivid sin miedo, pues yo estoy con vosotros!

Llega el Reino de la Humanidad fraterna, tiene que llegar, porque Dios es Padre/Madre y podemos re-nacer y re-novarnos (buscar la paz, vivir en ella) porque somos sus hijos .

Con esta fe en el Dios creador, Padre de los años, Padre/Madre quiero saludar a todos los amigos y comentaristas del blog al comienzo de este Año Nuevo de la Era Cristiana (era común), 2019.

Imágenes: Del altar del Santa María del Sol Niño que nace, según un modelo bizantino, del año 1460, Virgen del Adviento (en la catedral de Córdoba, España, en el recinto de la Mezquita), y del Dios Creador de Miguel Ángel (Capilla Sixtina,Vaticano).

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14.12.18. Adviento con Juan de la ╬: Cuatro noches de Amor


Hoy celebra la Iglesia la fiesta de Juan de la Cruz, a quien con María de Nazaret y Juan Bautista considero mi santo de Adviento, para preparar con él la Navidad.

En este contexto he querido poner de relieve, utilizando sus poemas de amor, las cuatro noches oscuras de la fe que se hace amor, en un camino de Adviento. Estrictamente hablando, para Juan de la Cruz son tres noche, pero he querido añadir una cuarta, en su misma línea, dedicando a cada una de ellas una estrofa o poema de sus cantos, para comentarlo en clave de Adviento

Así le veo este día de Adviento (con la primera estrofa que voy a comentar), disfrazado de sí mismo (en un mundo en el que casi todos nos disfrazamos de otros), saliendo por una escala secreta, por un boquete del muro, más allá del convento toledano donde le habían encerrado para que fuera "bueno"... pero él no quería ser bueno de esa forma, quería ser él mismo.

Salió de la ciudad de los honores sagrados de otros, para ser él mismo en amor, en cuatro noches de fe, sobre el ancho campo de la vida, como había salido Pablo (bajando las murallas de Damasco, en una espuerta...), como había salido Jesús, cuando quisieron encerrarle en su buena casa (cf. Mc 3).

Salió Juan de la Cruz, para habitar en el interior de Dios, en una noche oscura del amor más hondo, sin otra luz ni guía que la del amor de Dios, abierto a todos, para descubrir y recorrer así caminos y aventuras nuevas, como indican las cuatro estrofas de sus poemas que he escogido para trazar con ellas su itinerario espiritual.

Muchos de mis lectores se identificarán con con estas cuatro estrofas, que son como los cuatro domingos de Adviento, las etapas de un itinerario que lleva al Monte Carmelo que es la gruta de Belén, el nacimiento. A ellos dedico este recuerdo de camino de Juan de la ╬, que salió hacia su libertad, por la secreta escala disfrazada (=disfrazado...). Buen día a todos.

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25.11.18. Cristo Rey: Cristo vence, Cristo Reina, Cristo Cristo impera.

24.11.18 | 01:11. Archivado en Jesús, Amor, Evangelios

La fiesta de Cristo Rey fue instituida en la Iglesia Católica por el Papa Pío XI a finales del año 1925, al cumplirse 1.600 años del Concilio de Nicea que había definido la “naturaleza divina” de Jesús, en gesto de acción de gracias y de ratificación moderna de la “divinidad” de Jesús.

La fiesta era nueva, el tema de fondo antiguo, en la línea del famoso himno de la liturgia ambrosiana del siglo VIII-IX, en el contexto de la coronación imperial de Carlomagno, con un Cristo Emperador

Christus vincit, Christus regnat;Christus, Christus imperat.
Cristo vence, Cristo reina; Cristo-Cristo impera (=es Emperador)

La mayoría de nosotros, los que somos algo mayores y venimos de antes del Concilio Vaticano II, hemos nacido y crecido en el contexto de esa fiesta y, sin darnos cuenta de ello, identificábamos a Cristo hombre-Dios con un Rey poderoso, mezcla de Corazón Sagrado y de Monarca Absoluto, con ribetes de Emperador. La fiesta se celebraba el último domingo de Octubre, como preparación para la fiesta de Todos los Santos, servidores del Gran Rey.

Era la época de incubación de los poderes políticos fuertes, el paso de los Reyes absolutos (en la línea de Luis XIV) a un tipo de Caudillos/Dirigentes/Duces sacralizados que nos decían desde arriba lo que debíamos hacer. Ciertamente nos protegían, y decían “amarnos”, pero al mismo tiempo marcaban nuestra vida desde arriba, como a niños mejores que hace falta "proteger".

Vino después el Concilio Vaticano II, y el Papa Pablo VI, en su reforma litúrgica del 1969 convirtió la fiesta de Cristo Rey en Solemnidad de Jesucristo, Rey del Universo, pasando pasando último domingo de octubre al último del Año litúrgico, como culminación de todo el ciclo litúrgico, antes del Adviento (comienzo del nuevo año).

No sé si la fiesta ha “cuajado”. Cien años son pocos para valorar una experiencia litúrgica como ésta. Algunos pensamos que quizá no había merecido la pena, que bastaba con centrarnos en el ciclo de Pascua y en el de Navidad.

De todas formas, son muchos los que han vivido y viven esta fiesta con gran "fervor" espiritual y social, y yo también me uno internamente a su gozo, sintiéndome solidario, sobre todo, de los cientos de "mártires de Cristo Rey" a lo largo del Siglo XX, especialmente en México y en España (imágenes 2 y 3).

De estos cien años nos queda un tipo de nostalgia triunfalista de la Iglesia del Cristo Emperador, con los miles de monumentos dedicados al triunfo del Cristo que vence, que reina, que impera, en la línea de Carlomagno. Nos ha quedado un tipo de “batalla” a favor de Cristo Rey (en plano social, incluso político, y a veces hasta militar), con guerras como la de los cristeros de México (¡admirables en tantos sentidos! y de los "cruzados" de España , que fueron a la guerra con el santo y seña de Viva Cristo Rey.

Somos muchos los que nos sentimos perplejos antes una fiesta como ésta, pues no terminamos de encontrar el “encaje” entre el Jesús del Evangelio y el Cristo Rey de los cien últimos años de la Iglesia. Quizá habría que precisar las cosas: Lo que significa que Cristo sea "rey" (si aún se le puede aplicar esa palabra), lo que implica el Reino de Dios en los evangelios.

No quiero seguir pensando hoy sobre el tema, mañana diré una palabra sobre el evangelio del domingo. Quien visite alguna vez mi blog o lea alguno de mis libros podrá saber lo que pienso sobre el tema.

Hoy me limito a recordar algunos números de la carta encíclica Quas primas, del Papa Pío XI, instituyendo esta fiesta. La Encíclica es del 11 de diciembre de 1925, de hace sólo 93 años, sin no me equivoco. Éstos son algunos de sus números, para quien quiera sentir lo que quiso aquel Papa al instituir esta fiesta:

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4.11.18. El mandamiento y credo cristiano es “amarás...”

Se dice en otro plano que hay diez mandamientos (y son buenos), y en otro que hay dos artículos de fe (y son también bueno), con muchos añadidos más o menos certeros… pero según la Biblia no haya más que un mandamiento y un credo (que es doble: amar a Dios, amar al prójimo…).

Se trata, pues, de creer en el amor y de hacer amor, o mejor dicho, de hacerse amor, por encima, en el principio, de todos los mandamientos y los credos.

Sin duda, el amor es una de las palabras más gastadas y manipuladas de la humanidad, lo mismo que Dios. Algunos dicen: oigo Dios y cojo una pistola para defenderme. Otros contestan: oigo amor y escapo, no me cojan y me aten.

Y sin embargo Dios es lo mismo que amor, y amor es lo mismo que vida… de forma que la vida es un aprendizaje de Dios y (o) de amor. En eso estamos, ése es el evangelio de este domingo. Quizá nunca se ha dicho una palabra más rica, prometedora, gozosa y exigente que ésta que sigue. Buen domingo, buen amor a todos.

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DOMUND 2018. La mujer del pozo de Siquem: Nueva misión, primera misionera

Presenté ayer una postal sobre la misión hoy , en la línea del DOMUND 2018 y de la migración religiosa y social de nuestro tiempo, aprovechando unos “papeles” de los Misioneros del Verbo Divino, de la Universidad de Sankt Augustin (Alemania).

Hoy retomo ese motivo desde la perspectiva del encuentro de Jesús con la mujer del Pozo de Siquem, que es la primera misionera cristiana según el Evangelio de Juan (antes que Pedro y Pablo, antes que toda la iglesia jerárquica posterior).

Muchos de nosotros, hombres y mujeres que venimos de mediados del siglo XX, nos seguimos creyendo misioneros, pero tras años de migraciones culturales, sociales y eclesiales, nos encontramos de nuevo con Jesús ante un pozo, como el de Siquem, donde viene con el cubo por agua una mujer samaritana, teniendo que aprender de nuevo, con ella, lo más simple: Un hombre y una mujer (como al principio de la historia, Gen 1‒3), dialogando sobre la vida, contándose sus vida, ante un misterioso manantial de agua.

El tema es bien conocido, aunque será bueno empezar leyendo el texto (Juan 4, 5-42), donde se dice que Jesús se sentó junto cansado ante un pozo, cavado por Jacob, en tiempo antiguo, que debía tener agua abundante, pero sin saber cómo sacar el aguar, sin cuerda ni cubo, esperando que llegue la samaritana con cuerda, con cubo, para dialogar con ella.

Así estamos muchos de nosotros, ante un pozo misterioso, con siglos de agua reposada, remansada, pero sin poder sacarla y compartirla con los nuevos samaritanos de la vida. Nos habíamos pensado dueños (administradores y ministros) de un inmenso manantial, pero somos incapaces de sacar al agua, de ofrecer viva… hasta que llega ella, la samaritana.

Se trata de una mujer problemática como gran parte de nuestra cultura (mujer de varios hombres, buscando por sí mismo el agua del pozo de Jacob, que es (representa, contiene) toda la Biblia israelita. Los puristas judíos se escandalizan al verla y saber lo que hace, negándose a dirigirle la palabra. Pero Jesús habla con ella, capacitándole para que descubra y acepte su verdad… para convertirse de esa forma en la primera misionera cristiana.

Ni Pedro ni Juan Zebedeo le habían conseguido, no habían transformado el corazón de nadie. Más aún, ellos, todos los Doce, critican a Jesús porque está hablando junto al pozo con una mujer dudosa… Pues bien, esa mujer y sólo ella podrá ser y será (como sigue diciendo el texto) la primera misionera cristiana.

Su recuerdo y testimonio nos guiará en la nueva misión cristiana, de nuevo ante el pozo de la vida, en diálogo personal. Ella, esa mujer del pozo de Siquem, es garantía de futuro para el evangelio, por encima de todas las reuniones y congresos clericales de los Doce (que se han ido de compras, mientras Jesús habla con ella).

Nueva misión significa relacionarse con hombres y mujeres de varias culturas, para compartir con ellos el sentido de la vida. Para eso no se necesita un arte o conocimiento extraordinario, sino mantener abiertos los ojos y los oídos, allí donde los hombres viven y trabajan, allí donde se mueven: en los mercados y en las zonas peatonales, a la orilla del mar… y en los brocales de los "pozos", donde se reúnen para conversar y conocerse hombres y mujere.

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Oscar Romero: Jesús por tres años en el Salvador, Santo para siempre

11.10.18 | 12:43. Archivado en Santos, Espiritualidad, Amor

Será canonizado el próximo 14. He escrito varias veces sobre él en este blog. Hoy quiero recoger su semblanza en Diccionario de Pensadores Cristianos, añadiendo una evocación personal y una reflexión algo más amplia sobre el mensaje de su vida.

ROMERO, OSCAR (1917-1880).

Obispo católico de El Salvador, defensor de los derechos humanos, asesinado el año 1980.

Romero había sido un piadoso hombre de Iglesia, un sacerdote culto, amigo de la justicia, aunque alejado de la vida real de su pueblo. Pero unas semanas después de haber sido nombrado arzobispo, el 22 de febrero de 1977, uno de sus colaboradores, hombre para el pueblo, abierto a la vida y la muerte de todos, en solidaridadecritiana, el P. Rutilio Grande SJ, fue asesinado por un escuadrón pagado por los poderes de la muerte (en contra de su pueblo).

Ese acontecimiento transformó la vida de Romero, que salió a conocerla vida y sufrimiento real de su pueblo y desde entonces hasta su "asesinato" por las fuerzas del "imperio" a lo largo de tres años de intenso compromiso episcopal se convirtió en la voz de los sin voz, testigo de Jesús, denunciando los crímenes de la dictadura económica y social de su pueblo y anunciando de una forma muy concreta las exigencias y dones del evangelio, en sus homilías radiadas cada domingo a todo el país.

Con su ejemplo y su palabra, Romero fue presencia real de Jesús en medio en los pobres, los empobrecidos y asesinados. No hizo más que decir la verdad, con miedo de ser asesinado, pero con lealtad a Jesús, y así le quisieron, le quiso su pueblo, que ha hecho santo, antes que lo haga Roma. Le mataron como a Jesús, pero con una diferencia:

-- A Jesús le mataron a cara descubierto, tras un juicio público, de forma que sabemos el nombres y apellido de sus asesinos "legales", políticos y religiosos.

-- A Romero le mataron a pleno día, pero a escondidas, sin juicio público previo, condenado por los poderes fácticos , fusilado cuando decía misa por un escuadrón del pueblo.

Así me lo contó (el año 1987), con emoción desbordada, la monja que estaba a su lado y que le acogió ya envuelto en sangre, con la vestimenta de la misa, llorando de nuevo: ¡Era ya ya un santo, y como a santo le mataron, era Jesús, que pasó con nosotros tres años!
Por ella supe quien era Romero, a ella quiero recordarla ante todo en esta postal


«Cada vez que miramos a los pobres…descubrimos el rostro de Cristo… El rostro de Cristo se encuentra entre los sacos y cestas de los trabajadores del campo; el rostro de Cristo se encuentra en aquellos que son torturados y maltratados en las prisiones; el rostro de Cristo está muriendo de hambre en los niños que no tienen nada para comer; el rostro de Cristo está en los pobres que piden a la Iglesia, con el deseo de que su voz sea escuchada» (Su Pensamiento V, San Salvador 1980-1989, 327).

Imagen 1: foto clásica de Romero obispo.
Imagen 2: Romero tas ser asesinado, con la monja que le asistía y animaba, en el centro de la escena.
Imagen 2: En la abadía anglicana de Westminster, Londres, como testigo de un cristianismo universal

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28.8.18. San Agustín, la conciencia cristiana de occidente (354-430)

27.08.18 | 22:09. Archivado en Teólogos, Teología, Espiritualidad, Amor, Papa, obispos, Política

Algunos le han llamado "faro", yo prefiero llamarle la "conciencia" de occidente.

Fue quizá el primer "europeo", siendo bebeber africano, fue retórico, platónico latino, obispo cristiano... El primero que habla con plena conciencia de sí mismo. Hombre de grandes "pecados", que no están quizá donde él los piensa, hombre virtudes, que quizá tampoco están donde después se han pensado...

Sin él no seríamos lo que somos, ni en Europa, ni en la iglesia. No es un hombre al que debamos seguir, pero sí alguien con quien debemos discutir, para aprender incluso de sus errores, en estos momentos (año 2018) en que la Iglesia de Occidente tiene que dejar de ser agustiniana, para ser más bíblica, más mística, más libre,más social, superando un tipo de platonismo y maniqueísmo de los que Agustín no acabó a mi juicio de liberarse.

Tenemos que dejar de ser agustinianos en un sentido, para entender mejor al verdadero Agustín, para corregirle así, y corregirnos con él, pero eso sólo podremos conseguirlo dialogando, discutiendo, amando, buscando... y rehaciendo en otra línea su aventura vital, como podrá ver quien siga leyendo.

Esta "postal" es larga, tiene dos partes:

-- La primera, más breve (una semblanza en ocho momentos) evoca algunos aspectos básicos del pensamiento y vida de Agustín.

-- La segunda, más extensa, ofrece un desarrollo teológico y vital de San Agustín, y está pensada sólo para personas que quieran avanzar con él en una línea "discutiva" del pensamiento cristiano.

La imagen escogida como presentación quiere recoger los rasgos menos "convencionales" de Agustín, hombre apasionante y apasionado, un bereber genial... Sobre la relación con su "esposa" trato con extensión en la segunda parte de la postal. Buen día a todos.

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Dublín 21-26 de Agosto. Iglesia: Encuentro de familias o "estado" clerical

Posiblemente, la antítesis está mal planteada, pues la Iglesia es ambas cosas, y también otras distintas. Pero se celebra estos días el Encuentro Mundial de las Familias como reza el icono conmemorativo (imagen 1), que pone como signo de la iglesia una trinidad angélica (tipo Rublev) y muy histórica, con José-María-Jesús como piadosa y “divina” familia, con fondo eucarístico (una mesa común) y con escenas del mensaje de familia de Jesús a los lados del tríptico.

El letrero de base del icono recoge el título del Documento Postsinodal (2015-2016) del Sínodo sobre la Familia, convocado por Papa Francisco y titulado la Alegría de Amor (Amoris Laeticia), la buena nueva del amor/familia como fuente y signo de alegría cristiana. Todo ello en un entorno de fuerte devoción, de intensa piedad.

Ciertamente, la piedad es importante, y también la devoción, y la religiosidad en las familias, pero mucho me temo que este nuevo encuentro de Dublín, a pesar de la pasión del Papa Francisco por el tema, no va a tener un verdadero impacto en la visión y práctica del cristianismo en el nivel de las familias.

Posiblemente, el encuentro discurrirá sobre temas marginaless, cuando este tiempo exige un cambio radical en la visión de la familia. Así supo entenderlo ya el evangelio de Jesús (siglo I d.C.), pero después de XX siglos (año 2018) seguimos estando muy perplejos ante el tema, a pesar de la buena intención de millones de creyentes. Han pasado muchísimas cosas en los últimos decenios, desde que San Juanpablo II fundó estos encuentros el año 1994… y los problemas de fondo no parecen haberse enderezado.

‒ Muchos pensamos que el “estilo” de Encuentros sobre la Familia de Juan Pablo II no logró cuajar, ni tampoco el de Benedicto XVI… (a pensar de las misas y celebraciones de familia que se habían prodigado en aquellos tiempo, especialmente en España). El Papa Francisco ha querido introducir nueva savia de evangelio en el “árbol” de la familia, pero tengo la impresión de que su intento no se ha concretado todavía, empalmando de un modo fuerte con la realidad, ni con la raíz del evangelio, a pesar de sus esfuerzos expresados en el famoso Sínodo Doble de las familias (2015-2016), con el documento Postsinodal Amoris Laetitia.

‒ Estamos perplejos (he dicho), pues el tema no es sólo de las familias por aislado, sino de la misma constitución “familiar” y/o clerical del cristianismo. Da la impresión de que este Encuentro 2018 (al que asiste, entre otros, “mi” obispo de Bilbao, Mons. M. Iceta y su vicario y amigo J. Agustín Maíz) sigue siendo demasiado “clerical”, en un momento “delicadísimo” en el que un Jurado de Pensilvania ha destapado un tipo de “olla podrida” de prácticas muy poco “familiares” de algunos círculos eclesiásticos.

No estamos ahora para dar grandes lecciones (ni en Dublín, ni en Philadelphia PENN), sino para aprender humildemente, volviendo al principio del evangelio, desde nuestra realidad concreta, empezando de nuevo, en la línea de Jesús, si es que queremos llamarnos cristianos.

Quizá algunas “repercusiones” del Jurado de Pensilvania han sido mayores por un tipo de anti-cristianismo,pues la “pederastia” no es un tema exclusivo (ni dominante) de la familia eclesial, sino que está presente en (casi) todos los estamentos de la vida escolar, social, familiar etc. Pero en la Iglesia más duele, porque ella ha querido ser "maestra de buena familia", dando lecciones a otros, sin tener limpia nuestra casa.

Vengo estudiando desde hace más de 25 años sobre el tema (antes que el Juan Pablo II convocara el primer Encuentro de Familias), como he puesto de relieve en muchos escritos, y en especial en La Familia en la Biblia. Pues bien, en estos días que siguen, quiero insistir en algunos motivos del tema, empezando por experiencia esencial:

Más que experiencia de buena-familia, fundada en un buen-padre, el cristianismo es experiencia de familia-comunidad, donde la función del “padre de familia” (¡para bien y para mal!) ha sido en gran parte sustituida por el Padre-Dios y por el Padre-Clérigo.

Desde ese fondo se entiende, con sorpresa enorme, la diferencia entre el judaísmo (que sí ha sido y es religión de familias, centradas en el padre) y el cristianismo (que se ha convertido en religión de comunidades clericales, donde el padre de familia no tiene prácticamente ninguna función). Para situar el tema quiero empezar citando las funciones principales del padre de familia en el judaísmo.

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(2) Dormitio (Asunción). Gebira, el primer "culto" mariano de la Iglesia

14.08.18 | 15:46. Archivado en María, Amor, Cristología

La tradición antigua hablaba de la “dormitio” (dormición, muerte venerable), de María, Madre de Jesús, cuya memoria más antigua se conserva en la Iglesia del Valle Cedrón de Jerusalén (imagen 1).

La tradición posterior de occidente ha preferido hablar de “asunción” (elevación) de María, pero sin olvidar que ella es la Gebira, origen y signo más hondo de la "carne/autoridad" humana de de Jesús, Dios Encarnado

Dese desde ese fondo, siguiendo en la línea de la postal de ayer quiero o presentar a María como signo hondo de la humanidad/divinidad de Jesús (nacido de mujer, Gal 4,4), poniendo de relieve, ya desde el principio, los tres rasgos principales de su identidad, según el evangelio:

− María forma parte de la historia de Jesús. No es un “espíritu” aparecido sobre el mundo (docetismo), ni es un ser extramundano, sino que pertenece esencialmente a la historia de Jesús (pues de ella nacido), lo mismo que Pilato (responsable de su muerte). Por eso, rechazando a María como mujer histórica se rechaza el cristianismo. Sólo porque ha nacido de hecho como “hijo de mujer” (Gal 4, 4), Jesús ha podido resucitar de hecho, como salvador. Las interpretaciones de ese nacimiento y resurrección pueden ser distintas, pero todas comparten la referencia al Jesús histórico a quien interpretan de un modo mesiánico.

− María, un signo universal. Al principio, María forma parte de la iglesia judeo-cristiana de Jerusalén (como parecen suponer todavía Pablo y Marcos), de manera que su figura no importa para el resto de las iglesias. Pues bien, en un momento posterior ella aparece en el conjunto de las iglesias como madre humana (universal, para todos), superando, por obra del Espíritu-Santo, un tipo de límites “carnales-cerrados” del judaísmo), de manera que puede concebirse como signo de presencia de Dios para todos los cristianos. Esta opción por la universalidad está fundada en la tendencia helenista de la iglesia (desarrollada sobre todo por Pablo), pero los evangelios de Mateo, de Lucas y de Juan la vinculan ya a figura concreta de María, madre de Jesús.

− María, carne de Dios. Esta visión universa de María supera un tipo de “exclusivismo intra- judío”, pero no para “excluir la carne” (la vida real, la historia), sino para fundar la historia y vida de Jesús en la “carne humana, universal”, de María, que se no entiende de un modo espiritualista, como pura gnosis interior, sino de un modo concreto, vital, económico, social, en la línea de Jn 1, 14, donde se dice que la Palabra de Dios se hizo carne.

María no es carne en oposición a espíritu, no es “tierra” en oposición a cielo, sino que es humanidad llena de Dios, como mujer, como persona. Sin esta afirmación de la “carne” (historia, humanidad) de María Jesús hubiera sido un fantasma, el cristianismo pura “ideología”.

Desde ese fondo tenemos que poner de relieve el origen judío de la "mariología", es decir, de la importancia de María en la visión del cristianismo (en la comunidad judeo-cristiana de Jerusalen, dejando ahora a un lado la tradición de Galilea).Buen día de María a todos los amigos y lectores de este blog.

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Me llamaban Mario, pero soy María. Para una teología trans-género

11.08.18 | 20:28. Archivado en mujer, hombre, Amigos, la voz de los, Amor

Presenté hace unos años la historia de una persona que, habiendo vivido como Mario, hombre bastante feliz y bien casado, con una hija de 21 años, acabó de descubrir que era y quería ser mujer, decidiendo someterse a una pequeña operación, con ayuda hormonal, para cambiar de género y ser lo que siempre había querido: María (cf. cf postal del 13.06.12).

Era (es) una persona conocida en su país, donde trabaja en los medios y en instituciones al servicio de la igualdad de género, en línea hétero- homo- y trans-sexualidad (trans-género). Me dijo que era y quería ser cristiana católica, desde su nueva condición pública de trans-género, preguntándome sobre ello.

Le respondí por carta personal y escribí mi opinión en la postal citada… Con el paso de los años había olvidado casi el tema, hasta que hace unas semenas (7 del 18) me ha vuelto a escribir otra persona, en una situación semejante (Mario/María), para pedirme una opinión (diciéndome que algunas personas de Iglesia no aceptan su postura).

Le he mandado mi nuevo libro sobre La Familia en la Biblia, donde ofrezco algunos principios. Pero, al mismo tiempo, he querido retomar los motivos principales de mi postal antigua (del 6.12), en un momento en que sigo aún perplejo por la actitud de muchos sobre el tema (y por el mismo tema). No tengo claras todas las cosas, pero pienso que puedo opinar desde el evangelio.

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2267. Pena de muerte en el Catecismo, una visión crítica

Ha sido un número fatídico del Catecismo del 92 (peor que el 666 del Apocalipsis), que Francisco Papa ha cambiado (abrogado), sacando de la “ley” cristiana la pena de muerte.

En un sentido, esa abrogación o cambio parece marginal (los condenados a muerte por ley son pocos cientos al año, mientras que el hambre, las mafias de muerte, la guerra/guerrilla o el crimen particular o de estado matan a millones).

Pero, en otro sentido, ese cambio resulta esencial para la Iglesia católica, pues abre un camino nuevo en la visión el cristianismo.

En su forma concreta, ese “numero de muerte”, ahora abrogado, es muy reciente, y muchos recordamos bien su origen, el año 1992, cuando la Curia Romana, en la línea del nuevo Derecho (1982), por impulso o silencio de San Juan Pablo II, impuso una orientación distinta a la del Vaticano II, con más derecho que Evangelio y más poder eclesial que Jesucristo.

El número era simple (o así lo parecía), y daba le impresión de ser inocente, pero llevaba en sí la carga de milenio y medio de pacto de la Iglesia con un tipo de poderes establecidos, como si no bastara Jesús y la Iglesia tuviera que apoyarse sobre un dudoso “derecho natural”, como si ella pudiera dictar su moral a los estados y tuviera que renunciar a la “liberación” de Jesús y a la presencia del Reino, permitiendo meter en la cárcel y matar a los “malos”, para que los otros, los •buenos” pudieran vivir tranquilos.

Fuimos muchos los que ya en el año 1992 dimos la voz de alarma ante aquel Catecismo y en especial ante ese número, ante su forma de entender el poder (social y eclesial), con su visión “expiatoria” de la vida, y se nos tachó de peligrosos (e incluso de “enemigos”), para descubrir, 26 años después, que el mismo Papa nos da la razón.

Expuse mi postura sobre muchas veces (en folletos y textos de estudios penitenciarios), y la recogí finalmente en el centro de mi libro: Dios Preso. Teología y pastoral penitenciaria (Sec. Trinitario, Salamanca 2005, págs. 297-317).

Pues bien, ahora es momento de recoger lo que allí decía sobre ese ese número del Catecismo (con los anteriores), para insistir después en su falta de “sentido” bíblico, en la línea que propone el Papa Francisco, en el número que pone el lugar del“abrogado”.

Ciertamente, la prensa mundial ha recogido la noticia, pero lo ha hecho (en general) de un modo plano y sensacionalista, pues apenas ha precisado el contenido ni el sentido de fondo del cambio que, como ha dicho en este mismo medio J. M. Vidal, director de RD, afecta en el fondo a todo el “edificio” del Derecho Canónico (e incluso del Catecismo) de la Iglesia Católica. No se puede quitar/cambiar una piedra esencial del edificio sin que todo cambie. Tiempo al tiempo

La noticia y sentido del “cambio” la publicó hace cuatro días la Congregación de la Doctrina de la Fe (1.8.2018) (http://www.vatican.va/roman_curia/congregations/cfaith/ladaria-ferrer/documents/rc_con_cfaith_doc_20180801_lettera-vescovi-penadimor ) que estudiaré en una próxima postal. Aquí me limito a presentar la problémática de fondo del número abrogado, el 2267, que era número de muerte.

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29.7.18 No quiso ser rey, pues quería que reinaran todos

Dom17, tiempo ordinario, ciclo B. Jn 6, 1-15. La liturgia nos deja por unos domingos sin Marcos e introduce temas de Jn 6, con la multiplicación de los panes y el discurso del pan de vida.

No comentaré la multiplicación o, mejor dicho, “alimentación”, pues he tratado varias veces de ella en este blog, aunque en la segunda imagen presento una figura casi inocente (¿burlesca?) de "Jesús" Rey Panadero.

Un tema clave de la política es hoy (como en el tiempo de Jesús) el de aquellos que prometen pan/dinero (casi siempre con circo añadido, aunque sea de mentiras).

Estamos como en tiempo de Jesús, a quien al fin de este pasaje le llaman "profeta del pan", y quieren hacerle rey, pues ha empezado a compartir a campo abierto la comida. Pero Jesús quiere que el pan sea más que pan (sea libertad y gratuidad, sea justicia y comunión de vida, acogida de los pobres, todo el evangelio...), y por eso sube el monte, pues no quiere ser rey a la manera de aquellos que gritan en su calle. Éste es el tema: como ser rey compartiendo el pan, en un gesto que contiene todo el evangelio.

Este relato contiene sin duda, un recuerdo histórico (Jesús no se dejó manipular por los que intentaban coronarle rey por el pan, pero sin evangelio).No quiso entonces el reino de un pan que se impone en forma de poder... Pero siguió buscando el pan total del evangelio, con gratuidad, con ayuda a los más pobres, sin poder sobre los otros... y así bajando del monte subió a Jerusalén para “anunciar y preparar la llegada de ese reino sin poder coactivo, pero con pan gratuito, sin imperios militares, sin templos como el de aquellos sacerdotes.

Ésta es la gran paradoja del texto, que nos sitúa ante el tema actual del evangelio, este mismo año (2018), con millones de personas saltando vallas por pan, con grandes imperios de pan que se niega a los más pobres... mientras Jesús sube al monte (y quizá partes de su iglesia esconden de su egoísmo, diciendo que se dedican a Dios).

No es nada fácil resolver el tema de este evangelio y aplicarlo a nuestro tiempo, pero intentaré hacerlo, de un modo ingenuo, pensando sobre aquello que hizo Jesús cuando subió al monte para no ser rey como algunos querían... y vino más tarde a Jerusalén, para ser rey a su manera.

Rey de un reino sin vallas
Rey de un reino sin pan para unos pocos, mientras otros tienen hambre
Rey donde nadie (ni él mismo) reina sobre nadie, sino todos con todos..

Es evidente que mi propuesta no convencerá a todos. Pero pienso que merece la pena pensarla, desde el evangelio. Buen domingo a todos.

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Sábado, 19 de enero

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