
Domingo de Cristo Rey, fin del año litúrgico. Jn 18, 33-37. . El tema de este un domingo es difícil de entender para nosotros, pues ya no tenemos un concepto sagrado y poderoso, activo y creador de Rey... Por eso, decir que Jesús es Rey nos suena no sólo lejano, sino incluso falso. Nos gustaría que Jesús no fuera "rey", sino que su "reino" fuera el lugar donde ya no existen reyes (ni siquiera él). Más que Rey, Jesús se nos muestra como hermano de todos, como aquel que ha renunciado a todo poder, para ofrecernos su autoridad creadora, desde abajo, como siervo de todos (Flp 2).
Decir que Jesús era Rey sonaba bien en los tiempos de las monarquías sagradas, cuando los Reyes Gobernaban por la gracia de Dios... Hoy, cuando de hecho no existen en el mundo reyes, esta palabra (Cristo Rey) nos puede resultar extraña y quizá muchos prefieran no emplearla (y más en España, por el recuerdo de los Guerrilleros de Cristo Rey). Yo no tengo una reflexión especial para este día. Por eso voy a limitarme a introducir unas reflexiones que he venido poniendo en este blog en otras ocasiones. Cuando tenga más claro el tema volveré a plantearlo.
Pero antes os pregunto: ¿que os parece el título de Cristo Rey? ¿Cómo emplearíais ese título, desde la experiencia de la muerte de Jesús, condenado por los "reyes" de este mundo? Se trata de descubrir el sentido de la autoridad de Jesús, que consiste en despojarse de todo poder. El Jesús histórico no ha ido diciendo por ahí "yo soy rey", ni "yo soy más que vosotros", ni "yo soy Dios y vosotros no lo sois"... (a pesar de que el evangelio de Juan pueda producir a veces esa impresión, por eso hay que aprender a leerlo). Jesús no firmaría nunca un decreto diciendo "yo, el rey", ni un mandamiento poniendo al final "yo vuestro jefe..." . Creo que Jesús no se ha puesto nunca por encima de nadie, ni se ha impuesto por la fuerza, ni ha ganado ninguna batalla de poder... Ha hecho otra cosa... y sólo teniendo en cuenta eso podemos hablar de una fiesta de Cristo Rey, sabiendo que él es el único que no ha querido reinar en este mundo, sino que ha querido que todo seamos "reyes por igual", es decir, hermanos
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Domingo 33. Ciclo ordinario. Mc 13, 24-32. Este domingo anuncia ya el fin del tiempo litúrgico (que culminará el próximo domingo con la fiesta de Cristo Rey). Terminan también las lecturas del evangelio de Marcos, que hemos venido siguiendo a lo largo del año. Pues bien, Marcos nos despide con un texto enigmático y profundo que puede y debe leerse desde diversos planos. Yo quiero ofrecer aquí una visión introductoria, de tipo general (sin entrar en aplicaciones), para que cada uno pueda aplicar “a su anchura” el evangelio. Para esto tomo un texto un poco más amplio (toda la segunda mitad de Mc 13) y la divido en dos partes complementarias: Mc 13, 14-27 y MC 23, 28-36
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Domingo 32, tiempo ordinario. Mc 12, 38-44. Éste es un evangelio enorme, que enfrenta a los escribas (profesionales de la religión) con una viuda, que no tiene nada, pero que sabe darse a sí misma, en un servicio religioso que quizá es equivocado (¿para que se utilizan las monedas del templo), pero que ella realiza con su mejor voluntad. Ha aprendido una cosa: creer en Dios es vivir al servicio de los demás y así vive, ella que no tiene nada. Los escribas se aprovechan de la religión para su propia gloria y riqueza, son la anti-religión. Ella es la religión.
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La fiesta de Todos los Santos ofrece muchos rasgos y quizá el más importante está marcado por las bienaventuranzas de Jesús, que expresan el sentido de la santidad de Dios en este mismo mundo. Pero he preferido retomar los motivos centrales del Paraíso del Apocalipsis, que ofrece uno de los símbolos centrales de la tradición cristiana. Recuerdo que se trata ade un “símbolo”, no de una narración detallada de lo que será… Sigo diciendo que expresa y evoca aquello que ningún ojo ha visto… Termino indicando que ese paraíso se refiere ya y sobre todo a la vida de los creyentes en este mundo: ellos, los santos, viven en ese paraíso de Dios y quieren que todo el mundo sea paraíso. Dejo el tema así, para la contemplación, para el canto. En la imagen la ciudad de doce puertas del Apocalipsis, según uno de los códices del Beato de Liébana
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27º domingo de tiempo ordinario. Ciclo Be. Mc 10, 2-16. He tratado ayer del caso “excepcional” de dos mujeres que pueden tener y tienen adoptado un niño. Quizá no es el caso “ideal” para los que creemos que la unión del varón y mujer, en la diferencia, es el espacio mejor para el amor definitivo (como el de Dios) y para la acogida de niños. Pero la vida es muy compleja, y puede haber casos en que dos mujeres (o dos hombres) se aman de un modo intenso (para siempre) y pueden acoger en su proyecto unos niños que, en otro caso, no estarían bien acogidos. Pero no quiero tratar del tema ayer expuesto, de la Niña Paula, sino de un texto radical del evangelio de Marcos, que trata del amor del matrimonio y de la acogida de los niños. Como sucede en casi todos los posts de este tipo no quiero exponer mi opinión, sino presentar el texto... Se trata de un texto "profético", que no se puede aplicar a veces en un contexto real (en la catequesis y en la vida de las comunidades. Lógicamente, tanto Mateo como Pablo lo han aplicado e interpretado, buscando formas en las que los esposos cristianos pueden (e incluso) deben divorciarse, por el bien del mismo amor matrimonial y de la fidelidad que ellos buscaban. Voy a borrar el final del post (que trataba de los niños, porque se sitúa en otro contexto). Sólo queda lo del matrimonio
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Domingo 26. Ciclo b. Mc 9, 38-40. El evangelio de hoy es más largo (Mc 9, 38-43. 45. 47-48), pero sólo quiero comentar su primera parte, que trata del exorcista no comunitario, que actúa y crea humanidad, es decir, libertad, en nombre o en la línea de Jesús, fuera de la iglesia establecida. Éste es uno de los textos más significativos del Nuevo Testamento y aquí Jesús se opone ya, de forma muy temprana, a los que intentan controlar el evangelio, para su provecho (¡el de los nuestros!). El auténtico Jesús acepta y bendice la obra de aquellos que actúan y redimen, liberan y ayudan, más allá de las cercas de una jerarquía de gallinas que quiere controlarlo todo y que no ve ni deja que existe o crezca nada más allá “de las bardas del propio corral” como decía A. Machado (Poema de un día). Fuera de las bardas de nuestro "corralito" hay muchos dolores, pero también muchas tareas y esperanzas. Buen domingo a todos, y gran libertad.
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25 domingo del tiempo ordinario. Ciclo b. Mc 9, 30-32. Éste es un evangelio paradójico: Jesús sube a Jerusalén para morir (para dar la vida a favor de los demás)… y precisamente en ese camino de muerte abre un espacio de vida para los niños, diciendo que ellos son el centro de la iglesia. La Iglesia no es simplemente “para los niños”, sino que los niños son (han de ser) el centro de la Iglesia. Quiero reflexionar sobre el texto del evangelio de hoy, que tiene dos partes: (1) subida a Jerusalén (Mc 9, 30-32); (2) prioridad de los niños ya nacidos, indefensos, en la Iglesia. Quiero situar este evangelio en el trasfondo de la manifestación contra el aborto que la Iglesia oficial y algunos partidos políticos de España han convocado para el próximo 17 de octubre. No quiero ofrecer respuestas, sino ayudar a pensar y a vivir a todos, desde el evangelio de Marcos, que voy a comentar de un modo sencillo.
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24º domingo de tiempo ordinario. Ciclo b. En diversos lugares, dentro y fuera de la Iglesia católica, se habla de la relación especial entre Jesús y "Pedro" (a quien suele tomarse como símbolo del Papa). Pues bien, en el Nuevo Testamento la figura de Pedro aparece de maneras diversas, desde varias perspectivas históricas y teológicas. . Es una figura "viva" y "móvil", un signo especial de las dificultades, quiebras y tareas del discipulado. La “gloria” y tarea del papado suele fundarse en Mt 18 (¡Tú eres Pedro!) y en Jn 21 (¡Apacienta mis ovejas!), textos que siguen siendo básico para la conciencia y para la vida de la Iglesia católica (y del conjunto de las Iglesias). Pero no deben olvidarse otros pasajes, como el evangelio de hoy (Mc 8, 31 -- 35), que siguen siendo fundamentales en la historia y en la vida (futuro) de la misma iglesia, por lo que tienen de crítica y de exigencia de "conversión" y búsqueda de nuevos caminos Así lo mostraré en el post de hoy, que consta de dos partes. (a) Pedro y Jesús: comentario del texto (Mc 8,31-35). (b) Reflexión de conjunto sobre Pedro (y el Papa) en el evangelio de Marcos.
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Santiago (=Jacob), hermano de Jesús, fue uno de los tres líderes reconocidos (varones) de la Iglesia Primitiva. Los otros fueron Pedro y Pablo. La memoria de Pedro está en el fondo de toda la Iglesia Católica. La de Pablo es también fundamental y ella ha sido recogida este año pasado (2008/2009), con la celebración del Año Paulino. El recuerdo de Santiago ha quedado más difuminado, a pesar de que él ha sido una figura central de la iglesia primitiva, entre 41 y 66 d. C. (al menos). En esa línea, se puede recordar la tesis más común del siglo XIX, que dice que en la Iglesia antigua hubo dos polos principales: un polo judeo-cristianismo (Santiago) y otro más pagano-cristianismo (Pablo), que se habrían vinculado después por Pedro (y por otras versiones del mensaje de Jesús, tal como lo han puesto de relieve, desde diversas perspectivas, Lucas y Mateo o el evangelio de Juan). Sobre la vida de Jacob/Santiago, hermano de Jesús, he hablado varias veces en este blog, en los días siguientes quiero hablar de su teología y de su Iglesia, recordando que Ssu memoria de Santiago es fundamental en el cristianismo, como indican, veladamente, las lecturas de la liturgia católica (domingo 22 tiempo ordinario en adelante). Esa memoria puede y debe aportar dos grandes valores y tareas a la visión del cristianismo actual. (a) La vuelta al origen judío de la iglesia, en ejercicio activo de ecumenismo con judíos y también con musulmanes. (b) El descubrimiento de la exigencia ética de la iglesia, como lugar de comunión no sólo espiritual, sino también material (de bienes). Así lo descararé a lo largo de varios días, este mes de septiembre. En ese sentido quiero hablar de un Año de Santiago.
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23º domingo de tiempo ordinario, ciclo B, año impar. El evangelio de este domingo nos sitúa ante uno de los temas característicos de Marcos: muchos judíos de su entorno, cristianos de su iglesia tienen los oídos tapados (no escuchan la palabra), tienen trababa la lengua (no pueden hablar). Por eso, para extender su mensaje, Jesús tiene que empezar abriendo el oído, desatando la lengua de los que somos sordo-mudos… Que todos podamos escuchar y compartir la palabra, celebrando así la fiesta de la vida como fiesta de comunicación total, de oídos y boca, de ojos y manos, de cuerpo y de pan… Son muchos los poderes que impide la comunicación, el gozo de compartir la vida, la riqueza del Dios que es Palabra transparente, dialogada. Pero Jesús está empeñado en realizar de nuevo el gran milagro, haciéndonos capaces, a todos, de escuchar y hablar, de comunicarnos de un modo gozoso, completo, liberador. Así lo mostrará el comentario de este día, que tiene una parte breve (mía) y una parte más larga (de J. Markus), por si alguien quiere aventurarse en ella.
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La Carta de Santiago, uno de los documentos más significativos del cristianismo, define la religión de un modo “judío” y universal, identificándola con el servicio a las viudas y a los huérfanos, es decir, con un servicio social, pues viudas y huérfanos son en la tradición de Israel un signo y compendio de todos los necesitados. Desde ese fondo quiero recordar en algunos días que siguen la “herencia de Santiago”, uno de los pilares del cristianismo, según el mismo Pablo que a veces discutió con él.
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22º domingo de tiempo ordinario, ciclo B. (Mc 7, 1-23). El evangelio oficial de este domingo selecciona sólo unos pasajes de este capítulo de Marcos, que es una especie de “carta magna” de la libertad cristiana. Por eso he querido comentarlo por entero, para aquellos que tengan tiempo y puedan meditarlo y aplicarlo después por sí mismos. El texto puede dividirse en tres secciones:
1) Acusación de fariseos y escribas contra los discípulos de Jesús porque no guardan la pureza en las comidas (7, 1-5).
2) Anti-acusación de Jesús que critica a sus críticos, diciendo que no cumplen el mandato fundante de Dios (7, 6-13).
3) Enseñanza general sobre la pureza, explicada después a los discípulos. (7, 14-23).
Este evangelio no es una crítica en contra del “buen judaísmo” (¡que existe, gracias a Dios, y es admirable!), sino en contra del mal judaísmo que puede pervivir y pervive en muchos cristianos legalistas, que olvidan el buen corazón, para seguir defendiendo tradiciones falsas de los presbíteros de turno.
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