El blog de X. Pikaza

Las misas de la tele no son misas

El diputado P. Iglesias ha propuesto que la televisión pública no ofrezca la misa, pues se trata de un servicio religioso privado, propio de algunos ciudadanos, que no pueden "imponer" su afirmación religiosa sobre el conjunto de la población.

Esa propuesta me parece equivocada y falsa en una línea de democracia social, pero válida en sentido religioso cristiano.

1. Como ciudadano de un país que dice ser libre defiendo la misa en la televisión pública, siempre que haya un número significativo de ciudadanos que la quieran. Ciertamente, el Estado es a-confesional (no ha de inclinarse por ninguna confesión religiosa), pero debe respetar la voluntad de los ciudadanos, y si un grupo significativo quiera misa se la debe ofrecer.

Personalmente, puede que no me gusten los toros, ni un tipo de fútbol, ni ciertos programas con intimidades ambiguas… Pero si otros las quieren debo conformarse. Así también la misa puede y debe emitirse en la televisión, si hay bastantes ciudadanos que la quieren. Ése un principio fundamental de la democracia. Unos pueden querer misa, otros una ceremonia musulmana, otros música de cámara, como ciudadanos libres.


2. Como cristiano, en cambio, me siento molesto con la misa por televisión, no por “culpa” del Estado o de la sociedad, sino como miembro de la misma Iglesia. Ciertamente, se pueden y se deben emitir programas de tipo religioso, sean de tipo católico, islámico o budista (si una parte de la sociedad lo quiere, y si ellos no van en contra de los principios fundamentales de la sociedad).

Pero creo que la misa en cuanto tal no es un “tema” de televisión, no es para verse desde fuera, en una pantalla, sino una celebración activa de una comunidad creyente, donde los que “van a misa” deben celebrarla, estando juntos, compartiendo la palabra, incluso “tocándose” (dándose la paz unos a otros) y, sobre todo, comunicándose el pan y el vino de Jesús, en gesto de comunión personal humana.

Por eso he dicho que la misa por televisión no es misa y, a mi juicio (al menos en general, en cuanto misa-misa), no debería retransmitirse por televisión. Puede y quizá debe haber otros programas de tipo religiosos y/o cristiano de televisión (sermones, debates, narraciones, incluso oraciones…), pero la misa de televisión no es tal, pues le falta la presencia comunitaria, la conversación y comunión, el pan y el vino… Puede hacerse quizá en televisión una “liturgia de la palabra” (como en una video-conferencia), pero no una misa estrictamente dicha.

Se me podrá decir ¿qué pasa entonces con los enfermos o ancianos que no pueden participar en la misa comunitaria? Hay dos respuestas o soluciones:

(a) Se lleva a los enfermos o ancianos la comunión a casa o al hospital, a modo de prolongación de la liturgia eucarística, como se hacía en tiempos antiguos, retomando en casa la proclamación de la Palabra y la celebración comunitaria.

(b) O se celebra una auténtica misa, aunque quizá más breve y simple, en la misma habitación del anciano o enfermo, una eucaristía doméstica, presidida y animada por alguno de sus familiares o vecinos, con presencia personal y comunión (sin necesidad de que sea una misa oficial de la parroquia, celebrada por el párroco u obispo ministerial).

En este contexto quiero añadir algunas reflexiones complementarias.

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Dom 26.3.17. La rebelión del ciego de nacimiento


Domingo 4º de Cuaresma. Ciclo A. Jn 9, 1-41. Comenté el domingo pasado el texto de la samaritana, el próximo comentaré la resurrección de Lázaro; hoy toca la historia del ciego de nacimiento.

Como dije en la postal de ayer, la liturgia de estos tres domingos de cuaresma (tercero, cuarto y quinto), ofrece una cuidadosa selección de tres pasajes del evangelio de Juan, que ofrecen una catequesis simbólica que culmina en el Bautismo, el día de Pascua.

El domingo pasado fue el agua de la vida en relación con los samaritanos. Hoy es la luz de la verdad, en relación con los maestros de Jerusalén. Luz, esto es Jesús: agua que cura, palabra que libera para vivir y confesar el amor más alto.

Éste es un evangelio (una catequesis) de iluminación, como lo ha puesto de relieve desde antiguo la liturgia cristiana, reflejada en el precioso icono de la imagen (con Jesús y el ciego, la fuente bautismal, los que critican...).

Pero éste es, al mismo tiempo, un texto de rebelión... Es el testimonio de Jesús que se rebela contra aquellos que quieren mantener a los hombres a ciegas, para dominarles por su tipo de ley, por su egoísmo... Pues bien, en contra de eso, Jesús dice a este ciego de Siloé que se rebele, que no siga estando ciego, al borde del camino... que vea por sí mismo, que decida, que confiese su nueva libertad, aunque eso le cueste el rechazo de la autoridades, incluso de sus mismos familiares.

Una maravilla de texto, que presentaré brevemente, con un poema final. Una maravilla de catequesis de cuaresma. Buen domingo a todos.

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Evangelio de Juan, catequesis de cuaresma

23.03.17 | 10:52. Archivado en Nuevo Testamento, Domingo, dia de la Palabra, Pascua

La liturgia de tres domingos finales de cuaresma está centrada en tres pasajes del evangelio de Juan, que ofrecen una preciosa catequesis bautismal, las tres últimas lecciones o experiencias de la iniciación cristiana.

19.3.17: Dom 3º de Cuaresma, Catequesis de la Samaritana (Jn 4). Se trata de aprender a descubrir y a recibir el agua más alta, con la mujer del pozo de Siquem, a la que Jesús ofreció el amor y agua de su propia vida.

26.3.17, Dom 4º de Cuaresma. Catequesis del ciego de Siloé (Jn 9). No basta beber y compartir el agua, hay que ver, como enseña Jesús al ciego de Jerusalén, a quien dominan las leyes de la ciudad sagrada, por la que camina como un maldito ciego. Pues bien, Jesús abre sus ojos para que vea y viva de un modo autónomo.

2.4.17. Dom 5º de Cuaresma. Catequesis de Lázaro (Jn 11). No basta beber y ver… Hay que vivir (es decir, resucitar), como dice Jesús a Lázaro, para que salga del sepulcro y viva de forma nueva.

Presenté la pasada semana la primera catequesis (la del agua del pozo de Siquem) y seguiré presentando las dos siguientes, para fijar así las claves de la catequesis cuaresmal de este año 2017. En ese contexto quiero presentar y comentario del Evangelio de Juan con el que mis lectores podrán realizar estas catequesis de un modo personal. Será bueno dejar de lado otro libro, para asumir y recorrer este camino de conversión pascual de cuaresma con el evangelio de Juan.

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Dom 19,3,17, Dame de Beber. Domingo del agua.

Dom 3, cuaresma, ciclo A. La Samaritana (Jn 4,5-42). Este evangelio inmenso, gozoso e inquietante, que no voy a citar por entero, indica que hay dos aguas:

-- Una es el agua más espiritual (y personal), propia del evangelio místico de Juan, agua de amor (de enamorados, que sacian su sed uno en el otro), agua de creación, agua "bendita" de la Iglesia (en pila santa) agua de fuente bautismal, primero de los "sacramentos" espirituales.

-- Y hay otra agua más material, que sacia la sed del sediento, que riega los campos y enriquece (ennoblece) la vida de los hombres y mujeres; ésta es agua que se debe dar a los que tienen sed (como a Jesús en la Cruz),sagrado líquido de vida, como ha puesto de relieve el agua de Mateo. Un mundo donde casi media humanidad no tiene buen agua va en contra de la creación de Dios, de la justicia humana. Ésta es el agua del primero de los "sacramentos" materiales de la vida.


Las dos aguas se vinculan: el agua material se vuelve espiritual, y el agua espiritual sólo es de Cristo si se convierte en agua material para miles y millones (miles de millones) de sedientos de la tierra. Así lo muestran las dos imágenes:

1. La primera es la de la samaritana, ante el pozo de Jacob..., que es el pozo de los "enamorados" (es decir, de la preparación de los matrimonios, en todo en Antiguo Testamento). En esa línea se sitúa el "agua mística" (misteriosa y real del amor de los hombres y mujeres, de los seres humanos en Cristo).

2. La segunda es el agua del niño que bebe en un pozo turbio, pues no hay agua de fuente en su zona, por sequía "pertinaz" y por violencia de guerra u opresión... pues algunos (personas, países...) acaparan el agua de todos o no promueven las obras que necesarias para que llegue a todos el agua concreta de la fuente, del riego...), el agua de la vida.

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Dom 12.3.17. Transfiguración, una señal de Dios en la montaña

Domingo de la Transfiguración, 2º de Cuaresma, ciclo A. Mt 17, 1-9. Una señal de Dios, señal de vida, como las primeras flores de la primavera en el hemisferio norte, anuncio y promesa de verano. Un signo de presencia divina y de futuro humano, un baile de amor (imagen 1) mientras subimos al monte los tres de Jesús (¡Pedro, Santiago, Juan! Todos y todas) donde parecía aguardarnos sin cesar la muerte.

Así debe entenderse este relato de la Transfiguración. Jesús ha dicho a los suyos que van a morir (Mt 16,21-28), pero después, para interpretar el sentido de esa muerte, les lleva a la Montaña, para que escuchen allí la voz de Dios, descubriendo con él a los testigos de la gran Promesa, que son así tres (Moisés y Elías con Jesús), como evoca el gran icono de la “Metamorfosis” (imagen 2).

El tema es “subir”, con Jesús, con otros dos (Santiago y Juan), hasta la cima de un monte grande, no como Sísifo, para bajar de nuevo, desesperados, porque la piedra rueda, vuelve al hondo del valle y debemos subirlas otra vez y otra vez por eternidad de eternidades de infierno creado por los hombres (imagen 3a y 3b: dos versiones del sísifo). No, arriba está Dios, con sus amigos antiguos, y está Jesús transfigurado, con sus nuevos amigos (empezando por Pedro, Santiago y Juan). Por eso queremos subir, pues la vida es un ascenso de gloria acompañada.

El tema es subir, como quiso San Juan de la Cruz, que interpretó este monte de la Transfiguración como el Carmelo, Jardín de Dios, donde crecen las plantas de la vida, realizando el recorrido del gran Cántico, como he querido mostrar en mi libro de San Juan de la Cruz transfigurada (imagen 4).


En medio del camino de la vida, en una larga Cuaresma sin luces, tiene que haber un momento de Ascenso a la Transfiguración, con Jesús, con sus amigos… para descubrir así en la altura la Gran Luz de Dios que nos dice “Este es mi Hijo”, vosotros sois mis hijos. Sin un momento de ascenso, de amor, la vida humana pierde su sentido.

Una vez más, en este domingo de la Transfiguración, en medio de la Gran Cuaresma, quiero y debo comentar este gran pasaje, según el evangelio de Mateo (cuyo comentario estoy preparando para la imprenta). Esta escena, este relato, esconde otros temas y misterios. Estos son los que quiero destacar esta mañana. Buen domingo a todos, buen comienzo de primavera en ese hemisferio norte.

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Dom 5.3.17. Tentaciones de Jesús ¿pecados de la Iglesia?

Dom 1 de Cuaresma, ciclo A. Mt 4, 1-11. Suelen llamarse tentaciones de Jesús, como si hubiera sido suyas, y no tuvieran nada que ver con la Iglesia o con nosotros. Pero el evangelio las presenta como riesgos de pecado de la Iglesia, esto es, de los seguidores de Jesús (es decir, de nosotros), aunque estén escenificadas en Jesús. Son tres como se sabe:

‒ La primera es la del pan, comerlo todo, asegurar la vida a base de dinero. En esta tentación ha caído bastante la Iglesia, que ha querido tener, conseguir mucho dinero. Y es evidente que a veces ha hecho bien con sus tesoross: catedrales, obras de arte, palacios… y sobre todo asistencia social, comida a los pobres, hospitales…

Pero en ese camino la iglesia ha corrido el riesgo de quedar entrampada en el dinero, destruyendo así el mensaje de Jesús, su propia identidad cristiana. Bueno será que lo recordemos y cambiemos, esa cuaresma.

‒ La segunda tentación es el poder espiritual, saberlo todo, tener todas las respuestas, dominando a los fieles con un tipo de “dictadura espiritual”. Ésta ha sido la tentación de los “milagros”, como si la Iglesia tuviera el monopolio de la sabiduría, en forma un poco máfica: “doctores tiene la Iglesia que os sabrán responder”.

Se trata de por andar por ahí sobrados de razones, dando respuestas de todo, a diestro y siniestro, diciendo a los demás lo que han de hacer… Jesús no quiso eso, ni hizo los milagros “del diablo”, ni intento saber más, ni imponer sus razones a los demás.

‒ La tercera tentación es el poder-poder, sin más: “Todo esto te daré”, los reinos del mundos, las riberas sagradas (como en la novela de Redondo, de ese título). La iglesia ha querido y quiere, en ciertos estamentos, dominar el mundo, como poder supremo, las tres tiaras (sacerdocio, profecía, reino…).

Ciertamente, ella quiere un poder para bien, es evidente, pero en el camino son (somos) muchos los dominados por el ansia de poder, que podemos utilizar la religión como forma de mando: Por el Imperio hacia Dios (por Dios hacia el Imperio). Más claro no se podía decir. Pero ese es el argumento del Diablo, como podrá ver quien siga leyendo.

Estas son las tres tentaciones de la Iglesia, que el evangelio ejemplifica en Jesús,
ellas son la reflexión de la liturgia en este primer domingo de Cuaresma, y así las presento en las reflexiones que sigue (utilizando unas páginas de mi Diccionario de la Biblia (Verbo Divino, Estella 2016).

Las reflexiones que siguen no quieren ser una crítica a la iglesia sin más, sino la expresión más honda de su fe, fundada en Jesús, principio de una renovación esencial, que ha de comenzar ya, de un modo radical, si es que ella (¿nosotros?) cree/creemos en el evangelio. Buen fin de semana.

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Miércoles de Ceniza. Ayuno es interioridad y comunión

Tras la limosna y la oración, culminando la trilogía de la justicia del evangelio del Miércoles de Ceniza (Mt 6, 1-18), que yo quiero llamar miércoles de ayuno, viene el gesto de la renuncia positiva, no por sadismo o victimismo, sino por elevación/interioridad personal (¡buscad los bienes más altos!) y por solidaridad humana. Éste es el ayuno de la cuaresma cristiana, según el evangelio (según el texto completo de Mt 6, 1-18).

En la actualidad, el ayuno ha perdido en occidente gran parte de su antiguo poder sagrado, pero ha recuperado mucha importancia, desde la perspectiva de la salud (dietética) y, sobre todo, desde la problemática de la justicia social:

Es necesaria una renuncia, para compartir la comida con los pobres; sólo
sabiendo renunciar (empezando por los más ricos), podremos ser más felices, podremos compartir.
Este es el ayuno del evangelio del domingo (26, 2, 17), que nos permite vivir sin agobio y desprendernos para compartir y gozar.

En esa línea, el ayuno, se ha vuelto absolutamente esencial, para la salud de unos, para la comunión de todos. Este ha ce ser un ayuno individual (pero, sobre todo, social y cultural), un ayuno para gran viaje interior de la oración, un ayuno para la libertad.

No es ceniza lo que Dios quiere, y lo que necesitamos, sino ayuno de elevación personal y solidaridad. Para que lo cultivemos así: ¡bienvenida cuaresma!

Si un tipo de mundo poderoso y rico no aprende a ayunar para compartir su abundancia con los pobres se destruye a sí mismo, destruye a los pobres y pone en riesgo el equilibrio vital de la misma tierra.

Si un tipo de hombre autosuficiente no aprende a renunciar y ayunar, a contemplar a Dios y amar a otros (para que ellos se liberen... rompiendo los barrotes de su jaula, los muros de su separación, el egoísmo de su "mamona"...), ese hombres se destruye a sí mismo, se vuelve enfermo y pierde el equilibrio de la misma vida.

Sin un tipo de ayuno matamos a los pobres y nos matamos a nosotros mismo. Se trata de un ayuno no sólo dietético y medicinal, sino humano, espiritual y corporal en el sentido más profundo.

Sobre el ayuno puramente dietético es necesario un ayuno personal de solidaridad y de auténtica maduración existencial. Desde aquí debe entenderse el pasaje que sigue:

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(26.2.17) Comed y vestíos, buscando primero el Reino (que está en la Patera)

En la postal anterior, comentando el evangelio del domingo 26.2.17, he puesto de relieve la oposición dramática entre Dios y Mamona. Pero el evangelio de Mateo ha querido añadir un “anticlímax” de tipo cordial, centrado en la superación de las preocupaciones más normales, centradas en la comida y vestido. De esa forma quiere suavizar la oposición, abrir un camino de gratuidad y confianza.

Este pasaje puede dividirse en cuatro partes: dos primeras en paralelo (comida y vestido), una conclusión y ampliación. El texto proviene del Q (Lc 12, 22-32) y Mateo lo introduce aquí para resituar las las oposiciones anteriores:

(Comer) Mt 6, 25 Por eso os digo, no os preocupéis por vuestra vida, qué comeréis o qué beberéis; ni por vuestro cuerpo, qué vestiréis. ¿No es la vida más que el alimento y el cuerpo más que el vestido? 26Mirad las aves del cielo, que no siembran, ni siegan, ni recogen en graneros, y sin embargo vuestro Padre celestial las alimenta. ¿No sois vosotros de mucho más valor que ellas? 27 ¿Y quién de vosotros, por ansioso que esté, pue-de añadir una hora al curso de su vida?

(Vestir) 28 Y por el vestido, por qué os preocupáis? Observad cómo crecen los lirios del campo; no trabajan, ni hilan; 29 pero os digo que ni Salomón en toda su gloria se vistió como uno de éstos. 30 Y si Dios viste así la hierba del campo, que hoy es y mañana la echan al horno, no hará mucho más por vosotros, hombres de poca fe?

(Buscad el Reino) 31 Por tanto, no os preocupéis, diciendo: ¿Qué comeremos o qué beberemos o con qué nos vesti-remos? 32 Porque los gentiles buscan ansiosamente estas cosas, pero vuestro Padre celestial sabe que necesit-áis todas estas cosas. 33 Buscad pues primero su reino y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas.

(No os preocupéis) 34 No os preocupéis, pues, por el mañana, pues el mañana tendrá su propia preocupación. Le basta a cada día su mal .

Parece un pasaje ingenuo, como si Jesús se hubiera olvidado de lo que dijo ayer (vivimos bajo el gran demonio de la mamona)... Pero no es así, Jesús sabe que por encima de la Mamona está Dios, de forma que en él podemos confiar (¡porque es Dios!), si buscamos primero el Reino, que está en la patera... Entonces descubriremos que todo es "añadidura", todo es don, para los que buscan el Reino.

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Dom 26.2.17. Nadie puede servir a dos señores. Dios y Mamona

24.02.17 | 08:31. Archivado en Dios, Justicia, hombre, dioses-diosas, Domingo, dia de la Palabra

Dom 8, tiempo ordinario, ciclo A. Mt 6, 24-34. Este evangelio es muy largo, y consta de dos partes. La primera (Mt 6, 34) trata de Dios y Mamona. La segunda (6, 35-34) de Dios y la preocupación. Hoy comentaré la primera parte, en dos días la segunda.

El ídolo primero, opuesto a Dios, no es el placer desordenado, ni siquiera el mismo Diablo, como existencia separada, sino Mamona, la riqueza en sí, entendida como capital, sentido y meta de la vida. Mamona no es el dinero material, sino como signo y compendio de un sistema destructor (de violencia y muerte), que no está al servicio de la vida, sino de la opresión organizada que se opone a lo divino. Dios es gratuidad, Mamona interés; Dios libera, la Mamona esclaviza y destruye (oprime). Dios es comunión, gozo de vida compartida, la Mamona separa, divide, mata:

6, 24 Nadie puede servir a dos señores, pues odiará a uno y amará al otro. O se apegará a uno y despre-ciará a otro. ¡No podéis servir a Dios y a Mamona!

Este pasaje ha sido formulado con precisión, de un modo solemne, con principio general, explicación y aplicación.

El punto de partida se aclara desde paralelos judíos y paganos: Existen dos realidades (¡dos señores!) que nos marcan y llenan de tal forma que no pueden compartirse. Pero más valioso, aquel a quien la tradición llama «único» (pues el otro no es, sino que que hace no-ser), en clave de monoteísmo radical, es Dios (Dt 6, 4; cf. Lc 10, 42), un bien que todos pueden compartir, sin robarlo, ya que él se entrega a todos.

Aquello que no-es y destruye, pues nos lleva al «deseo de dominio violento y al enfrentamiento, en línea de poder y posesión, es el dinero absolutizado o Mamona, que puede interpretarse como capital supremo y pecado del hombre .. Buen fin de semana.

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Dom 19.2.17. No resistir al mal, amar al enemigo ¿puede cumplirse el Sermón de la Montaña?

No hay quizá palabras más hirientes ni más duras, de manera que en general las invertimos,diciendo: ¡resistid al mal, oponeos a vuestros enemigos! Así pedimos a Dios: ¡Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos Señor!

-- Joachim Jeremías recoge en su famoso tratado El Sermón de la Montaña (Palabras de Jesús, Fax, Madrid 1968) el testimonio de la ortodoxia luterana, que decía: Estas palabras no pueden cumplirse. Pero ellas están ahí bien, colocadas, para recordar que somos pecadores (y que así, por serlo, nos perdona Dios)..., a no ser que se entiendan como "ética del ínterim" (A. Schweitzer), que sólo se pueden en el momento final, cuando todo termina.

-- De un modo aún más intenso, F. Nietzsche decía también que estas palabras no pueden cumplirse , que sólo las cumplió un hombre llamado Jesús, pero que le crucificaron por ello. La Iglesia posterior (sigue diciendo Nietzsche) no sólo no ha cumplido esas palabras, sino que las subvertido, haciendo lo contrario a lo que ellas dicen, proclamando de hecho el odio al enemigo (o, mejor dicho, el resentimiento), queriendo defenderse del mal (de los enemigos) por la fuerza.

-- Posiblemente no tiene razón sin más un tipo de neo-ortodoxia luterana, ni A. Schweitzer, ni Nietzsche... . Posiblemente esas palabras de Jesús pueden y deben cumplirse de hecho, no sólo en sentido intimista (¡algunos cristianos lo han hecho!), sino también "social"... Pero el problema que ellos y otros muchos han planteado sigue siendo muy serio, quizá el más serio de todo el cristianismo:

-- ¿Se puede compaginar el Derecho Canónico con esas palabras?
-- ¿Se puede compaginar con ellas una Iglesia que ha empleado y sigue empleando el poder no sólo para "resistir al mal" (en contra de Jesús?, sino para imponer sus principios sobre el mundo?
-- ¿Puede estar iglesia actual, de vaticanos y curias, de nuncios y poderes fácticos, con moral de miedo, cumplir el Sermón de la montaña?

Dejo el tema abierto, que lo vean y sientan (y resuelvan, si pueden) los lectores. No me atrevo a darles soluciones. Sólo sé que de vez en cuando pienso en la parte de verdad de la neo-ortodoxia luterana, en la verdad de A. Schweiter... y me digo.¡Jesús, cómo lo has puesto de esa forma!

En esos momentos me consuela la visión de una Jerusalén romántica, distinta, en la que todo parece fácil (imagen 3...), para seguir leyendo y comentando el texto, como haré (con la ayuda de mi Comentario de Mateo, VD, Estella 2017)...

1.Jesús nos dice: No resistas al mal con otros males… no superéis una violencia con otra, renunciad más bien a la violencia, rompiendo así la cadena de opresiones y contra-opresiones que destruyen vuestra vida. Pero ¿cómo?

2. Jesús sigue diciendo: En vez de oponerte con violencia, pon la otra mejilla buscando el bien del otro en cuanto otro, aunque sea tu enemigo (sobre todo, si es tu enemigo). Ésta es la respuesta. Donde no hay amor pon amor, y encontrarás amor, serás como Dios Amor...

Ciertamente, estas palabras se repetirán una vez más en nuestras iglesia, en la misa del próximo domingo (19.2.17: no resistáis al mal, amad al enemigo). Yo sentiré al menos un estremecimiento, y pedirá a Dios que nos ayude (en esa línea van las reflexiones que siguen, buen domingo).

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Dom. 12.2.17 No matar, no adulterar, no jurar (mentir)

6. dom. Tiempo ordinario, ciclo A. Mateo 5,17-37. Las tres primeras antítesis del Sermón de la Montaña nos sitúan ante las raíces la vida humana:

‒ Los hombres han tendido desde antiguo a matar, matar y mentir (jurar mintiendo), para así oprimir a los otros y defenderse a sí mismos.

‒ Pero la cultura humana (la vida) sólo puede mantenerse superando el homicidio, el adulterio y la mentira (un juicio mentiroso).

De esos tres principios tratan antítesis de Jesús; no hablan de un Dios separado de la vida, sino de una vida que se mantiene y extienden en respeto radical ante todo ser humano (no matar), en la fidelidad personal (no adulterar, superar el incesto) y en cultivo de la verdad, entendida como transparencia persona y fiabilidad (no jurar mintiendo).

De esos tres principios (que él llamaba thanatos, eros y principio de realidad) hablaba S. Freud hace un siglo, en un plano psicológico. En un plano más alto habló de ellos Jesús, formulando las bases supremas de la cultura humana y de la vida, como dice este evangelio.

Quizá no se han dicho nunca palabras más hondas, gratificantes y exigentes. Normalmente sentimos miedo ante lo que ellas implican, y por eso seguimos recurriendo a juramentos “sagrados”, a formas “legales” de violencia, a diversos tipos de adulterio.

Ante esas palabras del evangelio de este domingo no hay más respuesta primera que el silencio, la admiración y, si es posible, la acogida más cordial, para cumplirlas.

Sólo tras ese silencio me atrevo a comentarlas (tomando algunas ideas de mi Comentario de Mateo, Verbo Divino, Estella 2017) y de mi Diccionario de la Biblia. Prescindo de todas las notas eruditas, no me ocupo del “libelo de divorcio” (incluido en el tema del divorcio, pues he tratado en otras ocasiones). Simplemente evoco estos tres motivos centrales de la vida humana, según el evangelio:

‒ No matar (es decir, ser fieles a la vida de los demás)
‒ No adulterar (es decir cultivar la fidelidad en el amor personal)
‒ No jurar (no apelas a Dios para sancionar una palabra, ser fieles en la verdad).

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Dom 5.2.17. Una luz encendida, sal que conserva y da gusto

03.02.17 | 16:27. Archivado en Domingo, dia de la Palabra, Amor, Liturgia

Dom 5, ciclo A. Mt 5, 13-16. Vosotros sois la sal de la tierra, vosotros sois la luz del mundo… Así dijo Jesús a sus discípulos, a modo de afirmación (¡vosotros sois sois!) y de propuesta (¡habéis de ser!). Estas palabras son una promesa de gozo y responsabilidad, pero pueden convertirse en fuente de condena, si no las acogemos y cumplimos.

No se trata de decir que lo somos, sino de serlo. No se trata de imponer a los demás esta pretensión: ¡Nosotros somos la luz…! (como si fuéramos mejores que los otros), sino de ofrecer humildemente un resquicio de luz, como luciérnagas en noche tenebrosa (¡epertargi!), como un poco de sal en la sosa "comida" del mundo.

A veces hemos hecho todo lo contrario: Hemos querido imponer nuestra oscuridad como si fuera luz, apagando luces ajenas… Hemos arrojado sobre otros nuestras sales muertas… Por eso sigo diciendo: No se trata de apagar, sino de alumbrar; no se trata de amargar, sino de saborear y dar gusto. Y esto de un modo sencillo, como si fuera natural, gratuitamente, sin cobrar, sin exigir, sin pasar por encima de nadie.

Vosotros sois la luz, vosotros sois la sal… Ésta es una palabra que Jesús dirige a todos (a vosotros), a los cristianos individuales y a la Iglesia como grupo, para que seamos como la sal que mantiene la vida de la tierra y ofrece su sazón a los alimentos, como la luz que abre espacios de claridad y de sentido.

Ésta ha podido ser una palabra altisonante, como si pudiéramos ir por la calle diciendo “somos mejores que vosotros, tenemos gente más buena, dogmas más altos, iglesias más grandes, más bellas ceremonias, poderes religiosos, más santos….

Pero ésta puede y ha de ser una palabra consoladora… si empezamos a ser de un modo muy sencillo una presencia de luz, una sal para el mundo, nosotros, no unasestructuras exteriores…; nosotros mismos, hablando con nuestra vida, no con sermones hechos, con mentiras repetidas… Nosotros mismos, desnudos y transparentes, desde la luz y la sal del evangelio..., reflejando su gracia, repartiendo su sal.

‒ Ser como la sal… La tierra corre el riesgo de podrirse, porque no tiene sal o porque la tiene mala y excesiva (el Mar Muerto). La sal no vale para sí, sino para conservar y sazonar, para diluirse en el proceso de la vida de la tierra… No sois sal para vosotros, para un grupo pequeño, sino sal para la tierra entera.

‒ Ser luz… Tampoco la luz vale en sí, sino para alumbrar a otros… El peligro de cierta iglesia ha sido petrificar la luz o, mejor dicho, confundiendo su oscuridad con luz, y queriendo imponerla sobre los demás…

Y con esto dejo las consideraciones generales y paso al argumento del evangelio de este domingo, sorprendente y consolador, cercano y exigente. Buen domingo a todos

(tema de mi Diccionario de la Biblia).

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Jueves, 30 de marzo

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