
Mi amigo y colaborador J. Gelpi mi ha enviado un estudio sobre unas reflexiones desenfadadas y burlonas de periodista M. Saco (que tiene su propio blog: http://www.manolosaco.com/). Manolo Saco ha criticado duramente la celebración de un Congreso de Juristas Católicos, en el que Antonio Rouco mantuvo la Lección Magistral. Éstos son los temas de fondo del trabajo (¿) de M. Saco. (a) No tiene sentido hablar de juristas católicos, como no lo tendría hablar de fontaneros católicos, porque el Derecho es independiente de la Religión. (b) Además, muchos principios jurídicos de la Biblia van en contra de los derechos humanos y son sangrientos (con pena de muerte para homosexuales y adúlteros, por ejemplo). (c) El autor “desprecia” y satiriza las intromisiones jurídicas de R. Varela.
Personalmente, puedo comprender algunas afirmaciones de M. Seco, pero ellas deben matizarse con mucho cuidado. (a) El Derecho no es como la fontanería. Quien ignora las aportaciones de la Biblia al Derecho (en plano de responsabilidad, libertad, autonomía personal y sentido de la alianza, por ejemplo) se descalifica a sí mismo y no tiene “derecho” de hablar del Derecho (ese tema lo ha puesto de relieve J. Habermas, uno de los mejores teóricos del derecho social del siglo XX). (b) Quien ignora los estratos históricos, literarios y teológicos (jurídicos) de la Biblia y cita en el mismo plano jurídico el Código de la Alianza o el Sermón de la Montaña no tiene autoridad para hablar de historia, ni de religión, ni de derecho desde el punto de vista de la Biblia; es como si pusiera en el mismo plano las normas penales de los vaceos, el Código de la X Partidas y la actual Constitución española. (c) Quien desprecia al otro, como el Señor Saco desprecia a Rouco Varela no tiene derecho a que se le escuche.
Podía haber hecho yo mismo la lectura crítica del trabajo (¿) de Saco, pero las reflexiones que me ha enviado mi amigo J. Gelpi resultan suficientes. Dejo que los lectores valoren el comentario que M. Saco que saca las cosas de contexto y mira hacia la Biblia de un modo sesgado, y que reflexionen con J. Gelpi, que ha escrito un largo y hermoso comentario bíblico y cristiano sobre el tema..., desde una perspectiva más espiritual que puramente jurídica.
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Quería haber cerrado ayer el tema del conflicto de Gaza, pero Mario Bruzzone me escribe, incisivo, cariñoso, respetuoso, como siempre. Por eso le cedo agradecido la palabra de hoy. ... Mario es más radical y tiene razón, a mi juicio, en lo que dice. Yo, quizá, tengo más humor... Creo que el Dios Yahvé mandó matar a los primogénitos de Egipto, pero lo hizo en un camino abierto, de manera que él mismo iba aprendiendo, encontrando su verdad, haciéndose amor/paz (Shalom), mientras caminaba con los hombres. La Biblia no habla del Dios en sí, sino del Dios que va siendo entendido-acogido por los hombres. En ese sentido,desde nuestra perspectiva, el mismo Dios evoluciona, va cambiando y de esa forma empieza siendo un Dios/Poder que impone su verdad matando (es decir, "mandando matar" a los contrarios), hasta venir a presentarse como el Dios que crea la paz amando (pidiendo que amemos, perdonemos, acojamos) a los contrarios. Éste Dios se "adapta" (por economía salvadora) a la vida de los hombres, tomando la forma que ellos le dan, de manera que aparece como Sebaot Tonante... y después como Brisa Suave en el camino de la Vida. Los cristianos creemos que la adaptación definitiva de Dios es Jesucristo, donde él expresa ya por fin su esencia (como dice el concilio de Nicea). Pero recordamos con amor sus adaptaciones anteriores, como momentos de un camino hermoso, arriesgado, durísimo y lleno de ternura. En ese camino de la adaptación de Dios seguimos caminando los hombres y mujeres de este tiempo, con Jesús el Caminante a quien un día quisimos expulsar de la vida, clavándole en la cruz . Con Jesús hacemos el camino de Dios, pidiendo que su Espíritu (Espíritu de Dios y de los hombres) se manifieste en su verdad final de amor. Esta historia de Gaza (con personajes que van desde Sansón y Dalila hasta Hamas y Barak, el Rayo), es un capítulo de esa adaptación de Dios. Pero dejo el tema a Marío Bruzzone, siempre tan sabio. Me agrada que él diga la última palabra de esta serie sobre Gaza. Un buen broche final, Mario. Lo que sigue es tuyo, gracias.
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He venido hablando de la guerra de Gaza, de Sión-Jerusalén contra los filisteos (y otros cananeos). He mostrado que hay muchas palabras de guerra en la Biblia. Pero más poderosas son las palabras de paz, que ofrecen el gran canto de Israel, ni la cruz (opresión), ni la cara (violencia). Éste es el canto de la moneda, la posición más difícil: una moneda que ruede para la paz o que se mantenga enhiesta como experiencia radical de gozo y de perdón, de solidaridad y de concordia. Una monera que diga: Adiós a todas las guerras, el fin de las opresiones Que vengan todos a Sión-Jerusalén (judíos y cananeos, filisteo/palestinos y árabes…), que se abracen y canten y vuelvan de nuevo a sus pueblos, con cantos de paz. Ésta es la experiencia más alta, ésta es la esperanza de la Biblia, que los cristianos han retomado en Jesús y los musulmanes en su experiencia y deseo radical de Paz-Shalam. No basta el alto en fuego que parecen estar buscando unos a otros, hoy, en Palestina, colocando los peones y alfiles para la próxima batalla. Del alto en fuego hay que pasar a la paz definitiva, como quería la Biblia al hablar de Sión como fuente de paz universal. Éste es el tema final: La Biblia Hebrea ofrece un ideal de paz escatológica y/o mesiánica, vinculada a la teología de Sión y al mensaje de los profetas, con una guerra santa donde Yahvé es el único guerrero, es decir, el no-guerrero.
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He venido hablando de la cruz de Israel (esclavitud en Egipto) y de su cara (conquista de la tierra de los cananeos, con el mandato de destruirles). Ese mandato de destruir a los cananeos ha escandalizado y sigue escandalizando a los lectores de la Biblia, de manera que alguna asidua del blog ha dicho que ya no va a leer el Antiguo Testamento; por esas y otras cuestiones, los gnósticos antiguos (los más sabios) condenaron al Dios del Antiguo Testamento, por duro, por malo, por ciego, por vengativo. Pero las cosas son mucho menos claras. No es conveniente jugar a buenos y malo. Los antiguos israelitas eran un pueblo admirable y su camino de virtudes y pecados sigue siendo fuente de inspiración, no sólo para los judíos actuales, sino para cristianos, musulmanes y otros muchos. Por eso quiero evocar aquella historia desde otra perspectiva, evocando el tema de los cananeos. En el fondo, el tema es el mercado... el mercado de la púrpura de entonces o del oro/petroleo de ahora. Buen domingo a todos. (En las imágenes concha de púrpura, vestidos de púrpura. Perdonen las mujeres, si me he fijado en sus vestidos... Éste era un buen momento para hablar de los purpurados, hombres de la iglesia cananea, es decir, vestidos de púrpura y brocado... Pero alguien me criticaría por hacerlo, por eso pongo vestidos más inocentes de púrpura femennina.
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Domingo 2, tiempo ordinario. Ciclo B. 1 Sam 13; Juan 1, 35-42. Aunque el texto de Juan es bellísimo, quiero comentar hoy el Samuel. La liturgia sólo presenta una parte (1 Sam 3,3b-10.19), pero con ello lo mutila y destruye su sentido, entendiéndolo como escena piadosa de revelación familiar de Dios a un niño. Ciertamente, aún así, mutilado, es un texto bellísimo. Pero si queremos entender su sentido tenemos que leerlo entero, como texto de condena de una familia de “sacerdotes oficiales” (presbíteros, senadores, grandes sacerdotes) que, en principio, pueden ser buenos, pero que se han instalado en el poder y esclavizan al pueblo. Ésta es la historia de Elí, la narración de la caída una poderosa dinastía de sacerdotes y políticos, que han convertido su “buen” poder en imposición y desprecio de los pobres. Es la historia de Samuel, el niño que aprende a escuchar, desde su inocencia, para descubrir que Dios destruirá a los políticos/sacerdotes, iniciando un tiempo nuevo de palabra y salvación, precisamente desde ellos, desde lo que escuchan y quieren de verdad los niños que tienen los oídos atentos a la voz de la Vida, que es Dios. Éste es un texto emocionante y durísimo; es un idilio de ternura y un prodigio de dureza. Tiene que morir la familia del viejo sacerdote (estos políticos, estos dictadores religiosos) para que empiece el tiempo de los profetas, que escuchan como niños (desde niños, desde el principio de Dios) la gran Palabra. Por eso quiero comentar el texto entero (1 Sam 3, 1-21). Evidentemente, tiene otros matices místicos, poéticos, sociales y religiosos. Pero los que ofrezco, divididos en cuatro partes y una conclusión, me parecen fundamentales. No hará falta decir que pueden aplicarse y se aplican a nuestra situación, no sólo en Palestina (en su fondo está la lucha de israelitas contra los filisteos/palestinos), sino en la Iglesia católica y en el mundo entero. Dejo las conclusiones para los lectores. En la imagen El Niño Samuel enseña al anciano Elí
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Ayer presenté la cruz (esclavitud en Egipto, éxodo liberador). Hoy quiero presentar la cara (guerra santa, entrada violenta en Palestina), , dejando que esta palabra (cara) tenga un sentido ambivalente (con la cruz y el canto de las monedas). Las reflexiones que voy a presentar forman parte de la Biblia hebrea (y algunos judíos las siguen tomando al pie de la letra, como justificación de su conquista actual de Palestina). Estas palabras forman parte de mi historia cristiana, y millones de cristianos las han aplicado de un modo o de otro (en la conquista hispana de América, en el “destino manifiesto” de los norteamericanos a los que Dios misma concedía la tierra de los indios…). Estas palabras forman parte de la historia humana, en general, e incluso algunos musulmanes actuales las pueden tomar como propias… Aquellos buenos hebreos, elegidos de Dios, pueden y deben conquistar y limpiar la tierra de toda idolatría, matando a los habitantes anteriores que son “no pueblo”, “no gente”. Recuerdo que Golda Meir decía que Palestina había sido una tierra vacía, que allí no había habido habitantes o si los había no eran “buenos”, de manera que Israel tenía derecho a la conquista y posesión de la tierra, unos argumentos parecidos a los del buen español Ginés de Sepúlveda o a los de muchos yanquis del siglo XIX y XX). Pero no quiero ofrecer más introducciones. Los textos hablan por sí mismo. El domingo hablaré del “canto” de Israel, del gran milagro. (Sigo tomando estas palabras de mi libro Dios Dios, Dios cristiano (Estella 1997) y, en especial, de El Señor de los Ejércitos. Historia y teología de la Guerra (PPC, Madrid 1998)
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Podemos hablar de tragedia en Gaza, de un fracaso de la humanidad, en una zona por donde se recuerdan las memorias de Abraham y de Moisés, de Jesús y de los compañeros de Muhammad… ¿Fracaso de la humanidad o fracaso de las religiones? Toda guerra es un fracaso, y ésta un fracaso múltiple. No tengo soluciones, posiblemente no existen… o, al menos, no las veo, a no ser que se produzca una masacre sin límites, de una parte o de otra, lo que no sería solución… Que los judíos expulsen del Gran Israel a todos los palestinos “malos”… O que los “buenos palestinos” expulsen de Palestina a todos los judíos invasores… No, no sería solución, aunque hay muchos que ven así las cosas… Están hablando ahora las bombas, tienen que hablar los políticos y, sobre todo, los pueblos. Tiene que haber un cambio de política… y quizá de religión y, sobre todo, de humanidad. Hace seis años escribí un libro que, en el fondo, trataba de ese tema: Monoteísmo y Globalización. Moisés, Jesús, Muhammad (Verbo Divino, Estella 2002). Han pasado los años, el tema sigue y se agrava. Sin querer solucionar nada., quiero ofrecer unas reflexiones de fondo… desde el pnnto de vista de las “tres religiones”. Evidentemente, hay otros puntos de vista, otras perspectivas, como quizá irán mostrando los lectores.
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Ésta es una frase que se repitió en los años sesenta del pasado siglo. Dicen que apareció pintada en una iglesia de Quito. Otros aseguran que vino de Paris, como los niños. Yo la escuché una tarde de invierno en Roma, el año sesenta y ocho, mirando al coppolone de San Petro ensombrecido. Así la quiero repetir ahora, cuarenta años después y preguntaros: ¿Os parece verdad? Se aplica a Job y a Jesús, a la Iglesia, al Estado de Israel, a muchos musulmanes. Voy a plantearla de nuevo. Espero vuestras respuestas.
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Nuestro calendario (llamado cristiano y gregoriano) comienza con el año solar, una semana después del solsticio de invierno. Seguimos en eso un uso antiguo, ratificado por los romanos (calendario juliano, introducido políticamente por Julio César) y por los cristianos (calendario gregoriano, del Papa Gregorio, a finales del siglo XVI). Terminamos el año 2008 d. C. (después de Cristo), porque Cristo habría nacido el año cero o el uno, según se cuente (aunque parece que nació el 6 a. C).
Postdata. Por equivocación, parte de este post fué publicado el 27 del pasado (puse mal la fecha)y mereció unos preciosos comentarios. Estuve fuera de casa y no pude corregir la equivocación. Por eso, vuelvo a publicarlo hoy, el día de la uvas nuevas, 1 de enero del 2009, con unos eruditos comentarios de Teodosio y Habibi y Emérito Augusto a quienes agradezco sus datos.... Perdonad la equivocación y repetición, pero creo que, con sus añadidos, este post puede servirnos para abrir la puerta (ianua, ianuario, enero) del 2009, que a todos deseo que sea una puerta de corazón (como en la segunda imagen).
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En el centro de la liturgia de mañana (1 de Enero del 2009: Santa María,Madre de Dios) está el pasaje donde Pablo anuncia la llegada del Hijo de Dios (Gal 4,4), diciendo que en la plenitud de los tiempos Dios envío a su Hijo, nacido de mujer (genomenon ek gynaikos). Es evidente que en un primer nivel Pablo afirma lo más obvio: Jesús ha: nacido de mujer, y eso significa que el que nace es un ser humano, como sabe bien el judaísmo (cf Job 14,1; 15,14; 25,4) y quizá el mismo NT (cf Mt 11,11; Lc 7,28) al hablar de "hijo de mujer". Pues bien, ése que nace de mujer es Hijo de Dios. Aquí está el núcleo teológico del misterio de la Navidad y sobre ese centro quiero ofrecer hoy una meditación teológica, una teología de la Navidad, según san Pablo, ampliando en otro nivel lo que ayer dije con la ayuda de AX, en un plano confesional (para bien entender lo que digo sería necesario volver a Gen 3, donde se habla de la mujer que lucha contra la serpiente; aquí supongo conocido el tema, no lo desarrollo) . En esa línea, hoy he querido dedicar a todos mis lectores una página de teología estricta, un poco larga, no para que todos la lean, sino para que pueden descubrir que hay temas que exigen cierta dedicación filológica e histórica. Dios no está sólo entre los libros; él está más bien en los pesebres y cortizos, en las barricadas y hospitales, en los suburbios de la vida. Pero también podemos encontrar su rastro entre los libros de autores como Pablo. A quienes siguen ese rastro dedico esta reflexión teológica de fin de año. Buen día 31 de Diciembre 2008 y gracias por haberme acompañado a lo largo del año, con casi un millón de lectores.
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La Navidad es sin duda una fiesta cristiana: Se celebra cada año el nacimiento de Jesús, Hijo de Dios, cuando en la zona Norte deja de bajar el sol y crece el día; es fiesta de la Luz común, sin distinción de gentes y de tierras, Nacimiento de la Vida, don supremo, que podemos descubrir y venerar en un Niño que es Hijo de Dios, el Hijo de la Vida, es decir, el Hijo Humanidad,para acoger, para cuidar, para mimar en cada Niño, en cada Hombre o Mujer.
Por eso es fiesta para todos, pues este Niño, cada Niño, no es sólo para algunos (los cristianos o los ricos de occidente o del oriente), sino para todos por igual, los del Norte los del Sur, los de Oriente y Occidente, pues a todos nos une la Vida, nos une un Niño (cada Niño), sin distinción de razas o religiones, de culturas o poderes.
Otras cosas (estados y riquezas, incluso religiones y libros sagrados) pueden separarnos. Pero allí donde un Niño (cada Niño) nos une podemos afirmar que es Navidad. Con esta idea quiero felicitar a mis amigos del blog, a todos mis amigos, hoy y los días que siguen, con una mini-serie titulada «Navidad fiesta de todos», la Fiesta del Niño de la Casa de la Tierra.
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Domingo 3º de Adviento. Ciclo b. Is 61, 1-2a. 10-11 y Jn 1, 6-8. 19-28. Las lecturas de este domingo son complejas y riquísimas. El domingo pasado traté ya de Juan Bautista y Jesús, con cierta extensión. Hoy quiero detenerme en la primera lectura (Is 61), poniendo de relieve la forma en que Jesús la aplica a su propio ministerio en Lc 4, 18-19. El Adviento se entiende así como libertad de los oprimidos. Del sueño y tarea de la libertad, entendida en forma de esperanza y compromiso a favor de la justicia trata este pasaje de Isaías y su interpretación por parte de Jesús, en Nazaret. Parte de la Iglesia (y gran parte de la humanidad actual) vive conforme al ideal de aquellos nazarenos, no quiere la verdadera libertad. Por eso es necesario ese gran Evangelio de Adviento.
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