El blog de X. Pikaza

Tarea urgentísima: Recrear los ministerios (el testimonio de Pablo)

13.03.17 | 16:32. Archivado en Iglesia Instituciones, mujer, Evangelios, Mnisterios

Anteayer publiqué una postal titulada La Novedad de Jesús, todos somos sacerdotes, partiendo de un resumen que el Prof. Benjamín Forcano había hecho de un libro que yo había publicado con el mismo título. Yo pensaba seguir de manera pacífica con ese mismo tema, en plano de principios. Pero dos cosas me han hecho descender de ese plano de principios al nivel de la vida:

a. La primera ha sido una entrevista de La Voz de Galicia donde Ch. Moreira, colega y amiga, declaraba ayer diciendo que había sido ordenada presbítero de la iglesia católica y que celebraba misa todos los domingos en una comunidad cristiana (cf. https://www.facebook.com/xabier.pikaza).

b. La segunda es el comunicado del Arzobispado de Santiago de Compostela, publicada hoy en todos los medios (cf. .periodistadigital.com/religion/espana/2017/03/13/religion-iglesia-espana-el-arzobispado-de-santiago-contra-las-mujeres-sacerdotes…) criticando y rechazando la pretensión de Ch. Moreira.

Por razones distintas me siento molesto ante los dos “comunicados”, aunque en algún sentido estoy más cerca de Ch. Moreira que del Arzobispado:

a) Acepto la pretensión de Ch. Moreira: Como cristiana, bautizada, ella puede aspirar a los ministerios (y ofrecerse a ejercerlos), a todos, sin excepción, aunque quiero hacerle tres matizaciones prácticas.

(1) Lo que importa no es que las mujeres puedan acceder a los ministerios que actualmente detentan y ejercen en exclusiva los varones, sino empezar recreando de fondo (desde su raíz) los ministerios que existen en este momento, a la luz de su experiencia femenina y de su lectura del evangelio.
(2) No me gusta que se dejen llamar o se llamen “sacerdotes” por su ministerio, pues esa palabra no responde al NT, donde todos los creyentes son sacerdotes... Prefiero que se llamen apóstoles y profetas, maestras y doctoras, presbíteras, servidoras, hermanas obispos... según la primera tradición de la iglesia.
(3) No se trata pues de ocupar el lugar de los varones, sino de re-crear la Iglesia con sus ministerios, en un momento de cambio urgente como el nuestro. No se trata pues de luchar contra los varones... sino de ocupar los grandes espacios vacíos de la iglesia actual... No se trata de hacer competencia, sino de subir de nivel personal y social, en línea de evangelio. En este campo, lo mismo que al principio de la Pascua de Jesús, la mayor esperanza está en la mujeres, como Magdalena o Salomé, que fueron las verdaderas creadoras de Iglesia.

b) Me siento y estoy en la misma Iglesia del Arzobispado de Santiago, no quiero romper con ella ni hacerle guerra, pero estoy convencido de que ella debe avanzar en línea de evangelio y de siglo XXI, en línea de libertad creadora. Por eso me han molestado algunas cosas del documento que la prensa ha titulado, quizá con mala idea, con el título de: “El Arz. de Santiago contra las mujeres sacerdotes”, también por tres razones.

(1) La forma como el documento presenta el origen de los ministerios en el NT es, al menos, sesgada, por no decir “equivocada”. Los que han escrito el documento no saben historia o “no quieren saberla”, cosa que sería peor.
(2) La forma en que el documento habla de la “transmisión del depósito revelado” es ingenua, por no decir también falsa (¿es puramente canónica y no evangélica?). El despliegue de los ministerios, desde el comienzo pascual de la iglesia hasta la segunda mitad del siglo II en que se van fijando no se puede entender en esa línea... No basta con una cita (¡y sesgada!) de Ignacio de Antioquía. No sé si se sigue tratando de ignorancia o de otra cosa.
(3) El tono del documento me suena a “aquí mandamos nosotros” y los demás a obedecer. Quizá me equivoque de "tono", pero creo que en esa línea, nuestra forma actual de iglesia va camino de perder toda relevancia, convirtiéndose en un fósil de su rico pasado. A pesar de todo eso, como he dicho, nunca he querido ni quiero luchar contra la Iglesia de Compostela, pues seguimos en el mismo barco, con la memoria de Santiago el Zebedeo.

Este es un tema que desarrollé con toda fuera hace vente años (1997), cuando escribía un libro titulado Sistema, libertad, iglesia, las Instituciones del Nuevo Testamento… (Yo era por entonces Catedrático de la Univ. Pontificia de Salamanca y Presbítero de la Iglesia, en la Orden de la Merced). Es un tema al que he vuelto una y otra vez, desde perspectivas distintas, en varios escritos, y en especial en mis comentarios a los libros del Nuevo Testamento (Apocalipsis, Mateo, Marcos...).

La cuestión no es ir en contra de nada, como podía parecer en otro tiempo… No es una ciestión de crítica, pues la caída actual de “un orden sacerdotal jerárquico” de la Iglesia nos produce a la mayoría de los antiguos una gran pena. No vamos contra nada, sino a favor de una Iglesia evangélica, recreada desde Jesús y sus primeras comunidades, en el siglo XXI.

Éste es en el fondo un tema de agradecimiento y amor:

a. Se trata de agradecer a la Iglesia Clerical de varones lo que ha hecho a favor del evangelio, pero añadiendo que su tiempo exclusivo (y de poder) ha terminado.
b. Se trata de amor a los jerarcas actuales... pero de un amor activo, sabiendo que su tiempo ha terminado y que empieza una etapa nueva, que hemos de crear entre todos en resistencia y amor, en respeto y deseo de transformación (a pesar de que algunos lógicamente lo sufran....)

Por eso resulta absolutamente esencial la creación, re-creación de los ministerios, desde el mensaje pascual de Jesús, desde la raíz sacerdotal de la Iglesia. Estamos en un momento clave, ante la tarea de recrear los ministerios, algo que parece estar en el fondo del proyecto de Ch. Moreira (con sus posibles limitaciones), algo que no advierto ni de lejos en el comunicado del Arzobispado de Santiago, apoyándose en una doctrina más reactiva que positiva de Juan Pablo II, una doctrina que no es infalible en modo alguno (por más que algunos nostálgicos lo quieran) y que no está siendo “recibida” en el conjunto de la Iglesia.

En el fondo no se trata de mujeres sacerdotes, si o no, un tema que no es simplemente secundario, sino incluso ridículo (sí, he dicho ridículo). El tema es el de recrear los ministerios cristianos, desde el nuevo "sacerdocio laical" de Cristo, en la línea de Pablo o de Hebreos, en la linea del mismo evangelio "petrino" de Mateo.

En esa línea me atrevo a retomar el motivo y tema de ayer, desde la nueva perspectiva abierta por la entrevista de Ch. Moreira y por la respuesta del Arzobispado de Santiago. Comienzo hoy con Pablo, con el deseo de contribuir al surgimiento de unos ministerios que, recogiendo y trascendiendo veinte siglos de historia, puedan seguir siendo "cristianos".

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Pedro Migual Lamet: No sé cómo amarte

10.03.17 | 12:25. Archivado en libros, Jesús, mujer, Amigos, la voz de los

Pedro Miguel Lamet, No sé cómo amarte. Cartas de María Magdalena a Jesús de Nazaret, Mensajero, Bilbao 2016 (376 págs).

Mi primera respuesta fue de emoción apasionada, que iba creciendo a medida que P. M. Lamet recreaba la historia de María de Magdala, maltratada por su padre y por su entorno, sin más salida que dejar su casa y mantener la vida (su vida) con la moneda de opresión y compra-venta de su cuerpo, por simple y supremo afán de supervivencia, cumpliendo el primer mandamiento de Gen 1-2: vivid… (ella no pudo cumplir el segundo, y multiplicaos, porque mujeres de su condición no tienen hijos, pues no encuentran hombre ni amor para tenerlos).

Pero no encontré un "momento interior" para escribir una reseña de esta “novela”, porque me considero amigo de P. M. Lamet (y es difícil escribir de los amigos), y porque he vivido y vivo inmerso, desde hace muchos años, en la trama religiosa y literaria de María Magdalena, la mujer que el evangelio presenta como “amiga” de Jesús, en la línea del “discípulo amigo” (varón o mujer), a quien la tradición de Juan y después el conjunto de la Iglesia ha identificado al menos veladamente con uno de los “doce” apóstoles, varones enviados a predicar el evangelio.

No tenía distancia ante Pedro Miguel ni ante su tema... y he dejado que pasaran los meses antes de ponerme a comentarla, pero ahora, de pronto (8.2,17), día internacional de la mujer trabajadora, he sentido el impulso de volver a leerla, entrando en su trama interior de mujer amante. Ciertamente, el buen trabajo define a la mujer, pero más le define el buen amor, su capacidad de ser amada.

Así he dedicado a María de Magdala, con P. M. Lamet (y en el fondo con Jesús de Nazaret) las mejores horas de esta repentina primavera de Castilla, con los prunos en flor, con los jacintos amorosos y las yemas abiertas del lilar del patio.

Una de las promesas de esa primavera 2017 ha sido de nuevo el libro de P. M. Lamet sobre María Magdalena, y quiero presentarlo, como lectura gozosa del tiempo de Pascua que llega, tiempo propicio para iniciar el camino del amor.

Esta María Magdalena de P. M. Lamet empieza diciendo no sé cómo amarte.... pero a medida que vamos leyendo descubrimos que ella sabe y que nos enseña a amar, si es que así queremos, y nos enseña a descubrir y revivir la primavera, preparando, con las flores tempranas de la imagen, la Gran Flor de Pascua, que el Cristo del Amor, a quien amamos, sin saber nunca amarle del todo, desde este lado del río de la vida.

Gracias, Pedro Miguel, por el libro... gracias contigo a al editorial Mensajero, por haberlo publicado así, de forma profesional y amorosa, para que podamos descubrir una de las caras más brillantes de ese poliedro del Amor que es el Cristo de María Magdalena, el Cristo de millones y millones de personas que decimos con ella "no sé cómo amarte", y al decir, seguimos caminando, pues el mismo amor nos hace capaces no sólo de trabajar, sino también de vivir buscando en esperanza, atraídos por el mismo Amor.

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Dom 18.12.16. Adviento, una Mujer Embarazada

Domingo 4º de Adviento. Ciclo A. He comentado los domingos de Adviento de este año con textos y signos del profeta Isaías: de las espadas forjarán arados, juntos pacerán el lobo y el cordero....

Pues bien, el mayor de todos , cuarto cirio de Adviento, árbol de la Navidad es una Muchacha Embarazada, que va a dar a luz a un niño y le pondrá por nombre Emmanuel, Dios está con nosotros.

Es una simple una mujer gestante, sin marido conocido, firme en medio de la guerra, en una ciudad asediada como Alepo... Así estaba Jerusalén en aquel tiempo, en medio de la guerra entre sirios y samaritanos con judíos, como verá quien siga leendo... Una mujer que cree en la vida entre las bombas, que cree en el "Dios" que le ha hecho fecunda, simplemente una muchacha, todo el universo.

En el centro del gran huracán de la lucha entre los pueblos, del hambre y la venganza, caminando, refugiada entre ruinas, quizá en una patera, ella mantiene su fidelidad al hijo que nace, que es hijo de Dios, siendo hijo de todos y de nadie en este mundo, y le pone como nombre Emmanuel, Dios con nosotros.

Éste es uno de los signos más fuertes de la historia humana, el signo supremo de la Navidad. Es el signo de todas las madres que acogen al niño de su entraña, a pesar de que no tengan marido (como José), a pesar de que los reyes de la tierra no se ocupen de ellas, ni de sus hijos, sino de ganar sus guerras.

Entre los 30.000 niños que mueren cada día de hambre y desamparo social, sin nadie que les acoja, en ciudades asediadas, en cambios de refugiados... en villas de miseria, hoy celebramos (con ellos, por ellos, para ellos) al niño acogido por una mujer/madre, un niño que vivirá para que un día no mueran los niños del mundo.

Esa madre con niño, ese niño que nacerá en cada ser humano que nace y empieza sufriendo, es la mayor protesta y esperanza de la historia humana, la revolución definitiva de la vida.

No todo es malo en la tierra. Hubo una madre embarazada que decidió acoger al niño y llamarse Emmanuel. Ayudar a esa madre y a todas las madres con niño, y a todos los niños que no tienen ni siquiera madre capaz de acogerles: eso es Adviento, eso será Navidad. Feliz domingo de esperanza a todos

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Amores que no todos entienden (X. M. Carvallo)

12.12.16 | 15:43. Archivado en mujer, Amigos, la voz de los, María, Adviento - Navidad

Xosé Manuel Carvallo Ferreiro, colega y amigo, algo más joven que yo (nació en 1944), pensador y escritor, un hombre infatigable, que nos invita a celebrar de nuevo la Navidad como fiesta de María, con amores que no todos entienden.

Escribe en galego, como la gente de su tierra, por eso le he pedido que traduzca el texto, pues la mayor parte de mis lectores lo entienden mejor, y así lo ha hecho, a ruegos de un amigo común (Xosé Carlos Enríquez), a quien agradezco su gentileza.

¿Qué voy a decir de Xosé Manuel? Quien quiera seguir sus publicaciones vaya a su "Cerra", o busque las noticias de su biografía, que presento al final de esta postal.

No necesito presenta su trabajo, que hago totalmente mío, no sólo por su contenido, sino por su estilo, por su cercanía humana, por la magia gallega, cristiana y humana de su lenguaje.

Es un lujo que haya habido y que haya "curas" rurales como Xosé Manuel, hombres de cultura universal, y al mismo tiempo cercanos a su tierra y a sus gentes. Hombres abiertos al mundo entero... y sin embargo (¡por eso!) tan cercanos a la vida de los últimos labregos, que llevan con honor la historia de su tierra, la historia de todos los hombres, tal como se ha vivido y se vive en los campos de Galicia, en las entrañables tierras de Lugo.

Graciñas, Xosé Manuel, por ser quien eres, por escribir como escribes, por buscar siempre la verdad, por ilusionar a todos con tu cercanía, tu inteligencia, tu magia.

Boas Festas de Nadal. Que el año nuevo que entra te conserve así de vigilante y vivo, en medio de tu enfermedad. Uma aperta. Xabier

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Dom 5.11.16. Libertad de mujer, contra un matrimonio saduceo (levirato)

Dom 32º. Lucas 20, 27-38. El texto del domingo en uno de los más complejos de toda la Biblia, y en especial del Nuevo Testamento.

-- Se ocupa de temas eternos: mujeres y maridos, matrimonio y muerte, herencia económica y libertad de la mujer...
-- Trata básicamente de las mujeres, que pueden ser por fin libre, sin estar al servicio de sus maridos (pudiendo así amarles, y amarse ambos, en libertad).

Evidentemente, podemos y debemos criticar (como ha hecho Jesús) la ley de fondo del pasaje: el cuñado tiene que casarse con la viuda para dar hijos al hermano muerto y para asegurar así la transmisión de la herencia de la tierra. Pero sólo podemos hacerlo si la comprendemos y valoramos primero, para superarla después, desde la visión de un Dios que es Dios de Vida, es decir, de hombres y mujeres en libertad personal.

Así lo haré, presentando con cierta detención este pasaje, defendiendo en un plano antiguo la ley del levirato (por algo la introdujo en su momento la Biblia), como he puesto de relieve en mi libro La Familia en la Biblia, cuyo texto aquí retomo y elaboro.

Según la ley del levirato el matrimonio está al servicio de la descendencia del marido y de la herencia (es decir de una economía de varones ligada a la producción y mantenimiento de lo producido). En ese engranaje de herencia de la tierra y estirpe se sitúa la mujer, que no tiene en sí valor propio, como persona.

Precisamente para impedir (¡en un nivel de ley machista!) la lucha por la herencia (y para confirmar la autoridad de los varones) en una sociedad patriarcalista (¡el padre mantiene su “nombre” por los hijos!), se ha establecido la ley del levirato, aunque ella pueda aparecer también y sea garantía de seguridad para las mujeres: (Una viuda sin hijos carece de protección y derechos civiles; para defenderla, ofreciéndole una casa y descendencia, la desposa su cuñado).

Mirada así, esa ley del matrimonio saduceo resultaba necesaria en un mundo patriarcal, dominado por el tema de la herencia La viñeta (recreada por M. Cerezo) pone a la chica de negro entre siete varones levires, que disputan por ella, mientras Jesús discute con con el maestro saduceo, haciendo que lea bien el Libro.

Pues bien, es aquí donde se introduce la respuesta de Jesús, que implica una inversión y conversión total de la “ley” del levirato, de manera que sea posible y deba surgir un matrimonio de evangelio, donde la mujer sea libre y ambos, varón y mujer, estén al servicio de la vida, esto es, sean ellos mismos.

La existencia de un Dios de la Vida y la esperanza de la resurrección de los muertos (es decir, de la llegada del Reino de Dios) libera a la mujer como persona, liberando al mismo tiempo al hombre (al varón patriarcalista), de manera que vivan ambos al servicio de su misma vida, es decir, del Amor que es Dios, por encima de leyes como aquella del levirato, que les ataba a la rueda del poder, y de la esclavitud económica.

(Desde esta perspectiva se vuelve imposible la imagen de portada de mi libro, con las tres mujeres al servicio de la herencia de Abraham, por más santa que esa herencia sea).

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Lutero y la Virgen María, el Magnificat (con E. Tourón)

25.10.16 | 00:12. Archivado en Teólogos, mujer, Amigos, la voz de los, María

Quiero recordar, con cierta anticipación, dos fechas importantes en mi vida. (a) Una es la muerte de mi amigo y colega Eliseo Touron del Pie, hace 20 años. (b) Otra es el quinto centenario del comienzo de la Era Protestante, con M.Lutero (hace quinientos años). Ambas se vinculan en María, y más en concreto en el Magnificat.

1. Eliseo Tourón del Pie falleció el 27 de diciembre de 1996, en plena madurez, siendo decano de la Facultad de Teología de San Dámaso de Madrid, tras unos años de sufrimiento de enfermedad y teología, el que tuve la suerte y privilegio de acompañarle con gran intimidad.

2. Martín Lutero, que era monje agustino, publicó el año 1517 sus famosas tesis la justificación, las indulgencias y la reforma de la Iglesia. Fueron en un plano desafortunadas, por la ruptura que surgió tras ellas. Fueron en otro muy afortunadas, porque abrieron y siguen abriendo un camino de reflexión y reforma para las iglesias (incluso, y en especial, para las de tipo luterano).

Anticipándome a las fechas, quiero recoger hoy un trabajo de Eliseo Tourón sobre El Magnificat en Lutero (Ephemerides Mariologicae 44 (1994) 371-390). Le acompañé a pensarlo e incluso a perfilarlo, de manera que lo considero mío (siendo totalmente suyo). Conservo un borrador texto y así lo quiero publicar (sin notas eruditas), por tres motivos:

a) Por recordar al entrañable amigo y profesor Tourón del Pie, ahora que van a cumplirse los veinte años de su muerte, tras una vida rica en docencia y humanidad en Roma, Poio, Salamanca y Madrid (San Dámaso).

-- (b) Por anticipar las celebración conjunta de los 500 años de la Reforma Protestante, que no ha culminado todavía, no ha cumplido todas sus promesas, ni ha logrado conducirnos a un diálogo más fuerte, a un compromiso más sincero de todos los cristianos.

(c) Por retomar con Lutero y Tourón el signo de María, la primer cristiana de la historia. Tourón fue amigo del alma, estudioso de María. Lutero sigue siendo profeta en teología, y así quiero recordarle con Tourón, retomando su comentario al Magnificat de María,Madre de Jesús, el canto de los pequeños que aman a Dios y creen en el poder de su brazo.

Todo lo que sigue es básicamente de Eliseo Tourón de Pie, todo ello quiere ser un recuerdo y homenaje de Lutero. El trabajo es algo complejo, en sus dos primeras partes. El lector menor interesado puede pasarlas por alto, para ir a la tercera donde se expone más cordialmente el "calor mariano" del comentario de Lutero.

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16.8.16. Muerte y resurrección: La Asunción de María

13.08.16 | 17:20. Archivado en mujer, Nuevo Testamento, Amigos, la voz de los, María

La Iglesia católica celebra este día el "dogma" de la Asunción de María, que se inscribe dentro del misterio de la Resurrección de Jesús, en una línea que está abierta a todos los creyentes, es decir, a todos aquellos que reconocen el carácter ejemplar de su camino creyente.

En la conciencia de la Iglesia Católica, María, la madre de Jesús, ha sido la primera que ha muerto y resucitado con él, no en un sentido cronológico, sino de experiencia y comunión creyente. Eso significa que María no ha muerto sola, ni ha "resucitado" tampoco de una forma aislada, sino que lo ha hecho con Jesús, su Hijo, abriendo un camino de comunión y esperanza para todos los cryentes.

En esa línea, pienso debemos hablar de la muerte y resurrección (elevación o plenificación) de María, como signo y promesa de resurrección para todos los que confesamos el misterio de Jesús (para todos los hombres y mujeres). Hay otras figuras importantes en la Cristiandad, empezando por Pedro y Pablo, por Juan Bautista y los profetas de Israel, pero entre todos loa iglesia destacado el camino creyente de María, por connaturalidad, por respeto a la historia de Jesús, por agradecimiento creyente.

Por eso quiero elaborar hoy algunas reflexiones en torno a la Muerte y Resurrección (Asunción) de la Madre de Jesús, en una línea más bien antropológica, sin detenerme en datos bíblicos, ni en dogmas de la iglesia.

-- Históricamente, tras la muerte de Jesús, María formó parte de la comunidad judeo-cristiana de Jerusalén, donde fue venerada como Gebyra (Madre del Señor). Allí debió morir, siendo enterrada, posiblemente, en el lugar que ahora se llama Basílica de la Asunción (junto al torrente Cedrón, cerca del Huerto de los Olivos).

La imagen 1 recuerda el lugar donde ella fue enterrada, conforme a una tradición que parece fiable. Los creyentes de su comunidad (los judeo-cristianos de Santiago) buscaron para ella un sepulcro honroso, en la zona baja de la ciudad de Jerusalén, fuera de las murallas.

Allí se mantuvo la tradición de la vida y muerte de la Madre de Jesús, en el contexto de una iglesia judeo-cristiana, que mantuvo cierta independencia respecto a las Iglesias helenistas.

La imagen 2 , la fachada de la actual Basílica de la Asunción, con el lugar de la tumba de María, que está en manos de Cristianos ortodoxos orientales. Es una Iglesia humilde, de origen antiguo, con fachada románica "occidental", del siglo XII, construida en tiempo de las cruzadas. Sigue siendo la Iglesia mMriana más importantes de la Cristiandad, aunque los cristianos católicos no la tengamos muy en cuenta y "prefiramos" a veces los modernos santuarios Marianos, desde Santa María la Mayor de Roma, hasta las basílicas de Gudalupe (España y Méxido) Lourdes y Fátima.

-- La iglesia helenista posterior, partiendo de los evangelios de Lucas y de Juan, puso de relieve el valor simbólico de la Madre de Jesús, por su decisión al servicio de la fe (de la encarnación del Hijo de Dios), de manera que ella vino a convertirse pronto en signo y testimonio de vida cristiana, tanto en Oriente (en la Iglesia ortodoxa actual), como en Occidente.

En esa línea, la Iglesia "descubrirá" y confesará más tarde que María murió con Jesús (vinculada a su misterio) y que resucitó con él (de un modo radical, no puramente físico)... De esa forma, sobre esa base, la Iglesia estableció la fiesta de su Asunción de María a los cielos.

Desde ese fondo (como heredero de las iglesias helenistas y queriendo recuperar la vida histórica de María, una mujer judía, madre querida de Jesús) quiero ofrecer en esta fiesta una simples reflexiones sobre el signo de la Asunción de María

En esa línea ofreceré una reflexión que puede inspirarse en la Imagen 3, que es el icono" tradicional de la fiesta de la Muerte y Asunción de María.

Conforme a una tradición antigua, Maria murió rodeada por los apóstoles, que fueron a despedirla. El mismo Jesús "bajó" para recoger su "alma" (su identidad personal, su vida entera, su cuerpo y alma en sentido actual) e introducirla en el misterio de la humanidad que culmina de Dios.

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Anacronismo o profecía. Encuentro nacional de Vírgenes Consagradas

Salamanca acoge (2-6 agosto 2016) el 26 Encuentro Nacional de las Vírgenes Consagradas (cf. http://www.ordenvirgenes.eu/ ) que se celebra en el Colegio Mayor Tomás Luis de Victoria, bajo el lema 'La Alianza de Dios con los hombres: una historia de misericordia'.

El encuentro que congrega a más de cien miembros del Ordo Virginum contempla conferencias, a cargo del Card. M. Ricardo Blázquez, Presidente de la CEE, de Mons. Mons Berzosa, Obispo de Ciudad Rodrigo, de Luis Carballada, prior de San Esteban de Salamanca y de Florentino Gutiérrez, vicario general de la Diócesis de Salamanca. María Joâo y Cristina Ribot ofrecerán su testimonio del encuentro Internacional en Roma y Margarita Martín y el sacerdote Alfredo Fernández, consiliario del Orden Virginum de Salamanca presentarán las vivencias.

Lamentablemente, el congreso, preparado por Margarita Martín, de Salamanca, ha encontrado poco eco en los medios religiosos, a pesar de su gran importancia, por las siguientes razones:

‒ El Papa acaba de crear una comisión para el estudio del Diaconado de las Mujeres, presidida por Mons. L. Ladaria. Ciertamente, el Ordo Virginum (Orden de las Vírgenes) no se identifica con el Ordo Diaconarum (Orden de Diáconas), pero tiene una profunda relación.

‒ El Orden de las Vírgenes es quizá la más antigua de todas las instituciones eclesiales, y así aparece fundada y fundamentadas, de forma apasionada por San Pablo en 1 Cor 7, cuando defiende la posibilidad de que las mujeres permanezcan célibes (vírgenes), por vocación personal, servicio social y consagración mesiánica.

‒ El Orden de las Vírgenes ratifica la autonomía e independencia de las mujeres, que pueden mantenerse célibes por vocación, sin depender de un padre ni de un marido, dentro de una fraternidad eclesial que les ofrece un espacio de de vida y compromiso.

‒ El Orden de las Vírgenes se relaciona con la vida religiosa femenina, pero con una diferencia fundamental. La vida religiosa es consagración en una comunidad especial, dentro de la Iglesia. A diferencia de eso, la comunidad y/o familia de las vírgenes consagradas es la parroquia o la iglesia en su conjunto (la diócesis) en cuyo contexto realizan la consagración.

‒ En un mundo como el nuestro, en el que desciende intensamente el número de vocaciones a la vida religiosa en comunidad puede y debe darse un aumento de vocaciones, tanto masculinas como femeninas a la consagración en virginidad, tanto masculina como femenina, pues ello implica una transformación esencial de las diócesis, que hasta ahora han vivido centradas, de un modo muy incompleto, en la sacramentalización clerical

‒ En una sociedad como la nuestra, que parece sexualizado hasta el extremo, con miles y millones de mujeres objeto de utilización y trata sexual, como nuevas esclavas modernas, el orden de las vírgenes puede ser un signo de protesta básico, a favor de la autonomía de la mujer, que puede permanecer soltera si así quiere, dentro de una comunidad (iglesia) que le ofrece un espacio de comunión personal y de maduración en el amor y en el servicio.

La imagen que preside el programa de estas jornadas, elegida por Margarita Martín, pone de relieve la relación entre Virginidad y misericordia. La virginidad femenina no es un signo de evasión, soledad o egoísmo, sino un medio para el desarrollo de la misericordia. La otra imagen, que aparece vinculada también al congreso, con las diez vírgenes de Mt 25 me parece menos apropiada, a no ser que se interprete bien el texto paradójico de la parábola de Mateo.

En este contexto quiero poner de relieve la gran importancia de estas jornadas que, por lo que yo sé, sólo han sido anunciadas y presentadas (y criticadas) en un periódico digital: Público. Para aquellos que quieren conocer el sentido de estas jornadas presento:

1. Programa
2. Presentación de las jornadas en Público
3. Breve reflexión personal sobre el tema
4. Ideario Oficial de las Vírgenes consagradas

Gracias, Margarita, por tu amistas, por haber compartido conmigo el icono de las jornadas y por tu ejemplo de fidelidad personal en la Iglesia.

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22.7.16. Apostolorum Apostola, Santa María Magdalena

22.07.16 | 11:32. Archivado en Iglesia Instituciones, mujer, Cristología, Evangelios, Mnisterios

La Congregación del Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos, por deseo expreso del Papa Francisco, ha elevado la memoria de santa María Magdalena a la categoría de fiesta en el Calendario Romano General (22 de julio), creando para ello, por deseo del mismo papa, un prefacio propio titulado Apostolorum Apostola (Apóstol de los apóstoles), donde se dice que ella ha sido la iniciadora de la misión cristiana, realizando una tarea superior (y anterior) a la de los mismos apóstoles. Cf. texto vaticano, en latín, con el antiguo y nuevo título de Magdalena como apóstol de los apóstoles, en
https://press.vatican.va/content/salastampa/es/bollettino/pubblico/2016/06/10/magdala.html:

En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación, aclamarte siempre, Padre todopoderoso,de quien la misericordia no es menor que el poder, por Cristo, Señor nuestro.

El cual se apareció visiblemente en el huerto a María Magdalena, pues ella lo había amado en vida, lo había visto morir en la cruz, lo buscaba yacente en el sepulcro, y fue la primera en adorarlo resucitado de entre los muertos; y él la honró ante los apóstoles con el oficio del apostolado para que la buena noticia de la vida nueva llegase hasta los confines del mundo.

Por eso, Señor, nosotros, llenos de alegría, te aclamamos con los ángeles y con todos los santos, diciendo: Santo, Santo, Santo…

Este prefacio papal pone a María Magdalena por encima de presbíteros, obispos y apóstoles. Según el famoso adagio lex orandi lex credendi (la oración es el principio de fe de la Iglesia), este prefacio ha de tener grandes consecuencias en la visión de la mujer en la Iglesia y en los ministerios de la comunidad. En ese contexto, este día (22.7.16), quiero recordar la obra y figura de M. Magdalena.

(Imagen y 3. Icono tradicional de Magdalena como apóstol de los apóstoles, enseñado a Pedro con los Doce
Imagen 2: María Magdalena, patrona de los dominicos estudiantes; escalera principal del convento de S. Esteban, Salamanca).

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Dom 17.7.16. Marta y María. Sobre la mujer y los ministerios en la Iglesia

Dom 16. Tiempo ordinario. Lc 10, 38-42. El evangelio de este domingo es uno más ricos y sabios de la historia cristiana, y lo comento a modo de continuación de la postal anterior, que trataba de Marta y de la Resurrección. Hoy me ocupo de Marta y María, dos mujeres que han sido para el evangelio de Lucas y el de Juan el signo de toda la Iglesia, mirada desde su perspectiva femenina.

Una mujer (Marta) sería la mujer-obispo/diácono (es decir, la encargada del ministerio o diakonía, en la línea de los obispos). Ella ejerce así la función de "señora" de la casa (eso significa su nombre) y así organiza y dirige la comunidad doméstica, cuando las iglesias al principio eran casas grandes. Así la presenté ayer como "pareja" de Pedro o, mejor dicho, como un Pedro mujer

La otra (María) sería la mujer-maestra/testigo de la gracia (es decir, la orante y teóloga, encargada de escuchar y entender a Jesús). Ella es la que acoge la palabra, la entiende y aplica, es el pensamiento del evangelio, en la línea del Discípulo Amado.

De la vinculación y ayuda de estas dos hermanas (de sangre o de comunidad) depende la vida de la Iglesia. Ellas son al principio "toda la iglesia", entendida en perspectiva de mujer. Me gustaría que los amigos del blog meditaran sobre el tema y dijeran (leyendo lo que sigue) si ese motivo de las mujeres-iglesia ha sido conservado o se ha perdido (se ha marginado) en una Iglesia de varones donde sólo los "hombres" pueden ser obispos, presbíteros y diáconos.

El Papa Francisco ha puesto en marcha este tema de los "ministerios" diaconales de mujeres, es decir, episcopales y presbiterales, de la Iglesia, sin necesidad de mitras, pero con la autoridad creadora de los ministros de Jesús.

Hay mujeres católicas que han sido ordenadas como presbíteros y obispos en la Iglesia, como indiqué hace unos días, apelando precisamente a este pasaje. Por eso es importante leerlo con profundidad.

Estamos ante una nueva etapa de la vida de la Iglesia, que puede estar representada por esta pareja ministerial de dos mujeres liberadas por Jesús, libres para la comunidad.

Éste es un tema antiguo, que he desarrollado en este blog desde diversas perspectivas. Me gozo de poderlo ofrecer una vez más, desde una perspectiva nueva. Una vez más, dos mujeres, toda la Iglesia.

Primera imagen: Tradición medieval: Marta y María navegan con su hermano a Provenza, para crear allí la primera iglesia cristiana. Segunda imagen: dos mujeres obispos (Marta y María) de la tradición anglicana.

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Sin necesidad de orgullo ¡viva los gays!

Se está celebrando estos días la semana del “orgullo gay”, y no me siento feliz con el nombre, quizá porque soy un anticuado que ha vivido muchísimo años el régimen de cristiandad impuesta, pero me gusta que haya gays y que se manifiesten y así digo viva los gays, poniendo su bandera en la torre de la iglesia. Así lo digo en cuatro proposiciones y en unas reflexiones posteriores:

a. No me gusta el orgullo gay, como no me gusta ningún otro orgullo, ni machista ni heterosexual, ni clerical ni anticlerical, ni de varón ni de mujeres. Cada uno es lo que es, y ha de serlo con gratitud y con respeto hacia los otros, pues el ser humano se dice de muchas formas, y no hay ninguna que sea absoluta, ni mejor que las otras.

b. No me gusta el orgullo de los gays, aunque los entienda, tras un tiempo en que muchos han tenido y tienen que vivir encerrados en el armario, ridiculizados, excluidos… Todavía hoy se les excluye de los ministerios cristianos, en nombre de Jesús, con un pecado inmenso, no de los homosexuales, sino de aquellos que les excluyen por miedo, por ignorancia, por falta de humanidad y de evangelio. Entiendo pues que haya un orgullo gay, y que haya gente que salga a la calle para decirlo. Pero me gustaría que no fuera necesaria este “procesión” de gays al comienzo del verao.

c. Éste es un tiempo de pedir perdón y de dar gracias. De pedir perdón, porque muchos grupos sociales (y cristianos) han marginado y perseguido a los gays, les han hecho sufrir, les han menospreciado y le menosprecian, como si fueran enfermos o apestados a los que se debe tener encerrados en la calle. Es tiempo de pedir perdón por haberles hecho sufrir, y de dar gracias a Dios porque hay gays, personas y grupos de sensibilidades distintas. Quede este dicho.

d. Pienso que ha llegado el momento en que los gays pueden y deben ofrecer su aportación creadora a la Iglesia y a la sociedad. Por eso he puesto su bandera sobre la torro de mi iglesia. Dejo a un lado el tema social, pues ahora no me importa, me fijo en lo propio de la Iglesia. A pesar de sus grandes fiestas de orgullo, los gays siguen siendo una inmensa minoría oprimida, han sido y siguen siendo víctimas, por eso tienen una capacidad especial para entender el evangelio de Jesús, que es el evangelio de las víctimas.

Un tipo de Iglesia que quiere ser machista, centrada en el poder de sus “buenos” ministros, está perdiendo en general la capacidad de entender el evangelio (secuestra en parte desde el poder de la vieja Europa…). Ha llegado la hora de que otros, desde otros lugares personales y sociales, nos enseñan a vivir el evangelio. Entre esos otros (no como único, pero sí como importantes, aunque sin orgullo) han de estar los homosexuales.

De ellos tratan las ocho proposiciones que siguen, tomadas en parte de mi libro La familia en la Iglesia.

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La Comunidad de Magdala y el Nuevo Colegio Apostólico de Mujeres Sacerdotes

D. Lemar, autora de esta obra, se llama Te. León y ha dedicado lo mejor de su vida a la promoción de las mujeres andinas y al desarrollo de programas de formación de comunidades de base en Europa. Ha defendido una tesis doctoral sobre el pensamiento de X. Zubiri y ha sido profesora de Teología Dogmática en una de las universidades más prestigiosas del mundo hispano.

Su obra (La comunidad de Magdala, Acibel, Sevilla 2007) se mueve entre la historia del siglo I d.C., la ficción y la utopía liberadora, relacionada con las mujeres, y su papel de agentes indiscutibles, silenciadas e invisibles, dentro de las culturas y las religiones (y en especial en el entorno de la Iglesia Católica). La obra tiene dos protagonistas:

‒ La primera es María de Magdala, discípula y apóstol de Jesús de Nazaret; ella es como “papa” de una iglesia animada por mujeres que han entendido mejor a Jesús; y a ella le sigue otra mujer, Raquel de Al-Laban, y después un buen grupo de mujeres, y algunos hombres, miembros de una Comunidad muy importante y casi ignorada de cristianos antigos. Esas mujeres (que forman laComunidad de Magdala), fueron al principio marginadas, luego perseguidas y, finalmente, olvidadas y desconocidas, logrando sobrevivir a pesar de ello hasta el día de hoy, en espacios que parecen marginales (¡pero no lo son!) dentro la Gran Iglesia.

‒ La segunda protagonista es Elvira Valero Acosta, una mujer de nuestro tiempo, andaluza por más señas, que entre el siglo XX y XXI recibe el encargo de tomar el relevo en la dirección de esa Iglesia de Mujeres, que han vivido hasta ahora en ocultamiento (¡el silencio nos hace fuertes!), para redescubrir un elemento fundamental de la palabra y mensaje de Jesús que había permanecido latente, para introducirlo de nuevo en la Gran Iglesia, que sólo así alcanzará su verdad.

Se trata, pues, de retomar el impulso de la comunidad de Magdala (=Magdalia) en las nuevas condiciones de la historia de la Iglesia, animada en esa línea, hoy (año 2016), por el Papa Francisco, algo que casi no podía ni soñarse el año 2007, cuando D. Lemar escribió su propuesta (=su apuesta de Iglesia). La postal de hoy tiene dos partes, como lo indica el mismo título:

a. La primera parte (Comunidad de Magdala), ofrece el resumen del “relato histórico-teológico” de D. Lemar, con los elementos básicos de su comunidad, y su programa de actualización de la Iglesia, desde María Magdalena. No se trata de crear una nueva jerarquía (de ordenar a las mujeres sacerdotes al estilo actual, compitiendo en ese plano con los varones ordenados), sino de cambiar desde María de Magdala (con el Discípulo amado) el tipo de estructura y misión de la Iglesia actual.

b. La segunda parte trata de Nuevo Colegio Apostólico de Mujeres Sacerdotes (con algún varón entre ellas). En principio, estas mujeres no tienen (que yo sepa) un programa unitario y radical de reforma de la Iglesia (como el de D. Lemar y su comunidad de Magdala), pero da la impresión de quieren recrear el ministerio sacerdotal… (que las mujeres puedan ser obispos y papas, igual que los varones actuales, a su estilo).

Como verá quien siga leyendo, las propuestas de la Comunidad de Magdala y las del Colegio Apostólico de Mujeres sacerdotes son muy distintas... pero eso lo seguiré diciendo (si es que el tema importa) en los próximos días.

Para animar el diálogo he querido presentar una foto y programa de esas Mujeres Sacerdotes del siglo XXI, que corre por ahí en las redes. No sigo hablando de ellas, pues se ha dicho ya bastante sobre ellas, en días pasados en diversos medios.
Dicen estar ordenadas obispos y presbíteros legítimos, por sucesión apostólica, y quieren ofrecer un camino y programa complementario de Iglesia, en línea de jerarquía, como verá quien siga leyendo. Buena semana a todos.

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Jueves, 30 de marzo

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