El blog de X. Pikaza

Dom 21.5.17. Se acerca Pentecostés. Experiencia y teología del Espíritu Santo

19.05.17 | 09:59. Archivado en Dios, Jesús, Espiritualidad, Domingo, dia de la Palabra, Amor, Pascua

Domingo 6º de Pascua. Juan 14,15-21. El evangelio de hoy presenta la Pascua de Jesús como promesa y Esperanza del Espíritu Santo:

Yo rogaré al Padre y os enviará otro Defensor”, es decir, el “paráclito de Dios”, Dios mismo como Amado compañero, Consolador y defensor de los hombres.

Nos acercamos a la Ascensión del Señor, nos acercamos a Pentecostés. En esa línea quiero presentar mi reflexión dominical...que en este día tendrá dos partes bien diferenciadas:

-- (1) Un comentario exegético del evangelio, centrado como he dicho en la promesa del Espíritu Santo, analizando las palabras del evangelio, con la promesa del Paráclito, desde sus diversas perspectivas Puede servir de meditación personal o de guión para una predicación dominical.

La Pascua viene a presentarse en este contexto como experiencia de intimidad orante, Dios en nosotros. Ésta es la promesa que sostiene el camino de la historia tantas veces oscura y angustiosa de los hombres: Llega el Espíritu de Dios, la verdad auténtica, la nueva humanidad

(2) En la segunda parte quiero presentar una teología del Espíritu Santo, comentando dos obras fundamentales de H. Mühlen, que fue a finales del siglo XX el gran pensador alemán que renovó el estudio de la "Vida de Dios", hecha fuente de vida en la existencia de los hombres.

H. Mühlen fue un gran teólogo... un carismático. De esa forma pasó de la cátedra (sin dejarla) a las comunidades pentecostales católica, apostando por una renovación vivencial de la Iglesia.

Las dos partes (experiencia y teología) se vinculan. Las dos nos ayudan a pentrar en la vida de Dios que es su Espíritu. Buen domingo a todos.

Imagen 1. Un signo del Espíritu Santo. El fuego de Dios, hecho paloma...
Imagen 2. El lugar tradicional del Cenáculo y de Pentecostés en Jerusalén...

Es una estancia gótica del siglo XIV, un lugar entrañable, signo del Espíritu Dios, en la Jerusalén dividida: Al lado está el gran templo cristiano de Sión, debajo el "cenotafio" de David, revestido de negro y copado por nacionalistas judíos... y este salón del Cenáculo (construído por los franciscanos el año 1342, es ahora propiedad de un musulmán, que deja entrar a los devotos y rezar en privado, pero no celebrar liturgias...).

Buen domingo, buena espera del Espíritu Santo a todos, que buena falta nos hace.
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Tres pecados tenía la Iglesia... Salir del castillo en la cueva, vivir en libertad de amor

Quiero seguir comentando el evangelio de la Octava de Pascua. Ciclo C. Jn 20, 19--31.

Tres pecados tenía la Iglesia de Juan, y tres sigue teniendo la nuestra, según este evangelio de Pascua:
-- El pecado de hacerse castillo en la cueva cerrada, por miedo
-- El pecado de salir sólo a lo libre, sin confianza y comunión de amor
-- El pecado de olvidarse de las víctimas (fuera o dentro del castillo)

‒ El primero es el miedo: “Estaban con la puertas cerradas, por miedo a los judíos…”, como un castillo en la cueva (doble miedo). Ciertamente, en el mundo hay gente peligrosa que va y fastidia, y la Iglesia debe crear sus propios "espacios seguros" de militancia creyente. Pero ella no está hecha para cerrarse en sus colores y banderas, tras grandes muros (imagen 1: Castillo de Predjama, Eslovenia), sino para salir a la calle y ofrecer a cuerpo su mensaje y esperanza.

El segundo es el pecado de Tomás: Andar solo por libre , salir del castillo, pero a solas. Buena es la libertad eclesial, que dice a cada uno "tú eres Cristo". Pero está el riesgo de aislarse como Tomas. Mientras los demás se encierran, él va por ahí, a lo piadoso, sin comunidad, sin compromiso social, dedicado a su mística privada de cualquier guru de última generación. Ha muerto Jesús, pero no le importan sus llagas, ni el sufrimiento de los otros, sino sólo su mística particular. Tomás, el francotirador espiritual, alejado de los suyos, es el segundo pecado.

El tercero es el pecado de olvidarse de las víctimas. No se trata de cultivar un victimismo enfermizo y resentido, sino de mantener la comunión de vida con los expulsados de todos los castillos, de recordar las llagas de los heridos, no para condenar al resto del mundo, sino para crear formas de vida. No basta recordar a Jesús como un ser puramente espiritual, separado de la vida y de la entrega hasta la muerte. Es olvidarse de la herida de los pobres, de la muerte de los oprimidos… es…. Hay que asumir la historia de Jesús y de los pobres, para recrear desde ella el mundo

Pero siga leyendo quien quiera situarse ante los pecados de la Iglesia de Juan y de Tomás, que son en gran medida los pecados la nuestra. Siga leyendo y vea cómo puede superarse el "cerrojazo" de la Iglesia, que aparece ya al principio de su historia, según el Evangelio de Juan.

Que la Iglesia abra su puerta a Tomás (a los nuevos tomases místicos y libres...); que la Gran Iglesia sea espacio abierto y sin miedo, para todos los pobres llagados y los espíritus libres, como Tomas.

Y que Tomás, hermano casi gemelo del discípulo amado, primer Apóstol y Testigo de Jesús, según una potente tradición antigua, vuelva de Oriente y Occidente a la Gran Iglesia Abierta.

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Dom 14.5.17. Yo soy la Verdad.

13.05.17 | 13:11. Archivado en Jesús, Nuevo Testamento, Domingo, dia de la Palabra, Amor, Pascua

Dom 5 Pascua. Juan 14,1-12. El evangelio de este domingo, tomado de Juan, igual que el del anterior, no presenta una aparición del resucitado, sino al mismo Resucitado, que se presenta y habla en la Iglesia, diciendo yo soy el camino, la verdad y la vida.

En un primer momento resulta insoportable que alguien diga yo de esa manera, añadiendo soy el camino, la verdad y la vida. ¿Quién puede hablar así en un mundo de relativismos y de post-verdades? ¿Quién puede identificar la verdad con su vida?

Éste es un texto insoportable, pero a medida que vamos entrando en su movimiento interior descubrimos que quien habla no es un hombre ya muerto del pasado, ni un fantasma de mentira, sino aquel que ha muerto por los demás (lo ha dado todo, no se reserva nada...), de manera que entonces, sin tener nada, puede decir "yo" (el yo de alguien que no es para sí, sino que se entrega...), añadiendo: "soy el camino, la verdad, vida...

Ésta no es una voz de ultratumba (de un muerto aparecido), ni una voz de dominio, que ningunea a los demás (¡sólo yo soy, tú no eres...!), sino la voz del que se niega a sí mismo para que sean los demás, de aquel que es dándose a los otros:

Yo soy para que vosotros seáis, yo soy diciendo tú eres, vosotros sois. Es la voz del don supremo... De esa forma, ese "yo soy" (que retoma el motivo fundante de Ex 3, 14: soy el que soy, Yahvé), se convierte en Voz de la Intra-Vida, o, mejor dicho,voz de la inter-vida: la Palabra de aquel que al darse todo hace que todos sean, en amor infinito, desde la Cruz .

Algunos de los temas de este evangelio del Camino, la Verdad y la Vida del Cristo Pascual son los más importantes de la historia cristiana, vinculados a las figuras de Tomás y de Felipe, pero no quiero ni puedo desarrollarlos aquí sino fijarme sólo en Jesus como Verdad.

Hoy que hablamos de verdades y mentiras, de ortodoxias y heterodoxias, de ideologías y engaños... hoy que hablamos de la post-verdad, hay Alguien que puede decirnos y nos dice: Yo soy la Verdad.

Imagen 3, en hebreo: emunah, verdad.

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J. P. Meier, Nueve rasgos de la vida pública de Jesús

10.05.17 | 22:14. Archivado en Jesús, Nuevo Testamento, historia

Con ocasión de de la publicación del volumen sobre las Parábolas, presenté ayer una visión de conjunto del famoso libro/enciclopedia de J. P. Meier, titulado Un judío marginal. Varias personas me han escrito, pidiéndome que ofrezca una visión de conjunto de los títulos y rasgos de Jesús que él toma como fundamentales.

Ésta es a mi juicio la visión de conjunto más completa que él (J. P. Meier) ha presentado de Jesús:

“Sin duda, la última coherencia interna entre el profeta escatológico, hacedor de milagros, como-Elías, y el Hijo de David regio (el Rey davídico, el Mesías davídico) sigue siendo elusiva, si no es insoluble. Quizá no exista una coherencia interna, de tipo teórico. Quizá los esfuerzos académicos de occidente no hagan más que descargar su frustración ante un antiguo profeta semita a quien no le importaba la coherencia de su mensaje y de sus acciones. O quizá la conexión y coherencia sean puramente personales y existenciales y dependan de la forma en que cada entienda la persona, el mensaje, la visión y las opciones finales de este judío enigmático llamado Jesús.

Ningún judío individual de los que podamos identificar, que viviera en Palestina, en aquel tiempo de cambio de era, ha encarnado en sí mismo y, ciertamente, en una carrera que sólo ha durado unos pocos años esta variedad de funciones:

1. predicador itinerante,
2. profeta escatológico,
3. heraldo del Reino de Dios,
4. hacedor de milagros (así se le suponía),
5. maestro e intérprete de la Ley de Moisés,
6. maestro de sabiduría y tejedor de parábolas y aforismos,
7. gurú personal y líder de una banda itinerante de discípulos, varones y mujeres,
8. profeta judío de Galilea, que terminó siendo crucificado en Jerusalén por el prefecto romano, a causa de su pretensión de ser Rey de los Judíos
9. Hijo-de-David.

Simplemente en un nivel histórico, dejando aparte cualquier visión de fe o cualquier pretensión teológica, la combinación anterior de tantos factores diferentes resulta asombrosa. A todos ellos, debemos añadir éste último: se presentó al final como Hijo de David.

(cf. J. P. Meier, Del Profeta como-Elías al Mesías real davídico, en D. Donnelly (ed.), Jesús: Un coloquio en tierra santa, Verbo Divino, Estella 2004, 107-108).

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J. P. Meier, Un judío marginal V. Las autenticidad de la parábolas

Es el mayor Regalo de Biblia de estos últimos años, el tomo V de J. P. Meier: La autenticidad de las parábolas a examen (Probing the Authenticity of the Parables).

La edición inglesa había aparecido hace un año y cuatro meses (enero 2016), y los más interesados pudimos estudiar, conocer y admirar su contenido. Pues bien, Verbo Divino ha querido y podido traducirla y publicarla en castellano, en un tiempo record, con exactitud, belleza y eficacia.

Es una obra grande, rompedora, incluso compleja y discutida, pero resulta indispensable para todos los que quieran estudiar de un modo crítico (en sentido histórico y literario) las parábolas de la tradición de Jesús, como anuncia Verbo Divinohttp://www.verbodivino.es/libro/4590/un-judio-marginal-nueva-vision-del-jesus-historico-v ), ofreciendo para el lector interesado el índice completo, con las 52 primeras páginas de introducción, que ofrecen el enfoque general, los problemas de fondo y las conclusiones fundamentales.

Quien lea el índice y la introducción querrá entrar inmediatamente en la obra, pues contiene unos análisis y abre unos horizontes que nadie había ofrecido hasta el momento, ni en el mundo católico, ni en el ortodoxo o protestestante, en una línea abierta a los agnósticos o ateos (conforme al símil del principio de la obra: un Concilio creyentes y no creyentes, en torno a Jesús).

Yo conocía la edición inglesa, pues su método y temao resultaba indispensable para mi trabajo bíblico, y debo confesar que su contenido me había empezado chocando y enriqueciendo, tanto por su radicalidad como por sus conclusiones: Conforme a la visión de J. P. Meier, sólo se puede afirmar que son auténticas cuatro parábolas de Jesús (grano de mostaza, talentos,invitados a la cena y viñadores homicidas).

Una y otra vez he leído su argumento y desarrollo, con sus conclusiones y, sin aceptarlas del todo (como diré en la conclusión) he de afirmar que se trata, como he dicho ya, de una obra indispensable para todo aquel que quiera estudiar el sentido de las parábolas y situarlas en la historia de Jesús.

Ahora, con la traducción castellana más a mano, podré valorar mejor sus posibles limitaciones pero, sobre todo, su inmenso valor histórico-literario, que me permite conocer no sólo el mensaje de Jesús, sino también la reflexión del principio de su Iglesia, enseñándome algo que me había pasado en este campo un poco inadvertido, y que puedo resumir en tres proposiciones:

1. Jesús fue un gran "narrador de parábolas", y las cuatro que J.P. Meier destaca como auténticas (no todas las que él dijo, sino las que podemos tomar críticamente como originales) le presentan como un inmenso creador literario, desde la trama y proyecto central de su vida.

2. Las parábolas han sido el primer y más hondo lenguaje de la Iglesia primitiva, en su vertiente palestina (=judeo-cristiana), a diferencia de la iglesia helenista de tipo más paulino, que ha desarrollado más otros lenguajes de tipo kerigmático. Éste es el "milagro": Más que lenguaje exclusivo de Jesús, las parábolas son la más intensa palabra de la Iglesia, que siguió siendo por decenios una iglesia de narraciones simbólicas abiertas a la conversión y compromiso de los creyentes mesiánicos.

3. Eso significa que debemos recuperar las parábolas, como lenguaje vivo de la Iglesia, en este siglo XXI. En general, la Iglesia posterior, desde el siglo II en adelante, ha creado otros lenguajes buenos (catequético, litúrgico, dogmático, teológico, moralizante...), pero ha olvidado las parábolas, las ha dejado atrás, como algo del pasado.Pues bien, sólo recuperando y recreando las parábolas de Jesús (y otras en su línea) podremos retomar la "marcha" y mensaje creador del evangelio.

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San Pedro de Pascua: Vidente, Convertido, Amigo

No hablo aquí del Pedro pre-pascual, a quien Jesús llamó Piedra (¿duro, vacilante, como guijarro del camino), Satanás (tentador, contrario a los pensamientos de Dios) y Negador, anunciando que le negaría (como hizo) por tres veces.

Aquí presento más bien a San Pedro Pascual (Pedro de la Pascua), el apóstol de Jesús (no el santo mercedario de ese nombre, martirizado en Granada el año 1300). Ciertamente, la Iglesia no es Pedro, sino Jesús. Pero Pedro es importante en el principio y en la historia de la Iglesia, y así quiero presentar sus tres notas más características, en el principio de la iglesia, y también en el momento actual, fijándome de un modo especial en el Papa francisco, a quien veo también (quiero ver) como el vidente, convertido y amigo.

1. Pedro es, ante todo, un "vidente", alguien que ha visto a Jesús, como dice Pablo en 1 Cor 15. Aprendió a verle de un modo distinto, en pasión interior de "afirmación", más allá de una pura "mindfulness", en transparencia radical.

2. Pedro es además un convertido: alguien que aprende a pensar de un modo distinto, en la línea de una fuerte meta-noia, de una transformación del pensamiento y de la vida. Pedro se ha dejado "dar la vuelta", como un calcetín a quien el mismo Dios pone al derecho, pata que así sea y viva al servicio de los otros, desde el Cristo.

3. Pedro es finalmente el amigo. no un amigo más en el montón, sino el amigo a quien Jesús confía una tarea y testimonio de amistad que, en lenguaje antiguo se llama cuidar a las ovejas y en lenguaje evangélico amarlas, amar a los demás, sino más oficio ni ejercicio que ese.

Videntes, convertidos, amigos... Eso hemos de ser los cristianos. En esa línea quiero retomar la experiencia pascual de Pedro, que supo ver, convertirse y amar.

Imagen 1, de Frère Yves, Jesús "lava" a Pedro, le convierte
Imagen 2,de Duccio, Jesús llama a Pedro Amigo en la barca pascual

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La pascua del pastor. Pedro ¿Me amas?

El seervicio de pascua es, ante todo, una experiencia de amor, como Jesús ha pedido a Pedro, el "primer papa". En esa línea quiero ampliar y completar el comentario bíblico de ayer sobre "el Buen Pastor" (Dom 4 de Pascua, Jn 10, 1-10), a partir de tres principios.

-- No está está el rebaño al servicio del pastor, sino el pastor al servicio del rebaño. El pastor bíblico y cristiano no vive del rebaño, sino para el rebaño, en gesto de amor que no es imposición sino experiencia de vida compartida.

-- El pastor bíblico/cristiano no es jefe, sino amigo. Conoce a las "ovejas", que son sus amigas (las conozco, me conocen...). Por eso dice: "No os llamo siervas, sino amigas..." porque es digo todo lo que sé (que es amar).

-- En esa línea, como sabe San Juan de la Cruz, el pastor dice: !Ya no guardo ganado, que ya sólo en amar es mi ejercicio! (Cántico). Ésta que así dice no es pastor, sino pastora, hombre y/o mujer que ama.

En esa línea se entiende la Pascua, como descubrimiento de aquello que Dios nos ha dado en Jesús y que nosotros podemos podemos darle, como ha puesto de relieve el evangelio del amor de Pedro, a quien Jesús le dice sin rubor (de hombre a hombre, o de mujer a mujer etc): Pedro ¿me amas? (Jn 21).


Pedro y los otros discípulos de Jesús pensaban que con la resurrección se resolvería todo. Pero descubren que la resurrección es una tarea de amor. Ser capaces de acoger el amor y responder amando, eso es resucitar.

Así lo ha fijado el evangelio de Juan en la figura de Pedro, que ha sido un hombre especial, pero que es, al mismo tiempo, el signo de todos los cristianos. Conforme a esta visión, todos somos "papas", es decir, todos somos Pedro: podemos amar porque somos amados, asumiendo así con Pedro la tarea del amor.

En esa línea, como diré mañana, aplicando el tema a la escuela (comentando la segunda imagen), todos los cristianos hemos de ser "profesores de amor". Hemos "profesado" en amor, no en la línea de los profesionales que realizan un oficio externo, sino como los amigos verdaderos que son lo que enseñan y enseñan lo que son. Buen fin de semana de Pascua para todos

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Dom 7.5.17.Buen Pastor, una imagen bella e inquietante

03.05.17 | 20:00. Archivado en Jesús, Nuevo Testamento, Domingo, dia de la Palabra, Pascua

Domingo 4º de Pascua, el Buen Pastor. El argumento pascual de este domingo no es una aparición de Jesús resucitado a las mujeres o discípulos, sino la experiencia de Jesús-Pastor que dirige y guarda, anima y protege a sus amigos que, conforme a un símbolo usual del oriente, aparecen como ovejas.

No voy a comentar de un modo completo el evangelio (Jn 10,1-10), ni tampoco la segunda lectura ( 1 Pedro 2, 20b-25), sino el tema de Jesús pastor y de los "ministros" de su evangelio quienes, según Jesús, deberían ser "buenos pastores", poniendo su vida al servicio de las ovejas.


La iglesia posterior sigue empleando la imagen del pastor, y así habla de la pastoral, como expresión de servicio o gobierno cristiano. En esa línea, los protestantes han abandonado en general el tema del sacerdocio , pues sólo Jesús es para ellos sacerdote, y así presentan a sus ministros como pastores de las comunidades.

Éste ha de ser el sentido del "mando cristiano": Un ejercicio de pastoreo, al servicio de las ovejas (con olor a oveja como dice Francisco), pues, en sentido evangélico, no son las ovejas para el pastor, sino el pastor para las ovejas.

-- Esta es una imagen bella, propia del entorno del Mediterráneo y de otros lugares, donde puede hablarse de diversos tipos de pastores (cabreros y ovejeros, boyeros y vaqueros, camelleros etc).

-- Pero es, al mismo tiempo, una imagen inquietante, que puede hallarse en gran parte superada, siendo ya anacrónica (el mundo de los viejos pastores está terminando...). En el mundo moderno, los pastores han perdido (o están perdiendo) su vinculación personal con las ovejas (o las cabras, las vacas y los cerdos...), para convertirse en sueños superiores, que se imponen y dirigen a sus animales con medios técnicos...

-- Y puede ser también una imagen injusta, pues los fieles (los cristianos) no son ovejas ni cabras, animales que han de ser pastoreados (llevados a sus pastos...), sino personas libres, como sabe el mismo Jesús cuando dice "ya no os llamo siervos, ni ovejas ovejas, sino que os llamo amigos", pues he querido compartir con vosotros todo lo que Dios me ha dado, todo lo que tengo.

Ésta acaba siendo la gran paradoja del pastor del evangelio, que no manda ni se impone desde arriba sobre las ovejas, sino que las conoce por su nombre y las quiere con amor, de un modo inmediato... dando la vida por ellas. Por eso, lo que importa no son los pastores, sino las ovejas, a cuyo servicio han de ponerse los pastores.

(Por eso una imagen de pastores vestidos gala..., como si estuvieran ocupados de sí mismos, acaba siendo para muchos extraña y contraproducente).

En ese sentido, el buen pastor no manda sobre las ovejas, sino que son las ovejas las que mandan sobre el pastor, que debe someterse a ellas (esto es, ponerse al servicio de ellas).


Este inversión (no son ovejas para el pastor, sino el pastor para las ovejas...) define la tarea de la "pastoral cristiana", que nos sitúa en el centro de la experiencia cristiana de la actualidad, dentro de la gran crisis política y social, en un mundo donde parecemos gobernador por lobos (imagen).

En otro tiempo, reyes y obispos, podían aparecer como "pastores", de manera que ellos tenían autoridad sobre las ovejas, y quizá lo hacían bien. Per ¿quién se atrevería a llamar hoy "pastores" a los reyes y políticos de turno (Rajoy o Trump, Iglesias, Isabel II o a Putin...?

Pues bien, muchos "pastores cristianos" (obispos, presbíteros...) no se han dado cuenta de este cambio evangélico... y piensan que son ellos los que mandan sobre las ovejas, y no es así: ¡No son los pastores los que mandan sobre las ovejas, sino ellas, las ovejas, las que mandan sobre los pastoes.

El tema de fondo de esta imagen del pastor y de rebaño.... es luminoso, pero está necesitado de un tratamiento serio. Por eso he querido volver a sus orígenes bíblicos, para que cada lector lo replantee. Buen domingo a todos. Seguimos en Pascua... la pascua de los pastores.

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Quinientos hermanos. Somos Pascua de Jesús, una Fiesta de Vida

Según los evangelios, la Pascua ha comenzado siendo la experiencia de unas pocas mujeres amigas que han buscado a Jesús en la tumba, y han encontrado la tumba y vacía, descubriendo que su amigo, Jesús, ha resucitado, no está allí, no es muerto de tumba:

No está aquí, ha resucitado, no es muerto de tumba;
no está aquí, ha resucitado, y vive en vuestra vida.
Vosotras mismos sois la pascua de Jesús, su vida nueva.

Ellas, las mujeres amigas, que le aman por encima de la muerte, son la Resurrección de Jesús. La pascua es encuentro personal, la presencia de Jesús crucificado por amor en el amor de aquellos que le aman. Y viven por él, descubriendo de esa forma Dios, como aquel que le ha resucitado de los muertos.

La Pascua es Jesús vivo en los que viven con/por él, y así podemos hablar de los diversos protagonistas de su resurrección: Magdalena, Pedro, los Doce, Santiago, Pablo…. Ellos son la resurrección de Jesús, fiesta de amigos, de quinientos hermanos y hermanas, que cantan y bailan, con él y por él (cf. 1 Cor 15).

Así lo dice dice Pablo, a los veinticinco años de la muerte de Jesús, afirmando que él se mostró (se hizo visible) en quinientos hermanos, es decir, al conjunto de la Iglesia, representada por ellos. En esa línea, todo el Nuevo Testamento sabe que la pascua ha sido y sigue siendo una experiencia eclesial, abierta al conjunto de la comunidad, es decir, a todos los cristianos, que "ven" a Jesús y al verle viven.

En esa línea podemos definir a los cristianos como aquellos que han visto a Jesús, es decir, que han descubierto su presencia pascual en el mismo despliegue de la nueva comunidad, en la comunión de los hermanos que le recuerdan y continúan realizando su obra de Reino. Los cristianos son (somos) por tanto experiencia de resurrección.

a) Resurrección es "ver" a Jesús, sabiendo que él vive en nuestra vida, superando así la muerte. Es un modo total de descubrir, comprender y rehacer la vida de Jesús en nuestra vida, como palabra de Dios…. No es ver a otro, sino al mismo Jesús, de otra manera: Es descubrir su identidad (superando la muerte, en el fondo de la muerte)
b) Resurrección es responder a Jesús: Acoger a Jesús resucitado y dejarnos transformar por él, rehaciendo de esa forma la Vida de Dios en nuestra vida, por medio de Jesús:
-- Nosotros mismos somos la resurrección de Jesús. Somos en algún sentido el
mismo Jesús resucitado
-- La resurrección es en algún sentido Dios: La vida que nace de la muerte...La
resurrección es Jesús (Yo soy la resurrección y la vida. La resurrección
somos nosotros, viendo a Jesús La Pascua es la transformación de la propia

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-Tolerancia cero, juicio claro/justo y perdón que recrea

Según noticia oficial del pasado 20.4.17,

“el R. P. Pedro M. L. A. (ex-general de su Orden Religiosa), por decreto emanado de S.S. Francisco, ha sido dimitido del estado clerical y de la Congregación religiosa, por lo tanto ya no es más sacerdote ni religioso de la Orden. Esta decisión, que es inapelable, apenas conocida ha sido informada al ex sacerdote y se ha decretado después de un atento estudio del caso denunciado el año 2013, dado el grave daño a la dignidad sacerdotal y a los compromisos religiosos” (http://noticias.iglesia.cl/noticia.php?id=33506).

Se trata de una noticia importante, pues el R. P. M. L. A. ha sido General de su Orden y hombre significativo de la Iglesia de Chile (postulado en su tiempo como obispo de Calama).

El caso y sentencia se produce en una Iglesia “ejemplar”, donde siguen pendientes (noticia casi diaria de prensa) varios casos de ese tipo. Su “condena” puede servir así de ejemplo (para bien y para mal) de otros pendientes, en los que se está poniendo en juego la misma viabilidad (pecado, justicia y capacidad recreadora) de la Iglesia Católica en cuento institución clerical.


El caso me afecta en especial porque el R. P. Pedro M. L. A. ha sido mi amigo y superior, y se comportó siempre conmigo de un modo exquisito, en justicia, humanidad y comprensión. Parece claro que tuvo en su juventud unos “deslices” fuertes por los que ahora, pasados más de decenios, ha sido juzgado y condenado, conforme a un tipo de tolerancia cero, pero con un juicio que no me parece claro y sin apertura al perdón personal y a la rehabilitación del agresor (en este caso el R. P. Pedro M. L. A.).

Por eso apelo a la triple doctrina TJP: Tolerancia cero, juicio claro y perdón que recrea no sólo a las víctimas, sino también al agresor, que en este caso es amigo mío. En vez de esa doctrina, la sentencia apela de forma altisonante “al grave daño a la dignidad sacerdotal y a los compromisos religiosos”, de un modo que me parece poco humano (¡parece que el Sábado importa más que el Hombre) y poco evangélico, pues en el evangelio importan los hombres (víctimas y también los agresores, que en otro plano son víctimas) y no la “dignidad sacerdotal etc.”.

Este “decreto de condena” (sin claridad judicial, ni perdón y rehabilitación de víctimas y agresores…) se atribuya a SS Francisco. No sé si el Papa Francisco lo sabe y se ha enterado del caso, o si le han hecho firmar “por rutina”. Sea como fuere, me parece una sentencia deplorable (¡yo la deploro!), por lo poco clara (no ha habido juicio público) y su nula finalidad evangélica (que debe ser siempre el perdón y la recreación de las personas).

Ciertamente, me parece esencial la T (=tolerancia cero), pero esa T sólo tiene sentido humano y cristiano con la J (juicio claro, con defensa de la víctima y consideración de las circunstancias) y con el P (perdón como proceso de recreación personal y eclesial). He estudiado el caso con cierta detención, partiendo del evangelio de Mateo y Juan (que son los que más insisten en el tema) y no desde el CIC. Siga leyendo caso quien lo crea importante.

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Sólo un cambio de modelo educativo logrará salvar la humanidad (B. Pérez Andreo)

Así condensa Bernardo Pérez Andreo el argumento de mi libro Jesús Educador. La escuela cristiana (Khaf, Madrid 2017) en el último número de Iglesia Viva, donde le dedica un trabajo titulado La Iglesia, una nueva Galilea: Para extender el proyecto de nueva humanidad desde Jesús educador (Iglesia Viva 269 (2017) 138-140; on line: http://iviva.org/getFile.php).

Conforme a la incisiva lectura que B. Pérez Andreo ha realizado mi libro, se han venido dando en los últimos siglos (decenios) otras revoluciones importantes, más o menos fracasadas, de tipo racional y social (político, económico, ecológico, militar...), pero sólo una verdadera y honda revolución educativa podrá ofrecer una nueva oportunidad a la vida de los hombres en la tierra.

B. Pérez Andreo, uno de los máximos valores del pensamiento social, de orientación cristiana, en el mundo de lengua castellana, ha sabido leer no sólo lo que digo expresamente en mi libro, sino lo que en el fondo quiero decir, adelantándose así a mi pensamiento.

Verás, Bernardo, que he querido publicar tu recensión en este humilde blog, precisamente en el día del libro (23.4.17), porque el libro forma una parte importante (y quizá esencial) en esa revolución educativa que me atribuyes, en línea de nuevo conocimiento y nuevo corazón.

Gracias por haber dedicado tu atención a mi obra, en esta revista que tú empiezas a coordinar con mano de maestro. Al servicio de esa revolución por la palabra (y por el libro) quiero seguir estando, queremos seguir estando los dos. Gracias por recordármelo. Sigue aquí tu recensión de mi libro.

Imagen 1: La alquimia del libro, una revolución que hace del hombre un ser humano.
Imagen 2. Bernardo Pérez Andreo, entre los libros de su biblioteca
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23.4.17. Jesús es la Biblia. La Pascua del Libro

22.04.17 | 08:13. Archivado en Iglesia Instituciones, Teología, Biblia, Jesús, Pascua

Mañana, 23 de Abril, se celebra en muchos países de lenguas hispanas el día de San Jorge, matador de dragones, patrono de doncellas, pero también el Día del Libro (es decir, de la Biblia y de Cervantes, por citar dos textos significativos). En esa línea quiero hablar de la Pascua del Libro, presentando a Jesús como aquel que ha resucitado en el Libro (entendido de forma universal, humana...).

Para las religiones monoteístas (judaísmo, cristianismo, Islam) el libro ha venido a ser signo de Dios, de manera que algunos han podido decir que el mismo Jesús ha resucitado en el Libro, como "rollo" escrito de forma duradera, en forma de llamada a la conciencia personal y a la libertad, libro testimonio y enseñanza. Por eso, Jesús aparece como "icono" llevando en la mano el libro.

Así pasamos del rollo cerrado de bronce o de plomo, de algunos testimonios antiguos... al Cristo Jesús, que es libro abiertol... Jesús mismo es el libro. En esa línea, el libro del evangelio ha venido a convertirse en signo y testimonio de Jesús resucitado. Por eso, ellos pueden afirmar, de alguna forma, que Jesús ha resucitado en el Libro, es decir, en la Palabra Compartida que se lee y se convierte en principio de maduración, de convivencia

Por eso, ha podido y se puede decir que Jesús es la Biblia, el mismo Dios hecho palabra de llamada y comunión para los hombres, una carta de amor.

En un sentido el libro escrito (copiado en piedra, ladrillo o manuscrito, y más el libro impreso) puede tener los días contados, pues forma parte de un momento muy particular de la historia de algunos pueblos, pues no tiene más que unos pocos milenios, y puede desaparecer.

Pero en libro en sí, como testimonio de la Palabra que se proclama y escucha, se comparte y se transmite... forma un elemento esencial de la revelación de Dios y/o de la historia humana. En ese sentido, las religiones han hablado y hablan de un libro eterno de Dios (que para los cristiano está vinculado a Jesucrito).

Dios no es espada que mata, ni es pura vida inconsciente de estrellas o plantas, sino que se hace libro, Gran Palabra que llama e invita a la vida, para crecer en forma dialogada, para compartir los saberes y los amores, para caminar hacia el futuro del conocimiento pleno.

No es un libro que se cierra en sí mismo para imponerse desde fuera, como poder de los letrados contra los iletrados, sino que se abre por dentro de un modo universal, de forma que seamos libro abierto los unos para los otros, como flor de belleza y misterio de llamada. Ese es el libro que Jesús lleva en la mano (=que Jesús "es" en todos los iconos de oriente.

Por eso, en la liturgia de Jesús se colocan y abren dos mesas: la mesa del pan (la eucaristía, de la que he tratado más en este blog) y la mesa de la palabra (de la que hablamos hoy, con ocasión de la Fiesta del Libro).

En un día como hoy, los catalanes de Barcelona ofrecen en la calle un libro con una rosa... y los cristianos de todo el mundo quieren ofrecer y compartir el Libro de la Pascua con el Pan de Jesús.

Yo también quiero ofrecer este día mi pequeño testimonio del libro, pues esa ha sido en gran parte mi tarea en la sociedad y en la iglesia ... Con un libro tomado casi al azar de aquellos que he venido escribiendo quiero felicitar a todos mis amigos en este día del libro, que sigue siendo para mí el Dia de la resurrección de Jesús.

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Lunes, 22 de mayo

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