El blog de X. Pikaza

DOMUND 2018. La mujer del pozo de Siquem: Nueva misión, primera misionera

Presenté ayer una postal sobre la misión hoy , en la línea del DOMUND 2018 y de la migración religiosa y social de nuestro tiempo, aprovechando unos “papeles” de los Misioneros del Verbo Divino, de la Universidad de Sankt Augustin (Alemania).

Hoy retomo ese motivo desde la perspectiva del encuentro de Jesús con la mujer del Pozo de Siquem, que es la primera misionera cristiana según el Evangelio de Juan (antes que Pedro y Pablo, antes que toda la iglesia jerárquica posterior).

Muchos de nosotros, hombres y mujeres que venimos de mediados del siglo XX, nos seguimos creyendo misioneros, pero tras años de migraciones culturales, sociales y eclesiales, nos encontramos de nuevo con Jesús ante un pozo, como el de Siquem, donde viene con el cubo por agua una mujer samaritana, teniendo que aprender de nuevo, con ella, lo más simple: Un hombre y una mujer (como al principio de la historia, Gen 1‒3), dialogando sobre la vida, contándose sus vida, ante un misterioso manantial de agua.

El tema es bien conocido, aunque será bueno empezar leyendo el texto (Juan 4, 5-42), donde se dice que Jesús se sentó junto cansado ante un pozo, cavado por Jacob, en tiempo antiguo, que debía tener agua abundante, pero sin saber cómo sacar el aguar, sin cuerda ni cubo, esperando que llegue la samaritana con cuerda, con cubo, para dialogar con ella.

Así estamos muchos de nosotros, ante un pozo misterioso, con siglos de agua reposada, remansada, pero sin poder sacarla y compartirla con los nuevos samaritanos de la vida. Nos habíamos pensado dueños (administradores y ministros) de un inmenso manantial, pero somos incapaces de sacar al agua, de ofrecer viva… hasta que llega ella, la samaritana.

Se trata de una mujer problemática como gran parte de nuestra cultura (mujer de varios hombres, buscando por sí mismo el agua del pozo de Jacob, que es (representa, contiene) toda la Biblia israelita. Los puristas judíos se escandalizan al verla y saber lo que hace, negándose a dirigirle la palabra. Pero Jesús habla con ella, capacitándole para que descubra y acepte su verdad… para convertirse de esa forma en la primera misionera cristiana.

Ni Pedro ni Juan Zebedeo le habían conseguido, no habían transformado el corazón de nadie. Más aún, ellos, todos los Doce, critican a Jesús porque está hablando junto al pozo con una mujer dudosa… Pues bien, esa mujer y sólo ella podrá ser y será (como sigue diciendo el texto) la primera misionera cristiana.

Su recuerdo y testimonio nos guiará en la nueva misión cristiana, de nuevo ante el pozo de la vida, en diálogo personal. Ella, esa mujer del pozo de Siquem, es garantía de futuro para el evangelio, por encima de todas las reuniones y congresos clericales de los Doce (que se han ido de compras, mientras Jesús habla con ella).

Nueva misión significa relacionarse con hombres y mujeres de varias culturas, para compartir con ellos el sentido de la vida. Para eso no se necesita un arte o conocimiento extraordinario, sino mantener abiertos los ojos y los oídos, allí donde los hombres viven y trabajan, allí donde se mueven: en los mercados y en las zonas peatonales, a la orilla del mar… y en los brocales de los "pozos", donde se reúnen para conversar y conocerse hombres y mujere.



Reflexión previa. Cuatro ideas, ante el pozo de Siquem

1. El futuro de la vida humana sobre el mundo está vinculado al agua conservada y compartida, al agua limpia, no contamina, para que todos los hombres y mujeres de la tierra puedan beber, empezando por aquella mujer de cuatro maridos fallidos que era incapaz de encontrar el agua de la vida, como los cinco maridos de la cercana ciudad de Samaría/Siquem, perdidos en su peregrinación sin rumbo por la vida.

2. Estamos ante un pozo donde buscan agua para saciar la sed hombres y mujeres que vienen de muy lejos (de África o de China…), o que están al lado de nosotros sin agua, pues han olvidado lo que había en su pozo, cientos de millones de mujeres, de hombres y niños viven todavía sin agua de verdad, condenados a la sed y a las enfermedades que nacen de las aguas corrompidas.

3. En un pozo como éste siguen juntando y se dan de beber los enamorados (según un tema clásico de la Biblia, que aparecen en las historias de Raquel y de Moisés). En ese contexto se sitúa el evangelio; una mujer que de beber a Jesús, pero ella misma no tiene el agua verdadera de la vida

4. Este pasaje (Jn 4, 5‒42) nos puede ayudar a plantear el tema de la nueva misión… en un mundo donde parece que unos tienen todo y les sobra… y otros buscan el agua de pozos vacíos, en un tiempo y lugar donde, al fin, en el fondo, somos más que un hombre y una mujer en torno a pozo, en busca de agua…, descubriendo que uno puede y debe ser agua de vida para el otro, y que los ojos se enfrentan ante la gran tarea de saciar su sed con agua de vida.

Seis preguntas ante la misión del pozo

En un momento de disputa de Iglesia, ante la división de religiones (unos en Jerusalén, otros en Samaría), otros ante el gran desierto o ante el espejismo de una sociedad que ha perdido a todos sus dioses…

1. Se trata de encontrar un nuevo modo y manera de comunicar la experiencia de Dios (de una forma viva), se trata de encontrar nuevas vinculaciones con aquellos hombres que están en un momento de búsqueda y que se sitúan de una forma crítica ante la iglesia, a fin de superar y de eliminar unas fronteras que se han ido elevando a partir de muchos prejuicios.

2. Se trata de buscar la manera de empalmar con aquellos hermanos cristianos que se han encerrado dentro de su propio espacio religioso privado, o que se han ido de compras, dejando a Jesús sólo con esta mujer,
de tal forma que creen que ya no tiene sentido el enfrentarse activamente con la fe o el vincularse en una comunidad creyente. En este contexto retomo la imagen de Jesús que habla con la mujer ante el pozo (cf. Jn 4) y le ofrece el agua viva. Así lo podemos formular, con otras palabras:

3. Nosotros, “viejos misioneros”: ¿somos guardianes de un pozo de agua viva, o hemos dejado que el pozo de las tradiciones de Cristo se seque y sólo podemos ofrecer disputas fantasmales sobre historia antiguas, que han perdido su vigencia? ¿Qué podemos y debemos ofrecer a los cristianos actuales, a las gentes de un continente como Europa que ha sido en un momento cristiano, pero que ahora parece debatirse sin remedio ante un pozo seco?

5. Quizá tenemos agua… Pero debemos saber cómo sacarla del pozo, dejando que nos ayude esa “mujer de Samaría”, con sus cuatro maridos a cuestas, solitaria ante un pozo que no logra saciarle. ¿Podemos ser nosotros, todavía y de una forma nueva, misioneros de Jesús; ¿De qué forma y manera podemos ser testigos de la vida para aquellos que no creen, que buscan o dudan?

6. ¿Cómo podemos lograr que las personas como esta mujer de Siquem recuerden la “fuente” [de Jesús], cómo podemos llevarles a esa fuente y ayudarles, de manera que beban de ella? En otras palabras, se trata de esforzarse por superar una actitud de impotencia que la iglesia ha venido desarrollando en los últimos años.

Siete propuestas

1. En el proceso de la nueva misión, desde el pozo de Siquem, no se puede suponer ni postular nada como algo ya fijo, de antemano, mientras los Doce se han ido de compras por ahí . De un modo especial, no puedo dar por supuesto que aquellos a quienes me dirijo en la nueva evangelización entienden lo que digo cuando les hablo de mi experiencia religiosa o cuando dialogo con ellos, como la mujer que no entiende, hasta que le hablan de sus maridos baldíos.

2. En un primer momento, cuando hablo con hombres y mujeres reales de este nuevo mundo, debo re‒conocer el lugar en que ellos (mis compañeros o compañeras) están situados (religiosamente hablando). Sólo teniendo eso en cuenta podré saber el lugar en el que debe situarse el diálogo. No sirve para nada el hablar bien, ni el elaborar y desarrollar buenos programas, si es que esas palabras y programas no conectan con la situación vital, con la madurez religiosa y con la orientación de aquellas personas a las que se dirigen.

3. En este proceso de nueva misión juega un papel muy importante la palabra… “pues la fe viene del oído” (cf. Rom 10, 17)… Pero la palabra tiene que ser comprensible. Los cristianos, y de un modo especial los teólogos, presuponemos con excesiva rapidez que los oyentes tienen que ser capaces de entender sus palabras. A veces decimos: Quien no entiende es que no quiere entender. Pero hay muchos que ni siquiera sospechan la cantidad de personas que no han entendido el lenguaje cristiano sin tener culpa de ello, no sólo entre aquellos que no lo han escuchado nunca todavía, sino entre aquellos que lo han oído sólo de un modo equivocado. Muchas veces, a través de nuestro formulismo, por nuestra forma de hablar con Dios o sobre Dios, hemos hecho que el lenguaje religioso venga a convertirse en una especie de laberinto, en un esqueleto sin vida” .

4. Se necesita una gran valentía y sencillez para quedar a solas, persona a persona, con nuevos hombres y mujeres, ante el pozo del agua religiosa, como Jesús con esta mujer,para que sea ella, al fin la primera misionera que da testimonio de Jesús en Samaría, fuera de la Iglesia organizada. Muchos vecinos nuestros ya no están religiosamente socializados; por eso, el misionero/a debe buscar unos caminos creativos y debe encontrar el ánimo para llegar a esos segmentos no religiosos de la sociedad. Aquí sigue siendo ejemplar (determinante) el ejemplo de Jesucristo, tal como aparece por ejemplo en Mt 9, 10-11: Jesús no ha dirigido a los publicanos y pecadores ningún “sermón”, sino que ha comido y bebido amistosamente con ellos, encontrando el verdadero método y nivel de diálogo con Mateo y con sus amigos. Éste ha sido el resultado. Ha logrado un apóstol, alguien que más tarde ha escrito un evangelio.

5. La nueva misión implica dar por terminado el modelo de evangelización de masas, con la búsqueda del éxito numérico. Eso exige que nosotros, los que pretendemos ser hoy misioneros, tengamos una nueva espiritualidad, que puede ser quizá la del Jesús caminante cansado, que queda junto al pozo… Se le han ido todos a la vecina aldea, para comprar algo de comida. Él se queda sólo ante la mujer que viene, una persona distinta, de fuera, de fama dudosa… Hablar de nuevo con ella, volver a los principios de la vida, el agua, la comida, las frustraciones, los maridos… Así cara a cara, en el campo abierto de la vida, junto al pozo…

6. Es necesaria la inculturación, descubrir el lugar en que habita esa mujer… No se trata, simplemente, de conocer su cultura externa, sino su forma de sentir y de vivir, con triunfos y fracasos… tras cuatro maridos, con ansias más hondas de amor. Resulta absolutamente necesario el lenguaje, tener la valentía de hablar, rompiendo tabúes, abriendo muros cerrados de siglos (un hombre con una mujer, junto a un pozo; un judío con un samaritanos, gentes que no se hablan desde tiempo antiguo). Esa es la inculturación, volver a hablar, hombres y mujeres, cuerpo a cuerpo, vida a vida, samaritanos y judíos, “indígenas y extranjeros”, y hablar del amor, es decir, de las cosas del vida, desde el alma. Los apóstoles “oficiales” se han ido por comida, y quedo yo, como Jesús, ante la mujer o el hombre samaritano o judío, invirtiendo si hace falta los papeles, yo hombre y ella mujer, o yo mujer y el hombre, o también hombre con hombre y muer con mujer, junto al pozo de la vida.

7. Pero, al mismo tiempo, siendo diálogo personal, debemos insistir y destacar con toda fuerza la necesidad de un trabajo conjunto, entre personas normales, sin depender de profesionales de la evangelización. En los primeros tiempos de la cristiandad, los misioneros no eran siempre personas profesionalmente formadas (teólogos), sino miembros de familias normales, hombres de negocios itinerantes, predicadores ambulantes etc. Todo nos hace pensar que también nuestro tiempo está maduro para misioneros de ese tipo.


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