El blog de X. Pikaza

¿Por qué ha fracasado el liberalismo? (Francisco Mateo)

07.10.18 | 11:39. Archivado en Amigos, la voz de los, Sociedad, política, Política

Me ha sorprendido que una prestigiosa editorial católica, y del Opus Dei (Patmos), haya traducido y publicado, casi al mismo tiempo que el origen inglés, un libro sobre el fracaso humano del liberalismo entendido como fenómeno económico, social e incluso religioso Why Liberalism Failed, Yale University Press, 2018 (ed. castellana: ¿Por qué ha fracasado el liberalismo, Patmos, Madrid 2018).

El autor, Patrick J. Deneen (1964), politólogo y humanista católico, al que algunos en USA llaman "conservador", ha estudiado y enseñado en las universidades más prestigiosas de su país (actualmente en Note Dame, Indiana). Allí se le considera un pensador de gran influjo, tanto en el ámbito universitario como en el campo de la reflexión económico-social, en un momento de inmensa crisis humana, con peligro de que acabe de estallar una quiebra universal de nuestro modelo de cultura humana.

Es como si de pronto el pensamiento más conservador en línea religioso-social se tiñera de tintes apocalípticos, para decir que este modelo de vida va a explotar muy pronto (si no ha explotado ya en el fondo, aunque muchos no se hayan dado cuenta de ello, como en el famoso banquete de la Cena de Baltasar, tal como lo cuenta el libro de Daniel).

Parece que las cosas pueden estar ya medidas, contadas y dispuesta para el gran desastre, con palabras que una mano misteriosa empieza a escribir en la pared de nuestro gran "convite", convertido en brindis a la muerte, empezando precisamente por USA.

En esa línea, mi amigo F. Mateo me ha recomendado la lectura de este libro, diciéndome que anuncia la muerte del hombre por culpa de su propio éxito (en contra del paradigma pascual de Jesús de Nazaret) y le he pedido que escriba un resumen de su contenido, con un juicio de valor sobre su tesis, para mi blog, y así lo ha hecho.

Me ha dicho que no quiere "criticar" directamente el libro, sino exponerlo y recrear su contenido, desde su propia visión de la política social y del futuro de la vida humana, como un buen pianista cuando interpreta y recrea una gran partitura. Así lo presento a mis lectores.

Gracias, Paco, una vez más. Tú insistes en el hecho de que el liberalismo ha fracasado de éxito (de hacer muchos más ricos a algunos, de dominar el mundo)
Yo insistiría más en que ha fracasado por su propio pecado y su injusticia: Porque se ha enriquecido y dominado de una forma "mucho mundo", pero ha destruído a una mayoría de personas (está matando a los pobres...).

Todo lo que sigue es tuyo, Paco. Sabes que soy quizá más radical que tú (¡por más años!), pero comparto con gratitud lo que dices. Es un honor volverte a encontrar en este portar de mi blog, ya a las vísperas del Pilar.

Imagen 1: Francisco Mateo, ante el Pilar de Zaragoza (archivo del autor)
Imagen 2; Portada del libro
Imagen 3: Profesor Deneen, en la foto oficial de la Univ. de Notre Dame (//politicalscience.nd.edu/faculty/faculty-list/patrick-deneen/)

Patrick J. Deneen ¿Por qué ha fracasado el liberalismo?

No se puede decir, dados los tiempos que corren, con su respectivo desengaño que, el liberalismo, no tenga detractores. Al liberalismo se le suceden las críticas desde hace décadas, aunque parezcan pasar inadvertidas. Siempre hay alguien desencantado de la historia que le toca vivir o qué tiene en su pensamiento cierta tensión por lo utópico.

Estamos inmersos en tiempos de cambio, que van a ser decisivos para el transcurso de la historia, y, de eso, algunos tienen especial conciencia. Ya sabemos que el mundo que ha generado el liberalismo no es el mejor de todos los mundos posibles, de eso se tiene constancia en todo el mundo occidental, y el desencanto, se nota sociológicamente a muchos niveles.

La historia no ha llegado a su culminación como parecía deducir Fukuyama en esta etapa de indefinido progreso económico y tecnológico, más bien se puede decir que ha malogrado su destino, o abortado formas de evolución humana. Se ha llegado a pensar que, nuestra civilización, cansada de más de dos siglos de evolución económica, se ha impuesto a sí misma límites que no podrá sobrepasar; esto se percibe con más nitidez, en los desastres ecológicos, que estamos causando, y, por consiguiente, en el cambio climático ligado a este tipo de economía liberal que lo está provocando.

Si se me permite, voy a decir, que le ha llegado la hora al liberalismo de reflexionar sobre sus propios presupuestos como nunca antes, (a excepción de Marx) se había hecho, y al mismo tiempo, de reconducir la historia por nuevos derroteros o por caminos, que se pueden calificar de inéditos, y que, este siglo, todavía balbuciente, va a ocasionar antes que tarde.

En esta tesitura Patrick J. Deneen, politólogo americano, escribe su libro “¿Por qué ha fracasado el liberalismo?” más bien con una intención más didáctica que crítica en el sentido de demoler mediante la razón aquello que ha perdido vigencia o ha dejado de ser útil. En este libro, Deneen, no trata de postular una nueva sociedad postcapitalista, ni de añorar un marxismo que ha ido perdiendo validez durante los últimos años del siglo pasado, sino que explica cómo las ideas liberales han conducido a su pérdida de validez, por su propio éxito histórico.

Este autor no atisba un desenlace, ni siquiera calcula las fatalidades del sistema liberal, sólo trata de poner en valor su evolución hasta deslegitimarse, no por sus contradicciones, ni por sus desviaciones, sino por haberse llevado sus presupuestos hasta sus últimas consecuencias. Este libro trata de mostrar cómo el liberalismo ha perdido su finalidad generando un mundo, que dista mucho de ser aquel que pretendían los filósofos que lo ocasionaron, siglos atrás. Podríamos decir con Deneen que el liberalismo va a morir de éxito, pero de un éxito, que lleva dentro suyo su propia negación. Nuestro autor parte de la premisa de que todo sistema ideológico deja de legitimarse por las divergencias entre lo que se pretendía al idearlo y lo que su puesta en escena produce.

Todas las ideologías han sido ideadas con intención de transformar la historia, y luego, ésta (la del liberalismo), las ha despojado de su razón de ser (a las ideologías anteriores) y está en riesgo de destruirse a sí mismo. . Este supuesto es el que Deneen aplica al liberalismo.

El liberalismo que fue ideado para liberar al hombre de su propia naturaleza acaba de despojarlo de ella convirtiéndolo en alguien extraño a sí mismo, en un mundo artificial que lo somete a su propia creación. Deneen parte también de la base de que los ideales de la modernidad, que nacieron con Hobbes y Locke, tienen una concepción de la naturaleza humana ideal, ésa que el liberalismo utiliza para justificar sus presupuestos económicos.

Se podría decir, que, el liberalismo, nació con un ideal de humanidad que fue parejo con el sometimiento de la naturaleza a la racionalidad humana. La racionalidad de los siglos XVII y XVIII concibió al hombre de un modo que las ciencias de la naturaleza pusieron en práctica ocasionando un mundo utópico, que ha desembocado en las democracias actuales, con su enfermiza manera de entender la libertad. El liberalismo pues, puso en práctica la individualidad libre de trabas para decidir o apostar por el libre desarrollo económico, en una situación en la que cada individuo se considerara igual a los otros y en idénticas condiciones de realización.

Nada había pues que objetar al libre desarrollo de la libertad dejando a la naturaleza humana expandirse indefinidamente en un juego de intereses económicos, que forzaban a la naturaleza humana idealizada, a comportarse según prescribían las leyes promulgadas a ese efecto. Desde Maquiavelo a Rawls todo el liberalismo político está en íntima conexión con la libertad para tomar decisiones económicas, expandiéndose ilimitadamente, y con una visión de la naturaleza humana basada en la eficiencia de un determinado modo de racionalidad.

El liberalismo económico nació pues con la pretensión moral de elevar al hombre por encima de sus pequeños intereses individuales, pero garantizándole su inviolable individualidad para tomar decisiones políticas y asociarse. El estado soberano tenía la posibilidad de transformar al ciudadano mediante leyes y correctivos sociales, es decir de educarlo, y para ese efecto se garantizaba el equilibrio social de poderes, solo que los ciudadanos han dejado de comportarse como libres, estando abocados a la disolución de su propia intimidad.

Según nuestro autor, los avances tecnológicos han puesto en riesgo la verdadera individualidad que hace a los ciudadanos dueños de su destino. Con la nueva sociedad liberal los lazos sociales y la solidaridad ha quedado rotos y peligra la continuidad de lo humano, que se ha dislocado, discurriendo por derroteros que no puede controlar.

En esta tesitura en la que el liberalismo ha puesto dentro de él los gérmenes de su destrucción, ¿qué cabe esperar de los estados actuales? Sólo que no degeneren en algo imprevisible como ya atisbo Tocqueville hace siglos, sólo que dejen de presentarse como la única vía representativa de las clases populares. En todo caso, son los estados la única garantía para que el liberalismo funcione, pero su ocaso, traerá el fin del liberalismo antes que tarde, o viceversa.

Deneen no postula en su trabajo la posibilidad de una revolución, lo único que hace es desenmascarar el liberalismo de sus trampas para demostrar que su continuidad no sólo es problemática, sino que impide el logro de lo humano. Cuestiona por otro lado la sociabilidad al decir que, la noble ignorancia, que cohesiona la sociedad liberal, y hace posible la democracia, sea decisiva para mantener una justicia equitativa. Los ciudadanos viven engañados por lo tanto respecto a su propio futuro y respecto de sus posibilidades de liberarse.

En este caso, ¿Qué futuro nos espera? ¿Habrá un postliberalismo dónde se pueda hablar de sociedad equitativa y libre? Esta cuestión la deja abierta, sin razonarla, sin visibilizar otras alternativas al liberalismo. Solamente dictamina un final que sobrevendrá a consecuencia de una crisis de humanidad, que ya se está manifestando a gran escala, en nuestros días. Si la creatividad de la historia y de los cambios sociales no se ha detenido, a no tardar mucho, se verán las nuevas posibilidades de un mundo nuevo, que está empezando a aparecer, entre los desequilibrios del sistema liberal.


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