El blog de X. Pikaza

7.10.18. Los Niños son la Iglesia

05.10.18 | 07:54. Archivado en Iglesia Instituciones, Nuevo Testamento, Hijos

El evangelio del domingo pasado (7.10.18) tenía dos partes: (a) Dios y el matrimonio (Mc 10, 2‒12). (b) Los niños y la iglesia. (Mc 2, 13‒16). De la primera he tratado ya. Ahora lo haré de la segunda, que se formula así:

Le acercaban niños para que los tocara, pero los discípulos les regañaban. Al verlo, Jesús se enfadó y les dijo: "Dejad que los niños se acerquen a mí: no se lo impidáis; de los que son como ellos es el reino de Dios. Os aseguro que el que no acepte el reino de Dios como un niño, no entrará en él." Y los abrazaba y los bendecía imponiéndoles las manos.

No es la Iglesia para los Niños, sino que los Niños son la Iglesia, son el Reino de Dios, revelación suprema del don y tarea de la vida.

Este pasaje resulta hoy “caliente”, es decir, conflictivo y escandaloso, pues muchos acusan a un tipo de iglesia de haber “tolerado” (algunos dicen “creado”) un caldo de cultivo clerical para manipular a niños): pederastia. En ese contexto, para marcar la importancia del tema, quiero recordar las dos novedades principales que Hanna Arendt, quizá la mayor antropóloga judía del siglo XX (1905‒1976) atribuía al cristianismo (sobre o desde el judaísmo anterior):

‒‒ El perdón, para superar del círculo de violencia que amenaza con romper la vida humana: “El descubridor del papel del perdón en la esfera de los asuntos humanos fue Jesús de Nazaret. El hecho de que hiciera este descubrimiento en un contexto religioso y lo articulara en un lenguaje religioso no es razón para tomarlo con menos seriedad en un sentido estrictamente secular” (La condición humana, Paidós, Barcelona 1993, 258).

‒‒ La natalidad, esto es, la importancia de los niños, pues los hombres no están hecho o son fabricados como cosas, sino que nacen del cuidado (amor, palabra) de otros seres humanos, en un tipo de “Navidad” universal: “Sin la articulación de la natalidad estaríamos condenados a girar para siempre en el repetido ciclo del llegar a ser, sin la facultad para deshacer lo que hemos hechos y controlar parcialmente los procesos que hemos desencadenado (Ibid 265)

Según ella, el cristianismo es “pascua” (perdón) y es “navidad” (fiesta de cada niño que nace como Dios en la tierra). Somos seres humanos y podremos vivir en el futuro si perdonarnos y “cuidamos” (educamos vida a los niños).

Desde ese fondo quiero ocuparme ahora de los niños en la iglesia o, mejor dicho, de los niños como verdadera iglesia, conforme a dos textos del evangelio de Marcos, el de este domingo y otro anterior, poniendo así de relieve que los niños son el mayor don de la humanidad, pero pueden convertirse convertirse también en su mayor pecado,, que es en especial pecado de la Iglesia, pero también, y en medida aún más honda, pecado de la humanidad , un pecado que Jesús llama imperdonable, a pesar de que su Dios perdona todos los pecados.

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