El blog de X. Pikaza

Memoria y esperanza en Belchite, con carta del alcalde (Comisión de verdad/justicia: P. Zabala).

Juan de la Cruz mostró que sólo una memoria bien purificada es fuente de esperanza. En esa línea se sitúan las reflexiones que siguen mostrando que sólo un buen estudio (memoria, reconocimiento y perdón) del pasado nos permitirá tender con esperanza hacia el futuro, en un plano personal y social, político e incluso religioso.

Digo eso pues vuelven y se re-vuelven estos días los temas de la Memoria Histórica, planteados en diversos países con resultados impares (desde Sudáfrica hasta Chile), especialmente en España donde uno dicen que los otros quieren “cambiar la memoria” para ganar la guerra que perdieron; y los otros contestan que es mejor olvidar, para mantener las ventajas de su triunfo ochenta años después.

En ese contexto, ante dicciones y anti-dicciones de los políticos de turno (Sánchez y Casado...) quiero ofrecer mi reflexión sobre la “memoria” como expresión de la verdad y fuente de esperanza, insistiendo, desde mi perspectiva social y religiosa, en algunas afirmaciones importantes:

a. La Biblia es el libro de la “memoria creadora” de Israel, un “Zikaron”, recuerdo del pasado, como testimonio del “paso” de Dios y del pecado de pueblo, que puede convertirse en fuente de un futuro reconciliado y liberado, porque, sólo una memoria verdadera libera a los hombres para perdonarse y recrear en comunión su esperanza.

b. El Cristianismo es la religión del “recuerdo de Jesús” y, y con él de todas las víctimas, en un contexto de confesión de los “pecados” (no por masoquismo y por imposición externa), sino porque así lo exige el buen camino re-creador de la vida, superando en nuestro caso el esquema de las “dos españas”, es decir, de los dos mundos ficticios (de buenos y malos), para hacer que quepan todos, en eso que algunos han llamado “la tercer verdad” (o la tercera España).

Desde ese fondo, quiero ofrecer un pequeño modelo de Escuela de Memoria Hispana, que podría crearse en Belchite (dejo hoy a un lado el Valle de los Caídos). La segunda parte ofrece la colaboración inestimable de P. Zabala sobre una Comisión de la Verdad y la Justicia (¡gracias, Pedro, como siempre!)

Imágenes primeras: de Belchite.
Otras imágenes: Valle de los caídos

1. BELCHITE (Y VALLE DE LOS CAÍDOS):
MUSEO Y ESCUELA DE MEMORIA (X. Pikaza)


El tema de la memoria histórica sigue creciendo en oleadas de disputa, con tonos políticos y religiosos, como he venido recordando estos días. Se trata de un tema religioso y social, que puede convertirse que puede seguir convirtiéndose en arma de mentira y de disputa entre las dos o, quizá mejor, las tres Españas.

Muchos quieren manipular el tema (se dice), y otros olvidarlo (se dice también), pero a su medida, lo que es otra forma (y quizá peor de manipularlo). Pues bien, desde la doble o tiple sociedad hispana, y todavía más, desde la misma Iglesia, estoy convencido de la necesidad de un buen recuerdo; y por eso propongo (en la línea de lo que he dicho hace unos días sobre el Valle de los Caídos) que hagamos, entre todos, unos lugares especiales de estudio y pacificación de la memoria, donde, al lado del Valle de los Caídos, puede situarse la ruina de la ciudad destruido de Belchite (cf. http://es.wikipedia.org/wiki/Belchite ).

No quiero entrar aquí en detalles sobre la Ley de la Memoria que algunos proponen, ni sobre la la Ley de la Concordia que ahora quiere proponer el partido que actualmente está en la oposición (tras haber gobernado casi ocho años sin hacerlo). No entro en detalles, pero sería bueno crear en Belchite, sobre las ruinas actuales (y en el Valle de los Caídos, sobre el Gran Túnel, con el Monasterio, la explanada y el monte de Cruz), unas “ciudad de la memoria”, abiertas a todos, como espacios de encuentro (no meros museos de un recuerdo congelado).
Belchite

Belchite y el Valle de los Caídos serían lugares apropiados y complementarios. Hay otros, como sería Gernika o la sierra de Alcubierre, la Cárcel Modelo de Barcelona o la Virgen de la Cabeza. Pero prefiero Belchite, ciudad museo de los horrores de la guerra, con sus iglesias y casas destruidas. Y prefiero también el Valle de los Caídos, que debería convertirse en lugar de Memoria Creadora y Concordia para los “españolitos” de las dos o tres Españas.

Dejo ahora el tema del Valle de los Caídos, con basílica, explanada, monasterio, monte y cruz…sobre el que se está discutiendo estos días. Me fijo hoy más en Belchite. Sería un buen enclave geográfico, cerca de la cuna Goya, testigo de otra memoria de locura de una guerra con la que empiezan y siguen las dos o tres Españas de la actualidad.

Belchite son hoy unas ruinas conservadas como ruinas. No sería difícil convertir algunas de ellas en Ciudad Museo y Santuario de la Memoria. Parte de la ciudad seguiría en ruinas. Diez o doce edificios más emblemáticos se reconstruirían como lugares del recuerdo creador, Universidad y Biblia de la Memoria hispana.

Sería una Ciudad Museo de la Memoria Narrada, no de la acusación (unos contra otros), ni de la defensa de algunos (ni vencedores, ni vencidos)… El mismo recuerdo iría mostrando las culpas, iría destacando a los culpables, en ejercicio de memoria capaz de transformar la violencia en germen de paz, e iría elevando la historia de las víctimas, de un lado, del otro y del tercero, como me contaba casi temblando mi tío Antonio, que luchó y luchó por allí, entre Belchite y el Ebro, en unos tiempos de maldad, bravura, locura y destrucción de los que todavía no nos hemos curado.

Sigo con Belchite. Allí habría un lugar central y unos pabellones…,

El lugar central sería la Plaza Mayor (o quizá la iglesia principal), donde se contaría la historia de la Guerra Civil Española, desde las dos partes, y en especial desde las víctimas, desde todos los muertos, desaparecidos y exilados.
Para ello habría que reordenar las calles, plazas y barrios de la Ciudad de la Memoria, cambiando los nombres de la calles (actualmente son recuerdo de una parte, la de los vencedores), para que fueran calles de todos.

A. Cuatro pabellones principales,

dedicados a los cuatro grupos o entidades sociales más significativas de la Guerra. Estarían ubicados en los edificios más emblemáticos de la ciudad de la memoria.

Los pabellones de la derecha y la izquierda. Las dos Españas

1. Un pabellón de la Derecha (perdónese el nombre), donde aparecerían los promotores del Alzamiento Nacional: partidos y grupos sociales, desde la Falange a la CEDA, con sus intereses y sus muertos, con la defensa de su riqueza particular, y su violencia para mantenerla (a veces en nombre de un Diosfalso), continuando en los años de la represión de la posguerra.

2. Un pabellón de la Izquierda (perdónese también el nombre), donde aparecerían los defensores de la República, con los grupos y partidos que la apoyaron en la guerra, con sus muertos, pero también con sus ideales positivos y sus duras violencias (con asesinatos no sólo de personas del alto clero, sino de cientos y miles de cristianos pobres, de a pié, entre ellos de monjas y novicios sin culpa alguna.

3. Un pabellón del Ejército, es decir, de los profesionales de la Guerra, que en gran parte se pusieron de parte de la represión, en contra de una mitad del pueblo al que debían haber defendido. Ciertamente, el ejército actual de España es heredero de los dos ejércitos entonces enfrentados, pero especialmente del ejército de Franco y de aquellos que secundaron su alzamiento. los seguidores de Franco y de los fieles a la República. Se trataría de mostrar el comportamiento de los dos ejércitos, con sus ideales y sus violencias, hasta el día de hoy.

4. Un pabellón de la Iglesia, con su gran participación en la Guerra, con su influjo en la sociedad de aquel tiempo, con los partidarios de la guerra con los muertos (mártires). Se debería mostrar el papel de la iglesia en la gestación de la guerra y en sus consecuencias, hasta el día de hoy. Desde mi punto de vista, en un lugar como RD, éste sería quizá el más significativo de todos los pabellones... Aquí se expondría la labor pacificadora de la Iglesia, pero también sus violencias (desde la Inquisición hasta la represión de grupos como los protestantes).

Otros pabellones, la tercera España

Estaría ubicados también en casas o lugares significativos, formando así una red de puntos de memoria, de eso que vengo llamando la tercera España, que no es simplemente la síntesis de las dos anteriores (derecha e izquierda….), sino un pabellón de la gente, de la gran mayoría de los (casi) siempre expulsados.

1. Pabellón de los recuerdos antiguos (judíos y musulmanes…), dedicados a los expulsados de la historia hispana de los últimos siglos. Uno podría estar dedicado a los judíos, otro a los moriscos, expulsados de la “gran” (es decir de la “pequeña” España) a partir del 1492. Parecen los grupos más significativos del exilio, represión y olvido. Mantener su memoria forma parte de la historia hispana, de la identidad social y religiosa de nuestros pueblos.

2. Pabellón de la presencia internacional. Estaría dedicado a los diversos grupos que influyeron en la guerra hispana, desde las Brigadas Internacionales hasta las brigadas y aviones del Nazismo del Fascio, de Alemania e Italia. Se trataría de mostrar el aspecto internacional de la guerra, el hecho de que estamos inmersos en un conflicto que nos desborda.

3. Pabellón de las mujeres y los niños. Mostraría su participación y recuerdo en la guerra, en plano personal y social. Habría que destacar el motivo de los niños de la guerra, de un lado y de otros, los “niños de Rusia”, los niños “vendidos” después o entregados a “buenas madres” para liberarlos de las madres “rojas” o pobres, tema y tráfico que ha durado después de la guerras, bastantes años.

4. Pabellón de la injusticia, la pobreza y el hambre. Sería bueno que existieran un pabellón donde se pusieran de relieve las injusticias y divisiones que llevaron a la guerra, destacando también eso que suelen llamarse no sólo las «armas ideológicas de la muerte» (las que justifican la pobreza) y las “armas mortales” de la división social, una guerra que continúa pasando por el centro de las dos o las tres Españas…

5. Pabellón de lo reprimido y lo dejado fuera (los emigrantes del hambre, una guerra civil que continúa)… Lo que no se asume y transforma con la buena memoria (como sabe el evangelio, como dice Freud…) queda enquistado y un día estalla. Así estamos hoy en el mundo sin haber resuelto los temas del año 1936… y con oros multiplicados, en la línea de fuego y de muerte de la “nueva invasión” de los itinerantes del mundo, de los emigrantes del hambre y de la injusticia… Se trata de una guerra civil, porque ante el hambre no hay patria, como decía Miguel Hernández, sino la patria de la palabra que acoge, del pan que se comparte.

6. Pabellón de exposiciones temporales… para grupos y acontecimientos especiales, desde la perspectiva del entorno (Aragón), desde las nacionalidades hispanas o desde otros lugares del mundo, en los que se ha repetido y se repite la historia de Belchite.

C. Preparación y financiación.

1. Se nombraría un comité independiente de diez o doce personas, que representarían a los diversos grupos indicados (de derecha y de izquierda, del ejército y de la iglesia), de manera que se lograra un equilibrio en las diversas tendencias. Este comité propondría y aprobaría el orden básico del conjunto y de cada pabellón, para mantener el equilibrio y neutralidad en el conjunto

2. Sería básicamente un museo narrativo… En principio no intentaría valorar nada, ni juzgar, sino simplemente nombrar… decir lo que pasó, en un lugar emblemático, de manera que la Ciudad de la Memoria fuera como un espejo de lo que somos.

3. Sería un museo financiado por dinero público (la Guerra fue de todos), pero con una fuerte participación de las entidades implicadas (partidos, ejército, iglesia) y, en especial, con aportaciones de entidades interesadas en mantener una buena memoria, para la reconciliación de todos.

(CARTA DEL ALCALDE DE BELCHITE:
lun., 3 sept. 23:15

Buenas noches, permita que me presente, soy Carmelo Perez, alcalde de Belchite.
Acabo de leer su publicación en el blog, la verdad que es muy interesante discutible pero interesante.
Desconozco si usted conoce nuestro pueblo viejo, me gustaría tener el placer de conocerle y poder pasear por el con usted.

También comentarle que a día de hoy nadie mueve un dedo por la verdad, por mantener lo que queda hoy por hoy de Belchite Viejo, todo es palabrería y quisiera pensar que usted es sincero, pero soy realista y ninguna administración tiene intención por mantener, ya no digo darle futuro sino mantener lo que queda, ojalá fuera verdad.

Ejército, Gobierno, Iglesia,¡¡ bufff!!! Difícil

En estos tres años en la alcaldía vamos contra marea por este tema, pero sabemos que es el camino a seguir, el año pasado fueron los 80 años de la batalla de Belchite, Nadie se había atrevido hacer un homenaje a “todas” las personas que hoy nos acompañan y sufrieron la barbarie de unos y otros (¡¡80 años!!) este año acabamos de repetir dicho homenaje a nuestros mayores “Belchite Memoria y Paz” con un gran éxito y aceptación por todos.
Somos una gota de agua en el mar pero sabemos el camino a seguir.
Bueno si lee este email, ya sabe quien soy, reciba un cordial saludo
Carmelo Perez Diez))

2. COMISIÓN DE LA VERDAD Y LA JUSTICIA
(Pedro Zabala)


Cerrar en falso las heridas es el mejor método para que no se curen y se emponzoñen. Es lo que se hizo en España cuando se estableció la llamada Transición y se promulgó la ley de Amnistía, tan exigida por ambos bandos.

Hoy tenemos una ley, denominada de la Memoria Histórica, criticada tanto por los herederos ideológicos de los vencedores, como -por insuficiente- por los de los vencidos.

Julián Marías describió -acertadamente, a mi juicio-nuestra guerra incivil como injustamente ganada por unos y justamente perdida por otros.

Se quiere ahora formar, a imitación de otros países, una Comisión de la Verdad que saque a la luz hechos criminales que se han tratado de ocultar. El odio cainita que se apoderó de la sociedad hispana degeneró en muertes violentas, torturas y persecuciones que todavía palpitan en recuerdos heridos de familias y amistades.

Para que esa Comisión cumpla su misión, siendo justa, debe, en primer lugar, estar compuesta por personas competentes e imparciales. Seguramente debe estar presidida por algún jurista no español, experto en investigaciones similares. Historiadores, juristas y sociólogos podrían componerla. Mas si dejamos en manos de los partidos, la designación de esas personas, ¿qué garantías habrá de su imparcialidad?.

En segundo lugar, ¿qué período de tiempo debe abarcar?. Algunos hablan desde el inicio de la guerra, julio de 1936, hasta la muerte del dictador. Me parece insuficiente. Opino que, desde el 14 de abril de 1931, pues también en la segunda República se produjeron violencias y asesinatos políticos -empleados para intentar justificar el alzamiento militar- hasta la promulgación de la vigente Constitución. Formalmente, la dictadura acabó en esa fecha.

Durante las segunda República se produjeron los sucesos de Casas Blancas y Arnedo, las quemas de conventos y el asesinato del parlamentario Calvo Sotelo, entre otros crímenes. ¿No es hora de traerlos a la memoria colectiva y esclarecerlos también?.

En la guerra, por parte de ambos bandos se cometieron hechos abominables. Curas y religiosos asesinados, torturados y presos por odio a la iglesia católica. “Checas” madrileñas, crímenes de Paracuellos, asesinatos de troskistas y anarquistas por estalinistas.

Yagüe, Queipo de Llano, Mola, Franco no dudaron en ordenar directamente el exterminio de quienes juzgaron antiespañoles. Y las cunetas de carreteras y caminos de la “zona nacional” se llenaron de restos de asesinados por bandas falangistas.

Los 40 años de dictadura no se quedaron atrás. Los caídos nacionales fueron honrados, mientras que el terror sobre “comunistas, judíos y masones” se ejerció impunemente. No sólo se les quitó vida y bienes, también se deshonró su memoria.

¿No es innegable que la calificación ética y jurídica de los hechos criminales ha de ser distinta si fueron cometidos por partisanos incontrolados que si se hacen, organizados desde el poder, a veces hasta con un aparato pseudojurídico a su servicio?. ¿Cuántos tribunales de guerra funcionaron con sentencias dictadas de antemano por el mando militar?.

No puedo dejar de exponer una duda final: ¿De verdad tendremos una Comisión de Verdad y Justicia auténtica? Mi temor es que no la veamos ni nosotros, ni nuestros hijos.


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