El blog de X. Pikaza

Evangelio, un dia-logo de vida. Los doce dia-logismos o pecados de la Iglesia

Si alguien mira desde fuera los temas discutidos de la vida de la Iglesia dirá que estamos locos o que hemos olvidado la raíz del evangelio:

-- Leemos o escuchamos cada domingo el evangelio, con sus temas de Vida (libertad interior, amor mutuo, solidaridad universal... y... y sus verdaderos riesgos de muerte (que el evangelio llama dia-logismo), en embargo, parece que sólo nos preocupan los temas de la periferia de un cristianismo de poder: Organización piramidal, normas de vida exterior, poder y/o escándalo de algunos clérigos,.

-- Alguien que escuchara o leyera esteportal de religión (RD) diría que todo parecido con el evangelio es mera casualidad. Frente al diá-logo de amor personal y social que propone Jesús parece que sólo nos importan cierto tipo de "pecados de estructura", pero apenas llegamos a la raíz de esos pecados que brotan de un mal corazón, (deseo de poder, imposición sacral, ansia engañosa de placer...), tal como se expresan en los doce dia-logismos o pecados capitales de la Iglesia (es decir, de un mal cristianismo, de una mala humanidad).

Así lo pone por ejemplo de relieve el evangelio de este día (2.9.19), que he comentado ya en conjunto en la postal de ayer, destacando el riesgo de "los malos pensamientos (dia-logismos)", y de los doce malos frutos que derivan de ellos.

En esa línea quiero seguir avanzar, insistiendo en la disputa de Mc 7, sobre la identidad y principio de vida de la Iglesia, con los riesgos de pecado que pueden derivarse de su misma raíz, que es un mal corazón, un dia-logismo o pensamiento malo (7, 20-22):

1. El tema cristiano no es Papa, ni el celibato de los curas, ni el poder de la Iglesia, sino el surgimiento de un "buen corazón", el dia-logo de vida con Dios y/o entre nosotros. Que los hombres tengan (desplieguen) un pensamiento bueno, en intimidad y despliegue de vida.

2. El gran riesgo es un mal corazón, es decir, un dia-logismo malo. Esa palabra dia-logismo (la inversión del auténtico diá-logo) significa deliberación pervertida, de tipo personal y social (comunitaria). El proyecto de Jesús, la tarea de la Iglesia, consiste en promover un buen dia-logo (personal, social y familiar, con uno mismo, en Dios, ante los otros) para que los hombres y mujeres vivan en creatividad positiva.

3. El origen de todo pecado es ese dia-logismo perverso, es decir, un mal pensamiento (mal deseo, mal corazón)... que puede entender en forma personal y familiar. Ese mal pensamiento-deseo estalla y se expresa en forma destrucción humana.

De eso trataré en lo que sigue, retomando los motivos principales del tema de hace dos días, en línea de análisis del principio de las iglesia y de los riesgos de pecado de los hombres, en la línea del mal dia-logismo (deliberación o pensamiento malo).

a. Principio. El principio de todo pecado es el dia-logismo malo

a. Nada que venga de fuera (exôthen) mancha al ser humano. Eso significa que el hombre tiene una interioridad resguardada, que nadie ni nada de fuera (¡ni los demonios, ni las autoridades políticas o religiosas!) puede destruir. Sin duda, las realidades externas (las normas sociales, ciertos tipos de regulación) poseen su importancia. Pero en el ser humano hay algo que no puede ser alcanzado por la “mancha” externa (ni por un tipo de ley separada de la interioridad). Jesús declara de esa forma el valor absoluto de la persona humana, como portadora de unos valores que nadie ni nada puede romper.

b. Lo que mancha al hombre es lo que sale de dentro de él (ek tou anthropou…). Nada ni nadie puede mancharle, pero él se puede manchar a sí mismo, porque “es” un ser de corazón del que ha de brotar el bien, pero puede brotar también el mal. El hombre es un “ser interior”, y así puede desarrollar se de forma creadora, pero también de manera destructora). Éste el mayor descubrimiento de Jesús, que sabe que Dios no ha querido “salvar” a los hombres desde fuera (pues ni salvación ni condena vienen de lo externo), sino llevarles al lugar de la verdadera interioridad. Este principio de interioridad de Jesús (vinculado a su esfuerzo por liberar a los hombres de aquello que les puede oprimir y destruir, no dejándoles ser libres) define y marca la novedad del evangelio.

Jesús interpreta la pureza o impureza como realidad que brota del corazón, y de esa forma devuelve al ser humano su autoridad, su autonomía. La tarea de la Iglesia es lograr que los hombres y mujeres sen autónomos en línea de bien, que desarrollen un buen dia-logismo, que así vivan en autonomía al servicio de la vida de los otros.

b. Profundización. Interioridad, un buen dia-logismo

La Iglesia no busca un orden externo de conciencias,una legislación impositiva sobre comidas o relaciones afectivas (mesa, espacio de amor...), sino la creación de una conciencia más alto de autonomía y de creatividad en el amor.

Lo que de verdad importa no es aquello que el hombre hace en un nivel externo, en el plano de los ritos que se imponen por vieja tradición o por costumbre social, pues la religión ha de situarse en el nivel de la libertad interna, desde la que brota y se despliega.

Lo que importa es descubrir la propia responsabilidad, desde el don de Dios, escuchar su llamada y responderle Ese dia-logismo es lo más más íntimo y personal (el “dentro” del corazón), pero es, al mismo tiempo, el principio de máxima apertura: El buen corazón (el pensamiento bueno) hace que todos los hombres y mujeres puedan vincularse en amor.

El tema y tarea de la iglesia es lograr una comunión abierta a todos, desde esa libertad radical del ser humano, en clave de gracia. Muchos piensan que los hombres y mujeres solo pueden vincularse por una ley de fuerza, por un código de normas bien ritualizadas, impuestas desde arriba, con carácter sagrado. Otros añaden que cuando se derriban esas normas, cuando el muro de protección legal se hunde, se corre el riesgo de que irrumpa el desenfreno, con la falta de distinciones entre el bien y el mal y la lucha de todos frente a todos.

c. Profundización, las obras del mal corazón (7, 18b-23) un catálogo de “vicios”

Así dice Jesús, según el evangelio de Marcos... que recoge aquí una experiencia de vida de la Iglesia que ha sido formulada, en la línea de Jesús, por los mismos cristianos de su comunidad. Esta es la palabra clave en disputa con otro grupo de judíos más legalista:

Nada que entre de fuera puede manchar al hombre puesto que no entra en su corazón, sino en el vientre, y va a parar a la letrina - purificando así todos los alimentos-? 20 Y añadió: Lo que sale del hombre eso es lo que mancha al ser humano , pues de dentro, del corazón del hombre, provienen

los dialogismos malos (las malas deliberaciones):
‒ fornicaciones, robos, homicidios,
‒ adulterios, codicias, perversidades,
‒ fraude, libertinaje, envidia,
‒ injuria, soberbia e insensatez.
Todas estas maldades salen de dentro y manchan al ser humano (Mc 7, 18-23)
.

Nada que que viene de fuera (exôthen; 7, 18b-19)… El problema es la pureza interna

El tema de las comidas externas (carne de cerco o de cordero, legumbres o vino...) resulta secundario... Es secundario también un tipo de organización familia. Lo que importa es que todo sea signo y consecuencia de buen corazón, es decir, de unos buenos dia-logismos(pensamientos profundos, en línea de deliberación).

Significativamente, este Jesús de Marcos no dice de dónde y cómo brotan estos “malos pensamientos”... Sólo dice que ellos provienen del interior del corazón, esto es, del mismo ser humano, que (siendo en sí bueno), puede pervertirse

Un catálogo de vicios, para uso de la Iglesia (7, 21-22).

El principio básico de Jesús (toda comida es limpia, todo humano en cuanto tal es puro, las relaciones sociales y afectivas son buenas en cuanto tales) le permite (y le invita a) elaborar un “catálogo” de aquellos vicios que provienen de un corazón que se pervierte. El mal no se halla fuera (en algunas comidas, o en algunos individuos o grupos humanos especialmente pervertidos), sino en el centro de la persona (varón o mujer), que puede hacerse mala a través de su deseo pervertido.

En ese contexto se entiende este catálogo, que proviene de una comunidad judeo-helenista, y que es semejante a otros que hallamos en la tradición de la moral pagana y judía (y cristiana) de su tiempo, desde la fornicación, robo y homicidio (signos clásicos del pecado) hasta la blasfemia, soberbia y necedad destructora de aquellos que rompen todo límite y medida de convivencia humana). La maldad de las acciones proviene del mal corazón, no del gesto externo, tomado de un modo ritual o biológico.

Este Jesús de Marcos nos reconduce a la hondura del ser humano, a la fuente de toda bondad cósmica y social, pero lo hace en la línea de Gen 1-3, afirmando que el mismo manantial de la limpieza humana que es el buen corazón puede mancharse, convirtiéndose en origen de los males, y lógicamente, para superarlos, ya no bastan los ritos, del tipo que sean, pues el rito en sí queda fuera, no dentro los hombres, y les acaba dividiendo. En la fuente y origen de toda limpieza, en contacto con el Dios creador, ha situado Marcos la experiencia interior del corazón; por eso, él busca un cambio o pureza interior.

Esa pureza, que Marcos busca y quiere promover, desde la experiencia (palabra y acción) de Jesús, sólo se puede expresar y desarrollar entre personas "liberadas" de presiones sacrales exteriores, en comunión de corazón y de afecto (y de pan: tema de la “multiplicación”) entre todos los seres humanos.

Los cristianos han superado así el sistema endo-gámico y endo-alimenticio de un tipo de judaísmo, enraizado en la reforma de Esdras-Nehemías, que está empezando a imponerse entre los escribas-fariseos de su tiempo. Al ofrecer y compartir el pan con todos, a campo abierto, la iglesia desborda los principios de una comensalía sacra, y de esa forma aquellos que había comenzado siendo comida compasiva (misericordia sobre Ley) acaba convirtiéndose en principio de una nueva comprensión de toda la vida humana .

Sólo el principio de la limpieza del corazón permite a los hombres y mujeres que puedan comer juntos y relacionarse entre sí de un modo afectivamente bueno. Ésta es la tarea de Jesús, la de unificar a los humanos desde el corazón y no a través de separaciones. Es un programa hermoso, pero exige que todos y cada uno asuman el gran “riesgo” y tarea de cambiar el interior humano, para superar los males que brotan de un corazón pervertido (exothên).

Esos males, que brotan del interior (es decir, de los malos dia-logismos) y que manchan al hombres pueden dividirse en cuatro unidades de tres males cada una, de manera que podemos hablar de doce males concretos, que forman como un conjunto de perversidad que proviene de dentro, pero que se expresa en el conjunto de la vida, de un modo social.

Principio de todos los males: dialogismo malos (kakoi; 7, 21b).

Según este Jesús de Marcos, el origen de todo mal es un “pensamiento perverso”, en forma de cálculo negativo, como indica la misma formulación del texto, que presenta estas deliberaciones o dialogismos como fuente y compendio de los doce males que siguen.

Estos dialogismos (que no son diálogos de verdad, sino mentiras interiorees) forman el principio de identidad de la vida, pues el hombre es un ser que vive en un nivel de “dialogismo”, de pensamiento y voluntad, en manos de sí mismo. Esos “dialogismos” interiores constituyen el “corazón” de la vida humana, son el principio de su propia libertad, su corazón. Evidentemente, Jesús sabe que hay un “dialogismo bueno”, un pensamiento positivo, fuente de amor. Pero los dialogismos pueden pervertirse, convirtiéndose en “deliberaciones malas”.

Estas deliberaciones malas dejan al hombre en manos de su propio pensamiento calculador, al servicio de sí mismo (de sus intereses individuales o grupales). Conforme a esta visión, en el principio del “pecado” no se encuentra, sin más, el mal deseo, sino el mal pensamiento, un “logos” o palabra que se retuerce sobre sí misma calculando aquello que le conviene, de un modo egoísta. Lo contrario a estos dia-logismoi es la Palabra de vida que Jesús siembra, una palabra que se acoge en fe y se abre en amor a los demás. La base de la vida humana no es calcular pensando de un modo egoísta, sino “creer” para amar. Ésta es la tarea de la iglesia

1. Primera tríada: fornicaciones, robos, homicidios (7, 21c).

Éstos son los tres primeros “males” o perversiones que, según este pasaje, derivan de un “dialogismo malo”. Las dos últimas “perversiones” de esta terna resultan claras: del mal pensamiento brotan robos y homicidios, como saben casi todos los tratados de moral, antiguos y modernos. Más complejo resulta el sentido de la primera perversión (porneiai, fornicaciones), que puede referirse a la incontinencia sexual, pero también a la idolatría, en sentido bíblico.

La fornicación original es el abandono de Dios, la adoración de los ídolos. Este segundo sentido parece aquí el más apropiado, pues del mal pensamiento proviene la fornicación-idolatría, que consiste en adorar a nuestros propios pensamientos/obras, en lugar de adorar a Dios. En esta línea se entienden los tres primeros males. Quizá podamos añadir que la idolatría aparece así como el primero de los males, es decir, como aquel que conduce al robo y al homicidio, tal como parece suponer Pablo en Rom 1, 18-32 .

2. Segunda triada: adulterios, codicias, perversidades (7, 22a).

Seguimos en la línea anterior, pasando del plano más externo (robo, homicidio) al más interno, que empieza expresándose en la destrucción de las relaciones personales más profundas (adulterio), para desembocar en la codicia o deseo de adquirir siempre más, de tenerlo todo, culminando en las perversidades (ponêriai) en conjunto.

También estos tres males provienen del interior, pero son básicamente de tipo familiar y social, no en una línea de destrucción de la pureza religiosa en cuanto tal (en plano intimista y/o sacral), sino más bien, de destrucción de la vida en su conjunto (partiendo del adulterio o quiebra del amor). En este destaca el mal pensamiento o dialogismo de la codicia, que consiste en identificar la vida con lo que se tiene, en lucha que nos lleva a enfrentarnos por los bienes económicos

3. Tercera triada: fraude, libertinaje, ojo malo (envidia) (7, 22b).

Fraude es el engaño (dolos), o, quizá mejor, la mentira, que viene a imponerse y dominar sobre la vida humana. Allí donde se empieza por los pensamientos malos (los cálculos egoístas) se desemboca en el engaño general (que es el fraude, dolor), expresado en el libertinaje (aselgeia), que actúa no sólo en el campo sexual, sino en todos los planos de la vida, en los que el hombre queda a merced de sus propios deseos, que llevan, finalmente, al ojo-malo (ophthalmos poneros), que traducimos como envidia, es decir, como deseo de ocupar el lugar del otro (es decir, de destruirle).

3. Cuarta triada: blasfemia, soberbia, insensatez (7, 22c).

Estos son los males supremos y empiezan poniéndonos, de nuevo, frente a Dios. El hombre que se deja llevar por el poder de sus cavilaciones pervertidas termina enfrentándose con Dios y ocupando su lugar (blasfemia), en una línea que retoma la idolatría del principio.

Los escribas acusaban a Jesús de blasfemia, por perdonar pecados. Aquí son ellos, en el fondo, los que vienen a quedar como blasfemos, queriendo ocupar el lugar de Dios (poniendo sus propias tradiciones en el lugar de la voluntad de Dios: 7, 8). De esa forma se muestra, estrictamente hablando, la soberbia (hyperêphania), que consiste en querer mostrarse (brillar) por encima de lo que es uno mismo, ocupando el lugar de Dios. Todo culmina en la insensatez (aphrosynê), que es lo contrario al buen pensamiento .

Conclusión.

Los cristianos actuales (siglo XXI) hemos superado en general ese tema de la “pureza” de las comidas como tales, pero no la impureza y pecado en la mala distribución de la comida (unos atesoran, otros mueren de hambre). pero la cuestión de fondo continúa, pues hombres y mujeres se separan y dividen entre sí por la comida, en un plano económico y social, y ella sólo puede resolverse desde la pureza interior.

Hemos alcanzado en general una libertad para el amor y las relaciones afectivas, pero no en línea de libertad creadora, al servicio del buen “pensamiento” (de un dia-logismo que se hace diá-logo de libertad en amor… Por eso, en general, seguimos inmersos no sólo en un legalismo antiguo, sino también en un tipo de profanación intensa del amor que es comunión.
Para que surja la comunidad mesiánica, desbordando el plano de la ritualidad social (comidas), los discípulos del Cristo han de llegar la raíz de la pureza (nivel del corazón), que les capacite para compartir bienes y alimentos, vida y futuro, en fraternidad. A ese nivel se unen interioridad (buen corazón) y exterioridad comunitaria (mesa compartida), creando iglesia universal.

Conclusión general. Tres principios

1. Interioridad.
El mensaje de Jesús va más allá de las normas de presbíteros o ancianos (7, 5), y de esa forma supera (no necesita los) los sistemas de seguridad que ha establecido un tipo de judaísmo legal, especialmente en el plano de familia y mesa. Lógicamente, las leyes sagradas como tales pasan a segundo plano, y así lo muestra de forma sorprendente la palabra sobre el korbán (dones del templo) y los padres (7, 5-13). En su literalidad, esa palabra podrían aceptarla otros maestros judíos. Pero es nueva la fuerza que recibe y el trasfondo donde se sitúa, relativizando no sólo la liturgia del templo, sino también las tradiciones de fariseos y algunos escribas, poniendo a los hombres y mujeres ante su propia interioridad, libremente.

2. Corazón.
La interioridad mesiánica va unida a la libertad personal: no es lo externo (exôthen: 7, 15.18) lo que mancha al ser humano, sino aquello que brota de dentro (esôthen: 7, 21). Asumiendo la más honda tradición profética de Israel, como auténtico judío, Jesús ha situado a los hombres ante la verdad (o riesgo de mentira) de su propio corazón. Sólo partiendo de esa fuente puede edificarse la familia mesiánica, no entendida ya en clave de poder (imposición de los presbíteros) sino de reciprocidad de dones y servicios: Dios mismo aparece así como garante de la vida (ayuda) que se ha de ofrecer a los padres necesitados, a quienes los hijos deben acompañar y ayudar, por encima de toda ley social o religiosa (7, 9-13).

3. Universalidad.
Todos los principios de vinculación externa (comida o raza, poder o prestigio) acaban siendo parciales y separan a unos grupos de otros. Sólo la pureza de corazón vincula por igual a todos los humanos, en fraternidad de familia y mesa, es decir, de comunión humana. En este plano, la “religión” de Jesús viene a entenderse como “religión humana”, en el sentido estricto de la palabra; no aparece como práctica especial de un grupo aislado, sino como experiencia y (exigencia) de apertura humana y comunión, desde unos pensamientos abiertos al encuentro entre todos los seres humano.


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Comentarios
  • Comentario por Emilita 02.09.18 | 15:38

    Pero lo importante de verdad, según yo creo, es que cada uno debe y puede ser su propio y gran sembrador de pensamientos. El que cultiva su corazón y su mente con buenos pensamientos, eligiendo en todo momento qué quiere pensar, y dándose cuenta de que en esta actividad está desarrollando y formando su conciencia humana, ese, digo, está haciendo posible una nueva creatividad dentro de sí mismo y contribuyendo a la creación de una Humanidad mejor. Somos responsables, porque somos libres, del mal que hacemos, y por tanto podemos elegirlo o rechazarlo,

  • Comentario por Emilita 02.09.18 | 15:36

    El buen pensamiento es algo que se elige. Yo soy más que mi pensamiento y desde luego no puedo identificarme sin más con lo primero que me viene a la mente. Pero sí puedo "elegir" mis pensamientos y el acto mismo de pensar, evitando así la entrada a imágenes y pensamientos automáticos y circulares (obsesivos).
    En nuestros pensamientos confluyen no sólo ideas, también aquello que hemos experimentado y sentido y todos los valores que a lo largo de la vida hemos ido escogiendo. Pero nada ni nadie puede eximirnos a cada uno del ejercicio mental de pensar. Por eso y no por otro motivo, somos responsables de nuestros deseos, y del modo en que les damos forma al pensarlos. Habría mucho que decir sobre el particular, bajando a lo concreto.

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