El blog de X. Pikaza

2.9.18. Si está limpio el corazón, toda comida es pura, todo amor es bueno

Dom 22,ciclo B. (Mc 7, 1-23), el tema es por tanto limpiar el corazón.

El evangelio del domingo selecciona sólo algunos versos de Marcos 7, carta magna de la libertad cristiana, en un plano de comida y amor (relaciones humanas). Pero he querido comentarlo por entero (Mc 7) , y aplicarlo, de un modo velado, a los diversos planos de la iglesia, desde el Vaticano hasta una casa de familia (incluidos seminarios y conventos, con pobres y empobrecidos, sexualmente excluidos etc.).

El tema es comer (¡que todos coman!) y amar (que todos amen), con buen corazón. Se trata, pues, de educar y sanar el corazón, no por más ley, sino por más libertad y verdad de amor

En esa línea, este evangelio de Marcos nos sitúa en el centro de la dinámica cristiana, en el lugar donde un judeo-cristianismo de ley se abre desde su interior (por impulso de la memoria de Jesús) a la gran libertad cristiana en la comida (tema que parece más externo) y en el amor y la familia (tema que puede parecer más exigente, pero que va unido al anterior). El texto puede dividirse en tres secciones:

1) Acusación de fariseos y escribas contra los discípulos de Jesús porque no guardan la pureza en las comidas, ni las tradiciones endogámicas del pueblo "elegido" (7, 1-5). Estos fariseos quieren comida y familia de ley (centrada en unos pocos puros).

2) Anti-acusación de Jesús que critica a sus críticos, diciendo que no cumplen el mandato fundante de Dios, que se expresa en forma de comunión universal (7, 6-13), que se expresa en forma de amor/comunión con los necesitados. Del nivel de la comida pasamos al plano del amor que es bueno, siempre que sea de buen corazón y lleve a la comunión de todos.

3) Enseñanza general sobre la pureza, esto es, sobre el valor universal del evangelio (de la buena nueva de Dios), abierta a todos los hombres,pero explicada después después de un modo especial a los discípulos. (7, 14-23).

Este evangelio no es una crítica en contra del “buen judaísmo” (¡que existe, gracias a Dios, y es admirable!), sino en contra de un mal legalismo judío o cristiano que puede pervivir y pervive en una parte de la Iglesia, que olvida el buen corazón, para seguir defendiendo tradiciones falsas de los presbíteros de turno.

Éste es un evangelio clave de la apertura universal del mensaje de Jesús, en línea de comida y afecto (de mesa y "lecho") una carta magna de la libertad cristiana, que no se cierra en un tipo de irenismo vacío (¡todo da lo mismo!), sino que se abre y expresa en forma de comunión responsable y creadora, que se puede y debe aplicar no sólo en temas de comida y mesa, que son esenciales, sino también de comunicación afectiva (en relaciones de familia y sexo) y de estructuras políticos sociales.

Buen domingo a todo. Siga leyendo quien tenga tiempo para entrar en eso que pudiéramos llamar la sala de máquinas del evangelio, el fuerte corazón del verdadero cristianismo.Todo será bueno, si es bueno el corazón. Se tratará, por tanto, de crear un buen corazón, en ternura y madurez, en justicia y libertad respetuosa. Ésa es la verdad del cristianismo.

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Dejad a Franco, transformad el Valle. Un Museo/Escuela de la Memoria

No le toquéis, por favor, él forma parte de la escuela de horrores que ha sido en gran parte la historia de España, tal como se centra en este Valle.

No es Valle de los Caídos por algún tipo de patria y de causa religiosa o redentora, pues aquella guerra de Franco (1936-1939) fue en contra de toda patria, religión y redención (entendida como fuente de libertad). Ése era más bien el Valle de (los) Cuelga-muros, y es ahora el Valle de los Cadáveres Secos , en el sentido de Ezequiel 37, 1-14, a no ser que lo transformemos en Valle de los Resucitados.

Pues bien, en ese contexto, el Sr. P. Sánchez, Presidente del Gobierno de España, acaba de anunciar (28/29. 8. 18) que no quiere convertir el así llamado Valle de los Caídos/Cadáveres en Museo de la Memoria, sino dejarlo como Cementerio Civil, pero respetando la Basílica Cristiana, cosa que, con todos los respetos, me parece imposible, pues los Cadáveres/Caídos son inseparables de la “llamada” Basílica, y para que el lugar sea “cementerio civil” esa Basílica/Tumba tiene que perder su carácter actual de Templo/Panteón Confesional cristiano.
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Hace unos días, en una línea algo distinta, Mons. Ricardo Blázquez, presidente de los obispos de España, ha dicho que ellos obedecerán lo que se mande según ley. Me parece bien que acepten en un plano la ley, pero desde mucho más:

Quiero que, tras casi de sesenta años de "posesión" de la Basílica/Tumba/Túnel de los Caídos, bajo régimen de "obediencia franquista", obispos y monjes ofrezcan para el lugar y para los ciudadanos una generosa propuesta cristiana, al servicio de todos, no sólo de los confesionalmente cristianos,ganando así en un sentido mucho más profundo aquello que en línea egoísta (no cristiana) pudieran perder.

En ese contexto, desde una “memoria bíblica” (humana), quiero ofrecer mi pequeña aportación sobre este Valle de los C., retomando y ampliando un motivo y proyecto que propuse, en este mismo portal, hace diez año (28.11.08), con el título: Belchite, Ciudad de la Memoria. Una propuesta.

Ésta es la reflexión de un cristiano que quiere ser universal (católica), y así la he conversado con algunos especialistas en memoria histórica, con el convencimiento de que, en este Valle de los C., la memoria puede (y ha de) ser principio de esperanza.

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28.8.18. San Agustín, la conciencia cristiana de occidente (354-430)

27.08.18 | 22:09. Archivado en Teólogos, Teología, Espiritualidad, Amor, Papa, obispos, Política

Algunos le han llamado "faro", yo prefiero llamarle la "conciencia" de occidente.

Fue quizá el primer "europeo", siendo bebeber africano, fue retórico, platónico latino, obispo cristiano... El primero que habla con plena conciencia de sí mismo. Hombre de grandes "pecados", que no están quizá donde él los piensa, hombre virtudes, que quizá tampoco están donde después se han pensado...

Sin él no seríamos lo que somos, ni en Europa, ni en la iglesia. No es un hombre al que debamos seguir, pero sí alguien con quien debemos discutir, para aprender incluso de sus errores, en estos momentos (año 2018) en que la Iglesia de Occidente tiene que dejar de ser agustiniana, para ser más bíblica, más mística, más libre,más social, superando un tipo de platonismo y maniqueísmo de los que Agustín no acabó a mi juicio de liberarse.

Tenemos que dejar de ser agustinianos en un sentido, para entender mejor al verdadero Agustín, para corregirle así, y corregirnos con él, pero eso sólo podremos conseguirlo dialogando, discutiendo, amando, buscando... y rehaciendo en otra línea su aventura vital, como podrá ver quien siga leyendo.

Esta "postal" es larga, tiene dos partes:

-- La primera, más breve (una semblanza en ocho momentos) evoca algunos aspectos básicos del pensamiento y vida de Agustín.

-- La segunda, más extensa, ofrece un desarrollo teológico y vital de San Agustín, y está pensada sólo para personas que quieran avanzar con él en una línea "discutiva" del pensamiento cristiano.

La imagen escogida como presentación quiere recoger los rasgos menos "convencionales" de Agustín, hombre apasionante y apasionado, un bereber genial... Sobre la relación con su "esposa" trato con extensión en la segunda parte de la postal. Buen día a todos.

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Familia: Amor para ser y nacer, patria para compartir, casa para acoger

26.08.18 | 09:05. Archivado en Biblia, mujer, hombre, Antiguo Testamento, Nuevo Testamento, Familia

Culmina hoy el Encuentro Mundial de Familias cristianas de Dublín (22-26 de agosto) en un clima marcado por un fuerte cambio, tanto en perspectiva de misión clerical como de autoconciencia de la Iglesia, fundada en Jesús para reunir a todos los dispersos y perdidos, en la línea de Jn 11,52 y Mt 25,31-46.

Ésta es una misión difícil, pero apasionante, en un tiempo en que parece que la Iglesia católica (universal) ha terminado por perder a todos, perdiendo al fin a las familias:


-- Se dice que en el siglo XVIII perdió a los intelectuales,
-- en el XIX a los trabajadores,
-- en el XX a las mujeres
-- y en este XXI a las familias.


Pues bien, ha llegado la hora de invertir el camino, empezando por la familia, como indicaré en las reflexiones que siguen.

La Iglesia había sido por siglos la “depositaria” del orden familiar: Había casado a las parejas, bautizado en su seno a los niños, enterrado en el Dios de la vida a los muertos… Pero está llegando un tiempo en que no casa, bautiza ni entierra. Pues bien, ha de hacerlo, pero de otra forma.

Por eso, esa “mala noticia” (acaba un tipo de familia), puede y debe convertirse en buena noticia, pues la Iglesia ha de aprender y empezar a cumplir de verdad su finalidad que consiste, según el texto del título, tomado de Jn 11, 52: Ella ha venido para acoger y vincular en uno a todos los perdidos y dispersos de la tierra: huérfanos, viudas y extranjeros, expulsados, distintos y encarcelados etc.

Éste es un buen momento (desde Dublín 2018) para retomar el sentido y tarea no sólo de las pequeñas familias, sino de la gran “familia mesiánica/cristiana de los hijos de Dios”, que son todos los hombres y mujeres de la tierra, conforma ese pasaje de Jn 11,52.

La familia eclesial no está sólo dentro, sino fuera de la iglesia, pues todos “son sus hijos”, hijos de Dios, hermanos de evangelio. Así quiero destacarlo en las reflexiones que siguen (tomadas de las conclusiones de mi libro sobre la familia), que parten de algunos principios generales, fundados en una lectura de la Biblia, para retomar y rehacer desde su base, el ideal y camino de la gran familia de los hijos de Dios en Cristo.

La iglesia ha descubierto muy pronto (a los pocos años de morir Jesús) que sus hermanos (familia) no son sólo los que cumplen la voluntad de Dios (sus compañeros en la tarea del Reino), sino de un modo especial los pobres y enfermos, los excluidos, sin casa y familia, como ha puesto de relieve Mt 25,31-46.

Ciertamente, Jesús ha valorado la “fidelidad esponsal”, como ha puesto de relieve Mc 10, 2-11 par, un texto clave en su visión de la familia; pero, al mismo tiempo (y en un sentido antes que esa misma fidelidad), Jesús ha valorado en carácter abierto de su familia mesiánica, en la que se incluyen de un modo especial los niños sin espacio familiar concreto, los enfermos y distintos de la sociedad.

En esa línea, la familia de Jesús está formada por todos los pobres y excluidos del mundo, y de un modo especial por aquellos que cumplen, con él y como él, la voluntad del Dios Padre universal... para formar su familia universal de buscadores de Dios.

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26.8.18. Muchos entonces se fueron ¿Nos vamos también o seguimos con Cristo?

Dom 21, ciclo b. Jn 6, 60-69. Termina este domingo el “sermón de Jesús” sobre la Iglesia y muchos se marcharon, diciendo que “éste no es nuestro camino". A su lado quedaron sólo Pedro y unos pocos, diciendo que tiene palabras de vida, aunque no le entienden del todo tampoco.

Han pasado desde entonces veinte siglos, y muchos, que han venido y quedado hasta hoy con Jesús, el menos en sentido externo fundando una iglesia importante, aunque muy clerical, empiezan a marcharse otra vez, entrado este siglo XXI, pero con la diferencia de que ahora algunos de ellos echan en parte la culpa a Pedro y a sus clérigos, en medio de una gran catástrofe moral.

Con grandes dificultades, Pedro y sus amigos (compañeros) habían edificado a lo largo de siglos una iglesia, que era de gloria de propios y admiración de extraños... Pero, tras siglos de gloria externa, parece que la luz de la Iglesia se apaga, de forma que Jesús vuelve a mirar, como hizo entonces en Cafarnaúm, sintiéndose nuevamente solo (y alguno diría “mal acompañado”) y nos dice: ¿Os vais también vosotros?.

Aquella primera vez quedó Pedro (históricamente hacia finales del I d.C.), para fundar y dirigir un tipo de iglesia que ha tenido grandes valores. Pero hoy (2018) muchísimos cristianos se preguntan si no ha llegado de verdad la hora de marcharse de ella, de crear otra iglesia... o de apartarse para siempre de todas las iglesia? Quizá nunca se ha dado una crisis tan fuerte como ésta, de manera que muchos empiezan a sentirse perplejos, y piensan incluso en el fin de la Iglesia del Cristo de Pedro y de sus primeros seguidores. ¿Qué haremos?

‒ ¿Irse de Jesús, abandona la Iglesia?
‒ ¿Quedarse con Jesús, pero sin esta iglesia de Pedro?
-- ¿No tener más Dios ni evangelio que el mercado, como indica la imagen?

Muchos han planteado unas preguntas como esas en este mismo portal (RD), echando la culpa a tirios y troyanos, clérigos y legos... No se puede resolver en unas línea, pero el evangelio de hoy nos ayuda a plantearlas mejor, pues indica que la crisis no es nueva, que hubo una parecido en los primeros decenios de la Iglesia, y que muchos marcharon, dejaron a Pedro y los doce. Así lo he querido mostrar de algún modo en las imágenes que he salpicado en el texto.

Entre ellas he querido poner cuatro principales (algunas se repiten):

1. Salir de la Iglesia o convertirla en mercado (como la de San Antonio de los Conventuales de Salamanca, convertida en área comercial).

2. ¿Cómo seguir en una iglesia antigua, oscura…? toda del pasado, sin más luz que la puerta de salida?

3. ¿Cómo seguir en una Iglesia que ha sacralizado hasta hoy (24.8.18) la llamada “cruzada” hispana, y a los 40 años de la muerte del Autócrata guerrero allí enterrado?

4. ¿Cómo seguir en una iglesia con un clero que, en parte pequeña pero significativa, ha podido apelar a su su poder "sagrado"para "utilizar" sexualmente a menores, de un modo mentiroso y quizá malvado?

Como he dicho, y vuelvo a repetir, en esta circunstancia, hoy mucho más que en tiempos del evangelio de Juan, millones de hombres y mujeres abandonan la práctica eclesial, al menos en el viejo Occidente. ¿Qué podemos hacer en estas circunstancias?

‒ ¿Echar la culpa a Jesús, porque su mensaje está obsoleto y es hoy inviable?
‒ ¿Condenar a las “masas” de esta nueva sociedad, que no quiere ya consumo religioso?
‒ ¿Retomar el camino de Jesús como hicieron entonces Pedro y unos pocos… o dejar un tipo de iglesia de Pedro, para caminar con Jesús sin ella. ?

-- La “historia” antigua del abandono de Jesús (proyectada hacia el tiempo de su vida), sucedió hacia el año 90-100 d.C., cuando una parte de las comunidades cristianas entraron en crisis y pasaron a una especie “gnosis” pre-cristiana, o dejaron simplemente de creer…

‒ Ahora, casi dos mil años más tarde, sentimos que vuelve un tipo de crisis semejantes: miles y millones de creyentes abandonan a Jesús, no pueden o no quieren escuchar su mensaje, ni seguir camino ¿Qué se puede hacer?
Responda cada uno tras leer este evangelio. Buen domingo a todos.

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Encuentro mundial / ocho familias de Cristo

Se está celebrando en Dublín (21-26.8.18) el encuentro mundial de familias cristianas, y ésta es buena ocasión para recordar algunos rasgos de ocho tipos de familias de Cristo.

El tema parece sencillo: Se dice que Jesús fue un judío piadoso, de buena familia … Pero tan pronto como entramos en la trama de su vida y de su “movimiento” mesiánico vemos que él ha tenido y suscitado (de modo inmediato o mediato) varios tipos de familia, como indicaré a continuación de un modo telegráfico, para ocuparme después de algunos de sus “familiares” (hermanos), que fueron importantes en la Iglesia primitiva

1. Una foto de familia. Cinco hermanos, dos hermanas (Mc 6, 3)


Me gustaría imaginar la foto de familia de Jesús, con cuatro hermanos (Santiago, Josefo, Judas y Simón) y, al menos, dos hermanas (cuyo nombre no ha "querido" recordar el san Marcos). Ésta que presento es quizá convencional: Están los siete hermanos, ellos y ellas, modosos, sobre todo las hermanas (Jesús debe ser el primero de la izquierda, seguido de Santiago). María y José no salen, ésta es sólo una foto de hermanos.

¿Qué significa que Jesús haya nacido en el seno de una familia extensa de "hermanos", quizá de varios tipos, no sólo de sangre inmediata, sino de primos, allegados...? ¿Cómo relacionar los hermanos de origen (carne) de Jesús con sus hermanos mesiánicos, enfermos, pobres, encarcelados, la familia del Jesús de la patera?

Quisiera ver a Jesús como niño que crece y se independiza (rompe con un tipo de pasado), entre hermanos y hermanas, en un contexto de amor y conflicto creativo.
Ciertamente, le puedo imaginar como hijo de padres piadosos; pero esos padres han podido ser también conflictivos, por lo que sabemos de José, y de la trama, al parecer “irregular” del nacimiento de Jesús.

Como indicaré en la segunda parte de esta postal, Jesús fue hermano entre siete magníficos hermanos, pero buscó la voluntad de Dios de un modo que acabó siendo conflictivo, rompiendo incluso con sus mismos padres y distinguiéndose mucho de otros hermanos como Santiago.

2. Familia simbólica, una experiencia de misterio

Presenté en la postal de anteayer el icono conmemorativo de este Encuentro Mundial de Familias de Dublín, con la figura Jesús, María y José, recreado a partir de la Trinidad Angélica de A. Rublev. Es una imagen buena, pero recorta e idealiza la realidad concreta de los “hermanos” de Jesús, tanto los de carne y sangre (bien recordados por Marcos y Pablo), como los de evangelio: Todos los que cumplen la voluntad de Dios, los hambrientos y sedientos (eso que llamaré la familia de patera) son sus hermanos.

José debió morir pronto, pero Mt 1-2 le presenta como símbolo del auténtico Israel, que se ha convertido al Mesías Jesús, acogiendo y preparando su llegada. Por su parte, María (criticada en el fondo por Marcos, por formar parte del grupo de los hermanos de Jesús en la Iglesia) terminará apareciendo en el conjunto de tradición evangélica (Mateo, Lucas y Juan) como expresión y realidad más honda de la familia de Jesús, en clave de acción del Espíritu Santo y de fidelidad cristiana.

3. Los que cumplen la voluntad de mi Padre, esos son mi hermano, mi hermana y mi madre (Mc 3, 31-35 par).

La tradición cristiana recuerda con enorme nitidez la disputa que se dio en la primera iglesia sobre la identidad de la familia de Jesús, en el contexto de un judaísmo patriarcal, donde hubiera sido consecuente que los familiares de Jesús hubieran formado un “califato”, como el que surgió más tarde en el Islam.

Tanto Pablo como Marcos (y en otro plano Mateo, Lucas y Juan) mantienen recuerdos o girones de ese “califato”,
por la autoridad que en las iglesias tuvieron o, al menos, postularon, algunos “hermanos” de Jesús, dispuestos a heredar su “poder espiritual” y social (mesiánico), para dirigir la iglesia tras la pascua.

Pablo valora a esos “hermanos de familia” de Jesús, pero se opone a su pretensión de califato mesiánico. En esa línea, Marcos (y tras él Mateo, Lucas y Juan, con tonos y subtonos distintos) rechazan también ese “califato” (la autoridad mesiánica de los hermanos de sangre de Jesús), afirmando de manera taxativa que todos los creyentes (los que cumplen la voluntad de Dios, según Jesús) son su hermano, su hermana y su madre. Eso significa que cada creyente es autoridad suprema en la Iglesia.

4. Familia íntima. ¿Mujer e hijos de Jesús?

Desde tiempo muy antiguo (al menos desde Mateo, Lucas y Juan) la iglesia ha puesto de relieve la función simbólica de María, la madre, no de José, el José, en el despliegue y en la identidad de la Iglesia, en la línea del surgimiento (origen y sentido) de la familia mística mesiánica de Jesús.

Por otra parte, los evangelios conservan y destacan, con toda naturalidad y frescura las relación personal profunda de Jesús con hombres, mujeres y niños de su entorno,
de manera que él aparece como hombre de familia. En esa línea se ha podido decir que él sentía un afecto especial por María Magdalena, llegando a decirse a veces que eran pareja, marido y mujer, casados.

El Nuevo Testamento no ofrece una respuesta tajante a ese tema, de manera que en principio Jesús podría haberse casado. Pero desde la perspectiva de su mensaje (y desde la misma historia), conforme a lo que he puesto de relieve en la Historia de Jesús, parece mucho más probable que fuera célibe, no sólo por su relación abierta con todo tipo de personas (sin una o dos que fueran más íntimas, como mujer e hijo? , sino también, y sobre todo, por el tema del “califato” ya evocado.

Hubo en la iglesia primitiva un interés “enorme” por capitalizar la herencia de Jesús, como he puesto de relieve al hablar de sus hermanos. Pues bien, en ese contexto, la iglesia en general ha respondido que “todos” los creyentes eran y son hermanos-hermanas y madres de Jesús (retomando posiblemente sus palabras históricas). Si hubiera estado casado, no hubiera hablado así, pues su esposa y sus posibles hijos hubieran sido herederos especiales de su mensaje y Reino, cosa que no ha sucedido en la historia primitiva de la iglesia.

5. Mis hermanos más pequeños, una familia de patera

La iglesia ha descubierto muy pronto (a los pocos años de morir Jesús) que sus hermanos (familia) no son sólo los que cumplen la voluntad de Dios (sus compañeros en la tarea del Reino), sino de un modo especial los pobres y enfermos, los excluidos, sin casa y familia, como ha puesto de relieve Mt 25,31-46.

Ciertamente, Jesús ha valorado la “fidelidad esponsal”, como ha puesto de relieve Mc 10, 2-11 par, un texto clave en su visión de la familia (y en su manera de valorar el matrimonio como experiencia de la fidelidad de Dios); pero, al mismo tiempo (y en un sentido antes que esa misma fidelidad), el evangelio ha puesto de relieve el carácter abierto de su relación con la gran familia mesiánica, en la que se incluyen de un modo especial los niños sin familia, los enfermos y distintos de la sociedad, los hambrientos, exilados y los encarcelados, con los distintos sexuales (los eunucos...).

En esa línea, la familia de Jesús está formada por los pobres y excluidos , y de un modo especial por aquellos que cumplen, con él y como él, la voluntad del Dios Padre universal... Pero no podemos olvidar que, en su origen, él formaba parte de una familia concreta, que él quiso ampliar, hasta formar, a partir de ella, su familia universal de buscadores de Dios.

6. Familia eclesial. La Iglesia novia


Muerto Jesús, desde la experiencia de su comunidad, de un modo sorprendente, ya muy pronto, a los pocos años de la pascua cristiano, Pablo presenta a la Iglesia como novia o esposa casta del Cristo (1 Cor 11, 2), retomando un motivo que aparece en varios estratos del Antiguo Testamento, donde Dios se muestra como Esposo/Padre de Israel, y el pueblo como Esposa/Hija de Dios.

Ese es un motivo que debe reinterpretarse de un modo radical, desde la nueva visión del evangelio, donde el mismo Pablo afirma en sentido originario que ya no hay varón ni mujer (esposo ni esposa…), todos somos uno en Cristo. Pero la Iglesia en su conjunto no ha tenido el valor o inspiración necesaria para reinterpretar desde la pascua de Jesús esas palabras, de manera que ha terminado presentando al Cristo como Esposo y a la Iglesia (y en especial a las mujeres casada) como esposa, en una línea esbozada y superada críticamente por Ef 5.

Los hombres aparecen así (y en particular las mujeres) como esposas del Cristo, conforme al motivo simbólico de las “diez vírgenes” (Mt 25), que ha sido elaborado de un modo especial (y a veces poco crítico) por un tipo de experiencia mística que la Iglesia ha “especializado” para mujeres.

7. Compañía o milicia de Jesús, una Sociedad apostólica

Frente a ese modelo de familia de Jesús, representa por “mujeres” novias/esposas (que ha podido poner de relieve, de un modo críticamente genial San Juan de la Cruz), los jerarcas de la Iglesia han tomado muchas veces el signo del “esposo”, de manera que los obispos (pastores por su cayado, reyes por su corona) han podido presentarse como novios/esposos de la Iglesia (casados con ella, con anillo y todo), fundando en esa base su mismo celibato.

Pues bien, en ese contexto resulta quizá más significativo el modelo de San Ignacio de Loyola (propio de los jesuitas), donde los “enviados” (misioneros) de la Iglesia aparecen como “compañeros” de Jesús (ellos, varones, no las mujeres…). Ese modelo sigue siendo fundamental, y puede aplicarse en tiempos de crisis, como germen de una gran "milicia" evangélica, en la línea de eso que suele llamarse la Iglesia militante. Por eso invitaba a los jesuitas (y en el fondo a todos los cristianos) a realizar el viaje frustrado de Ignacio y de sus primeros "compañeros" (militantes) a Jerusalén, para encontrar y seguir desde allí las huellas de la familia de Jesús.

8. Tema abierto: Celibato ministerial, castidad consagrada, familia para los que no tienen familia…

Las reflexiones anteriores nos sitúan lejos de una visión “ministerial y ascética” del celibato, entendido en forma de compromiso especial por Jesús, propio de los “mandos” de la Iglesia, dejando así el matrimonio par la “clase de tropa” (San Josemaría Escribá, Camino). Ciertamente, son pocos los que afirman ya que el matrimonio y otros tipos de familia son un “consuelo” para la “clase de tropa”, pero a mi juicio queda por hacer un planteamiento más hondo y evangélico sobre la familia o familias de Jesús, en la línea de las reflexiones anterior.

Sin duda, tiene sentido un celibato ministerial, entendido como libertad para el evangelio y como solidaridad con los más pobres…, en la línea de los Eunucos para el Reino de Mt 19. En esa línea se ha podido hablar de una castidad consagrada, como experiencia transformación interior en el amor, y de apertura solidaria y plena hacia aquellos que no tienen familia, en la línea de 1 Pedro, donde se presenta a la iglesia como casa o familia para aquellos que no tienen familia o casa.

Pero al mismo tiempo es muy importante el matrimonio por el reino, en forma de comunicación personal en el amor, en sus diversas formas, desde las perspectivas que abre el evangelio de Jesús y la misma sociedad actual, como deberá precisar este Encuentro Mundial de Familias de Dublín (agosto 2018)

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Dublín 21-26 de Agosto. Iglesia: Encuentro de familias o "estado" clerical

Posiblemente, la antítesis está mal planteada, pues la Iglesia es ambas cosas, y también otras distintas. Pero se celebra estos días el Encuentro Mundial de las Familias como reza el icono conmemorativo (imagen 1), que pone como signo de la iglesia una trinidad angélica (tipo Rublev) y muy histórica, con José-María-Jesús como piadosa y “divina” familia, con fondo eucarístico (una mesa común) y con escenas del mensaje de familia de Jesús a los lados del tríptico.

El letrero de base del icono recoge el título del Documento Postsinodal (2015-2016) del Sínodo sobre la Familia, convocado por Papa Francisco y titulado la Alegría de Amor (Amoris Laeticia), la buena nueva del amor/familia como fuente y signo de alegría cristiana. Todo ello en un entorno de fuerte devoción, de intensa piedad.

Ciertamente, la piedad es importante, y también la devoción, y la religiosidad en las familias, pero mucho me temo que este nuevo encuentro de Dublín, a pesar de la pasión del Papa Francisco por el tema, no va a tener un verdadero impacto en la visión y práctica del cristianismo en el nivel de las familias.

Posiblemente, el encuentro discurrirá sobre temas marginaless, cuando este tiempo exige un cambio radical en la visión de la familia. Así supo entenderlo ya el evangelio de Jesús (siglo I d.C.), pero después de XX siglos (año 2018) seguimos estando muy perplejos ante el tema, a pesar de la buena intención de millones de creyentes. Han pasado muchísimas cosas en los últimos decenios, desde que San Juanpablo II fundó estos encuentros el año 1994… y los problemas de fondo no parecen haberse enderezado.

‒ Muchos pensamos que el “estilo” de Encuentros sobre la Familia de Juan Pablo II no logró cuajar, ni tampoco el de Benedicto XVI… (a pensar de las misas y celebraciones de familia que se habían prodigado en aquellos tiempo, especialmente en España). El Papa Francisco ha querido introducir nueva savia de evangelio en el “árbol” de la familia, pero tengo la impresión de que su intento no se ha concretado todavía, empalmando de un modo fuerte con la realidad, ni con la raíz del evangelio, a pesar de sus esfuerzos expresados en el famoso Sínodo Doble de las familias (2015-2016), con el documento Postsinodal Amoris Laetitia.

‒ Estamos perplejos (he dicho), pues el tema no es sólo de las familias por aislado, sino de la misma constitución “familiar” y/o clerical del cristianismo. Da la impresión de que este Encuentro 2018 (al que asiste, entre otros, “mi” obispo de Bilbao, Mons. M. Iceta y su vicario y amigo J. Agustín Maíz) sigue siendo demasiado “clerical”, en un momento “delicadísimo” en el que un Jurado de Pensilvania ha destapado un tipo de “olla podrida” de prácticas muy poco “familiares” de algunos círculos eclesiásticos.

No estamos ahora para dar grandes lecciones (ni en Dublín, ni en Philadelphia PENN), sino para aprender humildemente, volviendo al principio del evangelio, desde nuestra realidad concreta, empezando de nuevo, en la línea de Jesús, si es que queremos llamarnos cristianos.

Quizá algunas “repercusiones” del Jurado de Pensilvania han sido mayores por un tipo de anti-cristianismo,pues la “pederastia” no es un tema exclusivo (ni dominante) de la familia eclesial, sino que está presente en (casi) todos los estamentos de la vida escolar, social, familiar etc. Pero en la Iglesia más duele, porque ella ha querido ser "maestra de buena familia", dando lecciones a otros, sin tener limpia nuestra casa.

Vengo estudiando desde hace más de 25 años sobre el tema (antes que el Juan Pablo II convocara el primer Encuentro de Familias), como he puesto de relieve en muchos escritos, y en especial en La Familia en la Biblia. Pues bien, en estos días que siguen, quiero insistir en algunos motivos del tema, empezando por experiencia esencial:

Más que experiencia de buena-familia, fundada en un buen-padre, el cristianismo es experiencia de familia-comunidad, donde la función del “padre de familia” (¡para bien y para mal!) ha sido en gran parte sustituida por el Padre-Dios y por el Padre-Clérigo.

Desde ese fondo se entiende, con sorpresa enorme, la diferencia entre el judaísmo (que sí ha sido y es religión de familias, centradas en el padre) y el cristianismo (que se ha convertido en religión de comunidades clericales, donde el padre de familia no tiene prácticamente ninguna función). Para situar el tema quiero empezar citando las funciones principales del padre de familia en el judaísmo.

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Ser cristiano es decir: Tómalo y come, es mi cuerpo

No nos atrevemos a decirlo y a ser pan compartido, pero Jesús pudo atreverse y les dijo (nos dijo ) dijo "tomad y comed".

Éste es el evangelio de los últimos domingos que he venido comentando (cf. Jn 6, 51-58). Ésta es la palabra y obra central del cristianismo: El don gratuito de la vida; Dios en Cristo, el alimento del que somos y vivimos.

Lógicamente, los de fuera preguntaban: ¿cómo puede éste darnos a comer su carne, es decir, su cuerpo? No podían creer, no querían creer, la religión era para ellos una ley o imposición sagrada.

También hoy preguntamos: ¿Fueron verdaderas esas palabras de Jesús,él dio su cuerpo/carne de verdad, o fueron sólo y siguen siendo una mentira falsamente piadosa (aprovechada) de clérigos que la utilizan la utilizan para dominar sobre la Iglesia?

¿Quién puede proclamar, en nombre de Jesús (es decir, en nombre propio, pues cada uno es Jesús al celebrar su presencia) éste es mi cuerpo, está es mi sangre?

Esa “palabra” (quizá la más importante de la Iglesia) cuyos ministros dicen en la misa con (como) Jesús “éste es mi cuerpo que yo doy para comida”) puede terminar siendo la mentira de muchos que dicen “esto es mi cuerpo que yo doy por vosotros” para aprovecharse del cuerpo y de la vida de los otros, incluso de los niños.

El evangelio es esto: Somos "Dios" o, mejor dicho, de Dios dando la propia vida como carne-vida para los demás, en una "misa" que se abre y expresa en formas distintas de dar el cuerpo/vida para que otros sean, a modo de “comida” (alimento) de los demás :

- así la madre con el padre da su cuerpo al niño, para que sea, para que coma…;
- así los enamorados que comparten (se comen, se dan) el propio cuerpos…
- así los que trabajan y ayudan a los otros, dándoles de comer, acogiéndoles en casa (Mt 25, 31-46), pueden decir y dicen al menos implícitamente (pero muy en verdad) “esto es mi cuerpo”.

Las imágenes que siguen, conocidas casi todas, nos ayudan a situar el tema de la eucaristía, un tema iconográficamente poco definido (a mi entender), que nos lleva de la "comida de engaño" del "pecado" del principio, a la comida de "verdad" de Jesús con sus discípulos

Desde ese fondo quiero comentar algunos rasgos del despliegue de la eucaristía, en siete proposiciones fundamentales y una conclusión general. Buen día a todos.

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D 19.8.18. Jn 6: Mi carne es comida. Nueva eucaristía, una iglesia distinta

Tiempo ordinario. Juan 6,51-58. He venido presentando en los domingos anteriores el “sermón del pan de vida” de Jn 6, con diversos rasgos de su visión de la eucaristía, desde una perspectiva mística, personal y social.

Desde ese fondo, sabiendo que “nuestra carne” es comida, quiero proponer y celebrar una nueva eucaristía.

Eso implica un cambio total, pues la iglesia católica ha sido, en los últimos siglos, un inmenso “aparato” litúrgico y jerárquico, personal y social, encargado de mantener un tipo de celebración, que ahora, entrado el siglo XXI, ha quedado “seco” (al menos en el hemisferio norte), pues no queda ya casi nada de la vieja eucaristía. Los números son claros;

‒ Donde antes (hace cincuenta años) venían a celebrar (oír) misa 300 personas ahora muy a duras penas llegan a 30 (y el número descenderá)

‒ El “aparato clerical” montado para esa celebración se resquebraja, por más heroicos y santos que sean la mayoría de sus miembros (a pesar de los escándalos que algunos pregonan).

Por exigencia de este tiempo y por fidelidad al evangelio, ha llegado el momento de replantear el tema de forma muy “mística” (de comprensión de la vida en Cristo) y muy personal y social”, redescubriendo el sentido de la “celebración” cristiana de Jesús, como experiencia y tarea radical de comunicación (de ser y vivir unos en otros).

Nos hallamos ante una nueva y antigua misión (misa y misión significa en realidad lo mismo: envío): re-descubrir y re-crear el evangelio, partiendo del evangelio de hoy, que con lenguaje durísimo y muy dulce (comernos: comer unos la carne de los otros) nos sitúa ante la experiencia radical de la fe (creer y crear la vida como don compartido: eso es Dios), expresada y realizada en forma de comida.

Lo que la “misa” celebra es que los unos vivimos de (en) los otros, para formar así un “pueblo en Dios” (=una humanidad solidaria), en gozo mutuo, en experiencia y esperanza de resurrección (resucitamos y vivimos en la vida de aquellos a quienes damos la vida).

En la primera imagen, tomada de un icono armenio, vemos a Jesús que se identifica con la “cruz abierta en forma de pan/circunferencia/mesa”, como Vida que se entrega y comparte (en forma universal) con todos los hombres representados por los once (doce menos Judas que prefiere salir con su bolsa del círculo de vida compartida).

Jesús nos introduce así en su mesa redonda (un cuerpo, un pan), de forma su somos “eucaristía”, pues somos (nos hacemos) Dios en Cristo al dar y compartir la vida unos con otros, esto es, al decir "que mi carne es comida", haciendo que así sea.

Las imágenes que siguen evocan otros aspectos y elementos de la eucaristía, con rasgos que quizá debemos abandonar y otros que debemos potenciar (otras). Vea el lector lo que conviene en cada caso.

Sólo me queda recordar que el tema de fondo está tomada de un par de entradas de mi Diccionario de la Biblia. Buen domingo a todos, y siga leyendo quien lo quiere (quien esté dispuesto a ser eucaristía, haciendo a la vez que las eucaristía litúrgicas que celebramos sean distintas, según el evangelio.

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(3) Asunción, el último "dogma" de la Iglesia Católica

15.08.18 | 08:17. Archivado en Iglesia Instituciones, Jesús, María

Ayer mismo (era yo un niño), el año 1950, en lenguaje de su tiempo, el Papa Pío XII, "definió" este dogma, él "último" de la Iglesia:

Pronunciamos, declaramos y definimos que la Inmaculada Padre de Dios, la Siempre Virgen María, cumplido el transcurso de su vida terrestre, fue elevada (Asunta) en cuerpo y alma a la gloria celeste (Denzinger-Schönmetzer 3903).

De esa forma completó y culminó hasta hoy (2018) la "conciencia" mesiánica más espiritualista de la Iglesia católica, aplicando a María el don y experiencia pascual de Jesús, algo que no es exclusivo de ella sino de todos los creyentes, y en el fondo de todos los hombres que viven inmersos en la vida del Dios de la Vida.

Éste es el último dogma de la Iglesia católica romana, en la línea de Nicea (323). María ha sido una mujer en Dios, inserta en y con Cristo, su Hijo, en la Vida Originaria que es la Vida en plenitud (en este mismo mundo).

Después con el Vaticano II (1962-1965) no hubo ya dogmas de María (ni de la Iglesia), sino cartas y textos pastorales. Hoy el Papa Francisco (tan lejano y tan cercano a Pío XII) tiene otros temas pendientes de Iglesia, no está quizá para dogmas marianos, aunque éste de la Asunción abre un camino esencial en la conciencia más "divina" de la iglesia más "humana", como seguiré indicando en lo que sigue.

En la imagen un Icono tradicional de la Dormitio/Asunción: María muere, y así queda su cuerpo en la "cama" del sepulcro, mientras Cristo su Hijo toma su alma (María en pequeño) y la lleva a su Gloria. Los Doce de Jesús (con algunas mujeres al fondo) quedan ya solos en torno al sepulcro de la Madre.

Quizá, para completar el dogma de María en línea del Concilio de Nicea, habría que completar el dogma diciendo que la Asunción ha sido y es la plena humanización de María (y de la humanidad en Dios), representada en ese icono por los Doce de Jesús, una "compañía mesiánica" en camino, que deberá se más claramente de hombres y mujeres, no sólo de varones.
Buen día de la Asunción a todos.

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(2) Dormitio (Asunción). Gebira, el primer "culto" mariano de la Iglesia

14.08.18 | 15:46. Archivado en María, Amor, Cristología

La tradición antigua hablaba de la “dormitio” (dormición, muerte venerable), de María, Madre de Jesús, cuya memoria más antigua se conserva en la Iglesia del Valle Cedrón de Jerusalén (imagen 1).

La tradición posterior de occidente ha preferido hablar de “asunción” (elevación) de María, pero sin olvidar que ella es la Gebira, origen y signo más hondo de la "carne/autoridad" humana de de Jesús, Dios Encarnado

Dese desde ese fondo, siguiendo en la línea de la postal de ayer quiero o presentar a María como signo hondo de la humanidad/divinidad de Jesús (nacido de mujer, Gal 4,4), poniendo de relieve, ya desde el principio, los tres rasgos principales de su identidad, según el evangelio:

− María forma parte de la historia de Jesús. No es un “espíritu” aparecido sobre el mundo (docetismo), ni es un ser extramundano, sino que pertenece esencialmente a la historia de Jesús (pues de ella nacido), lo mismo que Pilato (responsable de su muerte). Por eso, rechazando a María como mujer histórica se rechaza el cristianismo. Sólo porque ha nacido de hecho como “hijo de mujer” (Gal 4, 4), Jesús ha podido resucitar de hecho, como salvador. Las interpretaciones de ese nacimiento y resurrección pueden ser distintas, pero todas comparten la referencia al Jesús histórico a quien interpretan de un modo mesiánico.

− María, un signo universal. Al principio, María forma parte de la iglesia judeo-cristiana de Jerusalén (como parecen suponer todavía Pablo y Marcos), de manera que su figura no importa para el resto de las iglesias. Pues bien, en un momento posterior ella aparece en el conjunto de las iglesias como madre humana (universal, para todos), superando, por obra del Espíritu-Santo, un tipo de límites “carnales-cerrados” del judaísmo), de manera que puede concebirse como signo de presencia de Dios para todos los cristianos. Esta opción por la universalidad está fundada en la tendencia helenista de la iglesia (desarrollada sobre todo por Pablo), pero los evangelios de Mateo, de Lucas y de Juan la vinculan ya a figura concreta de María, madre de Jesús.

− María, carne de Dios. Esta visión universa de María supera un tipo de “exclusivismo intra- judío”, pero no para “excluir la carne” (la vida real, la historia), sino para fundar la historia y vida de Jesús en la “carne humana, universal”, de María, que se no entiende de un modo espiritualista, como pura gnosis interior, sino de un modo concreto, vital, económico, social, en la línea de Jn 1, 14, donde se dice que la Palabra de Dios se hizo carne.

María no es carne en oposición a espíritu, no es “tierra” en oposición a cielo, sino que es humanidad llena de Dios, como mujer, como persona. Sin esta afirmación de la “carne” (historia, humanidad) de María Jesús hubiera sido un fantasma, el cristianismo pura “ideología”.

Desde ese fondo tenemos que poner de relieve el origen judío de la "mariología", es decir, de la importancia de María en la visión del cristianismo (en la comunidad judeo-cristiana de Jerusalen, dejando ahora a un lado la tradición de Galilea).Buen día de María a todos los amigos y lectores de este blog.

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15.8.18. María (1). Mujer histórica, símbolo del cristianismo

13.08.18 | 16:12. Archivado en Jesús, Nuevo Testamento, María

Celebramos el próximo 15, el día de la “dormición” o “asunción” de María, la más importante de sus fiestas en la Iglesia de occidente.

En ese contexto, en la línea de otras postales que he dedicado en este blog a su figura, quiero presentar nuevamente algunos rasgos de su historia, como mujer concreta (madre y seguidora de Jesús) y de su memoria creyente (María de la fe) en el principio de la Iglesia, partiendo de la misma Biblia.

La visión mariana de la Iglesia ha sido obra de la gente, más que de la reflexión de los teólogos o de algún tipo de planificación jerárquica. Gran parte del pueblo cristiano antiguo (y moderno) se ha identificado de algún modo con María, la mujer histórica, la madre de Jesús, convertida en gran símbolo cristiano.

Seguirán tras esta dos "postales", que quieren ofrecer una pequeña mariología de verano, desde la perspectiva católica, en el hemisferio norte. Irán dedicadas a todos los que, manteniendo de un modo agradecido la memoria de María, que fue una mujer "gebira" (como verá quien siga leyendo), llegando a ser quizá el signo más importante de la iglesia católica en los últimos siglos, como han dicho, con evidente exageración algunos protestantes, que nos acusan (a los católicos) de ser papistas y mariólatras.

Será bueno saber lo que puede haber detrás de esa acusación, desde una perspectiva de María. Posiblemente, los católicos debemos saber lo que implica María en nuestra forma de vida cristiana, pero también han de saberlo (y aprender) muchos protestantes. Buenos días de víspera del Día de María 2018.

Será bueno pre-sentir lo que ella (María) puede seguir ofreciendo como judía histórica y como cristiana originaria a la vida y tarea del evangelio en este siglo XXI.
Imagen 1: La Virgen de la aldea (de Chagall, pintor judío)
Imagen 2: María y el niño (una mujer oriental)

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Me llamaban Mario, pero soy María. Para una teología trans-género

11.08.18 | 20:28. Archivado en mujer, hombre, Amigos, la voz de los, Amor

Presenté hace unos años la historia de una persona que, habiendo vivido como Mario, hombre bastante feliz y bien casado, con una hija de 21 años, acabó de descubrir que era y quería ser mujer, decidiendo someterse a una pequeña operación, con ayuda hormonal, para cambiar de género y ser lo que siempre había querido: María (cf. cf postal del 13.06.12).

Era (es) una persona conocida en su país, donde trabaja en los medios y en instituciones al servicio de la igualdad de género, en línea hétero- homo- y trans-sexualidad (trans-género). Me dijo que era y quería ser cristiana católica, desde su nueva condición pública de trans-género, preguntándome sobre ello.

Le respondí por carta personal y escribí mi opinión en la postal citada… Con el paso de los años había olvidado casi el tema, hasta que hace unas semenas (7 del 18) me ha vuelto a escribir otra persona, en una situación semejante (Mario/María), para pedirme una opinión (diciéndome que algunas personas de Iglesia no aceptan su postura).

Le he mandado mi nuevo libro sobre La Familia en la Biblia, donde ofrezco algunos principios. Pero, al mismo tiempo, he querido retomar los motivos principales de mi postal antigua (del 6.12), en un momento en que sigo aún perplejo por la actitud de muchos sobre el tema (y por el mismo tema). No tengo claras todas las cosas, pero pienso que puedo opinar desde el evangelio.

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Dom 12.8.18. Pan vivo. Todos discípulos de Dios

Dom 19 B. Jn 6, 41-45. Sigue el tema del domingo anterior, sobre la auténtica comida. Frente a un pan “muerto” (que lleva al dominio de unos, con la opresión de otros, y termina en la muerte), Jesús habló en Cafarnaúm de un pan vivo que es Dios: en él vivimos, pudiendo ser también pan vivo (como él, como Jesús),dando así vida a otros.

En ese fondo presenta el evangelio una de las palabras más sorprendentes de la Biblia: ¡Todos serán discípulos (didaktoi) de Dios! “Todos” tiene un sentido universal, y significa aquellos que escuchen la voz interior, alimentados y enseñados por Dios (=que es su comida) y que así pueden y deben hacerse comida (alimento) unos para otros.

Es evidente que este evangelio puede y debe entenderse también en línea de economía material (¡que todos los hombres coman, que nadie muera de hambre!), pero ha de entenderse sobre todo en clave de “economía integral”, sabiendo que un hombre nace y vive vive de otros hombres (empezando por sus padres), y que sólo es total y plenamente humano si se vuelve alimento para otros.

Hay una economía que, en general, va en contra de este evangelio, pues hombres y pueblos no quieren descubrir la enseñanza de Dios ni hacerse para para los otros, sino que escuchan otras enseñanza y convierten su vida en gran lucha por el pan material, con millones de muertos materiales cada año, y con cientos de millones de muertos más hondos (carentes de verdadera humanidad).

Lógicamente, la respuesta al problema del pan no es más pan, sino más humanidad, en una línea de transformación (de meta-noia, trans-humanización). Sin un nuevo y más alto Capital Humano (sin la conversión del hombre en pan para los otros), nuestra humanidad siglo XXI no tiene salida. En esa línea quiero interpretar el texto del Evangelio de Juan. Buen fin de semana a todos.

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La solución no es la pena de muerte sino el cambio de todos (“adúltera” de Juan),

08.08.18 | 08:18. Archivado en Iglesia Instituciones, Justicia, Jesús, Israel, hombre

La solución ha sido por siglos “matar” a los distintos o “culpables”, como ha mantenido hasta ayer la misma Iglesia Católica (en una línea que puede llegar hasta el homicidio absoluto de la solución final de los nazis).

En ese contexto de pena de muerte se ha situado hasta “ante-ayer” (y en algunos lugares hasta hoy) el real o pretendido adulterio de las mujeres, como señalé hace una semana al publicar una postal sobre la pena de muerte en la Biblia.

Pues bien, sobre ese caso y “solución final” (matar a las “adúlteras” reales o a las “adulteradas” para que el resto de la gente pueda vivir del homicidio, aquí feminicidio) ofrece la Biblia dos pasajes complementarios.

Uno es el de Dan 13 LXX donde la solución de “ley” consiste en matar (en “limpiar” el pecado matando, para gloria de Dios), sea a la acusada o a los acusadores falsos, los jueces ancianos. Daniel, el juez sabio, soluciona el tema matando a la adúltera o a los “otros”. En un caso o en otro, la solución es matar a los pretendidos culpables (sin posibilidad ni deseo de un cambio de todos.

El otro pasaje es el de Jn 1, 1- 11, donde traen ante Jesús a una adúltera probada, exigiéndole que se cumpla la ley, apedreando a la culpable. Pero Jesús se enfrenta con los jueces, diciéndoles “quien esté libre de pecado…”, de manera que todos se van, dejando la piedra en suelo, reconociéndose “responsables”… Quedan solos la mujer y Jesús, que le dice “vete en paz y no peques más” (ni ella ni sus jueces).

Jesús no ha condenado a muerte a la adúltera, sino que ha abierto para ella un camino de vida…, situando a sus acusadores ante la tarea superior de integrar en sus propias vidas el posible “pecado” de la mujer, de forma que todos puedan cambiar y vivir. Evidentemente, para él la pena de muerte no era la solución.

La respuesta de Jesús no es matar, sino reconocernos todos como somos, ofreciéndonos una nueva oportunidad
. Los que han apelado a la pena de muerte como solución no han entendido el Evangelio, o no ha querido creer en su palabra y camino.

Desde ese fondo quiero releer estos pasajes, en un contexto de pena de muerte, que ha sido la mejor solución para Daniel (y para un tipo de de sociedad/iglesia).

La imagen 1 es la del Catecismo, que en una de sus ediciones nos sitúa ante la escena de Jesús y la adúltera, superando la pena de muerte. La 2 está tomada de mi Diccionario, de donde he tomado básicamente lo que sigue.

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DECIRES, CENSURAS, VERDADES O MENTIRAS (Pedro Zabala)

06.08.18 | 17:45. Archivado en Amigos, la voz de los

Se podría titular sobre el escribir como arte de mentir... Viví de niño en un contexto en el que, para algunos, todo escrito era sagrado (¡es verdad, lo ha dicho el periódico, o la radio!) mientras que para otros la palabra directa era verdad (de hombre a hombre) y la escritura un "oficio de mentiras", propia de abogados y clérigos.

Son reflexiones de Pedro Zabala, amigo admirable, profesor y jurista, que se mueve en la alta cultura escrita, pero, al mismo tiempo, en el arte y empeño de la palabra directa,bien hablada, aquella que brota del hondo contacto con la realidad...un hombre que sabe (como decía Jesús) que ser rey es decir la verdad.

Con esta reflexión de Pedro os dejo (¡gracias Pedro!). Buen día para todos.

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2267. Pena de muerte en el Catecismo, una visión crítica

Ha sido un número fatídico del Catecismo del 92 (peor que el 666 del Apocalipsis), que Francisco Papa ha cambiado (abrogado), sacando de la “ley” cristiana la pena de muerte.

En un sentido, esa abrogación o cambio parece marginal (los condenados a muerte por ley son pocos cientos al año, mientras que el hambre, las mafias de muerte, la guerra/guerrilla o el crimen particular o de estado matan a millones).

Pero, en otro sentido, ese cambio resulta esencial para la Iglesia católica, pues abre un camino nuevo en la visión el cristianismo.

En su forma concreta, ese “numero de muerte”, ahora abrogado, es muy reciente, y muchos recordamos bien su origen, el año 1992, cuando la Curia Romana, en la línea del nuevo Derecho (1982), por impulso o silencio de San Juan Pablo II, impuso una orientación distinta a la del Vaticano II, con más derecho que Evangelio y más poder eclesial que Jesucristo.

El número era simple (o así lo parecía), y daba le impresión de ser inocente, pero llevaba en sí la carga de milenio y medio de pacto de la Iglesia con un tipo de poderes establecidos, como si no bastara Jesús y la Iglesia tuviera que apoyarse sobre un dudoso “derecho natural”, como si ella pudiera dictar su moral a los estados y tuviera que renunciar a la “liberación” de Jesús y a la presencia del Reino, permitiendo meter en la cárcel y matar a los “malos”, para que los otros, los •buenos” pudieran vivir tranquilos.

Fuimos muchos los que ya en el año 1992 dimos la voz de alarma ante aquel Catecismo y en especial ante ese número, ante su forma de entender el poder (social y eclesial), con su visión “expiatoria” de la vida, y se nos tachó de peligrosos (e incluso de “enemigos”), para descubrir, 26 años después, que el mismo Papa nos da la razón.

Expuse mi postura sobre muchas veces (en folletos y textos de estudios penitenciarios), y la recogí finalmente en el centro de mi libro: Dios Preso. Teología y pastoral penitenciaria (Sec. Trinitario, Salamanca 2005, págs. 297-317).

Pues bien, ahora es momento de recoger lo que allí decía sobre ese ese número del Catecismo (con los anteriores), para insistir después en su falta de “sentido” bíblico, en la línea que propone el Papa Francisco, en el número que pone el lugar del“abrogado”.

Ciertamente, la prensa mundial ha recogido la noticia, pero lo ha hecho (en general) de un modo plano y sensacionalista, pues apenas ha precisado el contenido ni el sentido de fondo del cambio que, como ha dicho en este mismo medio J. M. Vidal, director de RD, afecta en el fondo a todo el “edificio” del Derecho Canónico (e incluso del Catecismo) de la Iglesia Católica. No se puede quitar/cambiar una piedra esencial del edificio sin que todo cambie. Tiempo al tiempo

La noticia y sentido del “cambio” la publicó hace cuatro días la Congregación de la Doctrina de la Fe (1.8.2018) (http://www.vatican.va/roman_curia/congregations/cfaith/ladaria-ferrer/documents/rc_con_cfaith_doc_20180801_lettera-vescovi-penadimor ) que estudiaré en una próxima postal. Aquí me limito a presentar la problémática de fondo del número abrogado, el 2267, que era número de muerte.

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Pena de muerte en la Biblia. Antiguo Testamento

El Papa Francisco ha mandado que se suprima la alusión (la justificación) de la pena de muerte en el Catecismo de la Iglesia Católica. Ésta es una decisión gozosa y justa, cristiana y humana, que procede del Evangelio, aunque viene con "retraso", pues debía haberse tomado hace ya muchos años.

Al justificar la pena de muerte (y al mantenerla en su legislación canónica), la Iglesia ha sido infiel al evangelio, y lo ha sido por haber pactado injustamente con la "ley del César", sin haber distinguido el Antiguo del Nuevo Testamento o, mejor dicho, sin haberse atrevido a ratificar la llegada de la plenitud de los tiempos (cf. Gal 4, 4; Mc 1, 14-14), es decir, la plenitud de Israel, con el cumplimiento de las promesas de Dios a través de la vida de Jesús, que fue precisamente condenado a muerte.

Por fin, al Iglesia católica se atreve, en este campo, a ser cristiana, por fin tiene la osadía de creer en el evangelio, con lo que implica de "fe en la vida" y de superación de un tipo de "ley punitiva", marcada por el talión "ojo por ojo, diente por diente".

Allí donde se justifica por (o desde) la religión la pena de muerte se está confesando que la "venida de Jesús, Hijo de Dios" ha sido en vano. De todas formas, el camino para llegar a esta superación era (y sigue siendo) difícil, como indica le ley civil y criminal del Antiguo Testamento, donde (como indicarán las reflexiones que siguen) se sigue justificando "generosamente" la pena de muerte.

Esta noticia (el Papa Francisco ha mandado quitar la pena de muerte del Catecismo de la Iglesia Católica) marca un cambio esencial en la doctrina de la Iglesia, un cambio que, bien leído, tendrá inmensas consecuencias, por lo que implica en la visión del hombre, en el derecho de la vida, en la visión del perdón.

En ese contexto ofrezco hoy una reflexión sobre la pena de muerte en el Antiguo Testamento, para así saber de dónde venimos. Los que justifican por la Biblia la pena de muerte no han llegado a Jesús (ni a las mejores lectura bíblicas del judaísmo rabínico).

Dejo para otros días la novedad bíblica del Nuevo Testamento, y dejo también la forma y razones por las que la misma Iglesia ha podido aplicar en otro tiempo la pena de muerte, sin haber advertido la novedad bíblica y humana de Jesús de Nazaret, el condenado a muerte. (Todo lo que sigue está tomado de mi Diccionario de la Biblia, pero nos sitúa en el contexto de la novedad de esta decisión bíblica y cristiana del Papa Francisco).

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Dom 2.8.18.Hacerse Pan, ser Eucaristía

Domingo 18. Tiempo ordinario. Ciclo B (Jn 6, 30-69). Comenzó el domingo pasado la lectura del Sermón del Pan de Vida, de Juan Jn 6, que seguirá estos domingos de verano (invierno austral).

En ese contexto presenté la introducción del tema: Jesús multiplico los panes y muchos, al verle capaz de ofrecer comida, quisieron coronarle rey allí mismo, junto al lago de Cafarnaum, pues para eso sirve un rey, para asegurar la comida material de todos; pero Jesús se escapó, subiendo al monte, a fin de preparar y ofrecer otro tipo de reinado.

En ese contexto interpretando de manera algo libre aquel pasaje me atreví a presentar los rasgos principales de su Reino, con su manera de situarse ante el dinero y el poder, para que todos los hombres y mujeres fueran reyes, en dignidad, en comunión, superando toda opresión de tipo económico, político o incluso religioso, para crear una gran mesa redonda en torno al par compartido (imagen 2), donde los más importantes fueran los niños y pequeños (imagen 1),con alimento de pan y, sobre todo, con cariño y cuidado de todos.

Hoy quiero retomar aquel motivo, ofreciendo una visión general del discurso entero de Jn 6 (el gran discurso del pan de Cafarnaum), dejando para los domingos que aún quedan algunos algún rasgo particular de este pasaje, que expone la visión eucarística del cuarto Evangelio, la más realista de todas, siendo, al mismo tiempo, la más mística.

No se trata de evadirse con eso de la eucaristía, pan de Cristo, para situarlo ysituarnos como cristianos en un plano de espiritualismo puro, separado de la vida real de los hombres y mujeres, del pan de los pobres, del amor y la acogida de los niños, de la comunión de todos.

Ciertamente, el pan es pan y debe compartirse, pero, al mismo tiempo, en un plano más hondo, el auténtico pan somos nosotros, de forma que podríamos y deberíamos decir, como Jesús y con Jesús, yo quiero ser y soy también pan de vida para otros.

No me limito a dar un poco de pan material (externo), sino que, debiendo darlo, me doy a mi mismo como pan, haciéndome así eucaristía para los demás.

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Martes, 18 de septiembre

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