El blog de X. Pikaza

Setién, un hombre para la historia

Acaba de morir, como ha recordado casi toda la prensa hispana, con admiración o desprecio, con ignorancia o con cariño agradecido. No voy a contar su vida externa y su repercusión político-religiosa, pues en cualquier buscador puede encontrarse; pero puedo aportar unos datos e interpretaciones, que no todos conocen.

En la primavera del año 1972 se iba a cerrar el teologado mercedario de Poio y, para ofrecer mis servicios a la Facultad de Teología de la Pontificia de Salamanca escribí a Setién, que era su Decano.

Yo había estudiado allí (1963-1967), pero después (del 67 al 70) el viento de la reforma teológica barrió a losprofesores antiguos, y ocuparon su lugar otros nuevos, entre ellos los “cuatro magníficos”, que eran J. M. Setién, Olegario G. de Cardedal, F. Sebastián y A. Rouco, cuya trayectoria es bien conocida en la Iglesia de España.

Por entonces, en septiembre del año 1971, se había celebrado la Asamblea Conjunta de Obispos y Sacerdotes de España (texto y conclusiones publicadas en BAC, Madrid 1972), en la línea del Vaticano II, que marcó una ruptura no sólo con el tardo-franquismo de entonces, sino con la historia secular de nacional-catolicismo hispano. Fue el documento más importante de la Iglesia Española en los últimos siglos.

Pero muchos no aceptaron sus conclusiones, y en la misma Roma, burlando la vigilancia de Pablo VI, un grupo de purpurados extranjeros e hispanos escribieron y publicaron, a nombre de la Congregación del Clero, un documento en el que se condenaban gran parte de las ideas y conclusiones de la Asamblea Conjunta.

En esas circunstancias, por deseo de Mons. Tarancón, Presidente de la CEE, los “cuatro magníficos” escribieron y publicaron un valiosísimo estudio en contra del Documento de la Congregación del Clero, firmado en Salamanca (5. 3. 1972) y publicado inmediatamente en Iglesia Viva (texto en
http://iviva.org/revistas/038/038-03%20AAVV.pdf).

He querido empezar señalando estos datos para situar mi relación con J. M. Setién (e indirectamente con los otros magníficos, como les llamaban muchos en la calle). En esas circunstancias, en abril de ese año 1972, escribí a J. M. Setién, como he dicho, presentándole mis tesis (de teología y filosofía), con otro libro sobre Tierra y Estado en la Biblia (FAX, Madrid 1972).

Setién me respondió pronto diciendo que había mirado los libros, que había conversado con algunos colegas, y que me ofrecía un trabajo en la Facultad para el próximo curso (1972-1973).

Nos vimos en Salamanca hacia el mes de Junio, y conversamos sobre temas de teología e Iglesia. Aquella conversación y lo que sigue de ella ha definido en gran parte mi vida. Parte de lo que soy se lo debo a él, a J. M. Setién, de un modo directo o indirecto

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Jueves, 18 de octubre

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