El blog de X. Pikaza

La voz de Angelelli, obispo mártir (con Mons. Hesayne y M.Baronetto)

Fue asesinado el 4 de agosto del 1976 por la Dictadura Militar, para acallar su voz, que era voz de evangelio y de pueblo en Argentina.

El Papa Francisco acaba de firmar su "acta de martirio" (junio del 2018), por lo que él y sus compañeros asesinados (imagen 2) serán beatificados pronto, como anuncian hoy los medios de comunicación.

Las fuerzas del sistema quisieron acallar su profeta, pero esa voz resuena hoy con más en Argentina y en toda la Iglesia

Me habló de él, me contó su martirio, con voz emocionada, cortada de silencio dolorido, en Córdoba (Argentina), que era su pueblo, a los dos años del asesinato, su amigo, Ramón Iribarne, mercedario amigo, oriundo de Iparralde y vecino de la Rioja/Argentina, el año 1978, cuando no se podía hablar en la calle, pues seguían en el duro poder los militares.

El recuerdo de Ramón (¡obispo después Dean Funes, y muerto casi de inmediato quizá de cansancio y pena!) y de sus palabras encendidas sobre Angelelli me sigue emocionando.Ahora, a los 40 años, quiero publicar, con su emoción, dos testimonios que me han llegado de la vida y muerte de Angelelli:

-- El testimonio de Mons. Esteban Hesayne, que me mandó de Argetina mi amiga Lucía Riba «para ver si quieres ponerlo en tu blog».

-- El Testimonio que M. Baronetto, Director de la Revista Tiempo Latinoamericano, de Córdoba, me mandó para el libro de El Pacto de las Catacumbas (Verbo Divino, Estella 2015)

Gracias Enrique Angelelli, por seguir diciendo tu palabra de libertad y evangelio 42 años después de tu muerte. Me uno a tu vida (con mi amigo Ramón Iribarne) y al gozo y fiesta de tu próxima beatificación, y de la beatificación de los tres compañeros, asesinados por odio y por miedo a las implicaciones espirituales y sociales de la fe cristiana

TESTIMONIO DEL MARTIRIO DEL OBISPO ENRIQUE ANGELELLI

El 4 de agosto se cumplen 30 años [el texto de Mons. Hesayne es del año 2006] de la muerte del Obispo de La Rioja ENRIQUE ANGELELLI. Hace 30 años que quiénes lo mataron logran todavía matar su muerte… No obstante el clamor popular lo proclama ¡¡¡el Obispo Mártir!!!. Yo también me uno a este clamor. Tengo certeza moral de que fue asesinado por anunciar el Evangelio de Jesús sin mimetismos o retaceos diplomáticos.

El 4 de agosto de 1976 encontrándome en el Obispado de Viedma recibí la noticia oficial de la muerte del Obispo Angelelli ocasionada -según comunicaba el cable- por un accidente automovilístico. La noticia de su muerte me golpeó muy hondo. Fue la triste muerte del amigo, confidente y lúcido consejero pastoral. A la luz de la Fe en Jesús Resucitado, cuya presencia, el "Pelado" como lo llamábamos…-irradiaba como anuncio pascual vibrante y claro- el golpe de tristeza se me fue transformando hasta en una sensación de victoria… ¡¡¡el Pelado ha logrado la gracia del martirio cristiano!!!, me dije y comencé a proclamarlo. Y lo que fue una instantánea intuición se ha convertido ahora en una certeza.

Con la noticia de la muerte de mi hermano en el episcopado el Padre Obispo Enrique Angelelli se me agolparon los recuerdos de los encuentros personales y reuniones pastorales que mantuve con el amigo y pastor desde que lo conocí como integrante notable de la COEPAL, primero y luego siendo yo obispo de Viedma en charlas personales y las Asambleas Plenarias del Episcopado. Pero una y otra vez, en los diversos recuerdos de su gran riqueza de vivencia evangélica personal como de claras y vigorosas orientaciones pastorales, resaltaba punzante la conversación confidencial que mantuve con él quince días antes del 4 de agosto…

Admiraba su contagioso y vigoroso entusiasmo pastoral, su sereno y firme coraje y hasta a veces sonriente anuncio del Evangelio a secas, orientado siempre hacia la construcción de la nueva civilización del Amor y denunciando sin eufemismos la injusticia social y la escalada de violencia y atropellos a la ciudadanía causados principalmente por funcionarios del Estado; pero, día a día me preocupaba su seguridad personal… Por eso, en esa conversación confidencial, decidí aconsejarle que por un tiempo se ocultara, quizá haciendo un viaje al exterior…

De inmediato y con firmeza me contestó que NO. De ninguna manera saldría fuera del país. "Mirá- me dijo con serena firmeza- ahora me toca a mí"... "Si me oculto o salgo de La Rioja seguirán matando a mis ovejas…" Corrían días oscuros y tensos cargados de amenazas, detenciones y torturas de dirigentes laicos de pastoral diocesana y el asesinato a mansalva de sus dos sacerdotes Murias y Longeville juntamente con el cruel asesinato del dirigente laico de pastoral rural acribillado ante su esposa e hijos en su propia casa, por un grupo de las Fuerzas Armadas.

Con estos antecedentes íntimos personales, ¿cómo no iba a estar convencido del asesinato que le quitó la vida a Angelelli a causa del Evangelio y por lo tanto considerarlo y proclamarlo mártir junto a la gran mayoría del pueblo de Dios, libre de ideologías y prejuicios políticos o recelos clericales?

Y esta íntima convicción de que Angelelli había sido asesinado para silenciar su mensaje y acción pastoral, en forma providencial se transformó en objetiva persuasión, al momento de leer el documento judicial que me fue enviado desde el Juzgado de Instrucción N-1 en lo Criminal y Correccional de la Ciudad de La Rioja (año 1983).

De acuerdo a documentación judicial, la certeza moral del asesinato de Enrique Angelelli ha logrado la certeza judicial a tal punto que la Corte Federal establece en forma indudable circunstancias que no pueden ser materia de controversia y califica jurídicamente el caso Angelelli, en forma definitiva e incontrovertible, homicidio calificado.

La patraña criminal del accidente provocado por una falsa maniobra que habría cometido el Obispo Angelelli en ese momento, queda al descubierto ante datos probados y asentados en la documentación de referencia

Queda probado:

• que la camioneta fue encerrada por la izquierda al momento que se produce una explosión…

• que el cuerpo del Obispo Angelelli quedó ubicado a veinticinco metros del lugar final de la camioneta… con el cuerpo extendido y los pies juntos… mostrando ambos talones pérdida de la piel sin ningún indicio de golpes o contusiones en el resto del cuerpo… por eso, se infiere que fue arrastrado hasta el lugar mencionado por intervención de los autores del hecho.

• que la camioneta presentaba una goma desinflada, cuya cámara tenía un corte de trece centímetros, lo que no fue causa del vuelco según pericia mecánica practicada.

Por estos datos y otras circunstancias, objetivamente probatorias, queda firme la sentencia judicial que la "muerte de Monseñor Enrique Ángel Angelelli no obedeció a un accidente de tránsito, sino a un homicidio fríamente premeditado y esperado por la víctima" reza la resolución del Expediente Nº23.350 del Juzgado de Instrucción en lo Criminal y Correccional N 1 de la Ciudad de La Rioja.

A este testimonio judicial se le puede agregar otros elementos de juicio ponderables que confirman hasta la evidencia que nuestro Obispo argentino Angelelli fue asesinado. Estas y otras muchas circunstancias y testimonios dejan la fundada certeza que se quiso borrar hasta la misma muerte del perseguido Pastor riojano porque anunciaba el Evangelio de Jesús a secas en el marco de plena fidelidad al Concilio Vaticano II y su predica evangelizadora molestaba a los proyectos gubernamentales provinciales y nacionales.

Un hecho que hace poco tiempo se me ha trasmitido y estimo casi desconocido, sumamente elocuente y que presume participación personal de las Fuerzas Armadas y de Seguridad directa o indirectamente en el asesinato del Obispo Angelelli, es el testimonio de la Religiosa enfermera diplomada que cumplía guardia en la morgue del Hospital de la Ciudad de La Rioja ese día de la muerte del Obispo. Le tocó limpiar el cadáver del Obispo Angelelli y al darlo vuelta en la camilla se sorprendió por un orificio muy hondo en la nuca del cadáver… Ante la exclamación de sorpresa de la Religiosa enfermera, dos Oficiales de las Fuerzas Armadas y Seguridad que se encontraban en custodia, de inmediato la retiraron de lo que era su tarea habitual ordenándole textualmente: "Hermana Ud. no ha visto nada".

Ante este hecho y otros como el de pretender allanar el Obispado de La Rioja al conocerse la muerte del Obispo ¿se puede, ni siquiera, dudar que de una u otra manera que las Autoridades del Gobierno de facto y las Fuerzas Armadas y de Seguridad tuvieron participación en la muerte de Angelelli a quién no pudieron silenciar en vida? Esto es lo que restaría probar junto con los civiles acusados en el Expediente citado y es competencia de la Cámara Federal de Córdoba, competencia que le fuera otorgada por el Alto Tribunal de la Corte Suprema. Pero esto interesa para llegar a una sentencia condenatoria de los directos o indirectos ejecutores del crimen.

A nosotros como Iglesia Católica nos basta, hasta con grado de certeza, de que el Obispo Enrique Angelelli fue asesinado y no murió por un accidente automovilístico.

No se comprende cómo las Autoridades Eclesiásticas de ese entonces aceptaron esa interpretación oficial y dejaron en manos de las Fuerzas Armadas y de Seguridad el cadáver del Obispo, sin al menos un testigo del Episcopado para la correspondiente autopsia. Por eso, hoy por hoy contando como contamos con el hecho histórico del asesinato del Obispo Enrique Angelelli, urge esclarecer la verdad de los hechos sin dilación; sin esperar actuaciones tribunalicias para llegar a otras instancias legales condenatorias de los asesinos, que si se realizan, bien venidas en honor a la justicia. Para difundir y confirmar la Fe Cristiana con mayor fuerza de lo Alto en nuestra Patria, es hora que la Iglesia Católica en la Argentina reconozca en Enrique Angelelli su primer mártir obispo argentino, porque siempre será verdad que "sangre de mártires es semilla de nuevos cristianos" ( Tertuliano)

Una vez más, se cumple la afirmación evangélica que sale de lo profundo del corazón de Jesús en plegaria a su Padre Celestial, agradeciéndole la revelación de cosas importantes a gente sencilla (Lc.10,21). El pueblo de Dios de todas las latitudes del país y Latinoamérica no creyó la versión oficial. El pueblo de Dios desde que se conoció la triste noticia de la muerte del obispo riojano Angelelli lo viene aclamando como Mártir de la Fe Cristiana. El 4 de agosto el Pueblo de Dios celebra el triunfo martirial del Obispo de los pobres que dio su vida hasta la muerte para anunciar el Evangelio de Jesús al servicio del pueblo riojano en primer lugar y al mundo que pudo alcanzar.

Al cumplirse 30 [Hesayne escribe el 2006] años de su muerte martirial me uno -una vez más- al clamor del Pueblo de Dios para celebrar su gloriosa muerte a la luz de la Fe Cristiana con la esperanza que pronto podamos celebrar gozosos y agradecidos en la liturgia católica la festividad de Enrique Angelelli Obispo y Mártir, supremo acto evangelizador para gloria de Dios Bendito.
MIGUEL ESTEBAN HESAYNE, obispo

EL OBISPO ANGELELLI Y EL PACTO DE LAS CATACUMBAS

Luis Miguel Baronetto

A 37 años del martirio de Mons. Angelelli, y en las vísperas del juicio a los militares imputados de su homicidio, vale incorporar nuevos elementos de contexto que explican la furia de sus perseguidores. Investigaciones recientes han permitido conocer la participación en 1965 del entonces joven obispo auxiliar de Córdoba en Roma, junto a otros padres conciliares, en la firma del Pacto de Las Catacumbas, cuyo cumplimiento en absoluta fidelidad explicará las razones primeras de la persecución, la difamación, las amenazas y finalmente el atentado criminal del 4 de agosto de 1976, que terminó con su vida.

Las catacumbas eran los lugares de encuentro clandestino de los cristianos perseguidos por el imperio romano al propugnar un estilo de vida diferente, subvirtiendo el orden establecido. Allí celebraban en comunidad y se fortalecían en su compromiso fraternal, de ayudarse, compartir sus bienes, predicar la justicia y mostrar un modelo de sociedad donde “ninguno padecía necesidad”. (Hech. 4,34). Y eso era motivo de persecución y martirio en los circos de Roma, en los primeros años del cristianismo. Las catacumbas fueron el lugar de las comunidades cristianas para enfrentar al Imperio.

En una de esas catacumbas, la de Santa Domitila, 42 obispos de diversos países el 16 de noviembre de 1965, pocos días antes de clausurarse el Concilio Ecuménico Vaticano II, concelebraron la misa y firmaron el Pacto de las Catacumbas. Entre esos pocos obispos estuvo Mons. Enrique Angelelli. Él y Mons. Alberto Devoto, de la diócesis de Goya fueron los únicos firmantes de Argentina.

Decían en ese documento:
1 – Procuraremos vivir según el modo ordinario de nuestra población en lo que concierne a casa, comida, medios de locomoción, y a todo lo que de ahí se desprende. Mt. 5,3; 6,33-34; 8,20.
10 – Haremos todo lo posible para que los responsables de nuestro gobierno y de nuestros servicios públicos decidan y pongan en práctica las leyes, estructuras e instituciones sociales que son necesarias para la justicia, la igualdad y el desarrollo armónico y total de todo el hombre y de todos los hombres, y, así para el advenimiento de un orden social, nuevo, digno de hijos de hombres y de hijos de Dios. Hech. 2, 44-45; 4,32-35; 5,4; 2 Cor. 8 y 9; 1 Tim. 5,16.


Estas son dos de las 13 cláusulas que integran el Pacto de las Catacumbas
. Se trataba de un compromiso asumido personal y colectivamente de vivir la pobreza, de mostrar el rostro de una Iglesia servidora y pobre, y de trabajar para “la adopción de estructuras económicas y culturales que no fabriquen naciones pobres en un mundo cada vez más rico, sino que permitan que las mayorías pobres salgan de la miseria.”(11,b). A este documento adhirieron después otros quinientos obispos de los 2.500 participantes del Concilio.

Empezando por casa, como quien dice, en el Pacto de las Catacumbas la mayor parte de las cláusulas expresaban la decisión de los obispos por un modo de vida en la pobreza, “para ser fieles al espíritu de Jesús”, acompañando a “los trabajadores y económicamente débiles”. Lo primero era un testimonio hacia el interior de la Iglesia (“ni oro ni plata, no posesión de bienes muebles e inmuebles, ni cuentas en los bancos, eliminación de títulos de poder, como Eminencia, Excelencia…”). Un ejemplo importante para ser más eficaces en su misión. Un paso imprescindible para contribuir a modificar las realidades sociales exigiendo a los gobiernos las medidas “necesarias para la justicia, la igualdad y el desarrollo armónico de todo el hombre y de todos los hombres”. Propugnaban además “el advenimiento de un orden social, nuevo, digno de hijos de hombres y de hijos de Dios”.

Este “Pacto” fue precursor de otro documento colectivo firmado el 15 de agosto de 1967. El “Manifiesto de 18 obispos del Tercer Mundo”, encabezado por el Arzobispo Hélder Camara, tuvo repercusión mundial, especialmente en nuestro país porque dio origen a lo que luego se llamó Movimiento de Sacerdotes para el Tercer Mundo. “Los cristianos – dijeron los obispos en ese Manifiesto – tienen el deber de mostrar que el verdadero socialismo es el cristianismo integralmente vivido, en el justo reparto de los bienes y la igualdad fundamental de todos. Lejos de contrariarse con él, sepamos adherirlo con alegría, como a una forma de vida social mejor adaptada a nuestro tiempo y más conforme con el espíritu del Evangelio. Así evitaremos que algunos confundan Dios y la religión con los opresores del mundo de los pobres y de los trabajadores, que son, en efecto el feudalismo, el capitalismo y el imperialismo” .


1968: Angelelli en La Rioja

Cuando el obispo Angelelli asumió en La Rioja, en agosto de 1968, profundizó su compromiso en coherencia con lo que ya era una opción fundamental de su vida. La pobreza riojana golpeó su corazón; y su pastoral – palabra y acción – empezó a molestar a los poderosos que vieron amenazados sus ancestrales privilegios. “Deben caer – dijo en su primer reportaje – una serie de sistemas que son causantes de las injusticias, de los desencuentros.”

Como Angelelli, el obispo Devoto, en Goya (Corrientes) – el otro firmante - también sufrió la temprana persecución a principios de los años 70. Laicos/as y religiosos/as que con su acción cuestionaban el sistema capitalista fueron perseguidos y encarcelados. La doctrina de seguridad nacional, que a partir de 1976 mostraría su cara más terrorífica, advertía que - como en tiempos del imperio romano - no se debía modificar el estilo de vida “occidental” y ahora “cristiano”.

A Enrique Angelelli le atribuyeron diversas ideologías. No las necesitó. Le alcanzó lo mamado en el Evangelio. Y las búsquedas y reflexiones colectivas que selló con su firma. Aquella “buena noticia para los pobres” del Carpintero que terminó crucificado por el imperio, era un peligro mayor, porque desde las entrañas de la propia cultura, con el sincretismo consustancial al proceso histórico latinoamericano, se potenciaba la voz liberadora de los pobres contra el sistema de explotación. Esa pastoral diocesana en La Rioja fue duramente golpeada aquel 4 de agosto, ante el silencio de báculos y mitras. Pero aquella semilla regada con su sangre va emergiendo.
A 37 años de su martirio, el reclamo de justicia se hará realidad con la condena de sus asesinos. Derrotada la impunidad, los pobres y los jóvenes, como profetas de un pueblo que sigue luchando por la justicia, - como decía Mons. Angelelli – seguirán señalando nuevos caminos en la construcción de la sociedad justa, fraterna y solidaria.

Córdoba, julio de 2013


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