El blog de X. Pikaza

Marcelino Legido, un halo de luz para muchos (Vida Nueva)

Ramón Roldán de Arriba (Palencia), acaba de publicar una recensión del libro sobre Marcelino Legido (Imagen), con el título Un halo de luz para muchos

Aprovecho la ocasión para seguir recomendando el libro y el estudio del pensamiento de Marcelino Legido. Todo lo que sigue es de Ramón Roldán:

Un halo de luz para muchos. Así nos exhorta Pablo VI en Evangelii nuntiandi a ser testigos auténticos del Evangelio: “El mundo exige y espera de nosotros sencillez de vida, espíritu de oración, caridad para con todos, especialmente para los pequeños y los pobres, obediencia y humildad, desapego de sí mismos y renuncia.

Sin esta marca de santidad, nuestra palabra difícilmente abrirá brecha en el corazón de los hombres de este tiempo” (EN 76). Si alguien ha vivido todo lo señalado por el papa Montini, ha sido Marcelino Legido (1935-2016), a quien los autores de este libro le dedican un homenaje, año y medio después de su muerte.

Todos le conocieron en vida y, entre ellos, figuran ocho obispos, teólogos –algunos bien activos en la actualidad–,reconocidos pastoralistas, un buen
puñado de sacerdotes, gentes sencillas del pueblo fiel y personas de la cultura. Si lo han hecho, es debido a la admiración que sienten por su atrayente seguimiento de Jesucristo. Fue un evangelizador como pocos, siguiendo a Jesús, “el primero y más grande de los evangelizadores” (EN 7), la gran pasión de Marcelino Legido.

Lo que más sorprende de estas páginas es comprobar cómo unos y otros, sin excepción, coinciden en testimoniar que fue, de un modo especial en la etapa más decisiva de su vida, un sacerdote excepcional, influyendo de modo muy destacado en la marcha de la Iglesia posconciliar, sobre todo con la fuerza de su ejemplo.

Veamos tan solo cuatro testimonios directos de ersonalidades bien diferentes, que aparecen en estas páginas:

“Sus escritos, su docencia filosófica en Salamanca y, sobre todo, su fecundo y dilatado estilo ministerial y pastoral, henchido de simplicidad evangélica y del deseo de caminar con el pueblo en el medio rural salmantino, influyeron enormemente sobre varias generaciones de curas entre las que me encuentro”
(Cardenal Carlos Osoro, p. 65).

“Marcelino Legido ha sido uno de los teólogos y apóstoles ‘trinitarios’ más significativos del siglo XX, al servicio de una transformación radical de la Iglesia” (Xabier Pikaza, escritor y teólogo, p. 177). Y, on el lenguaje de Ap 21-22, añade: “Quisiera cantar yo también al Dios de la vida, dándole gracias por haber conocido a Marcelino, compartiendo con él
algunos de los momentos más intensos de mi vida cristiana” (p. 219).

El filósofo Carlos Díaz empieza así su relato: “Fue en
Salamanca donde conocí a la persona que sin ningún género de dudas más iba a influir en mi vida, Marcelino Legido, laico entonces aún no ordenado
sacerdote, aunque ya lo rumiaba, y que a todos nos maravillaba por su claridad, su rigor y su dedicación sin reservas a la enseñanza de la
ilosofía… Efectivamente, aquel hombre era diferente al resto de la umanidad. Tenías que verle quererte irrepetiblemente e incondicionalmente. No tenía nada suyo, como no fuera la sonrisa y los brazos abiertos” (p. 385).

“Marcelino Legido puede que sea el sacerdote que más nos ha influido a los curas españoles del último cuarto del siglo XX” (Eugenio Alberto Rodríguez, p. 475).

Comunidades donde sirvió

En las comunidades donde sirvió con especial dedicación, también dejó su marca imborrable: “Compartió todos sus bienes. Él entendía y vivía tan a
fondo la gratuidad del Evangelio que lo que recibía como sacerdote lo portaba a la comunidad… Para vestir tenía lo imprescindible: un jersey gris de lana, recosido; un pantalón de pana, unas botas y una boina, ropa del pueblo” (La comunidad cristiana de El Cubo de Don Sancho, p. 451).

“Las celebraciones diarias de la Eucaristía nos han sido un tiempo especialmente intenso de encuentro con el Señor… Pero, además de esta ayuda espiritual de D. Marcelino por su directo trabajo pastoral y evangelizador, nos hablaba e interpelaba su presencia, su persona, su tono de voz: todo transmitía humildad, sencillez, vivencia evangélica” (Carmelitas Descalzas de Salamanca, pp. 496s).

Este santo y sabio, discípulo y apóstol, pastor y servidor, profeta y testigo, filósofo y teólogo, místico y poeta, hondo conocedor de san Pablo, pobre y humilde, lúcido y coherente, sencillo y desprendido –estos nombres y adjetivos aparecen en el libro, todos dedicados a su persona–, ha reflejado como pocos con su diaria existencia agraciada “quién es Dios para el hombre y
quién es el hombre para Dios en estos tiempos nuestros de incertidumbre
pero apasionantes” (p. 25).

Su inteligencia bondadosa, sus sentimientos misericordiosos y su
comportamiento aleccionador pasaron por la Iglesia de Castilla y por no pocos lugares de nuestra geografía como un halo de luz que nos hizo mucho bien.

RAMÓN ROLDÁN DE ARRIBA

(file:///C:/Users/Equipo/Downloads/Marcelino%20Legido%20Recensi%C3%B3n%20en%20VN.pdf):


Miércoles, 24 de octubre

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