El blog de X. Pikaza

19.3.18. San José, día del seminario. El salario de los ministros de la Iglesia

18.03.18 | 08:13. Archivado en Nuevo Testamento, Pobreza, Mnisterios

En varias postales de este blog he tratado de la vida de San José, y de los ministros (especialmente los curas) de la Iglesia. Hoy quiero tratar del salario de los curas, es decir, de los ministros de la iglesia (obispo, sacerdotes, catequistas, misioneros, religiosos...).

Ciertamente, hay otras razones espirituales más altas (personales, vocacionales) para ser ministros de la Iglesia. Pero también ha existido (y sigue existiendo) una razón laboral y económica, que es muy importante, y que define la función del Seminario, cuyo patrono (San José) fue un obrero.

Siguen en esa línea unas reflexiones que pueden parecer secundarias (desde un plano de alta espiritualidad), pero que son fundamentales para situarnos ante el tema de las vocaciones ministeriales. Según mi "oficio", no trato aquí de la situación actual de la Iglesia, de su gran riqueza cultural y espiritual, de su posible riqueza material, sino de lo que dice sobre el tema el NT.

¿Qué dice la Biblia del salario de los curas y monjas, es decir, de los ministros de la Iglesia? Dice muchas cosas, muy interesantes, que sorprenderán a más de uno.

Buen día de San José a todos mis amigos, a todos los devotos de San José. Buen día con la primera imagen (gallego-portuguesa) con un peto para la limosna (esmola) de las almas... y con la segunda, con monaguillo pidiendo dinero a la entrada de una iglesia.
.

El salario de los ministros.

En principio, el evangelio traza un camino y experiencia de gratuidad para los ministros del Reino (los enviados del evangelio trabajan gratis y gratis reciben lo que necesitan), como ha puesto de relieve la tradición sinóptica, refiriéndose de un modo especial a los enviados de Jesús:

Y les envió con poder sobre los espíritus impuros… Y les mandó que no tomaran nada para el camino, sólo un bastón, pero no comida, ni bolsa, ni mone-das en la cintura… y en la casa en que entréis permaneced allí (Mc 6, 7-11)
Sanad enfermos, limpiad leprosos, resucitad muertos, echad fuera demo-nios. Gratis habéis recibido, dadlo gratis. No toméis oro, ni plata, ni cobre en vues-tros cintos (Mt 10, 8-9).
Dad, y se os dará; pondrán en vuestro regazo una medida buena, apretada, remeci-da y rebosando; porque con la misma medida con que midáis seréis medidos (Lc 6, 38). Vended lo que poseéis, y dad limosna; haceos bolsas que no se envejezcan, tesoro en los cielos que no se agoten, donde ladrón no llega, ni polilla destruye (Lc 12, 33; cf. 11, 41).

Los enviados no llevan nada para realizar su ministerio, sino sus personas, y así dan gratis lo que tienen, y reciben gratis lo que necesitan. Pero en un momento dado, los ministros eclesiales empiezan a ser considerados como funcionarios de iglesia (no tienen otro “ingreso”) y así deben recibir un sueldo de ella, como ratifica la primera carta a Timoteo:

Los presbíteros que presiden (=gobiernan) bien son dignos de doble honor (=paga), principalmente los que trabajan en la predicación y enseñanza. Porque la Escritura dice no pondrás bozal al buey que trilla y el obrero es digno de su salario (1 Tim 5, 17-18; cf. Mt 10, 10; Lc 10, 7; Dt 25, 4).

Estos presbíteros ejercen una tarea (predicación, enseñanza) al servicio de la comunidad, a la que se vinculan y de la que reciben un salario, de manera que la iglesia viene a presentarse como institución con fondos propios, en un momento en el que, ale-jándose del ideal de Jesús y de sus primeros seguidores galileos, ella acepta un orden que parece más propio de las instituciones oficiales del antiguo Israel, con una cita de Dt 25, 4, sacada de contexto.

Ellos no son ya misioneros (portadores de la palabra hacia el exte-rior), sino servidores de iglesias establecidas, con estructura organizativa propia, de manera que deben ser bien gobernadas, de un modo estable, no por “apóstoles” carismáticos espontáneos, sino que ellas mismas han de escoger presbíteros proestôtes (= presidentes) para su servicio.
En principio, estos «buenos presbíteros» quedan liberados para la palabra, no para temas de organización económica o social, ni para dirigir el culto, sino para el mensaje y enseñanza, pero las diversas tareas tenderán a vincularse, conforme a un desplie-gue institucional que resulta necesario, tan pronto como las comunidades de seguidores de Jesús se estabilizan. De un modo lógico, esos “ministros eclesiales”, liberados para tareas de comunidad, tendrán que recibir algún tipo de salario o medio de sustento, que marcará profundamente a las iglesias posteriores: unos cristianos predican-enseñan (sin realizar trabajos “materiales”), otros, en cambio, trabajan y producen para los predicadores .

El tema resulta lógico pues, conforme la misma dinámica social, el “orden ca-rismático” no puede mantenerse de un modo indefinido, en la línea de Mc 6,1-6 par. En esta línea, no se quiere negar la gratuidad, sino organizarla de un modo consecuente, en unas comunidades que han optado por la supervivencia, con su economía y su derecho (en la línea de Rom 13, 1-7). Éste es un tema que Jesús y sus primeros seguidores no habían planteado de esa forma, pero que ha debido hacerse relativamente pronto, como ha puesto de relieve un texto clave del Q (Mt 10, 10 y Lc 10, 7): “Digno es el obrero de su salario” . En ese el contexto se pueden destacar tres “soluciones económicas”:

a. Gratuidad mesiánica (cf. Mc 6, 6-12 par).

Es el modelo más antiguo de Je-sús y sus primeros seguidores, como he puesto de relieve al hablar la misión (cap. 5), diciendo que los “pobres” curan a los ricos y que los ricos les acogen y se dejan transformar por ellos, en gesto de solidaridad y servicio mutuo.

Éste no es un modelo de mendicidad, sino de comunión desde la diversidad y de comunicación no salarial, de manera que cada uno aporta lo que tiene, y en esa línea se ayudan unos a otros, y todos comparten un mismo camino como suponen e indican algunos textos ya comentado: Mc 6, 6-13 (misión) y Mc 10, 28-31(ciento por uno). En este contexto, en principio, el misionero no está obligado a un trabajo productivo en sentido económico, pues todos los cristianos comparten trabajos y bienes de consumo, sirviéndose los unos a los otros.

‒ Conforme a este modelo no hay propiedad privada en el sentido monetario o salarial, aunque sí “vida privada”, en línea de desarrollo personal. Éste no es un modelo de puro reparto o consumo (como en Jerusalén: Hch 2.4), sino de trabajo al servicio de la comuni-dad, con varias funciones, tanto desde la perspectiva de los itinerantes (pobres, liberados para el servicio mesiánico, que curan a los ricos), como desde la perspectiva de los propie-tarios (¡que acogen y son curados, y ponen sus casas-campos al servicio de otros). Cada creyente colabora a su manera, todo se comparte .

Éste no es el ideal de Hch 2-4 según el cual los propietarios habían vendido sus bienes, para compartirlos entre todos, sin que nadie tuviera necesidad de trabajar para ganar, pues el Señor vendría pronto a resolver los problemas. Como he puesto de relieve, Mc 10 28-31 parece ofrecer responder a ese modelo, regulando un tipo de vida de traba-jo en comunidad, al servicio de todos. En un contexto como ese, la Didajé pide a todos los creyentes que trabajen y 2 Tes 3, 10 regula taxativamente la situación diciendo “quien no trabaje que no coma”, en un momento en el que algunos parece que algunos quieren evadirse de las ocupaciones del mundo, esperando la rápida llegada del Señor .

b. Vivir del propio trabajo, gratuidad ministerial.

Ésta es una variante ensaya-da y desarrollada especialmente por Pablo. En el modelo anterior, Jesús y sus seguidores podían vivir de la solidaridad y ayuda mutua, y en especial de algunos más ricos, espe-cialmente de mujeres con cierta fortuna (cf. Mc 15,41 y Lc 8, 1-2). La iglesia posterior sigue teniendo “misioneros” que viven de la ayuda de las comunidades. Pero Pablo opta por un modelo de trabajo propio, al servicio de la libertad evangélica, en la línea de mu-chos rabinos judíos que han trabajado y trabajan, para vivir de sus ganancias, dedicando luego un “tiempo gratuito” al estudio de la Ley. Así defiende Pablo su postura:

He aquí mi defensa contra mis acusadores ¿Por ventura no tenemos derecho a comer y beber? ¿No tenemos derecho a llevar con nosotros una mujer cristiana, como los demás apóstoles y los hermanos del Señor y Cefas? ¿Acaso únicamente Bernabé y yo estamos privados del derecho de no trabajar? ¿Quién ha militado al-guna vez a cosa propia? ¿Quién planta una viña y no come de sus frutos? ¿Quién apacienta un rebaño y no se alimenta de la leche del rebaño? ¿Hablo acaso al mo-do humano o no lo dice también la Ley? 9 Porque está escrito en la Ley de Moisés: «No pondrás bozal al buey que trilla.» ¿Es que se preocupa Dios de los bueyes? O bien, ¿no lo dice expresamente por nosotros? Por nosotros ciertamente se escribió, pues el que ara, en esperanza debe arar; y el que trilla, con la esperanza de recibir su parte.

Si en vosotros hemos sembrado bienes espirituales ¡qué mucho que re-cojamos de vosotros bienes materiales! Si otros tienen estos derechos sobre voso-tros ¿no los tenemos más nosotros? Sin embargo, nunca hemos hecho uso de estos derechos. Al contrario, todo lo soportamos para no crear obstáculo alguno al Evangelio de Cristo. ¿No sabéis que los ministros del templo viven del templo? ¿Qué los que sirven al altar, del altar participan? Del mismo modo, también el Se-ñor ha ordenado que los que predican el Evangelio vivan del Evangelio. Pero yo, de ninguno de esos derechos he hecho uso. Y no escribo esto para que se haga así conmigo. ¡Antes morir que...! Mi timbre de gloria ¡nadie lo eliminará! Predicar el Evangelio no es para mí ningún motivo de gloria; es más bien un deber que me in-cumbe. Y ¡ay de mí si no predicara el Evangelio! Si lo hiciera por propia iniciativa, ciertamente tendría derecho a una recompensa. Pero si lo hago forzado, es una mi-sión que se me ha confiado. Ahora bien, ¿cuál es mi recompensa? Predicar el Evangelio entregándolo gratuitamente, renunciando al derecho que me confiere el Evangelio (1 Cor 9, 3-18)

c. El obrero es digno de su salario.

Éste es uno de los poquísimos casos en los que Pablo apela a una palabra del Señor (¿histórico, pascual?), pues él “ha ordenado que los que predican el evangelio vivan del evangelio” (1 Cor 9, 14). Posiblemente se refiere a la palabra de la tradición Q: “El obrero es digno de (merece) su sustento” (Mt 10, 10; cf. Lc 10, 7). En principio, esa sentencia parece contraria al modelo del envío de Mc 6, 1-6 (cf. también Mt 10 y Lc 10), donde Jesús viene hablando de gratuidad (gratis habéis recibido, gratis dadlo: Mt 10, 8), pues, en un sentido muy hondo sus enviados no son obreros a sueldo de una empresa, sino voluntarios del evangelio.

‒ Misión gratuita. En principio, el obrero (ergatês) de Jesús, trabajador de la gran cosecha (cf. Mt 9, 38), realiza su tarea gratuitamente, sin esperar salario (trophê). Pero, en algunos ambientes judeo-cristianos, en la línea del Q, los “obreros del evangelio” se vinculan no sólo a los levitas, recibiendo el diezmo de los productos del campo (cf. Num 18, 31), sino también a los sumos sacerdotes, a quienes la comunidad debe sostener con su aportación, como recuerda Didajé, un texto cercano en muchos aspectos a la tradición del Q y en es-pecial a Mateo .

‒ Obrero con salario. En esa línea, cuando el texto Q dice que el obrero merece su susten-to (Mt 10, 10c; Lc 10, 7b), no parece hablar de un salario estrictamente dicho, de una paga que ha de darse a los enviados de Jesús por el trabajo realizado, sino que quiere situar el tema en un contexto de solidaridad y comunión personal: Los enviados de Jesús han de dar gratuitamente lo que han recibido (=de Dios), y así, gratuitamente, esperan recibir lo que necesitan, confiando en la bondad de aquellos que acojan su palabras: “Buscad el Reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas (comida, vestido…) se os darán por aña-didura” (cf. Mt 6, 33 y Lc 12, 31).

d. Un tema complejo, variaciones.

Jesús y la comunidad más antigua han sa-bido que el mensaje ha de proclamarse de un modo gratuito, y no han pensado en ningu-na recompensa reglamentada. Ciertamente, Jesús pudo aludir a palabras como esas (el obrero es digno de su salario: Mt 10, 10, con cita de Num 18, 31), evocando la imagen del buey que trilla y necesita comer, aplicándola a loso trilladores de la siega final (unir Dt 25, 4, con 1 Cor 9, 9; 1 Tim 5 18, y con la gran siega-trilla: Mt 9, 38). Pero, incluso en esa línea, con posibles referencias a pasajes de la tradición judía, él habría insistido en un servicio evangélico gratuito (en la línea de Mt 5, 21-48), pues los mensajeros del evange-lio han de ofrecer gratis el don que gratuitamente han recibido.

De todas formas, al presentar su mensaje en un contexto de gratuidad, Jesús no ha rechazado toda ayuda, ni ha puesto a sus enviados ante un futuro de hambre, sino al contrario: Él ha apelado a la confianza, prometiendo la respuesta generosa y gratuita de aquellos que recibirán su mensaje, en una línea de abundancia, conforme a todo lo que vengo destacando al hablar de los sinópticos, desde Mc 6, 1-6, en una línea en la que es más probable que la palabra del salario (con la referencia a Num 18, 31 y Dt 25, 4) no provenga de Jesús, sino de una tradición judeo-cristiana, conocida por Pablo y el Q.

Pues bien, en el contexto de su discusión con otros misioneros cristianos (que toman Mt 10, 10/Lc 10, 7 como palabra de Jesús), Pablo acepta esa tradición del obrero y su salario, reconociendo con ella el derecho que los misioneros tienen a recibir un salario/comida, pues el Señor (¿el Jesús pascual de una comunidad?) ha mandado que “aquellos que predican el evangelio vivan del evangelio” (1 Cor 9, 14). Pablo la acepta, como palabra Jesús, porque así la han trasmitido, en la línea del documento Q: “el obrero es digno de su salario” (cf. Num 18, 31), en una perspectiva que Didajé 13 reinterpreta de forma cuasi-sacerdotal.

Pablo ha recibido también de los mismos judeo-cristianos con los que está dia-logando (discutiendo) una ley arcaica que dice “no pondrás bozal al buey que trilla” (Dt 25, 4; cf. 1 Cor 9, 9), aplicándola alegóricamente a los cristianos que “aran” en la tierra del Reino, para indicar así que los misioneros tienen “derecho” a la comida (que la co-munidad les alimente y cuida, como ratifica en línea eclesial la tradición posterior pauli-na: cf. 1 Tim 5, 18). Pero, al aceptar pero no cumplir la norma del salario por el trabajo apostólico, Pablo recupera la intención más honda del mensaje de Jesús, superando así de hecho el nivel salarial de la misión.

Ciertamente, Pablo cita y ratifica las palabras salariales como propias de Jesús, y supone que los hermanos del Señor, e incluso Pedro, las reivindican y aplican (1 Cor, 9, 5-6). Más aún, él reconoce y valora la tradición de unas mujeres (esposas o compañeras/amigas) que acompañan a los misioneros (a Pedro, a los hermanos de Jesús). Pero él añade que, teniendo ese poder (recibir una paga por lo que hace, o dejarse ayudar por mujeres…), no ha querido utilizarlo, para poner más de relieve la libertad y gratuidad del evangelio (1 Cor 9).

Al actuar de esa manera, él recupera el espíritu (¡y letra!) de Jesús, que no ha-bló de una “paga estricta” que los misioneros pueden (deben) recibir por su trabajo al servicio del evangelio, sino que interpretó su tarea mesiánica en línea de total gratuidad, como se dice en Mt 10, 8b (gratis habéis recibido, dadlo gratis), no de salario (Mt 10, 10b). De esa manera, retomó y ratificó la inspiración de Jesús, aunque con un matiz dis-tinto (¡trabajar para ser independiene!), propio de su situación, en un momento en que la Iglesia aparece ya como una institución establecida, y no vive esperando la llegada inmi-nente de la parusía (a diferencia de la primera comunidad de Jerusalén .

d. Excurso 1. Mateo y Pablo.

Contextos y tiempos son distintos, y así debe entenderse la diferencia entre Mateo y Pablo (y otros grupos de cristianos), como indica-ré de forma conclusiva:

‒ Mateo. Por un lado, en la línea de lo que Pablo llama “palabra del Señor” (cf. 1 Cor 9, 14) y de lo que el Q (Lc 10, 7) atribuye a Jesús, Mateo afirma que el trabajador es digno de recibir su salario/comida (Mt 10, 10c), en una línea seguida por la Didajé.

En un sentido semejante ha de entenderse un pasaje de la tradición paulina (1 Tim 5, 18), donde se su-pone que la comunidad cristiana paga con sus medios (con los bienes de la comunidad) a los que trabajan para ella, con dedicación permanente (obispo, diáconos…).

‒ Pero en otro plano, con su exigencia de desprendimiento y la insistencia en la gratuidad (Mt 9,8), Mateo está suponiendo que los misioneros del evangelio no reciben paga, ni como sacerdotes/levitas de la antigua alianza (Didajé), ni como funcionarios de la comu-nidad (1 Tim 5, 18), sino que se sitúan en un plano más alto de gratuidad y comunión per-sonal, esperando que les acojan gratuitamente, ofreciéndoles lo que necesitan (casa, co-mida, vestido). En ese sentido (comunicación supra-salarial en gratuidad) debe interpretar-se a mi juicio la referencia a los obreros dignos de su sustento (Mt 10, 10b), en continui-dad con los obreros (ergatai), que aparecían en la introducción de todo el discurso misio-nero de Mt 10 en Mt 9, 39.

Según eso, Mateo no habla de obreros asalariados de un sistema monetario estric-to, sino de voluntarios del evangelio a quienes Jesús les promete asistencia, en la línea intercomunicación mesiánica que define el movimiento original del evangelio. Tanto Jesús como sus enviados, mensajeros y testigos de la salvación, regalan gratuitamente lo que han recibido (Mt 10, 8; cf. 11, 25-27), esperando que aquellos que acogen el mensa-je les respondan, quedando así en sus manos. No son mendicantes (gente que pide li-mosna), ni asalariados del evangelio, sino voluntarios del Reino de Dios, iniciadores de un proyecto de comunicación personal y social en gratuidad. Pero este modelo de inter-comunicación gratuita puede resultar difícil de mantener, de forma algunos “profetas eclesiales” cuya voz se escucha en el Q (Lc 10, 7 y Mt, 10,10c) han querido insistir en la cita de Num 18, 31 (¡digno es el obrero de su comida!), como palabra de Jesús, y así la ha recibido incluso Pablo (1 Cor 9, 9. 14) .

Pues bien, tras haber dicho que esa palabra viene del Señor, Pablo afirma que no es definitiva, de manera que se siente llamado a superarla, pues no quiere situar el evangelio en un contexto salarial, sino anunciarlo y promoverlo de un modo gratuito (como fabricante de tejidos o pieles de cabra). De un modo convergente, en la línea de Pablo, con su estilo paradójico, Mateo admite un tipo de relación salarial entre las comu-nidades cristianas y los misioneros pero, al mismo tiempo, en un nivel más hondo, él ape-la a la total gratuidad como norma de vida y acción de los cdristianos .

5. Ampliación. Cartas pastorales, el modelo salarial.

Insistiendo en lo anterior, quiero destacar la visión de las cartas pastorales (tradi-ción de Pablo), donde se supone que la iglesia paga con sus medios a quienes trabajan para ella, con dedicación permanente:

Los presbíteros que presiden bien (=gobiernan) son dignos de doble ho-nor (=paga), principalmente los que trabajan en la predicación y enseñanza. Por-que la Escritura dice "no pondrás bozal al buey cuando trilla" y "el obrero es digno de su salario" (1 Tim 5, 17-18).

Estos presbíteros destacan no sólo por edad y autoridad, sino por su acción concreta al servicio de la comunidad. No son misioneros (portadores de la palabra hacia fuera), sino servidores de unas iglesias con estructuras más complejas, y no pueden apoyarse ya en en carismáticos espontáneos, sino que han de escoger presbíteros proestôtes (= presidentes) para su servicio. (a) Han de ser varones de conocimiento, pues la Palabra que ellos transmiten no va unida a su carisma personal, como en Pablo, sino que surge y ha crecido con el estudio y sabiduría de los años. (b) Podrán vivir del trabajo pastoral, recibiendo de la comunidad un testimonio de honor, timê, que significa reconocimiento, pero también “paga o salario” (como en Mt 27, 6; cf. Mt 10, 10 y Lc 10, 7) .

La iglesia se ha vuelto institución estable, con funcionarios propios y pagados, para que se dediquen del todo a su tarea. Desde este fondo ha de entenderse, como hace el autor de las pastorales, la “elección” de los presbíteros/dirigentes, que ejercen un tipo de “episcopado”, es decir, de supervisión y cuidado común:

Quien aspire al episcopado, hermosa tarea desea. Pues el obispo debe ser irreprochable, marido de una mujer, sobrio, prudente, decoroso, hospitalario, capaz de enseñar, no bebedor ni pendenciero, sino amable, no contencioso, no avaricioso. Buen gobernante de su casa, con hijos sumisos en toda dignidad, pues si no sabe presidir su propia casa ¿cómo cuidará la Iglesia de Dios? No sea neófito: no se envanezca y caiga en condena del diablo. Tenga buena reputación entre los de fuera, para que no caiga en descrédito y lazo del diablo (1Tim 3, 1-4).

Este obispo es funcionario encargado de la supervisión comunitaria, y se su-pone que en cada iglesia (y comunidad doméstica) hay alguien que preside, enseña y representa a los demás cristianos. Quizá no ha surgido todavía una estructura monárqui-ca estricta, pero en el grupo de ancianos (cf. 1Tim 5, 17-19) destacan algunos que "pre-siden" como obispos. El texto anterior afirmaba que han de hacerlo bien (kalôs: 1 Tim 5, 17); éste añade que su tarea es buena, hermosa (kalou: 3, 1):

‒ Quien aspire al episcopado... El ministerio se ha vuelto apetecible, pues confiere honor a quien lo obtiene. Estamos lejos de la tradición mesiánico-profética de Mt 8, 18-22 par: "Las aves tienen nidos, las zorras madrigueras, pero el Hijo del humano no tiene donde reclinar la cabeza…". El obispo/presbítero se vuelve hombre honorable, padre ejemplar de una familia extensa, bien jerarquizada. Es normal que surjan candidatos… y que el “nombramiento” no derive de un simple carisma personal, sino que esté ratificado por la comunidad, a través de un rito de imposición de manos de los presbíteros, representantes de la comunidad (1Tim 1, 18; 4, 14).

‒ Buen patriarca. La tradición sinóptica exigía ruptura familiar para seguir a Jesús. Ahora es al contrario: una buena familia y matrimonio constituyen el mejor "seminario" de formación para el ministerio del evangelio. En contra de una tendencia ascética (celibato posterior), esta instrucción pastoral supone que sólo puede ser "obispo" (y presbítero o diácono) un buen padre de familia: varón probado, capaz de educar y dirigir su casa. Lógi-camente, en este contexto se aplican los códigos domésticos (patriarcales) evocados en Col 3, 18‒4, 1; Ef 5, 21‒6, 9 y 1 Pedro 2, 18‒3, 7. Según eso, en contra de Jesús, la Iglesia asume un esquema patriarcal de buenas familias.

‒ Los ministros de la Iglesia han de ser hombres de palabra y hospitalidad, vinculando los dos carismas de los discursos de misión de Mc 6, 6-13 par: Han de ser hombres de palabra (como los itinerantes de Jesús, liberados para el evangelio). Han de ser hombres de casa, sedentarios, es decir, capaces de tener y administrar unos bienes al servicio de la acogida comunitaria. Por eso merecen "doble paga" (1 Ti 5, 17-18), y es bueno que no sean avaricioso.


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Comentarios
  • Comentario por Ciriaco Morón Arroyo 22.03.18 | 12:06


    Mi gratitud y felicitación más sincera al profesor (maestro) Pikaza por su blog, siempre tan inteligente y edificante para los que conservamos la fe por la gracia de Dios. Adelante con sus estudios, reflexiones y su generosidad en compartirlo todo con nosotros.

  • Comentario por INVAESJH 18.03.18 | 13:17


    no coman cosas raras- Asi permanecen - MAS SANOS-. Tanto espiritualmente, como fisicamente.-

    ¿ Os imaginais un Pontifice casado.....? impensable.......pero ha habido pontifices con queridas, con hijos , malos, malísimos.....y se les llamaba- santos-.

  • Comentario por INVAESJH 18.03.18 | 13:13


    - Si el sacerdote adorara de verdad a DIOS, y no al diablo ,ofreciendo sacrificios o eucaristias - pues seria una persona muy digna, y su trabajo seria maravilloso.- Y se podria llamar sacerdote santo, - y creo que se mereceria casarse para no estar tan solo, - que eso fuese algo que decidiera el cura- no una norma impuesta por conveniencia de la religión o de los que dirigen la religión, para manipular a los curas - manipular es egoismo-. Y si manipular para exigir todo el tiempo de una persona dedicada a la religión ,es egoismo- pues quiere decir, que es algo que - sobra- el egoismo.-

    Y tambien esta escrito que el que no quiera casarse que no se case, y el que quiera casarse que se case.- Pedro antiguamente, el de los evangelios, estaba casado....pero ......lo que representa el - vaticano- ¿ quien se casa eh ? eso seria impensable, por muchas cosas.-

    Los budistas tampoco se casan ¿ verdad ?- Algunas cosas del budismo me gustan- espero que estos no com...

  • Comentario por INVAESJH 18.03.18 | 12:58


    - Si cristiano se llama uno, por tragar a - cristo- pues ante todos digo , que dejo de ser cristiana.- No me gustan que me manipulen, ni religión, ni marido, ni politicos, ni nadie.- Y por supuesto, creo en DIOS SANTO, JUSTO Y HONRADO, y tambien en los santos, aunque no en todos los santos que habeis hecho santos.-

  • Comentario por INVAESJH 18.03.18 | 12:56


    ¿ A que llamais vosotros espiritus impuros ? Teneis poder sobre ellos ?
    Sanar enfermos, eso esta muy bien, - limpiar leprosos- entra dentro de sanar enfermos.- Resucitad muertos ? esto será si se les llama muertos a los grandes pecadores ¿ verdad ? - En algunos sitios de la Biblia se le llama muertos a los grandes pecadores , y se les llama muertos por estar en gran pecado.- Dar limosna esta muy bien, y crear trabajo mejor todavía.-
    - Pedro en los hechos de los apostoles - a un matrimonio rico que queria ser cristiano, por no darle todo lo que poseían, los maldijo sin razón- y digo sin razón- porque para ser de una religión se ha de ser LIBRE, y ninguna persona, ni religioso, ni nada, tiene derecho a a disponer del dinero de los demás-, es decir, quien quiera dar dinero a la religión o grupo, ha de hacerlo- libremente- Aqui Pedro de santo nada eh ! y según esta escritura , era como para no meterse ni a cristiano.-
    - Si cristiano se llama uno, por tragar a - ...

  • Comentario por INVAESJH 18.03.18 | 12:44


    - Hay muchos conventos que necesitan ayuda de dineros, y es bueno ayudarles, - Tambien tienen cosas buenas los conventos.- Han ayudado a muchas muchachas a defenderse en la vida, y han enseñado principios morales muy importantes, tambien es cierto que he escuchado hablar mal, pero quizas, por la - prepotencia de algunos o algunas- quizas a muchos se le olvido - que estos lugares deben simbolizar- FRATERNIDAD-. He hablado de los conventos de monjas, de los de curas se poco.-

    Uno de mis colegios de monjas, pues era creo tambien convento, - tenia una capilla preciosa que recuerdo siempre, me atraia la espiritualidad que sentia en ese lugar.- Era un convento grande-, tenia su teatro, y un patio grande para las estudiantes, y un patio interno, para las muchachas internas que estaban alli, que era muy grande, - Recuerdo este colegio con mucho cariño.-
    - La madre Mercedes, que nos regañaba mucho, pero que siempre estaba atenta con nosotras, y nos queria.-

  • Comentario por INVAESJH 18.03.18 | 12:34


    Tambien esta escrito en la escritura- El obrero tiene derecho a su salario.-

    - Y si se tiene vocación en su trabajo, en su profesión, pues mejor, porque mejor persona sera en su trabajo.-

    - Hay que pensar tambien en las personas que dedican su vida a la profesión de la religión, como son los religiosos.- Lo contrario es egoismo.-

    - Porque en todas las profesiones por mucha vocación que se tenga, se ha de cobrar un sueldo, y digno.- es lo más logico, se ha de tener amor al trabajo- a la vocación- pero tambien se ha de vivir.- Y en la GLORIA no hara falta el dinero, pero en este mundo hace falta.- Asi que en esto, apoyo a los religiosos y religiosas.-

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