El blog de X. Pikaza

Mateo 1, curso en Córdoba. De Jesús a de la Iglesia

13.03.18 | 10:21. Archivado en Iglesia Instituciones, Nuevo Testamento, Evangelios

Vuelo esta noche para Córdoba, Argentina, donde impartiré un pequeño curso sobre el Evangelio de Mateo, en la Escuela de Biblia Parresia, dirigida por mi amigo y colega Juan Manuel González, a quien muchos conocen, porque mantiene en este mismo lugar un "portal bíblico" que recomiendo a mis lectores (RD: http://blogs.periodistadigital.com/parresia.php/2016/10/04/acerca-de-juan-manuel-gonzalez ). Para la temática, lugar y horarios del curso, cf. http://edebparresia.org/, donde se hallará un valiosísimo material sobre temas bíblicos.

El curso consta de siete módulos o lecciones que recogen algunos elementos básicos del Evangelio de Mateo, inspirados en el texto de mi Comentario de Mateo. De Jesús a la Iglesia (Verbo Divino, Estella 2017).

Los siete temas que propongo exponen en forma de abanico algunos momentos fundamentales de Mateo (Introducción, Estructura, Función de Pedro, Bienaventuranzas, Iglesia, Juicio, Misión) y ofrecen una visión fundamental de su despliegue y lugar en la Iglesia, desde la historia antigua (Iglesia de Mateo) hasta nuestra propia historia (año 2018), en la Iglesia y Sociedad Actual, en un momento clave de cambio de milenio, cuando estamos llamados de nuevo a recrear el sentido y tareas del Cristianismo, desde el mensaje y vida de Jesús y desde la perspectiva actual. Éstos son los temas del curso:

1. Introducción. Origen, intuición fundamental, lugar, circunstancias.
2. Estructura. Tema básico y organización,
3. Función de Pedro,
4. Bienaventuranzas, sermón de la montaña
5. Iglesia, misión, organización, actualidad
6. Juicio. Mt 25, 31-46.
7. Misión. Mt 28, 16-20.
8. La economía de la Iglesia en Mateo

Quien quiera conocer mi interpretación completa deberá seguir los capítulos del libro. Aquí ofreceré sólo (hoy y en días sucesivos) una visión de conjunto, que servirá de preparación y encuadre para celebrar las próximas fiestas pascuales, con Mateo. Buen día a todos, desde Córdoba, Argentina (Imágenes de presentación del curso, y la última la catedral de Córdoba).

MÓDULO 1. MATEO, EL “PRIMER” EVANGELIO

1. Elementos distintivos

No es un código legal, sino un libro de vida que vincula la tradición de Israel (desde el principio) y la nueva experiencia cristiana, una especie de “manual” de vida (como pudo ser, en un plano distinto, la Regla de la Comunidad de Qumrán). Es, al mismo tiempo, un libro/controversia que recoge el resultado (las actas) de una fuerte disputa entre seguidores de Jesús y judíos rabínicos, con urgencia escatológica, pues muchos aguardaban el cambio de los tiempos, el derrumbamiento de un mundo anterior, la llegada del Reino de Dios. Pero, siendo todo eso, es un libro-guía para conocer la vida y mensaje de Jesús, y para asumir su proyecto de vida y de formación de la comunidad cristiana. Así lo quiero comentar presentando en resumen cinco de sus rasgos fundamentales:

1. Mateo ofrece una reinterpretación y cumplimiento de la tradición bíblica, fijada básicamente en la Escritura de Israel (el AT cristiano). En esa línea, Mateo quiere ser (y es) un texto de actualización mesiánica de la tradición bíblica israelita, partiendo de Jesús. Muchos escritos de entonces (entre el III aC y el II dC) quisieron fijar la identidad judía desde las nuevas circunstancias religiosas y sociales, como hizo Mateo, aunque en otras perspectivas. Entre ellos podemos recordar Jubileos, diversas partes de 1 Henoc y la Regla de Qumrán, con los grandes apocalípticos del I-II d.C. (2 Baruc, 4 Esdras).

Éstos y otros libros (unos de tipo más legal, otros más sapiencial; unos de tipo más histórico, otros más apocalíptico) querían mantenerse fieles a la tradición judía, pero la reinterpretaban de diversas formas, actualizando así el tesoro de vida de la historia israelita. En ese contexto, en ese momento clave de recreación del judaísmo, a finales del siglo I d.C., Mateo ha recreado la tradición y vida judía desde Jesús de Nazaret, abriendo así un camino mesiánico nuevo, que se ha mantenido y extendido en la Iglesia cristiana. Ésta es su identidad: Mateo quiere recrea la tradición y vida judía desde la experiencia y proyecto de Jesús, ofreciendo así una versión “canónica” del judaísmo según Cristo.

2. Mateo expone despliega una visión radical del judaísmo, pero entendido desde la historia de Jesús, ofreciendo una visión canónica (eclesial y normativa) de su mensaje y movimiento. Los estudiosos judíos posteriores han aceptado el carácter israelita de otros libros apocalípticos o legales, como los citados (Jubileos y 1 Henoc…), pero afirman en general que Mateo no sería ya judío. Pues bien, en contra de eso, pienso que Mateo es tan judío (fiel a la Escritura de Israel) como esos libros, pero con la diferencia de que ellos no han logrado crear una “comunidad autónoma” de creyentes. Pues bien, Mateo lo ha hecho, reinterpretando la historia de Jesús en este libro-guía de la comunidad cristiana, superando (trascendiendo) de hecho los límites de un judaísmo rabínico tradicional (con la Misná), pero conservando y ratificando desde Jesús, lo que a su juicio (y a juicio de gran parte de los cristianos) es la raíz del judaísmo.

En esa línea, Mateo es un libro de historia de la iglesia, pues, al recrear la “vida” de Jesús, cuenta su acogida en las comunidades de sus seguidores. Eso significa que Mato cuenta el origen y sentido de la Iglesia de Jesús como auténtica comunidad del Judaísmo mesiánico. No le importa sólo Jesús (sus palabras y sus hechos en sí mismos), sino en la vida de sus seguidores. Como puso de relieve la “historia de las formas” (Formgeschichte), a principios del siglo XX, con K. L. Schmidt, R. Bultmann y M. Dibelius, los evangelios, y de un modo especial Mateo, exponen no sólo el pasado de la historia de Jesús, sino la forma en que esa historia ha sido acogida y valorada por la Iglesia. Según eso, Mateo recrea y vincula dos historias: La de Jesús, Mesías de Israel, y la de sus seguidores en la Iglesia, escribiendo por tanto un libro en dos niveles: Todo trata, por un lado, de Jesús. Todo trata, por otro, de la Iglesia.

3. Mateo es un libro de choque y fecundación socio-cultural, partiendo del judaísmo de Jesús, en esa línea ofrece una gran alternativa político-religiosa para los hombres y mujeres de su tiempo, en el cruce entre dos mundos (oriente y occidente). En esa línea, siendo quizá el libro más judío del Nuevo Testamento, vino a presentarse pronto como libro “universal”, abierto a todos los pueblos, partiendo de Roma, tanto por su forma de entender la historia (en la línea de la agadáh judía) como en la manera de organizar el compromiso creyente de los seguidores de Jesús y de todos los hombres (en la línea de la halaka).

Es un libro de base semita, oriental (hebreo y arameo), y en esa línea presenta al principio a los “magos de oriente”, los sabios que vienen buscando a Jesús con la estrella (Mt 2). Un libro que tiene en el fondo la sabiduría del oriente, de manera que se ha podido decir que fue redactado en un primer momento en hebreo (o arameo). Es, por tanto, un libro semita, por simbología y experiencia, y no puede entenderse e interpretarse sin más desde las claves del pensamiento greco-romano.

Pero, al mismo tiempo, es un libro de occidente, elaborado desde un judaísmo que ha crecido en el contexto socio-cultural del helenismo, en el imperio romano; un libro escrito en griego culto, la koiné helenista, para ofrecer una alternativa cuádruple (económica y social, cultural y religiosa) al mundo dominante (al orden romano), desde una ciudad como Antioquía de Siria (hoy Turquía) que era cruce de culturas e historias de oriente y occidente. Sin duda, Mt no critica de forma directa al Imperio Romano, ni desarrolla una imaginería apocalíptica de su pecado y caída (como el Ap Juan), pero eleva una alternativa mesiánica a su visión de poder del mundo.

4. Es un discurso de dura controversia, que recoge y reformula una larga historia de conflictos y pactos entre grupos judíos y cristianos, entre judeo-cristianos y pagano-cristianos, con elementos claramente retóricos, cosa que a veces se olvida en las lecturas y comentarios del evangelio. Ciertamente, incluye textos y testimonios admirables de perdón y comunión, de universalismo y pacificación, pero, al mismo tiempo, recoge la historia de un duro conflicto entre seguidores de Jesús y otros judíos (o judeo-cristianos), y lo hace no sólo con dureza, sino incluso con “mentiras retóricas”, acentuando de manera injusta (e incluso ofensiva) los posibles defectos de los adversarios (judíos rabínicos). Por eso digo que ha de entenderse en forma retórica.

Esa controversia resulta muy dura, de forma que si se olvida su fondo “retórico” (propio de su tiempo y de su entorno) no se entiende ni valora este evangelio. En esa línea, sobre una base de paz y perdón, bien visible en el centro del Sermón de la Montaña (Mt 5-7), Mateo recoge las “actas” de un juicio muy duro entre partidarios y adversarios de Jesús (=de la visión de Jesús que ofrece Mateo), y lo hace de forma dramática, sin ocultar los problemas de fondo.

Mateo quiere ser un libro irénico (de paz), pero no puede olvidarse que toma partido por un grupo (los cristianos de la línea de Pedro) y que resuelve el conflicto en una línea (desde la perspectiva de los pobres de Jesús, en clave pascual), pero sin olvidar nunca los conflictos de fondo, aún no resueltos. En esa línea, Mateo ha tenido un gran éxito, pues ha sido recibido en el canon del Nuevo Testamento, colocándose al principio de sus libros, como norma para interpretar todos los que siguen.

5. Mateo es un libro de reinterpretación, y en esa línea recrea y resuelve algunas disputas eclesiales anteriores, y lo hace en dos planos. (a) Recoge, por un lado, la narración fundacional de la vida de Jesús, que sirve de criterio para interpretar todos los temas. (b) Pero, al mismo tiempo, introduce y resuelve desde Jesús los temas de su Iglesia, para así abrir un camino de evangelio, partiendo de la tradición judía, entre los varios grupos de cristianos de su tiempo. No tiene necesidad de fijar un Código de Derecho, ni un tratado legal como la Misná rabínica del II-III d.C., porque todo su libro es un tratado de justicia mesiánica, siguiendo a Jesús, desde los más pobres. Ciertamente, en su fondo hay mucha historia y muchas palabras de Jesús, datos muy fiables de su vida. Pero ellos han sido reinterpretados desde y para la comunidad creyente.

Mateo no quiere engañar, pero valora y recrea la identidad judía desde la perspectiva de su comunidad, conservando así, con gran crudeza, las huellas de muchas disputas anteriores. Más que enfrentarse con un judaísmo de fuera, Mateo recoge disputas entre diversas tendencias cristianas del último tercio del siglo I dC. De esa forma, él ha querido conservar y actualizar textos y visiones de la tradición anterior, abriendo un posturas entre las que caben (puedan caber) casi todos los grupos de seguidores de Jesús. Así lo ha sentido la Iglesia posterior que, a pesar de las dificultades y oposiciones (contraposiciones) de su texto, ha colocado a Mateo al principio del NT, como primer evangelio, y lo ha utilizado más que a los otros evangelios.

2. Libro de apuesta eclesial, libro de síntesis

En ese fondo debemos añadir que Mateo es un texto de apuesta eclesial, es decir, de apuesta cristiana. No es simplemente un tratado para saber cosas antes ignoradas sobre el judaísmo o sobre Cristo Jesús y sus seguidores (aunque es también eso), sino libro-guía para actuar e implicarse en una línea de compromiso y de misión creyente, abierta a todos los pueblos. Al trazar esa “apuesta y fijarla al final de su documento (Mt 28, 16-20), Mateo realiza un fuerte gesto polémico y decisorio, que le distancia de otros grupos judíos.

No es un libro simplemente irénico, para dejar a cada uno en su visión, sino un libro que opta por un tipo de lectura de la Biblia Israelita y del judaísmo. Es, por tanto, un documento de cambio, que se compromete a entender la historia milenaria del judaísmo desde la novedad reciente de Jesús. Esa apuesta al servicio de la misión universal cristiana, desde la tradición nacional judía (pero abriéndola por dentro, desde la perspectiva de los más pobres) ha definido todo el movimiento cristiano posterior.

Si Mateo no hubiera tomado partido como hizo en este libro, en línea de universalidad, pero ratificando la identidad judía de Jesús, la historia de la Gran Iglesia hubiera sido muy distinta. Sin duda, en la opción de conjunto de la Iglesia ha influido especialmente Pablo, con sus seguidores, y también Marcos y Lucas, y de otra forma Jn 21, asumiendo el gesto misionero universal de Pedro, pero el evangelio de Mateo ha sido decisivo, pues ha catalizado los diversos aspectos del mensaje y vida de Jesús con lenguaje judío y apertura universal, recreando desde Pedro la herencia de Pablo, como iré indicando a lo largo de este comentario.

Mateo ha vinculado visiones y prácticas que parecían irreconciliables. No ha negado la Ley judía, pero la ha interpretado desde el evangelio, en línea universal. No ha rechazado el testimonio sapiencial y apocalíptico del Q, pero lo introduce en la narración de Marcos. Acepta la misión paulina, pero la integra en el contexto temático-narrativo (estructural) de la vida de Jesús. No rechaza los rasgos nacionales de la tradición judía, pero ha destacado otros que posibilitan su apertura universal, en una clave más narrativa que argumentativa. Entre ellos destaco cuatro temas de fondo:

‒ Mateo es un libro antropológico, compendio de moral universal: Así propone como base las bienaventuranzas y mandatos del Sermón de la Montaña (Mt 5-7) que son de origen judío, pero pueden aplicarse a todos los pueblos, ofreciendo quizá el mejor compendio de derechos y deberes de la humanidad mesiánica, que Jesús ha mandado cumplir (threi/n: 28, 20), y que se condensan en las seis obras de justicia (obras de los justos) de 25, 31-46. En esa línea es un libro que expone los principios de la “justicia del reino” 85, 20; 6, 33), no sólo para los seguidores de Jesús, sino para todos los hombres.

‒ Mateo es un libro cristológico, y en esa línea cuenta la historia del “mesías” de Israel, es decor, de Jesús de Nazaret, a quien presenta como Hijo y Mensajero (presencia salvadora) de Dios para las naciones. Conforma a la visión de Mateo, Jesús es el “hombre universal” (Hijo del Hombre: cf. Mt 31, 46), de manera que en él se descubre no sólo la verdad del judaísmo (en él se cumplen las promesas), sino la realidad y futuro de todos los pueblos (28, 16-20). Pues bien, ese Cristo de Dios no es un ángel separado, sino un hombre concreto, que ha nacido en la historia de los hombres, y cuya historia narra e interpreta el evangelio; Mateo ofrece, según eso, una cristología “antropológica”, fundada en el valor y tarea del ser humano.

-- Mateo es un libro teológico, es decir, un libro “de la acción y presencia de Dios”, que se revela en Jesús, como creador y salvador de los hombres. Así aparece no sólo en la declaración final de 28, 16-20, con el “mandato del bautismo” (en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo), sino a lo largo de todo el texto. Desde esa perspectiva se entienden las “citas de cumplimiento divino” que aparecen especialmente en Mt 2-4 (esto sucedió para que se cumpliera…, cf. 1, 22-23) y todo el desarrollo del evangelio, que cuenta la historia de la obra de Dios en Jesús. Mateo no empieza “sabiendo” quién es Dios, sino que va narrando su sentido y despliegue a lo largo de la vida y obra de Jesús, el Hijo de Dios (cf. 3, 17; 16, 16).

‒ Libro de comunidad. Mateo es un manual de cabecera (de vida) de una comunidad de seguidores mesiánicos, que se enfrentan con la dificultad de ser judíos en la línea de Jesús, de un modo universal. Ciertamente, otros autores cristianos habían escrito sobre la comunidad cristiana, empezando por Pablo en 1 Cor y siguiendo por el mismo Marcos, pero sólo Mateo escribe, por primera vez en la historia cristiana, eso que pudiéramos llamar la “constitución” del cristianismo, el libro de la Iglesia. En esa línea, podemos afirmar que Mateo es el primero y más hondo de los libros de la Iglesia cristiana, que lo ha colocado en el principio del Nuevo Testamento.

Un sacramentario, es decir, un libro de los signos cristianos. Mateo no niega el valor de la circuncisión, pero la deja en un segundo plano (no habla de ella), destacando el bautismo como gesto universal de iniciación, que puede aplicarse y se aplica por igual a varones y mujeres, judíos y gentiles, en Nombre de Dios: Padre, Hijo y Espíritu Santo (cf. Mt 28, 16-20) . En el fondo del evangelio aparecen también otros gestos “sacramentales”, como son los exorcismos y, sobre todo, los pasajes eucarísticos, pero el signo básico de la Iglesia de Mateo es el bautismo.

Para trazar de esa manera su síntesis cristiana, como libro de “apuesta eclesial”, que se ofrece desde el judaísmo, por medio de Jesús, a todos los pueblos, Mateo ha vinculado sus propios tradiciones (que podemos llamar M: texto propio de fondo de Mateo), con el evangelio de Marcos, que él toma como esquema de fondo narrativo, y con el documento Q (donde se habían recogido algunos dichos básicos de la Iglesia anterior…). Con esos elementos, y con la ayuda de su propia “escuela exegética” (es decir, partiendo de un grupo de escribas cristianas, cuya labor aparece por ejemplo en las “citas de cumplimiento” de 1, 22-23; 2, 5-6. 17-18; 3. 3, 13, 51-52 etc.), y en una zona distinta, aunque no muy alejada del lugar donde había surgido Marcos, Mateo escribe su evangelio para responder a los problemas de su comunidad, probablemente en Antioquía, al Norte de Siria, hacia el 85 d.C.
En esos mismos años, quizá un poco más adelante, Lucas hará un esfuerzo parecido al de Mateo, escribiendo un evangelio abierto a los gentiles, probablemente desde Éfeso. De esa manera, con Mateo y Lucas (con su evangelio y el libro de los Hechos), el cristianismo puede presentarse como proyecto mesiánico abierto a la cultura universal, a la creación de una iglesia mesiánica.

3. Reescribir el evangelio de Marcos, recrear la Iglesia

Esto es lo que hace Mateo, probablemente desde Antioquía, ciudad muy importante no sólo para el judaísmo (como muestra la crisis “antioquena”: 1-2 Mac), sino para la historia de los primeros cristianos, desde Bernabé y a Pablo (cf. Hch 11-15 y Gal 2-3).

‒ Marcos había sido un evangelio más radical, en el sentido del seguimiento exclusivo de Jesús, desde una fe de tipo paulino, y no había conocido (o aceptado) el documento Q (con sus logia o dichos de tipo sapiencial y apocalíptico), porque quería trazar una biografía más centrada en la muerte pascual de Jesús (como he puesto de relieve en Comentario a Marcos, Estella 2013, 101-106). En una línea quizá convergente, él había rechazado también las posibles aportaciones de la comunidad de los hermanos de Jesús (Santiago y la iglesia de Jerusalén), por juzgar que iba en contra de la libertad y apertura universal del Jesús de Pablo, y había mostrado que Pedro no había cumplido su tarea de re-iniciar el evangelio desde Galilea (Mc 16, 1-8).

‒ Mateo es un evangelio más inclusivo, y así, reelaborando el texto de Marcos que es una de sus bases, asume y reinterpreta otros materiales (del Q y de los judeo-cristianos de Santiago), en línea una universal, desde la perspectiva de Pedro, aunque aceptando las tesis esenciales de Pablo. Por eso, a diferencia de Marcos, que es un “evangelio centrado en la muerte-pascual de Jesús”, Mateo recoge diversas posturas eclesiales, con Pedro y Pablo, desde la perspectiva del mensaje radical de Jesús y su opción por los pobres.

En esa línea, Mateo puede aceptar a Marcos, con su mensaje de Reino y, sobre todo, con su visión de Jesús, salvador crucificado, iniciando la reinterpretación mesiánica del judaísmo en un momento en el que, tras la destrucción del templo, el 70 dC, algunos judíos rabínicos habían comenzado a fijar un camino de fidelidad a la Ley que desemboca más tarde en la Misná. Pero mientras Marcos se oponía sin más al judaísmo rabínico naciente (manteniendo así la opción mesiánica de Pablo), Mateo, ha querido reelaborarla, asumiendo algunos de sus elementos básicos.

Mateo ha querido “mantener” de esa manera la historia del judeo-cristianismo más antiguo, en la línea de Santiago y especialmente de Pedro, pero sin rechazar a Pablo, de manera que ha debido proponer de hecho, al menos de un modo implícito, una serie de pactos que han sido fundamentales para la iglesia posterior, aunque no siempre ha logrado que concuerden y se ajusten entre sí todas las perspectivas de su texto, que sigue de esa forma abierto a diversas interpretaciones. Pues bien, a pesar de las dificultades de su empeño y de la brusquedad de algunas formulaciones, el evangelio de Mateo ha tenido mucho éxito, y se ha convertido en el libro eclesial por excelencia, como «primer evangelio», no sólo porque está al principio del Nuevo Testamento, sino porque ha tenido un influjo muy grande en los cristianos posteriores, por su estructura catequética y por la forma en que ha vinculado los aspectos morales y sociales de Jesús, desde su opción por los pobres.

-- Marcos había escrito su evangelio muy cerca de la guerra (del 67-70 d.C.), escrito aún con la esperanza de una manifestación próxima de Jesús, desde una comunidad (quizá Damasco) donde había muchos pagano-cristianos. Ciertamente, Marcos asume la misión cristiana, en la línea de Pablo… pero no escribe para una iglesia organizada, con vocación de permanencia y universalidad. Escribe para comunidades que han optado por Jesús, en un contexto de dura persecución y riesgos de muerte, en torno al 70 d.C. No tiene por delante una experiencia y tarea de misión universal, de organización de Iglesia para esa misión. Le importa Jesús, el mismo Jesús crucificado que viene ya. Por eso no puede narrar apariciones pascuales, porque la aparición de Jesús resucitado será de algún modo su venida final.

-- Mateo escribe en otro entorno, probablemente en Antioquía, hacia el 85 d.C., cuando la destrucción del templo de Jerusalén y la reformulación del judaísmo se habían vuelto irreversibles y muchos fariseos empezaban a fijar las bases de su nueva identidad rabínica, en la costa de Judea (Jamnia) y en interior de Galilea. Mateo escribe en un momento en que la Iglesia se estabiliza y se organiza, con vocación de permanencia. En ese contexto se sitúa Mateo, con tradiciones de Santiago, hermano del Señor, y con la herencia de Pablo, pero con la finalidad de establecer una comunidad nueva, en la que se mezclan elementos rabínicos y evangélicos, que han de abrirse, a su juicio, de un modo universal.

-- En una Iglesia ya nacida… Mateo se encuentra en el comienzo de la línea divisoria del judaísmo, tras la guerra del 70 dC, cuando unas aguas se dirigían hacia el lado rabínico, para quedar después fijadas en la Misná, y otras tendían hacia el lado de Jesús, a quien sus seguidores veneraban como culminación y verdad de la Ley israelita. Aquí, entre la Costa Judía, la Alta Galilea y Siria/Antioquía, hacia el 85 dC, estaba empezando a decidirse (desde unas visiones en parte comunes) el futuro del judaísmo rabínico y del cristianismo, aunque en ese tiempo no se hallaba aún definido el judaísmo rabínico (como en el siglo III con la Misná), ni el cristianismo de la Gran Iglesia, con episcopado y canon del NT.

En ese contexto, fiel a la historia de su iglesia, Mateo quiso mantener el principio judío de la vida y pascua de Jesús, pero optando por la universalidad paulina, como indica el final de su texto “Id, pues, a todas las naciones...” (28, 16-20). Su opción supone que hubo un «acuerdo misionero», un convenio o pacto «histórico», cumplido quizá en varios lugares, pero ratificado de una vez y para siempre, en alguna zona de Siria (Antioquía), e impulsado después por otras iglesias, entre ellas las de Éfeso y Roma, entre la tradición de Pablo y la de Pedro.

Mateo escribe desde un fondo de paco «pensado y razonado», partiendo de argumentos de Escritura, comunes a todos, un pacto logrado con dificultades, pero que definirá el futuro de la Gran Iglesia. No fue posible un pacto con todos los judíos, pues siguió habiendo muchos, también sabios y piadosos, que decidieron fijar sus tradiciones, de una forma nacional, insistiendo en la ley estricta de comidas y en la separación de grupo, que no aceptaron la propuesta de Mateo. Quizá no fue posible tampoco un pacto entre todos los grupos “cristianos”, pues algunos grupos (de tipo más gnóstico o judaizante) quedaron fuera de la Gran Iglesia que proponía Mateo.

No fue un acuerdo de todos, pero fue acuerdo extenso y duradero, un acuerdo que se estaba decidiendo ya entonces, en torno al año 85, en diversas comunidades de judíos y/o cristianos. Posiblemente, unos y otros se encontraban y discutían en las sinagogas, no se habían separado aún del todo. Pero el gesto de apertura universal de Mateo y la búsqueda de fidelidad nacional de otros rabinos (con la deriva gnóstica de algunos judíos y cristianos), hizo que las comunidades terminaran separándose (a veces con acusaciones y mentiras, como indicaré al ocuparme de Mt 23 y 28, 11-15) y surgiera entre ellas la Gran Iglesia cristiana.

4. Cuatro novedades fundamentales

Proviniendo de una comunidad judeo-cristiana, vinculada en un sentido extenso a la Iglesia primitiva de Jerusalén, bajo la inspiración de Santiago y los hermanos de Jesús (con Pedro y los Doce), hasta el 70 dC los cristianos de la iglesia de Mateo se habían podido sentir integrados entre los diversos grupos del judaísmo, como indican varios textos fundamentales, entre los que podemos citar 5, 17 (no he venido a destruir la ley), 10, 5 (no vayáis a los gentiles, ni a los samaritanos, id a las ovejas perdidas de la casa de Israel) y 23, 2-3 (en la cátedra de Moisés se han sentado los escribas y fariseos; haced pues lo que os digan, pero no lo que hagan…).
Conforme a esos pasajes, los “cristianos” de Mateo empezaron aceptando la línea rabínica de los escribas y fariseos, aunque es evidente que lo hicieron en medio de tensiones, como las que irá mostrando el mismo evangelio. Pero en un momento dado, la inclusión de esos “judíos mesiánicos de Jesús” en las comunidades proto-rabínicas judías se fue haciendo imposible. En ese fondo se pueden señalar cuatro novedades, que han marcado la novedad cristiana de Mateo.

1. Tras la guerra judía, un renacer apocalíptico. La Guerra del 67-70 radicalizó a los grupos judíos, marcando poderosamente sus opciones, de manera que algunos desaparecieron (empezaron a desaparecer), como los saduceos, con un tipo esenios, mientras, como los fariseos de tipo más rabínico, tuvieron que reformular sus principios, como se verá en el judaísmo posterior. Pues bien, en ese contexto, al menos en los años inmediatos a la guerra (entre el 70 y el 150 d.C.) hubo un poderoso despliegue apocalíptico, que aparece de manera intensa en textos como 4 Esdras y Ap. Sir. Baruc (2 Bar).

En esa línea se han mantenido y avanzan también Mateo y el Apocalipsis de Juan, con su novedad fundamental: Ellos piensan que el Salvador Apocalíptico, que ha venido como Hijo de Hombre, es el mismo Jesús. Pero una vez que Mateo identifica al Salvador Apocalíptico con el Jesús histórico, y termina abriendo su mensaje a los gentiles, cambia su forma de entender el judaísmo. También Pablo y Marcos habían entendido a Jesús de esa manera, pero sólo Mateo lo hará de forma consecuente, reinterpretando el judaísmo en una línea apocalíptica, pero no de apertura inmediata al fin del mundo, sino de transformación escatológica de la tradición judía desde el mensaje de Jesús.

Significativamente, el judaísmo proto-rabínico podía aceptar la venida final del Hijo del Hombre (como supone Dan 7 y 4 Es 13), pero no su identificación con Jesús crucificado, en la línea que están poniendo de relieve los cristianos. Pasado un tiempo, tanto los judíos rabínicos como los cristianos “se desmarcan” de la apocalíptica dura, aunque más los judíos que los cristianos, que siguen editando obras apocalípticas judías que los mismos judíos rechazaron (como 4 Esdras, Ap. Baruc 2 etc.).

2. Nueva edición de Marcos. Mateo acepta como texto base a Marcos, tras el 70 d.C., pero transformando su visión del pasado judío y de la misión de la Iglesia. En esa línea suaviza y reelabora algunos aspectos de Marcos, pero radicaliza otros, desde su visión fundamental de Jesús, con su experiencia de muerte y resurrección, en una línea básicamente cercana a la de Pablo. Éste es quizá su punto de inflexión, el momento clave de su cambio: Las comunidades que están en el fondo de Mateo aceptan el mensaje básico de Marcos, con su visión de Jesús, pero recrean su forma de entender la Iglesia.
El relato de Marcos ha influido poderosamente en las iglesias de Siria y Asia (Éfeso), y quizá también en la de Roma, no sólo en las de origen paulino, sino también en las de origen judeo-cristiano. Una vez que leen y aceptan el relato básico de Marcos, con su visión mesiánica de Jesús, esas iglesias han de recrear su visión del evangelio, como una experiencia que no es sólo apocalíptica, sino de vinculación personal con Jesús. En esa línea se entiende el evangelio de Mateo, como nueva edición de Marcos, con elementos tomados del Q, con una historia de la infancia (Mt 1-2), un relato pascual, que incluye el mandato de misión universal (Mt 28) y cinco grandes sermones (Mt 5-7; 10; 13; 18; 23-25), de los que hablaré en el módulo siguiente.

3. Mateo acepta igualmente el documento Q, con su enseñanza mesiánica, ética y apocalíptica. Ciertamente, en sí mismo, el Q no implica ni exige una ruptura radical respecto al judaísmo, pero en el momento en que su enseñanza ético-apocalíptica se estructura y organiza, como hace Mateo, desde la perspectiva de Jesús resucitado, con un relato unitario de su vida, surgirá una visión socio-religiosa distinta, que desembocará en la ruptura entre cristianismo y judaísmo rabínico. Uno por uno, los grandes momentos del Q podrían ser aceptados por un tipo de judaísmo rabínico, pero una vez que se introducen en un “cuerpo” doctrinal, como el formado por los cinco discursos de Mateo, y se vinculan con la historia de Jesús (en la línea de Marcos) ellos contribuyen a crear una iglesia distinta, con una nueva identidad social y religiosa, distinta del judaísmo rabínico.

Esta unión del Q con Marcos, realizada de formas convergentes por Mateo y Lucas, constituye un elemento clave del cristianismo primitivo, y debió realizarse, al mismo tiempo, en diversas iglesias (Antioquía, Éfeso...), entre el 70 y 80 d.C. He presentado ya los rasgos básicos del Q en Comentario a Marcos (Estella 2013) 101-106, y así los presupongo aquí. En este contexto he de añadir que, a diferencia de Lucas, que conserva mejor el orden discursivo del Q (sin reelaborar los textos), Mateo los ha introducido en su contexto narrativo y doctrinal, trasformando de esa forma su estructura originaria y quizá su sentido, para ponerlos al servicio de su visión de Jesús, de manera que ellos se hacen ya inseparable de la experiencia pascual cristiana.

4. Mateo reelabora la visión mesiánica, poniendo a Jesús en el lugar de la Ley, como principio de nueva creación y Sabiduría de Dios, en una línea que el judaísmo rabínico no puede aceptar. Desde ese fondo reelabora y amplía el abanico de la vida de Jesús, hablando por un lado de su nacimiento “divino”, desde una perspectiva de fondo israelita, pero separada del rabinismo. Y reelabora también la experiencia de la pascua como encuentro real con Jesús, en la montaña de Galilea, y como envío a todos los pueblos, en una perspectiva “ternaria” (o trinitaria), en unión con el Padre y el Espíritu Santo (28, 16-20).
No es que Jesús sea aquí Dios sin más, “de la misma naturaleza que el Padre” (como dirá el Credo de Nicea), en un sentido ontológico, pero él aparece y actúa como revelación y presencia de Dios, de tal manera que la estructura y sentido del judaísmo anterior tiene que cambiar para hacerse cristiano. No es que Mateo quiera destruir de esa manera el judaísmo rabínico que está empezando a nacer, pero hay un tipo de judaísmo rabínico que no puede aceptar su propuesta de evangelio y su visión “divina” de Jesús.

Termino así mi presentación de Mateo, que la Iglesia ha recibido como evangelio, colocándolo al principio del Nuevo Testamento, como guía encuadre para entender los restantes evangelios y toda la Biblia cristiana. De formas, no se puede olvidar que Mateo no es “el” evangelio, sino uno de los cuatro evangelios, de manera que debe ser situado entre ellos, para obtener así una visión de conjunto de Jesús en la Iglesia.


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Comentarios
  • Comentario por INVAESJH 14.03.18 | 13:44

    Porque la de los pobres, puede decirse que muchas veces esta JUSTIFICADA, ya que si los que dirigen paises, se portan como delincuentes, los demás tienen derecho a defenderse de esas injusticias.-

    - Tener un cargo de dirigir los paises-que es un cargo importante , no quiere decir, que se tenga la razón, ni que todo sea justo, ni que todo lo haga bien, porque todos han visto, .........lo de ladrones que hay y en ricos, no en pobres.-

    - si el rico pone impuestos altos, crea miseria, etc.......el pobre tiene que espabilar, y ver como puede sacar algo de dinero.....y utiliza la picaresca, pero esta picaresca......si no hace daño al projimo, esta mas que justificada

  • Comentario por INVAESJH 14.03.18 | 13:40


    Por eso dice la escritura,- que para TODO ESPIRITU , QUIEN TIENE EL PODER DE OTORGAR LA RESURRECCIÓN, VISTO COMO , NUEVA OPORTUNIDAD DE NACER Y DEMOSTRAR QUE SE HA MEJORADO COMO ALMA, PUES ESE PODER SOLO LO TIENE - DIOS-.

    Crear miseria en los paises, pudiendo estar mejor, y vivir bien,- no es cualquier cosa- y esta considerado tambien como gran pecado, porque los que dirigen viven muy bien, - y el daño que causan a las sociedades creando paro, mala educación, mala sanidad, y miseria, no es cualquier cosa, - es un pecado grave-, y como implica a muchos, pues como dice la escritura- a los que tienen mucha responsabilidad, se le pedira - RESPONSABILIDADES- con el puesto en el que te puse, - cuanto bien hicistes ? cuanto progreso creaste..? - la parabola de los dones, pero mejorandola, porque , la parabola pues implica - mucho listillo aprovechandose de los demás- y eso tambien sera tenido en cuenta, la picaresca, pero de los RICOS.- Porque la de los pobres, puede deci...

  • Comentario por INVAESJH 14.03.18 | 13:32


    - Y del ESPIRITU SANTO, pues JAMÁS HACE DAÑO.- Se compara con los niños al nacer.- Por eso dijo Jesús que quien haga daño a los niños, ( niños - niñas ) inocentes, o les enseñe miserias sexuales, ya sean ricos, normales, o pobres, más les valdria atarse al cuello una rueda de molino, y tirarse al mar.-

    - El PERDON, de este pecado, no es tan facil.......si el que hace daño se arrepiente de veras, eso supongo que DIOS, siempre lo tendra en cuenta, pero pasara por el purgatorio que le toque, o el infierno que le toque.-
    En esto , EN LOS GRANDES PECADOS, SOLO DIOS ES EL QUE PUEDE PERDONAR LOS PECADOS, Y CUANDO HAYA PASADO EL TIEMPO QUE DIOS DISPONGA EN EL PURGATORIO QUE TOQUE, esto puede parecer de risa, para muchos, pero no lo es.-

    - Muchos se cargan de pecados grandes, y luego se creen que por confesarse ya todo lo tienen perdonado, y no es así , ya que se pueden perdonar muchos pecados, pero los grandes, los muy dañinos, solo es DIOS, quien decid...

  • Comentario por INVAESJH 14.03.18 | 13:20


    En el nombre del - PADRE- ESPIRITU DE HONRADEZ, , en el nombre del - HIJO, lo que tambien implica , respeto a la VOLUNTAD DEL HIJO, EN HONRADEZ, y en el nombre del ESPIRITU SANTO,- EL ESPIRITU SANTO , JAMÁS HACE DAÑO.

    - EL PADRE- ESPIRITU DE HONRADEZ, LUCHADOR CONTRA EL MAL, LUCHADOR CONTRA TODO TIPO DE MAL , DE MISERIA Y DE RASTRERO.- Un - PADRE ESPIRITU, asi, creo que a TODOS GUSTA-, por lo menos a todos los de buena voluntad, y de niños - ( niños- niñas ) porque ES UN ESPIRITU PROTECTOR.- y ASI se ha MANIFESTADO, en muchos lugares de la escritura.- En protección, justicia, ayuda en HONRADEZ, ahí esta el ESPIRITU PROTECTOR . LA VOLUNTAD DEL PADRE HACIA LOS HIJOS ( HIJOS- HIJAS) SIEMPRE DEBE SER DE HONRADEZ, porque sino no seria buen espiritu, y no tendria nada que ver con este - PADRE-.

    - EL HIJO,- Se debe de EDUCAR EN HONRADEZ, y en honradez, SIEMPRE RESPETAR LA VOLUNTAD DE LOS HIJOS-( HIJOS - HIJAS )- PORQUE TODOS TIENEN DERECHO A SER- LIBRES-.

Martes, 19 de junio

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