El blog de X. Pikaza

Cristianos coptos (1). Iglesia madre, iglesia mártir

La revista Tierra Santa (imagen) ha publicado un número especial dedicado a los cristianos coptos, con un extenso dossier que he preparado y que presento aquí,en tres postales, para aquellos que no hayan podido leer la revista, que recomiendo a todos mis lectores.

En un sentido extenso, Egipto pertenece a la Gran Tierra Santa de los orígenes judíos y cristianos.

1. Egipto fue el punto de partida del Éxodo judío, donde comenzó a formarse la identidad israelita (siglo XII-X a. C.), y donde se confirmó más tarde en el momento clave de la helenización judía, centrada en la traducción bíblica de los LXX.

2. Egipto fue el primer gran foco intelectual del cristianismo,del siglo III al V. d.C.. La teología y la vida posterior del cristianismo hubiera sido imposible sin Egipto,que aquí presento como una "iglesia madre" de la Gran Cristiandad.

3. Egipto sigue siendo un lugar clave del cristianismo actual , quizá pequeño en número, pero "grande" en testimonio de vida y martirio, una iglesia mártir, como ha destacado Franciso, papa de Roma, en su visita a Swadros III, papa de Alejandria y de los coptos, como la prensa mundial ha destacado.

Desde ese fondo presento el dossier que ahora sigue,que tendrá tres partes. (1) Orígenes y rasgos de la iglesia egipcia (=copta). (2) El gran magisterio sobre todo intelectual de la iglesia de Egipto. (3) Problemática actual: Los tres concilios, la "unidad" copta de las iglesia.

Sólo me queda agradecer a la revista Tierra Santa y a su directora Inma. Torné por haberme invitado a redactar este dossier. La memoria y presencia de la Cristiandad Copta (iglesia madre, iglesia mártir) ha sido y sigue siendo un elemento clave de la presencia cristiana en el mundo.

Imagen 1. Portada del número de la revista dedicada a la Iglesia Copta, donde aparece mi dossier.
Imagen 2 y 3.. Un grupo muy significativo de los últimos mártires coptos, en un momento de gran crisis social y religiosa de Egipto, como muestra el último atentado contra una mezquita, con más de 300 muertos, el pasado 17.11.17 (en la antigua El Arish o Rinocolura, ciudad clave de la frontera bíblica entre Israel y Egipto).

1. Nota inicial. El Papa Francisco en Egipto

El pasado 28 de abril (2017), con ocasión de su viaje apostólico a Egipto, tras el atentado de grupos islamistas radicales contra dos iglesias coptas, con la muerte de docenas de cristianos, el Papa Francisco de Roma dirigió un discurso programático al Papa Tawadros II, Patriarca de la Iglesia Copta. Ese discurso, cuyas palabras iniciales quiero recordar, marca el nuevo tono de las relaciones entre la Iglesia Católica y la Copta de Egipto:

Con la alegría de continuar fraternalmente nuestro camino ecuménico, deseo recordar ante todo ese momento crucial que supuso en las relaciones entre la sede de Pedro y la de Marcos la Declaración Común, firmada por nuestros Predecesores hace más de cuarenta años, el 10 de mayo de 1973. En ese día, después de «siglos de una historia complicada», en los que «se han manifestado diferencias teológicas, fomentadas y acentuadas por factores de carácter no teológico» y por una creciente desconfianza en las relaciones, con la ayuda de Dios hemos llegado a reconocer juntos que Cristo es «Dios perfecto en su Divinidad y hombre perfecto en su humanidad» (Declaración Común firmada por el Santo Padre Pablo VI y por Su Santidad Amba Shenouda III, 10 mayo 1973). Pero no menos importantes y actuales son las palabras… con las que hemos reconocido a «Nuestro Señor y Dios y Salvador y Rey de todos nosotros, Jesucristo». Con estas expresiones la sede de Marcos y la de Pedro han proclamado la señoría de Jesús: juntos hemos confesado que pertenecemos a Jesús y que él es nuestro todo.
(cf. http://w2.vatican.va/content/francesco/es/speeches/2017/april/documents/papa-francesco_20170428_egitto-tawadros-ii.html ).

El Papa Francisco, patriarca de Roma se ha dirigido así al Papa Tawadros, patriarca de la sede de Marcos, que fue según la tradición el primer evangelizador de Egipto y obispo de Alejandría, y en ese contexto recuerdo la histórica Declaración Común firmada por Pablo VI y por Amba Shenouda III, el 10 de mayo de 1973, poniendo de relieve las bases comunes de su fe y de su comunión cristiana, después de más de 1500 años de malentendidos, disensiones, condenas y separaciones.

Quedó así superada en su base la condena que los católicos romanos habían dictado contra los coptos, acusándoles de herejes monofisitas (contrarios a la fe del Concilio de Calcedonia, del año 451), y la condena que los coptos habían a su vez dictado contra los católicos romanos, acusándoles de haber interferido injustamente en la fe y en la vida de los católicos coptos.

En este contexto, el Papa Francisco de Roma eleva ante Dios su canto de comunión, de agradecimiento y alabanza ante Dios por la iglesia copta de Egipto que ha dado desde el principio un gran testimonio de comunión evangélica, de caridad fraterna, de martirio cristiano y de santidad heroica:

1. De comunión eclesial. El Papa Francisco acepta y reconoce el origen apostólico de la iglesia copta, fundada según la tradición por San Marcos, poniendo de relieve las hondas relaciones de Marcos con Pedro, y también con Pablo: «En la Sagrada Escritura, Pedro corresponde… al afecto de Marcos llamándolo “mi hijo” (1 P 5,13). Pero los vínculos fraternos del Evangelista y su actividad apostólica se extienden también a san Pablo el cual, antes de morir mártir en Roma, habla de lo útil que es Marcos para el ministerio (cf. 2 Tm 4,11) y lo menciona varias veces (cf. Flm 24; Col 4, 10)». Aquella comunión antigua ha de ser ejemplo y fuente de comunión para las iglesias actuales, en especial las de Roma, y Egipto.

2. De caridad fraterna. Así sigue diciendo el Papa Francisco: «La presencia de Jesús se transmite con la vida, y habla el lenguaje del amor gratuito y concreto. Coptos ortodoxos y Católicos podemos hablar cada vez más esta lengua común de la caridad». Entre los cristianos de las dos iglesias ha de establecerse y expandirse, según eso, un lenguaje común de amor, de comunión de vida, por encima de todas las diferencias.

3. Testimonio de martirio. El Papa Francisco de Roma ha visitado al Papa copto Tawadros II y a los fieles de su Iglesia en un momento de gran dolor, tras el martirio de docenas de creyentes. En ese contexto dice que «nuestro camino ecuménico crece de manera misteriosa y sin duda actual, gracias a un verdadero y propio ecumenismo de la sangre… Cuántos mártires en esta tierra, desde los primeros siglos del Cristianismo, han vivido la fe de manera heroica y hasta el final, prefiriendo derramar su sangre antes que renegar del Señor y ceder a las lisonjas del mal o a la tentación de responder al mal con el mal. Así lo testimonia el venerable Martirologio de la Iglesia Copta. Aun recientemente, por desgracia, la sangre inocente de fieles indefensos ha sido derramada cruelmente: su sangre inocente nos une». Los mártires coptos de Egipto son testigos de la Iglesia universal, mensajeros de Jesús crucificado y resucitado.

4. Testimonio de santidad heroica. En este contexto ha elevado el Papa Francisco el más bello canto de alabanza a la iglesia copta (egipcia) por sus dos mil años de santo cristianismo: «La maravillosa historia de santidad de esta tierra no se debe sólo al sacrificio de los mártires. Apenas terminadas las antiguas persecuciones, surgió una nueva forma de vida que, ofrecida al Señor, nada retenía para sí: en el desierto inició el monaquismo. Así, a los grandes signos que Dios obró en el pasado en Egipto y en el Mar Rojo (cf. Sal 106,21-22), siguió el prodigio de una vida nueva, que hizo florecer de santidad el desierto. Con veneración por este patrimonio común, he venido como peregrino a esta tierra, donde el Señor mismo ama venir: aquí, glorioso, bajó al monte Sinaí (cf. Ex 24,16); aquí, humilde, encontró refugio cuando era niño» (cf. Mt 2,14).

Desde ese fondo, para situar y entender mejor las palabras del Papa Francisco, quiero ofrecer una pequeña historia y teología de la Iglesia Copta, desde el principio (siglo I d.C.) hasta el momento de la separación respecto a Roma, con la dominación posterior de los musulmanes, para insistir en la necesidad de un retorno a la comunión y al testimonio de la fe compartida, apelando al fin a la Declaración conjunta de Su Santidad Francisco y de Su Santidad Twadros II, del pasado 28 de Abril de 2017.

2. Origen y sentido de la iglesia “copta”.

Copto (del griego aigyptos/guptos) significa egipcio, y se aplica, en un sentido extenso, a la cultura, escritura y religión tradicional de Egipto, tal como ha sido desarrollada y conservada por los cristianos, desde el siglo I d.C. hasta la actualidad. En esa línea, en sentido más preciso, coptos son los cristianos de Egipto (unos 10 millones, un 10% de la población), aunque ese nombre puede aplicarse, por ampliación, a cristianos de otras iglesias tradicionales de África (Etiopía y Eritrea, con unos 70 millones de creyentes). Aquí me ocuparé sólo de los coptos de Egipto, y empezaré diciendo que ellos se sienten herederos de tres grandes tradiciones culturales, sociales y religiosas:

a. Los coptos se sienten herederos del Egipto de los Faraones, con sus pirámides y jeroglíficos, con su religión y Estado. No han venido de fuera, sino que son los egipcios originarios, convertidos al cristianismo. Por eso, ello conservan en su liturgia el idioma egipcio, evolucionado y fijado hacia el I a.C de Cristo, aunque escrito con grafía griega (con seis letras tomadas del egipcio demótico, para sus sonidos propios). En ese sentido, el “copto” es también el idioma y alfabeto litúrgico de los cristianos de Egipto..

b. Herederos de los hebreos (judíos), que, según la tradición, habitaron en Egipto desde el 2º milenio a. C. Ciertamente, los primeros hebreos salieron de Egipto en el Éxodo, guiados por Moisés, pero muchos volvieron después, en tiempos de persecución y hambre, como destacan los libros proféticos (Isaías, Jeremías…). Tras la conquista de Alejandro Magno (332 a.C.), muchísimos judíos se establecieron en en Egipto, sobre todo en Alejandría, la nueva capital, creando allí una especie de “nuevo Israel”, y traduciendo la Biblia al griego (edición de los LXX o Setenta, realizada según la tradición por setenta intérpretes).

c. Herederos de los griegos, que conquistaron la tierra el 332 a. C., estableciéndose allí como dominadores hasta la llegada de los árabes (642 d.C.). Durante más de novecientos años, Egipto fue un país bilingüe, donde la clase dominante hablaba griego (bajo los ptolomeos, romanos o bizantinos) y el pueblo seguía utilizando la antigua lengua y escritura egipcia evolucionada, llamado “copto”, en sus dos formas: el Sahídico del Alto Egipto y el Boháríco del Bajo Egipto. Los primeros cristianos de Egipto parecen haber utilizado sobre todo el griego, que fue la lengua oficial de la gran iglesia egipcia hasta el VI d.C. Pero desde el siglo II d.C. se fue extendiendo cada vez más la lengua y escritura copta, que se impuso a partir del V d.C., que ahora se utiliza en la liturgia (aunque que en la vida civil ha sido sustituida por el árabe).

El cristianismo egipcio empezó siendo más griego que copto, pues se hallaba vinculado al judaísmo helenista, muy importante en Egipto desde el siglo III a.C., un judaísmo más universal que el de Palestina (de lengua hebrea o aramea), como indican los libros propios de la edición de los LXX, escritos precisamente en Egipto (como Eclesiástico y l Sabiduría) y las obras de grandes pensadores, como Filón de Alejandría.

Ese judaísmo helenista de Egipto seguía fiel a la tradición hebrea de Jerusalén (Biblia Hebrea), pero admitía numerosos elementos griegos de tipo platónico y otros de la antigua religión de Egipto, interpretada de forma monoteísta, como simbiosis de religiones. En ese contexto podemos destacar dos manifestaciones religiosas muy extendidas del entorno judío de Egipto:

‒ La Gnosis, como religión del pensamiento, que tiende a interpretar la historia sagrada como un “simbolismo”, añadiendo que lo que importa no es el mundo externo, sino la hondura del conocimiento.
‒ El hermetismo, que es un tipo de interpretación universal de lo divino, con elementos egipcios, griegos y bíblicos, con Hermes y Moisés unidos a Jesús. El ese contexto surgió y se extendió el cristianismo egipcio.

3. Los cristianos coptos en el conjunto de las iglesias.

El Evangelio de Mateo habla de la huída de la Sagrada Familia a Egipto (Mt 2), suponiendo así que hubo una relación de fondo entre la infancia de Jesús y el cristianismo egipcio. Esa relación es difícil de concretar y de aplicar de un modo puramente crítico (pues no se puede afirmar sin más que el Niño Jesús fundó la Iglesia de Egipto), pero es muy importante, porque indica que el Hijo de Dios vino a Egipto y volvió de Egipto a la Tierra Santa de Israel, y en esa línea se puede suponer que ya en el tiempo de la composición de Mateo (hacia el 70-80 d.C.) había allí una comunidad cristiana. De todas formas, el origen del cristianismo egipcio no está del todo claro en las primeras fuentes cristianas, de manera que se pueden citar, al menos, tres tradiciones:

a. La tradición oficial, extendida hasta hoy entre los coptos (y testimoniada por el Papa Francisco de Roma, en el discurso antes citado), vincula el cristianismo egipcio con la predicación del evangelista San Marcos, a quien Pedro, su maestro, habría enviado desde Jerusalén o Antioquía (donde residió por un tiemplo) para extender el evangelio en las tierras del Nilo. En esa tradición se apoya la visión de las tres sedes originarias de la Iglesia, en el siglo III-IV (antes de la elevación posterior de Constantinopla), que se identifican con los tres Patriarcados Apostólicas que apelan a Pedro: El de Antioquía, donde Pedro puso su sede después de haber salido de Jerusalén (cf. Hch 15); el de Roma, donde se trasladó después, siendo allí martirizado; y el de Alejandría, iglesia que él mismo fundó indirectamente por su discípulo Marcos. En ese sentido, el Patriarca de Alejandría (y de la Iglesia Copta) se considera heredero de Pedro, y ha tomado el nombre de Papa (Padre), lo mismo que el de Roma y quizá antes (aunque sin pretender una jurisdicción universal sobre todas las iglesias).

b. Hay una tradición “paulina”, recogida también por el libro de los Hechos, que habla de un famoso cristiano de Alejandría (es decir, de Egipto), llamado Apolo, que habría sido el fundador de un cristianismo de tipo “sapiencial”, más centrado en el conocimiento profundo de las Escrituras y del mismo Cristo (cf. 1 Cor 3, 6-9; 16, 12; Tito 3, 13; Hechos 18, 26-28; 19, 1). Este Apolo alejandrino, que fue compañero y misionero complementario de Pablo (¡yo planté, Apoló regó! 1 Cor 3, 6), habría sido el auténtico fundador y representante de la iglesia egipcia (aunque ésta apela más a San Marcos). Algunos investigadores han supuesto incluso que Apolo fue el autor de algunas cartas más “teológicas” de la tradición paulina, como puede ser la dirigida a los Efesios.

c. Una tercera tradición, recogida en Hechos, habla de la procedencia de los judíos que escuchan a Pedro en Pentecostés, cuando surge la primera Iglesia por obra del Espíritu Santo. Entre los primeros oyentes de Pedro hay “partos, medos, elamitas; habitantes de Mesopotamia, de Judea y de Capadocia, del Ponto y de Asia, de Frigia y de Panfilia, de Egipto y de las regiones de Libia más allá de Cirene; romanos y judíos, cretenses y árabes” (Hch 2, 6-11). Este pasaje traza un mapa de la Iglesia primitiva, pues evoca los lugares de donde provenían (y donde se ubicaban) los judeo/cristianos del comienzo de la Iglesia.

Según ese texto, Lucas (el autor del libro de los Hechos) supone que, en el principio de la Iglesia, todos los que escuchaban a Pedro eran judíos de la diáspora, venidos por devoción (o peregrinación) a Jerusalén, desde todas las naciones (lenguas) del mundo. Ellos se dividían en seis grupos, que habrían anunciado después el evangelio en sus propios territorios:

‒ Partos, medos, elamitas; habitantes de Mesopotamia…Se evoca así a los judíos y cristianos de las iglesias de oriente, en un camino que lleva de Siria y Mesopotamia hacia Persia (y la India, China).
‒ (Habitantes) de Judea, son los que forman la Iglesia de Palestina, en la que se integra también Galilea.
‒ De Capadocia, Ponto y Asia, de Frigia y Panfilia; son las iglesias de los pueblos del norte, más allá de Siria, en la actual Turquía, en un camino que ha sido retomado por la Iglesia bizantina.
‒ De Egipto y de las regiones de Libia más allá de Cirene. De estos cristianos de la diáspora del Norte de África habla poco el Nuevo Testamento, aunque por otros datos sabemos que los hubo desde muy pronto y que fueron muy significativos (cf. Hch 18, 24).
‒ Romanos, tanto judíos como prosélitos; son los que forman las iglesias de occidente.
‒ Cretenses y árabes. No sabemos por qué se han unido estos grupos. Creta es una isla griega del Imperio; los árabes pueden formar parte del imperio (reino) nabateo o quedan fuera (como los partos, medos, elamitas y mesopotamios del primer grupo).

Así aparecen seis “grupos” de Iglesias, que marcan las direcciones del cristianismo universal, eso que pudiéramos llamar sus grandes trayectorias, entre las que aparece bien clara desde el principio la trayectoria egipcia. Todas estas comunidades han surgido de una raíz o matriz judeo-cristiana, formada por las iglesias de Jerusalén (y, en parte, de Galilea), que están en el origen de la Iglesia universal. Pues bien, dejando a un lado este origen judeo/galileo (y la referencia a los “cretenses”, que debería precisarse mejor), conforme al esquema del libro de los Hechos, podemos hablar de cinco trayectorias cristianas, que voy precisar, tomando como referencia la iglesia copta (de Egipto):

1. Trayectoria siria, la luz del oriente. Ésta es quizá la más significativa en el principio del cristianismo y tiene su sede patriarcal en Antioquía (primer “patriarcado” de Pedro). Aquí se centró la más antigua misión del evangelio, y los discípulos de Jesús empezaron a llamarse cristianos (cf. Gal 2, 11; Hch 11, 20-30), extendiéndose desde aquí hacia Siria Oriental, a través de Édesa (línea del “apóstol” Tomás), y abriéndose después por Mesopotamia y Persia hasta la India. Ésta Iglesia de lengua aramea (siria), que ha sido en parte complementaria de la Iglesia Copta (en parte opuesta a ella) se ha mantenido hasta el día de hoy, en una línea que tiende al “nestorianismo”, destacando la humanidad de Jesús, como seguiremos viendo. Es en la actualidad una iglesia mártir, amenaza por un tipo de islamismo extremo.

2. Trayectoria greco-bizantina. Está vinculada a los centros de misión de Pablo (sobre todo en Corinto y Éfeso). Ella desemboca en la gran iglesia de lengua griega, que se centrará más tarde en el Patriarcado de Constantinopla, que aparece desde el siglo V-VI d.C. como madre y sede central de las iglesias “ortodoxas” de la actualidad, de Grecia a Rusia. La separación y aislamiento de la Iglesia copta depende, al menos parcialmente, del centralismo y de las imposiciones políticas de esta Iglesia griega, dirigida en aquel tiempo por los emperadores de Constantinopla.

3. Trayectoria romana, iglesia de occidente. Entre los fundadores de esta iglesia están Pedro y Pablo, aunque la sede patriarcal de Roma ha estado más vinculada a Pedro. Ella es la base de la Iglesia católica de occidente, abierta desde la Edad Media a todo el mundo. El Patriarca de Roma aparece en esta línea como Papa Católico, y así, en su calidad de Patriarca de Roma, heredero de la tradición de Pedro, el Papa Francisco ha visitado al Papa Tawadros II, publicando con él una declaración conjunta que evocaremos al final de este trabajo.

4. Trayectoria alejandrina o egipcia. Como he dicho, según la tradición, esta Iglesia alejandrina (egipcia, copta), proviene del evangelista Marcos, discípulo de Pedro. Ella se encuentra también vinculada al “apóstol” o misionero Apolo, ya citado, a quien podemos llamar igualmente evangelista. Ésta es una iglesia proclive al buen “gnosticismo”, es decir, al conocimiento interior del misterio y a la sabiduría, y en ella surgieron y en ella se han conservado los primeros textos cristianos (sobre todo evangelios), desde el siglo II d. C., y en ella recrearon el evangelio algunos de los mayores catequistas y teólogos de la cristiandad (como Orígenes y San Atanasio).

5. Trayectoria árabe. El texto del libro de los Hechos habla de “judíos árabes” que escucharon a Pedro en Pentecostés, y que aparecen sin duda como fundadores de las iglesias árabes posteriores, extendidas hacia el Este y el Sur de Palestina, en el reino de los Nabateos, desde Damasco y Petra hasta la Meca y el Yemen. Por lo que sabemos, estos cristianos árabes no lograron crear una iglesia autónoma y fuerte (como las de Alejandría y Antioquía, Roma y Constantinopla), y en su contexto, en el siglo VII (con Muhammad/Mahoma), surgió el Islam, como religión distinta, aunque emparentada con el cristianismo. Desde el año 641/642, con la conquista musulmana de Egipto, el gran problema de la Iglesia Copta no será sólo su identidad interna, sino su relación con el Islam de origen árabe.

Como seguiré indicando, la primera comunidad cristiana de Egipto parece haber seguido al principio (hasta el 150 d.C.) un camino “especial”, y ha estado un poco separada de otras tres grandes iglesias (siria, greco-bizantina y romana). Eso significa que ha tenido un desarrollo propio, en un camino más abierto a la gnosis (aunque con un influjo fuerte de la Iglesia Siro-Oriental, con tradiciones de Tomás y Felipe). Más que por presbíteros-obispos, de los que hablan Lucas en Hechos y el autor de las Pastorales (1-2 Tim y Tito), esta iglesia parece haber estado dirigida por grandes maestros y catequistas, entre los que aparecerán más tarde Orígenes, Clemente de Alejandría y Dídimo.

Por otra parte, estos cristianos egipcios que estuvieron al principio en comunión intensa (aunque tensa) con las otras grandes iglesias (siria, bizantina y romana) cayeron en el siglo VII bajo dominio de los árabes musulmanes, hasta convertirse en una minoría en su propia tierra. En ese contexto, ellos se mantienen como una iglesia de testimonio (testigos de la más honda y rica tradición cristiana) y de martirio (son una iglesia amenazada), como ha puesto de relieve el Papa Francisco y como seguiremos indicando.

4. Auge del cristianismo egipcio

Hasta mediados del siglo II d.C., los cristianos de Egipto eran una minoría, sin identidad marcada, entre el judaísmo dominante (que era quizá el grupo socio-religioso más significativo del entorno), la gnosis espiritualista de tipo helenista (con tendencias esotéricas que vinculaban mitos antiguos, filosofía y experiencias internas de salvación) y la religión tradicional de Egipto, que mantenía su prestigio, con sus grandes templos y sus ritos milenarios. Pues bien, en ese contexto se inscriben unos hechos muy significativos.

1. Herederos del judaísmo. Hubo en el siglo II un fuerte declive judío, vinculado a dos guerras. La primera fue la del tiempo de Trajano (115-117), con el levantamiento de los judíos de Cirene y Alejandría, que fueron duramente sofocados; y la segunda la del tiempo de Adriano (132-135), con el levantamiento de los judíos de Palestina, que fueron expulsados de sus territorios, recreando su tradición en forma distinta (rabínica) y separándose de los otros grupos del entorno. En ese contexto, unos judíos perdieron su identidad (“disolviéndose” en el conjunto del imperio), otros se encerraron en grupos aislados de tipo rabínico (de lengua hebreo-aramea), pero hubo otros muchos que se hicieron cristianos, buscando un tipo nuevo de identidad (y de universalidad).

2. Un auge cristiano. Desde ese momento, sobre el fracaso y ruina de un tipo de judaísmo anterior, de tipo más abierto, a partir del 200 d.C., comenzó el aumento imparable de los cristianos egipcios. Ciertamente, en una línea, esos cristianos (con Clemente de Alejandría, Orígenes y otros muchos) fueron los auténticos herederos del judaísmo universal egipcio de la Biblia de los LXX, con sus libros sapienciales (como el de la Sabiduría), con otros textos “apócrifos” y con grandes pensadores, como Filón de Alejandría. Egipto fue en este momento el gran laboratorio cristiano, el lugar donde primero y con más intensidad se pensó y se experimentó el cristianismo, en forma intelectual y popular, en línea helenistas y propiamente copta.

3. La línea helenista. En Egipto coexistieron al menos dos cristianismo, uno de rasgos más griegos y otro más propiamente coptos. No olvidemos que Alejandría era entonces el centro de la cultura occidental, en lengua griega, donde se vinculaban y se cultivaban todos los saberes (de tipo técnico, científico, espiritual, filosófico…). Allí surgió una de las iglesias antiguas más importantes y allí enseñaron los mayores filósofos y teólogos cristianos, como Orígenes, y allí hubo pastores y patriarcas muy significativos como Atanasio y Cirilo, que son hombres clave (Padres) de la iglesia universal. Ésta será una iglesia de gran poder no sólo cultural, sino incluso político, pero ella perdió su influjo a partir del siglo V, y luego en el siglo VII, con la llegada del Islam.

4. La línea copta. Pero hubo en Alejandría y en todo Egipto un segundo tipo de cristianismo más popular, menos estructurado, que se fue expresando desde el principio (finales del siglo I d.C.), cada vez con más fuerza en lengua copta, como muestra la ingente cantidad de papiros y textos manuscritos que se vienen encontrando a lo largo del territorio. Ésta es una iglesia más “espiritual” en el hondo sentido del término, más proclive a un tipo de “gnosis” (fusión del hombre con lo divino), una iglesia que se expresa sobre todo en el movimiento eremítico y monacal, que surge precisamente aquí, en las zonas semi-desérticas, especialmente en la “tebaida” (en torno a Tebas). Ésta es la Iglesia de San Pablo y San Antonio, patronos de todos los ermitaños, es la Iglesia de san Thais, san Onofre y san Serapión… Esta iglesia monacal de los egipcios (coptos) ha sido y sigue siendo inspiradora de todas las iglesias de la cristiandad.

Éstas dos iglesias se superponen y se implican, y están en constante trasvase de experiencias y de vida, y al principio parece dominante la helenista
(inserta en la estructura del imperio romano y luego del bizantino), y así actúa hacia el exterior, en los grandes concilios, en diálogo con las iglesias de Antioquía, de Roma y de Constantinopla, que se entienden entre sí en lengua griega. Pero después, a partir del siglo V, se va expresando más abiertamente e imponiendo la iglesia de lengua y cultura copta, que es la única que sobrevive tras la invasión del Islam (642 d.C.).

Recordemos que el copto no es un idioma “bárbaro” o inculto, sino el transmisor de una de las grandes culturas de la antigüedad (la egipcia). Durante un tiempo, a partir del siglo III a.C., el copto pareció subordinado al griego (que era más universal), pero después, cuando empezó el declive griego (a partir del V d.C.), el copto empezó a ser el gran lenguaje de la iglesia de Egipto.

Ciertamente, la Iglesia copta se siente y se sabe heredera de la gran trayectoria cultural y dogmática de los obispos de Alejandría (Atanasio, Cirilo…) que se expresan y escriben más en griego, pero sigue arraigada en la tradición del pueblo, volviendo a las raíces coptas (egipcias) de su cultura, y manteniendo después el cristianismo por arraigo de fe y por tradición, en condiciones terriblemente adversas, bajo el dominio del Islam, que empieza en el siglo VII y se recrudece desde el siglo XII.


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