El blog de X. Pikaza

Iglesia de Jesús, iglesia de Pedro: Te daré las llaves del Reino de los cielos.

Como vimos ayer, el evangelio de Mateo asume las tradiciones más abiertas de Marcos (y, en el fondo, de Pablo), pero las integra y recrea en una comunidad de fondo judeo-cristiano. Para ellos universaliza el mensaje nacional (moral) de los judeocristianos (como hizo en otra línea la carta de Santiago), recuperando la historia del Cristo Jesús, apelando para ello a la autoridad y patrocinio de Pedro (Mt 16, 16-19), que aparece así como garante de la verdad del evangelio y del conjunto de Iglesia, entendida ya de un modo universal.

Marcos no había tenido necesidad de apoyarse en Pedro, que había podido decir que Jesús era Mesías (Mc 8, 27-30), pero interpretando después su mesianismo de una forma “anticristiana” (cf. Mc 8, 31-33). En esa línea. Marcos añadía que (a pesar de su arrepentimiento por las negaciones: Mc 14, 72), Pedro no había vuelto todavía a Galilea para iniciar así en verdad la obra del Cristo pascual, la extensión del evangelio (Mc 16,1-8). Según eso, Marcos no pudo reconocer más autoridad que la del Cristo, ni apelar al testimonio de Pedro.

Pues bien, en contra de eso (o, más bien, a diferencia de eso), Mateo ha sentido la necesidad de apoyar su lectura del evangelio y del camino de Jesús en el testimonio de Pedro, como seguiré indicando, no para ir en contra de Pablo, ni del Discípulo Amado (ni siquiera de Tomás o Santiago, ni tampoco de Marcos), sino para ratificar la raíz judía de la experiencia de Jesús, en línea ética, de un modo universal.

Desde ese fondo quiero destacar el origen y sentido petrino de la Iglesia de Mateo, entendida como interpretación universal del mesianismo judío de Jesús. Mateo quiere apoyarse, según eso, en Pedro (cf. Mt 16, 16-19), a quien entiende no sólo como autoridad interpretativa de la Ley (de la historia judía), sino también de la confesión de Jesús y la visión del cristianismo:

‒ Mt 16, 16-19 remite a la historia de Jesús en la que Pedro jugó un papel importante, como primero de los Doce. Es muy posible que el mismo Jesús le diera el nombre de Cefas/Petros, en un sentido que podría ser ambivalente (incluso irónico), evocando la inestabilidad de la piedra o guijarro del camino (petros) pero también la firmeza de la roca (por su confesión mesiánica).

‒ Este pasaje reinterpreta el despliegue de la Iglesia, en la que Cefas/Petros jugó un papel importante, como ha destacado no sólo Pablo (Gal 1, 18; 2, 7-14; 1 Cor 1, 12; 3, 22; 9, 5; 15, 5), sino Jn 21 y la primera parte de Hechos (Hch 1-15). Mateo asume de esa forma el pasado “petrino” de la iglesia, pero no como un aspecto sin más, entre otros, sino como aquel en el que pueden vincular de alguna forma todos.

‒ Mt 16, 16-19 ha de verse, finalmente, desde la perspectiva de conjunto de Mateo, obra de un escriba que sabe vincular cosas antiguas y nuevas (13, 52) desde una perspectiva judía y cristiana. Ciertamente, su evangelio tiene pasajes que son eclesialmente más significativos, como la misión final (28, 16-20) y la razón del juicio (25, 31-46). Pero esta confesión y fundamentación petrina de la Iglesia marca su identidad, no para negar otros aspectos de su mensaje, sino para integrarlos de alguna forma todos.

Conforme a todo eso, según el evangelio de Mateo, Pedro ha sido el auténtico fundador e intérprete de la Iglesia.
Imagen 3: Puertas del infierno, Rodin.
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Viernes, 24 de noviembre

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