El blog de X. Pikaza

30.6.17. San Pablo, fundador de la Iglesia universal (Carta a los Efesios)

30.06.17 | 11:14. Archivado en Iglesia Instituciones, Nuevo Testamento

Hablé ayer de la autoridad de Pedro según el evangelio de Mateo. Hoy quiero hablar de la de Pablo, que se presenta a sí mismo, al lado de Pedro, en el centro de una gran disputa con los cristianos de Corinto:

Porque he sido informado acerca de vosotros, mis hermanos, a través de de Cloe, que hay entre vosotros contiendas. Quiero decir, que cada uno de vosotros dice: "Yo soy de Pablo", "Yo, de Apolo", "Yo, de Cefas" o "Yo, de Cristo". ¿Acaso está dividido Cristo? ¿Fue crucificado Pablo por vosotros? ¿O fuisteis bautizados en el nombre de Pablo? Doy gracias a Dios de que a ninguno de vosotros he bautizado, sino a Crispo y a Gayo (1 Cor 1, 11-14).

La disputa principal se ha establecido entre partidarios de Pablo (cuyo mensaje se centraba más en la sabiduría de la cruz) y seguidores de Apolo, misionero experto en un tipo de sabiduría más interesada por el conocimiento de los misterios sagrados. En ese contexto añade Pablo la referencia a Cefas (Pedro), quizá porque el mismo Pedro ha podido pasar por Corinto, creando allí un grupo eclesial (cosa que parece menos verosímil), o porque algunos miembros de la comunidad que conocen las disputas que han surgido en Antioquía entre Pedro y Pablo (cf. Gal 2-3; Hch 15) se decantan a favor de Pedro.

De todas formas, resulta más probable que haya sido el mismo Pablo el que, con ocasión de sus diferencias con Apolo, haya querido referirse a Pedro, retomando la disputa que ambos mantuvieron en Antioquía, según Hch 15 y Gal 1-2. Sea como fuere, es evidente que ya desde el comienzo de la misión cristiana, a los veinte años de la muerte de Jesús, se planteaba el tema de la oposición (y relación) entre Pedro y Pablo, a quienes se añade, en este contexto Apolo, como representante de una Iglesia centrada en la sabiduría helenista (quizá en la línea de lo que después será la gnosis).

En ese contexto, Pablo no descalifica a Pedro, ni niega el valor de Apolo, ni el suyo, pero los sitúa (y se sitúa) en un segundo plano, pues no quiere fundar la Iglesia sobre ninguno de ellos, sino sobre la muerte de Cristo (crucificado), y en el bautismo en su nombre, conforme a su evangelio (1 Cor 1, 17-25).

Siguiendo en esa línea, resulta absolutamente significativa la reflexión posterior de la carta a los Efesios, que presenta a Pablo como “fundador” de la Iglesia (=misión) universal, desde una perspectiva distinta a la de Pedro.
Imagen: Pedro ante la Basílica del Vaticano, haciendo juego con Pedro

Autoridad de Pablo, reflexión posterior (Efesios)

El testimonio más significativo lo ofrece Efesios, que presenta a Pablo ya glorificado, como apóstol pascual que se dirige a los cristianos gentiles, para decirles que él mismo ha recibido la gran revelación de Dios en la que se funda y sostiene la Iglesia, edificada sobre los apóstoles y profetas, para unir de esa manera en comunión a judíos y gentiles. Éste es el pasaje estructuralmente más cercano a Mt 16, 16-20, que atribuía a Pedro una tarea semejante a la que Efesios concede a Pablo. Éste es el fundamento de la Iglesia, universal, según Efesios:

Por eso, vosotros, que antes erais gentiles según la carne, fuera de Cristo, alejados de la ciudadanía de Israel… (Ef 2, 11-12), ya no sois extranjeros ni forasteros, sino conciudadanos de los santos y de la familia de Dios, edificados sobre el cimiento (evpi. tw/| qemeli,w|) de los apóstoles y profetas, siendo el mismo Cristo Jesús la piedra angular, en quien todo el edificio, bien coordinado, va creciendo para ser un templo santo en el Señor… (Ef 2, 19-21).
Por esta causa yo, Pablo, prisionero de Cristo Jesús por vosotros los gentiles... Seguramente habéis oído hablar de la administración de la gracia de Dios que me fue dada para con vosotros, pues por revelación (kata. avpoka,luyin) me fue declarado el misterio… que los gentiles son coherederos y miembros del mismo cuerpo, y copartícipes de la promesa en Cristo Jesús por medio del evangelio, del cual yo he venido a ser diácono/ministro (dia,konoj)… A mí, el más pequeño de todos los santos, me fue dada esta gracia que es anunciar entre los gentiles el evangelio de las insondables riquezas de Cristo (Ef 3, 1-3.8-9) .

Efesios declara y ratifica así la misión de Pablo, a quien concibe y presenta como ministro y fundador de la Iglesia universal, diciendo que ha realizado un papel muy importante en ella (como el de Pedro en Mt 16, 16-20). Ciertamente, los dos textos (Mt 16, 16-19 y Ef 2, 19‒3, 10) no se excluyen, como ha sabido la iglesia, que los ha incluido en un mismo canon del Nuevo Testamento. Pero es muy significativo el hecho de que Efesios haya retomado el motivo de 1 Cor 1-3 (y Gal 2-3), presentando a Pablo como servidor y garante de la misión universal de las Iglesia, en un contexto estructuralmente semejante al de Mateo, quizá en los mismos años (entre el 80-90 dC). Éstas son las aportaciones principales de Efesios, que compararemos con Mateo 16, 16-20:

‒ Efesios no trata ya de una iglesia particular, como la de Corinto, sino de toda la Iglesia (Ef 1, 22) cuya cabeza es Cristo, situándonos así, como Mt 16, 18, ante la única Iglesia de Jesús, que no es de Pablo, Pedro, Mateo o Apolo, sino de Jesús, de manera que lo que dice Pablo para las iglesias de origen paulino lo dice en el fondo para todas, con pretensiones de universalidad (igual que Mt 16). En este contexto se expresa y desarrolla la novedad “paulina”, concretada en la unión de judíos y gentiles en Cristo, de manera que no exista ya una iglesia de judíos y otra de gentiles, como en disputa de Gal 2-3 y Hch 15 (en torno al 49 dC), sino una sola para todos, pues Dios ha roto en Cristo el muro, y ha formado de los dos pueblos uno, la Iglesia. Éste es el argumento central de Efesios, en la línea del mensaje pascual de Cristo y de la fórmula universal del Pablo histórico (ya no hay judío ni gentil…, cf. Gal 3, 28).

‒ Cristo es piedra angular, pero en el cimiento de la iglesia de puede haber otras personas. Conforme a 1 Cor 3, 11-13), el cimiento (themelios) era sólo Cristo, y Pablo el arquitecto de la construcción. Ciertamente, Cristo sigue siendo en Efesios cabeza (kepahlê, Ef 1, 22-23), y piedra angular (akrogôniaios: 2, 20), pero el texto añade que los creyentes están edificados también sobre el cimiento de los apóstoles y profetas (Ef 2, 20), es decir, sobre la primera generación de fundadores eclesiales, a quienes el texto entiende ya de manera general, incluyendo a todos los testigos del principio de las iglesias (en la línea de 1 Cor 15, 3-7). Efesios sabe que la cabeza del cuerpo y la piedra angular del edificio es Cristo, pero añade que ese edificio tiene fundamentos humanos, es decir, unas piedras de base que se identifican con los apóstoles y profetas.

Este pasaje nos sitúa ante una nueva visión de la iglesia, en la que se distinguen y vinculan tres momentos.

(a) El principio es Cristo, cabeza del cuerpo y piedra angular (Ef 2, 20: avkrogwniaioj), y así mantiene unido el edificio, a través de sus junturas y sus nervios, vinculando y sostieniendo todo el edificio (cf. Mt 21, 42).

(b) Tras Cristo o con Cristo hay una serie de piedras de cimiento (themelioi), que se identifican con los apóstoles y profetas, es decir, con los cristianos de la primera generación, entre los que no se cuenta Pablo, pues él no pertenece al principio de la Iglesia.

(c) Finalmente, Pablo aparece como revelador y servidor final de esa Iglesia, que viene después, pero unifica a judíos y gentiles en Cristo, de manera que puede presentarse como promotor (fundador) de la iglesia universal.

Pablo es el Pedro de Efesios

Efesios sabe que Pablo no es la Piedra angular, pues esa Piedra angular es Cristo. Efesios sabe también que Pablo no está al principio, ni forma parte del cimiento de la iglesia, pues él vino después, cuando ya se hallaba establecido el cimiento de los apóstoles y profetas de la primera hora de la iglesia, que actúan así (desde Cristo cabeza y piedra angular) como base del edificio. Pero, viniendo históricamente después, él, Pablo, ha ejercido una función clave, que consiste en descubrir y proclamar el carácter universal (unificador, para todos los pueblos) del mensaje y vida de Cristo y de la tarea comenzada por apóstoles-profetas anteriores.

Pablo ha recibido y realizado esa tarea por revelación última y definitiva del Dios de Israel, que se abre por Cristo a todas las naciones. La revelación que él ha recibido no trata de sí mismo (de Pablo), sino de Cristo, pero incluya y define su servicio especial: él es el diácono (dia,konoj) de la revelación final de Dios en Cristo. Las palabras con las que Efesios ratifica esa revelación o descubrimiento paulino de la Iglesia Universal son claras, repetitivas, incluso redundantes, como si el autor quisiera probar y volver a probar algo que otros podrían poner en duda.

El autor de Efesios sabe que Pablo ha venido en un momento posterior, como último de los fundadores eclesiales (como decía el Pablo histórico: 1 Cor 15, 3-9), pero él ha realizado una misión esencial que ratifica y culmina todo lo anterior, de manera que sólo con él ha terminado la fundación de la Iglesia:

‒ A mí se me ha dado a conocer por revelación (Ef 3, 3), no un misterio más, junto a otros posibles, sino el misterio, en absoluto, es decir, la revelación final del Espíritu de Dios, que consiste en la unidad de todos los pueblos (judíos y gentiles) en Cristo. Ésta es la gran iluminación apocalíptica, que no había sido transmitida por el Jesús histórico, ni había sido conocida por la primera generación de apóstoles-profetas (incluidos Pedro y los Doce), sino que fue revelada a Pablo, que aparece así como “fundador definitivo” de la Iglesia.

Así presenta Efesios el Pentecostés Eclesial, que no se realizó al comienzo de la experiencia pascual, sino pasado un tiempo, a través de Pablo, con quien viene a culminar la revelación escatológica. Significativamente, a diferencia de eso, Mt 16, 17 afirmará, del modo más solemne, que esa verdad y tarea final la ha revelado Dios a Pedro (avpeka,luye,n soi). De maneras convergentes (no excluyentes), Efesios y Mateo atribuyen una misma iluminación final, para despliegue de la Iglesia, a dos personas distintas, Pablo y Pedro.

‒ Según Efesios, Pablo ha sido por tanto el destinatario y ejecutor de una revelación antes escondida, que los primeros apóstoles-profetas (entre ellos Pedro) no sabían, y que Dios le ha concedido a él, pero no de un modo exclusivista, sino para que por él pueda ser expandida a los santos apóstoles y profetas (Ef 3, 5). Ésta ha sido una revelación concedida por Dios a Pablo, a fin de que por él puedan conocerla y aceptarla todos los “santos apóstoles y profetas”, de manera que él, Pablo, no aparece como un solitario frente a los demás, o en contra de ellos, sino que su revelación puede ser y ha sido compartida en el fondo (al fin) por todos.

‒ Pablo es servidor (diakonos) de esta gran revelación, que se ha dado por él, pero no para él solo, sino para todas las iglesias (Ef 3, 7). En este contexto, de forma sorprendente, el autor de Efesios retoma el motivo básico de 1 Cor 15, 9, presentándose como el menor de los apóstoles, pues ha venido después de todos ellos, como un “aborto”, fuera de tiempo, pero recibiendo la tarea suprema de confirmar las revelaciones anteriores del comienzo de la iglesia, como ratifica Ef 3, 8: “A mí el más pequeño de todos los santos… se me ha dado esta gracia…”.

Según este pasaje, la Iglesia está fundada en el cimiento de los apóstoles y profetas de la primera generación, que aparecen como destinatarios de la revelación de Dios, y como base (cimiento, themelios) de su edificio salvador, que es la Iglesia, cuya cabeza es Cristo. De un modo muy preciso, Pablo no aparece como themelios o cimiento (función que 1 Cor 3, 11 reservaba sólo a Cristo, pero que Ef 2, 20 aplica también a los “apóstoles y profetas”).

Efesios concede esa función de cimiento (que según Mt 16, 16-20 será propia de Pedro), a los apóstoles y profetas. Pero él atribuye a Pablo una función más honda, que él ha recibido por revelación, la de anunciar y promover la unidad de todos los pueblos en Cristo. Pablo no usurpa el lugar de otros apóstoles y profetas, ni quiere presentarse como único servidor y guía de la iglesia, pues a su lado hay otros que han recibido una revelación de Cristo. Pero él ha descubierto y proclamado la revelación final más alta, que fundamenta la apertura universal de la Iglesia, en la línea de Gal 3, 28: Ya no hay judío y griego, no hay hombre ni mujer, no hay esclavo ni libre, pues todos sois uno en Cristo. Desde aquí se entiende la diferencia entre Efesios y Mateo:

‒ Efesios es un tratado eclesial, atribuido al mismo Pablo ya muerto, pero presente con Jesús en sus seguidores, que ratifica su revelación escatológica (apertura universal de la Iglesia). Pablo aparece así como autor de la carta/tratado (de Efesios) y como “fundador” de la iglesia, no sólo de la suya (la paulina), sino de todas, pues él (Pablo) ha descubierto que todas están al servicio de la gran vinculación de los judíos y gentiles, es decir, de todos los pueblos. Ésta es la gracia fundadora, que Pablo ha recibido, no para él (ni para un tipo de Iglesia especial), sino para todas, las de origen judío y pagano, y que se expresa así en una especie de gran manifiesto eclesial.

‒ Mateo, en cambio, es un evangelio que interpreta la vida de Jesús desde la pascua, como origen y sentido de la apertura universal de la Iglesia. Por eso se atribuye a alguien que había conocido a Jesús (9, 9; 10, 3), uno de sus doce discípulos, que proviene del judaísmo marginal (era publicano), con un perfil bajo (no era Pedro, ni uno de los zebedeos…). Esa atribución del evangelio de Mateo al Mateo publicano y apóstol de Jesús es posterior (no forma parte del texto), pero es muy antigua, y así aparece a mediados del siglo II dC en un testimonio de Papías, recogido por Eusebio de Cesarea . Pues bien, según el testimonio de Mateo, la piedra de cimiento sobre la que Jesús funda su Iglesia ha sido, ya desde el principio, la confesión de fe de Pedro, que aparece así como petra o cimiento de la misma Iglesia (cf. 16, 16, 16-10), como iré mostrando.


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Comentarios
  • Comentario por Juan Carlos Esparza Quiroga 19.07.17 | 05:24

    RECIÉN HE DESCUBIERTO ESTE TESORO, DE LO CUAL MUCHO LE AGRADESCO A DIOS. SOY SACERDOTE DESDE 1981, Y PERTENEZCO A LA CONGREGACIÓN DE DON ORIONE. POR AHORA ESTOY EN SAN MIGUEL DEL TUCUMÁN, PROVINCIA DE TUCUMÁN, ARGENTINA. TE DEJO UN ABRAZO, Y Decía Don Orione: ¡AVE MARÍA Y ADELANTE!

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