El blog de X. Pikaza

Dom 21.5.17. Se acerca Pentecostés. Experiencia y teología del Espíritu Santo

19.05.17 | 09:59. Archivado en Dios, Jesús, Espiritualidad, Domingo, dia de la Palabra, Amor, Pascua

Domingo 6º de Pascua. Juan 14,15-21. El evangelio de hoy presenta la Pascua de Jesús como promesa y Esperanza del Espíritu Santo:

Yo rogaré al Padre y os enviará otro Defensor”, es decir, el “paráclito de Dios”, Dios mismo como Amado compañero, Consolador y defensor de los hombres.

Nos acercamos a la Ascensión del Señor, nos acercamos a Pentecostés. En esa línea quiero presentar mi reflexión dominical...que en este día tendrá dos partes bien diferenciadas:

-- (1) Un comentario exegético del evangelio, centrado como he dicho en la promesa del Espíritu Santo, analizando las palabras del evangelio, con la promesa del Paráclito, desde sus diversas perspectivas Puede servir de meditación personal o de guión para una predicación dominical.

La Pascua viene a presentarse en este contexto como experiencia de intimidad orante, Dios en nosotros. Ésta es la promesa que sostiene el camino de la historia tantas veces oscura y angustiosa de los hombres: Llega el Espíritu de Dios, la verdad auténtica, la nueva humanidad

(2) En la segunda parte quiero presentar una teología del Espíritu Santo, comentando dos obras fundamentales de H. Mühlen, que fue a finales del siglo XX el gran pensador alemán que renovó el estudio de la "Vida de Dios", hecha fuente de vida en la existencia de los hombres.

H. Mühlen fue un gran teólogo... un carismático. De esa forma pasó de la cátedra (sin dejarla) a las comunidades pentecostales católica, apostando por una renovación vivencial de la Iglesia.

Las dos partes (experiencia y teología) se vinculan. Las dos nos ayudan a pentrar en la vida de Dios que es su Espíritu. Buen domingo a todos.

Imagen 1. Un signo del Espíritu Santo. El fuego de Dios, hecho paloma...
Imagen 2. El lugar tradicional del Cenáculo y de Pentecostés en Jerusalén...

Es una estancia gótica del siglo XIV, un lugar entrañable, signo del Espíritu Dios, en la Jerusalén dividida: Al lado está el gran templo cristiano de Sión, debajo el "cenotafio" de David, revestido de negro y copado por nacionalistas judíos... y este salón del Cenáculo (construído por los franciscanos el año 1342, es ahora propiedad de un musulmán, que deja entrar a los devotos y rezar en privado, pero no celebrar liturgias...).

Buen domingo, buena espera del Espíritu Santo a todos, que buena falta nos hace.
.

Texto:

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: "Si me amáis, guardaréis mis mandamientos. Yo le pediré al Padre que os dé otro defensor (=Paráclito), que esté siempre con vosotros, el Espíritu de la verdad. El mundo no puede recibirlo, porque no lo ve ni lo conoce; vosotros, en cambio, lo conocéis, porque vive con vosotros y está con vosotros.

No os dejaré huérfanos, volveré. Dentro de poco el mundo no me verá, pero vosotros me veréis y viviréis, porque yo sigo viviendo. Entonces sabréis que yo estoy con mi Padre, y vosotros conmigo y yo con vosotros.

El que acepta mis mandamientos y los guarda, ése me ama; al que me ama lo amará mi Padre, y yo también lo amaré y me revelaré a él (Juan 14,15-21).

EXPERIENCIA DEL ESPÍRITU SANTO. COMENTARIO EXEGÉTICO

Introducción.
Evangelio de Juan: Catequesis del Espíritu

(Traducción polaca de un libro sobre el Espíritu Santo, que publiqué el año 2002)

El evangelio de Juan puede entenderse como una catequesis del Espíritu, como dice el mismo Jesús a Nicodemo, maestro de Israel: «En verdad te digo, si alguien no nace del agua y del Espíritu no puede entrar en el reino de Dios» (Jn 2, 5). El evangelio es experiencia de nacimiento: nos hace ver que somos hijos de Dios, con Jesús, en el Espíritu. La religión anterior ha pasado, los montes sagrados y templos, los cultos antiguos. Llega en Jesús la novedad de una adoración gratuita, abierta a todos:

«Créeme, mujer: viene la hora en que ni en este monte ni en Jerusalén adoraréis al Padre... Pero llega la hora y es ésta en que los verdaderos adoradores adorarán al Padre en Espíritu y en Verdad; estos son los adoradores que Dios busca: Dios es Espíritu, y quienes le adoran deben adorarle en Espíritu y Verdad» (Jn 4, 21-24).

Los hombres estaban divididos por sacralidades. Ahora han de unirse en el Espíritu y Verdad universal. Eso lo sabían los judíos helenistas (Filón y Sabiduría), pero no habían podido concretarlo. Muchos cristianos posteriores han seguido encerrados en una cultura o ciudad (nación) particular. En contra de eso, Jesús quiere que todos se vinculen por el Espíritu, que brota como río de su seno:

«Esto lo dijo refiriéndose al Espíritu que debían recibir los que creyeran en él; pues todavía no había Espíritu, porque Jesús no había sido aún glorificado» (Jn 7, 39).

Jesús resucitado es manantial del Espíritu, que mana hacia todos los humanos (como las aguas del paraíso: Gen 2, 10-14; Ap 22, 1-2).

Jesús pascual, los textos del Paráclito:

En ese fondo se sitúan los textos del Espíritu-Paráclito, como abogado, defensor de los fieles en la prueba (cf. Mc 13, 11 par), intérprete y autoridad de Jesús en la iglesia.

(1) Rogaré al Padre y os dará otro Paráclito, que esté con vosotros para siempre (Jn 14, 16). Ésta es la palabra clave del evangelio de hoy. Jesús mismo había sido el Paráclito, defensor de sus discípulos. Pero ahora que se va y les deja en plano físico, pide al Padre otro, que sea presencia interior y compañía (no os dejaré huérfanos: 14, 18).

Los hombres que están cerrados en el “mundo” viven en un plano de carne, de lucha mutua, mentira. La misma vida se les cierra y aparece como círculo de muerte. Por el contrario, aquellos que viven iluminados por Jesús (desde la presencia de Dios) reciben la promesa del el Espíritu. Están acompañados. Esta experiencia del Dios-Compañía es la clave de pascua cristiana.

(2) El Paráclito... os enseñará todas las cosas y os recordará todo lo que os dije, como Maestro interior divino (Jn 14, 26). La iglesia ha corrido a veces el riesgo de entender la verdad como algo impuesto por fuera, resuelto y enseñado desde arriba. Pero Jesús promete a los suyos un magisterio interior: los cristianos sólo conocen la autoridad del Espíritu-Paráclito, que interpreta y actualiza a Cristo.

Corremos el riesgo del engaño, de la manipulación de diverso tipo. Pues bien, si confiamos en el Cristo (en el Dios que vive dentro de nosotros) tendemos la garantía de la verdad. Ésta es la verdad interna, aquella que alumbra nuestra vida, desde el interior de Dios, que es nuestra luz.

(3) Cuando venga el Paráclito... dará testimonio de mí, y vosotros también daréis testimonio, porque habéis estado conmigo desde el principio (15, 26-27). Jesús no ha prometido según Juan un magisterio externo para dogmas y enseñanzas. Tampoco ha dejado una estructura de poder.

Su verdad se expresa en la enseñanza interior del Espíritu, que actúa a través al testimonio de los fieles. Cuando están en riesgo las instituciones, queda y crece ese testimonio. La verdad se expresa así como “testimonio” de vida interior. Tenemos a nuestro lado el Gran Testigo de Dios, que es Jesús. Podemos ser y somos testigos de Dios unos para los otros.

(4) Conviene que yo me vaya, porque si no me fuere, el Paráclito no vendrá a vosotros; pero si me voy, os lo enviaré (16, 7). Una presencia material de Jesús estorbaría, pues él quedaría fuera de la vida de sus fieles. Muchos parecen añorarle así, actuando a través de milagros, apariciones, seguridades exteriores.

Pues bien, es necesario que Jesús se vaya, que cumpla su tarea, para que sus fieles asuman la verdad en el Espíritu, que es presencia y experiencia interior de Jesús. Por encima de todas las restantes instancias eclesiales, Jesús apela a la Confianza del Espíritu, Paráclito (Abogado y Consolador) de los fieles.

Las notas del Espíritu Santo

Es Consolador, pues lo buscamos allí donde nuestras tradiciones patriarcales, de seguridad externa, van envejeciendo.

Es Abogado, porque necesitamos defensa en este mundo convulso, en crisis de violencia y muerte.

Es el don pascual de Jesús, que se aparece y habla, dándoles poder de perdonar (=vincular en amor) a todos los humanos: «Dicho esto, alentó sobre ellos y les dijo: recibid el Espíritu Santo» (Jn 20, 22).

Este es el momento clave de la nueva creación, reverso y cumplimiento de Gen 2, 7: el Espíritu de Dios se identifica con el Aliento que Jesús da a los hombres, en el momento cumbre de la pascua, cuando alienta y ofrece su Espíritu a sus discípulos, para que así vivan en gesto de gracia y perdón a todo el mundo.

2. TEOLOGÍA DEL ESPÍRITU SANTO

Retomo en este contexto una postal de hace ocho años, que trataba dos obras fundamentales de H. Mühlen sobre el Espíritu Santo. Cf.
http://blogs.periodistadigital.com/xpikaza.php/2009/05/28/domingo-31-5-09-pentecostes-una-teologia (Domingo 31, 5. 09)

Esta postal ha sido retomada y publicada hace unos días por el Rvd. Gabriel Orellana en
Cf. https://www.facebook.com/reverendogabrielorellana/posts/1939890502703515

Por eso, dado que él ha vuelto a publicar mis reflexiones sobre el tema, he querido aprovecharlas yo también, para recrearlas desde la perspectiva de esta domingo final de Pascua del año 2017, a la espera gozosa del Espíritu Santo.

HERIBERT MÜHLEN (1927-2006).


Teólogo y sacerdote católico alemán. Ha sido profesor de teología dogmática en la Universidad de Paderborn. Fue perito en el Concilio Vaticano II. Su mayor contribución al pensamiento cristiano lo ha realizado a partir del año 1971, cuando se vinculó al movimiento de la Renovación Carismática, centrada en la experiencia del Espíritu Santo. Desde entonces hasta su muerte ha realizado una intensa labor al servicio del movimiento carismático, escribiendo textos, dirigiendo cursos y animando la vida de comunidades en toda Alemania.

Él ha sido también uno de los fundadores del Centro de Evangelización de Maihingen. Pero antes de recibir y cultivar esa experiencia carismática, Mühlen era ya uno de los teólogos más conocidos de Alemania y había escrito las dos obras más importantes sobre el sentido y presencia del Espíritu Santo en la iglesia, a partir del Vaticano II. Esas dos obras siguen definiendo su importancia dentro del pensamiento cristiano.

Der Heilige Geist als Person. In der Trinität, bei der Inkarnation und im Gadenbund (Paderborn 1968).

Trata de la identidad personal del Espíritu Santo, un tema que ha sido debatido desde antiguo por la teología, sobre todo a consecuencias de las disputas por el “Filioque”. Pues bien, a juicio de Mühlen, el constitutivo propio del Espíritu Santo (lo que le distingue del Padre y del Hijo) es ser una persona en dos (o más) personas, no como un sujeto individual nuevo, sino como “nostreidad divina”, el nosotros común del Padre y del Hijo (que se expresará en el nosotros de la Iglesia).

Nunca se había realizado en el pensamiento cristiano un análisis de este tipo, poniendo de relieve el carácter comunitario del ser personal, no sólo en una perspectiva moralizante (el amor mutuo vincula a las personas ya constituidas), sino en un sentido constituyente, de manera que la misma comunión personal funda un nuevo tipo de persona, que surge de las anteriores y las vincula, sin sumarse a ellas como algo distinto, sino integrándose en ellas. Frente al modelo antiguo de persona-cosa (sujeto-objeto), y superando el modelo puramente dialogal (yo-tú), surge así un tipo distinto de persona-conciencia, como poder y presencia de vida compartida, como un nosotros personal.

En este contexto Mühlen asume las intuiciones ya antiguas de la teología trinitaria (→ Ricardo de San Víctor), para fundarlas y aplicarlas de un modo más extenso, vinculando el misterio de Dios en sí (Trinidad), con la encarnación y el don de la gracia, es decir, con la presencia del Espíritu Santo en la Iglesia. Esa presencia (efusión), no crea algo distinto, sino que expresa y realiza la misma “esencia” dialogal del Espíritu Santo en el misterio de la Iglesia. Esta visión personal de la “dualidad” o, mejor dicho, de la nostreidad dual, abre horizontes nuevos en el pensamiento cristiano y en la antropología.

Una mystica persona. Die Kirche als das Mysterium der heilsgeschichtlichen Identität des Heiligen Geistes in Christus und den Christen. Eine Person in vielen Personen; Münster 1968; versión castellana: El Espíritu Santo en la Iglesia, Salamanca 1998).

Esta segunda obra es una continuación de la anterior y en ella Mühlen sigue definiendo al Espíritu santo como “una persona en dos o varias personas”. El mismo Espíritu, que es persona trinitaria en cuanto vincula dos personas (Padre e Hijo), viene a revelarse y a ser Espíritu de Dios (del Padre y de Cristo) en la Iglesia, como persona que vincula a todos los cristianos entre sí y con Cristo.

En esa línea, siguiendo una larga tradición eclesial, Mühlen afirma que el Espíritu Santo es la “persona mística” de la Iglesia, que no tiene, según eso, una identidad jurídica, ni institucional, sino “divina”. Ciertamente, el Hijo de Dios se encarna en Jesús, de un modo individual (en una historia humana concreta). Pues bien, a través de Cristo, en su amor hacia el Padre, el Espíritu Santo se “socializa” (se revela y humaniza) en el conjunto de la Iglesia, como “persona” que unifica y anima a todos los creyentes.

Según eso, la revelación (humanización, socialización) del Espíritu Santo en la Iglesia constituye un elemento integrante del cristianismo, que no es sólo misterio de encarnación, sino también de efusión y presencia del Espíritu Santo. Eso significa que la encarnación individual del Hijo de Dios en Cristo se amplía y expande en forma de encarnación social o comunitaria del Espíritu Santo, que se expresa en la comunicación personal entre los creyentes, que forman así una persona “mística”, es decir, una persona social en la que encuentran su nuevo ser y plenitud todos los creyentes.

El tiempo del Espíritu Santo.

Desde el fondo de la visión de Mühlen puede y debe reinterpretarse una teología y experiencia clásica del Espíritu Santo, que aparece iniciada no sólo en Ricardo de San Víctor, sino también en → Joaquín de Fiore y en los partidarios de una redención completa, por obra del Espíritu Santo. El cristianismo habría estado muy determinado en otro tiempo por la figura de Jesús y por su encarnación. Todavía en este tiempo (en la segunda mitad del siglo XX), lo mismo que a principios del siglo XXI, la atención básica de los cristianos se hallaría centrada en la figura y obra de Jesús.

Pues bien, en contra de eso, Mühlen habla de la necesidad de una revelación del Espíritu Santo, que marca la llegada de un tiempo nuevo de salvación en plenitud.
Para Mühlen, el tiempo concreto de la revelación y presencia trinitaria del Espíritu Santo se ha expresado en formas de “renovación carismática”, como hemos dicho, en línea de intimismo espiritual. Otros han entendido esa renovación en forma social, en la línea de la teología de la liberación. Sea como fuere, en una línea o en otra, resulta evidente la necesidad de anunciar e iniciar desde Cristo la llegada de un tiempo nuevo, vinculado al despliegue personal del Espíritu Santo.

Éste ha de ser el tiempo de la revelación de un nuevo tipo de “persona” social, que se entiende como manifestación y presencia plena de la Trinidad, no sólo como encarnación individual del Hijo de Dios (obra mesiánica de Jesús), sino como expresión y cumplimiento de aquello que Jesús había anunciado y preparado: la llegada del Reino de Dios, que es precisamente el Espíritu Santo: la unión gratuita y gratificante de las personas creyentes, para formar así una persona más alta, siendo presencia de presencia del Espíritu Santo en el mundo.

Algunos teólogos como L. Boff han explorado la posibilidad de una “encarnación del Espíritu de Dios en María”, como mujer. Pero aquí nos hallamos ante algo más radical: ante la humanización plena del Espíritu Santo y el surgimiento de una Iglesia pneumatológica. Nos hallamos ante la posibilidad de una nueva teología y de una nueva Iglesia. La “revolución teológica” que anunció H. Mühlen no ha hecho más que empezar.

Obras de Mühlen:

Espíritu, Carisma y Liberación: La renovación de la fe cristiana (Salamanca 1983)
El Espíritu Santo en la Iglesia (Salamanca 1998)


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Comentarios
  • Comentario por sofía 20.05.17 | 22:55

    Me ha gustado mucho el post, así como los comentarios.
    Saludos cordiales.

  • Comentario por galetel 19.05.17 | 11:55

    recíproco entre ellos y efusivo hacia sus criaturas, esto es, el Espíritu Santo, la Ruah creadora y neo-creadora. El Aliento divino, la Exhalación divina en la que Dios modula su Palabra dentro de Sí y hacia fuera de Sí.

  • Comentario por galetel 19.05.17 | 11:50

    cada uno de ellos. Hasta provocar en ellos esa oración: ¡marana tha! (“¡Señor nuestro, ven!”) que resume su experiencia de ver que Jesús, el mismo que ellos habían conocido antes íntimamente pero sin comprenderlo, estaba ahora resucitado/exaltado junto a Dios-Padre y vendría con poder divino a redimirlos. Sólo mediante la acción reveladora del Espíritu Santo pudieron llegar a creer esa enormidad.

    Y pocos años más tarde (quizá unos 5), sus conversos, judíos de cultura helenista, refugiados en Antioquía de las persecuciones que sufrieron en Jerusalén, compusieron y cantaron un himno que expresaba la consecuencia lógica de la fe cristiana en términos de la teología judía tradicional. En este himno se presenta la misión voluntaria de Jesús como Hijo del Padre, en bien de todas las víctimas del Proceso, con la consiguiente acción neo-creadora del Padre para restaurar y renovar su gloria. El marco de todo ello es el Amor; el Amor-agape entre el Padre y el Hijo, recíproco entre e...

  • Comentario por galetel 19.05.17 | 11:47

    Bueno, a mi manera de ver, la acción del Espíritu de Dios se ha manifestado en el cristianismo a partir de la revelación de la Resurrección/Exaltación de Jesús, a los que habían sido los conocedores íntimos de Jesús. Sin este punto de partida, no hay nada que se sostenga, sobre el Espíritu Santo. Y este punto de partida no está consignado en los Evangelios, ni en el libro de Hechos de los Apóstoles, que son muy posteriores, sino en el “marana tha” y en el Himno prepaulino de Filipenses (2, 6-11).


    Debido a su predisposición adversa respecto de Jesús, los familiares y los discípulos no pudieron llegar a creerlo el Mesías verdadero (daniélico, no davídico) sin una revelación especial, dirigida a ellos, por vía del Espíritu de Dios. Actuó sobre sus conciencias de manera individual y colectiva, consecutiva y simultánea, en diferentes lugares de Judea y Galilea, en privado para más de cien receptores, adecuándose a la capacidad de comprensión de todos y cada uno de ellos....

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