El blog de X. Pikaza

Tres pecados tenía la Iglesia... Salir del castillo en la cueva, vivir en libertad de amor

Quiero seguir comentando el evangelio de la Octava de Pascua. Ciclo C. Jn 20, 19--31.

Tres pecados tenía la Iglesia de Juan, y tres sigue teniendo la nuestra, según este evangelio de Pascua:
-- El pecado de hacerse castillo en la cueva cerrada, por miedo
-- El pecado de salir sólo a lo libre, sin confianza y comunión de amor
-- El pecado de olvidarse de las víctimas (fuera o dentro del castillo)

‒ El primero es el miedo: “Estaban con la puertas cerradas, por miedo a los judíos…”, como un castillo en la cueva (doble miedo). Ciertamente, en el mundo hay gente peligrosa que va y fastidia, y la Iglesia debe crear sus propios "espacios seguros" de militancia creyente. Pero ella no está hecha para cerrarse en sus colores y banderas, tras grandes muros (imagen 1: Castillo de Predjama, Eslovenia), sino para salir a la calle y ofrecer a cuerpo su mensaje y esperanza.

El segundo es el pecado de Tomás: Andar solo por libre , salir del castillo, pero a solas. Buena es la libertad eclesial, que dice a cada uno "tú eres Cristo". Pero está el riesgo de aislarse como Tomas. Mientras los demás se encierran, él va por ahí, a lo piadoso, sin comunidad, sin compromiso social, dedicado a su mística privada de cualquier guru de última generación. Ha muerto Jesús, pero no le importan sus llagas, ni el sufrimiento de los otros, sino sólo su mística particular. Tomás, el francotirador espiritual, alejado de los suyos, es el segundo pecado.

El tercero es el pecado de olvidarse de las víctimas. No se trata de cultivar un victimismo enfermizo y resentido, sino de mantener la comunión de vida con los expulsados de todos los castillos, de recordar las llagas de los heridos, no para condenar al resto del mundo, sino para crear formas de vida. No basta recordar a Jesús como un ser puramente espiritual, separado de la vida y de la entrega hasta la muerte. Es olvidarse de la herida de los pobres, de la muerte de los oprimidos… es…. Hay que asumir la historia de Jesús y de los pobres, para recrear desde ella el mundo

Pero siga leyendo quien quiera situarse ante los pecados de la Iglesia de Juan y de Tomás, que son en gran medida los pecados la nuestra. Siga leyendo y vea cómo puede superarse el "cerrojazo" de la Iglesia, que aparece ya al principio de su historia, según el Evangelio de Juan.

Que la Iglesia abra su puerta a Tomás (a los nuevos tomases místicos y libres...); que la Gran Iglesia sea espacio abierto y sin miedo, para todos los pobres llagados y los espíritus libres, como Tomas.

Y que Tomás, hermano casi gemelo del discípulo amado, primer Apóstol y Testigo de Jesús, según una potente tradición antigua, vuelva de Oriente y Occidente a la Gran Iglesia Abierta.

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Jueves, 27 de julio

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