El blog de X. Pikaza

Juan de la Cruz en Salamanca: No tengo otro oficio, pues sólo en amar es mi ejercicio

14.05.17 | 18:56. Archivado en Sobre el autor, libros, Amigos, la voz de los, Amor

San Juan de la Cruz vivió unos años cruciales de su vida en Salamanca, sus años fecundos y frustrados de estudio universitario:

1559–1563: Trabaja en el hospital de infecciosos (de enfermedades venéreas) de Medina y al mismo tiempo cursa humanidades en el Colegio de la Compañía de Jesús, uno de los centros más prestigiosos de cultura humanista y literaria de su tiempo

1564-1967: Estudia “artes” (filosofía) en la Universidad de Salamanca, donde es delegado de estudiantes, interesándose, interesándose especialmente por la Biblia

1568: Sigue cursando estudios de teología en la Salamanca, pero los abandona, para iniciar la Reforma del Carmelo con Santa Teresa, para expresa su opción radical por la entrega de amor de Jesús.

Juan de la Cruz abandona los estudios "académicos" (no los personales...), pues piensa que ellos se sitúan en la línea de los empleos y oficios eclesiásticos (que son quizá los más apetitosos y rentables de aquel tiempo), pues quiere emplearse sólo en el ejercicio de amor.

La formulación y sentido de este ejercicio de amor (estrofa 28 CB y 19 del CA) nos sitúa en el centro de la vida de San Juan de la Cruz, cuya obra cumbre, titulada después por sus editores tardío Cántico espiritual, llevaba en principio el título de Declaración de las canciones que tratan del ejercicio de amor....

Del sentido más hondo de ese ejercicio de amor, que hizo que Juan de la Cruz abandonara la Universidad para centrarse en el amor de la vida, en la línea del Carmelo Reformado, trataré esta tarde (15.5.17) precisamente en Salamanca, desarrollando el sentido de la estrofa 28 del CB, que nos sitúa en el centro de la vida "laboral", analizando sus términos clave: empleo, caudal/capital, ganado, oficio, ejercicio... Buen día a todos.

CB 28 (CA 21)

Mi alma se ha empleado
y todo mi caudal en su servicio;
ya no guardo ganado
ni ya tengo otro oficio,
que ya sólo en amar es mi ejercicio.

1. Oficio de amor. Mi alma se ha empleado

Del gozo en la bodega, con la unión de los amantes, ha pasado SJC a la tarea del amor que se formula como nuevo empleo de la Amante, que pone su vida al servicio del Amado, en una canción llena de temas laborales, que condensan el sentido y título de la Declaración de las Canciones y de este libro, en la línea del verso final: que ha sólo en amar es mi ejercicio. Ésta es la tarea que propone SJC, como he dicho en la introducción de este libro: Ejercicio de Amor.

Recordemos, una vez más, que la Amante (SJC) está en la cárcel, aplastada por una durísimo historia de enfrentamientos religiosos y sociales, por cuestiones de poder religioso y organización eclesial, en un tiempo en que la Iglesia es no sólo un poder más, sino “el poder supremo” de la Corona (rey Felipe II) y del Estado (especialmente en Castilla). Pues bien, en ese contexto, proclama SJC su manifiesto laboral, el más gozoso, exigente y preciso, al proclamar con una terminología técnica, de extraordinaria precisión: Ya sólo en amar en mi ejercicio.

Antes podía haber tenido otras tareas u otros fines (laborales, económicos, sociales, personales…). Pero ahora, desde la cárcel donde está encerrado por violencia del conjunto social y religioso, tras haber salido del egido donde los pastores se reúnen y distribuyen trabajos, posesiones y poderes, SJC afirma que su oficio y ejercicio será sólo “en amar”. No se trata de amar en general, sino de amor al Amado que es Jesús, y en él todos los que se dejan amar y aman.

De esa forma nos pone SJC ante una gran inversión laboral. Antiguamente solían distinguirse dos formas de vida:

(a) Una activa, propia de aquellos que se ocupaban de trabajos exteriores, faenas productivas, al servicio de los bienes y negocios de este mundo, dirigidos por nobles señores, los más ricos, que se servían del trabajo material de siervos, criados a su servicio.

(b)La vida contemplativa sólo podía ser propia de aquellos que no tenían necesidad de realizar trabajos manuales, porque eran dueños o señores de hacienda, con servidores siervos… o aquellos que se apartaban del mundo, buscando un retiro religioso de oración o cultivo de la vida interna (pero utilizando la riqueza del sistema, con grandes conventos, como el Carmelo Calzado de Toledo, donde SJC se hallaba encarcelado).

En ese contexto, SJC no elabora una crítica social (como la que harán los economistas británicos del siglo XVIII, y más tarde Karl Marx), pero se introduce en el mundo del trabajo y propone una crítica acerada del mundo laboral, con una utopía exigente, crítica y gozosa de Amor, que sigue siendo plenamente actual, desde la cárcel de Toledo, es decir, desde el reverso de un sistema que acabaría matándole, si no hubiera logrado evadirse.

Desde su nueva perspectiva , él supera un modelo social de ricos y pobres, señores y oprimidos, formulando un manifiesto de amor desde la base, es decir, desde el reverso de la Gran Historia, que en aquel momento (1578) se centraba de algún modo en Toledo, capital simbólica del Imperio Hispano, fundado sobre la expansión militar (conquista, colonización) y el poder del dinero. En ese contexto ha interpretado SJC la nueva libertad de los amantes que dicen:

“Ya no guardo ganado..., que ya sólo en amar es mi ejercicio”, en clave de liberación económica y social, pero no para tener más o vivir del trabajo de otros, sino para amar y trabajar al servicio del Amado, esto es, de sus cosas, en un plano personal, social y religioso.

Para cumplirse la propuesta de SJC deberían cambiar las estructuras laborales, políticas y eclesiales… No se trataría de tomar el poder y/o imponer la verdad, para dirigir desde arriba a los demás, como en aquel tiempo proponen los poderes eclesiásticos y políticos, sino de entregar la vida gratuitamente al Amado, como oficio y ejercicio de amor.

Ciertamente, SJC supone y sabe por historia familiar y experiencia propia que todos los hombres y mujeres pueden y deben realizar un trabajo de campo (agricultura, pastoreo) o de servicios sociales (comercio, cuidados sanitarios…), pues él viene de los oficios laborales más bajos y ha trabajado como enfermero y albañil. Pero, al mismo tiempo, él sabe y dice que todos los trabajos sólo tienen un sentido en la medida en que se ejercen como oficio y ejercicio de amor, para que así todos puedan amar y ser amados .

((No se trata de producir o tener más, sino de vivir en libertad para el amor, de manera que carece de sentido la división entre siervos (dedicados a la vida activa) y señores (dedicados a la vida contemplativa), pues todo trabajo ha de entenderse como ejercicio de amor, al servicio del Amado (es decir, de su propuesta de amor, abierta a todos).

Esto lo han sabido otros pensadores y sabios, al interpretar el trabajo como servicio compartido y al concebir la meta de la vida como gozo y juego, amor liberado, buscando a veces caminos y medios sociales (revoluciones, utopías) para alcanzarlo.

Pues bien, SJC piensa que ese momento de utopía de amor ya ha llegado para aquellos hombres y mujeres que exploran y despliegan su existencia como amor enamorado, no por desinterés de todo el resto (¡que los pobres mueran!), sino por interés más alto, de amor al servicio de todos)).

En contra de un tipo de humanidad dirigida por los que conquistan, colonizan y tienen, por los que producen y gastan, a expensas de otros, desde la cárcel de Toledo, propone SJC un ejercicio universal de amor. Él sabe que la vida no es sólo un esfuerzo laboral, una tarea productiva para conquistar dinero, sino expresión y despliegue de amor, a cuyo servicio (al servicio del Amado) ha de ponerse todo.

Ciertamente, mientras siga este mundo, los hombres han de trabajar para vivir. Pero no han de trabajar tener y dominar sobre los otros, para atesorar y asegurar la vida con lo trabajado (capital, poder político o religioso, influjos ideológicos), sino para compartir la vida en amor, pues Dios ha hecho al hombre para amar, y al servicio del amor (es decir, del Amado, que es Jesús y en Jesús todos los hombres) ha de poner su trabajo .

((Eso significa que el hombre no es un simple faber (no se “salva” trabajando), ni tampoco un dominus (un señor que tiene y gasta bienes materiales, a costa de lo demás), ni un simple animal racional (no se define por su pensamiento), sino un viviente de amor, alguien que ha de poner su trabajo, sus bienes y su pensamiento al servicio del Amado (=de los amados).

En esa línea ha compuesto y proclamado SJC las canciones de esta Cántico, entendidas como ejercicio de amor. Él no propone otro tipo de moral clasista, situando a los contemplativos y a los liberados del trabajo (dueños de hacienda, pensadores). sobre los trabajadores, sino que sitúa por encima (=al servicio) de todos un amor interpretado en forma de comunicación con Dios y transparencia interhumana.

En esa línea, Cántico es el himno de quienes descubren la belleza del amor ya liberado, de manea que "ellos no saben otra cosa sino amar y andar siempre en deleites de amor" (CB 27,8). Sólo allí donde se descubre y cultiva de forma consecuente ese deleite como el mayor de todos los poderes y caudales puede superarse la actitud clasista y surgirá una especie nueva de liberados que no buscan el dominio material, porque ya sólo "el amor es su ejercicio", trabajando de esa forma por amor (para que todos puedan amar y ser amados). Desde ese fondo debería precisarse la “pobreza” de SJC, que padeció de niños y de menor muchas miserias, que vio morir de hambre a su padre y a un hermano, que supo trabajar siendo religioso)).

2. Y todo mi caudal en su servicio. Vocabulario laboral

1. Mi alma se ha empleado...

La Amante no ha buscado un empleo en el mercado laboral donde se compra y vende todo, sino que se ha dejado transformar “por la entrega que hizo al Amado de sí” (CB 28, 3). Un tipo de trabajador moderno ha tenido que vender su trabajo y su tiempo (y en el fondo su vida) para subsistir. En contra de eso, el alma enamorada no se vende, ni vende nada suyo, sino que se emplea y se aplica por amor, voluntariamente, para bien de su Amado (debiendo en otro plano trabajar para vivir, para que vivan todos, no para crear una sociedad en la que unos dominan sobre otros).

En general, los hombres actuales, que no tienen acceso directo a los trabajos de la tierra, en línea de agricultura de subsistencia, buscan un “empleo” (de implicare, implicarse), un trabajo estable dentro del gran sistema económico-social y/o de administración del Estado. En otro tiempo, un trabajo asalariado había parecido impropio de hombres libres (que vivían de sus tierras, y del trabajo de sus siervos). Pero en el tiempo de SJC el hombre empezaba a definirse por su empleo y puesto de trabajo, en un contexto de producción y administración económica .

((En ese contexto, el hombre enamorado de SJC afirmará que se ha empleado en un servicio de amor (donde Dios es el Amor, donde amar es servir a los pobres), dejando para eso un mundo donde la riqueza de unos empobrece a otros. Ciertamente, él no ha sido un reformador económico, pero su proyecto y servicio de amor supone e impulsa un nuevo orden social de comunión liberada entre todos los hombres y mujeres, donde todos los “empleos” puedan entenderse como signo de amor de unos a otros (y de todos en Dios).))

2. Y todo mi caudal en su servicio.

El alma enamorada tiene un “caudal” de sentidos y potencias exteriores e interiores, con sus habilidades naturales y personales (CB 28, 4), y así las emplea para gozo del Amado: sus ojos para verle, sus labios para besarle, sus manos para acariciarle... Éste es el tesoro o capital que ella utiliza, entregándose al Amado, no para ofrecerle cosas, ni para conseguir ganancias exteriores, sino para hacerle feliz. Así actúa como sierva (al servicio del Amado), siendo al hacerlo totalmente libre, esto es, persona, dueña de sí, sin que nadie ni nada le obligue en un plano legal y laboral.

‒ La palabra caudal es un derivado de caput, cabeza (no de cauda, cola), y tiene el mismo sentido y origen que capital. Así, en principio significa aquello que resulta importante y abundoso, como el caudal de un río o como las águilas caudales. Pero ese término se empleará muy pronto para evocar la abundancia de bienes económicos y en ese sentido se ha venido empleando en la modernidad (capital, capitalismo). Pues bien, el caudal o capital del alma enamorada es sólo su amor, al servicio del Amado (en quien se incluyen de algún modo todos los hombres de la tierra).

‒ Por su parte, la palabra servicio se relaciona con servus, siervo, y en principio alude a los trabajos que realizan los criados, a diferencia de los amos o señores que sólo efectuaban tareas libres (liberales), no serviles. Pero la modernidad ha superado esa distinción entre trabajos libres y serviles o le ha dado otro sentido a la palabra, de manera que ella está condicionada en gran parte por “servicios” sociales, para bien de los demás (sanidad, educación, administración política, cuidado de los ancianos).

Pues bien, el alma enamorada sólo realiza un servicio personal, que consiste en amar y agradar al Amado, en una línea de evangelio, es decir, de justicia y comunión entre todos los hombres y mujeres. Este servicio de amor no puede realizarse en forma de huida del mundo, sino que se despliega como gran protesta contra un mundo de ricos que oprimen a los pobres, apelando para ello a un tipo de mística separada de la vida real de los hombres.

3. Ya no guardo ganado.

Guardan ganado los pastores, boyeros o cabreros, vaqueros y ovejeros, defendiendo el rebaño de fieras y ladrones, para obtener beneficios (leche, carne, dinero). Entre ellos había vivido la Amante (cf. CB 2). Pero, tras beber en la interior bodega del Amado, ha perdido sus haberes, de forma que se ha hecho perdidiza, como seguirá diciendo (cf. CB 29).

El mundo actual vive obsesionado por la cantidad de ganado (caudal-capital) y por la seguridad:
ha logrado producir ingentes bienes materiales, creando así una gran división entre los hombres (los que tienen, los que no tienen), de manera que los dueños de “ganado” han de guardarlo y se defienden de ladrones, que desean los mismos tesoros y buscan la manera de lograrlos (por robo violento o por nuevo reparto del ganado).

La economía y política mundial guarda en esa línea unos ganados que no son ya animales (rebaños de ovejas y vacas, de cabras o cerdos…), sino un Capital monetario (en gran parte “virtual”) al servicio de sí mismo. Pues bien, el alma enamorada no guarda ganado, no vive para poseer, ni se esfuerza por defender lo que tiene de asaltantes, cuatreros o ladrones de caballos. No le preocupa la ganancia entendida en forma de posesión particular de bienes exteriores, de forma que no necesita guardia militar o policía .

(( Esta palabra no guardo ganado no significa no tenerlo (no tener casa, ni oficio, ni tierra…), sino tenerlo de otra forma, no poseerlo codiciosamente como mío (contra otros), no considerarlo como algo que he “ganado” para mí, para nosotros (buenos propietarios), contra otros (no propietarios, siervos), a modo de capital divinizado, pues el único capital verdadero del hombre que ama es el amor, la vida de todos.

No “guardar” significa aquí no atesorar, no tenerlo para mí frente a los otros, no atesorarlo de forma egoísta y violenta, como sucede en una sociedad de “clase”, en la que unos dominan sobre otros con un tipo de violencia. SJC supera así el mismo concepto de “ganado”, retomando de forma sorprendente la experiencia radical del evangelio, que he propuesto en Comentario de Mateo, Verbo Divino, Estella 2017. Entendidas así, las Canciones de SJC no proponen una huída del mundo, ni implican una “consagración” de condiciones sociales clasistas, sino que exigen una poderosa revolución y transformación social desde el amor.

En ese contexto, podemos recordar que la palabra guardar tiene en principio un sentido casi militar, del germano wardon, montar guardia, vigilar, protegiendo cuidadosamente los bienes poseídos. De ese origen viene guardián o guardia, vigilante, muchas veces armado, policía que mantiene con fuerza el orden o limpieza de la “polis” (ciudad).

En esa línea, los pastores que guardan los rebaños han de ir armados, con perros para defenderse de ladrones y fieras. En contra de eso, el alma enamorada no guarda cosa alguna, no atesora “caudales” que la polilla roe y los ladrones roban (cf. Mt 6, 19-21), sino que goza en libertad un Amor que nadie le podrá quitar, porque se da y regala, compartiendo los bienes del mundo, de manera que el mismo “ejercicio de amor” se convierte en comunión de vida)).

4. Ni ya tengo otro oficio.

Un oficio (=opus) básico del mundo antiguo era guardar rebaños (de animales u hombres), con la ayuda de pastores, ejércitos y policías. Este sigue siendo un oficio principal de nuestro tiempo, a comienzos del siglo XXI: media humanidad parece atesorar "ganados" (bienes de consumo), guardándolos con técnicas de fuerza; y la otra mitad se afana en robarlos, en guerra sin fin, de deseos cruzados y odios crecidos.

En el campo socio-religioso existía ya en tiempo de SJC el “oficio” de la Inquisición, que se llamará después el Santo Oficio, para organizar, definir y “proteger” las verdades de la fe y buenas costumbres, conforme a un tipo de visión de la Iglesia.

Hay en esa línea un opus Dei, oficio de Dios, que en tiempo de SJC se entendía en forma litúrgica (oficio divino de monjes) y administrativa (oficio divino de inquisidores y jerarcas de Iglesia, con gran poder).

Pues bien, en contra de eso, la Amante de SJC dirá que ya no guarda ganado (cabras u ovejas), ni siquiera en un plano religioso, ni tiene oficio regulado o reglamentado desde fuera, por instituciones oficiales, pues sólo “en amor es su ejercicio”. Así aparece liberada para el amor, en gratuidad, sin lucha ni competencia contra otros .

5. Que ya sólo en amor es mi ejercicio.

El mundo moderno se ejercita en muchas cosas, de una forma organizada, con la ayuda de una administración y policía capitalista. Hemos aprendido a producir y para ello el sistema económico-social ha unido a millones de personas, como en una inmensa fábrica de objetos de consumo, de manera que los mismos hombres y mujeres (en especial los pobres, miles de millones) se convierten en puro objeto de consumo, al servicio del capital (del “ganado”). Hemos aprendido a producir (y quizá a guardar lo producido, al servicio de algunos privilegiados), pero no sabemos ni queremos compartir lo que tenemos y menos lo que somos.

Hemos aprendido a organizarnos de un modo eficaz, pero nos cuesta avanzar en amor, más allá de las programaciones que pueden imponerse. En contra de eso, el alma enamorada sólo tiene un ejercicio o tarea, que es Dios, para amarse en él unos a otros, por encima de las coordenadas de poder de esta sociedad clasista (de oficios al servicio del “ganado”) .

((En ese contexto ha evocado SJC el tema de la superación de unos oficios bien estructurados en línea de poder político/laboral y religioso, para insistir en el ejercicio más alto del amor, sin otra finalidad que el mismo amor, separándose así del modelo de los ejercicios espirituales de Ignacio de Loyola que, como he destacado en la Introducción, siendo esenciales para la modernidad cristiana, han podido ponerse al servicio de un tipo de apostolado, más que de la vida de la Iglesia)).

3. Ejercicio de amor.

Éste es, a mi juicio, el tema clave de las Canciones de este Cántico Espiritual, como he dicho en la introducción de este libro, y que como indica el mismo SJC en el título de su Declaración (CA y CB) tratan del Ejercicio de Amor entre el Alma y el Esposo Cristo, es decir, entre el hombre y Dios, un ejercicio que se expresa y cumple en forma de amor entre los hombres (en clave de enamoramiento y matrimonio).

SJC había nacido en una familia de tejedores y comerciantes arruinados. Conocía el mundo de la nueva burguesía y manejaba con destreza las palabras de comercio de su tiempo, como indica esta canción (empleo, caudal, servicio…), para situarlas (y situarse) en el lugar donde el alma se despliega como ejercicio de amor en gratuidad, más allá del trabajo y comercio del mundo, no para negarlos, sino para ponerlos al servicio del amor, en gratuidad. De esa manera, él se opone al espíritu del nuevo capitalismo, que él conoció en su niñez y juventud, en Medina de Campo (gran mercado de Europa), para recrear la vida de los hombres (y de la sociedad) en el amor .

(( Ésta es su palabra clave: “sólo en amor es mi ejercicio”, palabra del latín exercere, ejercer, trabajar sin descanso, de un modo organizado.

El primer lugar donde el ejercicio se planificó de modo estable, con “trabajadores” bien armonizados, desde mediados del siglo XV, fue la milicia, es decir, el ejército (lugar de ejercicio), la primera máquina laboral, dirigida a ganar guerras o conquistar territorios.

Aplicando ese modelo, la modernidad ha fundado universidades e institutos técnicos, para programar y desarrollar saberes y oficios, en la línea de los ejercicios espirituales de Ignacio de Loyola (militar de origen), con métodos marciales para organizar la Compañía de soldados de Jesús). En contra de eso, SJC no quiso conquistar ni trasformar el mundo (ni la iglesia) con métodos marciales, sino vivir en amor desde el servicio mutuo)).

Este lema (sólo en amor es mi ejercicio) constituye a mi juicio la razón de fondo de la defensa que mantuvo SJC ante los jueces religiosos de Toledo que querían obligarle a renunciar a su proyecto, aceptando los principios del “realismo fáctico” de una Iglesia más centrada en su propio poder que en la libertad de amor de los creyentes. Pues bien, en contra (a diferencia) de eso, desde una cárcel de Toledo, SJC mantendrá y formulará de manera clásica su principio radical cristiano: Sólo en Amor es mi Ejercicio. Para trazar las bases y sentido de ese ejercicio de amor escribió en la cárcel sus canciones .

(( Otros querían formar a los demás de otra manera, con otros poderes, empezando por las universidades, que estaban cada vez más al servicio del poder fáctico, como proclama el medallón de la portada plateresca de la de Salamanca, del año 1520/1521 por la que entraba SJC siendo estudiante: La Enciclopedia/Universidad para los Reyes, los Reyes para la Enciclopedia. SJC no hubiera aceptado ese lema, sino que hubiera propuesto: La Universidad para el amor (pues sólo el amor le interesaba)).

Significativamente, esta canción del ejercicio de amor, que en CB 28 se encuentra hacia el final de la sección sobre el matrimonio, aparece en CA 19, en el mismo centro del Cántico, inspirando todo su desarrollo, en el paso del enamoramiento (iniciación) al matrimonio (ratificación del amor).

Sea como fuere, en una u otra redacción, el único ejercicio del Amante y Amado de SJC será amar, no estudiar, no para ganar y poseer “ganado” (caudales), sino para vivir en sobriedad y compartir la vida, en un contexto de comunión de gracia. En esa línea, la instrucción y escuela de SJC será vivir y ejercerse en amor, cosa muy fácil (el amor brota de sí), siendo lo más exigente, pues no hay talleres técnicos para aprenderlo.

Eso es lo que quiso hacer e hizo SJC cuando salió de la cárcel de Toledo, acompañando en amor a todos los que quisieron acoger y seguir su “ejercicio”, en la línea de estas canciones. Ésa fue su opción, esa su enseñanza, especialmente en la “universidad” de las religiosas carmelitas de Andalucía. Éste es su programa, éste su proyecto :
(( Él sabía que el amor no puede programarse, pues brota de un misterio de la gracia del Amado, pero puede ejercitarse, sabiendo que importa vivir más que hacer, pues el ejercicio de amor es la vida entera, no un aspecto que pudiera separarse de ella.

Pues bien, el análisis de términos laborales que hemos realizado nos recuerda que estamos al comienzo de la nueva etapa laboral, liderada aún por España, aunque después el liderazgo pasará a otros pueblos (Holanda, Francia, Gran Bretaña...), que organizarán la producción laboral capitalista y el mercado de bienes que ha culminado en nuestro tiempo. SJC había protestado ya, al menos implícitamente, en contra de ese modelo, donde el hombre es empleado (funcionario), al servicio del capital, para obtener ganancias, a través de unos ejercicios rigurosos de producción y organización tecnificada del trabajo)).

Toda la habilidad de mi alma y cuerpo,
memoria, entendimiento y voluntad,
sentidos interiores y exteriores
y apetitos de la parte sensitiva y espiritual,
todo se mueve por amor y en el amor,
haciendo todo lo que hago con amor
y padeciendo todo lo que padezco con sabor de amor...
Y hasta el mismo ejercicio de oración y trato con Dios,
que antes solía tener en otras consideraciones y modos,
ya todo es ejercicio de amor. De manera que
ahora sea su trato (a)cerca de lo temporal,
ahora sea su ejercicio (a)cerca de lo espiritual,
siempre puede decir tal alma que
ya sólo en amar es mi ejercicio (CB 28, 9-10) .

((El amor no es una parte separable de las otras, sino todo el ser hombre. Por eso, los asuntos y tratos materiales (guarda de ganados) siguen siendo importantes en su plano y también los ejercicios que podemos llamar espirituales, más centrados en la reflexión interna. Pero en el fondo y verdad del alma enamorada todo es amor y sólo el ejercicio de amor es central en la vida cristiana)).

Ésta es su enseñanza y su tarea para los creyentes. Toda la habilidad del alma y cuerpo, toda la oración, ya sea en el plano temporal o en el espiritual, ha de ser ejercicio de amor. Por eso, el Amor del que habla SJC no se aplica sólo a lo espiritual (a lo que pudiéramos llamar el mundo religioso), sino también a lo temporal, es decir, a la producción y comunicación de bienes. SJC no ha condenado el mundo laboral (ni se ha detenido a estudiar el funcionamiento del capital o del sistema administrativo), pero sabe y dice que todo ello ha de estar al servicio del amor, dentro y fuera de la Iglesia, por encima de la organización de los reinos e iglesias, pues sólo en amor es mi ejercicio de amor.

En esa línea, la protesta de SJC constituye uno de los testimonios más luminosos de “definición” supra-monetaria de hombre, cuyo ser es amar (ser en-amorable), no para alejarse del mundo (dejándolo en manos de diablos económicos), sino para transformarlo y recrearlo desde el amor, a diferencia de un tipo de espiritualismo dominante (siglo XVI) que separaba los trabajos de este mundo (que pertenecían sólo al cuerpo, al plano material) y de los ejercicios espirituales para ministros de la Iglesia.

Había por entonces un riesgo de dicotomía: trabajamos con el cuerpo (es decir, en plano externo), pero el alma parece situarse en otro plano, el plano de Dios. En contra de eso, la mujer enamorada dice que su alma se ha empleado y todo su caudal en el amor. Ella pone de esa forma su alma y cuerpo (lo que es y tiene), al servicio del Amado, es decir, del Amor, como ofrenda de vida y comunión, en la que sólo importa el bien del otro, como gesto de servicio total para el Amado .

(( En esa línea, el amor de Dios no puede separarse del amor concreto a los demás seres humanos. La Amante no trabaja ya para ganar dinero ni para hacer que aumente su fortuna, sino que se esfuerza solamente por el bien del Amado (y de los hombres, que son amados en el Amado), a los que quiere servir con toda el alma, porque al servirles se libera. Ella no es sierva de un amo, sino Amante de un Amigo. Aquí empieza su vida, aquí se despliega y desarrolla.

Primero es el amor como potencia desencadenante de su propia identidad y sólo en un segundo momento, al servicio de ello, surge el trabajo como forma de expresarlo y realizarlo en un camino en el que se extiende el poder de la violencia. El alma enamorada pone su caudal (inteligencia, riqueza y todo lo que hoy sería capital) al servicio del Amado y, al mismo tiempo, de aquellos que son en el Amado, superando de esa forma el sistema salarial. Ésta es la inversión más fuerte, el cambio que transforma la vida de los hombres: Que el capital se vuelva medio de encuentro y comunión entre los amantes. Por eso la pastora dice ya no guardo ganado ni ya tengo otro oficio…

SJC ha descubierto y sabe que sólo una experiencia de enamoramiento radical rompe el ídolo sangriento de la lucha interhumana, del deseo y de la envidia convertido en meta de la vida. Él no ha sido un estratega de la transformación, no ha trazado los planes o momentos de una nueva comprensión social del hombre, pero ha hecho algo que resulta más significativo: ha llegado a las raíces del egoísmo que convierten la vida en una lucha, para invertirla y transformarla en un proceso de nuevo nacimiento en gratuidad de amor, como dice el texto ya citado: “De manera que, ahora sea su trato acerca de lo temporal, ahora sea su ejercicio acerca de lo espiritual, siempre puede decir esta alma que ya sólo en amar es mi ejercicio (CB 28,8-9)).


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Comentarios
  • Comentario por Emilita 16.05.17 | 22:11

    Gracias Xabier por ese ejercicio de amor con el que llegas a todos compartiendo aquello que sabes y tienes (tu caudal). ¡Gracias de verdad!

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