El blog de X. Pikaza

Madurar para el amor, le educación cristiana

Hablé ayer de pastoral para el amor, en la línea del evangelio de Juan. En ese contexto, aprovechando un pequeño curso que acabo de ofrecera los profesores de religión de Palma de Mallorca (5-6 mayo 2017, cf. http://www.cesag.org/estudios/formacion-profesorado-religion-secundaria/), quiero comentar, criticar y reformular el lema del medallón más famoso de la historia de la educación hispana.

Se trata de la leyenda del medallón central de la Universidad de Salamanca (esculpido el año 1520), en torno al busto de los reyes patronos (Isabel y Fernando) con sus signos (yugo y flechas). La leyenda consta de dos frases, escritas en griego:

‒ Hoi basileis tê enkiklopaideia (los reyes para le enciclopledia, es decir, para la enseñanza universal, para la universidad)

‒ Autê tois basileusin (ésta, es decir, la enciclopedia, para los reyes). La universidad anterior (fundada hace 800 años: 1218) se situaba en un contexto eclesial (en el patio de la catedral)... Este nueva Universidad quiere ponerse al servicio de los reyes, sus patronos.

Eso supone que la Universidad (es decir la gran paideia o educación) está al servicio de la Corona (y por su parte la Corona al servicio de la enseñanza). Pues bien, en contra de eso, conforme a una visión cristiana y/o humanista de la vida, debemos responden que la Universidad o Paideia no está al servicio de los reyes (o sus equivalentes: patronos, gobernadores, mecenas capitalistas), sino de la madurez de las personas y el amor mutuo de todos:

‒ Aquellos reyes “católicos” quisieron proteger a la Universidad o Enciclopedia (enseñanza general, en el sentido de paideia, educación), no sólo con dinero, sino con su mismo prestigio real, pero no lo hicieron por altruismo, sino con el fin de que la Universidad de apoyara.

‒ En esa línea, la Universidad/Enciclopedia debería ponerse al servicio los reyes, promocionando a la Corona, sobre todo con el estudio del Derecho Civil y Eclesiástico (y formando buenos administradores reales). Ciertamente había más facultades (medicina, ciencias, teología…), pero subordinadas al Derecho, es decir, a la unión del conocimiento y de poder.

Ciertamente, los tiempos de ese medallón (1520) con su doble lema han cambiado, pero la estructura de fondo de la educación al servicio del poder ha pervivido hasta tiempos muy recientes, y sigue dominando todavía. Así, poniendo un ejemplo, podemos decir que han cambiado muchas cosas, tanto en un plano religioso como político, pero continúa vivo el debate sobre las asignaturas que han de estar dedicadas a la educación social (para la Ciudadanía, para la Ética o la comunión religiosa).

Pues bien, en contra de toda manipulación, al servicio del poder, la educación en sí no puede estar al servicio de otra cosa, ni de los reyes (que a principios del siglo XVI eran Isabel y Fernando), ni de una religión determinada, ni de un sistema económico… sino de la libertad de cada uno y de la vida, de la igualdad y comunión humana.

Siguiendo en esa línea, he de añadir que la finalidad de la educación no es tampoco la Iglesia en sí, ni siquiera el cristianismo, ni la religión en general, sino la vida en concordia (=amor) entre hombres y mujeres, entre pueblos y pueblos, es decir, la convivencia al servicio de la nueva humanidad en amor, como indica con toda claridad el Evangelio
(he tomado el tema de mi libro Jesús educador, Khaf, Madrid 2017).

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Jueves, 27 de julio

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