El blog de X. Pikaza

19.3.17. Conversión de José, día del seminario


No se trata de una conversión moralista, pues José era ya justo (Mt 1, 18-25), sino de una transformación radical, de una recreación en línea de evangelio. Sólo así puede ser patrono de los seminarios, esto es, de los hogares donde se aprende a vivir en la línea de Jesús, con María, su mujer, al servicio de la vocación cristiana-

San José ha sido en los últimos siglos el gran patrón de lo cristianos católicos:

‒ Patrón las monjas a las que protege, como hombre de la casa (Santa Teresa)
‒ Patrón de la Buena Muerte, en manos de Jesús y de María
‒ Patrón de trabajadores, carpinteros y obreros
‒ Patrono de novios que buscan y de maridos turbados
‒ Patrón de buenos padres… y niños sin padre
‒ Patrón de la Iglesia, familia de Jesús (como declaró el Papa León XIII)

Pero él ha sido y sigue siendo patrono especial de los seminarios, es decir, de las casas concebidas como “semilleros” de vocaciones, para los ministerios católicos, concebidos de un modo patriarcal, en línea de formación para el poder sagrado para los “seminaristas”.

Hoy quiero insistir en ese último motivo, en un tiempo de fuerte crisis vocacional, en el sentido tradicional del término, para poner de relieve un rasgo un rasgo a veces olvidado: Según el evangelio, José ha debido realizar un fuerte cambio, ha debido convertirse de un modo intenso para ser “padre” de la familia mesiánica, simbolizada en Jesús.

Ese cambio de José, que ha un superar un modelo de mesianismo patriarcalista de varones (mesianismo de poder, educación para el “señorío”) nos sitúa en la buena línea de lo que podemos llamar la “conversión de los seminarios”, es decir, de las vocaciones cristianas a los ministerios en el siglo XXI.

Lo teníamos todo bien dispuesto. El siglo XX había sido el “estallido” de los seminarios, con cientos de “vocaciones sacerdotales”, cientos de miles de seminaristas, preparados para recibir unos ministerios de “excelencia”, en línea de poder mesiánico… Pero ahora, a comienzos del XXI, ese modelo ha quebrado, de forma que se necesita (necesitamos) una buena conversión (una buena muerte para nacer de nuevo). En este contexto, San José es un buen patrono, porque ha sido el hombre de la gran conversión.

En ese contexto quiero hablar de la nueva función de José, para traza en forma de parábola la exigencia de la transformación de los “seminarios” o, mejor dicho, la conversión de una iglesia patriarcal (llena de poder mesiánico) en iglesia de la fe y comunión mesiánica, en gesto de fe, abierto al misterio de la vida (simbolizada por María), a la vida nueva de Jesús.

Los evangelios nos sitúan de lleno ante la “conversión” de José, expresada como superación fuerte de un modelo mesiánico-eclesial, no para morir y desaparecer, sino para crear otro modelo (camino) de más alta identidad evangélica, de más fuerte compromiso de evangelio, desde la iglesia actual (2017).

Éste es un tema de Biblia y Teología, es un tema de Eclesiología... pero también de "biología espiritual": Necesitamos varones y mujeres dispuestos a todos los ministerios, a todos los carismas eclesiales... Otro tipo de vocaciones, otro tipo de ministros, dentro de la Iglesia actual, con José y María, con todos los cristianos.

Desde ese fondo (tras haber felicitado a los josés y pepes, josefas, pepitas etc.) quiero presentar la vida y conversión de José como modelo de una transformación de los “seminarios”, es decir, de los ministerios de la Iglesia.

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Miércoles, 22 de noviembre

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