El blog de X. Pikaza

Ángeles y Diablo 2. Sinópticos. Jesús, los ángeles y el Diablo tentador

28.03.14 | 08:17. Archivado en Jesús, Nuevo Testamento, Espiritualidad, Ángeles y demonios

LA TRADICIÓN de los sinópticos ha desarrollado y reinterpretado la postura de Jesús respecto de los ángeles y Diablo. En este desarrollo, que aquí no podemos explicitar con más detalle, me parecen significativos tres momentos:

(a) irrupción de lo angélico en el nacimiento y pascua de Jesús, para indicar la irrupción de lo divino

(b) cristologización de los ángeles, que aparecen al servicio de Jesús, es decir, de su obra mesiánica

(b) presentación del Diablo como el tentador, exorcismos; la gran batalla entre Jesús y lo diabólico.

a. Lo primero es la irrupción de lo angélico en el nacimiento y la resurrección de Jesús.

Este dato ha nacido de la necesidad de hallar otro lenguaje, un género distinto, capaz de transmitir la experiencia más profunda de la manifestación y la presencia (encarnación) de Dios en Jesucristo, en sus momentos de venida al mundo y de culminación de su camino.

Significativamente, la anunciación según Mateo sólo evoca la presencia del Ángel del Señor (Mt 1,20.24; 2,13.19), el Malak Yahvéh de la tradición israelita (sin ángeles concretos). Ese Ángel del Señor no es un espíritu más del gran ejército celeste que proclama la grandeza de Dios. Es su enviado peculiar o mensajero. Es uno sólo, siempre idéntico, es Dios mismo que se vuelve hacia los hombres, haciéndose presente sobre el mundo.

También Lucas refleja esa tradición, aunque lo hace de un modo más velado. Como mediador de las anunciaciones (de Zacarías y María) aparece el ángel del Señor, al que, en palabra antigua (cf. Dn 8,16; 9,21), se le llama Gabriel (Lc 1,11.19.26). Pero, más adelante, en el relato del nacimiento, el texto distingue perfectamente los motivos: por un lado está el Ángel del Señor, rodeado de la gloria de Dios, que anuncia a los hombres el misterio; por otro lado, está el ejército celeste, es decir, el gran coro de los ángeles que cantan la gloria de Dios (Lc 2,9-13).

Tomado estrictamente y mirado a la luz del Antiguo Testamento, el ángel del Señor, aunque acabe llamándose Gabriel, no se distingue de la presencia de Dios que se vuelve palabra de diálogo y anuncio. Evidentemente, a su lado está «lo angélico», entendido como ámbito de alabanza de Dios.

Los relatos pascuales acentúan la presencia de lo angélico conforme avanza la tradición. El Marcos primitivo sólo alude, velada, sobriamente, a un joven sentado a la derecha del sepulcro abierto: está vestido de blanco, transmite una palabra de Dios. Evidentemente pertenece al mundo angélico. Pero eso no se dice. El texto le presenta simplemente como «joven» (Mc 16,5).

Lucas quiere mantener el mismo velo de misterio sobre aquel primer anuncio de la pascua; pero corrige la palabra sobre el «joven», y quizá para fortalecer el testimonio (la ley exigía dos testigos), dice que dentro del sepulcro había dos varones resplandecientes que infundieron un miedo religioso a las mujeres. Claramente pertenecen al mundo de lo angélico, pero tampoco aquí se dice (cf. Lc 24,4).

Sólo Mateo ha explicitado el sentido de esa tradición: el Ángel del Señor (Angelos Kyriou) bajó del cielo, movió la piedra, se apareció a las mujeres y les anunció la gran palabra (Mt 28,1-7).

El ángel representa por tanto lo divino: es el mismo Dios que viene, haciéndose presente, Dios que realiza y testimonia la pascua de su Cristo. De esta forma culmina aquello que podríamos llamar la teologización nueva de lo angélico dentro de una línea de tradición israelita. También podemos hablar de una cristologización de lo angélico. La hemos señalado ya en el apartado precedente al afirmar que los ángeles que vienen para el juicio, como acompañantes y servidores del juez, se convierten ahora en ángeles del Hijo del Hombre (Mt 16,27; 24,31).

b. Cristologización de lo ángélico.

De esta forma se reformula el sentido de los ángeles, que aparecen como expansión de Cristo y así representan el poder de su presencia, el signo de su gloria. Esto es lo que de un modo eminente acaba expresándose en Mt 25,31: «Cuando el Hijo del Hombre venga en su gloria y todos los ángeles con él...». Evidentemente, ellos son los ángeles de Cristo (del Hijo del Hombre), encargados de recoger a los elegidos de los cuatro vientos de la tierra (cf. Mt 24,31), los testigos y garantes del juicio (cf. Mt 16,27). Pues bien, ahora, en el lado opuesto al Hijo del Hombre y sus ángeles hallamos al Diablo con los suyos (Mt 25,41).

Así aparecen como dos reinos opuestos, frente a frente: Cristo y sus ángeles que acogen a los justos; el Diablo y sus ángeles que expresan y motivan la calda de los malos. Satán ejerce ya funciones de Anticristo (el término aparece en 1 Jn 2,18.22; 4,3; 2 Jn 7).

d. Tentaciones.

Esa función de Anticristo la explicitan los sinópticos presentando al Diablo como tentador del Cristo. No es un simple demonio el que se acerca a tantearle. Es el mismo Satán (Mc 1,13), príncipe de todos los demonios, al que en forma singular se le conoce como «ho diábolos», el Diablo (Lc 4,2.3.13; Mt 4,1.5.8.11). Mateo concretiza aún más su nombre llamándole «ho peiradson», el tentador por excelencia (Mt 4,3).

Satán es tentador y es Anticristo porque ofrece un ideal de realidad humana que es reverso y es contrario al ideal del Cristo. Concretamente, Satán se identifica con el culto de los bienes materiales (pan), del poder (reino) y de la imposición ideológica (milagros), como encarnándose así en los poderes del mundo. Éste es su ser, ésa es su obra: la destrucción del hombre y con el hombre la lucha contra el Cristo.

Sobre la realidad de ese Satán el evangelio no abriga duda alguna: el Diablo está ahí. Se ha enfrentado con Cristo. De igual forma puede enfrentarse con los hombres. No les habla puramente desde dentro ni tampoco desde fuera. La existencia de Satán rompe los moldes cartesianos, racionalistas, del sujeto y del objeto. Satán no es objetivo ni tampoco es subjetivo; es una posibilidad real y amenazadora de nuestro ser en el mundo; esa posibilidad ha sido derrotada, vencida originariamente por el Cristo; pero a nosotros nos sigue tentando todavía. Esa tentación constituye un elemento clave en nuestra historia, como seres libres que realizamos la existencia.

A la luz de lo indicado podemos afirmar que sólo a partir de la plena manifestación de Dios ha sido posible el descubrimiento de lo diabólico: allí donde Dios se despliega plenamente en Jesús aparece también a plena luz la amenaza y tentación del Diablo. De alguna forma podríamos decir que lo diabólico es una dimensión de nuestra propia libertad caída, siempre que esa libertad se entienda como algo más que un puro subjetivismo.


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Comentarios
  • Comentario por María 28.02.12 | 19:56

    Sí! atman,todo es correcto,la única verdad que hay en el mundo es que el nacer y el morir para todos es igual,para el rico y el pobre,guapo o feo así es!!,supongo que a veces es una liberación para alguna persona incluso,y claro que nuestra vida tiene que ver con los estados de ánimo claro que si!pese a quien le pese!! pero...porqué no crees en los seres espirituales y en los Ángeles,creo que también tendrán que ver con nuestra vida y nos acompañaran siempre y supongo que nos cuidarán,yo creo que algo hay...

  • Comentario por atman 28.02.12 | 19:37

    El nacer y el morir, no es nada malo. A veces miramos la muerte con miedo, la escondemos en tanatórios
    nos suena a viaje sin retorno. Dios ha querido que formaran parte de nuestro paso por esté mundo y lo debemos aceptar con Paz, con serenidad, sin miedo. No se como reaccionaré, pero lo experimentaré como un descanso.
    Me dirás ¿qué tiene que ver con el tema? Creo que toda nuestra vida tiene que ver con nuestros estados de amimo ¿quizá sean los ángeles? No creo que tengan alas con plumas o sexo indefinido. El sexo fu hecho por el creador y no es malo. No seriamos quienes somos. Las estampitas dulzonas han hecho mucho daño.

  • Comentario por atman 28.02.12 | 19:05

    Me gustaría creer en los los seres espirituales: ángeles, y demás pero me parece un lenguaje de otra época. En los tiempos de Jesús, me imagino habrian multitud de creencias, multitud de actitudes que nos parecerian raras. Jesús vive en un tiempo determinado y en unas circustancias distintas a las que vivimos hoy, no significa que no fueran verdad, el mercado de ofertas de interpretaciones, maestros y tradiciones debió de ser bastante amplio
    Además a veces se mezclan los deseos de rabia y de ira por ser un pueblo oprimido y explotado por los romanos con las creencia religiosas. Jesús vive en esa realidad, de pueblo subyugado. Las oraciones bibilicas a veces nos parecen discordantes con el mensaje de Jesús.
    Lo que si es cierto, es que a pesar del sufrimiento de la humanidad, en tantas guerras, en tantos campos de concentración, en tantos odios y venganzas: el mal ha sido vencido. No podria existir el crecimiento y el desarrollo del universo sin esa voluntad divina de expans...

  • Comentario por Luis Enrique Antolín 28.02.12 | 18:12

    ...y desactivar o desautorizar esta razón de estar.

    Igualmente repito lo dicho en comentario a la postal de las tentaciones,tengo la impresión de es imprescindible y necesario oponer el bien al mal pero a la vez de que de por sí sólo no basta para reparar el resquicio y para desautorizar la razón de estar sino que en orden a ello se precisa también asumir por entero este resquicio y esta razón de estar a fin de desactivarlos y desautorizarlos desde dentro.Por mi parte,entendería que entre las varias significaciones de la cruz,alguna iría en este sentido.

  • Comentario por Luis Enrique Antolín 28.02.12 | 17:58

    Dice el final de la postal:"....podríamos decir que lo diabólico es una dimensión de nuestra propìa libertad caída..." .Recuerdo una frase de Schelling donde venía a decir que la libertad lo es en cuanto libertad para el mal,y quizá sea así,al fin siempre se ha explicado desde la teología la posibilidad de elegir el mal como signo y precio de la libertad.Estaría la cuestión no en negar,impedir,la posibilidad de elegir el mal,negando con ello la libertad,sino en desactivar la posibilidad misma,en vaciarla de contenido y de sentido ninguno,y para ello será preciso desactivar y vaciar el mal mismo,ya hablé de esto anteriormente.

    El mal es también una dimensión de la realidad en tanto que tiene presencia en ella,y si tiene presencia,si se ha "colado", es porque algún resquicio se lo permitía,y si se lo permitía, es también que ello le otorga digamos que una razón de ser,o más bien,una razón de estar.Correspondería,pues,"reparar"este resquicio y desactivar o..

  • Comentario por María 28.02.12 | 13:24

    Me refería a ángeles o diablos que tenemos todos en mayor o menor meda perdón.

  • Comentario por María 28.02.12 | 13:21

    Precioso texto SR Pikaza,aunque casi siempre se habla de las tentaciones de Jesús como algo malo,y realmente si fue así no olvidemos que al hacerse también hombre tendría sus tentaciones como tal (al no ser que sean otras cosas)...,también tendría algo de Dios como todos sabemos.A veces también todos tendremos algo "de Dios,y algo de diablo",porque Dios nos, hizo imperfectos,hay que adorarle,porque también hay gente buena y honesta G.A.D...;estas conversaciones son típicas de cuaresma,

  • Comentario por MOSTAZA 28.02.12 | 09:31

    Únicamente valorar y agradecer tan completo trabajo así como la bibliografía y referencia web que nos indica en su Cap.I. Saludos.

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