El blog de X. Pikaza

México 2014, Seis etapas, un camino de paz

26.03.14 | 09:07. Archivado en hombre, Amor, América Hispana, Utopía, esperanza, Violencia

Como he venido diciendo los días anteriores, estoy en México DF ofreciendo unos cursos sobre Religiones, Historia de Jesús y Propuesta de una Paz Global.

Para ese último tema he tomado como punto de partida mi libro: El camino de la paz. Una visión cristiana, Ediciones Khaf, Madrid. 2010, 336. Con esa ocasión he querido retomar y actualizar la parte final de ese libro, que me sigue pareciendo partinente

En ese contexto he querido hablar de una globalización religiosa entendida como paz universal, que no se expresa como como simple aislamiento y/o falta de hostilidades, sino como apertura universal y comunicación concreta entre los hombres y los pueblos.

Partiendo de aquí se entienden libro, los momentos y motivos básicos de la paz, entendida como plenitud humana.

Xabier Pikaza, El camino de la Paz (Khaf, Madrid 2010)

1. Paz “genética”.

Superar el modelo sacrificial. El sistema sacrificial está fundado en el supuesto de la escasez de bienes y en la ley del intercambio legal; en esa línea, el Dios-Sol de los aztecas (por poner un ejemplo) perdía lo que daba y por eso, los hombres, para mantener el equilibrio del conjunto tenían que ofrecerle nuevamente vida (sangre de guerreros muertos o sacrificados); en esa línea, la globalización se expande y realiza de forma jerárquica: todos se vinculan dentro del sistema, pero unos viven y crecen a costa de los otros. En contra de ese esquema y modelo de escasez de recursos (donde se pierde lo que da), las grandes religiones (y en especial el cristianismo) han puesto de relieve un modelo de abundancia y generosidad, propio de las relaciones humanas más profundas, en las que no existe "propiedad privada" entendida en forma exclusivista, y donde los bienes se multiplican en la medida en que se dan y se comparten. Desde ese fondo quiero responder a los problemas inquietantes que había planteado el modelo de intervención genética que estaba en el fondo del pensamiento de P. Sloterdijk (parte 3 de este libro).

Eso significa que tenemos que dejar el modelo sacrificial, construido sobre oposiciones, donde el desarrollo y plenitud de una parte implica la destrucción o sometimiento de la otra, dentro de unos esquemas jerárquicos violentos, sacralizados en nombre de Dios. Antes, en el tiempo en que los hombres luchaban entre sí por la posesión de un territorio (de manera que si lo tenía el uno lo perdía el otro) o por el dominio de uno bienes limitados, en línea de acaparamiento capitalista, podía parecer que Dios es el mayor propietario y que su bendición se expresa en forma de riqueza o abundancia particular. Pues bien, en contra de eso, ahora sabemos que en el plano superior de la cultura y de la vida afectiva los bienes se multiplican en la medida en que se dan y comparten; en este contexto podemos descubrir que Dios no es propietario de nada.

El modelo de este esquema de abundancia no es ya un banco donde se amontonan lingotes de oro, que los ladrones pueden robar (ni una economía puesta al servicio de algunos, en contra de los otros), sino el lenguaje, que no es propiedad particular de nadie, sino don y medio de comunicación para todo. Por eso, el buen lenguaje de uno (del poeta o narrador) no va en contra del derecho o la riqueza de los otros, sino todo lo contrario: cuanto más rico sea otro más me enriquece; cuanto más ofrezca yo a los demás y más regale más tengo. Dios no es propietario sino principio de donación y así debemos ser nosotros. En este contexto se entienden unas palabras programáticas de G. THEISSEN sobre el monoteísmo israelita:

La fe en el único Dios es una protesta contra el principio de selección. La armonía con una realidad central, que está más allá del mundo de la vida de los hombres, confiere una 'fuerza de supervivencia' aún a aquellos a aquellos que no tendrían ninguna posibilidad adaptándose al mundo humano... Él es un Dios universal. Es el 'entorno último', detrás de todos los entornos específicos. Por eso, si hay una adaptación lograda a esa nueva dimensión profunda que está detrás de todos los 'entornos', no puede haber ya rivalidad o conflicto por el reparto de recursos entre los humanos. Quiero expresarlo del modo más claro posible. Los medios de vida contenidos en un nicho ambiental determinado son siempre escasos; los que habitan esos niños deben competir y luchar por conseguir el acceso a esos bienes. Pero Dios nunca es 'escaso': él es el fundamento de todos los recursos; infinitos seres vivientes pueden acceder a Dios sin que sus riquezas se agoten; él da a los hombres la conciencia de una infinita plenitud en el fundamento de la realidad, de manera que puede superarse aquella competencia y lucha por la posesión de bienes... Aquí se sitúa el avance decisivo del politeísmo al monoteísmo. Mientras los hombres adoren una multiplicidad de dioses, la conversión de un Dios a otro es simplemente un cambio de un 'nicho ecológico' a otro... Por el contrario, allí donde la humanidad alcanza el convencimiento de que su 'entorno' determinante es Dios y que sus recursos pueden ser participados por un número infinito de personas, sin perder su valor, ella ha encontrado el punto de apoyo arquimédico desde el cual puede superar aquel principio universal de selección que controla todas las formas de vida. Ciertamente, ella sigue sometida en un plano vital a ese principio de selección, pero sabe que ese principio no representa ya realidad última .

Lo que Theissen dice en un plano de fe puede y debe aplicarse a todos los niveles de la vida. Ciertamente, en un plano sigue habiendo oposición y lucha por el acceso a los bienes, tal como aparece en el capitalismo. Pero estoy convencido de que el modelo del capitalismo, entendido como acumulación particular de bienes, ha fracasado y no puede aplicarse al campo más profundo de la vida donde los bienes verdaderos no están sujetos a un tipo de propiedad particular, porque son comunes y sólo en común pueden expresarse y disfrutarse.

En otro tiempo (y todavía en gran parte de los planos de la vida) los bienes fundamentales eran de tipo material y están sujetos a un tipo de propiedad privada: medios de producción (empresas), bienes de consumo que se compran y venden en el mercado. Pero en este momento, por la misma presión de los cambios en el campo del trabajo y de la "producción inmaterial", los bienes más importantes no son ya objeto de propiedad ni de mercado, sino que serán tema de donación e intercambio personal. Eso nos permite superar el nivel sacrificial, donde era necesaria la destrucción de algunos para que los otros pudieran vivir, de manera que estamos pasando a un tipo de sociedad de vida donde los bienes básicos, de tipo inmaterial, sólo se podrán tener de forma compartida.

Esto supone que los hombres y mujeres puedan comunicarse entre sí de un modo directo, aportando sus propuestas, en un mundo en que la propiedad particular, entendida al modo antiguo (propiedad de tierras o metales preciosos, de energía o de medios de producción), está perdiendo su sentido. Entramos en un espacio nuevo, que algunos llaman post-industrial, donde lo que más importa no es ya la producción de mercancías, sino el intercambio de bienes humanos, pertenecientes al mundo de la vida.
En este nivel, conforme a la propuesta de Kant, es necesario que hombres y mujeres empiecen superando las ideologías particulares y los principios abstractos, para comportarse básicamente como prójimos (cercanos), para así convivir acompañándose mutuamente, en un intercambio de bienes (productos), pero, sobre todo, de personas, empezando por el nivel familiar (que era donde los mitos habían descubierto el principio de la violencia). De esa forma, el mercado de tipo capitalista donde todo se compra y vende podrá transformarse en una plaza de intercambios múltiples, dentro del más hondo y gozoso despliegue de vida compartida.

Desde ese fondo tendremos que recrear las relaciones primeras, familiares, que son las que conforman de un modo más profundo a los hombres, superando el riesgo que los mitos habían ido señalando: sacrificio del padre o de la madre, muerte del hijo o de la hija, sometimiento de la mujer o del hermano... Así tenemos que pasar del plano de la lucha por la supervivencia (marcada por un tipo de selección biológica donde triunfan los más fuertes y mueren los débiles o menos adaptados) al plano de la fiesta de la supervivencia. Ésta es la novedad cristiana: que los otros puedan existir como distintos, en un contexto de esperanza mesiánica, expresada en la salvación de todos los pobres y oprimidos del mundo .

2. Paz religiosa, comunión de iglesias y religiones.

Las religiones antiguas se fundaban en el carácter universal y abierto de la naturaleza, pero mantenían en el fondo un esquema sacrificial: Los bienes del mundo son escasos, de manera que resulta necesaria la violencia y la victoria de unos sobre otros. En esa línea, la globalización tenía que ser “impositiva”, de tal forma que implica el triunfo de unos sobre otros. Pero después, como he puesto de relieve en la primera parte de este libro, desde el tiempo eje (entre los siglos VI y IV a. C.) se han extendido las grandes religiones y culturas, desde China y la India hasta el occidente (judaísmo, cristianismo, islam), poniendo de relieve otros valores que no se pueden imponer, sino compartir, superando de esa forma el modelo sacrificial.
Esas culturas de fondo religioso han permitido una mayor comunicación entre los pueblos, pero han corrido el riesgo del gigantismo, ahogando a los grupos pequeños, a las etnias y naciones que no han podido mantener su identidad a lo largo de los de los cambios. De esa forma se ha podido identificar culturas con religiones y se ha vinculado a las religiones con bloques de poder, de manera que el mismo cristianismo ha terminado apareciendo como una cultura político-social de tipo impositivo, relacionada actualmente con el Imperio USA o el capitalismo mundial. Esas culturas o religiones pueden ser y son caminos de universalidad, de manera que, a partir de su propia opción particular, deben buscar el bien de todos los hombres, más que el de un grupo particular, en una perspectiva en la que debe superarse el esquema “sacrificial” (con el triunfo de unos a costa de la derrota de otros), para así pasar a un modelo de don en el que se potencia la abundancia de todos, desde el don de cada uno.

Desde ese fondo podemos presentar mejor la tarea las iglesias cristianas, como expresión de la experiencia religiosa y mesiánica de Jesús. La finalidad de las iglesias no es que todos los hombres se hagan cristianos (en el sentido actual), sino que puedan vivir y esperar, gozar y amarse sobre el mundo; eso significa que ellas, las iglesias, no está al servicio de sí misma, sino de la humanidad, no puede buscar el bien de sus propios grupos, sino de los hombres y mujeres concretos que están necesitados. Su bien particular sólo importa en la medida en que está al servicio del bien de todos los hombres .
La iglesia de Jesús empezó siendo múltiple, lugar de experiencias diversas, como son diversas las lenguas de fuego del día de Pentecostés... El centro de las iglesias (y de las religiones) consiste en no tener ningún centro que se eleve sobre los demás en forma jerárquica (como en la imagen de la catedral), sino muchos centros que se relacionan y fecundan entre sí (como en la imagen del bazar o de la plaza abierta). Este modelo de comunión en la pluralidad constituye, a mi entender, el rasgo más saliente de la organización cristiana primitiva, que surgió como federación de comunidades autónomas, vinculadas entre sí por el diálogo de fe y por el pan compartido. Cada iglesia es autónoma, todas se vinculan en comunión de vida. Por eso, el bien de cada iglesia no consiste en dominar sobre las obras, sino en buscar el bien de las restantes iglesias (y de las diversas religiones).

1. Cada iglesia es una comunión, un tipo de familia expandida en la que todos los miembros son hermanos, hermanas y madres (cf. Mc 3, 31-35), sin que exista un padre “más alto” que imponga su poder en ellas . En esa línea debemos añadir que cada comunidad cristiana es una familia sanada, un lugar donde se superan las violencias de padres-hijos, hermanos-esposos, hombres-mujeres que habían destacado los mitos antiguos. Las iglesias de Jesús se establecieron en forma de comunidades autónomas, autogestionarias, compartiendo la palabra y el pan, abriendo para los creyentes unos espacios de vida y comunión gozosa, de manera que todos eran hermanos y madres, en igualdad y comunión. La organización piramidal (patriarcal) de las iglesias es un hecho tardío, vinculado a los cambios de la Edad Media. En principio, la unidad entre las iglesias se expresaba en forma comunicación y colaboración mutua, sin imposición de tipo jerárquico.

2. Comunión de iglesias. Cada iglesia es una casa o familia que se abre a otras casas-familiar, formando así redes de fraternidad ampliada. No existen iglesias superiores e inferiores, aunque algunas (como ha hecho la de Roma) pueden ejercer una función simbólica de unidad. Digo que esa función en simbólica, pues la iglesia de Roma no puede ser jerárquicamente superior a las demás, ya que entre los seguidores de Jesús no hay jerarquía al estilo de las sociedades clasistas. En ese sentido, el pacto o federación de iglesias ha de presentarse como testimonio y ejemplo de comunicación en igualdad entre los diversos grupos humanos, sin imposición de unos sobre otros, sin dictadura del sistema. Esto significa que la iglesia debe abandonar el modelo de "imperio" que fue tomando tras la conversión de Constantino (como vimos en el capítulo 2º). El ciclo jerárquico y romano de la iglesia ha terminado o tiene que terminar, para que ella pueda presentarse como lo que es: una red y comunión de comunidades iguales y libres. No podemos pedir la caída del "imperio militar y comercial" del capitalismo (centrado en USA) si es que no superamos el modelo de imperio que la iglesia ha tomado hace siglos.

3. Comunión con otros grupos religiosos. La paz del evangelio se abre a los diversos pueblos y tribus, lenguas y naciones (cf. Ap 7, 9), como ha destacado la misión paulina y el mandato del Jesús pascual cuando dice a sus discípulos que extiendan el discipulado “a todas las naciones” (cf. Mt 28, 16-20). En otro tiempo, las iglesias pensaron que podían ofrecer una experiencia de comunicación a todos los hombres y los pueblos de la tierra, sin necesidad de dialogar con otras religiones, sino procurando que los otros se convirtieran al cristianismo. Actualmente, ellas saben que no pueden cerrarse en sí mismas ni imponer su modelo de unidad, sino todo lo contrario: ellas deben abrirse en comunicación a todas las religiones de la tierra. Por eso, están llamadas colaborar con otros grupos religiosos y sociales, al servicio del hombre (es decir, del reino de Dios). Según eso, la finalidad de las iglesias no consiste en convertir a los “infieles o paganos”, sino en anunciar y preparar la llegada del Reino de Dios. Por eso, ellas deben buscar el bien de todos los grupos religiosos y sociales, para que así puedan enriquecerse mejor todos ellos.

4. Comunión de humanidad. En la línea anterior, el círculo de la comunión puede y debe abrirse, al servicio de los valores humanos, es decir, de los expulsados de la sociedad. Por eso, la iglesia ha de seguir la actitud de Jesús, que no quiso crear una iglesia para sí, sino preparar el reino de Dios, es decir, la nueva humanidad. Eso significa que ella debe abandonar todas sus pretensiones de supremacía, no por imposición, sino por servicio: no quiere tener una “razón fuerte” y dominar desde ella (o con ella) a los restantes grupos sociales, sino dialogar con ellos, en comunión y servicio, no en clave de poder.

Desde este fondo, la propuesta de paz de la iglesia... consiste en no tener ninguna propuesta especial, sino en ser de hecho espacio de paz, no de forma victimista (buscando el sacrificio en sentido sacralizado, victimista), sino de forma pascual, abierta a la comunicación de vida. En este campo resulta necesario el diálogo múltiple (en un plano cristiano, religioso y humano), superando el tiempo en que los cristianos se habían mantenido luchando entre sí o habían impuesto un tipo de dictadura interior, de tipo fanático (a través de inquisiciones, guerras sagradas o controles de fe). Este es un diálogo que, como vengo destacando, ha de hacerse desde los pobres, como P. Knitter ha puesto de relieve:

Aquí es donde la teología de la liberación de las religiones puede servirnos de gran ayuda. Si no existe un terreno común preestablecido o una esencia común que podamos establecer antes del diálogo (entre las religiones), tal vez exista un modo común de buscar o un contexto común con el que podamos comenzar el diálogo para crear nuestro "terreno movedizo" compartido. Para los teólogos de la liberación este contexto común sería la opción por los pobres y las no-personas, es decir, la opción por trabajar con y por las víctimas de este mundo. Harvey Cox lo dice con su típica claridad: "Para los teólogos de la liberación, la base para el diálogo inter-religioso es la lucha por los pobres". "La teología Latinoamericana de la liberación, la teología negra, la teología feminista, todas ellas, afirman que la experiencia de los oprimidos es un terreno hermenéutico privilegiado, que la identificación con los pobres es lo primero para lograr entender tanto la Biblia como nuestro mundo actual". Y nosotros podríamos añadir: "la opción por los pobres constituye el primer paso de los creyentes religiosos para comprenderse unos a otros". Los liberacionistas nos están diciendo que, sin un compromiso con los oprimidos, nuestro conocimiento es deficiente –nuestro conocimiento de nosotros mismos, de los demás, del Absoluto–. Con esto no quiero implicar que solamente podemos llegar a la verdad por medio de tal compromiso, sino, más bien, que sin la opción por los pobres, la verdad a la que podemos llegar es, cuando más, incompleta, deficiente, peligrosa.

Por razón de su prioridad hermenéutica y de su potencia la opción por los oprimidos (al menos en el mundo como existe hoy) nos sirve como condición eficaz para la posibilidad del diálogo; hace posible que las diferentes religiones puedan hablar entre sí y llegar a entenderse mutuamente. Si las religiones del mundo, pueden reconocer la pobreza y la opresión como problema común, si pueden compartir un compromiso común (expresado de diferentes maneras) para acabar con tales males, habrán hallado la base para superar sus inconmensurabilidades y diferencias, en orden a poder escucharse y, posiblemente, ser transformados en ese proceso .

La globalización no empieza desde arriba, en las declaraciones del imperio, ni se expresa a través de tratados políticos de grandes potencias (tratados que en un plano pueden tener ciertos valores, como mal menor) . La verdadera unión global sólo puede conseguirse desde abajo, en la línea de la trasformación personal y familiar, propia de los grupos de contacto inmediato, en redes de convivencia y comunicación directa. En ese contexto se sitúa la aportación de las iglesias cristianas y de otros grupos de creyentes. Ellos no pueden buscar su triunfo; su meta no consiste en probar que tienen razón... Lo que importa son los hombres (los pobres), no la propia razón, sino el triunfo del amor abierto, que no apela a razones, sino que se ofrece de un modo generoso, abriendo espacios de comunicación en los que puedan entrar todos, incluidos los no cristianos, los no creyentes. Las religiones (y, en especial, las confesiones cristianas) podrán sobrevivir y cumplir una tarea en la medida en que abran para los hombres y mujeres del siglo XXI unos espacios de creatividad y de esperanza compartida, en los que puedan integrarse todos los que así lo quieran.

3. Paz política, mediación de estados, clases sociales y partidos.

La paz cristiana se sitúa en un espacio concreto de encuentro inmediato, de hombres y mujeres, que son capaces de dialogar desde la Palabra (don) de Dios, en torno a la comida, en gratuidad, no por mercado. En ese nivel hemos querido situar todo este libro, de manera que podría concluir aquí. Pero los creyentes de la iglesia no pueden salir del mundo, sino que forman también parte de otro espacios de encuentro social y político (conforme a la experiencia de Pablo en Rom 13, 1-7). Por eso, siguiendo lo ya dicho al final del cap. 2º, queremos evocarlos brevemente.

1. Paz entre naciones y estados.
En sentido general, las naciones forman grupos de personas que comparten unas tradiciones culturales y sociales y a veces también una lengua. Los estados, en cambio, son instituciones políticas, militares y económicas de administración social. A partir de la Ilustración y, en especial desde el siglo XIX, estados y naciones han tendido a identificarse, pero no lo han logrado, de manera que puede haber estados multi-étnicos (como Suiza) y pueblos divididos entre varios estados (como los germanos en Austria, Alemania, Suiza y norte de Italia). Las grandes naciones-estado han sido un “invento” positivo, en la medida en que han permitido la convivencia de grupos más extensos de población, pero se han convertido casi siempre en factor de imposición. En esa línea, ellas han venido a configurarse de un modo dictatorial, utilizando para su defensa ejércitos, armas y diversos tipos de ideologías. Sólo en la medida en que ellas se flexibilicen, renunciando a sus pretensiones de unificación y dominio absoluto, se podrá hablar de convivencia directa, pacífica, entre todos los grupos sociales. Los grandes estados tienen que superar su pretensión de poder y de unidad impositiva; y los pequeños grupos nacionales deben superar también su pretensión de ruptura violenta. Unos y otros lo harán de tal manera que al fin no habrá grandes estados impositivos, ni pequeños grupos nacionales violentos, sino espacios de comunicación en gratuidad, en libra creatividad, siendo cada grupo lo que quiera y como quiera, sin más ley que la del diálogo de todos, en una plaza o mercado abierto de humanidad que no se compra y vende, sino que se comparte.

2. Paz de las clases sociales. Junto a la división más horizontal de los pueblos, unos al lado de los otros, se ha extendido en la humanidad la división más vertical de las clases sociales, de tipo más social (esclavos y libres), más "religioso" (castas de la India) o más económico (en la modernidad europea). Es evidente que el surgimiento de los pueblos puede incluir elementos de violencia o ruptura (como sabe el relato de la Torre de Babel; cf. Gen 10-11), pero ellos son también una expresión de la riqueza de la humanidad. Por el contrario, las clases sociales, entendidas en forma jerárquica, con dominio de unos sobre otros, son fruto directo de la violencia humana (una consecuencia del mecanismo de chivo expiatorio). En ese último sentido, la lucha entre las clases tiene que ser superada en la iglesia, no negando su existencia, como a veces se ha hecho, sino asumiéndola y transformándola por dentro, como supone Gal 3, 28. Eso significa que en la iglesia no hay esclavos y libres, brahmanes y parias, burgueses y proletarios, pues ellos dejan de ser tales, para aparecer como personas que dialogan y comparten lo que tienen, dentro de eso que hemos llamado el gran bazar o plaza de la vida, donde cada ofrece lo que tiene y todos pueden compartirlo.

3. Mediación no violenta de los partidos y colectivos políticos. En algunos lugares, las divisiones anteriores de pueblos y clases sociales tienden a ser sustituidas o englobadas dentro de partidos políticos. De un modo u otro, siempre han existido grupos de poder, tendencias sociales... Actualmente, esos grupos o tendencias han venido a expresarse de un modo especial a través de los partidos políticos, que actúan e influyen sobre todo en las democracias parlamentarias. Entendidos en un sentido extenso, los partidos son una expresión muy positiva de la riqueza humana: ellos han surgido para que pueda expresarse mejor la diversidad de tendencias sociales, al servicio de la unidad de todos los ciudadanos. De esa forma, los que en otro tiempo podían juzgarse enemigos (siendo condenados incluso a la muerte) se convierten en contrarios respetados, dentro de una pluralidad admitida y positiva. Pero en algunos momentos esos grupos tienden a convertirse en fines en sí mismos, interesados sólo en la toma de poder, de manera que pueden convertirse incluso en portadores de violencia.

La iglesia no puede ocupar el lugar de las naciones o estados, de las clases sociales o partidos, pues ella es por un lado más concreta (cada iglesia es un grupo de convivencia inmediata de hombres y mujeres de cualquier estado-nación, clase o partido) y por otra parte es más universal (se abre a todos los hombres). Ella no niega de manera directa la existencia de los otros planos de la vida, pero quiere mostrarse como espacio de comunicación donde quepan todos, en gratuidad, como un campo (plaza) donde pueden dialogar los hombres y mujeres de las varias tradiciones sociales y religiosas, sin exigirles más cambio que el de dialogar, desde sus diferencias y aceptando las diferencias de los otros. En ese sentido, es inter-clasista, inter-nacional e inter-partidista, no para igualar a las clases, partidos y naciones, sino para que las diferencias no se entiendan como medios de imposición y poder sino de encuentro más hondo. Para ser fiel a su identidad, la iglesia tiene que superar toda vinculación con los poderes dominantes (grupo, estado, partido), haciéndose impulso de comunicación en gratuidad.

4. Paz económica, paz ecológica.

La paz cristiana es abierta a la comunicación humana y al encuentro con el mundo, como he puesto de relieve al final de la parte primera de este libro. Por eso, ella no va en contra de la política, pero la asume y desborda, abriéndose a los anchos espacio de la vida, al gozo cósmico, a la alegría del trabajo productor, a la bendición de los bienes compartidos:

‒ Gozo cósmico, bendición ecológica. La paz cristina no es huída del mundo, sino aceptación del mundo como don de Dios. Por eso, quiero empezar destacando el gozo de la vida cósmica, en contra de aquellos que, como algunos platónicos y budistas, parecen afirmar que el mundo es sólo cautiverio y sufrimiento. Debemos recuperar el gozo pacificado del encuentro con las cosas, la belleza de la naturaleza, el equilibrio de la vida. Es muy difícil hablar de paz sin pacificación cósmica, sin gozo ecológico, sin un tipo de poesía de la naturaleza. Para que ese gozo y poesía resulte posible debe cambiar la actitud de muchos hombres y mujeres que parecen estar en el mundo para dominarlo, para conseguir más bienes de consumo, sin admiración y sin ternura, sin contacto reposado con la vida de la tierra, con los árboles y campos de los que formamos parte. Tenemos que superar una actitud de imposición, para cultivar el gozo de la naturaleza, que se ofrece a todos, en gesto de generosidad, no de lucha. Esta es la experiencia de la Pascua, que sitúa a los cristianos ante el gozo de la nueva tierra, del agua y del fuego, del aire y de la vida reconciliada .

‒ Alegría del trabajo, creatividad laboral. El hombre vive sobre un mundo arriesgado y difícil. Ha tenido que trabajar para mantenerse y crear formas de vida agradable sobre el mundo. Por eso, es necesario insistir en el valor humanizador del trabajo, entendido como despliegue del hombre, como expresión de su potencialidad creadora. Ciertamente, el hombre es un ser dis-tendido, que vive para el gozo y el descanso. Pero sólo puede vivir su dis-tensión allí donde se tensa, al servicio de sí mismo, es decir, de la tarea de ser y producir para vivir. Por eso, la paz cristianos no es paz contemplativa, del que se separa del mundo, pero no es tampoco una paz puramente impositiva (de triunfo económico o técnico). Es la paz del trabajo compartido, para bien de todos, en comunicación gratuita. Esta paz cristiana, que se expresa en forma de creatividad laboral, tiene que estar vinculada a la libertad y a la igualdad, sin que nadie tenga que vender su trabajo (vendiéndose a sí mismo), para provecho de otros grupos. De esa forma se vinculan el trabajo y el descanso, la fatiga y la respiración pausada que nos vincula a todo el universo .

‒ La bendición de los bienes compartidos. La paz cristiana no es la paz de la renuncia por la renuncia, sino de la renuncia para la comunicación, tal como se expresa en la celebración de la eucaristía: pan y vino compartidos. Así pasamos del egoísmo de los bienes, entendidos como objeto de posesión particular, al gozo de la comunión que se expresa y ratifica por ellos. Este es el gozo de los recuerdos comunicados y, sobre todo, del pan y del vino de la celebración comunitaria donde los creyentes (todos los hombres y mujeres) pueden alabar y bendecir a Dios por el trabajo y por los dones de la tierra. Aquellos mismos bienes, que muchas veces se han tomado como objeto de consumo y disputa entre los hombres, se transforman en la celebración y se convierten en signo de gratuidad, fuente de gozo. Los bienes de este mundo vienen a ser de esa manera aquello que son de verdad: regalo de la tierra, trabajo de los hombres, vida compartida. Ellos pierden su exterioridad, su carácter objetivo; dejan de ser una cosa, objeto de dominio y se convierten en trasparencia personal. Son el don de la vida de Dios que se da en alegría (como vino-sangre) y se comparte (como pan-cuerpo). A través de ellos y por ellos la realidad del mundo se convierte en realidad divina, pura contemplación. A través de ellos se expresa la alegría y bendición de la vida, que consiste en tener para dar y en dar para compartir, descubriendo así que la hondura y esencia del compartir que es el mismo Dios .

En este contexto, se puede hablar de una paz mesiánica, vinculada al comer juntos, es decir, al banquete de la vida que se identifica como amor (es decir, como bodas de Dios). Ciertamente, esa paz es más que pan material, como saben Mt 4 y Lc 4 (tentaciones), pero sin paz económica y pan compartido es imposible la pacificación integral. En este plano se han expresado y desarrollado de manera más tensa los problemas de los hombres en los últimos siglos, como ha puesto de relieve el análisis marxista de la sociedad y como han ido destacando las revoluciones comunistas, en gran parte fracasadas, y la situación actual del sistema económico capitalista .

5. Paz desmilitarizada, paz sin coacciones.

En general, la humanidad ha triunfado a través de la violencia y lucha, como hemos ido viendo a lo largo de este libro. El ejército, instrumento necesario de esa lucha, se ha tomado desde antiguo como expresión privilegiada de la identidad de un grupo social, de manera que se ha dicho: "si vis pacem para bellum", si quieres la paz prepara la guerra, es decir, ármate, crea buenos cuerpos de policía etc. etc. Pues bien, ese modelo de preparación de la paz por la guerra (sacralizando a los soldados como tales, bendiciendo las armas, con capellanes militares...) no es cristiano. Al divinizar a Jesús, crucificado por sacerdotes de Jerusalén y soldados de Roma, el cristianismo ha invertido ese esquema, de manera que los soldados (y los sacerdotes del poder establecido de Jerusalén) aparecen como expresión de la más dura y desnuda violencia e intriga de los hombres. Pierden así el halo de sacralidad, no realizan una obra de Dios, sino una función que va en contra de la más honda experiencia de Dios, que se revela por la cruz y la pascua.

De todas formas, en contra de la dinámica más honda del evangelio, las sociedades cristianas de la Edad Media y Moderna han vuelto a sacralizar de alguna forma el ejército, como hemos ido viendo en el capítulo anterior. Pues bien, ha llegado al momento en que ese proceso debe pararse, si es que queremos que la vida del hombre en el mundo continúe. Si seguimos en línea ascendente esa carrera de armamentos nos acabaremos destruyendo. Para ello es necesario superar el tipo de economía actual, el tipo de estados y sociedades, con la mentalidad de los hombres y mujeres. La situación actual resulta peligrosa, pero se puede volver favorable: muy pronto, una vez que el proceso de unificación imperial del ejército se consume (y todos los ejércitos se centran en el USA), podrá darse la gran locura (el dominio universal de un imperio perverso) o el momento de retorno en que debamos pensar todos en la superación de los poderes militares, por innecesarios y contrarios a la identidad humana.

Las grandes profecías de Israel (asumidas por Jesús en Lc 4, 18 y Mt 11, 2-4), hablan de un mundo donde no habrá necesidad de cárceles, ni de cautiverios. Esas promesas se han vuelto hoy necesarias. Vivimos en una sociedad de imposición y riesgo sumo. La riqueza del sistema provoca los deseos de una población que no puede satisfacerlos y después los tiene que reprimir con violencia. El mundo corre el riesgo de volverse una locura y para superarla es necesario combatir sus causas más que sus efectos. La tendencia actual de gran parte del mundo occidental es suicida: piensa arreglar los problemas aumentando los ejércitos, los policías y las cárceles. En contra de eso, queremos crear un mundo donde aumente la humanidad y disminuyan e incluso desaparezcan soldados, policías y cárceles

‒ Un mundo sin ejércitos. De un modo o de otro, el ejército nació para mantener la violencia sagrada, establecida a través del chivo emisario. Una vez que no sea necesario expulsar ni matar al chivo, una vez que los hombres y mujeres aprendan a convivir sin desear cada uno lo que tiene el otro, sino deseando el bien del otro, el ejército se volverá innecesario (lo mismo que los sacerdotes que sacralizan la violencia). En un sentido externo se podría empezar licenciando los ejércitos particulares de los diversos estados, para establecer un único ejército mundial. Después, una vez unificado, ese ejército podría convertirse en un tipo de policía mundial: no habría enemigos exteriores a los que combatir, como pareció que sucedía en algún momento en Roma; el ejército se convertiría en un tipo de legión o guardia pretoriana, para defensa del poder establecido... Pero, al final, el mismo orden establecido tendría que cambiar, superando su estructura de violencia, convertirse ámbito de encuentro gozoso entre todos los hombres.

‒ Una sociedad sin policías. Del ejército mundial, licenciado por falta de enemigos exteriores, podemos pasar relativamente pronto a un cuerpo de policía mundial, al servicio del orden entre los pueblos. Si el cambio no se hace bien, esa policía puede convertirse en principio y signo de poder supremo, dominando de un modo dictatorial sobre el resto de la población. Pues bien, para superar ese riesgo sería necesario convertir a los policías en agentes sociales, al servicio de la convivencia universal. Actualmente, la policía tiende a ponerse al servicio del poder establecido, sea del tipo que fuere, convirtiéndose en factor básico de represión y de un orden que se impone por la fuerza. Si la situación continúa como en la actualidad, los policías aumentarán en forma cada vez más fuerte. La única forma de superar el estado policial que está surgiendo en diversos lugares (entre ellos USA y España) es crear condiciones de libertad e igualdad, donde cada vez sea menos necesario el recurso a la fuerza, hasta que se cumplan las promesas de Is 2, 4: «De las espadas forjarán arados, de las lanzas podaderas...».

‒ Un mundo sin delincuentes ni cárceles. Para que no haya delincuentes tienen que superarse los estímulos que llevan a delinquir: las desigualdades económicas, el afán por tener y sobresalir... Para ello hay que “curar” a los hombres y mujeres, empezando por los padres y educadores, por los sacerdotes y soldados, como quiso hacer Jesús, Mesías sanador. Sólo una conversión fuerte del conjunto de la sociedad, que ofrece formas de convivencia gozosa para todos, puede llevar a vencer los riesgos de la delincuencia política y económica, sexual y de búsqueda de drogas o de otro tipo de estupefacciones. Sólo en ese contexto, invirtiendo de raíz la tendencia que ha llevado al esquema del chivo expiatorio, se puede hablar de un mundo de libertad: sin sacrificios ni ejércitos, sin esclavitud ni cautiverio, un mundo donde la respuesta final no sea el juez y la cárcel, la vigilancia y la exclusión, sino el don gratuito de la vida que se comparte y expande. Según Mt 25, 31-46, la última de las violencias de este mundo era un tipo de cautiverio que se expresa en la cárcel. Lógicamente, la superación de la violencia supone que es posible superar la cárcel.

Este no es un tema nuevo, separado de los anteriores, sino todo lo contrario. Sólo a la luz de todos los cambios anteriores, podrá darse una sociedad donde no sea necesaria la cárcel, cumpliéndose así lo que está de hecho escrito en las Constituciones de algunos de los Estados de occidente, que definen el “sistema carcelario” como escuela de convivencia y libertad. Actualmente el sistema de las cárceles (que se están convirtiendo de nuevo un castigo, más que educación para la libertad) va en contra de la Constitución e ideario básico de muchos países ilustrados (como Italia, España), que quieren ofrecer a los hombres y mujeres que, por diversas razones, se han desviado del orden social una posibilidad de reinserción y reeducación, en línea de perdón y nuevo nacimiento.
De hecho, las cárceles no cumplen esa función: más que lugares de reeducación acaban siendo espacios de simple castigo, tiempos de peor aprendizaje; eso significa que, en el fondo, ellas son anti-constitucionales”. Para que desaparezca la forma actual de las cárceles (entendidas como lugares de expulsión, cautiverio y castigo) y ellas se conviertan en espacios donde se recrea a las personas para la vida social, es necesario un profundo cambio humano, en la línea que venimos indicando.

6. Una paz para el gozo y el juego, el arte y la contemplación.

La paz de la que hablamos no puede ser simple ausencia de guerra, sino espacio y tiempo para el despliegue de la vida en unas dimensiones distintas, que no sean las de tener e imponerse unos sobre los otros, sino las del dar y compartir, las del celebrar y el gozar. Esta tiene que ser una paz para el gozo intenso y para la diversión, para el despliegue afectivo y religioso. Desde este fondo queremos evocar algunos rasgos de esa paz humana:

‒ Paz lúdica. La ensayaron los griegos, que centraron parte de su vida y cultura en las “olimpiadas”, entendidas como expresión de un agonismo pacífico. La posibilidad de integrar a los diversos grupos en un contexto agónico-lúdico de competencia que no es militar, sino que está simbolizada de forma religiosa. Actualmente el aspecto lúdico de la vida se pone más en relación con el deporte, que es un modo de “enajenarse”, transportarse, en forma de diversión que sirve para el descanso y la superación de otro tipo de tensiones. El paso de la violencia militar a la competencia lúdica, con un fondo religioso, constituye uno de los grandes adelantos en el camino de la paz. Pero ese camino se puede invertir humanidad, a partir de los niños, que nacen a la vida jugando, de manera que los juegos y deportes puedan tomarse como expresión de antagonismo creador, de estímulo gozoso, tanto en plano físico como intelectual, personal como social. Toda la vida es de alguna forma un juego de amor, desde la caricia de los enamorados hasta la sonrisa de la madre y el primer aprendizaje del niño, que mueve la mano y sonríe, que repite palabras y empieza a caminar. Sólo allí donde se descubre a Dios en el fondo de ese “juego”, cuando la vida entera aparece como juego de amor, se puede hablar de paz humana .

2. Paz artística. Algunos autores más representativos de la modernidad (desde Kant hasta Goethe) han buscado una pacificación de la humanidad a través del arte, que sería un lenguaje universal, vinculado a un despliegue no violento de la vida. El arte está muy cerca del juego de amor, aunque tiene algunos rasgos nuevos de creatividad y de expresión, de evocación y presencia. Por principio, el arte no es impositivo ni bélico; no sirve para enfrentar, sino para vincular a los hombres y mujeres ante una realidad que ellos mismos pueden evocar y que les desborda en línea de donación, de revelación.
En ese sentido podemos afirmar que por el arte nos vinculamos todos: tanto la literatura como la música, la pintura como el baile puede unirnos en un tipo de culto por la belleza. El arte ha sido y puede ser un buen camino de paz. Pero no podemos olvidar que, muchas veces, el arte ha estado y sigue estando también al servicio de la violencia, como lo muestran los cantos de guerra de los pueblos más diversos, los bailes vinculados a las batallas y toda la literatura (sobre todo la poesía) que se ha puesto al servicio de la guerra. Por eso es necesario cultivar un arte de humanidad, que no se compra ni vence, que no se impone ni exige, sino que se comparte, en gesto generoso de gratuidad.

3. Paz mística... Tras el gozo lúdico y artístico, vinculado al gozo del amor (que es la comunicación personal en todos los niveles de la vida), quiero situar el gozo religioso, entendido como desbordamiento espiritual, es decir, como pura y plena comunicación de amor, con todos los seres, con el Dios de la vida que está en el fondo de todos ellos.
Esta paz mística es propia de aquellos que despliegan su vida en alegría básica, porque hay Dios y porque hay resurrección, es decir, porque Dios mismo recoge la vida que se entrega y se pone en sus manos. Esta es la paz que brota de la experiencia originaria del amor, del que venimos y en el que somos, del amor que nos fundamenta e impulsa. Es la paz del deseo de vivir, de la vida desbordante, que podrá superar todas sus dificultades, porque es divina.

En este sentido, en la línea que va del juego, por el arte, a la religión y al amor, para todos los hombres y pueblos de la tierra, podemos hablar de una globalización del mundo de la vida, es decir, de una plenitud y pacificación ya lograda.


Los comentarios para este post están cerrados.

Comentarios
  • Comentario por AntonioL 31.03.14 | 00:55

    Justi, según mi ordenador, lo habre perfectamente igual vuelvo a poner el link
    https://www.youtube.com/watch?v=X-KVN6gBZiI&list=UUdrUxJpePjdZnPVjEW4paYQ

    Espero ahora si puedas abrirlo.

  • Comentario por Justi 29.03.14 | 14:36

    antoniol ..el video estaba en el enlace que hasdado ,pero ya ha desaparecido o al menos yo no lo encuentro
    Gracias

  • Comentario por antoniol 27.03.14 | 16:07

    aquí la presentación de Pikaza en México

    https://www.youtube.com/watch?v=X-KVN6gBZiI&list=UUdrUxJpePjdZnPVjEW4paYQ

  • Comentario por Justi 26.03.14 | 13:52

    Me alegro Pikaza, estarán disfrutando mucho los oyentes con tus ponencias y hechas con amor mucho más
    Estoy primero de todo POR ALCANZAR LA PAZ PERSONAL...fluirán todas las paces poco a poco como el agua en los remansos de los ríos

Martes, 12 de diciembre

BUSCAR

Editado por

Síguenos

Hemeroteca

Diciembre 2017
LMXJVSD
<<  <   >  >>
    123
45678910
11121314151617
18192021222324
25262728293031