El blog de X. Pikaza

Creo en Dios Padre, Murcia 3.3.14 (Youtube )

www.youtube.com/watch?v=QeQlWS-dXuI&list=UUQ4QB_irnVLefS9aSYAvf5A&feature=c4-overviewMuchas son las novedades de Jesús, y entre ellas destaca su manera vincularnos a Dios a quien llama Abba, es decir, Padre, siendo, al mismo tiempo Abba-Imma, Padre-Madre, en comunión con los Ahim (todos los hombres son hermanos).

Sobre este Dios que es Abba-Imma he pronunciado el pasado lunes (3.3.14)una conferencia en el Aula Magna del Instituto Teológico de los Padres Franciscanos de Murcia. Tuve el gusto de compartir la tarde con amigos, colegas y alumnos a quienes quiero agradecer aquí la acogida, empezando por los profesores del centro:

Ellos me hicieron el honor de grabar la conferencia y de publicarla en un you tube, que recojo ahora, para aquellos que quieran seguirla en su integridad. Añado, a continuación, una página central escrita de la conferencia. Buen fin de semana a todos.

Jesús

ha sido amigo (protector, educador) de niños, asumiendo así una función materna (más que paterna), propia del mismo Dios padre/madre. Confiando en ese Dios dice Jesús, refiriéndose a los niños: “De los que son como ellos es el reino de los cielos...”. Precisamente ahí, en relación a los niños que han de ser acogidos y crecer en manos de una buena Madre, viene a revelarse el Dios de Jesús Padre, que no sirve para avalar ningún sistema social o religioso de poder, sino para abrir a los niños un camino de vida.

En esa línea decimos que Dios es Abba-Imma, Padre-Madre, conforme a las dos primeras palabras de los niños, que Jesús enseña a proclamar a los mayores. El Dios del reino está vinculado a los niños y ellos son sus representantes... Desde este fondo ha de entenderse la invocación de Jesús, Abba, que no es palabra exclusiva de pequeños, pero que recibe en ellos su pleno sentido. En la raíz del Abba (padre) está la Imma, es decir, la madre, que enseña a los niños a decir precisamente Padre. Ésta es la palabra más honda que Jesús ha recreado desde su propia vida, no con teorías, apareciendo como “mesías materno” de un Dios paterno.

Abba-Imma, Padre-madre

Las dos palabras (Abba e Imma) son inseparables y, en principio, el Padre depende de la Madre, sin la que no tiene sentido su acción y su presencia. Ciertamente, en el centro del Nuevo Testamento se encuentra la palabra Abba, que Jesús ha utilizado en su oración, al referirse al Dios (cf. Mc 14, 36 par), y que la tradición posterior (cf. Rom 8, 14; Gal 4, 6) ha tomado como nota distintiva de su plegaria. Abba e Imma se vinculan con Ahim, hermanos:

‒ Abba es una palabra primigenia, que sólo puede interpretarse a partir de la madre (Imma), que se la enseña al niño, aunque luego ella queda a veces en la penumbra. No es la primera (es Imma), pero es absolutamente necesaria: Sólo cuando la Imma enseña al niño a decir Abba (ampliando su vinculación con ella), y cuando el niño dice así (Abba) podemos afirmar que la vida tiene sentido.

‒ Diciendo Abba, el niño no puede abandonar a la madre, pues de esa forma caería en manos de un mal patriarcalismo, quizá el mayor de los males religiosos y sociales de la humanidad actual. Pero tampoco puede quedarse en la Imma. Para que la vida del niño madure en riqueza y diálogo hace falta una buena madre (Imma) que le conduzca y lleve al Abba, descubriendo y a los hermanos.

‒Abba e Imma se vinculan con Ahim, los hermanos… que así forman parte de su relación con Dios Padre-Madre. Dios aparece así como garante de vida y familia…

Una experiencia central

Abba no es una palabra técnica, propia de discusiones eruditas, sino la más sencilla de todas las que existen, una palabra casi onomatopéyica, que el niño pronuncia y comprende en el mismo principio de su vida, al referirse cariñosamente al padre (abba), en unión (a partir) de la madre (imma) como primera de todas las experiencias que son, al mismo tiempo, profanas y sagradas. No es palabra aislada, que se entiende por sí misma, sino que forma parte de una relación doble: Imma-Abba, Madre-Padre. Es una palabra de encuentro personal, de intimidad profunda, siendo, al mismo tiempo, una palabra social, pues vincula a cada hijo con todos los restantes hijos de Dios Padre, especialmente con los pobres y expulsados de la sociedad.

‒ Una palabra, tres palabras. Por eso, tomada en sí misma, esa palabra alude a un Padre que no solamente incluye elementos de Madre (es padre materno, padre tierno), sino que sigue teniendo a su lado a la madre, de la que depende (la Madre es la que sigue haciendo que el hijo diga Padre), y sigue siempre acogiendo a los restantes hijos, especialmente a los pobres. Por eso, siendo palabra de la más fuerte intimida, es principio y exigencia de justicia.

‒ Dios trascendente, Dios Yahvé… presencia familiar. No basta, por tanto, que el padre sea cariñoso y paterno, sino que siga teniendo a su lado una madre, pues Abba (Padre) ofrece una experiencia relacional y sólo tiene sentido dentro de la relación de la Madre (Imma) con el Hijo (Ben, Bar). No basta tampoco que sea paterno y materno, si no lleva en sí una fuerte exigencia de justicia, de transformación social, desde el evangelio.

Ciertos discursos dogmáticos (ontológicos) cristianos han olvidado esas referencias y han secado el evangelio, como si sólo se pudiera hablar de Padre e Hijo en perspectiva patriarcalista (Padre-Dios patriarca da poder al Hijo-Dios, también patriarca), borrando a la Madre o identificándola de una forma difusa con el Espíritu Santo, en una línea que parece implícitamente aceptada por los grandes concilios (de Nicea a Calcedonia: 325 y 451 d.C.). Han olvidado que el Padre y la Madre, que son un solo Dios, se encuentran vinculados de un modo especial con todos los hijos, en especial con los más pobres.

Antes de toda teoría, una palabra originaria

Un Abba sin Imma no es sólo enfermizo sino contrario al evangelio, pues al lado del Abba ha de estar la Imma como iniciadora y testigo del Padre. Su misma cercanía (las dos palabras marcan el acceso del niño a la vida personal consciente) definen su identidad. Un Abba-Imma sin Ahim, es decir, sin hermanos, carece de sentido, es contrario al evangelio.

Muchos han aplicado a Dios palabras muy sabias, como si hubiera que dejar la infancia para encontrarle, como si la experiencia del niño fuera incapaz de abrirnos a la hondura de la Realidad. Pues bien, Jesús ha vuelto de algún modo a la infancia (en ejercicio de intensa neotenia), recuperando ante Dios su primera experiencia de niño en brazos de la madre (Imma) que le lleva al padre, pudiendo decía así Abba (que es siempre Padre desde la Madre).

Otros no se han atrevido, Jesús, en cambio, lo ha hecho y de esa forma ha saludado a Dios de un modo intenso con la más fuerte de todas las palabras, aquella que los niños confiados y gozosos aprenden de boca de la Madre (Imma) para referirse al Padre (Abba) en quien creen y confían, sin dejar por eso a la Madre (sino todo lo contrario), aprendiendo con el Padre-Madre a decir Ahim, hermanos, con palabra y con hechos.

Conocer a Dios resulta, para Jesús, lo más fácil y primero; no ha necesitado argumentos para comprender su esencia divina, no ha buscado demostraciones: Su madre María le ha enseñado a decir Abba y en el abba familiar (José) ha podido descubrir el rostro de Dios Abba, un Padre con madre o, mejor dicho, un padre-madre que es impulso y es fuente de vida para todos los hermanos.

La primera enseñanza, Dios Padre-Madre

Para hablar así de Dios debemos aprender, pero, al mismo tiempo, olvidar o desaprender muchas cosas acumuladas en la historia religiosa de los pueblos (¡si no os volvéis como niños!). Jesús quiere que volvamos a la infancia, en gesto de neotenia creadora, es decir, de recuperación radical de la niñez, en gesto que vale para todos los pueblos: En principio, un niño a quien la madre enseña a decir “padre” no es judío ni griego, hombre ni mujer, esclavo ni libre (cf. Gal 3, 28), sino simplemente un ser humano con Madre (o con alguien que haga sus veces) aprendiendo a decir Padre, en un contexto donde reciben dignidad todos los hermanos.

Para muchos de su tiempo, la religión implicaba un ascenso a la altura supra-humana, un conocimiento esotérico, el cumplimiento de unas normas sacrales y/o sociales, en la línea de un judaísmo legal o de otro tipo de sistema sagrado. Pues bien, en contra de eso, como niño que empieza a nacer, como hombre que ha vuelto al principio de la creación (cf. Mc 10, 6), Jesús se atreve a situar su vida y la vida de aquellos que le escuchan en el mismo principio de Dios, a quien, guiado por la mano de una Madre, aprende a llamar ¡Padre! (es decir, Padre con Madre), en la medida en que descubre a su lado a los hermanos, para quienes vive.

Su experiencia religiosa es una parábola de madre y padre, que se expresa después como unión de hijo y hermano con los hermanos (cf. Mt 11, 25-27). No es algo que se aprende por fuera, sino la misma vida. No es algo que se sabe y resuelve de antemano, ni resultado de una larga demostración, sino en el mismo despliegue humano, que se va expresando a medida que se avanza en el camino, empezando por las primeras palabras de la vida, imma-abba. Por eso, la experiencia de Dios como Madre-Padre resulta inseparable del camino concreto, diario, de su vida y, en especial, de su entrega a los hermanos. Jesús se ha confiado en Dios Madre-Padre y de esa forma ha vivido, dialogando con la tradición de su pueblo y de su entorno religioso pero, sobre todo, viviendo de un modo trasparente, ante el Dios que madre-padre. No ha dejado de ser niño para hacerse mayor, sino que se ha hecho mayor profundizando en su experiencia de niño.

En el camino de Jesús, Dios Madre-Padre

Desde ese fondo podemos decir que Jesús ha recorrido el camino de Dios Madre-Padre de manera descendente y ascendente: Jesús desciende (viene de) Dios Madre-Padre; y, al mismo tiempo, asciendo, buscando su presencia.

Camino descendente. Yahvé como Padre. El Dios de Jesús es Imma-Abba (Madre-Padre), porque alimenta, sostiene y ofrece un futuro de vida a los niños y, con ellos, a todos los humanos que aparecen de esa forma como hermanos. Es Padre materno, que alienta la vida de los hombres. Filón había interpretado a Dios como Padre cósmico, creador y ordenador de cielo y tierra, dentro de un esquema ontológico, distinguiendo nítidamente las funciones de padre y madre. En contra de eso, Jesús le presenta como madre-padre de los pobres y excluidos de la sociedad, niños y necesitados.

‒ Camino ascendente, Jesús sube y nos lleva a Dios Abba-Imma, en unión con los hermanos (Ahim). El modelo para hablar de ese Dios Padre no son los grandes varones patriarcalistas (sacerdotes, rabinos, presbíteros y sanedritas), sino aquellos varones y mujeres que, como Jesús (por estar bien fundados en un madre-padre), han abierto un espacio de vida para los demás, para los hermanos (en especial para los pobres), que son hijos de Dios. En ese contexto de simbolización paterna ha de entenderse la nueva visión que Jesús ha tenido del matrimonio, entendido como espacio permanente de fidelidad, donde varones y mujeres compartan un mismo camino de amor, en gesto de intimidad y de compromiso liberador.


Los comentarios para este post están cerrados.

Comentarios
  • Comentario por isa 08.03.14 | 18:18


    Magnifico Pikaza, me ha gustado mucho la conferencia, no solo escribes muy bien, sino que gusta escucharte, porque se entiende tambien. Gracias.

  • Comentario por Xabier Pikaza Ibarrondo [Blogger] 08.03.14 | 08:06

    Gracias Juan Manuel, son tus buenos ojos... Un saludo a los amigos de la escuela Xabier

  • Comentario por Juan Manuel González 08.03.14 | 05:34

    Acabo de escuchar tu conferencia en You Tube, me pareció excelenete y
    además,
    admirable, lo bien que te ve: claridad conceptual, buena dicción, soltura.
    ¡¡¡estás en la plenitud!!!

    ¡Felicitaciones!
    Amigo y mestro!
    Cordial como siempre.
    Juan Manuel González (desde Córdoba de Argentina)

Martes, 17 de octubre

BUSCAR

Editado por

Síguenos

Hemeroteca

Octubre 2017
LMXJVSD
<<  <   >  >>
      1
2345678
9101112131415
16171819202122
23242526272829
3031