El blog de X. Pikaza

Muerte y Asunción, la raíz judía de María

14.08.13 | 22:46. Archivado en Iglesia Instituciones, Nuevo Testamento, María, Liturgia

Día de la Asunción: 16.08.13.Siempre que he ido a Jerusalén he bajado las escaleras de la Basílica de la Dormitio (imagen final), lugar donde la tradición recuerda con mucha verosimilitud la muerte de María y su sepultura. Es un lugar “sagrado”, que las grandes rutas turísticas apenas explotan, un lugar de emoción para amigos de la Madre de Jesús, que murió siendo "judeo-cristiana", algo que la mayoría de nosotros olvidamos.

María perteneció, con su hijo Santiago, a la comunidad Judeo-Cristiana de Jerusalén, la Iglesia de los Pobres (no a la Iglesia triunfante de los herederos más o menos rectos de Pablo).

Por eso, los cristianos de la línea helenista que se impuso después (sobre todo a partir del 70 y del 132-134 d.C, tras las durísimas guerras judías) apenas la recordaron al principio, o lo harán de un modo “místico”, poco real (a pesar de los esfuerzos “ecuménicos” de Mateo, Lucas y Juan.

Hoy, cuando celebramos la Asunción de María a los cielos, muchos corremos el riesgo de olvidar su “dormitio”, su muerte real, como judeo-cristiana, el lugar de su sepulcro, su identidad personal. Por eso he querido recuperar este día algunos rasgos de su “historia”, pero lo haré sólo al final de esa reflexión. Quien busque lo esencial vaya al final, pase por algo las reflexiones teóricas del principio. Buen día a todos. Sigue pendiente el motivo de la posible “ordinatio” de las mujeres en la Iglesia.

((Pongo una imagen de la iglesia de la Dormitio de María…, que fue reedificada por los cruzados Allí he pensado más de una vez las reflexiones que ahora siguen… Ella, la madre nazarena/nazorea de Jesús murió y fue enterrada y venerada en Jerusalén. Los cristianos católicos creemos que está en cuerpo y alma en el Reino de Dios, eso es la Asunción. Para entenderlo mejor he escrito lo que sigue)).

UN DOGMA MODERNO

El dogma de Asunción afirma que María, mujer concreta, madre de Jesús, “subió al cielo como mujer plena”, es decir, como persona (lo de cuerpo y/o alma tienen que discutirlo los teólogos). ´Wsta es la fe que Pío XII definió en 1950, poniendo de relieve la vinculación de la Madre con su Hijo Jesucristo, diciendo que

«La Inmaculada Madre de Dios...
cumplido el curso de su vida terrestre,
fue asunta en cuerpo y alma a la gloria celestial»
(Denzinger-Hünermann 3903).

Es la fe que se puede aplicar a miles y millones de cristianos, a miles y millones de personas, vinculadas a Jesús en su camino, como María su Madre. El Papa dice que María ha culminado su camino, ha terminado (ha muerto), alcanzando la gloria mesiánica de Cristo, su Hijo, viniendo a presentarse así como un signo para el conjunto de la humanidad, que también ha de ser elevada en carne (cuerpo y alma) a la gloria de Dios, que es la justicia fraterna, que es la comunión de vida entre los hombre y mujeres. No hay para María inmortalidad del alma, sino resurrección total, de la persona, es decir, despliegue y plenitud del cuerpo mesiánica del que María forma parte, como supo la iglesia primitiva

La vida de María en la tierra ha sido un curso, una carrera hacia la muerte, en comunión con los demás, a través de Cristo, su hijo, y de todos sus restantes hijos y hermanos (cf. Mc 3, 31-35). Pues bien, cumplido ese curso vital, que había comenzado por el nacimiento, María ha sido asumida (assumpta) a la gloria de Dios, que se identifica con la misma Resurrección y Ascensión mesiánica de su Hijo Jesús, que se expresa y expande en el camino de la Iglesia.

Un tipo de antropología helenista, dominante en la iglesia, ha venido afirmando que el alma de los justos sube al cielo tras la muerte (porque ella es inmortal), pero que el cuerpo tiene que esperar hasta la resurrección del fin de los tiempos. En contra eso, situándose en un camino distinto de experiencia antropológica y de culminación pascual, este dogma afirma que María ha culminado su vida en Dios, por medio de Jesús, en cuerpo y alma, es decir, como carne personal o, mejor dicho, como persona histórica, en comunión con las demás personas que han estado y siguen estando implicadas en su vida. Eso no significa que ella no haya muerto… Ni significa que su “cadáver” haya desaparecido. No se trata aquí del “cadáver” físico, sino del “cuerpo” total de María, de su vida en plenitud, de su persona.

En el centro del “dogma” cristiano, del gozo de la vida

De esa forma, este dogma, nos sitúa en el centro del misterio cristiano, vinculado a la muerte y resurrección de Jesús, vinculado al “cuerpo y alma” de los hombres y mujeres, de todos los que de un modo o de otro, quizá sin saberlo, están unidos a Jesús. Como he dicho, este dogma no niega la muerte, no dice que el alma sea inmortal por su naturaleza; no escinde o separa a María del resto de los fieles, como si a ella se le hubiera ofrecido algo que no se da a los otros, como si ella fuera la única que muere y sube (resucita) al acabar el curso de su vida. Al contrario, este dogma abre para todos los creyentes una misma experiencia pascual, asumiendo con Jesús la muerte. María aparece así como primera cristiana completa, pues la vemos en Jesús y por Jesús como primera de los resucitados.

En esa perspectiva ha de entenderse la tradición de la iglesia, que ha vinculado la Asunción con la Coronación de María como reino del cielo y de la tierra. Evidentemente, se trata de una imagen, pero es muy significativa: a través de su vida mesiánica, al servicio del evangelio de Jesús, habiendo superado toda forma particular o egoísta de búsqueda de sí, María ha sido recibida en el misterio de la Trinidad de manera que el Padre y el Hijo unidos la coronan con el Espíritu Santo (que puede aparecer en forma de paloma). De esa manera su misma carne queda integrada en el misterio de Dios, pero no en nombre propio, de un modo exclusivo, sino en nombre y del conjunto de la historia humana.

El mismo Dios que se ha encarnado en Jesús recibe en su gloria la carne de su humanidad (su gran cuerpo mesiánico), empezando por la carne de María, su madre. Por eso dirá el Vaticano II que ella no se puede separar de los creyentes, pues su camino sigue siendo el camino de la Iglesia o, mejor dicho, de la humanidad entera, abierta hacia Dios a través de una solidaridad de vida y muerte, de generación y solidaridad encarnada (cf. Lumen Gentium, 63-65).

Carece de sentido hablar de una Asunción exclusiva de María, pues ello iría en contra del gran principio de la unión de los creyentes en la carne. Los artículos finales del de la confesión de fe (creo en la comunión de los santos y en la resurrección de la carne) sólo pueden entenderse si es que ellos se vinculan entre sí, de manera que se hable al mismo tiempo de una comunión de la carne de la historia (no un plano de ideas o principios generales), para superar así el pecado y la injusticia de la tierra, y de una resurrección de los muertos, en la culminación de historia.

HACIA UNA FUNDAMENTACIÓN HISTÓRICA

Ésta ha sido y es un “dogma” discutido. Principios

Éste ha sido ciertamente un campo discutido, de tal forma que los cristianos han venido a dividirse y distinguirse desde su visión del símbolo mariano. Pero no es campo arbitrariedades, pues no todos los enfoques resultan igualmente razonables y bellos. En este lugar de profundización creyente y creación simbólica de la figura de María hemos querido situarnos, releyendo en clave de hermenéutica cristiana (ecuménica) y religiosa (humana) algunos relatos del NT. Hablamos desde una perspectiva católica, pero luego abrimos el enfoque y situamos la figura de María sobre un fondo donde caben las diversas confesiones cristianas. ((Cf. R. E. Brown, K. P. Donfried, J. A. Fitzmyer y J. Reumann (eds), María en el NT, Sígueme, Salamanca 1986; más información en S. C. Napiorkowski, Ecumenismo, NDM (Nuevo diccionario de Mariología, Paulinas, Madrid 1991) 644-653; M. Gesteira, Reforma, NDM 1689-1712; G. Gharib, Oriente cristiano, NDM 1498-1513. Quiero advertir que mi estudio se fija más en el método y acercamiento hermenéutico que en la discusión de contenidos y soluciones hermenéuticas.

-En nivel de historia humana (accesible de algún modo a todos los testigos) María ha sido mujer mediterránea, de origen galileo, madre conflictiva de un pretendiente mesiánico judío y luego miembro de su iglesia judeo-cristiana, como saben Lucas y Juan (a pesar de que Juan quiera hacerla miembro de la comunidad del Discípulo Amado.

- María no es por tanto una nueva versión del mito femenino de Dios, ni mujer eterna o avatara intemporalmente hermosa de la más hermosa de las diosas de oriente. Sobre la base firme y dura de su historia concreta de mujer y persona se funda y recibe sentido lo que sigue. Si en un momento dado olvidamos esta base destruimos el sentido cristiano de María como ser humano verdadero, como mujer y persona importante en la vida de Jesús y en el comienzo de la Iglesia, según el testimonio convergente de Lucas y Juan.

- Los cristianos helenistas han recreado simbólicamente la figura de María, descubriendo y/o expresando en ellas signos fuertes de la religiosidad humana del entorno y algunas novedades de la nueva experiencia evangélica del Cristo. Ella ha recibido así un profundo significado dentro del espacio de la confesión creyente. Los evangelios no conservan y/o elaboran su recuerdo para saciar una curiosidad, por otra parte lícita, acerca de la madre de Jesús sino para expresar el sentido de la fe.

- María actúa así como un catalizador simbólico del mesianismo cristiano: resulta difícil “contar” (transmitir) el sentido de Jesús sin aludir a su madre, expresando en ella el principio, camino y meta de la nueva experiencia creyente. Su símbolo no sirve para negar o camuflar la historia sino para afirmarla en su profundidad creyente.

Riesgo mítico

- La figura de María se sitúa desde tiempo muy antiguo (casi desde el mismo Nuevo Testamento interpretado en claves simbólicas, como ha sido ya quizá en ciertas lecturas de Ap 12) en el principio de un camino de apertura tendencial al mito. Llamo mito al símbolo de tipo intemporal que se desliga de la historia y expresa en forma imaginaria aquello que parece haber sido y será siempre, el eterno y divino retorno de las cosas. Entendido así, el mito destruiría la individualidad histórica de la madre de Jesús, no viéndola como persona individual sino como expresión de lo sagrado (femenino o materno) que se expresa en ella.

- El mito unifica lo divino con lo humano en un tipo de simbiosis suprahistórica, al proyectar hacia lo eterno (lo divino) los elementos fundamentales de la vida histórica: el nacer y el morir, lo masculino y femenino, la guerra y la concordia etc. En ese fondo María vendría a convertirse al fin en diosa. De manera muy normal, al situarla en el lugar donde el hombre y Dios se unen, la mariología coloca a la madre de Jesús, al menos de manera tendencial, en una línea abierta al mito; ella termina asumiendo (sin negar la historia) temas que el mito había desarrollado en plano transhistórico al hablar de la madre divina o la mujer sagrada. He elaborado de manera extensa el mito de lo femenino en las diversas versiones del antiguo oriente, en Hombre y mujer en las religiones, EVD, Estella 1996. Volveré al tema al final de este libro (desde Ap 12).

- Parece claro que existe un cierto arquetipo de lo divino femenino, tal como destaca la psicología de vertiente junguiana y muestran las varias religiones del oriente mediterráneo donde Deméter, Isis, Cibeles, la Madre Celeste y la Diosa Siria aparecen de algún modo como intercambiables. Pero en un segundo momento debemos afirmar que el arquetipo no está clausurado, no tiene que permanecer siempre de un modo. La realidad y sentido de la mujer no es algo que preexiste en un nivel celeste y se impone desde arriba sino un valor personal que los mismos seres humanos (mujeres con varones) vamos conformando a lo largo de la historia.

Pero la veneración a María es más que un signo mítico.

- En la visión cristiana de María influye ese arquetipo y el motivo de la hierogamia (y la figura de la Madre-Diosa) pero su elemento desencadenante y central es la historia concreta de la María. Cuando los cristianos hablan de ella no la recuerdan y veneran de un modo general como madre divina del paganismo universal sino como madre humana concreta del Cristo, descubriéndola misteriosamente vinculada al proyecto histórico y mesiánico de su hijo, que es el mismo Hijo de Dios.

‒ La fiesta de la “asunción” de María en el cielo… no es la celebración de un ser divino femenino (eterno, fuera del orden de la historia), sino el recuerdo de la vida y testimonio de María, la Madre de Jesús, un recuerdo que ha sido transmitido por la comunidad judeo-cristiana, a la que debemos estar inmensamente agradecidos. En su concreción histórica, como madre de Jesús y miembro de la iglesia, ella ofrece nueva identidad al ser humano, vinculado a Jesús en una historia de búsqueda, de encarnación y de fe…

-- Los judeo-cristianos han recordado en Jerusalén a la Madre de Jesús que ha culminado su camino en un gesto de fe y que ha sido enterrada al otro lado del torrente Cedrón, en uno de los lugares más "santos" de la memoria cristiana, bajo el Monte de los Olivos (su sepultura en Éfeso es una “invención” mística sin base alguna, a pesar de que hayan ido por allí un par de papas despistados de estos últimos decenios). Allí sigue estando la pieda de su “tumba” en Jerusalén (imagen segunda), uno de los lugares de peregrinación más importantes de la cristiandad.

La tumba de María en Jerusalén. Ecumenismo mariano

‒ He dicho que la tumba de María la Madre de Jesús está bien atestiguada en Jerusalén, junto al torrente Cedrón. Allí veneraron su memoria los judeo-cristianos, desde antiguo (tanto Lucas como Juan, y en algún sentido el mismo Mateo) retomaron tradiciones de María, la Madre de Jesús, como Gebira de la Iglesia… Pero los paganos-cristianos posteriores apenas recordaban la memoria de María la mujer concreta. Crearon un tipo de signo sagrado de “madre virgen” en abstracto, pero olvidaron a la Madre concreta de Jesús, a quien seguían recordando los judeo-cristianos.

‒ Por eso, los primeros peregrinos cristianos que acudieron a Jerusalén no recuerdan (no visitan) la tumba de María, porque estaba en manos de judeo-cristianos… Sólo mucho más tarde, cuando los judeo-cristianos desaparecen (por diversas razones) se empieza a recordar el lugar de la Dormitio de María, es decir (de su muerte-pascual, de su vinculación a Jesús). Éste argumento ha sido desarrollado con su habitual honradez y precisión por Ariel Álvarez, María de Nazaret. Visión bíblica Actual, Nueva Utopía, Madrid 2012.

- La mariología verdadera es una expresión simbólica (creyente) de la figura de María, no un desarrollo del mito del eterno femenino. Ciertamente, está en su fondo el riesgo del mito, y no podía ser de otra manera, pues la madre de Jesús asume para el creyente aspectos y valores de aquello que muchos pueblos han expresado al hablar de la gran mujer/madre divina. Pero todo eso queda asumido y superado (recreado) en la historia concreta de María, en clave de evangelio. Sólo pueden conservarse los posibles valores del mito (de la diosa/madre, del eterno femenino) allí donde ellos vienen a ser recreados en el símbolo personal de María, sobre el suelo firme de la historia de Jesús, entendida y actualizada desde el conjunto del evangelio, dentro de la iglesia.

‒ La grandeza de María no está en ser diosa/mujer, no está en el signo de su maternidad sagrada; ella es grande por ser sencillamente humana: la madre (al fin) creyente del Hijo de Dios… La madre que vivido intensamente el misterio (dolor y esperanza) de su Hijo… Asumiendo finalmente el camino de la Iglesia (de la Iglesia judeo-cristiana, que conservó su memoria). Lucas la pone en el centro de todas las iglesias del principio (Hech 1, 12-14) y el Cuanto Evangelio dice que su “casa” espiritual fue la comunidad del Discípulo Amado. Pero de hecho, ella, fue una judeo-cristiana, cuya figura todavía tendremos que recuperar de un modo histórico, antropológico y ecuménico..

REFLEXIÓN FINAL Y CONCLUSIÓN

Sólo el hombre nace, sólo el hombre muere Las restantes plantas y animales ni nacen ni mueren, sino que forman parte de un continuo biológico, sin identidad personal. Sólo el hombre nace, sólo el hombre muere… Así lo han destacado sobre todo los judíos, el pueblo de María; ellos no han querido evadirse de la muerte, como han hecho otras culturas. De esa forma, mirando cara a cara a la muerte, han aprendido y han sabido que la muerte nos reduce a la suma soledad, abriéndonos, al mismo tiempo, a la vida de los otros. Si no muriéramos no dejaríamos sitio en el mundo para los que vienen. Si no muriéramos haríamos imposible la vida de nuestros sucesores. Tenemos que morir para que otros vivan, abriendo con nuestra vida y muerto un cuerpo en el que ellos pueden encarnarse y seguir el camino de Dios.

La muerte nos da miedo, el miedo supremo, pero sólo por la muerte podemos gozar de verdad y dar la vida a los demás. «Por la muerte, por el miedo a la muerte empieza el conocimiento del Todo... Todo lo mortal vive en la angustia de la muerte; cada nuevo nacimiento aumenta en una las razones de la angustia, porque aumenta lo mortal». Así comenzaba Rosenzweig su libro más inquietante y luminoso de antropología judía (La Estrella de la Redención, Sígueme, Salamanca 1997 43-44).

En un sentido, ese saber sobre la muerte es maldición, como ha visto el relato del “pecado ejemplar” de Adán/Eva, en Gen 2-3: “el día en que comas morirás…”. Pero, en otro sentido, este morir (saber que se muere) puede y debe convertirse en bendición, en el momento culminante del sí a la vida, a la vida de Dios, a la vida de los otros. Sólo los hombres pueden morir por los demás; sólo los hombres pueden dar de verdad su vida, abrir su cuerpo, para que otros vivan de su mismo cuerpo (como Jesús, como María).

Sólo porque sabemos que vamos a morir podemos vivir, arriesgarnos y amar de verdad a los otros. Un hombre de este mundo, condenado a no morir, sería el mayor de los monstruos, un ser angustioso y angustiante. Morir es muy duro. Pero mucho más duro sería no poder morir, no poder dejar la vida… Una vida para siempre sólo tiene sentido cuando cambien las condiciones de este mundo, en la línea de Jesús, en la línea de María su madre. Sólo por la muerte (cuando damos la vida a los otros, como Jesús en la cruz) puede haber resurrección (ascensión al cielo).

Así lo han descubierto los cristianos en la Pascua de Jesús, sabiendo que Jesús ha muerto porque vivía, ha muerto para vivir (para que llegue el Reino), ha muerto para que otros vivan. Así lo visto la iglesia, descubriendo que todos los creyentes (¡todos los pobres!) mueren y resucitan y suben al cielo con Jesús, a un cielo de carne, de cuerpo y alma. Por eso han podido aplicar esta experiencia a María, madre y hermana de todos, en Jesús.

Sólo aquel que acepta la muerte (y que es capaz de morir en amor y por amor) puede vivir en plenitud, vive por siempre (como vemos en María). El autor judío ya citado, Rosenzweig, supone que muchos filósofos y pensadores religiosos han querido engañar a los hombres con una mentira piadosa, diciendo que son inmortales y añadiendo que la muerte no es más que una apariencia. Pues bien, ese consuelo es mentiroso y se sitúa en la línea de la evasión gnóstica o espiritualista. Ninguna respuesta compasiva puede aquietar a los hombres, que nacen y mueren, ninguna teoría teórica puede convencerles. Los hombres mueren ese el destino; mueren y no son felices… pero todavía serían más infelices si no pudieran morir. Los hombre mueren, pero pueden descubrir en la muerte la mano de Dios y ofrecer su mano de amor a todos, como ha hecho Jesús, como ha hecho María.

El dogma de María

En ese contexto se sitúa la respuesta de la fe judía y cristiana, cuando afirma que el sentido de la vida está en vivir para los demás… y que de esa forma la misma muerte, sin perder su bravura y dureza y enigma (¡Dios mío, Dios míos! ¿por qué me has abandonado?), se convierte en signo de solidaridad, en vida que se abre (como ha visto de un modo impresionante el evangelio de Juan, al descubrir que del costado muerto de Jesús brota la vida, de manera que la misma muerte es ya resurrección). Pues bien, la Iglesia ha creído que María ha muerto como Jesús, dando la vida. Por eso la venera en la muerte, como signo de Resurrección y de Ascensión (Asunción).

Éste es el contenido de la fe, de la fe en la carne resucitado y compartida. Morimos solos, pero morimos, al mismo tiempo, para todos y con todos, en Dios, de manera que nuestra vida (nuestra carne) pueda hacerse vida y carne (cuerpo) para los demáss. Ésta es la fe que los judíos siguen poniendo en manos del Dios en quien esperan, ésta es la fe que los cristianos descubrimos y proclamamos en la resurrección de Jesús quien, al morir por los demás, ha desvelado y realizado por su pascua el gran don de la vida de Dios: se ha hecho “cuerpo mesiánico” para todos.

Quizá sea bueno recuperar la figura de María como gebîra, madre mesiánica, tal como la han visto y acogido los judeo-cristianos. Lo dejamos para otro día.


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Comentarios
  • Comentario por acs 21.08.13 | 08:54

    Y haría muy bien. Una lástima que no se lo planteen los que desde sus certezas pontifican contra la Iglesia, tergiversando lo que dice en vez de plantearlo tal como es, lo mismo si están de acuerdo que si no lo están.
    Por ahí descubren la pólvora de que María dice: "haced lo que él os diga" y lo asocian con el rechazo de su maternidad -curiosamente los dos lemas son los preferidos de los religiosos marianistas:
    "Ahí tienes a tu hijo" y "haced lo que él os diga"
    A quien no le guste, que pase, pero que no lo convierta en lo que no es.
    No se rechaza la humanidad de María con lo que se dice acerca de ella, lo que se hace es resaltar la divinidad del humanísimo Jesús. María es plenamente humana y sólo humana, pero representante de la humanidad que acoge a Dios en ella. Y es que Dios todo lo hizo bueno.
    Dios Padre y Madre sí, pero no humano como Padre-Madre, sólo como Hijo se humaniza. Por eso, una madre humana es distinta y necesaria.
    Si no se va de sobr...

  • Comentario por Atman 20.08.13 | 19:23

    En la vida no sobra nada. Todos los seres humanos se hacen preguntas y los Evangelios son las respuestas de los interrogantes de los primeros cristianos a la luz de la Resurrección. ¿quién es éste? ¿quién es tú madre? ¿quiénes son tus hermanos? todas estas preguntas y muchisimas más, se las hacían ellos y nos las hacemos nosotros.. Yo no soy teólogo, estuve en un seminario hace mucho tiempo, pero mi fe siguió dando vueltas, muchas vueltas y me seguirá dando vueltas hasta el día de mi muerte, afortunadamente, no tengo certezas, tengo fe, si tuviese certezas iría rápidamente al médico de cabecera para que diese cita con el psiquiatra.

  • Comentario por sofía 19.08.13 | 23:48

    Se sugiere humildemente que se deje de sugerir humildemente que es verdad lo que no es cierto. El dogma es el que es, la doctrina oficial es la que es, y no hay más historias.
    Y una cosa es explicarlo a partir de lo que dice en realidad y otra inventarse que dice lo que no dice, para ridiculizarlo sin ningún fundamento.

  • Comentario por Graciela Moranchel 19.08.13 | 17:45

    Se sugiere humildemente que se estudie mejor la "historia del dogma mariano" antes de esgrimir opiniones ligeras sobre los comentarios de otros hermanos y sobre la doctrina de la Iglesia, que no tienen ningún fundamento. Muchas gracias.

  • Comentario por sofía 19.08.13 | 12:58

    Ah, y por supuesto María, siendo un miembro más de la humanidad, no es una más, sin más. Es la persona en la que la humanidad y la creación entera acoge libremente a Dios. Y por tanto se puede hablar de ella en ese sentido, como representante de todos, como algo más que cada uno de nosotros, por ser la primera salvada, por ser la primera creyente.
    Y a partir de ahí todo lo que sea explicar mejor los dogmas, me parece perfecto. Sin atribuir ideas falsas a la Iglesia, que sí, se hace desde el lado de la promariología inculta, por lo visto y aquí hay un ejemplo, pero se fomenta desde la submariología culta, que comienza corrgiendo bien para acabar dando por sentado que esas ideas son cosa de la Iglesia y añadiendo alguna más sobre la supuesta resurrección dependiendo de la castidad etc.
    Bien, que se sepa que eso no es doctrina de la Iglesia
    Y que en la mejor explicación de los dogmas marianos no se pretenda rebajar a María a una más porque no lo es.
    Es la 1ª.

  • Comentario por sofía 19.08.13 | 12:46

    Y aunque no quiero entrar en discusiones, si quiero afirmar que es falso que nunca haya sido doctrina oficial de la Iglesia ese invento de que María fuera concebida sin relaciones sexuales etc. Que a lo largo del tiempo haya habido personas que hayan dicho de todo no es motivo para que se tergiverse la doctrina de la Iglesia pretendiendo que dice lo que no dice.
    Pero la intención de fondo, es obvia.
    Bien por el artículo de Pikaza y bien por comentarios como el de Galetel y otros q van en la misma línea.
    Lo otro sobra.

  • Comentario por sofía 19.08.13 | 12:39

    El sesgo eterno de crítica "infalible" no me interesa. De dogmas a dogmitas no aprecio la ventaja ni creo en la infalibilidad de la afición defenestradora
    .
    Aprecio el pensamiento constructivo y me quedo con esto como lo esencial:
    galetel 15.08.13 | 21:43

    Con respecto a los temas marianos (como con los demás temas de nuestra fe), pienso que los fieles católicos -a todos los “niveles”- debemos aprender a distinguir entre los desarrollos teológicos que fueron presentados como relatos históricos, y las realidades históricas propiamente tales que están (o no) contenidas en esos relatos, tanto en los evangelios canónicos como –más aún- en los apócrifos. Los desarrollos teológicos debemos entenderlos y aceptarlos como fundamentales en su significación profunda, más que como hechos históricos. Esta sana actitud, en base a las buenas exégesis críticas que existen, debiera ser fomentada por nuestra Iglesia, y no la actitud contraria.

  • Comentario por Graciela Moranchel 16.08.13 | 23:31

    Exacto, Ramón! Este dogma de la Asunción de María, si lo interpretamos bien y nos dejamos de fantasías, es una "Buena Noticia" para nosotros. Tiene la función de alimentar nuestra confianza absoluta en Dios, que, como vos decís, es quien tiene la última palabra. Y esa palabra es VIDA y es AMOR, definitivos, para siempre.
    Mi especial saludo por el fallecimiento de tu abuelita, que ten por seguro Vive ya con Cristo y María resucitada, más cerca tuyo que nunca jamás.
    Un abrazo.

  • Comentario por Ramon Blas 16.08.13 | 17:20

    Hermoso! Coincido con todos, de que expuesto asi, la fe da vida. Ayer celebre la asuncion junto con la despedida a mi querida abuela. Asique Xabier, tus palabras y la presencia de Maria en su dia de muerte y resurreccion, han sido una verdadera luz. Fue una despedida llena de emocion, de cantos, de agradecimiento, de tristeza tambien. Pero tengo la certeza de que la historia no queda asi. Dios se reserva la ultima palabra, que es Vida.
    Feliz dia para todos!
    Ramon Blas

  • Comentario por Graciela Moranchel 16.08.13 | 14:15

    Gracias María M. Tal cual como decís. Pongo ejemplo: ayer en la homilía el sacerdote se expresó bien. Se refirió a la resurrección de María y de Jesús como modelo del destino humano. Pero luego cuando tuvo que seguir con las oraciones del Misal, se habla de "cuerpo liberado de la corrupción del sepulcro" y todas esas fantasías que logran confundir a la gente y transformar a María en un ser de "otro mundo".
    Se deben cambiar las palabras del ritual ya. Hoy no se puede seguir afirmando que María no pasó por la muerte porque sus padres la concibieron sin tener relaciones sexuales y porque Ella misma no las tuvo con José. Me suena a disparate total. En eso no consiste de ningún modo ser Inmaculada, Santa ni tampoco haber resucitado se debe a que María fue casta como si ello fuera lo determinante para formar parte de la familia de Dios. Lamentablemente, como vemos, se sigue hablando en esos términos que hoy no convencen a nadie con un mínimo de sentido común.

  • Comentario por Maria M 16.08.13 | 13:53

    Me gusta siempre leer a Graciela, coincido con ella.Va siendo hora de que se preocuparan de una formación bíblica más seria y no seguir en la interpretaciónb literal y mítica que no hace más que arrastrar interpretaciones inadecuadas.
    No es de xtrañar la desbandada de muchos .

  • Comentario por LuisiGG 16.08.13 | 13:50

    Estimado D. Xabier, no sé si es debido a mi falta de formación o de entendederas, pero su artículo me ha parecido un circunloquio muy bonito, muy instructivo, pero que al final me pregunto: qué me ha aclarado, qué he aprendido acerca del significado del dogma de la Asunción de la Virgen, quién lo discute, por qué... y no tengo respuestas claras para mí mismo. Realmente fue una resurrección como la de Cristo? Muchas gracias. Saludos.

  • Comentario por Graciela Moranchel 16.08.13 | 12:59

    Estimado Alejandros: La muerte humana no es consecuencia de ningún pecado original, ni tampoco nos fue arrebatada una gracia especial que nos hacía "inmortales". Las personas siempre fuimos iguales que ahora en el sentido de que la limitación, la contingencia, la muerte, son consecuencia de nuestro ser de creaturas. Así nos creó Dios. Tanto Jesús como María han pasado por la muerte, como todos.
    María fue concebida igual a nosotros, por la relación "carnal" entre sus padres. Por eso es "hermana nuestra". No existe ninguna posibilidad de que nazca un ser humano de otro modo, a no ser que se aduzca alguna fertilización in vitro, clonación o algún experimento de laboratorio de esos que hoy son tan comunes.
    En todo caso, el "pecado original" al que vos te referís y estás relacionando erróneamente con la sexualidad te lleva a cometer un grave error de interpretación. En ese sentido creo que deberías revisar tus creencias, que se apartan totalmente de la fe cristiana.

  • Comentario por Jordi Morrós 16.08.13 | 12:01

    Muy agradecido a Xabier por esta presentación y a todos los comentaristas por sus aportaciones. La lectura de todo el conjunto es como un volver a las fuentes de donde quizás a veces hemos extraído a María (quizás mejor recordarla como Míriam tal y como le puse de nombre a mi hija mayor) para convertirla en la piedad popular en una especie de "Diosa" como nos comenta Graciela.

  • Comentario por Alejandros 16.08.13 | 10:03

    Cuando Dios creó a Adán y Eva cuando fueron agraciados con la eternidad. El pecado original cometido por ellos les arrebata dicha gracia inmortal y a partir de ese instante tienen que morir físicamente. Es decir hubo una transformación en sus cuerpos.
    Maria fue concebida sin el pecado original, es decir sin relación carnal entre su padre S. Joaquin y su madre Santa Ana. (Página 92 del libro "Maria Niña" de Ana Catalina Enmerich).
    Sabiendo que el pecado original conlleva la muerte física, Maria no pudo morir físicamente porque no contrajo el pecado original. Maria estuvo en un estado denominado de "Dormición", hasta que su Hijo Jesucristo la recogió y la trasladó al cielo, donde su cuerpo físico fue transformado en cuerpo glorioso.
    En 1ª de Corintios 15,51: S. Pablo nos relata que el dia de la Parusía, los que estén preparados espiritualmente, sin necesidad de morir físicamente, serán transformados, adquiriendo un cuerpo glorioso, al igual que Cristo y Maria.
    U...

  • Comentario por Xabier Pikaza Ibarrondo [Blogger] 16.08.13 | 09:09

    GRACIAS A TODOS... Quería empezar con Mario, a quien tendré que escribir... Me gustaría ir a Argentina para verle, pero ahora sólo voy al Pirineo, a Lamiarrita, para compartir unos días de oración con hermanos y hermanas, siguiendo el espíritu de Francisco y de Ignacio... Creo que habrá forma de entrar en el blog, pero no sé... no sé entrar en la máquina si no es desde casa, así que mandaré algún comentario. Buenos días a todos... He dejado material en la máquina para quienes quieran seguir en el blog. Buen día.

  • Comentario por Escritor Fantasma 15.08.13 | 22:26

    La iglesia -la oficial, establecida, jerárquica y dogmática- tiene miedo de perder poder, seguridad e identidad si se somete a rigoroso examen de conciencia colectiva de sus postulados. Teme averiguar si durante más de 1000 años estuvo equivocada. Y teme más perder su número de fieles asistentes y que estos lleguen a cuestionarla. ¿Si amas a alguien y ese alguien hace algo contrario no vas y lo cuestionas sin por eso dejar de amarlo? Y tras la exaltación de María hay también una ironía: la sumisión de la mujer al patriarcado: María -mujeres, iglesia de base- sumisa a "Dios" -jerarquía, hombres-.

  • Comentario por Graciela Moranchel 15.08.13 | 22:12

    Lamentablemente las homilías y catequesis que suelo escuchar muestran desconocer o hacer caso omiso de los desarrollos teológicos o de la crítica bíblica actual, que hoy están al alcance de todo aquel que quiera profundizar en su fe. Mäs bien se fomenta lo contrario: quedarse con las síntesis doctrinales expuestas en los catecismos oficiales. Eso es lo que se recomienda. Y a todo el que pretenda "desarrollar" más y mejor los ítems allí expuestos, a fin de actualizar la Palabra de Dios con un discurso más comprensible a la cultura y valores de hoy, en general se lo juzga mal, como desobediente, excéntrico o directamente como un hereje. Así estamos....

  • Comentario por galetel 15.08.13 | 21:43

    Con respecto a los temas marianos (como con los demás temas de nuestra fe), pienso que los fieles católicos -a todos los “niveles”- debemos aprender a distinguir entre los desarrollos teológicos que fueron presentados como relatos históricos, y las realidades históricas propiamente tales que están (o no) contenidas en esos relatos, tanto en los evangelios canónicos como –más aún- en los apócrifos. Los desarrollos teológicos debemos entenderlos y aceptarlos como fundamentales en su significación profunda, más que como hechos históricos. Esta sana actitud, en base a las buenas exégesis críticas que existen, debiera ser fomentada por nuestra Iglesia, y no la actitud contraria.

  • Comentario por Escritor Fantasma 15.08.13 | 21:43

    Si se empezara por la lectura y la meditación del Evangelio y de los textos donde Dios, lejos de ser el exterminador, es Padre misericordioso que renueva su alianza con su pueblo, que lo visita y se hizo uno de nosotros, la catequesis ya tendría visos de cambio. Destacar la humanidad de el ungido Jesús nos acercaría sin intermediarios, sin miedos y sí con ansias y amor a quien dio su vida por amor a nosotros. Si meditáramos las escrituras -por escuetas que sean- veremos que Dios es Mamá y Papá, y María nuestra hermana, mayor sí, y hermana al fin y al cabo, a quien agradeceremos que Jesús viniera a nosotros. Y cuando alguien quiera dirigirse a ella, ésta le responda en la Palabra: Ve y haz lo que mi Hijo te diga; la honraremos y le daremos el lugar que le corresponde; no que, como dices, en el culto a María parece olvidarse que ante todo es una humana.

  • Comentario por Graciela Moranchel 15.08.13 | 21:09

    Comparto tu razonamiento, Escritor Fantasma. Para mí efectivamente se exageró y se sigue exagerando en la devoción a la Madre del Señor, y ello directamente trae como consecuencia una deformación seria de nuestra fe en Dios.

    Prueba de ello es, por ej., cuando en un santuario mariano (como es el de María Auxiliadora de Almagro, en Bs. As., mi comunidad parroquial): cuando se celebra la fiesta patronal (24 de mayo) asiste muchísima más gente a la misa que para el dia de la Vigilia Pascual. Ello muestra las fallas en la catequesis y en una correcta transmisión de las verdades de los Evangelios. Por lo visto hay mucho camino para recorrer en estos temas y tantos otros.

  • Comentario por Escritor Fantasma 15.08.13 | 20:39

    Graciela, cuando dices diosa omnipotente, de inmediato me acordé de este título pretencioso que se le da, todo gracias a "San" Luis Ma. Grignon de Monfort: omnipotencia suplicante, a cuyo poder todo está sujeto, incluso Dios. A mi ver es blasfemia y herejía, por más que aclare que por la humildad de María Dios no le niega nada.

    Me alegra saber que no soy el único que cree que se ha exagerado la exaltación de María al colgarle tantos títulos, siendo uno -o dos- los únicos y necesarios: su Aceptación y su Maternidad. Fuera de eso, fue como cualquiera de nosotros y la podríamos mirar a los ojos sin sentirnos embargados como si fuera una metahumana, semidiosa, etc. Sólo Jesús nos embargaría, y seguramente lo veríamos también como uno de nosotros, un humano que es Dios y lo podemos ver y tocar, oír y sentir sin morir -a diferencia de Moisés que se tuvo que conformar con ver la espalda de Dios-.

  • Comentario por Graciela Moranchel 15.08.13 | 19:36

    Tiene razón Escritor Fantasma cuando afirma que en la historia de la Iglesia hemos construido una figura de María de Nazaret bastante deformada. La hemos adornado con atributos que tal como fueron transmitidos por la pastoral de la Iglesia, deben ser repensados, porque han contribuido a transformar a María en un mito convirtiendola en una "diosa" omnipotente, imagen que está bien arraigada en la piedad popular de muchos.
    Somos muchos los cristianos, sobre todo las teólogas y teólogos, que nos sentimos incómodos ante algunas afirmaciones que se continúan haciendo sobre la persona de María. El artículo de Xabier me parece un excelente aporte para ir desmitificando el tema.

  • Comentario por JC 15.08.13 | 19:29

    Sigue:

    La mistica auténtica es vida de fe, esperanza y caridad, no emociones devotas.


    Resulta muy significativo, en medio de su suma discrección y sobriedad, que San Juan de la Cruz haga referencia explícita a María como el ejemplar de la vida mística, sobre todo en el misterio de la anunciación (cf Ll 3,12). María es quien es porque Dios la ha mirado, mirada de amor y de gracia, para hacerla consorte con Él en la generación humana de su hijo por medio del Espíritu Santo. No puede darse mayor comunión de Dios Uno y trno con persona humana que en la divina maternidad de María.

  • Comentario por JC 15.08.13 | 19:20

    Negar el misterio o prescindir de él es pecar contra la razón debilitándola y aún enfermándola. Realmente sin el misterio, nuestra existencia queda desenraizada de la verdadera y vital realidad y convertida en ideología idolátrica. Percibimos el misterio cuando somos comprendidos por él, cuando experimentamos que él es el aire que nos anima y la luz que nos ilumina. ¿Se puede vivir auténticamente la vida sin vivenciar su relación radical con el misterio?. El misterio fundamental es Dios y su plena revelación es Cristo. Dios se hace hombre para comunicarnos su vida divina. La revelación es convivencia y comunión de Dios con los hombres participanddo en Cristo de nuestra condición humana. El misterio de la encarnación ideollógia, es la vida de Jesús de Nazaret, Dios realmente encarnado que vive entre los hombres como uno de tantos y comunica su vida divina a los que le aceptan y le siguen en comunión de fe con Él.. La mistica auténtica es vida de fe, esperanza y caridad.

  • Comentario por Escritor Fantasma 15.08.13 | 19:16

    Mejor dicho, no podemos colocarla a lado de Dios. Lo sé, me sale mi lado protestante. María no es corredentora, por el simple hecho de ser humana; y no puede ni hay otro redentor ni salvador que Jesús. No me refiero que sea una diosa, sino una metahumana -no sé cuál expresión usar-, tan alejada de nosotros, en el altar y no frente a frente, capaces de mirarnos a los ojos como miro a mi madre o a cualquier otra persona. Eso sí, le agradezco para siempre haber aceptado ser Madre de nuestro Salvador. Tal vez, con la gracia de Dios, la redescubra.

  • Comentario por Escritor Fantasma 15.08.13 | 19:03

    Un artículo muy apropiado para estas fechas, amigo Xabier. Como sucede con el dogma de la Inmaculada Concepción, es necesario recrearlo y repensarlo. María no es distinta al resto de los que creemos en su Hijo, después de todo, los evangelios dejan constancia que también tuvo sus dificultades para comprenderlo desde la óptica del judaísmo y que tuvo que pasar por difíciles y muy duras experiencias para llegar al conocimiento de la realidad del Ser que llevó en su vientre y que cuando dio su Hágase -si es que ocurrió así- pudo no entender qué estaba haciendo ni a quién engendraría. Esa es mi humilde opinión. Y sin embargo, la iglesia, pese a lo dicho en el CVII, sigue venerando a la María que es primicia de los cristianos -en paráfrasis con Jesús, primicia de todos los muertos según Pablo- cuya asunción es prefiguración y privilegio exclusivo... No lo sé, a mí que no es a la verdadera María a quien se recuerda. Me cuesta mucho la hiperdulía, María, pese a su gran honor, no puede...

  • Comentario por Graciela Moranchel 15.08.13 | 16:37

    Excelente reflexión, Xabier! Me gustó mucho tu modo de explicar este Misterio que encierra toda muerte humana, el Misterio de la Vida en Dios, que en la persona de Cristo y de María se nos regala a toda la humanidad, para que no perdamos la esperanza y la confianza en Dios.

    Cuando estos "dogmas" se explican así de verdad se convierten en una "Buena Noticia" de salvación para todos.
    Gracias y FELIZ DÍA DE LA ASUNCIÓN DE MARÍA PARA TODOS LOS AMIGOS DE ESTE BLOG!!
    Abrazo.

  • Comentario por JC 15.08.13 | 13:30

    en alma y cuerpo con ella. María ha creído en la palabra de Dios, y la palabra de Dios se ha cumplido encarnándose en ella. -En el comentario anterior quería decir Comparte Por él y con él-

    dice Xabier pikaza en su precioso libro sobre María editado en Sigueme: "En María no constituimos dos principios de salvación sino un único principio: Cristo-María. Pero a María no le concedemos la categoría de Diosa; como falsa y erroneamente afirmaba Lutero. Es una pura creatura, elevada por voluntad divina a la categoria de Corredentora, de forma parecida a como la humanidad de Cristo, por su unción substancial con la persona del Verbo, es instrumento de santificación. Esto significa que María ha colaborado con Cristo inmediata y eficazmente a la obra de redención y constituye un solo principio de salvación con él y por disposición de Dios"

    La madre de Jesús. Editorial sigueme. Xabier Pikaza.

  • Comentario por JC 15.08.13 | 13:20

    María solamente puede ser comprendida en su relación con Cristo y sólo desde esta relación puede hablarse rectamente de su grandeza excepcional y única. Tan personalmente unida está a Cristo, que comparte por Él y por Él el misterio de la salvación.
    La bienaventuranza que Jesús hace refiriéndose, con indirecta claridad, a su madre, está a tono con la bienaventuranza con que la saluda Isabel en su visitación: “Dichosa tú que has creído lo que te ha dicho el Señor” (Lc1,45); La misma bienaventuranza que, exultante de gozo, sintiéndose agraciada, proclamará con profunda humildad María en su canto del Magníficat: “dichosa me llamarán todas las generaciones (Lc 1,48).
    Es necesario tener presente la escena de la Anunciación para comprender adecuadamente y en su verdadero y pleno sentido mariano-maternal la bienaventuranza proclamada por Jesús. A través del menaje angélico, María ha escuchado meditando la palabra de Dios y la ha aceptado comprometiéndose en alma y cuerpo con ell...

  • Comentario por Emilita 15.08.13 | 13:12

    Algo que tú has percibido y que a mi me pirra. Lo echo en falta cuando hablamos o escribimos de temas religiosos.
    Gracias de nuevo.

  • Comentario por Emilita 15.08.13 | 13:11

    Querido JC. Al hilo de lo que apuntas, y leyendote con alegría (alegre como estoy), veo que dices "Jesús en su vida pública, realza a María en su comunión salvadora con Él, y lo hace en una proclamación irónica y paradójica, realmente sorprendente"...este pasaje evangélico al que aludes y otros muchos más, ponen de relieve la distancia que media entre nuestra percepción de la realidad tal cual la vemos ("dichoso el seno que te llevó y los pechos que te amamantaron") y la plenitud de esa realidad, pero vista desde los ojos de dios ("dichosos más bien los que escuchan la Palabra y la cumplen"). Pero además de esto, ese pasaje en concreto al que te refieres como "proclamación irónica y paradójica", nos descubre a un Jesús chispeantemente lúcido, capaz (¡cómo no) de afirmar negando, de negar afirmando y en fin, dándonos tropecientas mil perivueltas con sus jegos de palabras, haciendo de lo más serio un alarde linguistico no exento de ironía, ingenio y chispa.

  • Comentario por JC 15.08.13 | 12:53

    Gracias a tí Emilita, tambien sigo siempre tus comentarios que siempre aprtan ideas muy interesantes. Pero sobre todo Gracias a Pikaza por sus excelentes artículos. Que el Señor le de mucha salud para que nos pueda seguir aportando sus lecciones magistrales con sus libros y sus Articulos en este precioso blog. Que el Señor le cuide y le siga bendiciendo a él y a Mabel

  • Comentario por JC 15.08.13 | 12:48

    Jesús en su vida pública, realza a María en su comunión salvadora con Él, y lo hace en una proclamación irónica y paradójica, realmente sorprendente, pero en un momento especialmente oportuno y significativo. La admiración popular causada por Jesús se traduce, mediante la voz anónima de una mujer, en el elogio bienaventurado de su madre: “Dichoso el seno que te llevó y los pechos que te amamantaron”. Y Jesús responde, haciéndose eco de este elogio y confirmándolo en su verdad plena: “Dichosos más bien los que escuchan la palabra de Dios y la cumplen” (Lc 11,27-28). Lo que a primera vista parece y ha sido interpretado como despectiva respuesta de fría ironía. En su contexto evangélico es la rúbrica solemne con que Cristo confirma la elogiosa intuición de la grandeza maternal de María. Ella es bienaventurada madre de Jesús porque escuchó la palabra de Dios y correspondió a ella con su obediente entrega generosa de fe.

  • Comentario por Emilita 15.08.13 | 12:44

    GRacias JC por tu comentario que suscribo y que me encanta. Gracias, amigo.
    Y gracias a ti Xabier que tanto y tan bien nos ilustras. Besos

  • Comentario por Emilta 15.08.13 | 12:43

    Quedarnos en las palabras que definen el dogma se me antoja como quedarse mirando el dedo que apunta a la luna. Cierto que los dogmas tienen esa connotación negativa de “encerrar” en la definición de las palabras lo que con mucho sobrepasa infinitamente a lo que se dice, pero el dogma es la forma solemne e inspirada de ayudarnos a creer, señalando como si fueran dedos de la mano, a ese punto de destino que en este caso no es la luna, sino la plenitud de nuestro ser personal, unido indisolublemente a Dios, algo que la Liturgia de este día canta como alegría, fiesta y alborozo, como “deleite amoroso” según Juan de la cruz, y como esperanza cierta según nuestra fe en el dogma mismo. Felicísimo día para todos.

  • Comentario por Emilita 15.08.13 | 12:41

    A menudo le pido a Dios que me quite el miedo a morir, y luego me contradigo y le ruego que no me haga mucho caso, porque entonces, si así ocurriera, ya no tendría necesidad de la fe, algo que últimamente se revela a mis ojos como la atmósfera en la que podemos respirar a Dios sin contaminación. Decía San Juan de la Cruz, que la fe es el medio natural para pasar del entendimiento a la Sabiduría divina y que para alcanzar la pretensión de unirnos a Dios “en amorosa y deleitosa unión”, necesitamos de la fe. Ahí, en la fe, está la explicación ultima de la fiesta de este día (¡Dichosa tú porque has creído!). Todo lo demás no es más que un desplegar las varillas del abanico de la historia humana que Dios escribe mano a mano con nosotros.

  • Comentario por Emilita 15.08.13 | 12:40

    “Desde ahora me felicitarán todas las generaciones, porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí”, y no es la mayor, haberla enaltecido haciéndola espejo para todos nosotros, que al mirarla y celebrarla, vemos y celebramos lo que esperamos y ansiamos alcanzar”. Este es el profundo sentido del dogma mariano, despertar nuestra alegría y felicidad con la certeza de que lo que en María celebramos es también nuestro destino. Sin este carácter festivo que imprime la Esperanza, nada tiene sentido. Pero si nuestra fe alcanza a creer que Dios es fiel a sus promesas, y que nos espera a pie de muerte con el abrazo de la vida entre sus brazos, entonces es posible que la chispa del Amor prenda fuego en nuestro corazón y nos haga vivir gozosamente, festivamente, este día y todos los días de nuestra vida.

  • Comentario por JC 15.08.13 | 12:38

    El instante de la muerte es distinto para cada uno de nosotros, pues se emplaza en la sucesividad cronológica de nuestros calendarios; el instante de la resurrección, en cambio es el mismo para todos. Muerte y resurrección son acontecimientos sucesivos y distintos, pero no cuantitativamente distantes. La distancia entre ambos es computable desde el tiempo, pero es intransferible e ese modo de duración cualitativamente diverso - y altamente enigmático- que es la duración propia del muerto y que llamamos no tiempo, sino eternidad participada. en esta hipotesis coinciden hoy Bifi y Lohfink.

  • Comentario por JC 15.08.13 | 12:23

    Totalmente de acuerdo con J. Quesada. Pikaza magistral para no variar. Precioso post.
    La fe ha suscitado en María una total disponibilidad humilde y generosa a la voluntad salvadora de Dios: “He aquí la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra (Lc 1,38). Porque ha creído, la Palabra de Dios se encarnó en ella, y la salvación se ha realizado: “sacrificio y oblación no quisiste; pero me has dado un cuerpo He aquí que vengo para hacer tu voluntad” (Heb 10,5-9)
    Zacarías, anciano y sacerdote, reaccionó con dudas ante el anuncio del ángel Gabriel. María la virgen,, la sencilla joven de Nazaret, cree en el ángel.
    María se abandona a la gracia de Dios: “He aquí la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra” (Lc 1,38). Aquí María se siente la representante del pueblo de Israel.
    En esta palabra, Lucas nos muestra cuánto aprecia a María en cuanto a mujer. Ella se entrega a la Palabra de Dios de un modo muy distinto a como lo hace Zacarías y confía plenamente ...

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