El blog de X. Pikaza

Lumen fidei, una encíclica “corta”. Breve comentario

05.07.13 | 18:05. Archivado en Iglesia Instituciones, Teología, Jesús, Papa, obispos
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Se me queda corta. Está bien escrita, es teológicamente densa en sentido conceptual, pero la veo algo poco separada de la historia concreta de los hombres y de la tarea más urgente de la Iglesia. Tiene muchos valores, pero pienso que no logra llegar a la raíz de la fe cristiana, con sus hondos valores y exigencias. Se me queda corta.

‒ Es una encíclica de J. Ratzinger. El Papa Francisco ha tenido el gesto caballeroso de asumirla, completando así el Magisterio de Benedicto XVI, con sus dos encíclicas anteriores sobre el Amor (Deus caritas est) y la Esperanza (Spe salvi).

‒ Me parece clara la actitud del Papa Francisco, no no veo tan clara la de Joseph Ratzinger quien, tras haber dimitido, debería quizá haber callado como papa (en línea de magisterio), escribiendo y publicando lo que él quisiera, pero con su propio nombre.

Hubiera sido quizá mejor que Ratzinger pasara en silencio un tiempo oportuno (quizá un año), para publicar después lo que él quisiera, pero como cristiano “de a pie”, no dándoselo a firmar al Papa. Pero es claro que no todos pensarán lo mismo, y es hermoso que Francisco haya asumido la encíclica de su predecesor (para hacer después lo que él quiera).

La encíclica entera puede leerse en texto normal, no PDF, en: http://www.aciprensa.com/Docum/documento.php?id=520 Invito a mis lectores a leerla directamente y a tener su propio juicio. Aquí ofrezco sólo dos consideraciones marginales y rápidas, tras haber leído el texto; quizá pueden ayudar a algunos. Son de tipo más bien "crítico", no para negar el valor de lo dicho, sino para indicar que se debería haber ido más allá.

En esa línea introduzco y presento dos textos de la Encíclica para indicar después que sería necesario ir más allá. Siga leyendo quien quiera. Buen fin de semana.

Ocasión: El año de la fe, asumir y completar el magisterio de Benedicto XVI

(Estos números sitúan el tema y motivo de la carta, cuya responsabilidad total es del Francisco, aunque él diga expresamente que asume un testo previo de J. Ratzinger. Como saben los estudiosos, las encíclicas no las suelen escribir los papas, sino que ellos piden un texto previo a sus colaboradores, introduciendo modificaciones más o menos abundantes. Pero el “secreto papal” ha querido que no se suelan conocer esos colaboradores, los auténticos autores de las encíclicas. Pues bien, por vez primera en los últimos tiempos de la Iglesia un Papa dice públicamente la fuente de su encíclica, y ésta es una novedad muy significativa. La Encíclica la firma el Papa Francisco, pero la ha escrito básicamente J. Ratzinger, ex-papa Benedicto XVI, como verá quien siga:)

5. El Señor, antes de su pasión, dijo a Pedro: « He pedido por ti, para que tu fe no se apague » (Lc 22,32). Y luego le pidió que confirmase a sus hermanos en esa misma fe. Consciente de la tarea confiada al Sucesor de Pedro, Benedicto XVI decidió convocar este Año de la fe, un tiempo de gracia que nos está ayudando a sentir la gran alegría de creer, a reavivar la percepción de la amplitud de horizontes que la fe nos desvela, para confesarla en su unidad e integridad, fieles a la memoria del Señor, sostenidos por su presencia y por la acción del Espíritu Santo. La convicción de una fe que hace grande y plena la vida, centrada en Cristo y en la fuerza de su gracia, animaba la misión de los primeros cristianos. En las Actas de los mártires leemos este diálogo entre el prefecto romano Rústico y el cristiano Hierax: « ¿Dónde están tus padres? », pregunta el juez al mártir. Y éste responde: « Nuestro verdadero padre es Cristo, y nuestra madre, la fe en él »[5]. Para aquellos cristianos, la fe, en cuanto encuentro con el Dios vivo manifestado en Cristo, era una « madre », porque los daba a luz, engendraba en ellos la vida divina, una nueva experiencia, una visión luminosa de la existencia por la que estaban dispuestos a dar testimonio público hasta el final.
6. El Año de la fe ha comenzado en el 50 aniversario de la apertura del Concilio Vaticano II. Esta coincidencia nos permite ver que el Vaticano II ha sido un Concilio sobre la fe[6], en cuanto que nos ha invitado a poner de nuevo en el centro de nuestra vida eclesial y personal el primado de Dios en Cristo. Porque la Iglesia nunca presupone la fe como algo descontado, sino que sabe que este don de Dios tiene que ser alimentado y robustecido para que siga guiando su camino. El Concilio Vaticano II ha hecho que la fe brille dentro de la experiencia humana, recorriendo así los caminos del hombre contemporáneo. De este modo, se ha visto cómo la fe enriquece la existencia humana en todas sus dimensiones.
7. Estas consideraciones sobre la fe, en línea con todo lo que el Magisterio de la Iglesia ha declarado sobre esta virtud teologal[7], pretenden sumarse a lo que el Papa Benedicto XVI ha escrito en las Cartas encíclicas sobre la caridad y la esperanza. Él ya había completado prácticamente una primera redacción de esta Carta encíclica sobre la fe. Se lo agradezco de corazón y, en la fraternidad de Cristo, asumo su precioso trabajo, añadiendo al texto algunas aportaciones. El Sucesor de Pedro, ayer, hoy y siempre, está llamado a « confirmar a sus hermanos » en el inconmensurable tesoro de la fe, que Dios da como luz sobre el camino de todo hombre.

Fe y verdad, fe y subsistencia

((Éste es un tema muy propio de Ratzinger, empeñado en trasvasar la sabiduría hebrea (semita) en cauces helenistas… El texto hebreo identifica el “creer” con el vivir y subsistir, en sentido político, social y personal: Sólo por fe vivimos como seres humanos (no por conocimiento intelectual), sólo por fe podemos subsistir y tener futuro, de lo contrario moriremos en la lucha de la historia. Pues bien, dentro de la lógica de su teología, Ratzinger da prioridad a la traducción griega de los LXX: si no creéis no comprenderéis (oudé mê synête) interpretando la “fe” en sentido intelectual… Esa opción de los LXX es bíblicamente muy problemática y desvirtúa el sentido de la fe israelita, vinculada a la vida entera, en un plano social y político. Pues bien, siguiendo en esa línea, lo que dice la encíclica no es falso, pero no llega a la raíz de la fe bíblica, como experiencia de vida personal y social, de relación interhumana y de posibilidad de futuro, no de simple comprensión))

23. Si no creéis, no comprenderéis (cf. Is 7,9). La versión griega de la Biblia hebrea, la traducción de los Setenta realizada en Alejandría de Egipto, traduce así las palabras del profeta Isaías al rey Acaz. De este modo, la cuestión del conocimiento de la verdad se colocaba en el centro de la fe. Pero en el texto hebreo leemos de modo diferente. Aquí, el profeta dice al rey: « Si no creéis, no subsistiréis ». Se trata de un juego de palabras con dos formas del verbo ’amán: « creéis » (ta’aminu), y « subsistiréis » (te’amenu). Amedrentado por la fuerza de sus enemigos, el rey busca la seguridad de una alianza con el gran imperio de Asiria. El profeta le invita entonces a fiarse únicamente de la verdadera roca que no vacila, del Dios de Israel. Puesto que Dios es fiable, es razonable tener fe en él, cimentar la propia seguridad sobre su Palabra. Es este el Dios al que Isaías llamará más adelante dos veces « el Dios del Amén » (Is 65,16), fundamento indestructible de fidelidad a la alianza. Se podría pensar que la versión griega de la Biblia, al traducir « subsistir » por « comprender », ha hecho un cambio profundo del sentido del texto, pasando de la noción bíblica de confianza en Dios a la griega de comprensión. Sin embargo, esta traducción, que aceptaba ciertamente el diálogo con la cultura helenista, no es ajena a la dinámica profunda del texto hebreo. En efecto, la subsistencia que Isaías promete al rey pasa por la comprensión de la acción de Dios y de la unidad que él confiere a la vida del hombre y a la historia del pueblo. El profeta invita a comprender las vías del Señor, descubriendo en la fidelidad de Dios el plan de sabiduría que gobierna los siglos. San Agustín ha hecho una síntesis de « comprender » y « subsistir » en sus Confesiones, cuando habla de fiarse de la verdad para mantenerse en pie: « Me estabilizaré y consolidaré en ti […], en tu verdad »[17]. Por el contexto sabemos que san Agustín quiere mostrar cómo esta verdad fidedigna de Dios, según aparece en la Biblia, es su presencia fiel a lo largo de la historia, su capacidad de mantener unidos los tiempos, recogiendo la dispersión de los días del hombre[18].

24. Leído a esta luz, el texto de Isaías lleva a una conclusión: el hombre tiene necesidad de conocimiento, tiene necesidad de verdad, porque sin ella no puede subsistir, no va adelante. La fe, sin verdad, no salva, no da seguridad a nuestros pasos. Se queda en una bella fábula, proyección de nuestros deseos de felicidad, algo que nos satisface únicamente en la medida en que queramos hacernos una ilusión. O bien se reduce a un sentimiento hermoso, que consuela y entusiasma, pero dependiendo de los cambios en nuestro estado de ánimo o de la situación de los tiempos, e incapaz de dar continuidad al camino de la vida. Si la fe fuese eso, el rey Acaz tendría razón en no jugarse su vida y la integridad de su reino por una emoción. En cambio, gracias a su unión intrínseca con la verdad, la fe es capaz de ofrecer una luz nueva, superior a los cálculos del rey, porque ve más allá, porque comprende la actuación de Dios, que es fiel a su alianza y a sus promesas.

25. Recuperar la conexión de la fe con la verdad es hoy aun más necesario, precisamente por la crisis de verdad en que nos encontramos. En la cultura contemporánea se tiende a menudo a aceptar como verdad sólo la verdad tecnológica: es verdad aquello que el hombre consigue construir y medir con su ciencia; es verdad porque funciona y así hace más cómoda y fácil la vida. Hoy parece que ésta es la única verdad cierta, la única que se puede compartir con otros, la única sobre la que es posible debatir y comprometerse juntos....

Fe y Reino de Dios… Una visióninsuficiente

Como era de esperar, la Encíclica tiene reflexiones luminosas sobre el sentido personal de la fe, entendida en sentido sobrenatural, y de fidelidad a la Iglesia. Pero hay algunas cosas que echo en falta. Ciertamente, el Papa Francisco ha firmado la encíclica de J. Ratzinger, y me alegro por ello. Pero me gustaría que, desde la perspectiva de la experiencia de Jesús y de la realidad actual, la Encíclica hubiera puesto más de relieve algunos o temas:

1. Me gustaría que la encíclica hubiera destacado la experiencia de Jesús como “hombre de fe”, de fe en Dios que se expresa en forma de fe en los hombres y de compromiso activo por el Reino. Si no apela al Jesús histórico, como hombre de fe, todo el resto del cristianismo corre el riesgo de volverse ideología. En esa línea, la misma fe es compromiso por el Reino, en línea de confianza activa, tal como se expresa en los “milagros”, es decir en los gestos concretos de fidelidad transformadora al servicio de los demás. Jesús es hombre de fe porque cree en los demás, y en el Dios de la vida (del Reino), actuando por fe (en fe) al servicio del reino.

2. En contra de lo que parece decir la encíclica no hay una “verdad exterior” (más alta) a la que se puede llegar por la fe, sino que la misma fe es la verdad… Los animales no “creen”, ni creen las “computadores”. Los hombres, en cambio, viven por fe… de manera que si dejan de creer unos en otros (y dejan de creer en el don de la vida) terminan destruyéndose a sí mismos. Éste es el mensaje de Isaías (que me da la impresión de que la Encíclica no ha comprendido). Más allá de la fe no hay nada, la fe es lo más alto… de manera que si dejamos de creer unos en otros terminaremos matándonos y muriendo…

3. El problema de la fe es por tanto un problema de subsistencia… Si dejamos de creer unos en otros terminaremos matándonos, en suicidio personal o en gran homicidio universal… Si dejamos de creer en el don de la vida (en el Dios del Reino: es decir, de la humanidad reconciliada), y si esa fe no se convierte en gesto activo, en conocimiento de amor, de servicio a los demás (como en el caso de Jesús) terminaremos destruyendo toda vida verdaderamente humana en el planeta. Pienso que la encíclica no ha captado la gravedad del momento en que estamos, el riesgo ruptura humana (no religiosa en sentido sacralista) de la falta de fe.

4. Me da la impresión de que la encíclica pone la fe al servicio de un tipo de “comprensión doctrinal”, en línea intelectual. Pues bien, la fe bíblica no está al servicio de nada, sino que es ella misma lo que vale, en línea de confianza activa, en plano de iluminación práctica, es decir, de compromiso creador, En esa línea no me resulta clara la interpretación de la fe pascual que hace la encíclica (que no consiste en negar o superar la fe histórica de Jesús que es compromiso por el Reino, sino de ratificarla). Tampoco me resulta clara la interpretación de Pablo, con su visión de la fe, que no se opone a la “obra” de la fe, sino a un tipo de “obras de la ley”. La fe paulina no es rechazo de la “acción”, sino una acción intensa, al servicio de la vida, en gratuidad universal.

5. En conclusión, acepto pues lo que dice la Encíclica, pero se me queda corta, no responde, a mi juicio, a la raíz del evangelio (y de la experiencia israelita, que está en el fondo del proyecto de Jesús. Falta, a mi juicio, una verdadera antropología cristiana de la fe (o de la fe cristiana). Para el evangelio, la fe no es un “medio” para el conocimiento, sino que es el verdadero conocimiento humano, en línea personal y social, en línea intelectual y práctica. Por eso, la Encíclica me alegra, pero me deja decepcionado… Me da la impresión de que ha sido una ocasión fallida para entender la novedad y exigencia, el don y compromiso de comprensión y de acción (de servicio mutuo) de la fe cristiana.

Me gustaría que, pasado un tipo, el Papa Francisco escriba su propia encíclica sobre la fe, partiendo de la experiencia concreta de la vida, en sintonía con Jesús (en acción solidaria y creadora); mientras tanto, estas palabras de J. Ratzinger nos pueden servir para ir meditando, pero no me parecen definitivas.

(Quizá otro día seguiremos hablando de ellas).


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Comentarios
  • Comentario por Hines Ward Jersey 21.10.13 | 15:24

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  • Comentario por jose 12.08.13 | 14:59

    "mutandi mutandis", es corta pero poco pastoral, a muchos les falta el background filosofico que la acompana, y mas aun su relacion con la carta a los Hebreos y la vida concreta....

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  • Comentario por sofía 08.07.13 | 00:24

    Ana, tiene razón Pedro Pérez González.
    No creo que ningún católico tenga que callarse, pero menos que nadie un teólogo que ha sido Papa y que merecerá toda la confianza como teólogo para el Papa actual. Un Papa se puede dejar aconsejar por quien quiera -desde Catalina de Siena a Ratzinger.
    Si no estuviera de acuerdo, la habría modificado como Papa que es y puesto que es él quien la firma.
    Pero además no veo nada censurable en la encíclica: subraya el aspecto de la fe como luz que ilumina la verdad, porque es un aspecto que se ha dejado mucho de lado y necesita afirmarse. No veo ninguna implicación teológica involucionista en recalcar que la fe y la razón se dan la mano y que debemos buscar la verdad.
    No comprendo algunas de las lecturas que se hacen de esta encíclica haciéndole decir lo que no dice. Mientras sea que no dice todo lo que debería decir, es algo que tiene fácil arreglo, pues se puede completar.

  • Comentario por sofía 08.07.13 | 00:16

    Buen comentario, Jim Osorio.

  • Comentario por Pedro Pérez González 08.07.13 | 00:07

    ¿Con qué autoridad pide ud a Ratzinter que se calle? Ud. También debería callarse. ¿No le parece?
    Ya está bien.

  • Comentario por Jim Osorio 07.07.13 | 23:24

    Sin duda la "pobre teología" de Francisco es capaz de decir mucho a muchos. Pero es tan parcial como teología volitiva de JPII o la teología cognitiva de BXVI. Cada una de estas teología mueve a quienes están en sintonía con la teología de cada uno de ellos.

    Los evangelios no son parciales o sesgados. Muestran a Cristo y su mensaje en plenitud, por lo que sesgar puede ser válido para atraer a quienes estén en esa sintonía, pero no por ello podemos decir que todo el evangelio está sesgado hacia lo que nos ajusta a nosotros. Por eso esta encíclica dirá poco a aquellas personas que buscan sentir o actuar, pero llena bastante a quienes necesitamos entender. Ya sabe que Cristo es el Logos... dicho en el evangelio de San Juan. Pero no sólo es el Logos, es mucho más.

    Ahí tenemos uno de los problemas más duros de roer en la actualidad. Ser capaces de superar nuestros sesgos personales y entender que hay mucho más de lo que cada cual siente, entiende o pone en práctica...

  • Comentario por Jim Osorio 07.07.13 | 23:14

    Gracias por la contestación Sr. Pikasa.

    No dudo que partimos de carismas personales diferentes, lo que nos lleva a comprender y hacer nuestro, de diversas formas, el mensaje de Cristo. Precisamente por ello, es muy peligroso quedarnos con el Jesús histórico. De este Jesús sólo tenemos rasgos sueltos, dispersos e interpretables por cada uno. Para hacer un personaje creíble, tenemos que suponer mucho. Si buscamos coherencia, terminamos creando un Jesús a la medida de quien lo describe, coherente y hasta vendible... pero no tiene garantías de ser el Jesús histórico real. Por ello, es mejor dejar quieto este aspecto, que sólo puede traernos discordias y centrarnos en lo que es relevante: Cristo, Dios, que revela al Padre y a si mismo, a los seres humanos.

  • Comentario por Pascual 07.07.13 | 22:24

    En efecto, Javier, se queda cort;, pero la acción de Francisco la está acotando; es más, ha salido con los puntos sobre las íes antes de salir; y no va a terminar de acotarla mientras tenga vida y Vida. Fíjate bien,Javier,así lo veo, que Francisco va a ser, es, un gran animador, un gran propulsor de tendencias, abierto y dispuesto a abrir; sólo tendrá en contra los "limitadores del Espíritu". Vamos a convivir en una Iglesia "polifónica", en la que su singularidad, su Unidad, va a brillar por su variedad de carismas. ¡Dios nos dé lucidez para ser capaces de ver bien lo que ya ha empezado a brillar!

  • Comentario por Ana 07.07.13 | 20:43

    Buena y esclarecedora valoración. Está muy visto por todos los expertos lingüista el tema de la fe intelectualizada en el catolicismo más retrógrado y por desgraciad de moda en la cúpula de la iglesia. No viene mal seguir insistiendo, es una deformación de lo que es la fe. De fe se vive. De acuerdo con Pikaza en todo eso.
    No me parece caballeroso el gesto de Francisco. Es una concesión, ya no es Papa ya no escribe Encíclicas, que la hubiera terminado antes de irse. Esto es como tantos que nunca acaban de irse del poder, muy mal ejemplo

  • Comentario por Francisco José Delgado 07.07.13 | 17:48

    Qué solitario debes estar, Xabier, tú solito en la raíz del cristianismo.

  • Comentario por sofía 07.07.13 | 11:33

    No veo ningún defecto en que le encíclica sea corta. No me parece que se quede corta, creo que es perfecto que el resto lo desarrollemos en "continuidad no discontinua".
    Quizás es verdad que no se resalta el aspecto de fe como confianza, pero que no se resalte no quiere decir que no esté implícito. Y no viene mal que se resalte que la fe es razonable y que la verdad importa. No creo que haya que asociar esa afirmación con un concepto de la verdad como formulación fosilizada de verdades incompletas que no se puedan completar. El evangelio dice que el Espíritu nos guiará hacia la verdad completa, por tanto siempre se puede avanzar perfeccionando las formulaciones y completando las verdades parciales.
    La verdad es la correspondencia de lo que pensamos con la realidad y la coherencia del pensamiento y la vida. No se puede desligar de la confianza en Dios que es Bondad y Verdad, en el Dios que se revela en Jesús. Y naturalmente que importa.

  • Comentario por Graciela Moranchel 06.07.13 | 23:09

    Diego: en estos espacios, en general, la gente agresiva aprovecha el anonimato para descargar sus nervios, obsesiones, fracasos y neurosis varias contra cualquier noticia u opinión que les moleste. Si tuvieran que identificarse con su verdadero nombre, te aseguro que muchos se cuidarían bien de no pasar por guarangos.
    Con respecto a la opinión de Xabier sobre la encíclica de Francisco/Benedicto, la comparto. Sinceramente no me dice nada nuevo. Mäs de lo mismo. Y se queda en lo meramente intelectual cuando habla de la fe. No creo que impacte en ningún buscador de Dios. Qué pena desaprovechar así las oportunidades de transmitir un mensaje más humano, más acorde con las necesidades espirituales de hoy. Qué lejos se sigue estando en la Iglesia de comprender que a la mayoría de la gente, a quien sufren, a quien vive situaciones desesperadas pero quiere creer en Dios, estos documentos no les llenan el corazón. Una pena.

  • Comentario por Diego 06.07.13 | 19:02

    A no te hagas ilusiones

    ¿por qué tienes que ser agresivo?

  • Comentario por no te hagas ilusiones 06.07.13 | 16:23



    "Me gustaría que la encíclica hubiera destacado..."

    ¿Y qué relevancia tiene lo que a ti e guste que digan las Encíclicas?

  • Comentario por El papa de todos 06.07.13 | 16:19

    Si querías ser breve, Pikaza, haber dicho la majadería de Vidal: "Es la continuidad discontinua". Lo tuyo nunca ha sido la brevedad. Y por más que te empeñes en ser breve, te salen unos rollos eternos para no decir nada. La jerga progre tiene ese defecto: necesita demasiados circunloquios para ocultar lo que dice y para no decir nada finalmente. Y si a esa jerga se le añade tu proclividad a la verborrea verborrágica, apaga y vámonos. Normal que te parezca corta la Encíclica.

    Todo se resume en que, si os gustara la Encíclica, no habríais dudado en decir que era al 90% de Francisco. Pero como Francisco, más allá de los gestos, cuando habla dice lo que hay, es decir, catolicismo 100% , el de siempre, el de toda la vida, es decir, el mismo de Benedicto y de toda la tradición de la Iglesia, tenéis que atribuírsela sólo a Ratzinger. Pero están en perfecta sintonía Francisco y Benedicto, mal que os pese.

  • Comentario por Jimmy 06.07.13 | 14:22

    No he terminado de leer más que los dos primeros capítulos de la Encíclica pero hace bien en asociar la fe a la luz, a la mayor y más grande luz que tiene a humanidad: Cristo. Y luego hace bien en destacar que la razón y la ciencia son luces que al mundo vienen deslumbrando pese a que no alcanzan a iluminar muchas áreas todavía oscuras...quizás ese es el "quid" de la cuestión: la fe ya no sirve para que las personas podamos explicar muchos fenómenos que antiguamente era común que fueron abordados desde las razones religiosas exclusivamente, y entonces hoy en día sucede al revés y los fenómenos son entendidos solo desde la razón y la ciencia, sin que se admita que la fe complemente o plenifique ese conocimiento. Dice bien la Encíclica cuando recuerda que la fe viene por el oir, y el oir la Palabra de Dios y que esa Palabra encierra una promesa... es tener un billete de lotería ganador y no querer cambiarlo, pero parece que eso hace buena parte de la humanidad. Señor aumenta mi fe.

  • Comentario por Xabier Pikaza Ibarrondo [Blogger] 06.07.13 | 12:41

    Gracias Jim, pero el Jesús histórico incluye al Cristo del mensaje Reino... con la experiencia pascual... que no diluye al Jesús histórico en lo intemporal de Dios sino que ratifica la historia de Jesús... Creo que tú ves las cosas de otra manera...

    El tema no es si Francisco es menos teólogo que Ratzinger... sino si la "pobre" teología de Francisco capta mejor o peor la dinámica del mensaje de Jesús y del primer cristianismo. Tengo la impresión de que le "pobre teología de Francisco" (como la de su patrono el de Asís) capta mejor la dinámica del evangelio que la de Ratzinger, que parece dar prioridad a una verdad griega que a la emuná bíblica que culmina (para los cristianos) en Jesús.

  • Comentario por za lo gon 06.07.13 | 12:41

    Muchos dirán que es una Encíclica profunda, densa, y mas adjetivos laudatorios. A mi personalmente no me dice nada a mi propia vida. Si la fe, se reduce a una ideas que hay que creer, a un magisterio que hay que obedecer, y a una teología amordazada porque el cacique del momento piensa de otra forma, ¿Qué tiene que ver eso con la vida según el Evangelio? Prefiero las sencilla homilias del Papa Francisco, que me dan luz, y no intelectualmente, por supuesto. Sino que su palabra y sus gestos, me hacen replantearme cada día mi cristianismo burgués y cómodo. Las Palabras de Benedicto, me dejan realmente indiferente...

  • Comentario por Jim Osorio 06.07.13 | 12:31

    Discrepo y es evidente que el Sr. Pikasa tiene unos cuantos conceptos cambiados... por ejemplo el de ideología. Dice "Si no apela al Jesús histórico, como hombre de fe, todo el resto del cristianismo corre el riesgo de volverse ideología."

    Justo es todo lo contrario. Si nos quedamos con el Jesús hombre, queda a merced de cualquier ideología humana. Si Jesús es Dios, sobrepasa los sesgos, intepretaciones y tendencias humanas. Ahora. un Jesús Dios, resulta incómodo para quienes les gusta meter ideología dentro de la religion.

  • Comentario por manu 06.07.13 | 12:12

    LO imaginaba. El gesto humilde fue el de Benedicto XVI, que dio un escrito de gran profundidad para que lo firmara otro que, es posible, nunca lo hubiera escrito. Los libros de Francisco han sido conocidos después de su nombramiento como Papa; antes, no se conocían como los de los grandes teólogos, incluídos los del autor de este artículo, Pacaza.

  • Comentario por Gonzalo Haya 06.07.13 | 12:05

    Suscribo lo de "rasca donde no pica" aunque, como dice Xabier, "Recuperar la conexión de la fe con la verdad es hoy aun más necesario, precisamente por la crisis de verdad en que nos encontramos". Creo que habría que fomentar el hablar de "confianza" más que de fe. La fe nos evoca "el credo"; la confianza nos evoca evangelio, y tiene mucho que ver con nuestra vida.

  • Comentario por JS 06.07.13 | 08:49

    Hola Xabier: para contrastar su columna puede sugerir algún o algunos textos que vayan por la línea de lo que dice. ¿Qué textos teológicos acerca de la fe están a la mano? Gracias.

  • Comentario por Alex 06.07.13 | 05:49

    ¿La Fe caduca? Manga de soberbios...

  • Comentario por Roberto 06.07.13 | 01:12

    El pastor Miguel Brun me contó que hace algunos años estuvo con los indios del Chaco paraguayo. Él formaba parte de una misión evangelizadora. Los misioneros visitaron a un cacique que tenía prestigio de muy sabio. El cacique, un gordo quieto y callado, escuchó sin pestañear la propaganda religiosa que le leyeron en lengua de los indios. Cuando la lectura terminó, los misioneros se quedaron esperando…
    El cacique se tomó su tiempo. Después opinó:
    -Eso rasca. Y rasca mucho, y rasca muy bien.
    Y sentenció:
    -Pero rasca donde no pica.
    Eduardo Galeano. “El libro de los abrazos”

  • Comentario por oscar fortin 06.07.13 | 01:01

    Gracias Xabier por tu texto. Yo estaba reflexionando sobre el testo de esta encíclica y me toca pasar por tu sitio internet. Yo comparto entero tu comentario sobre el texto y la mentalidad que lo inspira. Yo sigo leyendo tu reflexiones que me inspiran y aclaran el camino de mis intervenciones en el camino de la información alternativa.

    Gracias, Xabier por tu aporte al pensamiento y a la comprensión del mensaje de Jésus.

    Un saludo fraternal de Quebec.

  • Comentario por y esto? 05.07.13 | 22:07

    postal dedicada al magisterio infalible de xabier picaza. Con razón la iglesia va de mal en peor.

  • Comentario por Xabier Pikaza Ibarrondo [Blogger] 05.07.13 | 19:23

    Gracias Bernardo, me alegro de que pongas de relieve lo de la memoria...Otro abrazo

  • Comentario por Bernardo 05.07.13 | 18:39

    Gracias, Xabier, por esta primera aproximación al texto. Coincido en que se queda corta. En realidad, a mí me sabe demasiado a viejo, a ya sabido, a lo antiguo que estábamos dejando atrás, pero creo que lo importante es más el gesto de Francisco que el propio texto.
    Esta encíclica viene a dar carpetazo a una era y por fin podremos abrir otra. Espero con ilusión la que debe ser primera encíclica de Francisco "beati pauperes", y la espero porque deberá ser una apertura distinta.
    Hay tantas cosas en esa Lumen Fidei que están caducas que no merece perder mucho tiempo más.
    Lo único que quizás apuntaría como novedoso es el número 25, cuando hace alusión a la verdad que vive de la memoria. Sé que la alusión es a la Tradición, pero quizás podríamos abrir una puerta a la memoria de las víctimas de la historia como criterio de verdad. Quizás Benjamin pueda ayudarnos a vivir nuestra fe. Sería todo un logro.
    Un abrazo, Xabi.

Jueves, 21 de agosto

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