El blog de X. Pikaza

VC 7. Verónica, imagen de Cristo: Impulso espiritual, opción por las mujeres

22.03.13 | 08:05. Archivado en Iglesia Instituciones, Nuevo Testamento, Papa, obispos

Sigo presentando mi propuesta de Reforma del Vaticano y de la Iglesia a partir del Vía-Crucis Latinoamericano de P. Esquivel. La sexta estación está dedicada al sufrimiento de los pueblos andinos, y en especial de las mujeres, que son verónicas, portadoras del rostro de Cristo; en esa línea se sitúa la exigencia de una nueva conciencia y transformación de la Iglesia, a partir del sufrimiento (cruz) y creatividad de las mujeres.

Punto de partida:

La imagen de Esquivel presenta por un lado a las mujeres, que acogen a Jesús, llevan su rostro en el "paño" de su vida, en su corazón; por el otro "pinta" a los soldados, portadores de violencia, imagen de la fuerza brutal de un poder económico y militar que se impone sobre un "mundo indígena", condenado a la miseria.

Tema de la imagen: Pueblos indígenas andinos

Mujeres indígenas asumen el papel de la Verónica y limpian el rostro de Jesús, que llevan impreso en el paño de su vida. Hasta el día de hoy muchos indígenas sufren el desprecio de blancos y mestizos. Hasta el día de hoy luchan por conservar su cultura y su propia identidad. Cristo, cargado con su cruz, acepta agradecido el gesto valeroso de sus mujeres.

Tema Bíblico: Una Verónica pascual.

La figura de la Verónica, que lleva en su paño "limpio" la imagen de Jesús llagado no está en la Biblia, sino que ha sido "inventada" por la tradición cristiana. Pero ella recoge la experiencia de las mujeres que encuentran al Jesús viviente en la tumba vacía. Ellas han sido y siguen siendo las verónicas cristianas, portadoras de la "imagen" sufriente y pascual de Jesús

Un camino. Papa y Vaticano.

Como en días anteriores, aplicaré esta "imagen" al Papa Papa y a la Curia del Vaticano, que ha elevado su poder espiritual sobre el conjunto de los movimientos cristianos, y en especial sobre las mujeres. Papa y Curia tendrán que descubrir la imagen de Cristo en las mujeres, que son portadoras privilegiadas de su mensaje de Reino. Sólo desde ellas podrá empezar la nueva evangelización.

Una propuesta

Quiero resaltar desde ese fondo la exigencia de promover nuevos movimientos espirituales, recuperando la vocación de las mujeres, desde la vida real de las iglesias, empezando por América Latina, tierra del Papa. Roma no está ya en Roma, está en los Andes (y en el mundo entero). Sigo presentando, en ese contexto, mi propuesta de "reforma" creadora de la Iglesia, a modo de Camino de Pascua, Via-Crucis de esperanza. Como sabrá el lector que me sigue, voy por la propuesta 10

10. Poder espiritual, impulsos carismáticos

a. El Papa se ha reservado también el control simbólico de la santidad, organizando unos procesos canónicos que pueden conducir a la beatificación y/o canonización de ciertas personas (como ha sucedido últimamente con la Beata Teresa de Calcuta, San Josemaría Escrivá de Balaguer o el Beato Juan Pablo II). La primera canonización papal se produjo el año 993, cuando Juan XV declaró santo a San Ulrico, obispo de Augsburgo († 873), pues antes “canonizaba” el mismo pueblo, y cada iglesia tenía sus propios santos, en comunión con otras. A lo largo de los siglos se mantuvieron las dos formas de canonización (por el pueblo, y por los papas), pero el Papa fue reservándose ese poder y así lo ratificaron los decretos de Benedicto XIV, De servorum Dei beatificatione et beatorum canonizatione (De la beatificación de los siervos de Dios, y de la canonización de los beatos:1734-1738).

Los procesos papales de beatificación y canonización pretenden marcar las líneas de santidad de la Iglesia, y en ellos la Curia Romana sigue empleando como «prueba» unos posibles milagros de los candidatos. En ese contexto se sitúa también el control doctrinal y organizativo del Vaticano sobre los movimientos espirituales de la iglesia, como han destacado algunos documentos “normativos” de la Congregación para la Doctrina de la fe (Orationis formas, del 1989, y Dominus Jesus, del 2000), impulsados y firmados por el Cardenal J. Ratzinger.

b. Ciertamente, como sabía San Pablo (1 Cor 12-14), la Iglesia tiene el deber de discernir (no de controlar) los espíritus, a fin de que el impulso (inspiración) de algunos no vaya en contra de la comunión y amor de todos. Pero no parece conveniente (ni lógico) que la Curia Vaticana haya tomado un control universal en este campo (declarando quiénes son santos y quiénes no lo son). Las iglesias deben recuperar su creatividad carismática, proponiendo sus propios ejemplos de santidad, como parece indicar ya Benedicto XVI al dejar que los “procesos de beatificación” se realicen y culminen en cada diócesis, reservando sólo para Roma los de canonización.

Pero más urgente que la declaración formal de santos y beatos es el surgimiento de unas formas de piedad y experiencia que respondan a la inspiración del evangelio de nuestro tiempo. Las mismas iglesias deben explorar caminos de oración e identidad cristiana desde sus propios contextos culturales y antropológicos, en África o América Latina, en la India o China, por poner unos ejemplos. No se puede hablar de nueva evangelización sin “nueva oración”, es decir, sin desarrollo de experiencias fuertes de misterio, es decir, de unión con Dios y amor mutuo, en vinculación con Cristo. Ésta es quizá la tarea más urgen de la Iglesia del siglo XXI, en diálogo con las religiones místicas de Oriente y con las nuevas formas de espiritualidad que están surgiendo.

11. Potenciar los movimientos eclesiales. Nuevas formas de vida religiosa

a. Las diversas formas vida religiosa han sido un signo de presencia y compromiso de evangelio, desde los anacoretas de Siria y de Egipto, pasando por los monjes bizantinos y latinos, hasta los franciscanos y demás mendicantes del siglo XIII. En ese contexto ha sido y sigue siendo muy valiosa (aunque no esencial) la vocación al celibato comunitario, con lo que implica de comunicación personal y libertad para la misión de la Iglesia. Pues bien, a partir de la reforma gregoriana del siglo XI, en un proceso que ha desembocado en el centralismo del siglo XX, las órdenes religiosas de la Iglesia Occidental se han «romanizado», a través de una «exención», que las hace independientes respecto a los obispos, poniéndolas bajo el mandato directo del Papa. Eso les ha dado libertad y autonomía, pero ha podido limitar su creatividad y su encarnación en las iglesias.

De diversas formas, las órdenes tradicionales (benedictinos, franciscanos, jesuitas, hermanas de la caridad…) reflejaban experiencias autónomas de vida cristiana que se han ido desarrollando a lo largo de tiempos. Pero en el siglo XX están surgiendo nuevos movimientos, que no son ya de vida religiosa estricta, sino de acción institucional, presencia universitaria y vida fraterna, o renovación catequética (Opus Dei, Comunión y Liberación, los Focoles o los Neocatecúmenos), y ellos se han romanizado de manera muy intensa, de forma que parecen alcanzar mucho poder, no tienen verdadera autonomía.

b. Tanto las órdenes y congregaciones antiguas (sobre todo las de mujeres) como los nuevos movimientos surgidos a lo largo del siglo XX representan un valor esencial para la iglesia y deben aceptarse con gozo, potenciando aquellos que responden mejor a la dinámica del evangelio, desde nuestro tiempo. Pero algunos de los nuevos movimientos de vida cristiana, especialmente en los últimos decenios, parecen insistir en rasgos de organización autoritaria que concuerdan menos con el mesianismo de Jesús. Nos hallamos ante una historia demasiado reciente como para interpretarla de un modo imparcial, pero es posible que esos nuevos movimientos y otros semejantes (a los que suele llamarse con palabra ambigua neoconservadores) resulten menos adecuados para descubrir y potenciar un tipo de transformación evangélica de la Iglesia como el que ahora se necesita.
Éste es otro elemento clave de la nueva evangelización, pues ella necesita portadores y promotores nuevos, que han de surgir de las iglesias, partiendo de la raíz del evangelio y debiendo ser hombres y mujeres de “carisma”, es decir, voluntarios de la fe, que pueden formar agrupaciones de misioneros y misioneras, como las de Pablo. Nos hallamos en una época de tanteos y búsquedas, y no parece que hayan surgido todavía los nuevos modelos de evangelización cristiana, que los últimos papas han querido promover, sobre todo, en sus Jornadas de la Juventud (Madrid 2011; Río de Janeiro 2012)

12. Supremacía de género, ministerio abierto a las mujeres

a. El poder del papado y de esta iglesia católica va unido a un patriarcalismo jerárquico, como muestra el hecho de que sólo los varones puedan ser obispos y presbíteros y que el Vaticano sea un Estado de poderes masculinos. Nos hallamos ante un problema de fondo, que no se resuelve con la simple ordenación presbiteral o episcopal de mujeres (cosa que podría hacerse ya, como hacen otras iglesias episcopales, luteranas y anglicanas), sino que exige un cambio más profundo en la organización de la s iglesias y de sus actividades (ministerios), partiendo de la fuente del mensaje y movimiento de Jesús.

Ciertamente, algunos teólogos ofrecen argumentos “metafísicos” (y de naturaleza humana) para mantener la situación actual, diciendo que sólo los varones pueden ser sacerdotes ministeriales, porque Cristo fue varón y no mujer. Pero esa línea de argumentación, asumida por el magisterio del Vaticano, resulta bíblica y teológicamente difícil de mantener, y va en contra del impulso central del movimiento original cristiano, que no distingue entre varones y mujeres en su camino de Reino. Estamos ante un tema clave, que no se resuelve simplemente con apelaciones al pasado o con búsqueda de tipo arqueológico, sino con la misma creatividad de las iglesias.

b. Sin duda, la historia es venerable y maestra de vida, pero el hecho de que sólo los varones hayan sido presbíteros y obispos en los últimos siglos no exige que las cosas deban seguir siendo de esa forma en el futuro, pues la historia ha cambiado, no solamente por impulsos culturales, sino también, y de un modo especial, por las implicaciones del movimiento de Jesús y de la experiencia pascual de los primeros cristianos, que nos lleva a superar el patriarcalismo Esa superación no es el único problema de la Iglesia, pero es importante, pues nos sitúa de nuevo en las raíces creadoras del movimiento de Jesús, que aún no se han desarrollado plenamente en nuestra Iglesia.

Como he dicho, éste no es un tema que se arregla ya con la ordenación ministerial de las mujeres, sino que exige un cambio mucho más intenso en la forma de entender las relaciones humanas y la forma de ejercer los ministerios.

En ese sentido, sin una igualdad radical, de fondo, entre varones y mujeres, y un impulso evangélico de base, no se puede hablar de reforma de la iglesia ni tampoco de apertura hacia un futuro de transformación mesiánica. No se trata de un pequeño cambio en el organigrama de los ministerios, como ya se ha hecho en varias iglesias luteranas y episcopalianas (con mujeres presbíteros y obispos), sino de una transformación de fondo en la visión de los ministerios y de la jerarquía de la Iglesia católica y, sobre todo, en la creatividad de la misma Iglesia. No sabemos dónde llevará ese camino, pero debemos recorrerlo, retomando así la base del evangelio, que fue promovido al principio por mujeres, como aparece en Mc 16, 18. Los cambios que esa transformación exige pueden ser fuertes, pero son necesarios.


Los comentarios para este post están cerrados.

Comentarios
  • Comentario por Hugo de Argentina 23.03.13 | 21:42

    Los estúpidos comentarios de hisopo arruinan todos los blogs. No deberían permitirle opinar ni asomar más con sus cortas opiniones y faltas de respeto constantes.

  • Comentario por hisopo 22.03.13 | 19:48

    La tilde de "argentína" no es un lapsus. Simplemente es que la aplicación no permite la simulación del acento argentiiiiiiiiiiiiino.

  • Comentario por hisopo 22.03.13 | 19:46

    Realmente "excitante" el tandem blogger-brava argentina.

    Pues a mí me pasa como a "mujer": que el tema de la "mujer dentro de la Iglesia", vulgo ordenación de las mujeres, me aburre, es decir, me resulta cansino. ¿Por qué? Pues por la sencilla razón de que el asunto está zanjado: Carta Apostólica ORDINATIO SACERDOTALIS de Juan Pablo 2: http://www.vatican.va/holy_father/john_paul_ii/apost_letters/documents/hf_jp-ii_apl_22051994_ordinatio-sacerdotalis_sp.html.
    Comprendo que una ignorante sin lagunas como nuestra brava argentína desconozca estas posiciones de la Iglesia (¿por qué no aprendés?), pero de un cura rebotado como el blogger se me hace más difícil. ¿O es que será que pretende explotar la ignorancia de los frecuentadores del blog?

  • Comentario por Graciela Moranchel 22.03.13 | 18:43

    "Mujer": El tema "mujer" es un problema "dentro de la Iglesia", y lo seguirá siendo en la medida en que las mismas mujeres lo permitamos. Y si te aburre el tema, ¿`por qué perdiste 5 minutos de tu preciosa vida en leer el post y volviste a la página para ver el resto de comentarios...?

  • Comentario por Xabier Pikaza Ibarrondo [Blogger] 22.03.13 | 18:27

    Hola, Mujer, si estás cansada ¿por qué entras? Me alegra que seas contradictoria

  • Comentario por mujer 22.03.13 | 17:46

    Graciela: ni el tema mujer es un problema ni está sin resolver. Y estoy aburrida del tema, y de todas vosotrAs y vosotOs.

  • Comentario por Graciela Moranchel 22.03.13 | 17:15

    Que sigamos hablando en pleno siglo XXI, de si la mujer en la Iglesia puede tal o cual cosa, o pretender seguir decidiendo los "varones" cuál es el "lugar" que podríamos o no ocupar en las comunidades eclesiales, aparece como totalmente fuera de lugar. Es inconcebible que el tema "mujer" sea un problema aún no resuelto en la Iglesia católica. Es incomprensible que se pretenda utilizar este o aquel versículo bíblico, pseudo reflexiones teológicas descontextualizadas o supuestas actitudes de Jesús para discriminar a las mujeres de ciertos servicios (ministerios) eclesiales. Somos nosotras, las mismas mujeres, quienes deberemos pensar, en conjunto con los varones, qué lugar ocupamos, tanto mujeres como varones, en nuestras comunidades, de acuerdo con nuestros carismas particulares. Pero la reflexión sobre el lugar de las mujeres en la Iglesia debe partir de un diálogo abierto y libre entre nosotras, ante todo. ¿Lo entenderán de una vez?

  • Comentario por mujer 22.03.13 | 14:13


    Por favor, como mujer se lo ruego, deje usted de defenderme de esa manera ridícula.

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