El blog de X. Pikaza

VC 5 Vaticano: Tres "poderes" y una vida

20.03.13 | 11:20. Archivado en Nuevo Testamento, Papa, obispos, historia

En la línea del Via Crucis Papal, evoqué los cuatro primeros poderes del Vaticano (político, magisterial, misionero y teológico). Hoy quiero presentar los tres siguientes, que nos sitúan ya en el centro de la autoridad de la Iglesia:

a. Sacramental: Legislar y dirigir la vida sacramental de la Iglesia
b. Ministerial: Trazar, organizar y ejecutar la vida y organización de las iglesias
c. Legislativo: Trazar las normas de vida de la Iglesia, de un modo minucioso, sin huecos.

Frente a esos poderes sitúo la 4ª Estación del Vía-Crucis de Jesús, que camina con la Cruz por la calle de la vida y se encuentra en la vereda con su madre sufriente.

Tema: El fondo es una ciudad de América Latina, quizá Buenos Aires, con las villas pobres y los altos rascacielos. El tema es un hombre con la cruz, ante la indiferencia de muchos y la angustia de la madare. Sufrimiento y solidaridad en los barrios marginales

Silenciosa y desgarrada por el dolor, María encuentra a su hijo. Escenario de este encuentro es una ¨favela¨, un barrio marginal como tantos cientos de miles en América Latina,en donde falta lo más indispensable para vivir: agua, luz, medios de comunicación y por sobre todo trabajo. No obstante, justamente allí surgen innumerables iniciativas de autoayuda y solidaridad mutua.

Frente al poder sacramental, ministerial y legislativo del Vaticano emerge la realidad de una Madre, una Mujer, una persona que sufre por su Hijo. Ante esa situación, que el Papa Francisco conoce bien, quiero presentar los tres siguientes poderes del Papado

5. Poder sacramental, comunión de mesa.

a. Los católicos saben que los sacramentos provienen de Jesús, y que son signos de su acción y presencia poderosa (liberadora, sanadora). Pero, de hecho, ellos parecen muy ritualizados, en sentido negativo, y muchos fieles piensan que el Vaticano, regulando como hace todas las ceremonias litúrgicas, presta más atención a la letra externa que al despliegue de la vida mesiánica de Cristo. Con la ayuda de la Sagrada Congregación para los Ritos, el Papa define y organiza la liturgia católica romana, regulando las formas, gestos y palabras de todas las celebraciones del mundo de una forma que algunos juzgan reactiva (la Curia Vaticana actual estaría limitando de hecho la libertad que el Vaticano II reconoció a las iglesias).

Muchos católicos hablan de un retroceso litúrgico, que se expresa en el deseo arqueológico de conseguir unas celebraciones bellas, pero fosilizadas, sin verdadero contacto con el pueblo, sin impulso misionero. Por otra parte, el mantenimiento del celibato del clero está impidiendo que muchas comunidades puedan celebrar la eucaristía, perdiendo así el contacto con la fuente de la vida cristiana. Estamos pasando de una eucaristía entendida como sacrificio (con adoración al Santísimo) a un formalismo litúrgico o a una banalización de la celebración cristiana.

b. Éste es un reto esencial para la iglesia, llamada a celebrar la fiesta mesiánica de Jesús, que es renacimiento y perdón (bautismo, reconciliación) y, sobre todo, comida compartida (eucaristía), como signo de presencia de Jesús. En este contexto se juega gran parte del futuro de la Iglesia, llamada a expresar el evangelio en forma de pan y vino, es decir, de comunión de mesa y vida, en clave personal, económica y social, en gesto de alabanza creadora y de recuerdo-presencia de Jesús. No se trata de realizar pequeños cambios o de permitir unas ligeras variantes retóricas (misas en latín, de espalda al pueblo), sino de recuperar y desarrollar la libertad evangélica y la comunión de vida en la celebración de los signos del Reino, que se explicitan en el perdón, el nuevo nacimiento y la comida compartida, en alabanza gozosa, abierta a todos los hombres y mujeres del mundo, siguiendo el impulso de la Última Cena de Jesús.

No se trata de empezar pidiendo permisos para actualizar el misterio de Cristo, sino de asumir la libertad cristiana, propia de todos aquellos que acogen el evangelio y quieren celebrar (actualizar) el misterio y tarea de Jesús en el pan compartido. No podrá haber nueva evangelización si no desemboca y se expresa en una nueva celebración del perdón y de la mesa compartida. Evangelizar es crear iglesias desde el mensaje y vida de Jesús, unas iglesias que sólo se expresan y consolidan en la comunión de la palabra y del sacramento.

6. Autoridad ministerial, servidores de Jesús y de la comunidad

a. En principio, los ministerios nacen de la palabra de Jesús y de la vida de las iglesias que surgieron del mensaje de los “apóstoles”, cuando asumieron la autoridad de nombrar a sus representantes (que terminaron siendo obispos y presbíteros). Pero, a través de una larga historia, cuyos momentos más salientes fueron el constantinismo (siglo IV) y la reforma gregoriana (siglo XI), el Papa ha tomado el poder de nombrar, dirigir y remover a todos los obispos de iglesia romana (e indirectamente a todos sus presbíteros), imponiendo además el celibato sobre el conjunto del clero latino. De esa forma, los obispos se han vuelto delegados del único “obispo real”, que es el de Roma quien, a través de una Congregación vaticana, dirige la estructura y funcionamiento de todas las iglesias.

Ciertamente, algunos obispos se sienten autónomos y actúan de forma carismática, al servicio de la libertad cristiana. Pero la mayoría parecen simples delegados del Papa que les nombra y dirige. Las iglesias no tienen según eso verdadera autoridad ministerial, ni los cristianos tienen facilidad para ejercer su ministerio carismático, al servicio del evangelio. En ese contexto se sitúa la ley del celibato de los ministros de la iglesia latina, que debería hacer que ellos estuvieran más disponibles para las tareas eclesiales, pero que en este momento (si es impuesto) corre el riesgo separarles de la vida concreta de las comunidades y de la dinámica del mundo actual, en plano afectivo, social y económico.

b. También en este campo es necesario que las comunidades recuperen la libertad y la creatividad original del evangelio. No se trata de “romper con Roma”, sino todo lo contrario, de crear comunidades autónomas, que puedan asumir y recrear el mensaje de Jesús, desde su propias libertad, no bajo un Papa (bajo nadie), sino con un Papa que es signo y garante de unidad fraterna y de autonomía. Hasta el siglo XX era muy difícil (casi imposible) un cambio radical, pues obispos y presbíteros católicos eran no sólo representantes de la iglesia, sino también dirigentes políticos, como se vio en la disputa de las investiduras (siglo XII-XIII) y en la misma Constitución Civil del Clero (Revolución Francesa). Pero ahora que aquella situación ha terminado (o está terminando) los ministros pueden y deben ser nombrados por cada comunidad, desde la experiencia de su vida y su misión, retomando o recreando formas nuevas de compromiso evangélico, en comunión con la Iglesia universal.

En este contexto, las mismas circunstancias de los tiempos (y la vuelta al evangelio) parecen exigir que se abandone la obligación (no la opción carismática) del celibato, que fue muy importante en la reforma gregoriana, pero que hoy ha perdido el sentido y función que entonces tuvo (acentuar el carácter sacral del sacerdocio ordenado sobre el sacerdocio común de los fieles, e impedir que los “beneficios” eclesiásticos pasaran de padres a hijos). Eso permitirá recuperar, por otra parte, el verdadero celibato carismático de los religiosos. Sin un nuevo tipo de ministerio es imposible la nueva evangelización que la Iglesia está proponiendo en el sínodo del 2012.

7. Poder legislativo, más allá de la ley está la gracia

a. Ciertamente, como destacó san Pablo, el evangelio no es ley, sino gracia y libertad, por eso es difícil convertir el cristianismo en Derecho. De manera consecuente, la mayor parte de la legislación canónica proviene de otras fuentes, que pueden ser valiosas, pero no son cristianas (como el Derecho Romano), desde Justiniano (siglo VI). Además, una parte de la legislación canónica se ha fundado en “documentos apócrifos” (como las Decretales Seudo-Isidorianas del siglo IX), que han influido desde la reforma gregoriana (Dictatus Papae, Dictado del Papa: 1075) hasta el nuevo Código de Derecho Canónico (1983). Ciertamente, en esa línea de Derecho, el Papa tiene todo el poder legislativo, y así puede regular todos los espacios de la vida cristiana; pero el tema está en saber si esa línea de poder canónico, centralizado en el Papa, proviene del Evangelio (cosa que parece poco clara).

El Vaticano II (1962-1965) quiso beber de las fuentes del Nuevo Testamento, abriendo un camino de renovación cristiana, pero su inspiración ha quedado en parte sofocada por el Código de Derecho Canónico. De esa forma logró asumir en principio los diversos cambios de la teología y de la vida cristiana (renovación teológica, litúrgica, sacramental…), pero en el campo del Derecho todo parece haber quedado como estaba. Algunos críticos dicen que esta Iglesia de Roma está dispuesta a cambiarlo todo, pero a condición de mantener su poder jurídico sobre el resto de las iglesias.

b. Por eso es necesario volver a los principios del evangelio, como quiso Lutero en el siglo XVI, aunque su Reforma fue unilateral y, además, no pudo culminar (quedó en gran parte fracasada por motivos políticos) Se trata de retomar la inspiración de Jesús de Nazaret, tal como ha sido formulada en el Nuevo Testamento, de maneras distintas y convergentes por Pablo y Mateo, por Lucas y Juan (por citar cuatro testigos importantes), para actualizar desde esa base la “ley fundamental” de la iglesia (que no es ley, sino gracia), en diálogo con la tradición ortodoxa de oriente y con las comunidades protestantes. No se trata de fijar un Código más preciso que los anteriores (de 1917 y de 1983), sino de superar (recrear) el espíritu del Código, desde la raíz del evangelio.

No se trata de empezar legislando, sino de ofrecer marcos de inspiración y de vida, para que las mismas comunidades exploren los caminos de Jesús y avancen en línea de Reino. El principio de la Iglesia es la Gracia de la Vida (el impulso pascual del mensaje de Jesús), no un tipo de Ley, que ha de venir siempre después, poniéndose al servicio de la Vida, no para apagarla. Así podremos retomar la dinámica de Pablo, que puso la experiencia de la Gracia de Jesús en la base de toda Ley, para así relativizarla, sabiendo que la Ley sólo es salvadora si brota (y está al servicio) de la Gracia. Sin un cambio de orientación en esa línea no será posible la nueva evangelización que la misma iglesia está proponiendo (en el Sínodo de 2012).


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Comentarios
  • Comentario por GIORDANO BRUNO 21.03.13 | 14:31

    Disiento totalmente de la frase que dice: Evangelizar es crear iglesias".ESO, "Volver a empezar". Pues no señor.En el principio no había iglesias.Ese principio es ponerle puertas al campo.Es contar : AQUÏ DENTRO
    ALLÏ FUERA.Un nosotros y un vosotros.Resulta que aún queda el principio judáico de PUEBLO ELEGIDO.
    Y se le desposeyó para quedarse con todo UN CRISTIANISMO TRAIDOR.Claro, ¿cómo no iba a surgir aquello de BONIFACIO VIII, "Fuera de la iglesia no hay salvación".NORMAL.Y es lo que pretendieron los
    dos ultimos papas.Fracaso total.Iglesias vacias,seminarios vacios,Y esto va continuar. Lo he leído en
    Atrio. ZALBA dice: El papa Francisco es un lobo con piel de oveja".Nada nuevo.Adelante con los faroles.

  • Comentario por Darío Fernando Benítez 20.03.13 | 21:27

    La iglesia debe refundarse como organización. No me gusta la palabra democratizarse porque siento que está muy manoseada. La democracia encubre situaciones de injusticia, de explotación y de miseria que son verdaderamente escandalosas. Pero la verdad es que no encuentro otra mejor para proponer que se anime a darle más poder a sus comunidades y, especialmente, a la mujer. No creo que sea central que los sacerdotes se puedan casar. Se puede mantener un celibato optativo y admitir la ordenación de mujeres. El protagonismo de la mujer está bien atestiguado en el Nuevo Testamento. no es necesario recurrir a argumentos ajenos a los escritos fundantes del cristianismo para defender esta posición. No hay aquí contaminación de ninguna ideología revolucionaria ni de nada que se le parezca. Solo hay que dejar hablar a los textos, a Nuestros Textos. También creo que se debería rehabilitar a figuras castigadas, personas que como Hans Kung, han sido privadas de ejercer la docencia. Gestos y más.

  • Comentario por Xabier Pikaza Ibarrondo [Blogger] 20.03.13 | 21:17

    Gracias, Darío. Esa es la dinámica del poder

  • Comentario por Darío Fernando Benítez 20.03.13 | 21:13

    Lamento que el presidente Obama no haya asistido a la ceremonia de asunción de Francisco I (padre Jorge Bergoglio) y sí haya viajado a Israel. Parece casi una provocación. El primer papa latinoamericano de la historia y él va a ese país y apenas llega empiezan a ostentar el poder armamentístico de que disponen. Un verdadero asco, algo repulsivo y condenable. Y encima habla de una alianza eterna, palabras que justamente en la Biblia se leen para evocar una relación que no se funda en la fuerza y la violencia sino en el amor y la fidelidad. Un tremendo contraste, algo que vale la pena destacar. Si un papa latinoamericano puede simbolizar la voz de los postergados, de los oprimidos, de los expulsados, de los que no tienen poder; esto incluye también a los palestinos, a los africanos y a los negros como el presidente Obama.
    Las palabras de Jesús siguen resonando: "Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen".

  • Comentario por GIORDANO BRUNO 20.03.13 | 20:35

    Pero, ¡¡por favor!!! eso de PETRINO de ROCA, no s tiene en pie.Eso es un apaño que se inventó la iglesia para ACAPARAR el PODER que le regaló Constantino.En MARCOS no hay nada de eso.Yesúa llama Simón
    SATÄN , porque sólo buscaba el mejor sitio en el Reino del que hablaba Yesúa. Y nada de lo que dice MATEO está en MARCOS. Y MARCOS es anterior, aunque la iglesia lo ponga en primer lugar ¡¡¡con toda intención!!!.Ya está bien de falsedades.Yesúa no vino a crear una nueva religión, y menos una iglesia.¿Por qué echó a los sacerdotes del templo?. Para hablar o rezar al Padre, nunca lo nercesitó.Hablaba en las sinagogas porque era allí donde se reuníala gente.Ni fue él sacerdote, ni ninguno
    de los escogidos por él.!!!MENOS CUENTOS¡¡¡

  • Comentario por xaverius 20.03.13 | 16:02

    Y sobre el ministerio petrino en favor de la unidad de la Iglesia, ya el obispo Ignacio de Antioquía llama a la iglesia de Roma "la que preside en la caridad", confirmando que la misión de pastorear a sus hermanos y confirmar en la fe dada por Cristo a Pedro debía tener continuidad en la Iglesia por medio de los sucesores de Pedro. El Papa es el vicario de Cristo (Él es la roca y su vicario hará las funciones vicarias de roca) y, por tanto, su potestad alcanza a todos, lo que no significa que los obispos sean delegados papales porque tienen potestad propia en sus respectivas diócesis. Pero han de estar en comunión con el Papa y esto es doctrina que no se puede de ningún modo diluir. La historia ha demostrado que el servicio petrino a la unidad de la fe es esencial y cuando no se ha respetado los supuestos reformadores han terminado disgregándose en multitud de sectas o bien, si han respetado la tradición, han perdido la universalidad de la Iglesia.

  • Comentario por xaverius 20.03.13 | 15:53

    El engaño de estos artículos está en que dan por supuesto que la línea más auténticamente evangélica es la que se expone como cambios a conseguir. Pero niego la mayor: lo auténticamente evangélico no es diluir la liturgia ni acabar con el celibato sacerdotal ni difuminar el servicio petrino a la unidad de la Iglesia. Si uno lee a los Padres de la Iglesia y estudia el desarrollo histórico desde la primera Iglesia, el celibato proclamado ya por San Pablo como estado de vida superior fue instalándose como coherente con la consagración a Dios y a la Iglesia. También en las iglesias de oriente, el Obispo ha de ser célibe y los aspirtantes al sacerdocio pueden casarse sólo antes de la ordenación, no después. También las distintas liturgias se fueron fijando desde el principio en tradiciones litúrgicas. En ninguna iglesia ni tradición eclesial se ha sostenido jamás ningún modo de anarquía o personalismos litúrgicos.

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