El blog de X. Pikaza

Manifiesto de Epifanía (con L. Biolatto)

He presentado en las postales anteriores los mejores comentarios al texto de los magos (Mt 2), uno de U. Luz, otro de Benedicto XV. Pero hay cosas que ellos no han visto, quizá por vivir donde viven (uno en Berna, capital de los banqueros) y otro en el Vaticano.

Por eso, a pesar del gran valor de sus textos (que he comenzado haciendo míos), he querido completarlos, no porque sepa más que ellos, sino porque me encuentro quizá más a ras de tierra. Así he destacado algunos rasgos del tema de los Magos-Reyes (que completaré en otra postal con dos Cartas de los mismos Reyes Magos):

-- Éste es un tema y fiesta contra-cultural, pues va expresamente en contra Herodes, que no era ni peor ni mejor que los reyes actuales de España o los presidentes y políticos de la sociedad establecida)...

-- Es una fiesta provocadora, pues insiste en el el valor de los de fuera (extranjeros...), con su sabiduría y sus "dones" (oro, incienso, mirra...), en contra de todo intento de absolutizar lo propio (como hace Herodes, que es aquí el antagonista de Jesús, con los sacerdotes).

-- Es una fiesta de ternura y gran protesta: Ternura hacia los niños, a quienes debemos ofrecer el regalo de nuestra vida (toda nuestra vida hecha regalo de gracia...); protesta en contra de todos los herodes y los sacerdotes que, en el fondo, utilizan a los niños para seguir reinando.

-- Ésta es la fiesta del niño-rey (hijo de Dios) amenazado, al que se debe cariño (todo niño vive del regalo de los mayores) y protección... Pero ella pone de relieve el riesgo en que viven los niños, ignorados por los sacerdotes (que no van a servirles, no tienen tiempo), amenazados por Herodes (que decide matarles, para reinar él eternamente). Sin duda es necesario el recuerdo de los niños históricos que Herodes mató (según cuenta F. Josefo), pero hoy más actuales los 40.000 niños que mueren de hambre cada día sobre el mundo, mientras se celebran cabalgatas de lujo (y engaño) en su honor.

Es importante el tema de los niños abortados desde el vientre de la madre, pero es mucho más importante el tema de los niños abortados y asesinados por la sociedad de consumo. Mientras no seamos capaces de crear una cultura solidaria de gratuidad (de regalo constante), poniendo su centro el amor concreto, el servicio a la vida, esta fiesta será fiesta agridulce, como seguiré indicando en mi comentario al texto.

Al final, como reconocimiento a la sabiduría y buen hacer de un amigo/compañero (L. Biolato) introduzco su reflexión sobre el tema. Gracias, Leonardo, por lo que nos ofreces cada domingo. Y felicidades a todos los padres y niños del mundo.

(He querido poner como imagen el Niño de la Navidad que aparece en el blog de mis hermanos mercedarios de Córdoba, Argentina: http://www.facebook.com/mercedargentina?fref=ts)

UNA FIESTA DE MUCHOS NOMBRES

La fiesta de los Magos tiene muchos nombres, y todos derivan, de algún modo, del texto famoso de Mt 2, 1-13 donde se nos dice, de forma simbólica, que unos magos de oriente vinieron para adorar al Rey de los Judíos, guiados por la estrella, y que le hallaron en Belén, donde le adoraron, ofreciéndole sus dones (oro, incienso y mirra). Entre nos nombres de esta fiesta podemos destacar:

1. Epifanía significa revelación o manifestación. Dios se ha expresado en su plenitud, como divino, a los magos de oriente, apareciendo antes ellos en la forma de un niño recién nacido, en brazos de su Madre (es decir, de alguien que le acoge). Ésta es la mayor hierofanía, revelación sagrada. Pero eso, ésta es una fiesta “religiosa”, pero en el sentido político del término: Expresa la llegada (manifestación) del Gran Rey que viene a visitar a su pueblo, compartiendo su miseria y desamparo, para así sentir en carne viva la injusticia de los reyes, el asesinato de los niños…

2. Adoración de los Magos. El Dios Niño. Ésta es una fiesta de Adoración. Ella recoge el gesto religioso de unos magos (sacerdotes de Persia, quizá astrólogos, representantes de la sabiduría de Oriente: India y China…) que, tras siglos de búsqueda sagrada, encuentran y adoran a Dios, viéndole como niño en brazos de su Madre (la Gebirá). Es así la fiesta de la vida humana: Los magos-astrólogos-sabios no adoran ya una estrella del cielo, ni rinden su homenaje al rey del mundo (Octavio de Roma, Herodes de Jerusalén…), sino que adoran (ponen toda su riqueza: Oro, incienso, mirra…) al servicio de un niño amenazado (que tendrá que ser llevado a contra-ley a Egipto), de todos los niños asesinados.

3. Fiesta de Reyes. Inversión política. La tradición ha convertido a esos magos del relato simbólico del evangelio en Reyes, en gesto lleno de sentido. Los grandes reyes de la tierra, desde Alejandro hasta César Augusto, desde los presidentes de USA o de China hasta los caciques de las tribus urbanas, se han llamado protectores de los niños, pero en el fondo han elevado sus tronos sobre el sacrificio de los niños, como los Inocentes de Belén, como los 40.000 inocentes que mueren cada día de hambre o represión. Jesús ha venido a encarnar el camino de Dios en los niños amenazados, hambrientos, perseguidos…Ciertamente, Dios le ha “salvado” la vida, pero no para desplegarla después de un modo egoísta, sino para ponerla al servicio de todos los niños, muriendo por ellos. Por eso, los reyes (empezando por Juan Carlos I o siguiendo por V. Putin y cía.) han de cambiar totalmente si quieren celebrar esta fiesta.

4. Fiesta de los niños perseguidos. ¿Cabalgata de niños hambrientos? Por muchas de nuestras ciudades paseará esta tarde-noche la Cabalgata de los Reyes, con su ilusión de Oriente, con sus regalos. Es buena la ilusión para los niños, la experiencia de la vida como regalo… Pero esta cabalgata se ha convertido de hecho en ostentación y derroche de la sociedad de consumo, de los nuevos Herodes de turno, enriquecidos a costa de los niños. Ésta es la fiesta del niño que nace “perseguido” por Herodes, es decir, por aquellos que tienen miedo de la vida de los niños, es decir, de los otros, de los ahora marginados y perseguidos. Por eso, en la Cabalgata debería ir los niños que no tienen pan, los que mueren de enfermedad, abandono o hambre… En esa línea, esta fiesta sólo se puede entender (en sentido cristiano) a la luz del Viernes Santo, donde veneramos a un Hombre que ha muerto a favor de los demás, perseguido por los reyes del mundo.

5. Fiesta de extranjeros. Ésta debería ser la fiesta de aquellos que “vienen” ofreciéndonos el regalo de la vida. Los de “casa” (con Herodes) no entienden, no quieren que otros vengan y les quiten sus pretendidos privilegios. Por eso es necesario que sigan viniendo los de fuera, los de Oriente o Mediodía, los de todas las partes del mundo, a enseñarnos el camino de la vida. Que vengan al Vaticano, para dar su testimonio de vida, que vayan a Berna la rica, con sus bancos, para que la sociedad occidental pueda descubrir el sentido de la vida…

LOS TEMAS DEL DÍA

Los magos vienen a Jerusalén porque han visto en oriente la estrella del Rey de los judíos... Ese tema nos sitúa en el centro de una extensa tradición astro-lógica (-nómica) que vincula al ser humano (y especialmente al salvador) con un (=el) Astro del cielo: es como luz en el firmamento y futuro de la historia.

Por eso, allí donde ha nacido el Rey de los judíos ha debido encenderse una luz, se expande una esperanza de salvación sobre la tierra. Esa luz atrae a los "magos", que vienen hacia Jerusalén, iniciando la marcha de los pueblos hacia el futuro de su plena humanidad. Por eso, como venimos suponiendo, este pasaje debe interpretarse en la línea que lleva al mesianismo universal de Mt 28, 16-20.

Israel más allá de Israel. Todo niño es Mesías

La historia de los magos brota de la tradición israelita: los pueblos paganos de Oriente vienen hacia Jerusalén, para adorar al Rey de los judíos, que ha nacido ya, pues ha surgido su Estrella. Ellos, los magos, son signo de un camino de búsqueda y fe universal, que desborda el nivel israelita, tanto por su origen como por su meta. Por su origen: la fuerza que les lleva hacia Jesús no es la ley de Israel, sino la luz o estrella de su propia religión (de su paganismo). Por su meta: tras adorar a Jesús no quedan allí, para formar parte del pueblo judío, sino que vuelven a sus tierras, como indicando que el camino y luz del Rey israelita ha de interpretarse desde sus propias tradiciones religiosas y culturales.

((La cristología del envío final del evangelio (Mc 28, 16-20) empalma con los magos, pero invierte y completa su sentido: no son ellos (magos gentiles) los que deben buscar en Jerusalén al Rey israelita, para encontrar al Niño de Belén y marchar por otro camino hacia su tierra; son los mismos cristianos quienes deben expandir la experiencia mesiánica ia todos los pueblos de la tierra, como enviados del Cristo pascual, desde la montaña de su resurrección (en Galilea, no en Jerusalén). Los cristianos ya no esperan la venida de los pueblos, como parece haber hecho la iglesia primera de Jerusalén y la tradición de las comunidades judeo-cristianas, cuya dotrina ha recogido (y superado) Mt en su evangelio, sino que deben ir a las naciones (y no sólo a las de oriente), llevando la buena nueva del discipulado, de la comunicación fraterna, poniéndose así en manos de la cultura y vida de los pueblos)).

Los magos (gentiles) buscan en Jerusalén al Rey de los judíos, como suponiendo que deben aceptar sus leyes nacionales (la forma de vida israelita). Vienen pero no encuentran al Rey en Sión, sino en Belén; no lo descubren honrado y victorioso, sino escondido y perseguido. No le encuentran en el templo con la ley sagrada y con los ritos, sino en su pobre humanidad, que es signo de Dios. Por eso tienen que volver a su país, no pueden quedarse en Judea, ni cultivar de una forma nacional el mesianismo; han visto a Dios en un niño al que han honrado, deberán seguir honrándole en todos los niños del mundo, pues en todos nace Dios.

Invertir el camino

Conforme a la esperanza israelita, el Santuario de Sión y la Tierra de Israel son el centro del universo, hacia el que un día vendrán los pueblos y reyes de la tierra, para reconocer la soberanía de Yahvé (cf. Is 42, 1-6; 51, 4-5; 56, 1ss etc.). Esta visión expresa la certeza esperanzada y muy gozosa de que Dios se manifiesta de un modo salvador en Israel, expandiendo desde allí su soberanía. Pero ella incluye también elementos de triunfo partidista, como si Dios quisiera ofrecer un premio especial a los judíos en cuanto tales, de manera que los otros pueblos resultan secundarios o subordinados.

El templo de Jerusalén es foco y centro de la manifestación de Dios, en línea de mesianismo real: Dios mismo ha ofrecido su triunfo al rey mesías, haciéndole portador de su soberanía sobre el mundo. En esa línea, los magos de oriente han venido según esta esperanza de los buenos israelitas y muchos judeocristianos de Jerusalén y la diáspora: unos y otros sabían que los pueblos de la tierra han de venir trayendo sus dones, para culminar su camino en Sión. Mt 2 empieza aceptando esa esperanza, pero después transformarla de manera muy significativa:

1. Jesús, Mesías de Dios, no está encerrado en el templo y ley de Jerusalén, sino abierto en Belén para todos los que vengan. No es Rey que impone su derecho en Sión, sino Niño necesitado, en brazos de su madre. No es Sacerdote que expande la sacralidad divina desde el tabernáculo del templo, sino niño amenazado, que debe exilarse en Egipto, asumiendo así la historia del autentico Israel, Hijo de Dios (cf. 2, 15). En esa línea, parece que el Vaticano tendrá que salir de su templo para encontrar al niño Dios, el niño real, amenazado, pero protegido por los sabios de Oriente

2. Nobles y sacerdotes de Israel no han querido visitar y servir al Niño. Ellos conocen de algún modo el misterio (saben que el mesías debe nacer en Belén), pero no quieren buscarle, ni le ofrecen el tesoro de su vida (cf. 2, 11), pues tienen miedo de perder sus privilegios. No pueden poner su riqueza y poder al servicio de los niños del mundo. Ésta es la paradoja de todos los Herodes de la historia, que acaban matando a los niños (inocentes) para reinar ellos, en nombre de su propia piedad.

3. Herodes rey no acepta el mesianismo de Jesús y decide matarle. Este famoso Herodes, en el tiempo del nacimiento de Jesús gastaba cada año millones y millones de euros-dólares para construir el templo de los sacerdotes, mientras mañana a los niños. De manera consecuente, la venida de los magos se inscribe en un contexto de persecución: el rey de turno persigue al verdadero Rey de los judíos, obligándole a exilarse, mientras los buscadores mesiánicos de oriente vuelven a sus tierras por otro camino.

REFLEXIÓN PIADOSA

1. Sobre los magos

– La religión y misión de los magos esta anunciada en la tradición israelita: los pueblos paganos de Oriente deberán venir al fin de los tiempos hacia Jerusalén, para adorar al Rey de los judíos, que ha nacido ya, cuando surja su Estrella. Ellos, los magos, son signo de un camino de búsqueda y fe universal, que desborda el nivel israelita, tanto por su origen como por su meta. Por su origen: la fuerza que les lleva hacia Jesús no es la ley de Israel, sino la luz o estrella de su propia religión (de su paganismo). Por su meta: tras adorar a Jesús no quedan allí, para formar parte del pueblo judío, sino que vuelven a sus tierras, para iniciar allí la misión cristiana (sin pasar por Jerusalén, ni por la Iglesia posterior, establecida), como indicando que el camino y luz del Cristo Mesías han de entenderse y expandrise desde sus propias tradiciones religiosas y culturales. Ellos inician así un cristianismo árabe o persa, hindú o chino (según se suponga el lugar del que procedían esos magos, uno de los cuales se llamaba Buda, según creo). El tema es: qué le enseñaron los magos a Jesús.

– La cristología del envío final (propia de Mateo 28, 16-20) empalma con la de los magos, pero invierte y completa su sentido: no son ellos (los magos gentiles) los que deben buscar en Jerusalén al Rey israelita, para encontrar al Niño de Belén y marchar por otro camino hacia su tierra. Son los mismos cristianos quienes deben expandir la experiencia mesiánica a todos los pueblos de la tierra, como enviados del Cristo pascual, desde la montaña de su resurrección (en Galilea, no en Jerusalén). Los cristianos ya no esperan la venida de los pueblos, como parece haber hecho la iglesia primera de Jerusalén y la tradición de las comunidades judeo-cristianas, sino que ellos deben salir y de su montaña particular (de Galilea o de roma) para ir a todas las naciones (y no sólo a las de oriente), llevando la buena nueva del evangelio.

2. Iglesia centrípeta y centrífuga

De esa forma se distinguen y completan los dos tipos de experiencia y misión que han definido el comienzo de la iglesia: una centrípeta (los gentiles vienen a adorar al Dios israelita, revelado en su Mesías) y otra centrifuga (los enviados del Cristo pascual salen a ofrecer el evangelio a todas las naciones). La primera tradición (de Mt 2) es más judía y puede entenderse como principio del evangelio. La segunda (Mt 28, 16-20) es más pascual… pero ambas se completan, formando como los dos momentos del evangelio.

– Momento de búsqueda. Atracción mesiánica. Los magos (gentiles) buscan en Jerusalén al Rey de los judíos, como suponiendo que deben aceptar sus leyes nacionales (la forma de vida israelita). Vienen pero no encuentran al Rey en Sión, sino en Belén; no lo descubren honrado y victorioso, sino escondido y perseguido… Misteriosamente, ellos le “reconocen” (reconocen al Mesías de Belén, no al de Jerusalén)… Por eso tienen que volver a su país, no pueden quedarse en Judea, ni cultivar su experiencia de una forma nacional (judía, de iglesia cerrada). Ese retorno de los magos muestra ya el camino de Jesús, que será un camino de apertura universal.

– Momento de apertura universal. Según Mateo 28, 16-20, siguiendo a los magos, los discípulos de Jesús llevan su mensaje y vida (su discipulado) a todas las naciones. Pero no lo hacen desde Jerusalén sino desde la montaña de la pascua, que es una forma nueva de expresar el misterio de Belén. No van a todos los pueblos para retornar a Jerusalén (ni a otro lugar donde estaría el centro de la iglesia establecida), sino para ofrecer su fermento de vida (su discipulado) en todos los pueblos de la tierra. Son portadores del mensaje-vida de Jesús, pero no una forma nacional/judía (o nacional/cristiana), sino un camino que se abre a todas las naciones y se expresa en ellas, en cada una de una forma.

Jesús ha muerto en Jerusalén, pero allí sólo ha dejado una tumba vacía: no ha instituido una autoridad central, ni unos escribas que avalen y confirmen la buena interpretación mesiánica de su vida y mensaje. El principio de la cristología de Mateo es la experiencia de Belén (con los magos que buscan la luz de Dios en el niño) y la montaña de la pascua en Galilea, que es un lugar o capital que no puede encontrarse en los mapas, un lugar sin templo, ni funcionarios sacrales, es el lugar desde el que se expresa y se expande la Palabra de Dios, que es Padre-Hijo-Espíritu Santo, del dios que “bautiza” (que asume y consagra) a todos los hombres, en experiencia de amor.

Este Jesús de la montaña pascual que envía a sus discípulos al mundo no quiere adoctrinar a los hombres, ni imponer sobre la tierra unos esquemas culturales o sacrales. De manera sorprendente, sus testigos van sin libros (no llevan unas normas escritas de conducta, aunque se inspiran en la experiencia israelita). Van sin una lengua sagrada, sin tablas de leyes y preceptos. Simplemente llevan la experiencia de la pascua, que les capacita para entender la vida de Jesús, revelación de Dos y fuente de amor para todos los humanos.

‒ A lo largo de la historia de la cristiandad, muchos han aplicado y siguen aplicando a Jesús sólo un modelo de experiencia centrípeta, vinculando a Jesús con la cultura dominante de la nueva Jerusalén, en el centro de una iglesia occidental, que tiende a confundir el evangelio con sus intereses culturales o sociales, en Roma o Londres, en Moscú o América. Este ha sido quizá el mayor problema cristológico moderno: la vinculación de Jesús con los poderes dominantes de occidente. Los magos antiguos tuvieron más suerte, pues, con la ayuda de sacerdotes y escribas, hallaron al Rey fuera de la ciudad triunfadora, al exterior de la cultura dominante, como niño perseguidos. Muchos de nosotros (y, de algún modo, la iglesia) hemos secuestrado a Jesús en los muros de nuestra cultura dominante, sea filosófica o social, económica o militar.

La cristiandad posterior ha sentido miedo de esta universalidad del Cristo, encerrándole de nuevo bajo llaves religiosas de dominio, dentro de estructuras de poder cultural o social; no ha dejado que emerja el Cristo verdaderamente ecuménico, capaz de unificar en amor a todas las naciones de la tierra. Se plantea así uno de los grandes retos de la iglesia ante el siglo XXI: o la cristología se vuelve católica (universal), capaz de recibir a los magos y de abrirse a todas las culturas de la tierra, en respeto fuerte y búsqueda de amor, o ella termina convirtiéndose en ideología particular de un pequeño grupo de cristianos, cada vez más perdidos dentro de una humanidad que busca otros caminos de realización, en clave de violencia.

El camino de los magos que buscan a Jesús… es el camino de todos los hombres de todas las religiones… El Jesús de Belén o del Monte de pascua ha de estar dispuesto a recibir el oro de la cultura de los pueblos, el incienso de todas las formas de cultura religiosa… la mirra de todos los dolores… Los cristianos tenemos que sentirnos capaces de acoger la cultura religiosa de los pueblos… Sólo en ese sentido se puede hablar de “epifanía”. No se trata sólo de ir y llevar a los otros lo que tenemos… Se trata de recibir lo que nos ofrecen los grandes “magos” de los pueblos: Buda y Zoroastro, Lao-Tze o el autor de la Bagavad Gita…. por poner unos ejemplos.

FIESTA DE NIÑOS

La fiesta del 6 de enero, día de los Magos (llamados de ordinario Reyes), que vienen de Oriente para adorar al Niño se llama, litúrgicamente, Epifanía. Es la fiesta de la "revelación de Dios", su manifestación suprema, en la vida de Jesús, un hombre que nace para "alumbrar" a otros hombres. Ha sido durante siglos la fiesta principal de la Navidad, mejor dicho, la Navidad en sí, como expresión de la Luz de Dios que alumbra a los hombres. Es una fiesta de ilusión creadora, pues los "reyes" no son reyes, sino buscadores de Dios, hombres que vienen de lejos queriendo encontrar (y compartir) la verdad. Ellos nos preguntan. Podemos y debemos responderles.

Esta es una fiesta que se abre al conocimiento completo de la venida de Dios entre los hombres. Es una fiesta que se ha concretado en general en una ilusión de niños: la fiesta de la Cabalgata de los Magos de la Paz, que quieren que el niño viva, que todos los niños vivan y tengan ilusiones y regalos, fantasía y gozo que inunda también a los varones. Quiere ser la fiesta en que los niños pueden ser los Reyes de la casa y la ciudad, día en que la vida es un regalo.

Ésta es una fiesta en la que pueden hacerse reflexiones infinitas, con U. Luz y con Benedicto XVI. Sumándome a ellos, pero matizando otros motivos, yo he querido poner de relieve su carácter paradójico, afirmando que ella no puede entenderse desde la cercanía de un Banco Mundial, ni desde un Gran Palacio (que a fin de cuentas se parece más al palacio de Herodes que a la casa-portal-cueva o paridera donde la tradición ha puesto a Jesús.

Excurso amistoso

Leonardo Biolatto
La subversión de los extranjeros / Fiesta de la Epifanía del Señor
http://palabrademision.blogspot.com.ar/2013/01/la-subversion-de-los-extranjeros-fiesta.html

Pistas de exégesis (qué dice el texto)

La fiesta de hoy es llamada epifanía, que en griego significa manifestación. El término, en el uso literario griego, podía caber en dos ámbitos: el secular y el religioso. Para lo secular, designaba una llegada, una venida, o mejor dicho, un ingreso. Cuando una figura política importante (rey, emperador, embajador) ingresaba a una ciudad y se realizaba el acto solemne de la procesión, con pompa y lujos, ese evento era una epifanía. Digamos que se ponía de manifiesto la entrada de alguien de renombre. En el ámbito religioso, donde hallamos la otra acepción, sí podemos hablar de una manifestación divina, como un hecho sobrenatural, de origen celestial, que actuaba, generalmente, a favor de los seres humanos. Era epifanía el evento de la intervención divina que daba a conocer las obras particulares de los dioses para con los hombres. El cristianismo adoptó las dos acepciones para vincularlas a Jesús. 2Tim 1, 10 es un pasaje que habla de la “manifestación de nuestro Salvador Cristo Jesús”.

Dios encarnado es un ingreso y una manifestación en sí misma, es la entrada triunfal (paradójicamente, por la puerta de atrás de la historia) y la mano divina que socorre.

Como el significado de la epifanía es muy amplio para condensarlo en un solo acontecimiento o en una sola fecha, la Iglesia primitiva interpretó que tres eran las escenas evangélicas dignas de ser contempladas bajo el arco epifánico. Una de ellas es el relato de los magos de Oriente. La segunda escena es el bautismo de Jesús en el Jordán, que litúrgicamente se celebra el domingo posterior a la Fiesta de la Epifanía. Y la tercera escena es la que el Evangelio según Juan tiene al comienzo de su capítulo 2, las bodas de Caná, que en este Ciclo C se lee a continuación del domingo del bautismo del Señor.

El episodio de los magos de Oriente es un texto sedicioso, un contrapunto a los poderosos. El desarrollo de la escena demuestra que unos magos venidos de Oriente preguntan en Jerusalén (cuna capital del poder) dónde ha nacido el rey de los judíos. Herodes, actual rey judío, se sobresalta. Y no es para menos, pues unos extraños/extranjeros vienen a preguntar, en su cara, dónde está el que lo suplanta.

Mateo describe el sobresalto de Herodes con la palabra griega tarasso. El mismo término puede hallarse en Hch 17, 8, y el trasfondo de ambas escenas puede darnos una pauta. El capítulo 17 de Hechos de los Apóstoles comienza narrando la llegada de Pablo y su equipo misionero a Tesalónica (cf. Hch 17, 1); allí, Pablo predicó durante tres sábados y muchos adhirieron a la doctrina cristiana (cf. Hch 17, 2-4), pero los judíos se indignaron, reunieron una multitud tumultuosa y fueron a buscarlos para apresarlos. Como no encontraron al equipo paulino, se llevaron al dueño de la casa, Jasón, y a otros que andaban cerca (cf. Hch 17, 5-6a). Cuando los presentan frente a los magistrados de la ciudad (órgano de poder romano) para acusarlos, esgrimen lo siguiente: “Esos que han revolucionado el mundo se han presentado también aquí, y Jasón los ha hospedado. Además todos ellos actúan contra los decretos del César, pues afirman que hay otro rey, Jesús” (Hch 17, 6b-7). Al oír esto, el pueblo y los magistrados se alborotaron (tarasso).

¿Cuál es el motivo de ambos sobresaltos, entonces? Que hay otro rey. Los magos lo vienen buscando desde Oriente; en Tesalónica lo anuncian unos predicadores itinerantes que están revolucionando el mundo. El cristianismo nace subversivo, en Nazaret. Jesús es una persona que se opone, directamente, a Herodes y al César. Desde su paradoja, desde los poblados pequeños que poco tienen que ver con las capitales, desde unos dementes itinerantes que no poseen ninguna función religiosa, desde los extraños/extranjeros.

La sedición de los magos va más allá, porque ellos no son del interior del judaísmo, no son circuncidados. Los magos vienen de Oriente, de afuera. Son extranjeros que buscan a un rey judío. Parecen ser lectores del cielo, astrólogos. Se supone que Mateo está haciendo referencia al grupo de sabios persas que se dedicaban al estudio de los planetas. De todas maneras, no es indispensable saber su procedencia exacta. Lo importante es entender que no son judíos. Posiblemente tengamos en el relato mateano una referencia al Salmo 72, una oración que pide a Dios por el gobierno del rey, para que se realice en justicia (cf. Sal 72, 1-4.12-14), para que dure eternamente (cf. Sal 72, 5-6.17) y para que se expanda universalmente (cf. Sal 72, 8-11.19). Sobre esta última característica se dice que “los reyes de Tarsis y las islas traerán consigo tributo. Los reyes de Sabá y de Seba todos pagarán impuestos; ante él se postrarán los reyes, le servirán todas las naciones” (Sal 72, 10-11). Como los magos de Oriente traen oro, incienso y mirra, la tradición cristiana identificó en ellos el cumplimiento de esta profecía del Salmo, intercambiando magos por reyes.

Los que vienen de Oriente, los extranjeros, los extraños, son símbolo de los paganos que se insertarán a la comunidad cristiana. Más adelante, en su vida pública, Jesús dirá sorprendido por la fe del centurión romano: “Les digo que vendrán muchos de oriente y occidente y se pondrán a la mesa con Abrahán, Isaac y Jacob en el Reino de los Cielos” (Mt 8, 11). Los magos son las primicias del Oriente, son los primeros de esos muchos que se pueden sentar a la mesa con los patriarcas. Sin ser israelitas, se hacen herederos de las promesas por el Cristo.

Pistas hermenéuticas (qué nos puede decir hoy)

La subversión del Reino parece estar en la inversión del establishment. Jesús es rey de verdad y ni Herodes ni el César lo son. En el Cristo son uno los judíos y los paganos, los de occidente y los de oriente, volviéndose inútiles las divisiones fabricadas por la mano humana. La misma naturaleza del Reino entra en contradicción con los poderes, porque los poderosos no quieren igualdad ni relatividad de su poderío. Un Mesías que desestabiliza desde los poblados pequeños, desde la periferia, desde los olvidados, es peligroso. Un Salvador que no utiliza la fuerza de las armas ni las maniobras políticas, que se sienta a la mesa con los de afuera, es sumamente molesto. Herodes y los magistrados se conturban porque entienden que son efímeros, que son ilegales en algún sentido, y que Dios se manifiesta allí donde parece imposible que pueda hacerlo.

La Buena Noticia del nacimiento y la Buena Noticia de la resurrección son escandalosas para los poderosos, puesto que un dios lejano, olvidado de la historia que puso en marcha, permite a los opresores mantener determinadas estructuras que afianzan el propio reinado; un Dios encarnado, en cambio, altera el supuesto orden natural de las cosas, invierte los valores, desbarajusta, altera, modifica. Jesús es rey de una manera distinta, y con eso se derrumba el artificio de poder de los reyes de la tierra. Los poderes se alborotan cuando oyen que su potencia es puesta en jaque, cuando se les revela que no son la punta de la pirámide. La encarnación de Dios es la caída por tierra de las ideologías que ven en los gobernantes descendientes directos de la divinidad, o que creen en una sangre pura, una sangre azul. Si Dios, el trascendente, el infinito, el rey eterno, puede hacerse mortal, entonces ningún gobernante de este mundo puede pretender emular el reinado perfecto sin abajarse.

La Iglesia tiene la responsabilidad de descubrir al Dios manifiesto en lo oscuro, en lo subterráneo, en lo marginal. La Iglesia tiene la responsabilidad de subvertir su mirada para descubrir, con la sabiduría del Reino, la fuente de la revelación. El Todopoderoso, el Señor del universo (del cielo y de la tierra), no ha elegido las oficinas de los estudiosos ni los hábitos de los profesionales de la religión para auto-comunicarse, sino que se ha revelado a los pequeños y en lo pequeño. Se trata de un Dios sedicioso que se opone a la pompa del Imperio, a las entradas triunfales que son un show, a la sociedad piramidal donde la ancha base sostiene la estrecha punta. Se trata de un Dios para todos que no es elitista ni descarta a los débiles por selección natural. En el menos pensado, quizás en el extranjero, es posible hallar la epifanía. En lo despreciado por distinto, por no acomodarse al sistema, está escondido el misterio de una revelación que evita los cauces oficiales de manifestación.

Los magos que subvirtieron el orden de Herodes y Jerusalén pueden estar presentes, de manera transformada, intentando subvertir nuestro orden de Iglesia. Pueden querer mostrarnos al Dios encarnado que no sabemos reconocer. Afuera de nuestro terrible muro eclesial están los inmigrantes, los emigrantes, los gitanos, los judíos, los musulmanes, los ateos, los trotamundos, los desilusionados con nuestra institución, los desplazados, los ahuyentados, los expulsados. Vienen anunciando que han visto la estrella, que han visto la luz, y que nosotros, por la altura de nuestro muro, no la hemos podido divisar.

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Comentarios
  • Comentario por Atman 06.01.13 | 16:34

    Todos estamos llamados a ser Jesús: El hombre nuevo. La Mayoría piensa en Jesús como un Dios que ha descendido a la tierra. Jesús no descendió del cielo como una estrella o un meteorito. Jesus es un hombre como los demás.
    Los musulmanes creen que el Coran descendió del cielo y antes de la ejecución de los condenados a muerte en la horca, les muestran en alto el libro, para que vean que están cumpliendo ordenes divinas.
    A Dios no lo ha visto nadie pero en El nos movemos existimos y somos. Somos muy limitados y nos resultan imprescindible el agua, el oxigeno, los animales, las plantas etc. para poder vivir, nuestra relación con Dios es transpersonal.

  • Comentario por Graciela Moranchel 06.01.13 | 14:16

    Qué lindo y profundo me parece leer el relato de los regalos que le hacen los Magos a Jesús, oro, incienso y mirra, más allá de la bella y justa interpretación tertuliana que hace referencia a la divinidad, a la realeza y a la humanidad de Cristo.
    Estos presentes que hacen los sabios al Niño me hablan de un real "intercambio" de bienes entre Cristo y todas las tradiciones y sabidurías de la tierra. La gracia de Cristo que se derrama en abundancia sobre todos los pueblos, y estos ofreciendo a Jesús (y a nosotros) lo mejor de sí: su oro, su incienso, su mirra, su milenaria "experiencia de Dios". ¿Cómo no aceptarlos, cómo no valorarlos, cómo no ver cuánto han ayudado a los hombres a ser más buenos, cómo no compartirlos?
    El camino inverso hace caer fácilmente en el "exclusivismo" que hoy día no tiene cabida en ningún camino espiritual.

    Les mando un abrazo grande a todos, deseando para Uds. una feliz fiesta de la Epifanía del Señor.

  • Comentario por Xabier 06.01.13 | 08:54

    Precioso comentario, Xabier

  • Comentario por galetel 06.01.13 | 02:10

    Gracias Xabier, Juan Manuel, Graciela, Sofía, y todos.
    Feliz Epifanía.
    Un abrazo.
    Gabriel.

  • Comentario por eduar 06.01.13 | 01:52

    ¿ Quién es tú Rey del Mundo ? ¿ Cuántos sirvientes tienes en tu mundo particular ?

  • Comentario por eduar 06.01.13 | 01:49

    El mejor regalo que podemos hacernos los adultos es el respeto y buscar todos los caminos que nos gustaría no perder en común. Los principios universales ya descubiertos hace tiempo.

    Nuestra selección natural es muy destructiva, el instinto gris arco iris de la herencia exclusiva . El mundo del Clan aparte de la complejidad atomizada. De Reproducir un Grabado de Verdad sin las razones universales, el complemento que seguro más coincidimos y compartimos.
    Los Grabados se deterioran tras cada copia, como las células del cuerpo, pensar enriquecer el acopio de humanidad es un regalo. Esa fraternidad no entiende de células y por ende es cuestión de tiempo y calibrar su espíritu común. La mayor y sencilla herencia venidera, compartida desde ahora y ayer

  • Comentario por galetel 05.01.13 | 23:27

    En mi opinión, hay que saber hacer énfasis en la necesidad de pluralismo -que mucha falta hace- SIN abandonar la necesidad de inclusivismo.

  • Comentario por sofía 05.01.13 | 23:18

    Gracias, Pikaza
    y gracias, Galetel.
    Y feliz epifanía a todos (la estrella sobre el portal, señala a ese niño - los villancicos son la purita verdad)

  • Comentario por galetel 05.01.13 | 23:17

    En la imagen de Jesús acogiendo a los magos tenemos una explicación clara de lo que es el inclusivismo pluralista. El pluralismo, representado por los magos paganos, es aceptado e incluido en la adoración de Jesús como Dios encarnado. Si se hubiesen quedado adorando a Dios a su manera, por válida que fuese, los magos no habrían encontrado a Dios en Jesús, que es la mejor manera de hallarlo y adorarlo.

  • Comentario por galetel 05.01.13 | 22:37

    En la intención de Mateo, como aseguran las mejores exégesis, el oro, el incienso y la mirra son tres maneras de simbolizar la fe en la encarnación de Dios en Jesús de Nazaret, y no otra cosa.
    El oro, la fe en su realeza, el incienso, la fe en su divinidad, la mirra, la fe en su futura muerte/resurrección salvadora.

  • Comentario por Graciela Moranchel 05.01.13 | 22:13

    Reitero: ¡Cuánto camino nos falta como Iglesia católica, abierta al diálogo ecuménico e interreligioso, para asumir esta actitud de verdadero respeto y apertura por todas las tradiciones de sabiduría de la humanidad, no sólo disponiéndonos a anunciar a Xto, sino también a recibir con humildad y alegría las enormes riquezas espirituales que las religiones tienen para ofrecernos!

    Todas las religiones de la humanidad nacen de la "experiencia de Dios" en diferentes épocas y culturas. Las sagradas escrituras de todos esos pueblos no son más que el reflejo de la gracia derramada desde el inicio de la humanidad. Por eso es que esas tradiciones deben ser valoradas como verdaderas "experiencias de Dios" y plenificadas a la luz de Cristo. El anuncio de Cristo no puede separarse jamás de la aceptación gozosa de las huellas que ha dejado Dios en la historia de todos los pueblos. Oro, incienso y mirra los recibió alegre el Salvador.

  • Comentario por galetel 05.01.13 | 21:43

    Y, a mi parecer, transmitir la fe en la Encarnación debe ser con una actitud nuestra de servicio abnegado a todos los seres humanos, especialmente a los más necesitados, pero no se trata primordialmente de eso, ni de transmitir sólo eso, sino de transmitir la fe en un hecho histórico concreto obrado por Dios encarnado en Jesús de Nazaret, que redundó en la redención de todos los seres humanos debido a esta sublime solidaridad divina. Nuestra actitud de servicio es la consecuencia debida de nuestra fe en este hecho histórico, y debe hacerlo creíble a los que no lo saben o no lo creen, de doxia y praxis.

  • Comentario por galetel 05.01.13 | 21:05

    Los magos buscan a Jesús, y Jesús recibe a los magos.
    No se trata de Dios en general, sino concretamente de su encarnación en Jesús.

    Los cristianos debemos acoger a los no-cristianos y sus aportes en todo cuanto no contradigan a la encarnación de Dios concreta en Jesucristo, y nosotros debemos aportarles la fe en esta Encarnación, que será el mejor regalo para ellos si se lo hacemos con respeto, humildad y autenticidad.

  • Comentario por galetel 05.01.13 | 20:53

    Ni inclusivismo sin pluralismo, ni pluralismo sin inclusivismo: inclusivismo pluralista.

  • Comentario por Graciela Moranchel 05.01.13 | 18:59

    Me gustó particularmente esta reflexión, la cual comparto:

    "El Jesús de Belén o del Monte de pascua ha de estar dispuesto a recibir el oro de la cultura de los pueblos, el incienso de todas las formas de cultura religiosa… la mirra de todos los dolores… Los cristianos tenemos que sentirnos capaces de acoger la cultura religiosa de los pueblos… Sólo en ese sentido se puede hablar de “epifanía”. No se trata sólo de ir y llevar a los otros lo que tenemos… Se trata de recibir lo que nos ofrecen los grandes “magos” de los pueblos: Buda y Zoroastro, Lao-Tze o el autor de la Bagavad Gita".

    Pienso cuánto camino nos falta como Iglesia católica, abierta al diálogo ecuménico e interreligioso, para asumir esta actitud de verdadero respeto y apertura por todas las tradiciones de sabiduría de la humanidad, no sólo disponiéndonos a anunciar a Xto, sino también a recibir con humildad y alegría las enormes riquezas espirituales que las religiones tienen para ofrecernos.

  • Comentario por Graciela Moranchel 05.01.13 | 18:54

    Muy bueno, Galetel.
    (Desconocía tu "vena poética"....! jeje)
    Un abrazo y gracias,
    Graciela

  • Comentario por Juan Manuel González 05.01.13 | 17:15

    "gelatel"

    Epifanía (s) y Paradojas (para - doxa).

    ¡Muy, muy bueno!

    ¡Felicitaciones! y ¡Gracias!

    Saludos a todos

  • Comentario por galetel 05.01.13 | 15:31

    que nos llama, a cada uno por nuestro nombre.

  • Comentario por galetel 05.01.13 | 15:30

    “Y he aquí que Yahvé pasaba.
    Hubo un huracán tan violento que hendía las montañas y quebraba las rocas…
    pero no estaba Yahvé en el huracán.
    Después hubo un temblor de tierra;
    pero no estaba Yahvé en el temblor.
    Después, fuego, pero no estaba Yahvé en el fuego.
    Después… el susurro de una brisa suave.
    Al oírlo Elías, cubrió su rostro con el manto, salió y se puso a la entrada de la cueva.
    Oyó una voz que le dijo: ‘Qué haces aquí, Elías?’”
    (I Reyes 19, 11-13)

    Y he aquí que Dios nace.
    Hubo un poder que dominaba las conciencias,
    pero no estaba Dios en el poder.
    Hubo un temor que aterrorizaba las almas,
    pero no estaba Dios en el temor.
    Hubo una opulencia que extraviaba los corazones,
    pero no estaba Dios en la opulencia.
    Después… hubo la sonrisa tierna de un niño.
    Al verla, nos emocionamos, salimos de nuestros egos y nos disponemos a servir,
    y oímos una voz dulce que nos...

  • Comentario por galetel 05.01.13 | 14:16

    Las teofanías eran manifestaciones majestuosas y pavorosas, estremecedoras, de Dios trascendente, en un volcán, en una nube, en un trono, en una zarza ardiente, acompañadas de truenos y relámpagos, de humos, de resplandores enceguecedores, a elegidos muy especiales, profetas fieles y justos de la religión judía.
    Ahora, la epifanía es una manifestación humilde, pobre, corriente, enternecedora, de Dios encarnado, en un pesebre, sobre unos pañales, en un establo, de noche, sin estrépito, en la intimidad de una familia, a extranjeros paganos, guiados por su estrella (no la de David, ¿o sí?).
    Sin embargo, esta epifanía es la mayor de las teofanías, la que nos muestra más claramente el rostro de Dios a todos.
    Vivámosla agachados, con niños y como niños, recogiendo caramelos y regalos, alborozados.
    Así nos quiere Dios.

Sábado, 19 de agosto

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