Concluyendo las dos aportaciones anteriores, quiero ofrecer hoy las afirmaciones básicas de mi ponencia sobre el perdón cristiano en el curso de la UPV de Donosti (28-29 VI 2012). Gracias a todos los que me habéis venido siguiendo.
El sistema político/religioso necesita un tipo de talión (¡a cada uno según su merecido!), controlando el perdón desde arriba (y puede ofrecer un tipo de amnistía al servicio del sistema). En contra de de eso, Jesús sitúa a los hombres y mujeres ante el don y tarea del perdón, haciéndoles capaces de superar un tipo de justicia que, cerrada en sí, puede acabar destruyendo a todos los hombres.
Lo que algunos llaman actualmente justicia infinita (un tipo de “Ley” particular llevada hasta el extremo) puede conducir a la lucha de todos contra todos. En ese sentido podemos añadir, con el mismo Pablo, que la justicia de la Ley en cuanto tal destruye.
En esa línea, superando ese nivel de pura Ley, Jesús ha descubierto la importancia del perdón para la vida (para la superación de los conflictos sociales de su tiempo), como ha puesto de relieve H. Arendt. Ese perdón supera el nivel del sistema legal y de la justicia política, pero, una vez “proclamado”, puede y debe introducirse en la misma experiencia política y social de los hombres. Un tipo de Ley absoluta, cerrada en sí misma, puede convertirse en principio de lucha de unos contra otros (¡pues todos se creen dotados de derecho!) o de imposición del sistema legal sobre todos.
(En la imagen, Arantzazu, santuario del perdón)
Jueves, 23 de mayo
Asoc. Humanismo sin Credos
Josemari Lorenzo Amelibia
Vicente Luis García
Bernardo Pérez Andreo
Javier Velasco y Quique Fernández
Rufo González Pérez
FCJE
Francisco Margallo
Juan Jáuregui Castelo
Jesús Mauleón