Hace dos semanas he desarrollado en este blog varios temas relacionados con la ciencia y la religión, partiendo del “Caso Galileo”, tal como había sido expuesto por A. Fantoli, Galileo, por el copernicanismo y por la Iglesia (Verbo Divino, Estella 2011). Hubo varias intervenciones significativas, entre ellas la de mi compañero Fernando.
Pasado un tiempo, serenados quizá algunos ánimos, quiero volver al tema, retomando algunos motivos que he venido exponiendo varias veces a partir de mi libro El Fenómeno Religioso (Trotta, Madrid 1999).

Presentaré el tema evocando en primer lugar dos “reducciones” de la experiencia, una científica, otra filosófica, para exponer después algunas notas y "aperturas" de la experiencia humana, en el plano de la ciencia, de la filosofía y de la religión. Culminaré el tema mañana, evocando las diversas notas de la experiencia ampliada de la vida humana.
Experiencia reducida. Comte y Hegel
Se suele decir que la religión ilusiona la conciencia (sacándola de su realidad y llevándola hacia mundos imaginarios) y reduce al ser humano, impidiéndole vivir en libertad. Ambas acusaciones van unidas. Reduce cuando niega: bloquea la experiencia y prohíbe a los humanos su propia autonomía. Ilusiona al arrancarles de sí mismos, llevándoles a un campo baldío de plenitud imaginaria. El Dios de la religión sería, pues, poder de engaño. Para situar el tema y responder a la acusación anterior, empezaré tratando de la reducción de la experiencia; para superar un tipo de ilusión, he querido escribir este libro.
Llamo reducción experiencial a una manera de interpretar la realidad que acaba mutilando alguno de sus rasgos importantes. Se produce donde se absolutizan unas formas de experiencia, recortando o destruyendo los restantes: la ciencia positivista que quiere volverse absoluta (el empirismo, Comte) y la razón idealista que sólo valora su propio pensamiento (Hegel).
-- Reducción científica. Comte aplica a la historia un esquema ternario: el humano empieza conociendo la realidad por el mito religioso, sigue concibiéndola de forma racional (filosofía), para terminar descubriendo su verdad por la ciencia. Religión y filosofía fueron otrora necesarias, como etapas provisionales del despliegue humano; pero su tiempo ha terminado y ahora sólo existe una forma de experiencia valiosa: las ciencias positivas. Absolutizando esa visión diacrónica, Comte ha declarado que sólo es normativa la experiencia científica; todo debe reducirse a ella.
-- Reducción filosófica. Hegel, de una forma también totalizante, absolutiza el proceso racional del pensamiento teórico, desplegado en forma dialéctica: la ciencia moderna, lo mismo que el antiguo mito religioso, queda asumida y explicada por la idea. A su juicio, sólo es normativo aquel conocimiento en que el sujeto racional retorna sobre sí, para descubrir su propia verdad hecha de pensamiento. La ciencia tiene gran valor, pero ha de entenderse a partir de la filosofía; también las religiones ocupan un momento importante en la historia humana, pero su verdad más honda ha de interpretarse a partir del pensamiento racional.
Comte y Hegel reflejan una tendencia muy común al siglo XIX: quieren convertir la ciencia o pensamiento racional en la verdad y norma de toda experiencia humana. Cada uno a su manera, reducen la experiencia de una forma exclusivista. Para Comte el camino de la historia culmina en la ciencia; para Hegel en su propio pensamiento.
Ciertamente, he querido valorar ciencia y razón (filosofía), pero debo acoger la experiencia en toda su amplitud y por eso rechazo toda reducción partidista: ni el desarrollo de la ciencia ni la dialéctica de la razón forman el todo decisivo de lo humano: hombre y mujer son más de lo que hacen (ciencia) o piensan (razón). Por encima de su hacer y su pensar se eleva el ser humano .
A. Comte (1798-1857). Ciencia, una experiencia reducida
Comte ha esquematizado la visión progresiva o diacrónica de la historia en tres tiempos (mito, filosofía, ciencia), presentando el último como saber por excelencia. Por unir ciencia y desarrollo de la historia en un esquema muy simple, Comte ha sido uno de los pensadores más significativos de la edad contemporánea. En su visión convergen el empirismo científico (que absolutiza el conocimiento positivo), el empirismo humanista (la ciencia como salvación para los humanos) y la confianza en la historia (la plenitud mesiánica llega por la ciencia). La sociedad, igual que cada humano, debe recorrer tres estadios para alcanzar la madurez:
-- Infancia, tiempo religioso. Los movimientos y procesos del mundo parecen resultado de poderes sobrenaturales. Para explicar el sentido de la realidad, el humano atribuye un alma a cada cosa, divinizando así principios de la realidad externa o de su propia acción humana (politeísmo, fetichismo, magia); queda en manos de esos dioses o poderes, interpretando su vida y el mundo como jardín de aventuras mágicas, sagradas.
-- Juventud, tiempo de filosofía. Los humanos unifican diversos poderes, dioses y/o almas en un sólo Dios supremo, de tipo racional (Tao, Brahman, Nirvana, Elohim), llegando al convencimiento de que la realidad está regida por principios y/o poderes captables por el pensamiento. Así vinculan filosofía y teología y suponen que el humano puede resolver todas las cosas por su mente, que es mente de Dios (vinculada a lo divino).
-- Madurez, tiempo de ciencia. El humano alcanza y despliega el contenido positivo de las cosas y las pone a su servicio por la técnica, mostrando así la esterilidad de la religión antigua (politeísmo, magia) y de la filosofía moderna (racionalismo). Superando la magia de la infancia y la mentira racional de la metafísica, el humano ha logrado estudiar y comprender el sentido exacto de las cosas. Pasó lo provisorio (teología), se superó lo transitorio (metafísica), ha surgido una experiencia que dura para siempre (las ciencias positivas).
Este esquema, claro por su engañosa sencillez, ha sido utilizado por millones de personas que absolutizan así una forma diacrónica y exclusivista de comprender la realidad: toman la ciencia como meta y panacea del saber y añaden que los otros modos de conocimiento fueron aproximaciones; han cumplido su papel, han acabado. La conexión teológica aparece como juego infantil, resto de folclore de museo. El pensamiento filosófico se vuelve puro ensueño de juventud. Alcanzado su madurez, el humano sólo tiene una forma de experiencia: la científica.
Comte ha destacado el desarrollo positivo de la razón. Con ingenuidad que hoy nos parece piadosa, ha pretendido crear una religión de la humanidad, centrada en el dios nuevo de la Ciencia, entendida como realidad absoluta. Con él han sido muchos los que, en lugar del viejo Dios de las religiones y filosofías, sacralizan los poderes de la ciencia. Comte les ofrece un esquema sencillo: el proceso ascendente del humano que sale de su infancia y madura al ritmo de sus nuevas capacidades de experimentación, tomando a la ciencia como poder mesiánico de transformación de la realidad, con la esperanza de que surja ya el verdadero ser humano, liberado de ilusiones religiosas y engaños racionales, capaz de resolver por ciencia todos los problemas.
Pues bien, aquello que Comte llamaba ventaja puede ser en el fondo un engaño. Al sacralizar la ciencia, al interpretar la totalidad del conocimiento en clave positivista, él ha cerrado otros caminos, ha reducido la anchura del humano. Hemos dicho, al final del apartado anterior, que el humano experimenta para vivir y entender, para producir y gozar, para transcender. Comte lo ha olvidado y piensa que sólo experimentamos para un tipo de conocimiento y praxis, identificando así experiencia con experimentación controlable y dejando a un lado otros aspectos importantes de la vida, en un plano estético, amoroso y religioso. En contra de él, establecemos:
-- Los tres modos de conocimiento (religión, filosofía, ciencia) constituyen formas de experiencia valiosa, cada uno en su nivel. Por eso, al lado de la diacronía relativa (paso de la magia, a través de la filosofía, a la ciencia), y hablamos de una sincronía permanente: los tres modos de experiencia son irreductibles y complementarios. El ser humano es, al mismo tiempo, animal de praxis (ciencia), de racionalidad (filosofía) y de misterio (religión, arte, poesía).
-- No hay un conocimiento normativo que se pueda o deba imponer sobre los demás, sino diversos niveles o momentos de experiencia que resaltan facetas del encuentro del humano con el mundo y consigo mismo. Cada tipo de acercamiento tiene valor a su nivel y debe justificarse por sí mismo, ofreciendo su luz (sus preguntas y respuestas) a los otros, pero ninguno puede convertirse en dictador, imponiendo su visión o sus principios sobre los restantes. El humano habita, según eso, a niveles diferentes, como un ser que no puede cerrarse en ninguno de ellos.
G. W. Hegel (1770-1831). Filosofía, otra experiencia reducida
Frente al empirismo de la ciencia (Comte), Hegel supone que la novedad del ser humano está en que piensa o, mejor, en que se piensa. Por eso la plenitud del ser/saber ha de ligarse al pensamiento entero, a la razón que engloba y da sentido a los restantes elementos del humano. Así defiende una especie de mesianismo de la razón pensante, que es capaz de volver sobre sí misma, descubriendo y realizando su sentido: para ello es necesario que el humano supere la fantasía mítica donde estaba perdido (religiones antiguas), sin encerrarse las ciencias positivas (parciales), que deben integrarse en una visión de conjunto de la vida racional, de la filosofía.
Comte sacralizaba la meta de la ciencia: los momentos anteriores del proceso (religión, filosofía) debían superarse, haciendo así que el humano pueda convertirse en animal de ciencia. Más que una razón entendida como meta, Hegel acentúa el proceso, concebido como despliegue racional donde la mente encuentra al fin (en sí misma) aquello que se hallaba germinante en el principio de las religiones. La experiencia verdadera es para Hegel la totalidad del pensamiento; sabe quien conoce el todo, conociéndose a sí mismo como parte (momento y meta) de un conjunto donde vienen a integrarse la vieja religión simbólica y la nueva técnica científica.
-- El principio es la razón, entendida como ser divino (divinidad total) que busca su sentido conociéndose a sí misma a través de su (la) historia. Por eso la grandeza y plenitud del ser humano es su saber, la experiencia transcendental o conocimiento pleno, realizado en el despliegue de la realidad (idea) como historia.
-- El fin es la razón. Superando sus objetivaciones (formas parciales, concreciones limitadas) y buscando su transparencia, la razón vuelve a sí misma, completando de esa forma su despliegue, superando sus contradicciones e identificándose perfectamente consigo misma, en una culminación mesiánica de la historia.
Principio y fin de la razón humana han de entenderse, según eso, desde el centro del mismo proceso racional. Según eso, los humanos sólo tenemos una forma de experiencia verdadera: el conocimiento racional. Ésta es nuestra pasión, nuestra más honda tarea, el destino radical de la vida: conocernos. Estamos inmersos en un gran proceso cognoscitivo, somos momentos o partes de un dios (una razón) que se sabe alejada de sí misma y se busca. Por eso, la experiencia plena, la verdad iluminadora, irrumpe donde, rompiendo las mallas de división, que nos alejan de nuestra raíz, nos conocemos y encontramos en transparencia racional.
Las religiones lo sabían, pero sólo de un modo infantil, entre sombras, cuando buscaban la culminación de lo humano. Ellas culminan y cesan cuando llega la razón completa, la verdad perfecta. Por sí mismas, las ciencias sólo saben cosas exteriores, muy pequeñas, momentos de un camino o proceso más extenso y pleno de experiencia (la razón completa). Lógicamente, Hegel busca la experiencia racional, la expresión perfecta de una mente que logra conocerse a sí misma, descubriendo en su razón la verdad de todas las cosas. De esa forma construye (desarrolla y goza) una experiencia prometéica: logra el fuego del cielo y lo toma en sus manos, se vincula al todo y lo goza, gozándose a sí mismo, en matrimonio especulativo con el ser completo.
De esa forma, Hegel presenta la razón como dictadora, pues quiere la verdad total que quiere introducirlo todo dentro de su idea, resolverlo en su propio pensamiento. Eso le impide aceptar la alteridad y extrañeza de las cosas, que están ahí como distintas, que no pueden reducirse nunca a mi propio pensamiento. Eso le impide comprender la identidad del Dios de las grandes religiones, a las que concibe como expresiones imperfectas de la racionalidad universal del pensamiento filosófico. A mi juicio, Hegel no ha sabido respetar la autonomía del mundo frente a la razón, ni la diferencia del Dios de las religiones, ni el enigma del humano, que sigue angustiado y no logra entenderse a sí mismo ni resolver su problema a través de puros pensamientos. Por eso, contra Hegel, concluimos así nuestro argumento:
-- La experiencia no se puede reducir a pensamiento. Existe, sin duda, una experiencia racional; más aún, la razón ofrece una visión de conjunto de las cosas, pero ellas no se reducen ni definen por el razonamiento. Hay en la experiencia humana (religiosa y profana) contenidos y caminos que desbordan el esquema hegeliano.
-- No hay una experiencia normativa: no podemos sacralizar la ciencia de Comte (incluyendo en ella los restantes tipos de saber y praxis), ni encerrarnos en la dialéctica racional de Hegel. Hemos de ser más modestos (menos dogmáticos) y más audaces (buscando las diversas formas de experiencia).
Ciencia, religión, filosofía.
Frente a Comte y su empirismo consecuente, afirmamos la existencia otros planos de verdad y sentido. Frente a Hegel y su panlogismo racional decimos que el humano (la idea en el humano) es más que etapa y meta de su propio pensamiento. Ciertamente, existe un tipo de proceso diacrónico o historia experiencial que ha llevado a los sistemas científicos (Comte) y al orden racional de las ideas (Hegel). Pero, al mismo tiempo, el ser humano sigue siendo un animal de experiencias múltiples, viviente irreductible:
-- Más allá de la razón instrumental (ciencia), se abre un campo grande de verdad y sentido humano, vinculado al deseo y al dolor, a la angustia y a la esperanza. La razón instrumental opera con esquemas de causa efecto y tiende a verlo todo como medio para unos fines, convirtiendo al humano en momento de un proceso de producción. Esa razón es poderosa, pero no puede absolutizarse.
-- Tampoco podemos cerrarnos en una razón de tipo hegeliano, como si todo pudiera resolverse por una dialéctica mental de tipo conflictivo. Más allá de esa dialéctica existe mucho espacio de sentido y vida para el ser humano: la experiencia irreductible de lo infinito, la propia conciencia, el amor y la amistad, la comunicación interhumana...
El ser humano es más que un condenado al que cierran entre dos prisiones (ciencia objetiva de Comte, auto-pensamiento de Hegel); es más de lo que hace, más de lo que piensa. Por eso, la experiencia científica no puede convertirse en exclusiva: hay fuera de ella más usos y caminos de la mente y de la vida humana. Tampoco la experiencia racional es absoluta: hay un pensamiento y experiencia no racionalista, en plano de acción, comprensión y encuentro humano .
El dilema no es entre ciencia y filosofía o entre ciencia y religión, sino entre aquellos que se vuelven dictadores, absolutizando un tipo de ciencia, filosofía o religión, sin dejar lugar para otros tipos de saber, y aquellos que cultivan su parcela de experiencia, sin querer imponer su forma de razón sobre los otros. Entre estos últimos queremos situarnos, destacando la pluralidad del ser y del saber humano:
-- La experiencia científica destaca la exactitud; no busca el qué sino el cómo; más que comprender quiere manejar y por eso tiende al conocimiento verificable y operativo. Verificable es, en sentido general, lo que puede controlarse. Operativo es lo que se traduce en la técnica. Ha sido tanto y tan valioso lo alcanzado últimamente por la ciencia que su conocimiento experiencial ha tendido a convertirse en paradigma exclusivo, como indicaba Comte. La ciencia quiere actuar y nadie puede negarle el derecho de hacerlo.
-- La experiencia racional penetra de forma interpretativa en el conjunto de la realidad, poniendo de relieve la capacidad unificadora del ser humano que busca el conocimiento de las cosas en conjunto. Este tipo de experiencia vale por sí misma (no necesita permiso de la ciencia). Ella se justifica por su propia amplitud, porque sitúa al humano, como realidad pensante, dentro de una totalidad de sentido racional, dentro de un mundo cuya ley más honda (lo Tao, lo Brahman, lo divino, el ser) se realiza en la misma búsqueda humana. La filosofía quiere comprender, como indica su nombre (amor a la sabiduría) y no podemos negarle el derecho de hacerlo.
-- La experiencia religiosa desborda el hacer y comprender, aunque no los niega. Nos sitúa en el límite, en aquel último confín donde haciendo nos hacen y comprendiendo nos comprenden. Lo importante en ella no es ya lo divino (Tao o Brahman, ser o razón) como algo que nosotros los humanos pudiéramos comprender y manejar, poniéndolo al servicio de nuestro discurso de totalidad, sino el Dios vivo: la revelación de aquel que siendo nos hace ser y haciéndonos nos salva. Esta experiencia es radicalmente personal y simbólica: personal porque implica a la persona; simbólica porque abre ante (para) ella unos niveles de sentido y realización que desbordan el plano del hacer y del saber humano. Entendida así, la religión no es una comprensión del mundo (una demostración racional), sino vivencia de transcendimiento creador, diálogo en el misterio, más allá de eso que suele llamarse el ámbito de juicio .
Estas formas de experiencia son paradójicamente irreductibles, hallándose vinculadas al menos en nuestro conocimiento. No podemos negar una partiendo de las otras Por eso debemos oponernos al reduccionismo de la ciencia que pretende imponer universalmente su ley, declarando como irracional (inexistente) lo no formalizable; igualmente rechazamos el reduccionismo de una filosofía que se hace árbitro de todos los saberes. La religión debe aceptar los valores de la ciencia y la filosofía, pues ella se sitúa en un nivel de experiencia fundante donde se vinculan, sin ser negados, en ámbito supra-científico y supra-racional, los valores de la ciencia y la filosofía. Esta vinculación de los diversos planos de lo humano en una perspectiva religiosa es más postulada que probada, más entrevista que explicada. El humano es un viviente que transciende todo encasillamiento; cerrarle en un aspecto es destruirle. La religión aparece así como garantía de la libertad y apertura fuerte, sorprendente, irreductible, de lo humano.
Estamos en situación privilegiada. Allí donde hace unos decenios, a partir del positivismo lógico, se identificaba experiencia con verificación positiva se dice hoy (Popper, Kuhn, Lakatos, Toulmin) que la misma ciencia incluye una teoría, es decir, un tipo de interpretación de la realidad. Eso significa que no existe ciencia pura sin teoría o interpretación de la realidad. La ciencia no puede cerrarse en sí misma, como si fuera el único tipo de conocimiento posible para el ser humano. Tampoco la razón puede tomarse ya como absoluto. La ruptura del racionalismo anterior y la búsqueda de modelos complementarios (último Wittgenstein, algunos postmodernos) nos sitúa en un lugar privilegiado, no para imponer una postura, sino para dialogar entre los varios modos de conocimiento. En ese aspecto nos parece privilegiada la visión de los racionalismos comunicativos, en la línea de J. Habermas o K. O. Apel.
El clima intelectual de nuestro tiempo está caracterizado por el entrecruzamiento de ámbitos experienciales. Por su aureola de exactitud y el prestigio de sus resultados técnico cuantificables, con la promesa utópica de solución de todos los problemas, algunos como Comte han querido convertir la experiencia científica en exclusiva: la razón ha perdido su prestigio, las religiones parecen objeto de curiosidad o folklore. Aceptando el valor de la ciencia, algunos hombres de iglesia (del poder religioso) han pretendido mantener e imponer la religión por fuerza, rechazando la razón y tendiendo un puente ente la pura ciencia (conocimiento objetivo) y los dogmas revelados (como signo de la voluntad transcendente de Dios).
Este último pacto entre pura ciencia y pura religión nos parece irracional y peligroso, proclive a los fundamentalismos. Para evitarlo, es necesario que la religión siga siendo respetuosa y la ciencia, abierta. Por otro lado, junto a ciencia y religión, debemos valorar la función del pensamiento, recordando que no hay ciencia sin teoría (sin visión del mundo) ni religión sin razonamiento, sin esfuerzo por comprender la realidad. No estoy defendiendo la razón al modo griego o medieval. No me apoyo ni siquiera en la filosofía de Occidente, por más importante que pueda considerarla. Tomo aquí las palabras razón y/o filosofía en su sentido más extenso: como esfuerzo por comprender la realidad.
En ese plano de filosofía o comprensión de las religiones quiero situarme, no para negar su valor y diferencia, sino para destacarlo mejor. Comprender la religión no significa reducirla a la razón, ni demostrar o negar su sentido, sino respetarlo y describirlo, en la línea de la fenomenología, para así comprenderlo, procurando que la misma realidad se exprese y haciendo así posible que otros la comprendan. Por su misma función mediadora, la filosofía (que es racional, pero no racionalista al modo hegeliano) se esfuerza por hacer posible el diálogo entre ciencia y religión, sin imposiciones mutuas, sin irracionalismo. Asumiendo el largo diálogo mantenido en los últimos decenios entre marxistas y cristianos, científicos y creyente, podemos ofrecer este esquema:
-- Independencia fáctica. Ciencia y religión constituyen modos diferentes de acceso del humano hacia las cosas. La ciencia es absoluta dentro de su campo, pero no puede demostrar ni rechazar el hecho religioso. Estrictamente hablando, ella no piensa en la verdad final (vida y muerte, salvación y condena), no plantea preguntas sobre la totalidad de la historia o sobre el conocimiento radical del ser humano que pregunta por los temas del principio y fin de lo humano. Tampoco la religión resuelve los problemas de la ciencia; pero está obligada a dialogar con ella cuando quiere tratar de los problemas de la vida humana. Por eso existe una filosofía de la religión.
-- Iluminación mutua. Siendo fácticamente distintas y estando cada una obligada a iluminar su propio campo, ciencia y religión deben alumbrarse mutuamente. Sería imposible que fuera de otro modo, pues el sujeto que realiza ambas experiencias es el mismo. Por eso resulta lógico que el creyente ofrezca al científico sus experiencias e interrogantes superiores, y que el científico haga lo mismo con el humano religioso. Ambos deben encontrarse y dialogar dentro de eso que llamamos la mediación racional, una filosofía que no se identifica con aquello que pensaron Comte y Hegel. Sin ese espacio común de búsqueda de sentido, religión y ciencia tienden a volverse irracionales, cayendo ambas en un tipo de reduccionismo fundamentalista.
-- Unidad tendencial. Ciertamente existen caminos diferentes entre ciencia y religión. Utilizando imágenes del viejo símbolo del paraíso, podemos afirmar que el humano está enfrentado ante dos árboles: uno de la ciencia, otro del sentido de la vida y de la muerte (cf. Gén 2, 9). Las ramas se extienden diferentes y distintas por los cielos, de tal forma que resulta imposible unificarlas. Pero la unión que parece inviable en superficie puede y debe lograrse en un nivel más hondo. En la hondura de lo humano, ciencia y religión se encuentran vinculadas. Desde ese fondo de unidad quiero trazar de nuevo las notas de la experiencia humana.
Admito el valor de la ciencia, pero no la hago absoluta, como quiso Comte. También acepto la filosofía como ejercicio de racionalidad, pero no la entiendo como expresión de saber total, en contra de Hegel. Ciertamente, el humano es conciencia de sí, pero su vida es más que auto-conciencia, es experiencia de desbordamiento que puede expresarse y se ha expresado en dimensión religiosa. Incluso allí donde la razón queda transcendida (en el plano religioso) ella puede y debe razonar sobre el hecho religioso. Eso es lo que he querido mostrar y seguiré mostrando en las reflexiones posteriores. Ahora, retomando este discurso sobre los modos de experiencia, vuelvo a presentar las notas de la experiencia .
Una bibliograía:
Álvarez, M., Experiencia y sistema. Introducción al pensamiento de Hegel, Pontificia, Salamanca, 1978
Comte, A., Cours de philosophie positive I-VI (1830-1832), ed. M. Serres, Paris, 1975
Hegel, G. W. F., Fenomenología del espíritu, FCE, México, 1978
Heidegger, M., "El concepto hegeliano de experiencia", Id., Sendas perdidas, Losada, Buenos Aires 1969, 100-173
Kambartel, F., Experiencia y estructura, Sur, Buenos Aires, 1972
Kaufman, W., Crítica de la religión y filosofía, FCE, México, 1983
Kuhn, Th. S., La estructura de las revoluciones científicas, FCE, México, 1975
Malinowski, B., Magia, ciencia y religión, Barcelona, 1974
Lucas, J.S., Interpretación del hecho religioso, Sígueme, Salamanca, 1982
Torres Queiruga., A., La constitución moderna de la razón religiosa, VD, Estella, 1992
Toulmin, S., La comprensión humana I, Alianza, Madrid, 1977
Weber, M., Ensayos sobre sociología de la religión I-III, Taurus, Madrid, 1987
Weger, K. H., La crítica de la religión en los últimos siglos, Herder, Barcelona, 1986
Wittgenstein, L., Tractatus Logico-Philosophicus, Alianza, Madrid, 1973
Zirker, H., Crítica de la religión, Herder, Barcelona, 1985
"Bueno, Rawandi, me has convencido"
Muy gracioso. Mientras te aferres a la fe y te niegues a aplicar coherentemente el método histórico-crítico, nunca reconocerás que la Biblia es una obra exclusivamente humana y muy chapucera.
Bueno, Rawandi, me has convencido: para el autor del Génesis era fundamental que sus lectores creyeran que las plantas aparecieron antes que las estrellas; por eso lo escribió haciéndolo pasar por mensaje de Dios, pensando que nadie podría nunca contradecirlo.
Era tan importante para él que sus lectores pensaran eso, como lo es para ti que tus lectores piensen... ESO que todos sabemos que tú pretendes decir y crees que nadie podrá contradecir (jajaja).
Galetel, no me irás a decir que con la afirmación de que las plantas son anteriores a las estrellas Dios simplemente "pretendía" hacer "poesía". Esa salida resulta aún más ridícula que la comparación con el movimiento aparente del Sol, planteada por Sofía. La "intención" del autor de Génesis 1 es obvia: Afirmar que las plantas surgieron antes que las estrellas. Al pobre no se le ocurrió que en el futuro algo llamado ciencia moderna podría demostrar la falsedad de su afirmación.
Es indudable que los creyentes fundamentalistas se oponen frontalmente al método histórico-crítico, pero vosotros los creyentes digamos "liberales" también estáis atentando contra dicho método cada vez que intentáis barrer bajo la alfombra las meteduras de pata innegables de vuestro libro sagrado.
hay que atender cuidadosamente tanto a las formas nativas usadas de pensar, de hablar o de narrar vigentes en los tiempos del hagiógrafo, como a las que en aquella época solían usarse en el trato mutuo de los hombres.”
(De la CONSTITUCIÓN DOGMÁTICA DEI VERBUM SOBRE LA DIVINA REVELACIÓN):
“12. Habiendo, pues, hablado Dios en la Sagrada Escritura por hombres y a la manera humana, para que el intérprete de la Sagrada Escritura comprenda lo que Él quiso comunicarnos, debe investigar con atención lo que pretendieron expresar realmente los hagiógrafos y plugo a Dios manifestar con las palabras de ellos.
Para descubrir la intención de los hagiógrafos, entre otras cosas hay que atender a "los géneros literarios". Puesto que la verdad se propone y se expresa de maneras diversas en los textos de diverso género: histórico, profético, poético o en otros géneros literarios. Conviene, además, que el intérprete investigue el sentido que intentó expresar y expresó el hagiógrafo en cada circunstancia según la condición de su tiempo y de su cultura, según los géneros literarios usados en su época. Pues para entender rectamente lo que el autor sagrado quiso afirmar en sus escritos, hay que atender cuidados...
"Quienes, como yo, estamos de acuerdo con la Pontificia Comisión Bíblica"
Lamentablemente, dentro de la religión católica los documentos de la Pontificia Comisión Bíblica tienen mucho menos valor que una Constitución dogmática como la 'Dei Verbum', la cual respalda claramente la lectura fundamentalista: "todo lo que los autores inspirados o hagiógrafos afirman debe tenerse como afirmado por el Espíritu Santo" (nº 11). Por eso sigue habiendo tantos católicos que se resisten a abandonar la tradición fundamentalista del Vaticano.
El método histórico crítico reconoce que quien habla del movimiento del Sol está directamente respaldado por la apariencia del mundo 'en todas las épocas'. Lo que el método histórico crítico no puede reconocer son las majaderías, como por ejemplo que la apariencia del mundo directamente respalda o ha respaldado antaño un orden particular de aparición de las plantas y las estrellas.
Quienes, como yo, estamos de acuerdo con la Pontificia Comisión Bíblica en rechazar el fundamentalismo, estamos de acuerdo CON Rawandi en rechazar el fundamentalismo crédulo que persiste en sectores de las Iglesias cristianas, y CONTRA Rawandi en rechazar el fundamentalismo incrédulo que persiste en sectores del cientificismo actual.
o figurativo. (...) El fundamentalismo tiene tendencia también a una gran estrechez de puntos de vista, porque considera conforme a la realidad una cosmología antigua superada, solamente porque se encuentra expresada en la Biblia.”
Por esto, tiende a tratar el texto bíblico como si hubiera sido dictado palabra por palabra por el Espíritu, y no llega a reconocer que la Palabra de Dios ha sido formulada en un lenguaje y en una fraseología condicionados, por tal o cual época. No concede ninguna atención a las formas literarias, y a los modos humanos de pensar presentes en los textos bíblicos, muchos de los cuales son el fruto de una elaboración que se ha extendido por largos períodos de tiempo, y llevan la marca de situaciones históricas bastante diversas. El fundamentalismo insiste también, de un modo indebido, sobre la inerrancia de los detalles en los textos bíblicos;especialmente en materia de hechos históricos o de pretendidas verdades científicas. Frecuentemente considera como histórico lo que no tenía pretensión se historicidad, porque incluye en tal
categoría cuanto es referido o narrado con verbos en pretérito, sin la atención necesaria a la posibilidad de
un sentido simbólico o figurativo...
(Del documento “La Interpretación de la Biblia en la Iglesia”, de la Pontificia Comisión Bíblica, sobre la lectura fundamentalista.):
“La lectura fundamentalista parte del principio de que, siendo la Biblia Palabra de Dios inspirada y exenta de error, debe ser leída e interpretada literalmente en todos sus detalles. Por "interpretación literal" se entiende una interpretación primaria, literalista, es decir, que excluye todo esfuerzo de comprensión de la Biblia que tenga en cuenta su crecimiento histórico y su desarrollo. Se opone, pues, al empleo del método históricocrítico, así como de todo otro método científico para la interpretación de la Escritura. (...) El fundamentalismo rehuye la relación estrecha de lo divino y de lo humano en las relaciones con Dios. Rechaza admitir que la Palabra de Dios inspirada se ha expresado en lenguaje humano y que ha sido escrita, bajo la inspiración divina, por autores humanos, cuyas capacidades y posibilidades eran limitadas.
Por esto, ...
"imaginaban y describían el orden de aparición de sus componentes"
El autor de Génesis 1 "imaginaba el orden de aparición", cierto, pero siguiendo un método caprichoso y no empírico. No podía imaginar dicho orden basándose directamente en la observación, como sí lo hace quien imagina que el Sol se mueve. ¿De verdad no entiendes la diferencia?
Y por cierto, según el Vaticano II, el orden de aparición de los componentes afirmado por el autor humano "debe tenerse como afirmado por el Espíritu Santo" ('Dei Verbum' 11). O sea, que no estamos sólo ante un error humano sino ante un error también del Espiritu Santo, que es Dios.
La cosmografía del escritor y los lectores de hace más de 2500 años, en términos de la cual imaginaban y describían el orden de aparición de sus componentes, SÍ tenía mucho que ver con la apariencia del mundo para ellos, con sus pobres medios de observación disponibles. Esto es evidente para cualquiera que no sea un... Rawandi.
"fundamentalista es, tanto si afirma como si niega el mensaje bíblico, cuando considera que debe ser entendido literalmente en todos sus detalles"
Sofía, yo no considero que el texto bíblico deba "ser entendido literalmente en todos sus detalles". Considero que ninguna afirmación bíblica debe ser ocultada meramente porque haya sido refutada por la ciencia moderna.
Te recuerdo que según la Constitución dogmática 'Dei Verbum', del Concilio Vaticano II, "todo lo que los autores inspirados o hagiógrafos afirman debe tenerse como afirmado por el Espíritu Santo" (nº 11). Estas palabras podría suscribirlas cualquier fundamentalista bíblico, ¿no te parece? Por eso sostenía yo en otro hilo que la Iglesia católica aún no ha renunciado del todo a su fundamentalismo de toda la vida.
"la afirmación de que las plantas han precedido a las estrellas no tiene nada que ver con la apariencia del mundo...¿Ni para un escritor y unos lectores de hace más de 2500 años? (!)"
Galetel, el orden de aparición de las plantas, las estrellas y los demás elementos del cosmos es una cuestión que 'nunca' ha tenido nada que ver con la apariencia del mundo. Ni hace "más de 2500 años" ni en épocas más recientes.
Cuando alguien dice que "el Sol sale", esa persona está respaldada por el hecho de que el Sol posee un movimiento aparente, con lo cual podemos suponer que habla desde las apariencias. En cambio, la Biblia carece de un respaldo análogo cuando sostiene erróneamente que las plantas surgieron antes que las estrellas.
En fin, siento darle ese disgusto, Rawansi, pero la biblia no habla de ciencias más de lo que el organizador de la carrera hablaba de astronomía.
Si alguien se pierde en el lago azul de tu mirada, supongo que irás al oftalmólogo y/o consultarás un atlas, antes de poner una demanda a quien haya afirmado semejante falsedad, vaya vd a saber con qué oscuros intereses.
Para interpretar correctamente un mensaje, lo primero es situarlo en su contexto.
Pues sí, Galetel, o es que de donde no hay no se puede sacar y Rawandi no da para más, o es que Rawandi juega a ser troll gallegoaragonés. Lo mismo da. Las personas inteligentes e incluso los ceporros habrán entendido perfectamente lo que es y lo que no es la Biblia y lo que es un fundamentalista de la creencia que sea, incluyendo la atea, pues fundamentalista es, tanto si afirma como si niega el mensaje bíblico, cuando considera que debe ser entendido literalmente en todos sus detalles, y no distingue el mensaje esencial de lo circunstancial del medio cultural en que se produce. En esto los extremos se tocan y un buen ejemplo de interpretación fundamentalista atea lo tenemos en Rawandi.
(continuará) supongo.... :)
“... la afirmación de que las plantas han precedido a las estrellas no tiene nada que ver con la apariencia del mundo...”
¿Ni para un escritor y unos lectores de hace más de 2500 años? (!)
(Es inútil. Sofía; el que no quiere comprenderlo, ni con un buen símil lo comprenderá.)
"el mensaje no es sobre astronomía o sobre biología etc, sino sobre el porqué y el sentido."
El hecho innegable es que la supuesta "Palabra de Dios" aborda 'ambas' cuestiones: las científicas (qué apareció antes o después) y las del "sentido". Está claro que en el campo científico la Biblia no es fiable, lo cual constituye un indicio muy fuerte para concluir que tampoco es fiable cuando habla del sentido.
"Es como si dijeras que el organizador de una carrera transmite inadecuadamente un mensaje a los participantes y reproduce errores cuando dice que una carrera comenzará al salir el sol"
La comparación no es válida, ya que en el Sol 'aparenta' moverse a ojos de todos los humanos, lo cual justifica ese modo de expresarse. En cambio, la afirmación de que las plantas han precedido a las estrellas no tiene nada que ver con la apariencia del mundo y por tanto no puede justificarse sino que constituye una equivocación indigna de una deidad omnisciente...
Rawandi, que no te enteras, contreras!
El mensaje NO REPRODUCE los "errores" del contexto, simplemente es el mensaje el que se PRODUCE de forma absolutamente correcta en un contexto cultural determinado con sus limitaciones que no necesita corregir para nada, porque el mensaje no es sobre astronomía o sobre biología etc, sino sobre el porqué y el sentido.
Es como si dijeras que el organizador de una carrera transmite inadecuadamente un mensaje a los participantes y reproduce errores cuando dice que una carrera comenzará al salir el sol, que seguirán la dirección del sol o que terminará con la puesta de sol. Se entiende perfectamente, aunque no explique que en realidad el sol no sale ni se pone ni sigue ninguna dirección alrededor de la tierra, sino que es el movimiento de rotación de la tierra el que produce esa impresión. Eso es irrelevante porque el mensaje no va de astronomía.
Pues + o - lo = o parecido.
"Para que se entienda el mensaje el contexto tiene que ser el del receptor, errores incluidos"
No, Sofía, caes en el mismo error que Galetel. No es verdad que "para que se entienda el mensaje" el emisor necesite reproducir los "errores" del receptor. Por ceñirme al ejemplo que he planteado: para transmitir el "mensaje" de que las plantas y las estrellas han sido creadas por Dios no hace ninguna falta sostener, como hace la Biblia, que primero aparecieron las plantas y después las estrellas.
Los creyentes que cerráis los ojos ante los errores bíblicos sois incoherentes, aunque reconozco que la actitud de los fundamentalistas bíblicos es aún más irracional que la vuestra.
El mensaje está envuelto en un contexto.
Para que se entienda el mensaje el contexto tiene que ser el del receptor, errores incluidos, porque además esos errores en la concepción científica del mundo que tienen los receptores del mensaje no impiden la transmisión del mensaje sobre el porqué y el sentido de la vida. Son seres humanos los que escriben el mensaje inspirado en su contenido espiritual, religioso, filosófico desde el punto de vista metafísico y ético.
Lo escriben en su lengua y desde su cultura. Eso no impide que lo esencial permanezca a través del tiempo, porque las limitaciones científicas o los avances científicos no afectan a la sustancia del mensaje sobre el porqué y el sentido que transmite la biblia.
galetel 24.02.12 | 18:27
El relato del Génesis 1, sobre la creación del mundo, es (evidentemente) un mito que pretende explicar el porqué del mundo. Este porqué es la “palabra” de Dios, el mensaje inspirado por Dios; envuelto en un “cómo” descrito (inevitablemente) en palabras humanas falibles. Los fundamentalistas no entienden esto; piensan que el relato tiene que ser inspirado en todo, también en el cómo; los fundamentalistas crédulos se creen también el cómo, los fundamentalistas incrédulos, no; sólo se diferencian en esto.
Los no-fundamentalistas sabemos que lo importante es el porqué, y si somos creyentes lo creemos y lo estimamos palabra de Dios, no obstante lo mítico de ese cómo descrito en palabras humanas anticuadas falibles. Ese porqué lo hallamos perfectamente compatible con el cómo que nos describe la ciencia actual, en vez del cómo mítico.
(Perdón por poner en este blog una explicación tan elemental, tan de primaria).
Galetel dijo, con mucha razón:
"Tienes razón, Rawandi; no hay que creer en un dios como el que tú supones."
Rawandi contesta: "Por lo visto, tú crees en un dios que engaña a los humanos "revelándoles" mentiras."
Pues no, Rawandi, evidentemente el que cree que dios engaña a los humanos revelándoles mentiras eres tú, y te damos la razón en que no hay que creer en ese dios que TÚ supones.
Los demás no creemos que Dios engañe a nadie revelándoles ninguna mentira. Simplemente Dios inspira en la biblia, el conocimiento del sentido último de todo lo que existe y de la vida humana. El camino concreto lo recorremos sin que ningún dios marionetero nos mueva los hilos ni actúe en nuestro lugar.
Dios no viene a ocupar el sitio del ser humano, a actuar x él, x tanto la ciencia es cosa nuestra, la forma en q utilicemos el conocimiento, sí depende de q creamos q hay un sentido o q no lo hay, q el sentido es la super-raza aria, x ej, o q es el amor.
Rawandi no sólo es fundamentalista -ateo, pero fundamentalista algo posible como podemos ver en su ejemplo- sino bastante infantil en sus planteamientos.
Lo mismo digo de aye2: otro fundamentalista con planteamientos religiosos infantiloides.
Pero de dónde no hay no se puede sacar, y aunque está muy claro que la cita de JP dice: "El fundamentalismo invita tácitamente a una forma de suicidio del pensamiento. Ofrece una certeza falsa, porque confunde inconscientemente las limitaciones humanas del mensaje bíblico con su sustancia divina"
El fundamentalista Rawandi no puede dejar de confundirlas: "imposible creer que la Biblia contiene errores y que la Biblia es la "Palabra de Dios" (como se ve confunde los errores o limitaciones humanas con el mensaje divino) Como le dije en su día, la Biblia no se cree dictada al pie de la letra por Dios, sino inspirada, con un mensaje esencial divino q subyace a elementos secundarios propios de la cultura humana que lo re...
Acabo de ver que el mentiroso de Rawandi dice que no le supe contestar. Claro que le supe contestar y le contesté, como ahora han hecho algunos de vds. El que se quedó sin contestarme fue él, sin palabras, al parecer, así que no sé por qué miente ahora y dice que fui yo la que no contesté.
Ya le dije que en la biblia no se habla de ciencias naturales ni de historia sino de metafísica y de ética y que para expresarlo se utiliza el lenguaje y el acervo cultural de la época. No pretende dar lecciones sobre la flora sino sobre el sentido de la vida humana. Para el mensaje que transmite da exactamente igual el orden en el que aparecieran las especies en la tierra. Lo único que pretende expresar es que la creación tiene su origen y su sentido en Dios. Es irrelevante cuando aparecieran las plantas.
Naturalmente en un libro de biología lo importante es cuándo aparece la vida, en que orden etc.
J.P., tu cita menciona "las limitaciones humanas del mensaje bíblico", lo cual viene a ser un eufemismo para referirse a los errores del mensaje bíblico. Desde un enfoque crítico, es imposible creer que la Biblia contiene errores y que la Biblia es la "Palabra de Dios".
"Tienes razón, Rawandi; no hay que creer en un dios como el que tú supones."
Galetel, yo simplemente he "supuesto" que un dios bueno no incluiría falsedades de ningún tipo en su revelación a la humanidad. Por lo visto, tú crees en un dios que engaña a los humanos "revelándoles" mentiras.
En la página 25 del pdf, sobre la lectura fundamentalista (o contra, mejor: "El acercamiento fundamentalista es peligroso, porque seduce a las personas que buscan respuestas bíblicas a sus problemas vitales. Puede engañarlas, ofreciéndoles interpretaciones piadosas pero ilusorias, en lugar de decirles que la Biblia no contiene necesariamente una respuesta inmediata a cada uno de sus problemas. El fundamentalismo invita tácitamente a una forma de suicidio del pensamiento. Ofrece una certeza falsa, porque confunde inconscientemente las limitaciones humanas del mensaje bíblico con su sustancia divina").
Que es lo que explicaba Galetel, si no me equivoco.
Pues por si es de interés, aunque puede que no, visto lo visto:
La Interpretación de la Biblia en la Iglesia, de la Pontificia Comisión Bíblica.
En formato navegable:
http://www.mercaba.org/CONGREGACIONES/BIBLICA/indice_interpretacion_biblia.htm
En pdf:
http://www.deiverbum2005.org/Interpretation/interpretation_s.pdf
Tienes razón Ayedos; no existe una “palabra de Dios” que no sea inspirada y sujeta a interpretación.
Tienes razón, Rawandi; no hay que creer en un dios como el que tú supones.
Según la Hipotesis documentaria El A.T. está conformado por un conjunto de tradiciones diferentes (jahvista, elohista, deuteronómica. sacerdotal) y siguiendo estas tradiciones fue Esdra quien redactó el A.T.
Resumiendo, distintas gentes, en distintas épocas y con diferentes agendas religiosas escribieron tradiciones diferentes y con posterioridad alguien (Esdras) relizó una recopilación de estas tradiciones.
No voy a entrar en el tema si hubo o no inspiración divina o, como alguien afirma, que hay que tener una sintonia especial para poder ver con claridad, la verdad que expresa.
Para mi la Biblia es un libro sapiencial que presenta grandes contradicciones, comprensible por proceder de gente diferente y épocas diferentes.
La C. E. dice ¡Palabra de Dios! no palabra inspirada por dios y sujeta a interpretación.
"El relato del Génesis 1(...) pretende explicar el porqué del mundo (...) envuelto en un “cómo” descrito (inevitablemente) en palabras humanas falibles."
Galetel, tu planteamiento falla porque ignoras que para explicar el "porqué del mundo" no hace ninguna falta explicar "cómo" fueron apareciendo sus diversos componentes. Si Dios únicamente "pretendía explicar el porqué", entonces obviamente debió hacer eso sin más, es decir, nunca debió permitir que su "Palabra" abordara la cuestión del "cómo" y menos de una forma tan chapucera.
Así pues, la Biblia no sólo se mete innecesariamente en la cuestión del "cómo" sino que además lo hace afirmando falsedades. Ante semejante "Sagrada Escritura", la única conclusión crítica que cabe extraer es que no se trata de una auténtica revelación divina sino de una obra meramente humana, pues las obras humanas se caracterizan precisamente por contener una mezcla de aciertos y errores.
El relato del Génesis 1, sobre la creación del mundo, es (evidentemente) un mito que pretende explicar el porqué del mundo. Este porqué es la “palabra” de Dios, el mensaje inspirado por Dios; envuelto en un “cómo” descrito (inevitablemente) en palabras humanas falibles. Los fundamentalistas no entienden esto; piensan que el relato tiene que ser inspirado en todo, también en el cómo; los fundamentalistas crédulos se creen también el cómo, los fundamentalistas incrédulos, no; sólo se diferencian en esto.
Los no-fundamentalistas sabemos que lo importante es el porqué, y si somos creyentes lo creemos y lo estimamos palabra de Dios, no obstante lo mítico de ese cómo descrito en palabras humanas anticuadas falibles. Ese porqué lo hallamos perfectamente compatible con el cómo que nos describe la ciencia actual, en vez del cómo mítico.
(Perdón por poner en este blog una explicación tan elemental, tan de primaria).
Rawandi: seguramente podrá localizar en internet alguna conferencia del padre Sayes (por citar alguien nada sospechoso de heterodoxia) diciendo cómo interpretarse el Génesis.
Desde luego, no de la forma literal que usted pretende.
Luis Enrique, según Génesis 1, Dios creó las plantas 'antes' que las estrellas.Las plantas aparecieron en el "día 3º" y las estrellas en el "día 4º". En mi humilde opinión, esta interpretación es la única sensata, independientemente de las "condiciones histórico-culturales en que se compuso tal texto".
De momento, los creyentes ni siguiera me habéis proporcionado una interpretación alternativa. Se diría que os conformáis con no pensar en los errores de la Biblia.Si no pensáis en las equivocaciones bíblicas, podéis hacer como que no existen... Francamente, vuestra actitud me parece inmadura.
Yo coincido con los fundamentalistas bíblicos en que reconozco el conflicto entre lo que enseña la ciencia y lo que afirma la "Sagrada Escritura". Me diferencio de ellos en que me fío de la ciencia y no me fío de ningún libro supuestamente revelado.
Resulta de verdad sorprendente el que una persona culta como Rawandi haga una lectura tan elemental y primaria de un texto del patrimonio cultural humano como la Biblia,su incapacidad de comprender los modos y condiciones histórico-culturales en que se compuso tal texto.Venir a estas alturas con la extrema ingenuidad de alegar eso de las plantas y las estrellas creyendo que alguien se va a escandalizar o va a ver cuestionada su fe con argumento semejante...
Me pregunto cómo es posible esta coincidencia con la lectura de los fundamentalistas más obstusos y si no se dará una especie de afinidad,de factores en común,entre extremos opuestos.
Las contiendas entre fundamentalistas, incrédulos contra crédulos y viceversa, están obsoletas.
Actualmente deben darse los diálogos entre no-fundamentalistas, creyentes y no-creyentes.
Rawandi, solamente no lo entiende quien no quiere. Es inútil e infantil pretender ver una imagen nítida de una pantalla de TV si se la observa con una lupa a 5 cm de distancia. Alguien podrá decir que esa TV es una caca porque no se ve nada en claro digamos lo que digamos; sin embargo si se pone a la distancia y el ángulo correcto verá una imagen nítida y perfecta. Algo así pasa con la Biblia: si nos situamos adecuadamente ante ella se escucha diáfana y clara la voz de Dios dirigida directamente al corazón humano. Sólo se necesita una intencionalidad sana. Esto es hablar por hablar, porque lógicamente a nadie se le puede convencer de lo que no se quiera convencer....
Los fundamentalistas incrédulos, en sus comentarios, demuestran que lo son.
Lunes, 28 de mayo
Jose Gallardo Alberni
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Asoc. Humanismo sin Credos
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