Los tres posts anteriores han venido comentando el texto la curación del leproso, con la irritación de Jesús y la desobediencia obediente del curado. Son muchos los lectores que me han llamado o escrito pidiéndome que sintetice el tema, y lo hago gusto, retomando unos motivos que publiqué en su momento en RS 21 (http://www.21rs.es/) y que que podrán allí encontrarse en su correspondiente.
Ofrezco así una síntesis del tema y me despido de este motivo crucial de la “lepra” , entendida como enfermedad física y social… y de su curación que exige una forma nueva de concebir la comunión humana y de integrar a los que parecen expulsados de ella.
Es sin duda un tema médico, pero es, sobre todo, un tema humano, de sensibilidad y diálogo, de apertura agradecida... En la primera imagen, los diez leprosos curados por Jesús según el evangelio de Lucas. Nueve van por la vida, uno vuelve para dar gracias a Jesús. En la otra imagen, Jesús con el leproso de Marcos.

Dejo a mis lectores de nuevo (por última vez) con este motivo tema de la “lepra” que sigue definiendo nuestra vida cristiana.
Gracias por haberme seguido en estos días... y perdonad por la reiteración de argumentos y palabras, tomadas en gran parte de mi comentario de Marcos (VD, Estella 1012).
Lea este post sólo quien quiera tener una visión de conjunto del tema, con bastantes reiteraciones, con alguna idea nueva. El motivo merecía la pena, creo que ha sido una seria que ha merecido la pena..., en nuestro tiempo, en nuestra sociedad, en nuestra Iglesia, tan dada a expulsar de nuevo a los leprosos de diverso tiempo (social y personal, corporal e intelectual y religioso)
LEPROSO 1. INTRODUCCIÓN.
Texto: Marcos 1,40-45
Mc 1, 40-45. En aquel tiempo, se acercó a Jesús un leproso, suplicándole de rodillas: "Si quieres, puedes limpiarme." Sintiendo lástima, extendió la mano y lo tocó, diciendo: "Quiero: queda limpio." La lepra se le quitó inmediatamente, y quedó limpio. Él lo despidió, encargándole severamente: "No se lo digas a nadie; pero, para que conste, ve a presentarte al sacerdote y ofrece por tu purificación lo que mandó Moisés." Pero, cuando se fue, empezó a divulgar el hecho con grandes ponderaciones, de modo que Jesús ya no podía entrar abiertamente en ningún pueblo; se quedaba fuera, en descampado; y aun así acudían a él de todas partes.
1. Quién es un leproso. Un enfermo
De la sinagoga de Cafarnaúm, pasando por la casa de la suegra de Simón, Marcos nos lleva a las sinagogas rurales de Galilea (1, 39) y a los campos donde vagan los impuros, aquellos que no pueden integrarse en la ciudad. En ese campo, expulsado de la sociedad, habita el leproso que «puesto de rodillas suplicaba a Jesús: Si quieres, puedes limpiarme».
El leproso esta expulsado, no puede entrar en una población, y así busca a Jesús en el campo, diciendo que él puede curarle. Jesús escucha, se apiada, toca al leproso con la mano y responde «Quiero». Éste es el primer gesto de voluntad clara de Jesús, que responde al leproso e inicia así un camino de limpieza que el judaísmo más legal no admitía, pues separaba a posesos (cf. 1,21-29) y a leprosos.
La contraposición es evidente. El judaísmo del Levítico y de la ley de sacerdotes declara lo limpio y lo manchado: divide, organiza ritualmente a los hombres, expulsando a los sucios, y reintegrando a los curados, pero sin poder limpiarles. Jesús, en cambio, vuelve a las raíces del auténtico Israel y dice: «quiero, queda limpio», y de esa forma cambia y construye un orden nuevo donde caben posesos y leprosos, una comunidad de acogida universal.
2. El leproso, un expulsado.
Jesús ha empezado a proclamar el evangelio “en las aldeas” (kômopoleis, poblados de campo), iniciando así una misión rural, centrada en los exorcismos, realizados en las pequeñas sinagogas, de manera que él aparece como experto en cuestión de posesos. Pues bien, entre sinagoga y sinagoga, atravesando por el campo, se le acercó un leproso, con quien (al parecer) no contaba, echándose a sus pies de rodillas (gonypetôn), como adorándole, para exponerle su caso y decirle: “si quieres… (ean thelês) puedes purificarme” (katharisai).
Jesús no le ha buscado, quizá no pensaba que Dios le mandaba a curar a los leprosos, pero el leproso se lo dice: “Si quiere, puedes…”. Este leproso conoce su mal por experiencia, pues la misma Ley le ha expulsado de la sociedad, de manera que no puede albergar ninguna esperanza de Reino, pues ha de habitar fuera de las poblaciones, sin escuchar el mensaje que Jesús está sembrando precisamente en ellas, al curar a los endemoniados.
Es el último en el escalón de la vida, sin esperanza alguna. Está fuera del círculo social, pero Jesús pasa y él (el leproso) puede decir algo que Jesús no sabía: «Puedes limpiarme». Jesús no había tenido en cuenta a los leprosos, por eso es el leproso el que tiene que enseñarle, mostrándole su carne herida. No es un simple enfermo, sino un expulsado, más aún, un excomulgado en el sentido fuerte del término, y sólo el sacerdote podía reintegrarle en la sociedad si se curaba (Lev 13-14).
3. El leproso, un maestro de Jesús.
La escena empieza con el gesto del leproso que viene y ruega (1, 40), puesto de rodillas (gonipetôn), diciendo a Jesús “si quieres…”, poniendo su caso y su causa en sus manos. Todo nos permite suponer que Jesús no se había detenido a pensar en el problema, ni conocía el poder que este leproso le atribuye (¡si quieres puedes limpiarme!), ni sabía cómo desplegarlo, asumiendo en su misión la tarea de “purificar” a los leprosos (el texto emplea la palabra katharisai, que propiamente hablando no es curar, sino purificar, limpiar).
La iniciativa no parte de Jesús, sino del leproso que le dice lo que ha de hacer (¡si quieres…!), despertando en él una nueva conciencia de poder, que desborda las fronteras del viejo Israel sacerdotal. Este leproso puede saber que Jesús había curado al poseso de Mc 1, 23, esclavizado por un espíritu impuro (akatharton) y a la mujer con fiebre (1, 31). Pues bien, sabiendo que Jesús pudo “purificar” a un poseso, está seguro de que podrá purificarle también a él, declarándole limpio y realizando algo que, según Lev 13-14, sólo podían hacer los sacerdotes, cuando declaraban puros a los leprosos previamente curados.
Para ser maestro hay aprender de los otros. Jesús, el gran maestro, aprendió la lección del enfermo: ¡Si quiere puedes limpiarme! Aprendió y quiso, limpió al leproso, iniciando un camino que le llevará dar la vida por los otros, como supo siglos más tarde, Damián de Veuster, un cristiano, que aprendió todo de los leprosos.
LEPROSO 2. JESÚS LE LIMPIA
1. Gesto de Jesús.
El leproso del camino había enseñado a Jesús, diciéndole que “si quería” podía limpiarle (Mc 1, 40). Pues bien, Jesús escuchó al leproso y supo así que tenía poder para limpiarle, en nombre de Dios, por encima de los sacerdotes, que controlaban los casos de lepra, expulsando a los manchados, pero sin curarles. Así sigue el texto: « Y, compadecido, extendió la mano, lo tocó y le dijo: Quiero, queda puro. Al instante desapareció la lepra y quedó puro» (Mc 1,41-43).
Esta acción nos sitúa en el centro de la máxima “transformación” del evangelio. Jesús no será “Mesías” luchando, en guerra, contra Roma, ni tomando el templo por la fuerza, para hacerse allí Gran Sacerdotes, sino acogiendo y ofreciendo un lugar para vivir a los leprosos. Éstos son los rasgos de su gesto:
1. Compadecido (splagnistheis). Esta palabra evoca la experiencia del Dios de Moisés, que se define como “aquel que está lleno de misericordia y compasión” (Ex 34, 6). En el principio de la acción de Dios, que perdona y acoge a su pueblo, esta la misericordia. Pues bien, según ese pasaje, Jesús ha sentido esa misma “conmoción interior” de Dios ante el leproso, una compasión-misericordia que brota de su entraña, como puso de relieve J. Sobrino, en un libro inolvidable: El principio misericordia, Santander 1992.
2. Extendió la mano y le tocó. Movido por su compasión, Jesús desoye y supera la ley del Levítico, que prohibían “tocar” a los leprosos, bajo pena de impureza. Expresamente rompe esa ley y hace algo que nadie podía, sino sólo el sacerdote, y no para curar/purificar, sino sólo para certificar una curación: tocar a los supuestos leprosos. Jesús extiende la mano y toca expresamente al leproso, sabiendo que, en línea de ley, ese contacto va a mancharle, pero sabiendo también y, sobre todo, que él puede y debe purificar al leproso. Esta mano de Jesús que toca es la expresión de una misericordia que transciende unas leyes externas de pureza.
3. Y le dice ¡quiero, queda limpio! (1,41b). Esa palabra ratifica la misericordia anterior y expresa el sentido del contacto de la mano. El leproso le ha dicho ¡si quieres! (ean thelês) y Jesús le ha respondido, cumpliendo así su petición: ¡quiero, sé puro! (thelô katharisthêti). A través de esa voluntad de Jesús, en primera persona (¡quiero!), se revela la voluntad creadora de Dios.
2. Ampliación.
La misericordia, el contacto físico y la palabra purificadora de Jesús llegan a la hondura del enfermo, que antes se hallaba expulsado de la sociedad “sagrada” (y marginadora). Jesús invierte así el proceso de expulsión de la Ley, acogiendo (¡purificando!) al leproso. No espera y observa, como deben hacer los sacerdotes, para sancionar una posible curación ya realizada (cf. 1, 44; Lev 14, 3), sino que escucha la necesidad del impuro y le acoge, ofreciéndole su contacto corporal y su palabra, abriendo un espacio de pureza (salud, dignidad, humanidad) en su nueva familia mesiánica.
En este contexto pueden plantearse dos cuestiones importantes, aunque no esenciales, para entender el movimiento de Jesús. 1. La enfermedad. El texto dice que aquel hombre era un leproso (lepros), una palabra que indicaba varias enfermedades de la piel (y no sólo la producida por el bacilo de Hansen, que entonces no se conocía). Por eso, algunos comentaristas de Marcos prescinden de esa palabra (lepra), empleando otras más o menos equivalentes.
Pero al evangelio no le importa el carácter biológico de aquella enfermedad, sino su carácter “humano”: expulsaba a los enfermos, les hacia impuros. 2. La curación. El texto dice que “de pronto desapareció la lepra y quedó puro (con un verbo en pasivo divino: ekatharisthê: Dios le hizo puro). Evidentemente, Marcos está pensando en un “cambio externo”, y así supone que la piel del enfermo tomó otra apariencia, como si quedara sana o se le cayeran las escamas. Pero, el término que emplea no es “se curó” (iathê), sino “quedó puro” (ekatharisthê). Lo que importa e la “pureza personal”.
Según este pasaje, Jesús curó a un sólo leproso (a un hombre impuro), pero al hacerlo fue como si hubiera declarado que todos los leprosos son humanamente limpios, superando así los tabúes y las divisiones de purezas e impurezas que expulsaban a ciertos hombres y mujeres de la sociedad. Nos hallamos ante un gesto que sigue siendo socialmente inaudito, un gesto que sólo algunos hombres grandes como el P. Damián han comprendido y actualizado en la iglesia.
LEPROSO 3. JESÚS SE IRITA
1. Tema.
En los dos números anteriores del RS21 he presentado el “milagro” del leproso (Mc 1, 40-41), que enseñó a Jesús y a quien Jesús sanó. Podríamos esperar que la escena tuviera un “happy end”, de manera que leproso y Jesús se abrazaran ante el aplauso de todos, incluidos los sacerdotes de Jerusalén. Pero de manera extraña (y ejemplar) el texto dice que Jesús se irritó «y le expulsó, diciendo: Mira, no digas nada a nadie, sino, vete, muéstrate al sacerdote y ofrece por tu purificación lo que mandó Moisés, para testimonio de ellos» (Mc 1, 43-44).
Este pasaje nos sitúa ante las consecuencias de lo que implica “optar” por lo leprosos (como hizo Damián de Veuster). Jesús purificó al leproso, pero quiso que se integrara en el espacio “normal” de la comunidad, dominada por los sacerdotes. Pues bien, el evangelio mostrará que eso resulta imposible: ¡Una vez que se opta por los leprosos todo cambia!. Desde ese fondo se entiende el “enfado” de Jesús. Primero cura al leproso; después se irrita con él. Tiene que haber una razón grave, muy grave, gravísima, para que el “dulce” Jesús actúe de esa forma.
2. El enojo de Jesús.
Este pasaje es muy extraño. Jesús había escuchado al leproso y, movido por la misericordia, le había dicho: “queda puro”. Pero después parece que se arrepiente “e irritado con él (embrimêsamenos autô) le expulsó (exebalen auton)». Las dos palabras que describen su estado interior y su acción (irritado, le expulsó…) destacan la implicación afectiva de Jesús en este gesto, que tiene grandes consecuencias para todo desarrollo posterior de su proyecto.
Jesús había “salido” de Cafarnaúm, para enseñar en las sinagogas del entorno campesino (1, 38), en tarea programada de evangelización rural (de exorcismos y preparación del Reino), que, en principio, no plantea problemas, porque los posesos no tienen una “marca de impureza” externa, y porque la Ley (en especial el Levítico) no les expulsa de la comunidad (como hace con los leprosos). Pero, este nuevo gesto (¡ha tocado a un leproso!) le ha convertido en impuro según la Ley. Además, al decir al leproso “queda limpio”, Jesús ha asumido una autoridad propia de sacerdotes (decidir quién pertenece o no al pueblo de Israel), entrando en conflicto con ellos (cf. Lev 13-14). Así comienza un choque de autoridad que culminará en su muerte (los sacerdotes le expulsarán del pueblo de Israel, entregándole a los romanos para que le maten).
En ese contexto puede situarse mejor la “ira” o conmoción de Jesús, como si no supiera (o no pudiera) superar la ruptura interior y exterior que le ha causado su relación con este leproso al que ha limpiado. (a) Por una parte, tiene piedad del leproso, le toca, y le declara limpio. (b) Pero, por otra parte, se irrita ante él, y le expulsa, diciéndole que vaya donde los sacerdotes, como para “rendirles” obediencia, como si por ahora no quisiera “romper” con ellos.
3. Explicación.
Este pasaje nos sitúa así ante un Jesús extremadamente sensible, que va aprendiendo a medida que ejerce su tarea mesiánica. ¿Con quién se irrita?
− Puede irritarse con las instituciones de Israel, porque quieren mantener sometidos por ley a los leprosos; se irrita, pero no puede (no quiere) empezar enfrentándose con los sacerdotes y, por eso, con ira, manda al leproso que vaya y que cumpla según Ley, para que ellos, en principio, no se opongan a la obra de Jesús (para testimonio de ellos). Esa actitud puede situarnos ante un dato histórico: En principio, Jesús quiso mantenerse fiel a las instituciones de Israel y por eso pidió al leproso que “callara”: que no propagara el “milagro” (la revolución que implica), que volviera al conjunto social establecido, para que los sacerdotes reconozcan y admitan de nuevo en el orden sagrado que ellos controlan.
− Puede irritarse también consigo mismo, porque el leproso a quien él ha purificado (por misericordia) cambia sus proyectos y pone en riesgo su misión en Israel (en las sinagogas del entorno, donde ya no puede entrar, pues todos saben ha tocado a los leprosos). Por eso, en vez de mantenerle a su lado y de decirle que le siga (como ha hecho con los cuatro pescadores de 1, 16-20), Jesús le expulsa (exebalen). No le quiere en su grupo, porque sería un impedimento para su misión en los pueblos del entorno. Marcos parece indicar así que Jesús buscaba un imposible: por un lado declaraba puros a los leprosos; por otro lado intentaba mantenerse dentro de las estructuras sagradas del viejo Israel (que les expulsaba). Por eso, en este momento, preso de una división interior, expulsa” al leproso curado (¡no quiere que le acompañe!) y le ordena, con irritación, que se marche y se inscriba en el libro sagrado de los sacerdotes…
Este mandato de un Jesús “irritado”, que no quiere romper el orden de Israel, al menos en este momento y que, por eso, acepta sus instituciones, nos sitúa ante un problema clave de la iglesia posterior. Nosotros, hoy, sabemos que aquella primera estrategia “pactista” de Jesús (¡no irritar a los sacerdotes) resultará inviable, pues los mismos sacerdotes le condenarán a muerte (Mc 14, 1-2), mientras que un leproso, como éste a quien él ha curado (¡quizá el mismo!), le recibe en su casa de Betania en la anteúltima cena (Mc 14, 3-9). El P. Damián conocía bien esas “historias” de leprosos que mantienen su dignidad y que reciben y acogen en su casa a los que otros (como los sacerdotes del viejo Jerusalén) quieren matar. Quien empieza acogiendo y curando (dando dignidad) a los “leprosos” se enfrenta con grandes problemas, como supo Jesús.
LEPROSO 4. OBEDECE DESOBEDECIENDO
1. Tema.
He venido tratando en los números anteriores de Jesús y del leproso de Mc 1, 39-45, poniendo de relieve el gesto duro del Jesús airado, que ordena al leproso purificado que calle y se integre en el orden social de los sacerdotes, conforme a lo prescrito por Moisés. Pero el leproso no le quiere obedecer, sino todo lo contrario: en vez de acudir al sacerdote y guardar silencio empieza a “kêryssein polla”, esto es, a proclamar con gran fuerza lo que Jesus ha hecho con él «de modo que Jesús no podía ya entrar abiertamente en ninguna ciudad, sino que debía quedarse fuera, en lugares despoblados, y aun así seguían acudiendo a él de todas partes» (Mc 1, 45).
Es evidente que ese leproso curado desobedece a Jesús en un plano, pero lo hace para obedecerle en otro más profundo, proclamando la palabra (es decir, la forma de actuar de Jesús). Él había empezado “enseñando” a Jesús (¡si quiere, puede…). Ahora, al final de la escena, le sigue enseñando, y así le dice que debe prescindir de los sacerdotes (no someterse a ellos), con las consecuencias sociales que ello implica. Este leproso es el primer predicador cristiano (como la suegra de Simón, que había sido la primera “ministra”: 1, 31), al proclamar lo que Jesús ha hecho con él, presentándose así como germen de una nueva comunión de liberados, que superan la ley sacerdotal, haciéndose testigos del evangelio, es decir, de una humanidad donde todos son puros.
2. Trama.
A este leproso le habían “expulsado” ya los sacerdotes, cuando estaba enfermo, teniendo que vivir fuera de pueblos y aldeas. Ahora que está curado (que es puro) no quiere someterse más a ellos, ni aunque se lo mande Jesús, que ha dicho: ¡Sométete a los sacerdotes! En un sentido, por experiencia, este leproso “sabe” más, atreviéndose a sacar unas consecuencias que ni Jesús quería sacar por entonces: ¡Sabe que debe liberarse de los sacerdotes de Jerusalén!
Este leproso hace “por Jesús” algo que no estaba previsto, pues la misma dinámica de Jesús, que le ha curado, le ha liberado del control sagrado de los sacerdotes. La suegra de Simón respondía al "milagro" (Jesús la levantó en sábado) poniéndose a servir a los demás, superando de esa forma la ley del sábado judío (1, 31). En esa línea avanza este leproso, pero de un modo más directo y programado, pues no va a los sacerdotes (como debía, según Ley, que Jesús le ha recordado), sino que predica el nuevo mensaje de pureza en los pueblos de Galilea e influyendo en la estrategia posterior del evangelio.
Este leproso sabe que Jesús ha puesto en marcha un movimiento de Vida y ya no puede volver donde los sacerdotes, ni aunque se lo mande externamente Jesús, pues el mismo Jesús le ha mostrado un camino de liberación y Reino que supera el control de los sacerdotes. De esa forma, desobedeciendo obedece de verdad.
3. Consecuencias.
Desobedeciendo en un sentido, obedece en otro, mucho más profundo, actuando así como el primer misionero cristiano (antes de Pedro, antes de Pablo).
− Jesús leproso. Esa actitud del implica hace cambiar a Jesús, que ya no puede entrar abiertamente en las ciudades sino que ha de habitar en despoblado (1, 45b), teniendo que suspender el programa que había iniciado en 1, 39, como reformador de las sinagogas, al menos por un tiempo. ¿Por qué? Porque, de hecho, su mensaje va en contra de los sacerdotes y porque él mismo se ha hecho impuro, como el leproso al que ha curado, apareciendo ante la Ley como leproso.
− Jesús buscado. Ha sido él quien ha querido curar al leproso, “tocándoles” y quedado así, por un tiempo, “fuera de la Ley”. De esa forma, este Jesús “leproso” (marcado por su forma de tratar a los leprosos) tiene que vivir al descampado. No puede “ir” a los lugares donde está la gente normal, sino que debe habitar en lugares desiertos, pero vienen a buscarle de todas partes, reconociendo así que hay un tipo de vida, una misión, que sólo puede iniciarse desde fuera del orden establecido.
Los otros discípulos (incluido Simón Pedro) acabarán abandonando y entregando a Jesús en manos de los sacerdotes de Jerusalén (cf. Mc 14). Por el contrario, este leproso se ha arriesgado por él desde el principio, superando la ley sacral antigua y abriendo un camino de predicación y de vida que sólo podrá entenderse del todo y culminar tras la pascua. De esa forma ha recorrido en un solo movimiento los muchos pasos que ha de dar el verdadero discípulo del Cristo. Desde ese contexto podemos identificar a este leproso limpiado con Simón Leproso (no Simón Pedro), que acoge a Jesús en su casa al final del evangelio, cuando los sacerdotes han decidido matarle (Mc 14, 3-9). En esa línea se ha movido el P. Damián de Veuster.
J.P.:
efectivamente, hace tiempo que no frecuento el blog de Piñero.
Pero como me picaba la curiosidad he buscado en los últimos hilos de su blog y he encontrado uno sobre Bultmann con abundante participación de Yehuda. ¡Qué descubrimiento! Un fenómeno, este hombre Su mantra sobre la reforma agraria es insuperable.
La verdad que no puedo sino alabar la paciencia que demuestra usted con este individuo y con la sarta de disparates que suelta.
En fin, que a ver si vemos a este Yehuda con más frecuencia por este blog porque su estreno promete: lo de los perros, gatos y los espíritus es una cachondada. Y eso de llamar a Increíble "godo-hispano-cristiano" y referirse a él con la expresión "gentes de yspanya" revela que estamos ante otro que o no lee o no entiende lo que lee, porque nuestro chulo insultador dijo, creo que en su primer vómito, que era de Caracas.
Por favor, no alimenten al troll Increible.
Y, aunque creo que no es necesario hacerlo e incluso Hisopo así lo ha visto, cuando he citado la palabra puercos lo hacía en sentido figurado.
Solo un comentario sobre la captura del blog de José M. Castillo que indicaba más abajo Yehuda (por cierto, Hisopo: se ve que no ha pasado en los útlimos meses por el blog de Antonio Piñero, donde Yehuda es ya un asiduo).
Vistos los ánimos, no me atrevo a más.
En la entrada del 7 de junio de 2011, titulada Nueva localización del blog, J.M. Castillo avisaba que "éste nuestro blog. Desde ahora, se publicará solamente en Religión Digital. Esta decisión se debe a cuestiones meramente prácticas de simplificación del trabajo. No hay necesidad de duplicar la edición del blog. Y, como es bien sabido, el que lo de desee, allí puede entrar para hacer los comentarios que sonsidere [sic] oportunos."
http://josemariacastillo.blogspot.com/2011/06/nueva-localizacion-del-blog.html
Sin embargo, ha seguido manteniendo los dos sitios (¿?).
Ni idea de cuál era la situación del blog en el 2010, pero no parece que fuese irregular.
Yehuda, si se refiere a increible, por lo visto es venezolano, o eso dice en otro post en el que se inició como troll en el blog. Así que la cita no es de un hispano, ni godo ni nada. Supongo que lo puso en otro blog por equivocación.
Yehuda, supongo que cita vd a increíble. No comprendo por qué, y menos aún cuando vuelve a hacerlo en otro blog y parece que la idea es suya.
Supongo que el comentario lo hace respecto a la cita que entrecomilló.
¿Es vd canario?
Podría aclarar Renée si tiene algo que ver con increible y realmente piensa dejar el blog. No creo, a pesar de que dice "hasta siempre, sofía" , pero no se iba a despedir precisamente de mí.
No entiendo por qué increible se altera porque se cite el evangelio, por qué se indigna con hisopo, insulta a xabi, pretende dejar en mal lugar a rénee haciendo con que se conocen -¿o es verdad?
Y menos aún por qué insulta a los españoles en general.
En fin, hay algunos comentarios que se refieren al blog y son bastante interesantes.
Y algunas apariciones de comentaristas nuevos bastante desconcertantes.
Increíble:
tienes la lengua tan larga como corto el cerebro. Si estabas empeñado en convencer a todos de que tu capacidad de expresión no supera el nivel del insulto desde luego que has conseguido el objetivo. Con creces.
No cacareo defendiendo a nadie: te critico a ti, mastuerzo.
Y oye bien: además de incapaz de comprender lo que se escribe tienes una pinta de chulo barriobajero que apesta.
Así que, en lo que a mí respecta, te puedes ir a hacer puñetas.
Es cierto,se repite mucho los comentarios,a veces nos enteramosss,y otras ni papa según quien lo explique,ay estos entendidos,que los compren quienes los entiendan porque yo...
Me pregunto que tiene que ver lo que cada uno sea sexualmente con Jesús y el leproso?que cada uno sea lo que deseen no creen ustedes y dejen de insultarse
Hisopo,si en lugar de hacerte el bobo te pusieras a leer el link que dio Renée entenderías muchas cosas.
Acabo de hablar con ella. Está asqueada con lo de la pornografía en PD avalada por Pikaza. No volverá más por aquí. Lástima, porque era la única que ponía las cosas en su sitio. Ella puede ser muy atravesada, pero es una dama y sabe su sitio. No ingresa a los burdeles cibernéticos.
Y oye bien: Si quieres hacerte el desentendido con la evidente injuria del maricón de Xabi, entonces bien merecido tendrás que otro suelte frasesitas literarias para ofender a tus hijas. La intención ofensiva al comparar el debate con Renée como "echar perlas a los cerdos" es más clara que el agua. Y en lugar de cacarear defendiendo al marica, podrías siquiera leer el link y preguntar al blogger por qué se hace el desentendido con las asquerosidades de PD. Comprobarás de quién aprendió el marica a tomar pasajes bíblicos para hacer y justificar marranadas.
¡Ah!. Y los espíritus.
Me olvidaba de los espíritus "maléficos, tenebrosos y pestíferos".
Desde luego aquí alguien se ha pasado de dosis o ha cambiado de camello. ¡Qué tío!
Nada. No entiendo nada.
Entre perros, maricas, gatos, godos-hispano-cristianos, las homilías autistas emergentes, los insultos del increíble, el displicente e incomprensible rabino(s) o lo que sea(n)... nada, que no entiendo nada.
Este sí es un hilo perfectamente suprimible. Mejor: no debería haberlo abierto el pesado de Pikaza porque el tema estaba más que agotado.
En fin, esperemos. A lo mejor hasta se mejora el disparate.
"Qué sarta de maricas hay en España. Bien merecido se tienen estas alimañas de que la crisis no les dé ni para comer" (un godo-hispano-cristiano [ca. 15 de febrero del año 2012])
La satánica y altanera brutalidad de estas gentes de yspanya no deja nunca de asombrarme
http://cuestionesdeteologia.blogspot.com/2010/04/la-pregunta-que-hice-xavier-pikaza-un.html
Blogger, deje de masturbarse mirando la pornografía que tanto le gusta y controle a sus lacayos del post anterior.
Con las mismas palabras de Jesucristo han insultado a una señora llamándola "puerca". Ni a una puta de baja estofa se le hace eso. Al menos limpie la fachada de este antro llamado RD, que francamente ya apesta.
Qué sarta de maricas hay en España. Bien merecido se tienen estas alimañas de que la crisis no les dé ni para comer.
Por eso hay que ser anti-sistema-injusto y promover un sistema distinto desde las víctimas, para vencer (también) a los males físicos. Para eso es útil seguir las enseñanzas de Jesús, el judío marginal, quien, por compasión a los marginados, se pronunció contra los sistemas injustos.
Pero ello debe implicar además, imprescindiblemente, resucitar y rehabilitar a todas las víctimas del PASADO; no únicamente del futuro. Y aquí es donde debe contarse indispensablemente con la acción redentora de Dios, la resurrección de Jesús y por/con/en él de TODOS.
No con intervenciones privilegiadas.
No obstante lo que he dicho antes, pienso que podría haber una manera de ver las cosas en que las víctimas de males físicos pudieran considerarse “marginados sociales por causa de mal moral”. Consiste en suponer que en una sociedad perfectamente justa no habría males físicos, porque habrían sido eliminados.
En el caso del “leproso”, una sociedad con un sistema justo desarrollaría medios para acogerlo y curarlo (medicamentos, hospitales, sanatorios, etc) sin marginarlo sino, al contrario, poniendo su curación como objetivo prioritario.
Y así para todos los demás males físicos: catástrofes, accidentes, desgracias..., incluida la muerte. Cambiando el sistema injusto por uno justo que se lo proponga de veras, se conseguiría acabar con las víctimas de males físicos en un futuro, a largo plazo. O al menos irlas paliando poco a poco.
Por eso hay que ser anti-sistema-injusto y promover un sistema distinto desde las víctimas, para vencer (también) a los ...
A todo esto parece cierto que este antro -"Religión Digital"- captura el blog de JM Castillo
http://josemariacastillo.blogspot.com/
Los perros y los gatos
Los perros y los gatos tienen una gran ventaja: no tienen electrónica suficiente para caer en manos de malos espíritus, por eso su mirada es una mirada purificadora
Los espíritus
Los espíritus los hay maléficos, tenebrosos y pestíferos
Pero una cosa curiosa es que un espíritu puro/destilado es uno de los más tóxicos,
de hecho los fanáticos puritanos suelen tener el alma llena de ignorancia y estiercol
Estas cuestiones son realmente confusas y enredadas
http://cuestionesdeteologia.blogspot.com/2010/04/la-pregunta-que-hice-xavier-pikaza-un.html
Curioso y muy lógico ahora que lo pienso: leprosos y espíritus impuros, maléficos y tenebrosos
Hasta siempre, Sofía.
"El leproso, un maestro de Jesús."
Cualquiera sabe más que CRISTO HIJO DE DIOS VIVO. Si un pobre leproso puede enseñarle, ¿cómo un doctor en teología no podría ahora corregirle la plana e incluso determinar que la misericordia es igual a la alcahuetería y la complicidad ?
Xabi, me animaste a buscar en google. Esto fue lo que encontré.
http://cuestionesdeteologia.blogspot.com/2010/04/la-pregunta-que-hice-xavier-pikaza-un.html
Que el blogger lo explique. Créeme que no me lo esperaba.
Todo perfecto AMÉN,mucho tiempo estuvieron Jesús y el leproso con ese tira y afloja,toda su vida de ambos cristiana,si Jesús no le hubiera interesado lo hubiera hecho desaparecer en un plis-plas,no andar así toda la vida cristiana.NO tenía pensado intervenir pero es una día tan especial,y a la vez algo triste,tb hay gente muy experta comentando,que voy a hacer yo...,nada que decir importante,a veces lo digo todo de un plumazo.
Los argumentos de hisopo los plantea con tanta seriedad que cuando van al supermercado les regalan las bolsas. Y sus epítetos,
meten tal miedo que cuando lanzan un boomerang el boomerang no quiere volver.
son tan hábiles que comen polvorones en Pamplona y Zaragoza.
son tan robustos que hacen el camino de santiago en chanclas de dedo desde Roncesvalles.....
"¿qué es la verdad? Esa misma pregunta se la hace todo hombre que viene a éste mundo empezando por Jesús de Nazaret".
¿Se referirá nuestra acreditada mente desamueblada a ese Jesús de Nazaret que dijo de sí mismo: 'Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida'?
Cómico.
Y sigue, y sigue, y sigue...
Lo misma sarta de disparates y chorradas extravagantes repetida una y otra vez.
Empezando por los que lo sufren más evidentemente, las víctimas por antonomasia, sí, pero continuando hasta abarcar a todos, incluso a los más poderosos y a los “sacerdotes”.
Pienso que no tenemos por qué forzar aquí el término “leproso” a significar “marginado social por causa de mal moral”, para llevar la exégesis al enfrentamiento entre marginados-víctimas y marginadores-verdugos; no creo que fuese esa la intención del evangelista en esta perícopa.
Es cierto que los leprosos eran marginados sociales. Pero lo eran en prevención del contagio, como única medida posible en esa época. En el origen de la marginación había un mal físico, una terrible enfermedad que podía afectar a cualquiera, incluso a los poderosos y a los sacerdotes.
Era impensable aceptar la integración social sin una curación completa, porque eso podía redundar en la destrucción de la sociedad. No se debe pensar que los dirigentes socio-religiosos estuvieran a gusto con esa marginación y no se dolieran de su necesidad, que podía afectarlos también a ellos y a sus familiares.
Eso sucede con el mal físico, que nos afecta a todos. Todos somos “leprosos” de hecho o en potencia. Todos sufrimos o sufriremos del mal físico, señaladamente la enfermedad y la muerte. No se trata entonces de enfrentamiento entre marginados y marginadores.
Se trata de algo mucho más profundo y general. Dios quiere salvarnos a todos del mal físico. Empeza...
No es posible utilizar indiscriminadamente los lenguajes de Marcos (arameo o griego?), los de sus interpretes. los de sus comentaristas y los de sus seguidores porque eso genera confusión en lugar de respeto a la historia y a la revelación.
Un Profesor del Instituto Astrofisico de Canarias dice: "para el astrónomo, mirar al cielo es mirar hacia el pasado". El universo nos proporciona rastros de cómo fue su origen.
El universo visible no es más que una pequeñisima oarte de una realidad más amplia mucho más amplia....E. PUNSET (Excusas`para no pensar)
A veces pienso que nuestro pequeño mundo, es una cárcel. ¿qué es lo que vemos? ¿el pasado? somos esquizofrénicos.. Según el último recuento, se han descubierto y catalogado más de 5.700 manuscritos griegos del Nuevo testamento. Estos manuscritos fueron realizados desde comienzos del SII.
Pilatos le pregunta a Jesús ¿qué es la verdad? Esa misma pregunta se la hace todo hombre que viene
a éste mundo empezando por Jesús de Nazaret.
De Y'shú
De Y'shú ha nazerat no sabemos mucho; pero sabemos que tuvo un gran impacto en un grupo de chavales fariseos del barrio alto de Jerusalem
El texto (ca. 55-60) del levita Bernabé con recuerdos de Juan llamado Marcos es realmente impresionante
Dios comprende que le pidamos que nos libre de los males físicos, admite y ¡quiere! que se lo pidamos, se compadece de nosotros. Actúa para librarnos de todo mal.
Pero le irrita que pensemos que puede hacerlo para algunos de nosotros en exclusiva, con intervenciones privilegiadas. No lo hace así. No puede hacerlo así, porque no puede hacerlo de ese modo para todos sin destruir el orden autónomo creado; esto le duele y le enfada. Le impacienta.
Actúa en cambio con bondad y con paciencia, “tocando” solidariamente nuestro mal; haciéndose víctima como nosotros en Jesucristo para curarnos a todos definitivamente, ya, aunque todavía no.
Sábado, 2 de junio
Josep Maria Tarragona
Juan Fernandez Krohn
Asoc. Humanismo sin Credos
Pedro Tarquis
Josemari Lorenzo Amelibia
Francisco Baena Calvo
Francisco Margallo
Juan Jáuregui Castelo
JC Rodríguez, A Eisman
Religión Digital