Vimos ayer el milagro: Jesús ha curado al leproso. De pronto, cuando parece que todo está resuelto, que todos se alegran… Jesús muestra una inmensa irritación y dice al curado que se calle, que no diga nada, que se someta al sacerdote….
Es como si se arrepintiera de haberle curado, como si quisiera ocultar sus poderes, lo que ha hecho… como si quisiera reconciliarse con los sacerdotes… La mayor parte de los lectores del evangelio no caemos en la cuenta de lo que aquí está pasando, de la extrañeza del texto.
(a) El texto es extraño el gesto de Jesús, que se irrita y expulsa al leproso… como si no pudiera controlar sus nervios, como si de pronto la situación se le escapara de las manos. ¿Qué derecho tiene Jesús para expulsar así al leproso, después de haberle curado? (Mc 1, 43).
(b) El gesto e extraño por el mandato posterior: «Vete y muéstrate al sacerdote... como mandó Moisés, para testimonio de ellos» (1,44).
Es como si Jesús se hubiera enojado por aquello que acaba de hacer, dándose cuenta de la importancia de su gesto y como si quisiera reintegrar al leproso curado en la comunidad israelita, en un sistema social dominado por los sacerdotes, en vez de decirle que le siga, que vaya con él (como ha dicho a los cuatro pescadores de Mc 1, 16-20).
(Para completar el tema introduzco al final la versión de Ariel Álvarez, amigo y biblista, que no concuerda del todo con la mía... Por ello, por ayudarme a pensar, e incluso a disentir, gracias, Ariel).
Sábado, 2 de junio
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