Presenté ayer un libro de A. Fantoli sobre el “caso Galileo” , mirado desde la perspectiva de la ciencia y de la religión (es decir, desde el magisterio católico). El trabajo ha tenido ciertos ecos, que quiero retomar, presentando en orden los comentarios de Fernando y Galetel, que pueden ser principio de ulteriores reflexiones (Gracias, Fernando y Galetel, por vuestras intervenciones, que quiero rescatar del posible olvido marcado por el hecho de que el blog sólo conserva los últimos cuarenta comentarios).
En ese contexto he querido evocar las figura de Newton y Leibniz, que han sido, tras Galileo, los representantes máximos del estudio y relación entre ciencia y el pensamiento religioso en el comienzo de la modernidad.
Significativamente, no hubo en torno a Newton una controversia semejante, aunque sus afirmaciones sean mucho más discutibles que las de Galileo, no sólo por su manera de “codificar” la ciencia, sino y sobre todo por su forma de leer la Biblia de un modo casi alquímico y esotérico. Sus trabajos sobre las medidas del tiempo y sobre los tiempos de los reyes de la Biblia siguen siendo objeto de curiosidad y estudio.
Leibniz ha sido quizá el ejemplo máximo de equilibrio entre ciencia y fe, conocimiento filosófico y búsqueda de un equilibrio eclesial (cristiano). Su recuerdo sigue siendo imprescindible para estudiar los temas que estamos evocando.
En ese contexto, tras evocar las figuras de Newton y Leibniz, quiero citar la valoración de dos grandes investigadores hispanos, que han dedicado parte de su vida el estudio de las relaciones entre ciencia y religión, en este campo: Pérez de Laborda y C. Morano. Utilizo, como podrá ver el lector algunas entradas de mi Diccionario de Pensadores Cristianos (Verbo Divino, Estella 2010).
Comentario por Fernando [Visitante]
La cuestión de Galileo no fue tanto un choque entre autoridad teológica y método experimental, como tantas veces se ha dicho. Es verdad que ya desde tiempo atrás, católicos y protestantes recelaban de las teorías de Copérnico que, como se sabe, no podía probarse ni tampoco prohibirse de modo definitivo. La invención del telescopio cambió sustancialmente este hecho, dando a Galileo ocasión de defender el ‘De Revolutionibus’ de Copérnico, suspendido de reedición desde 1616.
Era algo más profundo, y que las instituciones religiosas cristianas (no solo católicas) no comprendieron: que no todas las hipótesis científicas, aun respetuosas con cosmovisiones religiosas, e incluso no siendo contrastadas ni demostradas, son iguales. Galileo, que tanto hizo por ligar conocimiento matemático y demostración empírica, cometió algunos errores en sus teorías sobre fenómenos celestes, que luego se corregirían.
Galileo no podía demostrar experimentalmente y sin duda posible la tesis heliocéntrica que defendía en su ‘Dialogo sopra i due massimi sistemi’ (1632). El juicio contra Galileo se resumía en que dado que su hipótesis no era enteramente demostrable -para muchos absurda y falsa, pues aceptaba que el Sol era el centro del universo-, quedaba abierta la posibilidad de que la hipótesis contraria, la geocéntrica, era igualmente consistente, y más siendo abrumadoramente aceptada desde la antigüedad. Pero con Galileo se abre un nuevo camino científico: que hay hipótesis más válidas que otras, porque son de mayor simplicidad tanto en su articulación científico-sistémica como por su explicación de los hechos. El error de la autoridad eclesiástica fue creer que se puede “garantizar” hipótesis solo porque explican parte de los hechos en tanto todo el modelo cuadra mejor con ideas religiosas o científicamente preconcebidas.
En realidad fue Kepler quien legalizó la astronomía de Copérnico, pero Galileo aportó las bases de la física moderna. Una ciencia, por tanto, que podía ya desechar el acervo común de la vieja ciencia visto como un almacén de tradiciones que debía conservarse. Con Galileo eso ya no es posible: una idea religiosa, viene a decir, puede subsistir siempre y cuando no pugne por un territorio que es propio de la ciencia; si lo hace, quedará derrotada; y no porque la religión no pudiera servirse correctamente de disciplinas científicas o fuera dialogante con todas las ciencias, sino porque piensa en el fondo que el camino científico conlleva un universo de hipótesis que NO pueden quebrar sus concepciones religiosas. Eso es falso. Por eso se condenó a Galileo: porque venía a poner en solfa que una visión religiosa podía ser un ‘igual’ con la ciencia cuando entiende que el mundo validado religiosamente es a la par con ella o sobre ella.
A partir de ahí lo que todos sabemos. Se entiende que los 'Diálogos' de Galileo fueran incluidos en el Index en 1633, prohibición que no fue levantada ¡hasta 1822!
La religión no es "anchilla scientiae", sin duda, pero debe tener siempre en cuenta que no es un "inter pares" con ella. Su ocupación es dar razón de lo que confiesa y lo que 'cree' ante el mundo, no 'cómo' y 'por qué' es el mundo. El camino científico viene a dar luz ante este enigma.
Comentario por galetel [Visitante]
Hace menos de un mes, en Chile, escuché a un amigo evangélico argumentar que el hecho bíblico de “Josué parando el sol” demostraba que la Tierra no gira, sino que es todo el Universo el que gira en torno a la Tierra. Y en este mismo viaje, del que acabo de regresar, otro amigo afirmó que S. Hawking había demostrado que no existe un Dios creador.
Pero hoy, en gran medida gracias a Galileo, casi todos los cristianos sabemos que la Ciencia puede enseñarnos a leer mejor la Biblia, así como la Biblia puede enseñarnos a entender y aplicar mejor la Ciencia. Es fundamental que comprendamos bien lo que nos puede enseñar cada una, y lo que no pueden. Hay buenos amigos que todavía no lo saben.
¿Lo saben todas las autoridades eclesiásticas y todas las autoridades científicas?
(Escribe el famoso físico Paul Davies, en su libro “La mente de Dios”):
De acuerdo a Hartle y Hawking, no hay origen del universo. No obstante esto no significa que el universo sea infinitamente antiguo. El tiempo está limitado en el pasado, pero no tiene un límite como tal. (...) Como lo expresara Hawking: “La condición de borde del universo es que no hay borde.” Las implicancias del universo de Hartle-Hawking para la teología son profundas, como el mismo Hawking señala: “En tanto tenga un comienzo, podemos suponer que tuvo un creador. Pero si el universo está completamente auto-contenido, sin tener límites ni bordes, podría no tener principio ni fin: podría simplemente ser. ¿Qué lugar queda entonces para un creador?” (...)
Aunque la propuesta de Hawking sea para un universo sin un origen definido en el tiempo, es también válido decir en esta teoría que el universo no ha existido siempre.
¿Es por lo tanto correcto decir que el universo se ha “creado a sí mismo”? La manera en que prefiero expresarlo es que el universo de espacio-tiempo y materia es internamente consistente y auto-contenido. Su existencia no requiere nada fuera de él; específicamente, no es necesario un iniciador. ¿Entonces, significa esto que la existencia del universo puede ser “explicada” científicamente sin la necesidad de Dios? ¿Podemos pensar en el universo como formando un sistema cerrado, que contiene la razón de su existencia enteramente dentro suyo? La respuesta depende al significado atribuido a la palabra “explicación.” Dadas las leyes de la física, el universo puede decirse que da cuenta de sí mismo, incluso de su propia creación. ¿Pero, de donde vienen esas leyes? ¿Debemos a su vez buscar una explicación para ellas?
¿Podrían estos desarrollos científicos recientes cuadrar con la doctrina cristiana de creación ex nihilo? Como he enfatizado repetidamente, la idea de Dios trayendo al universo a su existencia de la nada no puede ser considerada como un acto temporal, porque el mismo involucra la creación del tiempo. En el punto de vista cristiano moderno, creación ex nihilo significa sustentar al universo en existencia todo el tiempo. (...) “Este esquema no tiene un evento inicial con un estatus especial,” recalca el filósofo Wim Drees. “Por lo tanto todos los momentos tiene una relación similar con el Creador. O bien esos momentos están todos ‘siempre allí’ como un hecho bruto, o bien ellos son todos igualmente creados. Es una bella característica de esta cosmología cuántica que aquella parte del contenido de la creación ex nihilo que se suponía más alejada de la ciencia, literalmente la ‘sustentación’, puede ser vista como la parte más natural en el contexto de la teoría.”
A mí me parece muy convincente el planteamiento de Davies. Nuevamente la Ciencia nos enseña a leer correctamente la Biblia. Dios es Creador, sí, pero no puntualmente en el “Big-bang” para mantenerse después al margen, o sólo “sustentando” el universo. Dios es creador de una creación continua y autónoma, en y a través de las leyes físicas (o mejor dicho propensiones), de manera que todo lo que explica la Ciencia, tanto como lo que no explica, es creado por Dios. Lo creado no es únicamente la “materia” inicial, sino principalmente la “forma” capaz de evolucionar y producir las auténticas novedades que son las creaturas todas.
Los antiguos pensaban en un Dios temporalmente anterior al mundo que “de repente” decidía crear al mundo y entonces hacía las leyes físicas y todo. Pero eso, refutaría Hawking, no puede pensarse hoy, cuando sabemos que no hay un tiempo “antes” del mundo. Debemos pensar que las leyes físicas existen “desde siempre”.
Entonces, para decir que Dios es “trascendente” debemos asignarle no una prioridad “temporal” sino “óntica”. Es decir, afirmar que las leyes físicas no son necesarias de por sí, sino “contingentes”: que tienen que provenir de algo exterior a ellas. Eso es equivalente a afirmar que las leyes físicas son “creadas” y ese “algo” que las ha creado es precisamente el Dios trascendente, Dios Creador. Pero ¿por qué hay que admitir esa contingencia de las leyes físicas? ¿por su aspecto? ¿por el valor arbitrario o sorprendentemente ajustado de sus constantes? ¿porque no han podido expresarse en una sola ley unificada de aspecto convincentemente absoluto? ¿O porque se conoce alguna otra acción de Dios, aparte de ésa a través de las leyes físicas?
Aquí está la clave. Porque no sólo aceptamos que Dios actúa EN las leyes físicas, sino también, por otra parte, POR ENCIMA o MÁS ALLÁ de ellas. ¿Para qué? Para salvar a los seres conscientes de ser sacrificados irremediablemente en el proceso evolutivo del mundo.
Al decir “por encima” se quiere decir sin interferir, ni violar, ni suspender, ni contrariar de manera alguna a las leyes físicas. Sin ese tipo de “milagros”, pero con una acción misteriosa mucho más “milagrosa” aun, que se manifiesta sólo en lo más íntimo de las consciencias humanas, especialmente de algunos escogidos para bien de todos, y muy especialmente en Jesucristo, el representante único y pleno del Dios trascendente (Dios-Hijo, donde “Hijo” tiene este sentido, no un sentido biológico) para culminar la acción redentora de salvar definitivamente a las personas.
NEWTON, ISAAC (1643-1727).
Científico, filósofo, alquimista y teólogo inglés, de tradición protestante. Se le conoce, sobre todo, por su obra científica Philosophiae naturalis principia matemática (1687), donde ha fijado los principios de la mecánica clásica, a partir de la ley de la gravitación universal. Pero él fue también un alquimista, que dedicó gran parte de su tiempo y trabajo a estudiar la relación oculta entre los metales, y las diversas fuerzas de la naturaleza, procurando fijar, por ejemplo, las dimensiones físicas y simbólicas del Templo de Jerusalén, que era lo que de verdad le importaba (más que las dimensiones y movimientos de los planetas que él fijó por vez primera).
Newton fue un hombre intensamente religioso, que conocía por dentro la Biblia y que la interpretaba en un sentido arriano o, quizá mejor, unitario. Sólo creía en Dios Padre y pensaba que la Trinidad había sido un invento de la teología antigua de la Iglesia. Aceptaba a Jesús, pero no como Hijo de Dios, en el sentido de los concilios de Nicea o Calcedonia. En esa línea, él vinculaba la alquimia con el estudio de la Biblia, pensando que Moisés había sido un alquimista y que la Biblia tenía un sentido oculto que debe ser estudiado.
De un modo consecuente, él dedicó mucho tiempo al estudio de la cronología de los reinos de Israel y de Judá y a la interpretación de las profecías sobre el fin del mundo, como muestra ya el título de algunas de sus obras de exégesis, publicadas después de su muerte. Ellas nos muestran a un Newton profundamente interesado por los secretos y enigmas de la Biblia. Entre ellas, cf. The Chronology of Ancient Kingdoms amended. To which is prefixed A Short Chronicle from the First Memory of Things in Europe, to the Conquest of Persia by Alexander the Great (London 1728); Observations upon the Prophecies of Daniel and the Apocalypse of St. John (London 1733); Four Letters from Sir Isaac Newton to Dr. Bentley containing some arguments in Proof of a Deity (London 1756); Of the Day of Judgment and World to come (Oxford 1974); Theological Manuscripts (Liverpool 1950).
LEIBNIZ, G. W. (1646-1717).
Matemático, filósofo y jurista alemán, de origen protestante. Ha sido uno de los últimos “pensadores universales”, autor de una obra ingente y genial, en el campo de la matemática y la metafísica, de la lógica y de la filosofía de la religión, de la física y de la historia. Tuvo una gran importantica en el descubrimiento del cálculo infinitesimal y de las combinaciones lógicas binarias del pensamiento argumentativo. Son muy significativas sus aportaciones en el campo del conocimiento religioso.
1. Aceptó el método cartesiano de pensamiento y su argumento ontológico (→ Anselmo) en el conocimiento de Dios, a quien entendió como principio necesario para fundar la armonía entre los diversos campos de la realidad, interpretada desde una perspectiva “monadológica”. Pero añadió que las mónadas de las que está compuesta la realidad se encuentran cerradas entre sí, como formas del ser substanciales, con valor eterno. Las mónadas no pueden descomponerse, son individuales, de manera que cada una está sujeta a sus propias leyes. Sin embargo, todas ellas, entendidas como centros de fuerza (en la línea de Espinosa), se vinculan formando una gran armonía preestablecida, que sólo se puede fundar en Dios.
2. Eso significa que Dios es de algún modo la armonía de todas las mónadas, la unidad superior de un universo en el que se incluyen almas y materia, en un todo armónico. Se ha criticado a Leibniz diciendo que su Dios de la gran armonía puede acabar concibiéndose como única realidad-real (las mónadas no tendrían independencia, serían sólo una función del gran todo divino). Pero también se le ha criticado desde la perspectiva opuesta, diciendo que las mónadas no necesitan un tipo de armonía externa, de carácter superior, por lo que Dios no haría falta.
3. El tema de la teodicea. Quizá la aportación mayor de Leibniz en el campo de la filosofía y teología ha sido su visión de una “armonía positiva” de la realidad, expresada en Dios. Respondiendo a las críticas contra la bondad divina que se estaban elevando en su tiempo (con ocasión de terremotos y de la muerte sin razón de millones de personas), Leibniz responde que éste mundo en que vivimos (que formamos) es el mejor de los posibles. A su juicio, la perfección de este mundo real es notable, frente a todas las imperfecciones que indudablemente ofrece, por su carácter finito. Todas las “armonías” posibles son imperfectas, pero la de este mundo es la menos imperfecta posible.
4. Ecumenismo. Leibniz ha sido uno de los primeros grandes pensadores de la modernidad que ha puesto de relieve la necesidad de un diálogo de religiones, no sólo entre católicos y protestantes, sino también entre cristianos y judíos (e incluso musulmanes). Su ecumenismo tenía intenciones políticas y culturales, pero también religiosas. En un nivel intracristiano, Leibniz busca el surgimiento de una Iglesia Universal, en la que se vincula lo político y lo religioso, desde una perspectiva de reconocimiento de Dios, siguiendo las aportaciones de → Lull y de Cusa. Pero, al mismo tiempo, desde la perspectiva de su conocimiento de la historia y política de China, Leibniz buscó también el surgimiento de una religión para todo el mundo, dentro de la posible diversidad de ritos, una religión donde se pongan de relieve los valores universales de lo sagrado, que se manifiesta de un modo especial en las tres religiones del libro (Judaísmo, Cristianismo, Islam) y de un modo especial en el cristianismo. En esa línea, Leibniz cree que la revelación cristiana (sin negarse ni perder su identidad) puede actuar como espacio de unidad para el conjunto de las religiones, en la línea de comunión universal.
Las obras de Leibniz se siguen editando y traduciendo en muchos idiomas. En castellano, por ejemplo: Compendio de la controversia de la teodicea (Madrid 2001); Discurso de metafísica (Madrid 2002) Monadología; Discurso de metafísica; La profesión de fe del filósofo (Barcelona 2002); Nuevo tratado sobre el entendimiento humano I-III (Madrid 1970-1971). Cf. A. Pérez de Laborda, Leibniz y Newton. I: La discusión sobre la invención del cálculo infinitesimal. II: Física, filosofía y teodicea (Salamanca 1977 y 1980).
PÉREZ DE LABORDA, A. (1940- ).
Filósofo cristiano y presbítero español, nacido en San Sebastián. Es doctor en Ingeniería industrial (Bilbao) y en Teología (Lovaina). Ha sido párroco rural, en Salamanca y profesor de la Universidad Pontificia (1977-1994). A partir de 1998 es profesor de Antropología Filosófica, de Filosofía de la Naturaleza y de la Ciencia y de Cuestiones de las relaciones entre filosofía y teología, en la Facultad de Teología San Dámaso de Madrid. Se ha interesado por la relación entre la ciencia, la filosofía y la teología. Está vinculado al movimiento Comunión y Liberación y en su pensamiento integra un fuerte fideísmo de línea protestante (influido por → K. Barth) con una intensa experiencia de fidelidad eclesial, en línea apologética. Es partidario de una Universidad Católica, en línea confesional.
Ha editado gran parte de las obras colectivas que la Facultad de San Dámaso ha dedicado a temas fronterizos de encuentro ciencia-fe. Entre sus obras personales (publicadas preferentemente en Ediciones Encuentro), cf.
Leibniz y Newton. I: La discusión sobre la invención del cálculo infinitesimal. II: Física, filosofía y teodicea (Salamanca 1977-1980); Ciencia y fe. Historia y análisis de una relación enconada, (Madrid 1980);
¿Salvar lo real? Materiales para una filosofía de la ciencia (Madrid, 1983); Historia del cosmos I-III (Madrid 1984);
La ciencia contemporánea y sus implicaciones filosóficas (Madrid 1985);
Sobre quién es el hombre. Una antropología filosófica (Madrid 2000); La filosofía de Pierre Teilhard de Chardin: la emergencia de un pensamiento transfigurado (Madrid 2001); El mundo como creación. Ensayo de filosofía teológica (Madrid 2002); Tiempo e historia: hacia una filosofía del cuerpo (Madrid 2002);
Pensar a Dios. Tocar a Dios (Madrid 2004); Estudios filosóficos de historia de la ciencia (Madrid 2005);
La razón y las razones. De la racionalidad científica a la racionalidad creyente (Madrid 2005); Beati mites (Madrid 2008).
MORANO RODRÍGUEZ, CIRIACA (1943- ).
Investigadora, filóloga y teóloga católica española, natural de Sevilla. Se ha licenciado en Filosofía y Letras (Universidad de Granada 1967) y se ha Doctorado en Filología Clásica grecolatina (Universidad Complutense de Madrid 1976). Ha estudiado Teología en la Universidad Pontificia de Comillas (1979-1984); ha dirigido la cátedra Pedro Poveda, de la Universidad Pontificia de Salamanca y sigue vinculada a ella. Ha sido Profesora titular de Filología Clásica grecolatina de la Universidad Complutense (desde 1975 a 1984), siendo en la actualidad Investigadora del CSIC (Consejo Superior de Investigaciones científicas).
Es especialista en temas bíblicos, de orígenes del cristianismo y de estudios de relación entre la fe y la ciencia. Ha colaborado en diversos proyectos de investigación vinculados a la literatura latina y en especial a la tradición textual de la Vetus Latina, en el Vetus Latina Institut de Beuron, Alemania, 1989-1998. En perspectiva de pensamiento cristiano son importantes sus estudios relacionados con el tema de la mujer y también su proyecto de investigación, edición y estudio de los escritos teológicos inéditos de → I. Newton. Cf.
El diálogo fe-cultura en los orígenes del cristianismo. Sus huellas en la historia y en la actualidad”, en C. Morano (ed.), Fe y cultura: Encuentros desencuentros y retos actuales (Salamanca, 2002, 10-45); Los comienzos de la discriminación de la mujer en la Iglesia: algunos datos de la exégesis y las traducciones bíblicas latinas del s. IV, en C. Domínguez (ed.), XVI Congreso Internacional de la AIEMPR: Masculino-femenino y hecho religioso (Granada 2003, 117-133;
Isaac Newton, El Templo de Salomón (manuscrito Prolegomena ad Lexici Prophetici partem secundam) (Edición príncipe, traducción española y estudio, CSIC, Madrid 1996, 2009).
Otra forma de enfocar el diálogo fe-ciencia, sería desde el punto de vista "pragmático".
¿Tiene sentido hablar sólo en lo abstracto, cuando en los hechos concretos la especie humana está destruyendo el planeta Tierra?
¿Hay algún desequilibrio ontológico fundamental en la especie humana (y en la vida terrestre en su conjunto), que hace que tal vez sea imposible superar la destrucción del entorno?
Estas son algunas preguntas, que el diálogo fe-ciencia también puede plantearse (atendiendo a la vez lo abstracto y lo concreto), en una búsqueda de lo que podría llegar a ser algún día el "Homo spiritualis". Tal vez teniendo que atravesar antes una situación de catástrofe global.
Pues sí,hay coincidencia de fondo,suscribo lo que usted dice.¿Sabe?,así,en breve y a vuelapluma(no tengo tiempo ahora para extenderme más)se me ocurre que en este tema,no menos que en otros,los cristianos debemos tener en cuenta un magnífico consejo del Evangelio,lo de ser sencillos como palomas y astutos como serpientes.Sencillos proclamando el valor y la oportunidad de nuestra fe,astutos sabiendo bien en qué terreno y en qué condiciones nos movemos.
Un saludo.me alegro de volver a verlo por aquí,con sus siempre valiosas aportaciones.
No quiero decir que los dos planos de explicación se mantengan enteramente separados, sino al contrario, que se acepten como distintos para dialogar entre sí, para seguir depurándose y enriqueciéndose mutuamente. La Verdad es una, no doble, ni menos contradictoria, pero admite diversos puntos de vista.
Tal vez coincidimos, en el fondo.
L. E. Antolín:
Comprendo que el cientifismo busca eliminar la “hipótesis” de un Dios actuante en el plano físico, incluso en una “Gran Singularidad del Big Bang”. Detecto reduccionismo en esa actitud si ella implica que el plano físico es el único real. Pero creo que acierta en sostener que el verdadero Dios no es una causa entre las causas físicas, que actúa en una singularidad o en unos agujeros. Yo pienso que la verdad es que Dios actúa desde otro plano que incide en toda la realidad física que busca explicar la Ciencia, y que esta verdad aporta una explicación trascendente que complementa a la explicación científica, desde otro punto de vista.
Para comprenderlo así es necesario que los científicos no sean reduccionistas, claro, pero también estimo necesario que los creyentes cambiemos nuestro propio “reduccionismo”, aceptando humildemente la lección de Galileo. No quiero decir que los dos planos de explicación se mantengan enteramente separados, sino al contrario, que ...
Galetel,veo que no coincidimos.Desde luego no hablo para nada "ex cathedra"y simplemente se trata de aportar distintas opiniones para una reflexión en común.
Creo que la Ciencia actual,un tanto pagada de sí misma,descarta como irrelevante,cuando no como inexistente,aquéllo que se escapa a sus presupuestos y planteamientos,considera que hay territorio todavía ignoto pero no vedado a nuestra capacidad de conocimiento.De ahí su necesidad de concebir el Universo como autocontenido y autosuficiente,es decir,no necesitado de ningún referente externo a él mismo.
Diríamos que "cierra"las puertas a Dios,buena muestra la incomodidad con la Gran Singularidad del Big Bang que,en cierta manera,dejaba a Dios la puerta entreabierta.Pienso que mejor aceptarlo así y no "forzar"la entrada.Tal por lo que hace a la Ciencia actual,quizá en el futuro sea la propia Ciencia la que "invite"a Dios(¡ojalá!),entonces sí sería el momento de aceptar la invitación.
Pienso en los adelantos que se han hecho, pero al mismo tiempo experimento inestablilidad ante la crisis y los fantasmas de la guerra que se ciernen sobre el mundo. Nuestro pequeño globo cada vez más masacrado por el hambre, el destrozo del medio ambiente, la extinción de fauna y flora no es el mismo que el de Newton, Galileo y Leibnz, ya se que no tiene que ver una cosa con la otra, pero el hombre de hoy mira al cielo de noche y no ve sino polución y muy pocas estrellas.
El origen de la A.P. de las Ciencias tiene su origen en la Academia Lince, promovida por el Papa Clemente VIII, de la que Galileo fue su lider.
No es que se haya solucionado todo, claro está, pero en estos tiempos, con los mejores científicos miembros de la APC, no se puede acusar a la S. Sede de estar de espaldas a la ciencia. Otra cosa es que tenga que comulgar con las tesis o hipótesis de cada uno de sus miembros, máxime cuando a veces lo único que prevalece es el interés por el efecto mediático y la venta de libros.
La Ciencia hace bien en eliminar los resquicios y los agujeros para la actuación de un Dios falso; el verdadero Dios no necesita de ellos. Así, la Ciencia nos ayuda a entenderlo, y podremos nosotros hacerlo entender a la Ciencia y a los muchos que la siguen. Esto es imprescindible y urgente.
Opino que los cristianos debemos aprender de Hawking como aprendimos de Galileo. Debemos explicar mejor la creación, el cielo, y tantas otras cosas. Si no... pasará lo mismo otra vez.
Pienso,pues,que respecto a la Cosmología,la religión mejor que no intente meter baza,jugaríamos en campo ajeno y además con las reglas de juego dictadas por el contrario,o sea,goleada segura.Podemos perfectamente,por otra parte,ser creyentes sin requerir ser avalados por ella.
Pienso también que acaso el tema más conflictivo que puede acarrear la Ciencia a la religión se halla,aparte las cuestiones prácticas y concretas atinentes a la bioética,en los planteamientos sobre el ser de lo humano,las neurociencias y demás,y ya a efectos propiamente dogmáticos,en la Teoría de la evolución,específicamente en lo que atañe al tema del pecado original,tan férreamente mantenido aun hoy en la dogmática de la Iglesia Católica,por ejemplo.Quizá es en cuestiones tales,antes que en la del origen del Universo,donde nos será preciso reflexionar más e hilar más fino.
..su pretensión,a veces expresa,de convertirse en la única instancia válida del conocimiento y la experiencia humanos.
Encajar Dios con la Ciencia,en particular con la Cosmología.Difícil y fácil patinar,quizá mejor no mezclar.La Física Teórica,la Cosmología,están muy incómodas con eso de la Gran Singularidad del Big Bang,no les gusta nada eso de
un primer instante del Universo en que resultan violadas todas las leyes de la física y han llamado en su auxilio a la teoría M que postula una cuasi infinitud de universos por cuanto todo lo que es posible de hecho es y por consiguiente el nuestro no sería sino uno más de esos universos posibles,todos provenientes de una fluctuación cuántica del vacío,de la nada.
Vamos,que no dejan resquicio a Dios,y mejor no intentar meterlo a la fuerza.Creer en Dios como el Fundamento más acá y el Horizonte más allá de todo es válido y racional,proclamemos ésto bien alto,si intentamos "cientifizarlo"quizá en suma lo rebajamo...
Hablando esquemáticamente como propio de un comentario en un blog,diríamos que hasta el siglo XVII existe la concepción del mundo,la Naturaleza,como Libro de Dios que a los humanos toca leer,descifrar,y ello también para mayor conocimiento y honra de Él.A partir de este siglo,se perfila una mayor autonomía del conocimiento humano,Descartes,Spinoza...cuanto del ser humano mismo respecto a Dios,y así nos encontraremos ya a principios del XIX con esa famosa frase de Laplace a Napoleón de "Sire,la hipótesis de Dios no es necesaria",anécdota que no se tiene seguridad sea cierta pero que aun así,si non é vero...
La Ciencia se considera autosuficiente en su método y conocimiento y no se autoimpone ninguna frontera a efectos de tal conocimiento,quizá ese sea al cabo su modo efectivo de avanzar. Tampoco va a admitir nada que no resulte verificable por demostración empírica o matemática.Bien,aceptémoslo así,no permitamos,en cambio,su pretensión a veces expresa de..
El nombrar a Hawking miembro de la Academia Pontifica de las Ciencias es un desatino de este tamaño. Mejor candidato habría sido Caifás para reemplazar a Judas en el grupo de Los Doce. Lo peor es que el tipejo -por muy científico que sea no es ni más que un pobre infeliz - ni siquiera tiene la cortesía de callarse cuando le tocan el tema de la existencia de Dios. Lo menos que podría hacer es cerrar el hocico.
Eso es lo que tenemos gracias al pan con mango del que hablé en mi anterior post. Y cuidado con echar la culpa al Papa , que estos nombramientos no los ve directamente él. Pero ya ven ustedes las confusiónes que traen estos descalabros. Cosas del "ecumenismo", en que nada es igual, pero todo da lo mismo.
Gonzalo,
¿Crees acaso que con la creación de esa Academia Pontificia de las Ciencias se ha solucionado todo?
¿Cómo pudo entonces Hawking -distinguido miembro de esa academia- haber afirmado en mayo pasado, en una entrevista exclusiva para The Guardian, que: "I regard the brain as a computer which will stop working when its components fail. There is no heaven or afterlife for broken down computers; that is a fairy story for people afraid of the dark," (“Concibo el cerebro como un ordenador que dejará de funcionar cuando fallen sus componentes. No hay cielo ni vida ulterior para ordenadores rotos; eso es un cuento de hadas para los que tienen miedo a la oscuridad”)?
Galetel, no entiendo muy bien la cuestión que propones.
La Santa Sede creo hace siglos, pero desde 1936 con la denomnación actual, la Academia Pontificia de las Ciencias, que esta formada por 80 miembros, y entre ellos está el mismo Hawking.
En esta línea, es curioso, que se llegue a la conclusión que "comoquiera que existe la ley de la gravedad, el Universo se creó a sí mismo de la nada”. Entonces porqué se pregunta Hawking: cuál es la naturaleza de esta realidad que vivimos? de dónde viene todo lo que nos rodea?....solo le faltó preguntar: que hacemos aquí?..los por qués que apunta Sofía....
Difícl respuesta a esta paradójica contradicción, ya que preguntarse por el origen de las cosas es mera actividad ontológica, que entra en el ámbito de las preguntas de la filosofia, de la metafisica, pero no de la física.
Pienso que es urgente e imprescindible predicar una fe que complemente el conocimiento científico y no sea contradictoria con él. Porque muchos lo necesitan para seguir teniendo fe. Una fe que aporte sentido a su conocimiento científico del mundo.
La Ciencia puede dar respuesta al porqué "natural". El "sentido profundo" de ese porqué lo da la Fe.
Ejemplo: Es natural que la luna salga y la veamos. La explicación científica de sus fases las conocemos al revés y al derecho. Pero nunca me olvidaré cuando vi la luna desde mi cama, en el momento preciso en que, destrozada por hechos terribles que me habían ocurrido, me preguntaba por el amor de Dios hacia mí. Él sabía- y sabe - perfectamente como la luna llena es para mí un icono de la Eucaristía. El hecho de que precisamente en ese momento, cuando yo más lo necesitaba, coincidieron paralelos, coordenadas, mareas y cuanto hay y la luna llena iluminó mi cara. "Diocidendia" se suele llamar a estos hechos. Y cada uno de nosotros podría contar por millares las "Diocidencias" en su vida. Sólo basta que examinemos con un poco de detenimiendo toda nuestra historia personal.
las angustias de unos seres tan insignificantes.
Pero la consciencia sensible humana es producto legítimo de la evolución del mundo, y tiene sentido que el mundo tenga sentido para ella. Por eso es comprensible que cualquier ser lúcidamente consciente apueste por el SENTIDO pleno, y crea el testimonio convincente que afirma que el mundo es creación de un Dios personal que vela por las personas y se ha solidarizado con ellas en cuanto víctimas de su propia creación. Para salvarlas y repararlas consigo.
Si no hubiese un Dios creador personal detrás y por encima de las leyes físicas, o si este Dios no se hubiese propuesto solidarizarse con las víctimas, este mundo no tendría pleno sentido para los humanos. Pero yo, con muchos, apuesto a que sí lo tiene.
Gracias, Xabier.
Para una persona de mentalidad actual, la Ciencia es imprescindible para entender el mundo. Pero el discurrir evolutivo, tal como lo explica la Ciencia actual proyectándolo hacia el pasado y el futuro remotos, junto con estar lleno de maravillas asombrosas, está lleno de víctimas.
Eatá claro que la Ciencia nos ayuda a minimizar las víctimas y a remediarlas en lo posible, y puede prometernos conseguir un futuro mejor en que casi no las haya. Pero las innumerables víctimas concretas que ha costado y costará el largo proceso evolutivo, ¿tendrán reparación algún día?
La persona sensible al sufrimiento de los demás, empezando por el de las víctimas por antonomasia y continuando hasta abarcar a todas, no puede dejar de preguntarse angustiada si un mundo así tiene pleno sentido humano. Probablemente muchos científicos le dirán que el mundo, el universo, el multiverso, es demasiado grande para tener siquiera en cuenta las angustias de unos ser...
Si Dios creó las galaxias con todos sus los accesorios con sus inmensas e innumerables bolas gordas de colores que rotan y otros mundos allá arriba y tal o no...pues vete tu a saber. O si hubo Big Bang. Qué mas da ¿no?. Es curioso el prestigio inmarcesible de, vinculándolos con la religión, hablar de estos temas tan sofisticados. En otros contextos lo entiendo, pero no sé si en la época en la que estamos el acercarse a Dios o mostrar a Dios necesitan este tipo de aproximaciones cósmicas. Lo que quiero decir es que qué mas da. Vamos que se le puede pasar la pelota a la ciencia para que siga sola hasta el área hasta que meta gol, en el tema de la creación. Anda que no les debe quedar faena. (no me tiréis tomates...). Anécdota: Newton como intendente de la Casa de la Moneda llevó a la horca al falsificador William Chaloner tras al parecer un juicio farsa. Los genios pueden ser criminales. Como es sabido.
Está claro que es la ciencia la que explica el cómo del funcionamiento del mundo -con pequeños porqués que forman parte del cómo. Pero sigo sin comprender la afirmación de Fernando de que la ciencia explica el porqué del mundo. De hecho el porqué parece ser una cuestión de fe. Puede haber un porqué y un para qué o puede no haberlo, y eso es una cuestión que no me parece científica sino religioso-filosófica, y en último término no comprobable, es decir, una creencia más o menos razonable, que puede partir de los datos que nos proporcionan las ciencias, del conocimiento de la realidad, y que tiene razones de índole subjetiva, pero que va más allá de lo que es empíricamente comprobable o de la certeza analítica. Es una apuesta por el sentido. Es fe.
En efecto Renée, ese es un gran error que nunca se "descuenta" a la hora de juzgara actos del pasado, como este por ejemplo.
No al revés, Xabier. No al revés.
Xabier, tú mismo lo has dicho: Newton y Leibniz eran PROTESTANTES. Era natural que no tuvieran conflictos directos con la Iglesia Católica. Y esa idea de la "religión universal"- que es más una mezcla de agnosticismo con paganismo- ha sido un intento vano de juntar todas las "verdades". ¿Resultado? Pan con mango. Y que cada cual crea- y por ende HAGA- lo que le venga en gana. Todo es válido, sí señor.
La Verdad es una sola. El problema viene cuando todos quieren erigirse en JUECES DE LA MISMA.
CRISTO ES LA VERDAD. Y ya ves de qué manera tutilimundi quiere corregirle la plana- tú incluido-, a gusto y apetencia del rating que dan los fans de uno u otro bando.
No olvides, Xabier, que los Reyes Magos-los auténticos, los Sabios Paganos, no los titiriteros vudús ni las Mama Luás de uno de tus post- fueron a ADORAR, y por lo mismo A APRENDER.
LA CIENCIA Y EL PAGANISMO SE INCLINAN ANTE JESÚS, CAMINO , VERDAD Y VIDA.
No al r...
Gonzalo, el gran error actual es el juzgar los actos - buenos o malos- del pasado con el contexto cultural del presente. Con ese criterio calificaríamos de sádicos a los médicos que en siglos anteriores amputaban miembros sin anestesia. Incluso San Pablo sería tildado poco menos que de envenenador por haber recomendado- no recuerdo si a Timoteo o a Tito- el beber vino para calmar sus dolencias estomacales.
Xabier, sería interesante que escribieras un post sobre Jaime Balmes. Las "Cartas a Un Escéptico" son una auténtica belleza. ¡Y ni qué decir de ese canto al Sentido Común que es "El Criterio"!
Galileo era profesor a dedo en la Univ. de Padua, era protegido del Papa. Tenía un gran error confirmado mucho después, visto x S. Roberto Belarmino, que G. no reconoció, en su tesis, sobre el movimiento de las mareas, por lo que se le conminó a presentarlo ideéntico, pero como hipótesis, no como tesis, a lo que G. se negó. Los jueces eran clérigos y creían que la teología era principal sobre las demás ciencias, no entendían que existieran ciencias autónomas porque eso ¡no existía!.
El pensamiento imperante era Aristóteles, dios de la filosofía, su autoridad era absoluta y las ciencias eran tributarias del saber del aristotélico Ptolomeo: "El cielo era la morada de los dioses".
La desmitologización de los astros y la formulación matemática fue la clave, fue el embrión de la secularización, del positivismo, desde entonces se empezó a olvidar la realidad del ser. Esta y no otra, fue la verdadera revolución y ¡¡no el error del tribunal!!
Sábado, 2 de junio
Josep Maria Tarragona
Juan Fernandez Krohn
Asoc. Humanismo sin Credos
Pedro Tarquis
Josemari Lorenzo Amelibia
Francisco Baena Calvo
Francisco Margallo
Juan Jáuregui Castelo
JC Rodríguez, A Eisman
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