Presenté ayer un libro de A. Fantoli sobre el “caso Galileo” , mirado desde la perspectiva de la ciencia y de la religión (es decir, desde el magisterio católico). El trabajo ha tenido ciertos ecos, que quiero retomar, presentando en orden los comentarios de Fernando y Galetel, que pueden ser principio de ulteriores reflexiones (Gracias, Fernando y Galetel, por vuestras intervenciones, que quiero rescatar del posible olvido marcado por el hecho de que el blog sólo conserva los últimos cuarenta comentarios).
En ese contexto he querido evocar las figura de Newton y Leibniz, que han sido, tras Galileo, los representantes máximos del estudio y relación entre ciencia y el pensamiento religioso en el comienzo de la modernidad.
Significativamente, no hubo en torno a Newton una controversia semejante, aunque sus afirmaciones sean mucho más discutibles que las de Galileo, no sólo por su manera de “codificar” la ciencia, sino y sobre todo por su forma de leer la Biblia de un modo casi alquímico y esotérico. Sus trabajos sobre las medidas del tiempo y sobre los tiempos de los reyes de la Biblia siguen siendo objeto de curiosidad y estudio.
Leibniz ha sido quizá el ejemplo máximo de equilibrio entre ciencia y fe, conocimiento filosófico y búsqueda de un equilibrio eclesial (cristiano). Su recuerdo sigue siendo imprescindible para estudiar los temas que estamos evocando.
En ese contexto, tras evocar las figuras de Newton y Leibniz, quiero citar la valoración de dos grandes investigadores hispanos, que han dedicado parte de su vida el estudio de las relaciones entre ciencia y religión, en este campo: Pérez de Laborda y C. Morano. Utilizo, como podrá ver el lector algunas entradas de mi Diccionario de Pensadores Cristianos (Verbo Divino, Estella 2010).
Sábado, 2 de junio
Josep Maria Tarragona
Juan Fernandez Krohn
Asoc. Humanismo sin Credos
Pedro Tarquis
Josemari Lorenzo Amelibia
Francisco Baena Calvo
Francisco Margallo
Juan Jáuregui Castelo
JC Rodríguez, A Eisman
Religión Digital