Annibale Fantoli, Galileo. Por el copernicanismo y por la Iglesia, Verbo Divino, Estella 2011, 544 págs. El autor (italiano nacido en Trípoli,Libia, el año 1924) es doctor en astronomía, filosofía y teología; ha enseñado filosofía e historia del pensamiento occidental en Japón y ha sido investigador científico al servicio del Vaticano, por cuyo mandato y en cuya editorial --Libreria Editrice Vaticana, 2010-- ha publicado el original de este libro, que ha suscitado un debate en diversos círculos eclesiales.
No ha sido Fantoli quien ha planteado ese debate entre ciencia y fe cristiana, sino que lo han hecho Juan Pablo II y Benedicto XVI, creando una comisión para el estudio del tema. Fruto de esa comisión es este libro, escrito y publicado bajo los auspicios del Vaticano, en la Liberia Editrice Vaticana... pero con la salvedad de que no todos en el Vaticano están de acuerdo con su contenido. Todos conocen la diversidad de opiniones (las rupturas internas) que existen hoy en la máxima institución de la Iglesia Católica.
Contenido de la obra:
Juan Pablo II creó una Comisión Vaticana para el Estudio del Caso Galileo. Recogiendo aquel impulso, desde una gran fidelidad a la tradición católica y a la autonomía de la ciencia, por encargo de la misma comisión vaticana, el prof. A. Fantoli ha escrito esta obra, que es quizá la mejor contribución al tema. Su mérito principal consiste en reunir en una síntesis los elementos imprescindibles para comprender el “caso Galileo” desde una perspectiva personal, científica y eclesiástica (desde el plano de la ciencia y de la religión).
Ésta obra sólo puede haberla escrito un hombre como Fantoli, experto en astronomía e historia del pensamiento y de la ciencia en los siglos XVI y XVII, siendo al mismo tiempo teólogo y filósofo de la ciencia, es decir, epistemólogo.
El problema del caso Galileo no es la falta de datos, sino su valoración, desde una perspectiva histórica y científica, eclesiástica y personal, poniendo de relieve las luces y sombras del gran proceso en el que Galileo fue “condenado” por la Inquisición, para ser después rehabilidadopor la Iglesia.

Ésta no es una simple biografía sobre Galileo, sino un estudio histórico, científico y teológico sobre la génesis y el desarrollo de la aventura intelectual de Galileo, en el lugar de cruce del nacimiento de la ciencia moderna y de la teología (astronomía) tradicional de la Iglesia católica. Así lo indica el subtítulo de la obra: "por el Copernicanismo y por la Iglesia". En ese contexto se sitúa el interés de Galileo:
a) que por un lado quiere defender las ideas de Copérnico, abriendo un nuevo camino a la ciencia;
b) y que, por otro lado, quiere que sus ideas sean aceptadas por la Iglesia, como armonizables con la Escritura.
Fantoli: El caso Galileo no se ha cerrado todavía:
De manera sorprendente, en contra de lo que se ha podido decir, tanto desde el punto de vista de un tipo de ciencia quiere mostrarse absoluta, como desde una visión dogmatista de la iglesia, A. Fantoli concluye su obra afirmando que el caso Galileo no está cerrado, pues hay elementos históricos que hay deben estudiarse (pág 510)... y, sobre todo porque aún quedan pendientes varios temas, en un plano religioso. Así lo ponen de relieve las últimas palabras del libro de Fantoli:
a) La Iglesia debe aprender una lección de humildad "para no repetir ni en el presente ni en el futuro errores semejantes". "El reconocimiento de los errores (pasados)... no significa ciertamente que el camino haya quedado automáticamente abierto para un fructuoso diálogo entre la ciencia y la fe contemporánea" (A. Fantoli, pág 511).
b. Una advertencia para el futuro... "Esta confrontación (entre ciencia y fe)puede hoy hacerse (volverse) más traumática que durante la época de Galileo, si se pretende resolver con un autoritarismo incapaz de llevar adelante un diálogo sincero, inteligente, paciente y humilde" (A. Fantoli, pág 511)
c. Lugares de posible conflicto: "Baste pensar, en el campo de la ciencia, en el problema de la evolución y --dentro de la tecnología-- en los problemas en torno al desarrollo de las nuevas técnicas biogenéticas" (A. Fantoli, pág 511, nota 51)
Sólo me queda poner de relieve la importancia excepcional de esta obra para los que están interesados no sólo por el “caso Galileo”, sino por el estudio de las relaciones entre ciencia y fe (exégesis bíblica) desde una perspectiva cristiana. A todos ellos recomiendo su lectura.
Mi post consta de tres partes:
1. Presentación de Galileo, según mi Diccionario de Pensadores Cristianos.
2. Presentación española de la obra de Fantoli, escrita por Melchor Sánchez de Toca Alameda (Pontificio Consiglio della Cultura) y por Manuel García Doncel (del Seminari de Teologia i Ciències de Barcelona), uno de los mayores teóricos actuales de la ciencia.
3. Índice general del libro.
Para una valoración de la obra en el momento de su publicación, cf. http://chiesa.espresso.repubblica.it/articolo/6969?eng=y)
1. GALILEO GALILEI (1564-1642). (de X. Pikaza, Diccionario de Pensadores Cristianos)
Físico y pensador católico italiano, uno de los fundadores de la ciencia moderna. Enseñó en la Universidad de Padua, que pertenecía a la República de Venecia, donde gozó de mucha libertad. Se traslada después a la Universidad de Pisa y presentó sus descubrimientos físicos y astronómicos ante el Colegio Pontificio de Roma que le escuchó con asentimiento, pero a partir del año 1611 recibió diversos ataques de la Inquisición, pues algunos teólogos pensaron que su hipótesis de que la tierra gira en torno al sol (→ Copérnico) iba en contra del libro de Josué (Ms 10, 12-24), donde se supone que es el sol el que gira en torno a la tierra (como afirmaba la astronomía anterior).
Por eso se vio obligado a defender su “ortodoxia” con razones. A pesar de ello fue condenado por primera vez por la Inquisición de Roma, en febrero del año 1616, aunque esa condena, formulada de un modo general, no tuvo consecuencias prácticas. Sin embargo, el proceso volvió a plantearse más tarde, convirtiéndose en uno de los acontecimientos científicos y teológicos más significativos del siglo XVII. Éstos fueron los dos “momentos” básicos de ese proceso.
1. Por una parte, Galileo no logró probar científicamente la rotación de la tierra en torno al sol, como le pedían sus adversarios, pues esa prueba se logrará sólo después de más de dos siglos, con el péndulo de Foucault, el año 1851). De todas formas, la hipótesis de Galileo era científicamente la más probable y él tenía derecho a defenderla, a pesar de las posibles razones contrarias de a Biblia.
2. Por otra, la iglesia intentó imponer sobre las ciencias unos postulados bíblicos y teológicos que carecían de verdadero fundamento religioso. La sentencia de la Inquisición del 22 de junio de 1633 (que condenaba a Galilea a prisión perpetua, aunque fue inmediatamente conmutada, de manera que pudo vivir en libertad) constituye uno de los equívocos más significativos del pensamiento cristianos. Galileo aceptó la condena (sin estar convencido de ella) y siguió investigando sobre el tema de la tierra y del sol.
La iglesia posterior tuvo que retractarse, y lo ha hecho de un modo gradual. Los últimos papas, desde Pío XII hasta Benedicto XVI han rendido homenaje a Galileo, aunque el tema de fondo (relación entre la ciencia la fe) sigue pendiente en diversos campos, desde la física hasta la biología. Obras: Opere complete I-XV (Florencia, 1842-1852). Sobre las implicaciones filosóficas y teológicas del “caso Galileo”, cf. J. Ortega y Gasset, En torno a Galileo, en Obras completas V (Madrid 1951); W. R. Sea, Galileo en Roma: crónica de 500 días (Madrid 2003).
2. PRESENTACIÓN ESPAÑOLA
M. Sánchez de Toca y M. G. Doncel(Págs 9-14 de la obra)
Los lectores de lengua española están de enhorabuena. Ve
por fin la luz en español, tras un incomprensible retraso, la obra
del profesor Annibale Fantoli, Galileo. Por el Copernicanismo y
por la Iglesia, casi veinte años después de su primera aparición
en italiano y de las sucesivas ediciones en las principales lenguas
del mundo.
No sería exagerado afirmar que el profesor Annibale Fantoli
es uno de los mayores especialistas vivos sobre Galileo en todo
el mundo y que, por ello, la obra que presentamos ahora al
público de lengua española, traducida a partir de la tercera edición
italiana y enriquecida con las aportaciones de casi veinte
años de investigaciones ininterrumpidas, está destinada a convertirse
en una obra de referencia. De este libro decía el llorado
don Mariano Artigas, un gran especialista en estudios galileanos,
que era la mejor obra escrita sobre Galileo Galilei, capaz de
ofrecer una visión sintética y a la vez completa sobre una cuestión
tan compleja. Sostenía que la existencia de la Comisión de
Estudio del Caso Galileo instituida por Juan Pablo II habría
quedado justificada solo por haber permitido la aparición de un
libro como este. Una obra –añadía– que habría tenido que servir
como base para los trabajos de aquella comisión y que, sin
embargo, llegó demasiado tarde, cuando aquella había clausurado
sus trabajos.
Acaso el mérito principal de este libro consista en reunir en
una síntesis abarcable, no obstante su extensión, los elementos
imprescindibles para comprender a Galileo y el proceso histórico
que conocemos como «Caso Galileo» en toda su complejidad. Y
es que el Caso Galileo se resiste a cualquier simplificación. Para
poder emitir un juicio equilibrado sobre la personalidad del atrabiliario
matemático toscano y su obra, y más aún, para valorar
adecuadamente lo que supuso el Caso Galileo, hacen falta conocimientos
más que notables en áreas tan dispares como astronomía,
historia del pensamiento y de la ciencia en los siglos XVI y
XVII, teología, exégesis (e historia de la exégesis), filosofía y epistemología.
En Annibale Fantoli se da esta rara coincidencia de saberes
y ello le ha permitido trazar un cuadro general de la cuestión
sumamente apreciable. Como sucede frecuentemente en
obras sobre Galileo, el problema no es la falta de datos o de información,
ya que estos resultan más que abundantes. La dificultad,
si acaso, está en la valoración de esos datos y es precisamente
en los juicios y opiniones de los diversos autores donde se pueden
hallar elementos de novedad.
Este es, precisamente, el mérito
principal de Fantoli que, desenvolviéndose con destreza en la maraña
de documentos, atina con una visión equilibrada y rigurosa
de toda la aventura galileana, sin hacer descuentos a nadie.
En la difícil y fatal alternativa entre divulgación y erudición,
el autor ha sabido hallar un compromiso, elaborando un texto
ágil y de fácil lectura, remitiendo al lector interesado a las notas
a pie de página que constituyen una verdadera mina de información.
Muchas de las novedades, especialmente por lo que se
refiere a la última parte, se hallan precisamente en las notas.
El lector no se halla ante una biografía más de Galileo Galilei.
Si bien pueden encontrarse en el libro los elementos suficientes
para situar a Galileo en su tiempo, no nos hallamos ante
una reconstrucción de su vida y de su compleja personalidad, sino
más bien, ante la génesis y el desarrollo del aspecto más importante
de su aventura intelectual resumido en el subtítulo de
la obra: por el Copernicanismo y por la Iglesia, el cual destaca el
interés de Galileo por defender las ideas de Copérnico, unido a
su deseo sincero de que estas ideas fueran aceptadas por la Iglesia,
como armonizables con la Escritura. La obra consta de Introducción
y siete capítulos, cronológicamente ordenados. Así,
los dos episodios del proceso de Galileo en 1916 y 1933 ocupan
los extensos capítulos 3 y 6, y los correspondientes capítulos
precedentes presentan todo el contexto en el que surgen esos
episodios.
La Introducción presenta ampliamente el contexto astronómico,
la historia «de la visión del mundo tradicional a la teoría
copernicana»: las concepciones aristotélica, tolemaica y medieval
cristiana, la novedad de la «revolución copernicana» y las
reacciones de teólogos y astrónomos, especialmente Tycho
Brahe y Giordano Bruno.
El capítulo primero «introduce en escena a Galileo, desde el
nacimiento al período de Padua». Descubre ya en este período
su primera orientación hacia el sistema copernicano, y sus intentos
de encontrar una «prueba» basada ya en las mareas, o en
la variación de la «nova» de 1604.
El capítulo segundo está dedicado a «los descubrimientos astronómicos
con el anteojo» y el «inicio de las polémicas». En él
nos presenta los méritos del Sidereus Nuncius, y su entrada en la
corte florentina, y también el comienzo de la polémica teológicobíblica,
con la «Liga de los Colombi».
El extenso capítulo tercero se titula «Epílogo de la polémica
bíblica: la inclusión del De Revolutionibus en el Índice». Presenta
las reacciones de los dominicos de Florencia y la respuesta
de Galileo en las Cartas a Castelli y a Cristina de Lorena.
Fantoli analiza y defiende aquí en detalle los argumentos bíblicos
de Galileo. Presenta también en detalle la acusación ante el
Santo Oficio, y el proceso de 1615 que ella origina, abreviado
por la extrajudicial intervención de Belarmino, de la que paradójicamente
resulta la inocencia de Galileo y la condenación del
copernicanismo. Presenta y discute todos los documentos correspondientes
al proceso, incluyendo los del Archivo Vaticano
recientemente estudiados.
El capítulo cuarto está dedicado a «la controversia sobre los
cometas e Il Saggiatore». Se trata de los tres cometas de 1618,
que ofrecen al jesuita Orazio Grassi la ocasión de defender el reposo
de la tierra y originan un duro debate bibliográfico. Las
dos obras de Galileo –y las irónicas anotaciones manuscritas al
margen de las tres de Grassi– testimonian el enfriamiento de sus
relaciones con los jesuitas romanos. Presenta también este capítulo
a «Maffeo Barberini elegido Papa», Urbano VIII, y las idílicas
muestras de amistad e intercambio intelectual que ofrece a
Galileo.
El capítulo quinto trata de la «reanudación del programa copernicano
» y de la «publicación del Diálogo». Describe el viaje
de Galileo a Roma, su entrevista amistosa con el Papa, sus esperanzas
de poder defender el copernicanismo, y su conocimiento
de los argumentos teológicos del Papa. Presenta la carta de Galileo
contra los argumentos anticopernicanos de Ingoli, y su primer
proyecto de un Diálogo sobre las mareas. Explica el cambio
de título, exigido por el Papa, y las peripecias de redacción y
censura romano-florentina. Presenta por fin el esquema y el valor
de la obra, y justifica la intención de Galileo.
El extenso capítulo sexto estudia el desencadenamiento de la
tempestad, y el «proceso y condena de Galileo». Describe la llegada
a Roma de ejemplares impresos del Diálogo, en circunstancias
políticas muy delicadas para Urbano VIII, y la violenta
reacción de este al leerlo. Dos razones la motivaban: que los argumentos
teológicos del Papa aparecieran ridiculizados en boca
de Simplicio, y los procedimientos empleados por Galileo para
obtener el imprimátur. Esta última se complicó, al descubrirse
los documentos del compromiso contraído en 1616 ante Belarmino
aparentemente violado por Galileo, y ciertamente ocultado
a sus censores.
Galileo es convocado a Roma ante el Santo
Oficio, y tratado allí con deferencia, con el intento incluso de
resolver de nuevo el proceso por vía extrajudicial, privada. Pero
la obstinación de Galileo en que su Diálogo no defendía el copernicanismo,
contra la evidencia de los tres teólogos cualificadores
del Santo Oficio, hizo volver al procedimiento ordinario,
hasta la rigurosa condena y la solemne abjuración de 1633. Las
«consideraciones conclusivas sobre la condena de Galileo» hacen
ver la debilidad de los documentos con que se ha pretendido demostrar
la responsabilidad directa de los jesuitas del Colegio
Romano en promover el proceso.
Fantoli defiende jurídicamente el proceso, en cuanto se llevó a cabo según la normativa inquisitorial de la época. Pero critica severamente el «abuso de poder
institucionalizado» que ejercía entonces la Iglesia. Y critica
también la dura reacción de Urbano VIII, al sentirse traicionado
en las expectativas que él había depositado en aquel libro, y
en la amistad de su autor.
El capítulo séptimo y último trata de «la cuestión galileana,
desde el fin del proceso hasta nuestros días». El autor no ahorra
críticas a los eclesiásticos que a lo largo de los siglos tuvieron
que ocuparse de él, comenzando por el mismo Urbano VIII. Señala
con juicios acerados la falta de delicadeza, en ocasiones la
mezquindad de espíritu, y, más frecuentemente, la torpeza con
que se trató la cuestión.
Galileo, personaje incómodo en vida, se
convirtió en un caso verdaderamente difícil de gestionar tras su
muerte, una herencia cuyo peso se ha hecho sentir en la Iglesia
hasta hoy. Con la comisión establecida por Juan Pablo II para
examinar el caso Galileo, y pese a las importantes reservas que
el autor hace acerca de su clausura, es necesario reconocer que se
llegó a un reconocimiento oficial por parte de la Iglesia de los
errores de 1616 y 1633. Como afirma el mismo Fantoli, «Un sucesor
suyo [de Urbano VIII] ha reconocido no solo su grandeza
[de Galileo] en el plano científico y su amplitud de miras en
el plano teológico, sino también el papel que su drama ha tenido
en la “comprensión más justa de la autoridad que es propia
de la Iglesia”» (§ 7.7).
Para el autor, el gran problema subyacente
al Caso Galileo fue el autoritarismo por parte de la Jerarquía
de la Iglesia. Según él, los decretos de 1616 –que prohibía los libros
copernicanos– y de 1633 –que condenaba a Galileo y su
obra Diálogo sobre los dos máximos sistemas–, fueron el resultado
de un ejercicio de autoridad doctrinal, que algunos autores
católicos ya en aquel tiempo juzgaron excesivo.
La serie de actuaciones chapuceras que han marcado la historia del Caso Galileo
quizá no obedezcan tanto a la lógica del autoritarismo,
cuanto a una más comprensible necesidad de «salvar las apariencias
», una dificultad para reconocer los errores y equivocaciones
en actuaciones que no caían directamente bajo la infalibilidad
pontificia.
Esta dificultad para reconocer los propios
errores, como había pedido Juan Pablo II en su discurso de
1979, ha pesado en la historia del caso Galileo y es probablemente
responsable de una cierta apologética que irrita, a veces
justificadamente, a los historiadores. Por lo que se refiere al futuro,
el autor es consciente de que pueden producirse nuevos casos
Galileo, nuevas «trágicas incomprensiones». Tratar de resolver
estos conflictos con «un autoritarismo incapaz de mantener
un diálogo sincero, inteligente, paciente y humilde» tendría consecuencias
desastrosas.
No queda sino augurarse, como hace el
autor, que «Galileo no haya sufrido en vano».
Hemos de felicitarnos de la inclusión de esta obra en nuestra
colección «Teología y ciencias», centrada hasta ahora en la reflexión
teológica sobre las concepciones científicas actuales acerca
de la evolución cósmica, biológica y antropológica. Pues este se-
rio estudio histórico concerniente al prototipo de conflictos teológico-
científicos, lejos de perturbar esas temáticas, las enriquece
profundamente, y honra la colección.
Auguramos que esta
obra se difunda así más ampliamente en nuestras tierras, y en las
latinoamericanas, a través de las amplias redes de distribución de
la Editorial Verbo Divino.
La extensión de la obra respecto a las anteriormente publicadas
en la colección, ha obligado a retocar algunos detalles del
formato, pero manteniendo el mismo estilo. Especialmente se ha
mantenido el cuidado de «hispanizar» su inmensa bibliografía,
es decir, de citar y referir a las traducciones españolas existentes
de las obras citadas por el autor. Este serio trabajo ha sido realizado
de nuevo por nuestro colaborador Xavier Losantos. Finalmente,
agradecemos también a la Editorial Verbo Divino, en la
persona de su director D. Guillermo Santamaría, y en la de la eficaz
colaboradora Mª Puy Ruiz de Larramendi la acogida de la
edición de esta obra y de su adaptación a nuestra colección. Finalmente,
hemos de agradecer a la Fundación John Templeton el
convenio directo de subvención, que cubre parcialmente las tareas
de traducción, edición y difusión de esta colección.
Melchor Sánchez de Toca Alameda
Pontificio Consiglio della Cultura
Manuel García Doncel
Seminari de Teologia i Ciències de Barcelona
3. INDICE
Presentación de la edición española
Prefacios del autor
Introducción. De la visión del mundo tradicional a la teoría copernicana
0.1. De la cosmología aristotélica al sistema tolemaico
0.2. El encuentro con el cristianismo y la síntesis medieval
0.3. La «revolución copernicana» y las reacciones de los teólogos
0.4. Las reacciones de los astrónomos. El sistema de Tycho Brahe
0.5. El mundo copernicano aumentado hasta el infinito: Giordano Bruno
Capítulo 1. Galileo entra en escena: Desde el nacimiento al período de Padua
1.1. El ambiente familiar y la primera formación intelectual
1.2. La «conversión» a Euclides y Arquímedes
1.3. Profesor de matemáticas en Pisa: las fuentes de su enseñanza
1.4. El De Motu pisano y la primera orientación hacia Copérnico
1.5. Inicio de la enseñanza en Padua
1.6. Primera idea sobre una posible «prueba» del sistema copernicano
1.7. La nova de 1604 y un nuevo intento de «prueba» copernicana
1.8. Enseñanza privada y actividades en el campo técnico
1.9. Amistades y acontecimientos familiares
Capítulo 2. Los descubrimientos astronómicos con el anteojo. Inicio y desarrollo de las polémicas
2.1. Construcción del anteojo y primeros descubrimientos astronómicos
2.2. El Sidereus Nuncius y el proyecto de regresar a Florencia
2.3. Las reacciones al Sidereus Nuncius y el retorno a Florencia
2.4. Inicio de las polémicas bíblicas. Viaje de Galileo a Roma
2.5. La polémica sobre los cuerpos flotantes. Nace la Liga antigalileana
2.6. Las manchas solares y el inicio de la polémica con Scheiner
Capítulo 3. El epílogo de la polémica bíblica: la inclusión del De Revolutionibus en el Índice
3.1. Inicio de la intervención de los teólogos en la controversia copernicana
3.2. La Carta a Castelli. Reacciones de los dominicos de Florencia
3.3. Foscarini y Belarmino sobre la cuestión copernicana
3.4. La respuesta de Galileo: la Carta a Cristina de Lorena
3.5. El dominico Caccini acusa a Galileo en el Santo Oficio
3.6. Galileo vuelve a Roma para la defensa del copernicanismo
3.7. La intervención del Santo Oficio. El De Revolutionibus incluido en el Índice
3.8. Rumores de una abjuración de Galileo. Certificado de Belarmino a Galileo. Observaciones conclusivas
Capítulo 4. La controversia sobre los cometas e Il Saggiatore. Maffeo Barberini elegido Papa
4.1. Los tres cometas de 1618 y la Disputatio Astronomica de Grassi
4.2. La respuesta de Galileo: el Discurso sobre los cometas
4.3. La réplica de Grassi: la Libra astronomica
4.4. Nace Il Saggiatore. Maffeo Barberini elegido Papa .
4.5. Nueva respuesta de Grassi: la Ratio Ponderum Librae et Simbellae
Capítulo 5. La reanudación del programa copernicano. El Diálogo sale a la luz
5.1. Nuevo viaje de Galileo a Roma. Conversaciones con Urbano VIII
5.2. La Carta a Ingoli
5.3. Il Saggiatore denunciado al Santo Oficio por una «persona pía»
5.4. La reanudación del Discurso sobre el flujo y el reflujo del mar
5.5. La Rosa Ursina de Scheiner y la compleción del Diálogo
5.6. Galileo en Roma. Vicisitudes del permiso de imprenta del Diálogo
5.7. El Diálogo sobre los dos máximos sistemas
Capítulo 6. Se desata la tormenta. Proceso y condena de Galileo
6.1. El Diálogo llega a Roma. Inicio de las reacciones en contra
6.2. Urbano VIII tiene conocimiento del contenido del Diálogo. Las primeras medidas en contra del libro
6.3. Se precisan los cargos contra el Diálogo
6.4. Descubrimiento del requerimiento de Seghezzi a Galileo y respuesta de la comisión encargada de examinar el Diálogo
6.5. El Santo Oficio convoca a Galileo en Roma
6.6. Inicio del proceso y defensa de Galileo
6.7. El intento extrajudicial del Comisario Maculano
6.8. Condena y abjuración de Galileo
6.9. Consideraciones conclusivas sobre la condena de Galileo
Capítulo 7. La «cuestión galileana» desde el fin del proceso hasta nuestros días
7.1. Galileo vuelve a Florencia. Los Discorsi se publican en Holanda
7.2. Los últimos años y la muerte. El proyecto del mausoleo en honor de Galileo se aplaza
7.3. Finalmente se construye el mausoleo. El Santo Oficio permite, con condiciones, la reedición del Diálogo
7.4. La prohibición de los libros copernicanos desaparece en la nueva edición del Índice de los libros prohibidos. El caso Settele
7.5. La polémica galileana en el siglo XIX y la «apertura» a los investigadores de los archivos del Vaticano
7.6. El Galileo de Pío Paschini y el Concilio Vaticano II
7.7. Juan Pablo II y el reconocimiento de los errores del pasado
Bibliografía
Índice onomástico
7. El problema de la metafísica es que puede “quedarse quieta”, y olvidar la resistibilidad de la realidad por mucho que se vea a sí misma capacitada para hacerse cuestión de los ‘porqués’ radicales. Ha habido muchos tipos de corrientes metafísicas, desde organicistas, monistas, dualistas, espiritualistas, etc. La ciencia también, pero a diferencia de la metafísica, debe tener los pies en el suelo, y aun cuando se haga grandes pretensiones de modelos universales, unificados y acabados, casi para-metafísicos o incluso seudo-teológicos, viene luego la prueba de los hechos, las hipótesis contrastadas y los enunciados consistentes para aportar una buena dosis de modestia.
En efecto, los grandes ‘porqués’ son buenos y están ahí. Pero que nunca se construya un discurso que dé cabida a la respuesta (metafísica) definitiva, parece mostrar que siempre un descubrimiento traducido en datos es más creativo y expansivo que una gran teoría solo llena de palabras.
Abrazos.
6. ¿Y la metafísica? ¿Está en el derecho de arrogarse la pregunta sobre el ‘por qué’ último? Creo que la metafísica es tan provisional como el resto de propuestas humanas. Más si cabe, cuando el mismo Aristóteles entendía que una ciencia primera sobre "eso" de algo, es siempre una ciencia buscada y sujeta a muchas dudas (Metafísica, VII). Sin embargo, como refería Popper, la metafísica puede encauzar buenas preguntas, pero no determinar si su discurso es válido o no al margen de la ciencia.
Y es que cuando el discurso metafísico adquiere un grado de especulación muy sofisticada, se ve arrastrado al ensimismamiento, a la verborrea y a la pérdida de conexión con el descubrimiento científico y realista, el cual, si se me permite la expresión, padece la enfermedad de “no quedarse quieto”. ¿Resolvió la vieja metafísica el problema del alma, del mundo o de Dios, se preguntaba Locke? Nunca acertó, dijo en su ‘Ensayo sobre el entendimiento humano’.
5. Pero es cierto que la palabra “realidad” es una cuestión que toca a la filosofía, a la metafísica si cabe. Entonces, ¿debemos considerar que el ‘por qué’ de la realidad se escapa a la ciencia, sobre todo para muchos científicos positivistas?
Por de pronto, pienso que toda respuesta sobre cómo es el mundo es provisional, no porque la respuesta científica sean incompleta, sino porque puede contrastarse orgánicamente en su interior gracias a que la realidad las hace gananciales de nuevos descubrimientos. Es decir, que la ciencia es un sucesivo encadenamiento de respuestas en que la misma realidad es RESISTIBLE a respuestas cerradas y definitivas de una vez, haciendo fracasar en el tiempo las propuestas menos consistentes. Esto no depende de cambios de paradigmas de comunidades científicas, como refirió Kuhn, sino del hecho de que la ciencia errada siempre fracasa no por su interna instrumentación, sino por la misma tozuda realidad que enriquece la buena ciencia.
¿Por qué, se preguntaban investigadores científicos del INRA en Francia, una planta infectada con un virus podía regenerase al completo in vitro? Pues gracias a los meristemos, células totipotenciales que tienen la facultad de reproducir por sí solas plantas completas y que son útiles para la clonación y protección de numerosas variedades vegetales.
¿Y por qué, se cuestionaban antiguos químicos, el metal es tan fuerte y tiene un alto punto de fusión? Porque los metales tienen pocos electrones en su capa externa, y los ceden para volverse iones de carga positiva. Los electrones perdidos forman un mar que fluye entre los iones, creando así una sólida fuerza electrostática por atracción de electrones e iones de cargas opuestas.
En suma, todo estos ‘porqués’ son efectivamente respondidos creando una cadena organizada de respuestas en el acceso a la realidad que, a su vez, dejan abiertos otros tantos 'porqués'.
En consecuencia, esto parece indicar que puede existir una ciencia verdaderamente desarrollada sin necesidad de planteamientos ‘últimos’, de ‘porqués’ radicales. Estos quedan pues en el limbo de las abstracciones o de las especulaciones desatadas, que en el mejor de los casos parecerían inclinarse hacia peripatéticas metafísicas.
Bien, yo por mi parte, que siempre me planteo todas estas cosas en sentido realista, debo decir que la ciencia posee un armazón bien trabado –y nunca acabado- de buenos ‘porqués’ encadenados.
4. ¿Por qué, se preguntaba Newton, la acción a distancia que emana de los cuerpos materiales crea efectos gravitatorios, lo que para él supuso un problema? El ‘por qué’ lo tenía Einstein, consecuencia de la curvatura espacio-tiempo expresada en su teoría de la Relatividad.
Frente a un Penrose más platónico y preocupado por establecer una ‘idea’ ordenada de la realidad cuántica más allá del observador, Hawking le respondía como ese positivista confeso –‘reduccionista descarado’ como se llamó a sí mismo-, que veía absurdo preguntarse si nuestros modelos (matemáticos) del mundo se corresponden con la realidad. Lo que debía cuestionarse, insistía Hawking, era si predicen o no observaciones. Por tanto, qué sea la realidad en sí, parece no importar a cierta ciencia positivista.
3. Así pues, y con independencia de que el mismo Hawking no parece haber cumplido con esta ascética metodológica a tenor de sus últimos trabajos sobre la errática teoría M, muchos científicos parecen estar de acuerdo con dicha tesis. Así por ejemplo, la bióloga y matemática Fox Keller defiende claramente que puede progresarse en el desarrollo de la biología sin disponer de una respuesta última sobre qué es la vida y por qué.
1. Es verdad que la ciencia se plantea numerosos porqués, pues no se limita a ofrecer resultados desde el simple ‘cómo’. De hecho, la ciencia nace no solo porque el hombre desea conocer todas las cosas, sino porque le sirve para estructurar todo ese saber de forma organizada. En ese sentido, Galileo es el primero en ofrecer a la fuerza demostrativa por contrastación de hipótesis, la organización de la ciencia moderna de la que todavía nos valemos.
Pero la cuestión que queda en el aire, según el comentario de Sofía, es si el verdadero ‘por qué’ es más propio del ámbito de la metafísica que el de ciencia, siempre amenazada, se dice, de parcelación.
2. Es verdad que a ciertos científicos no parece preocuparle el ‘por qué’ fundamental. Solo los resultados. La cuestión se complica si a todo ello añadimos la cuestión del Realismo. Un caso ejemplar: la controversia entre el Penrose y Hawking sobre teoría cuántica.
estas personas, al mal ( en esto, su conveniencia ) lo llaman bien.
- Dice el politico- " No soy un salvador " - Pues según lo que se lee NO. Ni para los embriones ni fetos, ni para todos los que se han quedado sin trabajo ni techo.
Espero que el partido que esta dirigiendo, cree muchos puestos de trabajo con sueldos dignos, y mejore las vida de los ciudadanos, empezando por los que no tienen trabajo y desean trabajar y poder mantener a su familia.
Apoyo a la iglesia en todo lo bueno que hace, EN EL BIEN.
En lo que dice DIOS SANTO, JUSTO Y HONRADO, que no le gusta, pues si la iglesia desobedece lo que dice Dios santo, justo y honrado, pues en esto, por supuesto no estoy con la iglesia.
Ejemplo: No apoyo la eucaristia comunión con espiritu de hombre, y sus pecados. Prefiero querer a Jesús sin ese tipo de comunión, ya que sin ese tipo de comunión, Dios se comunica con las personas más facilmente. La comunión eucaristiaca es una interferencia en la comunicación con Dios.
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Pero estoy de acuerdo con Todo lo bueno en el bien, que hace. Con todas las buenas obras de amor al projimo.
Digo lo bueno en el bien, porque por ejemplo, para la gente que esta de acuerdo con el aborto, el aborto les parece a ellos un bien, pero eso es maldad, con lo cual no es un bien, estas per...
Efectivamente, galetel, yo tambien pienso que la Creación no fue cosa de "seis dias" sino que se produce contínuamente cada día, cada instante, con cada ser que nace...con cada ser que muere; un milagro constantemente renovado bajo la apariencia de lo meramente natural, algo que por ser cotidiano y natural deja de sorprendernos y llamarnos la atención, cuando ya pretendemos saberlo todo de todo...
Para salvar a los seres conscientes de ser sacrificados irremediablemente en el proceso evolutivo del mundo.
Al decir “por encima” se quiere decir sin interferir, ni violar, ni suspender, ni contrariar de manera alguna a las leyes físicas. Sin ese tipo de “milagros”, pero con una acción misteriosa mucho más “milagrosa” aun, que se manifiesta sólo en lo más íntimo de las consciencias humanas, especialmente de algunos escogidos para bien de todos, y muy especialmente en Jesucristo, el representante único y pleno del Dios trascendente (Dios-Hijo, donde “Hijo” tiene este sentido, no un sentido biológico) para culminar la acción redentora de salvar definitivamente a las personas.
Entonces, para decir que Dios es “trascendente” debemos asignarle no una prioridad “temporal” sino “óntica”. Es decir, afirmar que las leyes físicas no son necesarias de por sí, sino “contingentes”: que tienen que provenir de algo exterior a ellas. Eso es equivalente a afirmar que las leyes físicas son “creadas” y ese “algo” que las ha creado es precisamente el Dios trascendente, Dios Creador. Pero ¿por qué hay que admitir esa contingencia de las leyes físicas? ¿por su aspecto? ¿por el valor arbitrario o sorprendentemente ajustado de sus constantes? ¿porque no han podido expresarse en una sola ley unificada de aspecto convincentemente absoluto? ¿O porque se conoce alguna otra acción de Dios, aparte de ésa a través de las leyes físicas?
Aquí está la clave. Porque no sólo aceptamos que Dios actúa EN las leyes físicas, sino también, por otra parte, POR ENCIMA o MÁS ALLÁ de ellas. ¿Para qué? Para salvar a los seres conscientes de ser sacrificados irremediablemente en el proces...
A mí me parece muy convincente el planteamiento de Davies. Nuevamente la Ciencia nos enseña a leer correctamente la Biblia. Dios es Creador, sí, pero no puntualmente en el “Big-bang” para mantenerse después al margen, o sólo “sustentando” el universo. Dios es creador de una creación continua y autónoma, en y a través de las leyes físicas (o mejor dicho propensiones), de manera que todo lo que explica la Ciencia, tanto como lo que no explica, es creado por Dios. Lo creado no es únicamente la “materia” inicial, sino principalmente la “forma” capaz de evolucionar y producir las auténticas novedades que son las creaturas todas.
Los antiguos pensaban en un Dios temporalmente anterior al mundo que “de repente” decidía crear al mundo y entonces hacía las leyes físicas y todo. Pero eso, refutaría Hawking, no puede pensarse hoy, cuando sabemos que no hay un tiempo “antes” del mundo. Debemos pensar que las leyes físicas existen “desde siempre”. Entonces, para decir que Dios es “tras...
Pues yo creo, galetel, que si la ciencia encuentra razones para prescindir de un Dios creador, con mucha más facilidad encontrará argumentos para desechar la idea de un Dios sustentador.
La controversia entre Ciencia y Fe no creo que radica en su propia esencia sino en la tozudez de científicos y teólogos de considerarse en posesión absoluta de la verdad.
Por un lado los científicos (no todos) se creen con autoridad para desechar la idea de un Dios creador cuando en realidad sólo saben cuatro cosas, todas aprendidas y copiadas de la propia naturaleza, y su contribución a la misma lo único que comporta es, fundamentalmente, su propia aniquilación.
Por otro lado los inquisidores, que nunca faltan, creen encontrar en la Revelación el summun del conocimiento en todos los ámbitos y a todos los niveles, cosa que está totalmente fuera de su propósito.
Me parece que este libro es muy oportuno porque actualmente hay muchos casos Galileo; sin duda, hay controversia para ...
Dejo que Galatel sigua exponiendo su interesante aportación, y en otro momento diré alguna cosilla sobre la pertinente cuestión que abre Sofía. El tema es arduo y requiere de cierto estudio. Y gracias a XP por este post.
literalmente la ‘sustentación’, puede ser vista como la parte más natural en el contexto de la teoría.”
¿Podrían estos desarrollos científicos recientes cuadrar con la doctrina cristiana de creación ex nihilo? Como he enfatizado repetidamente, la idea de Dios trayendo al universo a su existencia de la nada no puede ser considerada como un acto temporal, porque el mismo involucra la creación del tiempo. En el punto de vista cristiano moderno, creación ex nihilo significa sustentar al universo en existencia todo el tiempo. (...) “Este esquema no tiene un evento inicial con un estatus especial,” recalca el filósofo Wim Drees. “Por lo tanto todos los momentos tiene una relación similar con el Creador. O bien esos momentos están todos ‘siempre allí’ como un hecho bruto, o bien ellos son todos igualmente creados. Es una bella característica de esta cosmología cuántica que aquella parte del contenido de la creación ex nihilo que se suponía más alejada de la ciencia, literalmente la ‘sustentación’, pued
¿Es por lo tanto correcto decir que el universo se ha “creado a sí mismo”? La manera en que prefiero expresarlo es que el universo de espacio-tiempo y materia es internamente consistente y auto-contenido. Su existencia no requiere nada fuera de él; específicamente, no es necesario un iniciador. ¿Entonces, significa esto que la existencia del universo puede ser “explicada” científicamente sin la necesidad de Dios? ¿Podemos pensar en el universo como formando un sistema cerrado, que contiene la razón de su existencia enteramente dentro suyo? La respuesta depende al significado atribuido a la palabra “explicación.” Dadas las leyes de la física, el universo puede decirse que da cuenta de sí mismo, incluso de su propia creación. ¿Pero, de donde vienen esas leyes? ¿Debemos a su vez buscar una explicación para ellas?
¿Podrían estos desarrollos científicos recientes c...
(Escribe el famoso físico Paul Davies, en su libro “La mente de Dios”):
De acuerdo a Hartle y Hawking, no hay origen del universo. No obstante esto no significa que el universo sea infinitamente antiguo. El tiempo está limitado en el pasado, pero no tiene un límite como tal. (...) Como lo expresara Hawking: “La condición de borde del universo es que no hay borde.” Las implicancias del universo de Hartle-Hawking para la teología son profundas, como el mismo Hawking señala: “En tanto tenga un comienzo, podemos suponer que tuvo un creador. Pero si el universo está completamente auto-contenido, sin tener límites ni bordes, podría no tener principio ni fin: podría simplemente ser. ¿Qué lugar queda entonces para un creador?” (...)
Aunque la propuesta de Hawking sea para un universo sin un origen definido en el tiempo, es también válido decir en esta teoría que el universo no ha existido siempre. ¿Es por lo t...
Gracias Fernando (estás que te pasas, como casi siempre), gracias Sofía, Galetel... Sí, ciertamente, tengo miedo a los científicos que se creen absolutos señores de toda la verdad... (en esa línea creo que va Sofía). Pero curiosamente, el Profl Fantoli, encargado por la comisión vaticana para escribir el libro definitivo sobre Galilea, termina diciendo que su libro no es definitivo... y que tiene miedo a posibles reacciones imperiosas de un tipo de jerarquía. Evidentemente, como científico no tiene que decir que también hay científicos que pueden "pasarse" (pues eso se da por sabido). Buen fin de semana a todos.
Hace menos de un mes, en Chile, escuché a un amigo evangélico argumentar que el hecho bíblico de “Josué parando el sol” demostraba que la Tierra no gira, sino que es todo el Universo el que gira en torno a la Tierra. Y en este mismo viaje, del que acabo de regresar, otro amigo afirmó que S. Hawking había demostrado que no existe un Dios creador.
Pero hoy, en gran medida gracias a Galileo, casi todos los cristianos sabemos que la Ciencia puede enseñarnos a leer mejor la Biblia, así como la Biblia puede enseñarnos a entender y aplicar mejor la Ciencia. Es fundamental que comprendamos bien lo que nos puede enseñar cada una, y lo que no pueden. Hay buenos amigos que todavía no lo saben.
¿Lo saben todas las autoridades eclesiásticas y todas las autoridades científicas?
VIDA, - Tiene vida un feto, cuando se esta formando en el interior de su madre - TIENE VIDA SEGURO, porque si no tiene vida, el cuerpo lo expulsa.
Con el Espiritu de Dios Jesús dijo: Yo soy el camino, la verdad y la vida.
Luego el Feto que se forma dentro de la madre, se forma con espiritu de Dios, que es VIDA- y quién provoca abortos , esta cometiendo acción abominable.
Asi que no se ha de educar para abortar, sino para ser más puritana aunque no sea monja. Se ha de educar para que sean responsables de sus actos- y que ese sentimiento que se llama verguenza y esta ultimamente " excaso" pues se progrese hablando de ese sentimiento que en su medida sin exagerar , pues no hace daño.
Admitir el aborto NO ES PROGRESO.
Portarse como animales en sexualidad, enrrollandose con todo el que se pueda- NO ES PROGRESO-
Engañar a los ciudadanos NO ES PROGRESO.
No saber invertir creando trabajo para los ciudadanos , y que se tenga la vida mejor, NO ES PROGRESO.
Empeorar y perjudicar la sanidad, educación, etc - No es progreso.
Intentar perjudicar a la iglesia y criticarla por todo , hasta por lo bueno que hace, No es progreso.
Querer quitar la asignatura de Religión de las escuelas e institutos , asignatura que nos enseña mucho de la espiritualidad, del amor, del respeto al projimo, - No es progreso.
Endeudar a la nación- No es progreso.
Y es que cuando se prometen cosas, pues quién no cumple con su palabra no es creído, y quién se vé que quiere hacer el bien , dá explicaciones del porqué las cosas que haçe y después cuando pasa el tiempo se vé que cumple, pues es más creido.
¿ Con quién compararé una mayoria de adolescentes por sus forma de ver la sexualidad ? Pues con los monos, los monos se pasan mucho tiempo masturbandose, y a los adolescentes de ahora les explican la sexualidad de una forma tan sinverguenza, tan sin pudor, que la verdad, eso no es PROGRESAR.
- y lo digo, porque lo he escuchado eh! escuché a un adolescente decir : Un compañero de clase ha llegado a la clase diciendo que le dolia la mano de la noche que se ha pasado masturbandose.
Esto es progresar ¡ en qué ? en no tener verguenza.
¡ Que cosas he escuchado en la tele !
Se queja los del PSOE de la manera que esta gobernando el PP, dice que vamos para atrás, por como está gobernando el PP, hasta ahora felicito al partido del PP.
- Pues los demás países estan apoyando su forma de gobernar y creen más en su palabra, que en los que prometen cosas y dejan a los ciudadanos sin trabajo ni techo.
- Supongo que diran que con el PP va para atras en los logros , porque han dicho de quitar el aborto, esto los debe de haber molestado, alomejor ellos educan a sus hijas para abortar en vez de educar de otra forma diferente donde no haga falta abortar, y ven el aborto como si fuera un quiste.
Aunque seguro que se habrian preocupado más por un quiste que por interrumpir una vida -
Es verdad que se ha subido los precios de muchas cosas,
pero seguro que estos habrian hecho lo mismo en subir los precios de todo, solo que ningún gobierno exterior los habria creido para apoyar nada. Y es que n...
Fernando,
Me gustaría que explicase por qué cree que coresponde a la ciencia explicar no sólo el "cómo" sino el "por qué" o si no piensa que el último por qué no lo explica la ciencia y sigue explicándolo la metafísica, siendo en último término una cuestión de fe.
Xabier,
Si bien como dije estoy de acuerdo con el punto a) no repetir en el presente ni en el futuro errores semejantes.
No lo estoy tanto en el punto b) y c) en el sentido que expliqué antes:
De cara al futuro el problema no está en el plano teórico del conocimiento, ni lo temible es el autoritarismo por parte de los creyentes, sino el autoritarismo por parte de los científicos.
El problema no es la teoría de la evolución, por ejemplo, algo perfectamente compatible con la fe. El problema actual es más bien, la falta de humildad de muchos científicos que piensan que todo lo que es posible desde el pdv del conocimiento, se puede hacer, sin cortapisas éticas.
Creo que el peligro ac...
Tiene razón, Hisopo, en este nuevo papel que se ha autoasignado hay que felicitarle por su indiscutible puntualidad. Vd siga poniendo el eco y otros pondremos la grafía lógica. El resultado será una ecografía ecológica, y ya le encontraremos alguna utilidad al invento.
El eco no falla. Puntual como un reloj atómico.
Por otra parte, en el mundo actual la confrontación entre ciencia y fe a nivel teórico no se da, al menos en el catolicismo, pero en cambio se da en a nivel práctico. Intentaré explicarme: creo que la ciencia hace bien en profundizar en el conocimiento del mundo, pero me parece que necesita también una dosis de humildad para reconocer que no todo lo que es posible hacer se debe hacer, pues existen unos límites éticos que no son una cuestión científica, sino religioso-filosófica.
El problema actual es ético ante todo, no propiamente científico, pues no consiste en lo que se sabe sino en su aplicación.
Yo creo que este post es muy pertinente, pues siguen existiendo confrontaciones ciencia-religión.
Gracias a Fernando por sus explicaciones. Me gustaría destacar:
"El error de la autoridad eclesiástica fue creer que se puede “garantizar” hipótesis solo porque explican parte de los hechos en tanto todo el modelo cuadra mejor con ideas religiosas o científicamente preconcebidas.
...La religión no es "anchilla scientiae", sin duda, pero debe tener siempre en cuenta que no es un "inter pares" con ella. Su ocupación es dar razón de lo que confiesa y lo que 'cree' ante el mundo, no 'cómo' y 'por qué' es el mundo. El camino científico viene a dar luz ante este enigma."
Yo estoy de acuerdo en que el "cómo", la descripción física del mundo, corresponde a la ciencia, pero no estoy tan segura respecto al "por qué", pues si bien la ciencia describe los "porqués" concretos (que son "cómos") no explica EL "porqué" del mundo, que sería una consideración metafísica.
Después de lo escrito por Renée y Fernando, poco que decir.
Solo destaco lo original y novedoso del tema: ¡a vueltas con Galileo a estas alturas...!
Y luego hablan de la Mamona... ¡Menudo mamoneo el de algunos con este y otros mantras!
A partir de ahí lo que todos sabemos. Se entiende que los 'Diálogos' de Galileo fueran incluidos en el Index en 1633, prohibición que no fue levantada ¡hasta 1822!
La religión no es "anchilla scientiae", sin duda, pero debe tener siempre en cuenta que no es un "inter pares" con ella. Su ocupación es dar razón de lo que confiesa y lo que 'cree' ante el mundo, no 'cómo' y 'por qué' es el mundo. El camino científico viene a dar luz ante este enigma.
En realidad fue Kepler quien legalizó la astronomía de Copérnico, pero Galileo aportó las bases de la física moderna. Una ciencia, por tanto, que podía ya desechar el acervo común de la vieja ciencia visto como un almacén de tradiciones que debía conservarse. Con Galileo eso ya no es posible: una idea religiosa, viene a decir, puede subsistir siempre y cuando no pugne por un territorio que es propio de la ciencia; si lo hace, quedará derrotada; y no porque la religión no pudiera servirse correctamente de disciplinas científicas o fuera dialogante con todas las ciencias, sino porque piensa en el fondo que el camino científico conlleva un universo de hipótesis que NO pueden quebrar sus concepciones religiosas. Eso es falso. Por eso se condenó a Galileo: porque venía a poner en solfa que una visión religiosa podía ser un ‘igual’ con la ciencia cuando entiende que el mundo validado religiosamente es a la par con ella o sobre ella.
Galileo no podía demostrar experimentalmente y sin duda posible la tesis heliocéntrica que defendía en su ‘Dialogo sopra i due massimi sistemi’ (1632). El juicio contra Galileo se resumía en que dado que su hipótesis no era enteramente demostrable -para muchos absurda y falsa, pues aceptaba que el Sol era el centro del universo-, quedaba abierta la posibilidad de que la hipótesis contraria, la geocéntrica, era igualmente consistente, y más siendo abrumadoramente aceptada desde la antigüedad. Pero con Galileo se abre un nuevo camino científico: que hay hipótesis más válidas que otras, porque son de mayor simplicidad tanto en su articulación científico-sistémica como por su explicación de los hechos. El error de la autoridad eclesiástica fue creer que se puede “garantizar” hipótesis solo porque explican parte de los hechos en tanto todo el modelo cuadra mejor con ideas religiosas o científicamente preconcebidas.
La cuestión de Galileo no fue tanto un choque entre autoridad teológica y método experimental, como tantas veces se ha dicho. Es verdad que ya desde tiempo atrás, católicos y protestantes recelaban de las teorías de Copérnico que, como se sabe, no podía probarse ni tampoco prohibirse de modo definitivo. La invención del telescopio cambió sustancialmente este hecho, dando a Galileo ocasión de defender el ‘De Revolutionibus’ de Copérnico, suspendido de reedición desde 1616.
Era algo más profundo, y que las instituciones religiosas cristianas (no solo católicas) no comprendieron: que no todas las hipótesis científicas, aun respetuosas con cosmovisiones religiosas, e incluso no siendo contrastadas ni demostradas, son iguales. Galileo, que tanto hizo por ligar conocimiento matemático y demostración empírica, cometió algunos errores en sus teorías sobre fenómenos celestes, que luego se corregirían.
Bonito comentario atman es cierto eso que dices,pero algunos-as lo somos aún más una pequeña gotita,y si pensaramos la vida todavía mas, somos una burbuja que cuando salta nos vamos y se queda todo aquí.Pero que también las estrellas andan poray no se mueren así cómo así...y menos si se le dan importancia desde la humildad saludos
Me gusta lo que dices sobre la humildad. Humildad para reconocer que no somos el centro del Universo y que podemos ser falibles en nuestras posiciones dogmaticas. Humildad para reconocernos hermanos de todas las religiones, de todos los hombres y mujeres que buscan como nosotros...Porque la vida es una intensa busqueda de la Verdad para que la muerte sea un maravilloso encuentro.
Humildad de humus tierra para reconocer que esa estrella que miramos hace, quizás siglos que ha muerto.
No demos importancia a nuestros "egos" mutantes y en periodo de extinción. No somos sino una gotita de ese mar inmenso que es el universo.
En cuanto a las implicancias el caso en la biogenética, me permito recordarte que hay kilómetros. Una cosa es juzgar la apreciación cosmogónica de un cientifíco y otra muy distinta el que éste quiera confundir Ciencias Humanas con Ciencias Jurídicas: El hecho que una ley DESCONOZCA las leyes naturales, no significa que estas no sigan su curso.
Ejemplo: Es LEGAL vender tabaco. Pero no quita un milímetro de la nocividad de este producto. La Ciencia Humana descubrió los mortales efectos. La Ciencia Jurídica puede incluso NEGARLOS- COMO HACE CUANDO NIEGA LA EXISTENCIA DE LA VIDA HUMANA DESDE LA CONCEPCIÓN, PERO BRAMA CUANDO SE TRATA DE SALVAR LOS HUEVOS DE LAS TORTUGAS-; mas eso no quita lo que la Ciencia Humana HA DESCUBIERTO COMO LEY NATURAL.
Ciencias Humanas, Ciencias Lógico-Matemáticas, Ciencias Jurídicas... Remito al lector al libro EPISTEMOLOGÍA DE LAS CIENCIAS HUMANAS, de Jean Piaget, quien era ateo, ¡pero era un gusto cómo amaba la verdad!!!
¿El caso Galileo sigue abierto? ¿Y para qué?
Si Juan Pablo II y Benedicto XVI ya pusieron las cosas en su sitio, ¿a santo de qué seguir hablando del tema? No tiene sentido, salvo para nuevas tertulias del café.
Xabier, ¿sabes tú si los protestantes han iniciado siquiera un boceto de investigación por la muerte en la hoguera de Miguel de Servet? Nunca he escuchado de esto.
Por cierto que la Iglesia anglicana hasta hoy ni se le ha ocurrido pedir perdón a los familiares de Ana Bolena y Catalina Howard , asesinadas por el uxoricida de su fundador, Don Enrique VIII. No me negarás que los descendientes de los familiares tendrían derecho a cobrar pingües indemnizaciones. Estos crímenes no deberían prescribir.
Sábado, 2 de junio
Josep Maria Tarragona
Juan Fernandez Krohn
Asoc. Humanismo sin Credos
Pedro Tarquis
Josemari Lorenzo Amelibia
Francisco Baena Calvo
Francisco Margallo
Juan Jáuregui Castelo
JC Rodríguez, A Eisman
Religión Digital