
Ayer he presentado un esquema general de los exorcismos de Jesús. Hoy he querido culminar el tema desde una perspectiva de libertad.
Los esenios de Qumrán elaboraron un proyecto de lucha (exorcismo) militar contra Satán, como muestra el Rollo de la Guerra (1QM: Milhama) y como ratifica la Regla de la Comunidad, que manda «amar a todos los hijos de la luz y odiar a todos los hijos de las tinieblas» (cf. 1QS 3-4), interpretando los exorcismo desde un fondo de violencia militar. En esa línea, el verdadero exorcismo sería un tipo de guerra, al menos simbólica, dirigida por sacerdotes, una lucha angélico/satánica donde el mismo Dios combate con los suyos.
Por eso no pueden participar en esa contienda los impuros, enfermos o manchados (como supone la ley de la guerra santa israelita). La Gran Batalla (exorcismo radical) será una lucha de hombres de valor muy puros (jueces, oficiales, jefes de millares y centenas), de la que se excluye a los «contaminados, paralíticos, ciegos, sordos, mudos... porque los ángeles de la santidad están entre ellos» (Regla de la Congregación, 1QSa 2, 1-9; cf. Rollo del Templo, 1QT 45). Sólo en la asamblea pura, sin enfermos y manchados, surgirá el Mesías, Hijo de Dios (1QSa 2, 12-22).
Pues bien, en contra de esa ley de pureza de Qumrán y de su guerra, Jesús ha penetrado en el lugar de los impuros y los locos para realizar allí su acción liberadora. Lógicamente, sus exorcismos han resultado escandalosos para muchos, pues parecían contrarios a las normas de pureza y guerra santa del Israel sagrado.

Por eso, los exorcismos liberadores de Jesús han sido discutidos y rechazados por algunos judíos (¿judeocristianos?) que ponían un tipo de ley por encima de la curación y libertad de los endemoniados, dando más valor a la pureza nacional que a la comida compartida.
-- Para entender el mensaje de la vida de Jesús resulta imprescindible conocer y aceptar el impulso liberador de sus exorcismos, en un mundo como el nuestro, que sigue estando demonizado, aunque con rasgos simbólicamente distintos de aquellos que el "demonio" ofrecía en tiempos de Jesús.
-- En la imagen dos representaciones del famoso "exorcismo" del Geraseno (Mc 5), al lado del mar, cuando desembarcan Jesús con los suyos... y la escena posterior de los puercos que se despeñan en el mar.
-- El año 1981, en ese mismo lugar simbólico, ofrecí una interpretación del texto a un grupo de amigos y peregrinos, entre los que se hallaba uno de los mayores filólogos bíblicos de lengua castellana, el profesor Díez-Macho; sus ideas no eran exactamente las mías, pero pudimos dialogar y coincidir en lo esencial, con respeto emocionado. A él dedico este post, dedicado en el fondo a los nuevos demonios de la nueva Gerasa de este mundo.
Sábado, 2 de junio
Josep Maria Tarragona
Juan Fernandez Krohn
Asoc. Humanismo sin Credos
Pedro Tarquis
Josemari Lorenzo Amelibia
Francisco Baena Calvo
Francisco Margallo
Juan Jáuregui Castelo
JC Rodríguez, A Eisman
Religión Digital