El blog de X. Pikaza

Jesús, Varón ejemplar, no "macho" (H. Cáceres)

15.12.11 | 18:06. Archivado en Jesús, hombre, Amigos, la voz de los, América Hispana
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Libro: Hugo Cáceres, Jesús el varón. Aproximación bíblica a su masculinidad, Verbo Divino, Estella 2011, 272 págs.

Autor : Hugo Cáceres Guinet,de la Congregación de Hermanos Cristianos, ha estudiado Sagradas Escrituras en el Instituto Bíblico de Roma y en Jerusalén, profesor en el Instituto de Estudios Teológicos Juan XXIII (Lima) y en la Conferencia de Religiosos de Perú.

Tema, Jesús como varón, no simplemente como Ser humano, desde una perspectiva de género, según los evangelios. Jesús no ha sido varón al tipo usual (en línea patriarcal, de dominio masculino), sino en clave de apertura inclusiva hacia varones y mujeres, superando los estereotipos normales de su tiempo (y un tipo de dominación masculina de la Iglesia posterior).

Valoración . Libro de gran actualidad, escrito con rigor y cercanía. Muchos lectores buscarán el índice y empezarán por el final (relación de Jesús con los homosexuales, y posibilidad de que él mismo fuera homosexual).No está mal ese principio, pero pido a los lectores que tengan paciencia y empiecen desde el principio, leyendo todo el libro. No se arrepentirán.

Mi aportación . Para los que quieran entender mejor el libro presento aquí algunos de sus temas principales. No recojo toda su riqueza exegética, ni su cercanía afectiva (¡es un libro entrañable!), sino que me limito a resumir algunos de sus desarrollos.

Felicidades Hugo por tu libro (y felicidades a Verbo Divino por haberlo publicado).. Servirá de ayuda para muchos que se sienten frustrados en este momento de crisis, en el que algunos acusan a cierta jerarquía de la iglesia de fijación sexual (poco acorde al estilo de vida de Jesús) y de riesgo de pederastia (que nacería de falta de amor).

Buen día a los lectores de mi blog. Ayer hable de la posibilidad de clonar a Jesús. Hoy presento un tema mucho más actual, más hondo y excitante: ¿Quién era Jesús como varón? ¿Cómo podemos entenderlo hoy como varón, como hombre, como ser humano?

Jesús varón, un proyecto de Reino y familia

Quiero empezar presentando este libro a partir del celibato de Jesús, que H. Cáceres ha comenzado de manera muy precisa.

Jesús no aceptó las tradiciones israelitas, según las cuales tanto el varón como la mujer debían casarse... pero ya Sab 3, 13-4, 6 incluye un canto al eunuco y a la mujer soltera/estéril, si son fieles a Dios (cf. Is 56, 3-5). En esa línea, algunos movimientos judíos, tanto helenistas como palestinos (terapeutas, esenios), habían podido aceptar e incluso apoyar un tipo celibato, vinculados al encuentro espiritual con Dios o a motivos de pureza y cercanía escatológica. Pero no parece que Jesús haya sido célibe por carencia (castración, esterilidad), o por espiritualismo (huída de este mundo), sino para identificarse con los pobres, que en aquellas condiciones sociales no podían mantener una familia.

Sabemos que era artesano (tekton), pero no conocemos su estilo de vida anterior, aunque la tradición (muy cuidadosa en fijar el lugar de su madre y de sus hermanos en la iglesia) no ha transmitido la memoria de su esposa ni de sus posibles hijos, como habría hecho si los hubiera. Ciertamente, no es imposible que estuviera casado antes de hacerse discípulo de Juan Bautista, pero la tradición cristiana no guarda memoria de ello, en un contexto donde su matrimonio no hubiera supuesto ninguna dificultad especial para la Iglesia posterior (que tuvo, sin embargo, dificultades para situar y entender la función de su madre y sus hermanos).

Eso muestra a juicio de H. Cáceres que era célibe, no por un razón de principio (para cultivar unos valores superiores), ni por un tipo de opción especial (pues la tradición lo hubiera dicho), sino
-- por experiencia concreta de vida, en comunión con miles de personas que habían perdido su familia (o no podían tenerla, en sentido tradicional),
-- y porque buscó otro tipo de familia donde cupieran los excluidos, solitarios y enfermos de diverso tipo.

Eso significa que su celibato no fue importante en sí (¡los evangelios no dicen ni siquiera que lo fue!), sino por la forma concreta en que Jesús lo vivió de hecho, como expansión y consecuencia de su opción de Reino.

En contra de lo que sucede en cierta iglesia posterior (que exige a sus ministros que empiecen siendo célibes para optar por unos ministerios), el celibato no fue para Jesús un punto de partida, fijado de antemano y escogido por sí mismo, ni expresión de una condena de los lazos familiares (o del sexo), sino un estado de vida que le permitió expresar y cumplir su tarea, al servicio del Reino, como supone el texto sobre los eunucos, con el que se opone al rechazo o condena de aquellos que le acusan (y acusan a sus discípulos) de estar castrados (Mt 19, 12).

Una vida al servicio del Reino

Su situación de célibe responde al proyecto y tarea del Reino y se expresa en el hecho de, a lo largo de su vida misionera (de profeta del Reino y Mesías), no aparezca con una mujer-esposa a su lado (aunque, significativamente, le acompañan mujeres: cf. Lc 8, 2-3; Mc 15, 40-41). Ciertamente, no puede demostrarse de un modo absoluto que Jesús fuera célibe y
-- algunos investigadores aislados han supuesto que podía haber sido viudo;
-- otros, más fantasiosos, han hablado de sus relaciones con María Magdalena o de de su apertura afectiva más extensa (de un tipo de “amor” que él habría desarrollado hacia hombres y mujeres, de una forma no genital).
--Otros, en fin, aseguran que, tras la venida del Reino (si hubiera llegado de manera histórica, sin que le hubieran matado) él se habría casado, iniciando un tipo de matrimonio distinto…

Pero nada de eso sabemos, nada se puede apoyar en las fuentes conocidas. Lo único seguro es que en el tiempo de su ministerio público, al servicio del Reino, desde su misión con Juan, pasando por su mensaje en Galilea, hasta su muerte, él aparece como célibe, no por exclusión o rechazo (ni por principio), sino por la misma dinámica de Reino, sin que nunca tuviera que defender o comentar su opción (a no ser de un modo indirecto, en Mt 19, 12), a diferencia de lo que sucede con Pablo, que se presenta a sí mismo como ejemplo de célibe (1, Cor 7, 7).

Algunos investigadores han supuesto que si Pablo hubiera sabido que Jesús fue célibe hubiera apoyado él su opción por el celibato (en vez de apoyarla en sí mismo), lo cual llevaría a suponer que Jesús estuvo casado. Pero ese argumento no prueba, pues Pablo apenas apela a la vida de Jesús para defender sus posturas. Por otra parte, es muy posible que Jesús no hubiera aceptado el argumento un poco “retorcido” de Pablo sobre el celibato en 1 Cor 7.

En un contexto de desintegración familiar

Parece que Juan Bautista, su maestro, había sido célibe por la “presura” del tiempo (¿cómo crear una familia si este mundo acaba?), en una línea que ha sido aceptada por Pablo (cf. 1 Cor 7, 29-31). Jesús, en cambio, parece haberlo sido, pero no porque el mundo acaba, sino porque empieza un tiempo nuevo, un tiempo de amor y de relaciones humanas distintas, desde el Reino, impulsándole a crear otro tipo de familia.

Por eso, renunció (o prescindió) del matrimonio, no por ascesis, sino por felicidad (gozo de Reino), no para aislarse como solitario, sino para transmitir la Palabra del Reino y compartir su felicidad con otros hombres y mujeres, no por carencia de comunión o miedo ante la vida, sino por cultivar una vida y felicidad más intensa, vinculándose con otros, especialmente con los carentes de familia, en este tiempo de llegada del Reino.

Sobre el estado civil de Jesús ha tratado J. P. Meier, Un judío marginal I, Verbo Divino, Estella 1997, 341-354. Sobre un posible celibato de tipo religioso en tiempos de Jesús, cf. H. Hübner, Zöllibat in Qumrán: NTS 17 (1970/1971) 153-167; H. Stegemann, Los esenios, Qumrán, Juan Bautista y Jesús, Trotta, Madrid 1996. Es significativo el hecho de Pablo, cuando se presenta a sí mismo como célibe (cf. 1 Cor 7, 7-12), no apela al ejemplo de Jesús, lo que parece suponer que no conocía el estado social de Jesús.

Su opción se sitúa, por tanto, no sólo en el contexto de desintegración familiar que se extendía en Galilea tras la ruptura del orden antiguo (con la pérdida de propiedad de la tierra), sino que ha de entenderse desde su propia opción de Reino. Los nuevos impulsos sociales y laborales habían destruido un orden secular, fundado en la estabilidad e independencia de cada familia, entendida como unidad central de vida y generación para hombres y mujeres. En consecuencia, una parte considerable de la población (sin heredad, ni trabajo estable, es decir, sin casa/tierra) tenía dificultad para fundar una familia en sentido antiguo. Pues bien, en ese contexto él buscó y puso en marcha un tipo de fidelidad y familia que rompía el orden patriarcal antiguo.

En esa línea, podríamos decir que Jesús fue célibe por solidaridad con los pobres sin casa y familia, e incluso con los pobres sexuales, que no podían mantener una relación familiar estable, socialmente reconocida (leprosos y prostitutas, enfermos y abandonados).

De esa forma se entiende su palabra sobre los que son eunucos, pero no por azar biológico o presión social, sino por el Reino (cf. Mt 19, 12), que sitúa a Jesús en un espacio de marginación sexual, de tipo biológico, psicológico o sociológico.

En su forma actual esa palabra puede haber sido recreado por una comunidad cristiana posterior, con posibles tendencias ascéticas, pero ella conserva un recuerdo de Jesús y de su grupo, pues el “celibato” del que habla no se funda en ningún tipo de ascesis, sino más bien en la aceptación de un tipo de “sexualidad” distinta (no patriarcal), en la solidaridad con los marginados (por razones de ruptura familiar y/o sexual) y en la búsqueda de un tipo de familia distinta, que no está centrada en el “rol” patriarcal del varón y en la función reproductora de la mujer.

Su celibato no ha sido por tanto una forma de “elevación” de Jesús, en una línea de separación y espiritualización, que le situaría sobre un plano de pureza sexual y dignidad ontológica (para contemplar el misterio, sin mancharse con las cosas de la tierra), sino expresión de una forma distinta de amar y de solidarizarse con personas del último estrato social y afectivo, carentes de familia, afectiva y sexualmente marginadas, desde la experiencia del Reino.

Así aparece como un gesto extrañamente peligroso y fuerte, no sólo a favor de los rechazados del sistema, sino a favor de nuevas formas de relación humana, que se expresan en su misma “comunidad” de Reino, formada por varones que han abandonado (al menos por un tiempo) a sus mujeres, para crear tipos nuevos de comunión, no sólo entre ellos, sino con las mujeres que forman parte del grupo (cf. Lc 8, 1-3; Mc 15, 40-41.

Jesús varón, relación con otros grupos de personas

En ese contexto ha de entender el celibato de Jesús, que aparece así como un “varón” que rompe los moldes de su entorno, pues no acepta la función de “padre de familia”, no los esquemas de relación social de su entorno: Camina rodeado de varones y mujeres, a quienes trata de un modo afectuoso, sin miedo a mantener con ellos unas relaciones que muchos podrían considerar ambiguas y acoge afectuosamente a los niños, quienes abraza (cf. Mc 9, 10-13 par.).

No sabemos lo que habría hecho si el Reino hubiera llegado en Galilea o en Jerusalén, en el sentido en un sentido histórico y social, de manera que debemos contentarnos con especulaciones. Pero sabemos lo que él hizo, rompiendo muchos estereotipos sociales.

(a) Relación de Jesús con varones de fuera de su grupo. Mc 10, 21 afirma que “amó” al hombre rico que estaba dispuesto a seguirle; tanto Mt 8, 5-13 como Lc 7, 1-10 suponen que no critico al “siervo querido” del centurión, que en aquel contexto aparece como su amante homosexual; ciertamente, el joven que seguía a Jesús y escapó desnudo del Huerto de los Olivos, cuando le arrestaron (Mc 14, 51-52) puede ser una figura simbólica (del mismo Jesús, o de los creyentes, a quienes nadie puede prender de verdad), pero en sí mismo ofrece unos rasgos que se sitúan (nos sitúan) en un plano abierto a diversas interpretaciones de intimidad y de amor entre varones.

(b) Relación de Jesús con sus discípulos. Está marcada por rasgos de fuerte intimidad, y de ruptura dramática, que no pueden entenderse sólo en clave teológica, sino que responden, sin duda, a un recuerdo histórico. Desde Mc 4, 10-12 se supone que Jesús mantenía con sus discípulos una intensa relación de intimidad, es decir, de enseñanza personal, con un hondo matiz afectivo. En ese contexto resulta significativo (e incluso perturbador) el modo en que Juan ha planteado la relación afectiva de Jesús con sus discípulos, y de un modo especial “con aquel a quien amaba” (cf. Jn 23, 23; 19, 26: 20, 22; 21, 7. 20). Sin duda, esa relación de amor ha de entenderse en un contexto donde el contacto de maestro/iniciador y discípulos estaba cargado de tintes afectivos y así lo ha puesto de relieve el autor del evangelio. Pero esa forma de presentar los datos hubiera sido imposible si Jesús no hubiera mantenido una intensa relación de amor con sus discípulos (como recordaba Flavio Josefo, Ant XVIII, 63-64).

(c) Relación de Jesús con mujeres. Jn 11, 5 sostiene que Jesús “amaba” a Marta y a su hermano Lázaro, y Lc 10, 38-39 supone que amaba de un modo especial a María, la hermana de Marta, que escuchaba su palabra. Las relaciones de Jesús con María Magdalena han sido objeto de cien especulaciones sin fundamento alguno, pero es evidente que en el fondo de ellas se conserva el recuerdo de un amor especial, que la tradición no ha podido (ni querido) borrar. De estos y otros datos podemos deducir que él no ha sido célibe por odio (o por miedo) a las mujeres, sino todo lo contrario: Para establecer con ellas una relación de respeto, intimidad y diálogo que, en aquel tiempo, resultaban infrecuentes en un contexto patriarcal, en el que las mujeres parecían sometidas a los varones.

(d) Jesús y la homosexualidad. Un aspecto especialmente delicado del tema es el de la “orientación sexual” de Jesús. Es evidente que Jesús no fue “machista” (o mejor dicho patriarcalista) en el sentido ordinario de ese término. Así lo avalan varios hechos:

-- Su forma de oponerse al poder del varón el divorcio (Mc 10, 1-7);
-- su manera de referirse a los “eunucos”, solidarizándose con ellos (Mt 19, 10-12), y los textos ya citados en los que él aparece valorando a las mujeres y “amando” o respetando a varones en línea que puede parecer homosexual (cf. Mc 10, 21; Mt 8, 5-13) y su relación con el discípulo amado.

Por eso resulta comprensible que varios autores hayan concluido diciendo que él tenía tendencias homosexuales. Pero esa conclusión va más allá de lo que dicen los textos. Lo único que podemos afirmar desde los textos es que Jesús mostraba un amor “abierto” hacia varones y mujeres, y que su celibato ha de entenderse en forma de potenciación afectiva.
Cf. T. W. Jennings, The Man Jesus Loved: Homoerotic narratives from de New Testament, Pilgrim Press, Cleveland 2003; S. van Tilborg, Imaginative Love in John, Brill, Leiden 1993.

Ser célibe y varón

Estas conclusiones han de verse a la luz de lo que he dicho ya al hablar de la familia de Jesús (cap. 14-15). Él no ha querido recrear una familia patriarcal, fundada en la superioridad de los varones (de los padres), sino que ha querido crear una “comunidad” en la que todos puedan encontrar un lugar, en igualdad y afecto (varones y mujeres, casados y solteros, niños y mayores…). Sólo en ese trasfondo se puede entender su celibato.

En aquel contexto (Galilea), ser célibe no era signo superioridad, sino carencia, debilidad o maldición (iba contra el mandato primero de: ¡creced, multiplicaos!: Gen 1, 28). Pues bien, Jesús ha convertido esa carencia en abundancia, en una forma de expresar la felicidad de Reino y de solidarizarse con los más pobres, abriendo para ellos una esperanza distinta de familia, protestando contra una visión legalista y jerárquica de la buena familia patriarcal, como dice implícitamente, en Mc 12, 15, al afirmar que, en la resurrección, hombres y mujeres no se casarán, esto es, no se atarán por ley, en la forma actual, en la que varón e hijos tienen preferencia sobre las mujeres, sino que serán todos «como ángeles del cielo», en libertad de amor.

Jesús protesta así contra una norma por la cual un hombre debía casarse con la viuda de su hermano, para que el difunto pudiera tener un descendiente legal a quien trasmitir su herencia (para que no se borrara el nombre de su casa: cf. Dt 24, 5-6). Es muy posible que en una época como aquella, en la que muchos campesinos habían perdido la tierra (y no tenían nada que dejar en herencia), la ley del levirato no cumplía ya su función antigua. Pero ella puede servir y sirve de referencia para entender la opción célibe de Jesús.

En ese sentido podemos afirmar que Jesús fue “varón”, pero de un modo distinto al que resultaba usual en aquel tiempo, tanto en un contexto judío, como griego o romano. Podemos discutir quizá algunos de sus textos sobre la función de las mujeres, pero es evidente que él varones y mujeres (y niños) entraran de igual forma en su proyecto de Reino.

Él mismo aparece, desde su celibato de varón, como ejemplo de una sexualidad (varonilidad) distinta, que no está hecha de represiones o limitaciones (con un rol particular para varones), sino de apertura afectiva y de comunicación abierta en igualdad a varones y mujeres. Parece claro que un tipo de moralidad posterior de la Iglesia ha silenciado esta novedad del mensaje y de la vida de Jesús, volviendo a ratificar un tipo de patricarcalismo ajeno a su movimiento primitivo.

Al servicio de marginados y pobres

Jesús no rechazó el matrimonio, sino que lo vio como signo del Reino de Dios (cf. Mc 2, 19), lugar y camino de fidelidad humana (cf. Mc 10, 7-9). Por eso, su celibato no pudo ir en contra, sino a favor de la unión mesiánica de hombres y mujeres (cf. Ap 21-22), capaces de formar una familia donde cupieran todos, especialmente los más necesitados. Por eso, no excluía, sino que incluía el signo de la filiación y de las bodas, la comunión plena del Reino, con madres, hermanos, hermanas e hijos (cf. Mc 3, 31-35; 10, 30).

En ese sentido, el celibato no se opone al matrimonio, sino que lo completa. Había entonces muchos que no podían casarse, pues no tenían tierra, fortuna y estabilidad para acoger y educar a los hijos. Pues bien, eso que en un sentido era merma, podía presentarse en otro como ocasión y medio para crear un tipo más alto de familia, expresada no sólo en la fidelidad personal de hombre y mujer (cf. Mc 10, 11), sino en la creación de un espacio afectivo más amplio de cien madres, hermanos e hijos (cf. Mc 10, 30). Al servicio de esa nueva familia ha vivido Jesús, a los excluidos del sistema; por unirse con ellos y buscar su felicidad, le han matado .Tanto el matrimonio como el celibato están, para Jesús, al servicio del Reino, como podemos indicar otra vez comparándole con Juan Bautista.

(1) El celibato de Juan parecía derivar de su visión del fin del mundo: La sociedad actual acaba y no es posible crear y educar una familia en el pequeño tiempo aún restante. Por eso, los seguidores de Juan podían compararse con el resto liberado de un naufragio, más que como germen de nueva humanidad.

(2) El celibato de Jesús está al servicio de la nueva familia universal del Reino. Según eso, él ha sido célibe para hacerse hermano de los pobres, levadura de Reino, en un contexto de relaciones rotas, para superar el patriarcalismo dominante de algunos y la marginación de otros. Su gesto le vinculó por tanto los últimos del mundo, haciéndole hermano de los necesitados.

Desde una perspectiva más extensa podemos ampliar esa comparación, vinculando a Jesús con los personajes más significativos de la historia judía, cuya figura pudimos presentar en cap. 1. En relación con ellos se entiende mejor la aportación de Jesús:

(a) Moisés convocó y lideró a los hebreos, aplastados bajo el Faraón, para dirigirse con ellos a la tierra prometida. Por su parte, Jesús inició un éxodo hacia el Reino, con los oprimidos y expulsados de su tiempo, no para buscar una tierra distinta (prometida), sino para plantar el Reino en Galilea (pasando por Jerusalén). Ciertamente, podría haberse casado como Moisés, pero la urgencia de la hora y la radicalidad de su obra parecen haberle impulsado al celibato, no en sí mismo, sino al servicio de su tarea de Reino (al menos hasta su llegada).

(b) Elías se opuso también a la opresión de Jezabel (reina que aparece en la Biblia como idólatra), para sostener e impulsar a los fieles de Yahvé, iniciando con ellos un camino de concordia social y religiosa. No conocemos sus relaciones familiares, pero la Escritura le presenta sin hijos ni esposa, dedicado a la causa de Israel, lo mismo que Jeremías, quien aparece ya expresamente como célibe (cf. Jr 16, 1-4). En esa línea parece avanzar Jesús, para anunciar y preparar la llegada del Reino, al lado los enfermos y expulsados, que eran su auténtica familia.

(c) David levanta en armas a sus elegidos, héroes de la guerra (los Treinta valientes: 2 Sam
3, 8-39) para iniciar un camino de conquista y toma de Jerusalén, fundando así el reino israelita, y por eso le venimos comparando con Jesús. Pero su historia está llena de matrimonios, rupturas y tragedias familiares. En contra de eso, Jesús, nuevo David, apoyado en sus Doce, abrirá un camino de fidelidad familiar (afectiva) que culminará en Jerusalén. Sus discípulos/amigos son, con los pobres y excluidos, su auténtica familia, de manera que en el relato de la última cena, podrá integrarles en su mismo cuerpo mesiánico.

Asumiendo y transformando la tarea de esos israelitas antiguos (en especial de Elías/Jeremías, célibes por causa de Dios), Jesús despertó mucho amor y entusiasmo, pues le escucharon y siguieron multitudes de pobres y enfermos, excluidos de la vida, que provenían, casi siempre, de las clases oprimidas de Galilea. Así fue un signo de familia para muchos que no tenían familia, tanto varones como mujeres, pero no le podemos presentar como patriarca y progenitor ejemplar (en la línea de Adán o Abrahán), pues él no engendró una familia por su semen (de su misma carne), sino como hermano universal, por la Palabra, capaz de abrirse en amor a todos, especialmente a los rechazados del sistema.

Bibliografía y nota final

Cf. D. B. Martin, Sex and the Single Saviour: Gender and Sexuality in Biblical Interpretation, J. Knox, London 2006; M. Broshi, Matrimony and poverty. Jesus and the Essenes: Rev. Qumran 19 (2000) 629-634; J. D. Amador, Eunuchs and the gender Jesus: Matthew 19.12 and transgressive sexualities: JSNT 28 (2005) 13-40; X. Tilliette, Unverwundete Natur? Über die Keuschheit Jesu: IKZ Communio 34 (2005) 90-94.

Sobre la experiencia de fondo de Jesús, cf. Th. Matura, El radicalismo evangélico, Claretianas, Madrid 1980; J. M. R. Tillard, El proyecto de vida de los religiosos, Claretianas, Madrid 1974; L. Legrand, La doctrina bíblica sobre la virginidad, Verbo Divino, Estella 1976. Ha estudiado el tema desde diversas perspectivas S. Guijarro, Fidelidades en conflicto. La ruptura con la familia por causa del discipulado y de la misión en la tradición sinóptica, Pontificia, Salamanca 1998; La familia en el movimiento de Jesús: Estudios Bíblicos 61 (2003) 65-83; Dios Padre en la actuación de Jesús: Estudios Trinitarios 34 (2000) 33-69; Reino y familia en conflicto: una aportación al estudio del Jesús histórico: Estudios Bíblicos 56 (1998) 507-541; La familia en la Galilea del siglo primero: Estudios Bíblicos 53 (1995):461-88; Kingdom and Family in Conflict. A Contribution to the Study of the Historical Jesus, en: J. J. Pilch (ed.), Social Scientific Models for Interpreting the Bible. Essays by the Context Group in Honour of Bruce J. Malina, Brill, Leiden 2001, 210-238.

Sabemos ya que el proyecto de Jesús se abría al conjunto de Israel (y en el fondo a toda la humanidad), a partir de los más pobres, a quienes ofrecía familia de Reino. Dando un paso más, podemos añadir que ese mismo proyecto implicaba la ruptura de un tipo de familia vinculada al orden patriarcal antiguo. El posible matrimonio de Jesús con Magdalena no tiene apoyo en las fuentes ni en la dinámica de su movimiento. Ciertamente, él tenía amigos, como recuerda F. Josefo, pero hacerle novio o esposo de Magdalena es fantasía. Cuando algunos apócrifos, como Ev. Felipe 55, dicen que quería y besaba en la boca a Magdalena, han de entenderse en sentido figurado, pues son de tendencia gnóstica, como Ev. Tomas 114, cuando dice que Magdalena ha de hacerse varón para salvarse. La familia de Jesús (madre, hermanos, hermanas) la forman sus amigos mesiánicos (cf. Mc 3, 31-35 par).


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Comentarios
  • Comentario por danny 02.04.13 | 07:57

    Donde puedo adquirir el libro? y como me puedo comunicar con el Hno Hugo Caceres? estare agradecido de cualquier informacion que me acerque hasta el hermano. Gracias

  • Comentario por manuel 09.06.12 | 12:24

    Creo, porque lo que dice Dios en Su Palabra, que:
    - JXT. fue varón , hombre, masculino.- Así lo afirman:
    - Isa 9:6 Porque un niño nos es nacido, hijo nos es dado, y el principado sobre su hombro; y se llamará su nombre
    Admirable, Consejero, Dios Fuerte, Padre Eterno, Príncipe de Paz.
    - Isa 7:14 Por tanto, el Señor mismo os dará señal: He aquí que la virgen concebirá, y dará a luz un hijo, y
    llamará su nombre Emanuel. Un niño que con 12 años tenía perplejos a los doctores de la Ley con su sabiduría.
    - Heb 3:1 Por tanto, hermanos santos, participantes del llamamiento celestial, considerad al apóstol y sumo
    sacerdote de nuestra profesión, Cristo Jesús; el cual es fiel al que le constituyó, como también lo fue Moisés.
    - Heb 4:14 Por tanto, teniendo un gran sumo sacerdote que traspasó los cielos, Jesús el Hijo de Dios,
    retengamos nuestra profesión.- ¡El Sumo sacerdote tenía que ser un hombre virtuoso!...

  • Comentario por Hugo Cáceres 27.12.11 | 00:13

    Gracias, Xabier, por tu comentario tan halagador del libro. Viniendo de alguien que ha aportado tanto a la exégesis lo aprecio mucho.
    Feliz Navidad desde Lima
    Hugo

  • Comentario por jose 21.12.11 | 14:24

    Con el tiempo se idealiza, se desdibuja la figura central del evangelio: son los pobres, en sus diversas acepciones los que protagonizan la vida de Jesus...¿que mas da su estado normal de vida?¿acaso no hay mujeres que por esa empatia de amor conviven y viven con la persona amada en todas sus consecuencias?Jesus no era tonto.Varon con todas las consecuencias...su motivacion es el amor y la liberacion...¿como va a amar y liberar, si su pequeño entorno, su familia, su pareja, no es amada? Nadie da lo que no tiene.Ser varon implica todo menos la idealizacion.¿Por que negar el experimento de amar en concreto para experimentar ese amor en mas?El sentido comun y las buenas relaciones de amor, no excluyen un modo de vivir y ser excepcional.Jesus no fue la excepcion de la regla en amar.

  • Comentario por galetel 17.12.11 | 17:03

    Hola Iñigo.
    Muy interesantes tus comentarios. El mío no iba por ellos.
    Saludos.

  • Comentario por Iñigo 17.12.11 | 13:24

    Hola Galetel,

    En lo que escribí acerca de lo "biográfico", no pretendí que tengamos que buscarlo todo en los textos escritos. Por eso creo que es preferible diferenciar tres áreas de conocimiento, cada una con sus propios métodos (Dios -Teología-, Mundo -Ciencia-, Persona -Existencia-). Sólo me refería a actitudes vitales, a la que diferencia a Cristo de todos los académicos (además eso aparece en los Evangelios), y distinguir también entre saber fundamentar las cosas en la vida personal, o pasarse toda la vida refiriéndose siempre a "lo que han dicho otros" (los académicos suelen ser grandes expertos en esto).

    Creo que la hermeneutica (ciencia de la interpretación) es un constructo, que depende en gran parte de una filosofía, que sólo podemos elaborar progresivamente en el tiempo. Ya me dirás tu opinión al respecto. (En todo esto, no pretendo para nada ser un teólogo especialista; quizás debiera arriesgarme más en mis intervenciones en este blog.)

  • Comentario por galetel 17.12.11 | 11:14

    Cuando, con la laudable intención de apoyar nuestra moralidad evangélica, leemos los evangelios buscando en ellos lo que no pretendieron decir explícitamente, se puede llegar a conclusiones anacrónicas ad-hoc, como la de que Jesús, en el famoso pasaje de su discusión con los saduceos acerca de la resurrección, haya querido cuestionar el levirato y liberar a la mujer. Hay que cuidar y respetar la hermenéutica. Nuestras preocupaciones sociales actuales acerca de las relaciones de género, a partir de los roles y las actitudes tópicas asignadas culturalmente a varones y mujeres, encontrarán respuestas implícitas en los principios morales contenidos en los dichos y hechos de Jesús, indudablemente, pero no en unos supuestos rasgos biográficos, ingeniosamente trabajados, que los evangelistas no se propusieron transmitir.

  • Comentario por Iñigo 16.12.11 | 11:53

    También añadir, que es muy importante el comentario siguiente de Atman: "EL habla de lo que vive. Todo lo que dice lo ha vivido, lo ha experimentado en si mismo."

    La dimensión autobiográfica, perteneciente a lo existencial (la biografía de cada uno, constituye su punto de partida, sólo después viene lo histórico), nos remite a la existencia vivida, antes que a la teología. (Cristo vivía ya desde ahí, los teólogos han tardado más en descubrirlo, en sus métodos de pensamiento.)

  • Comentario por Iñigo 15.12.11 | 22:56

    Un excelente artículo, desde la perspectiva de la antropología teológica. (Tengo una predilección por la antropología en todas sus vertientes: yo personalmente, me he creado un esquema, en que la clasifico en "antropología teológica", antropología científica, y "antropología existencial"; la búsqueda de confluencía y síntesis entre estos tres enfoques -donde la teología cristiana, sobre todo la católica, creada y monopolizada por los sacerdotes, ya no tendría el monopolio en el conocimiento, que pretendió ejercer en el pasado-, sería la "antropología metafísica".)

    Gracias Xabier, por tu diálogo con los comentaristas, a menudo nos sorprendes y contestas con un nuevo artículo, sin necesidad de nombrarnos explícitamente.

  • Comentario por María 15.12.11 | 22:42

    Bueno,cuando no se ha planteado eso sobre Jesús cabe la posibilidad de no lo fuera tanto y por eso las lenguas pueblerinas lo decían no?son muchos años atrás y mucha historia.

  • Comentario por María 15.12.11 | 22:18

    Que tiene de malo ser pueblerinos,ni tampoco ser tratados de locos alguna vez,según de lo que se trate claro.Porque no creo que sea malo las locuras de amor(por ejemplo)?.Alguna vez todos hemos vivido cosas que hemos experimentado en nuestra propia carne;pero...puede ser que en los pueblos pequeños se comenten las cosas más quizás,como cuando Jesús andaba por todos lados y hacia los milagros que luego no querían que se supieran.En cuanto a los discursos en cierto modo eran porque siempre iba predicando haciéndo discípulos suyos de todos los sitios,es algo contradictorio,y también cómo no fué varón cuando se hizo hombre como uno más,y cómo hombre viviría las cosas típicas de los hombres sobretodo en lo humano y lo divino...;y si no soportaba las presiones que clase de Dios y Cristo fué...;Ay Jesús cuantas contradicciones,nadie piensa en lo que sufre nadie en sus carnes salvo cuando se asemeja a la persona que lo pasa...entonces...cómo se dice que era tan bueno y perfecto?

  • Comentario por Nazareno 15.12.11 | 22:07

    De repente se me ha pasado por la cabeza la siguiente reflexión: Por qué ha sido necesario desarrollar toda una mariología alrededor de la virginidad de María, la madre de Jesús (con dogmas incluidos) y sin embargo nunca se ha planteado de manera dogmática la virginidad de Jesús?

  • Comentario por atman 15.12.11 | 20:31

    Jesús como hijo de su época sufrió en su propia persona la dictadura de una familia patriarcal. La libertad, es algo esencial para las personas inconformistas como Él. Jesús no soportaba las presiones sofocantes del lugar que ocupas y las etiquetas pueblerinas establecidas.
    Jesús es "pura experiencia" no le gustan los discursos. EL habla de lo que vive. Todo lo que dice lo ha vivido, lo ha experimentado en si mismo.
    Las personas como Jesús suelen sen tratadas de "locos" por sus propios allegados.

Viernes, 24 de octubre

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